Otras publicaciones:

9789877230413-frontcoverjpg

12-3876t

Otras publicaciones:

9789877230048-frontcover

EL DIARIO

Lunes 29 de Enero de 1907

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, enero 3 de 1907.

 

Mi satisfacción es grande. La de Vds. no lo será menos. Estoy seguro. El caso es entre sabios. Uno de ellos francés. El otro argentino. Desgraciadamente ambos están dolientes.

Una feliz casualidad puso en mis manos la carta en francés que va a leerse.

Siguiendo en esto yo a los ingleses no traduzco. Ellos reproducen páginas enteras haciéndose esta reflexión: el que me lea ha de saber francés; le doy pues el texto sin adulteración posible, casi autógrafo:

Cher monsieur: Une nouvelle crise rénale m’interdit tout déplacement et me prive du grand plaisir d’aller prendre de vos nouvelles et de vous entretenir de vos expériences sur le traitement de l’anthrax.

Vous avez fait là, cher monsieur, une très belle découverte! Les résultats que j’obtiens sont d’autant plus merveilleux qu’ils procèdent d’expériences faites sur le lapin, animal excessivement sensible au charbon.

J’ai en assez de peine á déterminer les doses d’iode á utiliser.

Finalement j’ai arrêté á 2 centigrammes la quantité á administrer en 24 heures, par moitiés, matin et soir.

Les lapins que reçoivent une dose mortelle de microbes sous la peau de la cuisse, et, en même temps, par os, 1 centigramme d’iode, résistent, tandis que les témoins meurent en 48 ou 60 heures.

La médication n’est plus efficace lors que l’iode est administré pour la première fois quinze heures seulement après l’infection.

Mais cela n’est pas surprenant car le lapin est très sensible au charbon.

Les résultats indiquent assez combien la méthode doit être efficace chez l’homme.

Les expériences sur le mouton ne donnent rien en raison de la disposition des réservoirs gastriques chez cet animal.

Je n’ai rien en ainsi chez 10 moutons.

Mais l’essentiel est d’avoir des résultats chez le lapin, ce qui est beaucoup plus probant.

Je vais refaire encore une série d’essais chez le lapin, puis j’irai vous voir et nous rédigerons une note que je demanderai á M. Noux de présenter en votre nom á l’Académie des Sciences.

J’espéré vous trouver á ma prochaine en meilleure voie d’amélioration qu’á ma dernière entrevue où j’ai été très heureux de vous rencontrer déjà en bien meilleur état.

Veuillez, cher monsieur, présenter mes respectueux hommenages á Mme., et á Mlle., et croire á mon bien affectueux dévouement[1].

Con este interesante documento, que la amable esposa de mi amigo me había facilitado para que lo leyera tranquilamente en mi casa, pensé: mañana si el enfermo está en disposiciones de hablar, lo interrogaré…

El éxito fue completo. He aquí las notas que me permitió tomar. Para ella tuve que recurrir a una mentira piadosa: la promesa de no divulgar nuestro coloquio.

Pero ¿cómo privarlos a ustedes del conocimiento de estudios que tan íntimamente se relacionan con una de nuestras principales riquezas?

Mi amigo habló más o menos así (¡sufre tanto!):

La afección denominada carbunclo que, en nuestro país, la generalidad de la gente conoce bajo el nombre de grano malo, ha sido una enfermedad que me preocupó desde el año 1885, debido al gran número de casos que tuve que tratar, siempre graves.

La ineficacia de los tratamientos opuestos me hizo fijar la atención en la tintura de yodo suministrada por la vía gástrica, cuyo agente va al encuentro directo de la bacteria del carbunclo, que sobrenada en la sangre.

Con completa convicción puedo afirmar que, desde el año 1890 hasta ahora, no he perdido un solo enfermo tratado por este medio, entre los que se encontraban afectados hacía cuatro días, lo que equivale a una gran gravedad.

En vista de los buenos resultados obtenidos en el hombre por una vía tan infiel como es la gástrica, se me ocurrió que este medio podría ser de aplicación práctica para los animales, a cuyo objeto responden las experiencias del profesor Vallée de Alfort[2].

