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EL DIARIO

Viernes 15 de Marzo de 1907

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, febrero 14.

 

Un axioma que mañana será otro día.

Pero lo es únicamente en el orden sideral. Mañana en otro sentido está preñado de sorpresas. No hay sabio que se atreva a decir: sucederá esto o aquello, puedo dormir tranquilo, los hechos me darán razón.

Y así, dice muy bien Alice Spinner[1] que a medida que nos envejecemos, la única cosa que reconocemos como cierta en este mundo es lo “inesperado”.

Efectivamente Saúl buscando los burros de su padre y hallando un reino[2], tiene su paralelo cotidiano, en miniatura, en nuestra insignificante experiencia (el que se saca el premio grande en una lotería, verbigracia). Es solo cuando nuestra mente o nuestra observación nos han hecho ver bien las pequeñeces diarias (cuando ya es tarde), que el Destino golpea a nuestra puerta.

Por ende que lo referente al individuo pueda aplicarse a los gobiernos.

El día menos pensado se les presentan los acontecimientos, léase la revolución, y todos caen de su burro, y en vez del reino de Saul es la catástrofe, por haber sido retardatarios. Toda la historia de la humanidad en eso se contiene.

No hay más que una diferencia de grados, un poco de más o menos prudencia que aplaza la crisis, y aun entonces hay que contar con la huésped. Los vientos desencadenados destruyen la “invencible armada” y la faz del mundo cambia. ¿Fue un bien, fue un mal? ¡Quién lo sabe! ¿Qué sería de Inglaterra si mañana deshechas tempestades hundieran en el abismo de los mares su formidable flota?

Sí, lo que Shakespeare llama en su lenguaje simbólico “la lengua de hierro del tiempo”, día a día, hora por hora, minuto por minuto, nos marca una sorpresa enorme, y a los que gobiernan inauditas decepciones, lo mismo que a los que ofuscados por la prosperidad no ven que hay muchas injusticias que reparar, muchas miserias que auxiliar, muchas desigualdades que nivelar, sin por eso conmover en sus cimientos ni atacar a fondo la sociedad moderna, persiguiendo utopías de milenario.

Dejemos pues de lado lo misterioso, lo imprevisto, lo insondable y hablemos de lo pasado o de lo que está pasando, como diría Sancho Panza, que no necesitaba pagarle al titiritero para saberlo.

Mucho de lo que ha pasado y de lo que está pasando en el país en que resido puede sumariamente encerrarse en un cuadro que se relaciona con el socialismo y que por lo tanto es en extremo interesante; porque, no hay que forjarse ilusiones, por millones se cuentan los que en ese rumbo se orientan.

Dicho cuadro tiene inscrito el eco de los obreros:

Nos prometían los millares de las congregaciones para las cajas de retiro de obreros. Las congregaciones han sido expulsadas, confiscados sus bienes y a las tales cajas no les hemos visto las caras. No nos hemos quejado. Los diputados y los senadores, después de tantas promesas sobre la separación de la Iglesia, se han aumentado sus sueldos y nosotros estamos como estábamos. No nos hemos quejado. Sí, pero sería bueno que se metieran en la cabeza esto: que acabaremos por cansarnos.

El que diga que otro es el sentimiento popular en Francia o no dice la verdad a propósito o está mal enterado por su miopía social.

El gobierno no es coherente, ni es, como se comprende, popular. Pero es gobierno, lo que quiere decir que tiene fuerza, y que mientras no se cansen del todo los que padecen seguirá viviendo. Reacción en otras direcciones no la divisan los que miran con frialdad los fenómenos temporales y espirituales.


Una de las cosas más delicadas con exterioridades burdas es la estructura social sobre todo en lo que llamaremos su contextura económica por manera que los que la manosean con torpeza producen males irreparables.

Ojo al caminante.


El señor R. C. Lindsay[3], de la embajada británica en Washington, en un informe sobre la inmigración extranjera a Estados Unidos, publicado como “Blue Book”, niega que haya, hablando con propiedad, un tipo americano.