Demostrada, pues, la eficacia del yodo suministrándolo por el estómago, me ocupo en buscar la cantidad que debe suministrarse por inyección subcutánea en el hombre, siendo una vía mucho más segura, y espero poder ofrecer ampollas con este agente esterilizado ahorrándose la tarea difícil y pesada de la preparación de todos los sueros.

Pronto empezarán los ensayos en los animales, agregándoles yodo en el agua de las bebidas, y si el éxito responde a nuestra convicción habremos dado un gran paso en el terreno práctico, suprimiendo en primer término el suero, o vacuna (que cuesta alrededor de 20 centavos oro, por cabeza), después las mangas o aparatos para vacunar las haciendas “chúcaras” o gran número de animales, como sucede en nuestro país; y, por último, los gastos y el estropeo consiguiente de las haciendas, reduciéndose toda la operación a darles determinada cantidad de yodo en el agua de las bebidas, durante cierto tiempo del año.

Ahora bien, ¿cómo se llama el sabio francés?

H. Vallée.

¿Y el sabio argentino?

Andrés F. Llobet[3].

Los hombres de ciencia argentinos conocen todos su gran obra.

Podría ser que el calificativo “sabio” que a designio he empleado en el paralelo Vallée-Llobet moviera a algún lector a pensar que no soy juez competente en la materia, o que me ciega la estima grande que tengo por la entidad moral e intelectual de mi compatriota.

Respecto de esto último recordaré el dicho de La Harpe[4], si es que por ello necesito abroquelarme: “la felicidad de que gozamos en otro es quizá la única que no puede excitar envidia”. Y en cuanto a lo primero, a lo esencial téngase presente que Llobet es autor de un libro de fondo (Práctica quirúrgica[5]), premiado de la Exposición de Chicago y que en la traducción al francés se recomienda al estudio grave de todos los profesores del mundo “sapiente y honrado” nada menos que con un Prefacio de Ollier[6] (citarlo basta) prefacio que de esta manera dice: “Verité dans la Science, moralité dans l’Art[7]”.

Y que concluye así para estímulo de la ciencia médica patria:

“Que la cirugía argentina continúe marchando en la misma vía (la de Llobet); que siga firmemente esa divisa, y crecerá y crecerá cada vez más en la estimación pública, y ocupará con honor su lugar en el mundo”.

Una plumada más: Llobet tiene un álbum con cientos de cartas felicitándolo, en varias lenguas, por haber llevado con tanto éxito su piedra a la cúspide; ¡envidiable álbum! y merecido tributo a labor tan prolija, cuanto perseverante de observador de erudita y fecunda experimentación.

Y así, y como se ve, vamos andando adelante, formando y perfeccionando el medio científico argentino, mediante cuya salubre atmósfera se alcanza a conocer la realidad de los hechos y a penetrar el mecanismo de la naturaleza, la vida en sus múltiples manifestaciones fenomenales.


La concisión de estos mis apuntes permite que el lector recuerde ciertos puntos esenciales. Hará pues memoria de lo que le decía días pasados, de la nueva ley de separación en cierne[8]. Ya está votada por el senado, y hasta mandado que se publique el discurso de Briand[9], contra lo cual los opositores han hecho esta observación pertinente: nos parece un colmo que nos obliguen a nosotros y a los que como nosotros piensen a costear una parte del gasto de ese “affichage[10]”. Yo en estos casos como en otros, pienso en la superstición de los que creen en la infalibilidad de la mayoría. Pero vamos a nueva ley para repetir que no será la última. El mismo ministro de culto ha reconocido que “la experiencia tiene que sugerir algunas mejoras”. Por esta razón ni el senado ni la cámara han discutido mucho, contentándose los unos con poner coto a lo que ellos llaman “las provocaciones pontificias”, los otros con la convicción de que el espíritu sectario, día más día menos, tendrá que inclinarse ante la evidencia, concediéndole a la libertad de conciencia y la tranquilidad pública lo que incurriendo en un gran error se le viene escatimando desde el principio.