Esto de americano se refiere únicamente a esa parte norte del nuevo continente.

El señor Lindsay, que caracteriza el modo de poblar dicho país por medio de inmigrantes de “uno de los más notables movimientos de población de la historia presente”, dice: Pasarán muchas generaciones antes de que los americanos puedan diferenciarse de los europeos, tanto, por ejemplo, como los franceses de los alemanes… No hay tal cosa como un tipo americano, y hasta si en las ciudades de Europa es posible señalar un tourist como americano, el reconocerlo es mero efecto de las exterioridades, tales como el estilo de vestirse.

(Ya en una de mis notas de hace meses, haciendo comparaciones, dije que las americanas del norte iban generalmente “over dressed” es decir, demasiado compuestas y que las argentinas cojeaban un poco de ese pie con menoscabo de su hermosura que no necesita, al contrario, de tantos lujosos atavíos[4]).

Pero el “British Medical Journal[5]” anuncia su opinión decididamente en contra de la del señor Lindsay, y lo hace en términos que son de lo más lisonjeros para el desarrollo físico de las americanas.

(Yo agrego “y el desarrollo de las argentinas”, pues me parece que la pasión no me ofusca cuando afirmo que estamos produciendo unos tipos soberbios).

Le arguyen al señor Lindsay con las fotografías de los colegios de “football” y “baseball teams” en infinidad de revistas ilustradas, que exhiben un tipo acentuado y puede agregarse muy lindo. Ya no se ve el convencional “Uncle Sam” larguirucho, algo ridículo en las caricaturas. El americano de hoy día representa una fuerte y cuadrada quijada, una amplia frente y unos ojos claros, vivísimos que sin gran dificultad permiten describir la nacionalidad.

Bien, algo de eso nos está pasando ya a los argentinos con la buena mezcla tan variada. ¿No es así? ¡Adelante!


El señor Emmanuel Brousse[6] es un honorable por activa y por pasiva y al mismo tiempo “l’ enfant terrible” de la cámara francesa de diputados.

Días pasados lo ha dicho en altos. No ha sido refutado. “El estado prohíbe el fraude en bloque. Pero el que lo comete duerme tranquilo, contando con su diputado. ¿Cómo así? Porque ha intervenido en la elección… sucia.”

¡Es uno de los caudillos privilegiados y no hay qué hacer! sino volver al escrutinio de lista (fue lo que yo pensé y escribí en dos ocasiones distintas, cuando Gambetta[7], que era opuesto al “arrondissement[8]” y después).

El diputado Brousse dijo en definitiva: “y al escrutinio de lista con representación proporcional”.

Es, a no dudarlo, lo que más aproxima una elección a la verdad de los muchos inconvenientes de la elección por “arrondissement” (que ahí hemos adoptado en reemplazo de la elección antigua que no era tan mala al fin y al cabo). Con la nueva hemos aumentado los caudillitos de barrio con su patriotismo de campanario.

El diputado Brousse ha arribado a esta conclusión: “hecha la experiencia resulta lo nuevo inferior a lo viejo. Tendremos, que volver a lo pasado si el sufragio popular libre pretende no ser una comedia”.


Continúo los apuntes sobre la prensa diaria de París, que suspendí en mi anterior[9].

“Le Temps[10]” –con excepción de “Le Soir[11]” que ha perdido su antiguo prestigio y que ya no gravita– es como todos los diarios de la tarde contrario al bloc.

Es cierto que no ha protestado en absoluto contra la política respecto de la iglesia católica. Pero tiene esto una explicación sencilla: pertenece en su mayor parte a accionistas de religión. Por lo demás es contrario fundamentalmente al jacobinismo que detesta. Ahora, como desde su fundación (data de lejos, la “Revue des Deux Mondes[12]” del 1º de febrero trae un interesante artículo de Mezieres[13] sobre ello), sus columnas han sido fuente segura de información.

Defiende la justicia sin exageraciones. Lo mismo puede decirse del “Journal des Debats[14]” y de “La Liberté”, aunque su tono es menos tranquilo. Son papeles muy leídos que hacen honor al pensamiento francés y que, en principio, nunca desfiguran los hechos.