Es muy curioso ver cómo opinan los mismos socialistas extranjeros sobre este gran debate. Enrico Leone[11], “leader” de los socialistas revolucionarios italianos, y director del diario, su órgano, Azione[12]”, escribe, entre otras cosas, lo que sigue, asaz categórico: “Nos hallamos esta vez de acuerdo con el socialismo ortodoxo alemán, para declararnos adversarios de las medidas excepcionales tomadas por la República francesa contra el clero”. Y para que no quede duda Leone añade: “Cuidado, amigos, siendo nosotros los precursores de una sociedad en la que la igualdad deberá ser hija mayor de la libertad, ¡cuidado de mancharnos aceptando una complicidad con una forma de persecución de parte del estado burgués!”. Y sigue, para concluir de este modo: “Nos rebelamos contra este nuevo Leviathan, el estado regulador y representante de todas las manifestaciones colectivistas… es injusto que Clemenceau[13] sueñe en consolidar mediante un monopolio de Estado el régimen personificado por él…”.


“Le Matin[14]” está publicando unos pensamientos inéditos que dice son de Renan[15].

Entre ellos leo este: “Cuando el hombre no es muy malo es menester ser bueno con él”.

Pues señor yo pensaba: que cuando el hombre es muy malo precisamente es entonces que la indulgencia, que es caridad, debe dar la medida de la benevolencia de nuestros sentimientos.

Mucho se ha escrito sobre el perro y no poco sobre los y las que le tienen afición. Los unos han elogiado su fidelidad. Los otros lo han comparado con el gato, sosteniendo que aquel no tiene dignidad ni decoro en sus actos, que sigue al que le acaricia o lo tienta, que lame la mano que le pega, porque le ha dado o ha de darle de comer, y el gato no. Yo he tenido sobre el tal cuadrúpedo canino opiniones que llamaré de circunstancias. En mi libro Una excursión á los indios ranqueles hay algunos párrafos sobre ellos. No puedo decir que me afirmo y me confirmo en lo dicho; ni que he cambiado completamente de parecer.

He visto después a los perros admirables del Gran San Bernardo, más meritorios que muchos cuadrumanos de mi especie, y en diversas latitudes he visto también que Samaniego[16] dijo verdad al escribir en su fábula:

Un herrero tenía un perro que no hacía sino comer, dormir y estarse echado (como algunos prójimos).

Diré así pues solamente que en este momento el perro está muy a la moda, en Francia, aquí en París sobre todo, donde tienen su cementerio de lujo y sus doctores médicos especialistas (en Berlín hay pensiones para pájaros y gatos); lo cual no quita que “¡chien!” sea en gabacho tan despreciativo como “¡perro!” en español y entre mahometanas sobre todo.

Pero, lo repito, no discuto la utilidad del perro, mucho menos en un país de ganados como ese. Llama la atención “et voila tout[17]” hacia una curiosidad (¿o no lo es ver tanta perrada en el teatro?) y para que salgan ustedes ganando, en vez de que a mí me lean les sirvo un pequeño bocado de mi cofrade Cavia[18] de Madrid.

Reza como va a leerse.

“En el teatro Francés, el protagonista de “Poliche”, un enamorado con mala ventura, cuenta sus cuitas al perro de la ingrata: un bonito “king’s Charles[19]”, muy emperifollado, que atiende al nombre de “Ridoire”.

En el Gimnasio[20] y en la comedia “Mademoiselle Josette”, un falderillo blanco, llamado “Prince of Wales” (¡nada menos!), recibe las confidencias de la actriz Marta Régnier[21], mostrándose el can como todo un modelo de reserva.

En Variedades y en “Miquette et sa mére[22]”, a un perro negro de aguas, “Medor”, es a quien otra actriz confiesa “en secreto” el nombre del feliz mortal por quien ella suspira… Y el público aplaude al perro tanto como a la actriz.


Rogers, en sus “Recuerdos[23]”, un libro en extremo instructivo, haciendo como hace ver realidades y no leyendas de folletín, cuenta de Fox: que después de perder grandes sumas al juego de dados, se iba a su casa, no para matarse, como lo temían a veces sus amigos, sino para sentarse tranquilamente a leer en griego.

Una vez, ganó, caso raro, alrededor de ocho mil libras; y uno de sus acreedores, que no tardó en saber que la suerte lo había favorecido, corrió a su casa, mostrándose muy exigente.

–Imposible señor mío –observó Fox.

–Pero usted ha ganado una fuerte suma.

–Es verdad, pero primero tengo que pagar mis deudas de honor.

El acreedor insistió.

–Bueno, a ver, deme usted el documento.

–Helo aquí.

Fox lo tomó, lo hizo pedazos y, echándolo al fuego de la chimenea, con gran estupefacción del acreedor, repuso:

–Ahora, señor, mi deuda con usted es una deuda de honor, aquí tiene usted su dinero.

Malhaya la distancia que todo lo hace llegar como plato recalentado. ¿Qué hacer? Tomar la vida como es, esta vida que somos nosotros los que la echamos a perder. Atrás el egoísmo, atrás todo lo que huela a “nietzceismo”, y sean ustedes felices en 1907 “toujours et encore[24]”, y que crezca y crezca el caudal de lo alcanzado nadando en un mar de ilusiones color de rosas.