“La Patrie[15]” y “La Presse[16]” (la famosa en tiempos de su fundador Emilio de Girardin[17], con este programa que cumplía “una idea diaria”) gozan del favor de los cafés y restaurants, y no son gubernistas ni por asomo, todo lo contrario y con sus puntos malignos “Le Gil Blas[18]” tiene por lema: “Si me lees con atención, hallarás aquí, tanto los preceptos de Horacio como la utilidad mezclada a lo agradable. No es un diario de tendencia. Maniobra y es verde subido. Una señorita lo leerá a escondidas”.

“L’Intransigeant[19]”, órgano de Henri Rochefort[20], es contrario al bloc, por espíritu de contradicción y por cálculo, lo cual se explica conociendo el carácter del “panfletista” que en todas sus columnas trasuda con fuerte relente.

Entre los papeles independientes, digamos, no sabría calificarlos de otro modo, figuran “Le Journal[21]”, “Le Petit Journal[22]” y “Le Petit Parisien[23]”, los dos últimos tienen una venta prodigiosa y se leen por todo el país. Esto no obstante puede descubrirse en ellos una marcada tendencia a servir al gobierno cuando este no parece alejarse de la opinión demasiado. “Le Petit Journal” vende “un millón” de ejemplares por día. No hay en él mucha literatura. Pero encarna el mal humor general que en todas partes es el estado de ánimo más generalizado. Los porteros de Francia entera con él se desayunan. Se ha dicho de estos dos diarios que un presidente de la república no tiene larga vida sino contando con su apoyo o con su indiferencia.

Vengamos ahora a las hojas religiosas.

Los protestantes tienen “Le Signal[24]”, de reciente creación, bien escrito.

Los católicos tienen “Le Peuple Français[25]” editado por el abate Garnier[26], que tiende a propagar el movimiento cristiano socialista. “La Verité” y “L’Univers” tienen una selección de lectores[27]. Pero “La Croix[28]” es el principal órgano católico y el más difundido. Está escrito con propiedad. Su materia es una, indivisible, no admite parvedad en el orden ortodoxo, y su autoridad no se discute.

Sus propietarios publican diversos impresos persiguiendo todos el mismo fin. Es un misionero infatigable y temible que el gobierno hostiliza por todos los medios directos e indirectos sobre todo a su alcance. En una palabra, es el órgano semioficial de la iglesia. “La Croix” y sus combinaciones hacen circular por semana más de diez millones de ejemplares.

Naturalmente que además de los papeles enumerados hay infinidad de otros, que se venden quizá porque en cierto sentido son fruta vedada, por no decir podrida. Es lectura de “water closet”.

La fisonomía característica del diario francés es la literaria. Hombres distinguidísimos escriben en ellos. Ninguno “gratis et amore”. Sus columnas tienen precio y no bajo. Un mi amigo[29] cuando está apurado, y lo está siempre, manda con su sirviente un artículo de su letra a “Le Matin” y vuelve, como si hubiera cobrado un cheque, con no menos de trescientos francos.

Una palabra final. Dentro de la órbita intelectual, la prensa parisiense diaria es exquisita, distinguiéndose “Le Figaro”, llena de saber, de gracia, se hace leer con deleite, En otro sentido es infecta, y uno no sabe qué pensar de las damas que van en un ómnibus leyendo ciertas secciones de crónica local, en las que la metáfora le cede el paso al naturalismo sin ambages, trasparente, que contamina.

Ustedes ven, el diario francés no realizará ni en cien años el ideal americano del norte, ideal inglés también. Consiste en repartir el diario gratis, viviendo como vivirá del aviso, del reclamo y el comunicado, y de más información útil que literaria; lo cual realizará una especie de cooperativa popular en este orden de necesidades.


La cuarta conferencia de Jules Lemaître ha tenido el mismo éxito de las anteriores, atrayendo gran concurrencia, femenina sobre todo, elegante, selecta, lo mejor de París.