  1. La carta que, según Mansilla, intercambiaron los dos científicos aquí mencionados (no se aclara cuál de ellos fue el emisor y cuál el receptor), traducida el español, se lee: “Estimado señor: Un nuevo ataque renal me prohíbe viajar y me priva del gran placer de tener noticias suyas y hablar sobre sus experiencias sobre el tratamiento del ántrax. ¡He hecho allí, querido señor, un descubrimiento muy hermoso! Los resultados que obtengo son aún más maravillosos porque provienen de experimentos realizados en el conejo, un animal excesivamente sensible al ántrax. Tengo problemas para determinar las dosis de yodo que debo usar. Finalmente definí en 2 centigramos la cantidad a administrar en 24 horas, por la mitad, mañana y tarde. Los conejos que reciben una dosis letal de microbios debajo de la piel del muslo y, al mismo tiempo, por hueso, 1 centigramo de yodo, resisten, mientras que los restantes mueren en 48 o 60 horas. El medicamento ya no es efectivo cuando el yodo se administra por primera vez solo quince horas después de la infección. Pero esto no es sorprendente porque el conejo es muy sensible al ántrax. Los resultados indican qué tan efectivo debería ser el método en humanos. Los experimentos con ovejas no producen nada debido a la disposición de los aparatos gástricos en este animal. No tengo nada de eso en 10 ovejas. Pero lo principal es tener resultados en conejos, lo cual es mucho más convincente. Voy a hacer otra serie de pruebas de conejos nuevamente, luego iré a verlo y escribiremos una nota que le pediré al Sr. Noux que presente en su nombre a la Academia de Ciencias. Espero encontrarle en mejores condiciones en mi próxima visita. Por favor, querido señor, presente mi respetuoso homenaje a la señora y la señorita, y crea en mi afectuosa devoción”.
  2. No hemos hallado información asociada a este nombre.
  3. Andrés Llobet (San Nicolás de los Arroyos, 1861–Buenos Aires, 1907) fue un médico argentino especializado en neurocirugía, el introductor del primer aparato de rayos X en la Argentina. Autor de los libros Traitement de l’asphyxie. Insufflation trachéale (1888) y Onze années de pratique chirurgicale (1898), el primer libro de neurocirugía argentino, con prólogo del cirujano francés Louis Léopold Ollier (1830-1900), considerado el creador de la cirugía ortopédica moderna. En 1906, Llobet viajó a París donde Henri Béclere le diagnosticó un tumor cerebral, ubicado en el lóbulo temporal izquierdo, a esa altura del desarrollo ya inextirpable. Durante ese viaje a París hizo publicar un último ensayo acerca del tratamiento del carbunclo por el yodo, que fue aceptado por la Academia de Ciencias de París (y al cual se refiere Mansilla aquí). (Extractado de https://bit.ly/2RkXuW0). Para más datos, ver Cutolo Vicente Osvaldo, Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930) (Buenos Aires: Elche, 1968).
  4. Jean-François de La Harpe (París, 1739–París, 1803) fue un dramaturgo y crítico literario francés, autor de numerosas piezas teatrales. Muchas de sus obras se hallan hoy en línea: https://bit.ly/3hnp3c7. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/13119).
  5. Seguramente se trata del citado Onze années de pratique chirurgicale (1898).
  6. Louis Léopold Ollier (1830-1900) fue un médico cirujano francés especializado en cirugía de huesos y creador de nuevas técnicas quirúrgicas en el tratamiento de las fracturas. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/74634249).
  7. “La verdad en la ciencia, la moral en el arte”.
  8. Se refiere a la ley de separación de la Iglesia y el Estado, sancionada en diciembre de 1905. Para más datos, ver la nota al pie de la PB.12.01.06 o índice de eventos históricos.
  9. Ver nota al pie de PB.12.12.06 o índice onomástico.
  10. “Monitor”.
  11. Enrico Leone (Pietramelara, 1875–Nápoles, 1940) fue un economista, periodista y político italiano, activista y teórico del sindicalismo revolucionario. Se lo considera el introductor en Italia de las ideas del pensador socialista francés Georges Sorel, teórico del sindicalismo revolucionario. Entre 1905 y 1910 fue editor de una revista bimensual de reflexión teórica, Il Divenire sociale. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/49242185).
  12. No hemos hallado aún datos sobre este diario.
  13. Ver nota al pie 27.11.06 o índice onomástico.
  14. Le Matin fue un diario francés que se publicó entre 1884 y 1944. Para principios del siglo XX, era uno de los cuatro diarios más importantes en Francia (sus tiradas se sextuplicaron entre 1900 y 1910), con una postura moderada que lo hizo rechazar tanto el socialismo como el boulangismo (o extrema derecha). Pero luego de la Primera Guerra Mundial adoptó una postura marcadamente nacionalista y luego filo-nazi. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/134440052).
  15. Ver nota al pie PB.06.06.06 o índice onomástico.
  16. Samaniego, Félix María de (Laguardia, 1745–Laguardia, 1801) fue un poeta y fabulista español, autor de las Fábulas en verso castellano para el uso del Real Seminario Bascongado (1782), 157 fábulas distribuidas en 9 libros. Influido por Fedro, Esopo y La Fontaine, sus fábulas están escritas en verso, su carácter es prosaico y su finalidad es generalmente didáctica. Entre las principales se cuentan: La paloma, Congreso de ratones, La cigarra y la hormiga, El perro y el cocodrilo y La zorra y las uvas. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/75663).
  17. “Y eso es todo”.
  18. Ver nota al pie de PB.18.05.06 o índice onomástico.
  19. Raza de perros muy pequeños.
  20. Théâtre du Gymnase.
  21. Marthe Régnier (París, 1880–París, 1967) fue una actriz y cantante francesa, protagonista de numerosas piezas teatrales y películas, entre ellas, la que menciona aquí Mansilla, estrenada en 1906 en el Théâtre du Gymnase: Mademoiselle Josette, ma femme de los dramaturgos Paul Gavault y Robert Charvay. (Extractado de Biblioteca Nacional de Francia: https://bit.ly/2RjphpT).
  22. Miquette et Sa Mere [Miquette y su madre] fue una pieza teatral estrenada en el Theatre des Varietes en 1906 con libreto de G. A. de Caillavet y R de Flers. Marie Magnier interpretó el papel de Madame Grandier y Eva Lavalliere as Miquette “Miquete y su madre”. Pueden verse fotografías de la obra en: https://bit.ly/3mekowM.
  23. No hemos podido identificar aún a este autor, de apellido bastante común, tanto en Inglaterra como en Francia, al igual que el título mencionado.
  24. “Siempre y de nuevo”.


Deja un comentario