Al cuitado Juan Jacobo lo están deshaciendo poco a poco, pieza por pieza, pedacito por pedacito, exactamente como se desarma un esqueleto para hacer ver el mecanismo de la organización oseosa del cuerpo humano.

El tema era: ¿cuál es el origen de la desigualdad entre los hombres? ¿Está autorizada por la naturaleza? A lo cual Rosseau había contestado dirigiéndose a la Academia de Dijon con su intrepidez paradójica genial: “la propiedad”; así como la civilización es causa de todos los males que sufrimos. Todo lo cual sumado, restado, multiplicado y partido nos da este resultado: cuanto más nos alejamos de la naturaleza (cubriendo la desnudez con que Adán y Eva andaban por el Paraíso, por ejemplo) tanto más nos acercamos al dolor. ¡Son tan buenos los salvajes!

Por más que se quiera arribar a otra conclusión, no hay cómo.

Y así lo que nos pasma en este análisis metódico, paciente, menudo hasta ser cuasi infinitesimal es que semejante hombre (el de sus costumbres y contradicciones), haya podido trastornar tantas cabezas, como trastornó preparando lo que vino: la guillotina.

Efectos del “charlatanismo” (la expresión es de Jules Lemaître), servido por una frase admirable, por momentos epiléptica y contagiosa, digo yo, y aquí recuerdo lo que ya Rivarol[30] escribía mucho antes que Jules Lemaître; juzgando entre otros a Mirabeau[31], lo comparaba a una gran esponja llena de ideas ajenas, lo llamaba “el Atila de la elocuencia”.

¿Y de Rousseau, señor de Rivarol, qué piensa usted?, le preguntaba el señor Chénedollé[32] en Hamburgo (Rivarol, emigrado de la revolución, acaba de llegar a Londres):

“¡Oh! ese es otro asunto. Es un maestro de sofismas que no piensa una palabra de lo que dice o de lo que escribe, es la paradoja encarnada, gran artista por lo demás en materia de estilo…”.

Esta misma idea la emite Jules Lemaître así, queriendo ser indulgente con el hombre que protestante se hizo católico, después protestante otra vez:

“Ce qu’il a voulu dire vaut mieux que ce qu’il a dit.”

Y como para el conferenciante lo que el sofista ha querido decir vale más que lo que ha dicho, no hay que tomarlo al pie de la letra.

Es discutible la tesis. Pero yo no hago sino dar cuenta, acortando cuanto es posible, lo que ocupa en los diarios grandes cinco columnas o sea una hora de “lectura” lenta.

Confieso que estas llamadas “conferencias” (los ingleses y los americanos del norte las llaman “lecturas”), me dejan un vacío. No quiere decir esto que le niegue a Lemaître[33] sus dotes simpáticas de lector en público. Pero, prefiero a Gebhart[34], comentando sin apuntes a Maquiavelo con “El Príncipe” a la vista, nada más; y más que todo me encanta Brochard[35], que medio paralítico sube a la cátedra ayudado por dos empleados de la Sorbona, para hablarnos sin libro ni papel anotado de Platón y sus Diálogos.

Figúraseme a veces que estoy oyendo a un griego de entonces, que conversa con sus pares sobre los asuntos intelectuales del día.


El señor G. Lanson[36] acaba de dar a luz un libro sobre “Los grandes escritores franceses: Voltaire”, por ejemplo, que se vende a dos francos. ¡Poco para tan considerable personaje!

Hasta ahora nadie ha resumido mejor a este niño mimado del genio, impresionable, voluble, vano, insolente, apasionado, venenoso –tanto que sus cuarenta volúmenes han sido cristalizados en una frase feliz: “un caos de ideas claras”; lo cual no significa que no haya en ellos mucho en qué espigar– bueno y malísimo. Cuestión de criterio.

El resumen o retrato concluye así: “…causeur delicioso, de un buen humor encantador; pero caprichoso, fantástico, irritable, déspota, burlón, intrigante, ingrato, puro amor propio y nervios, indulgente con los que lo adulan, cruel con los que no lo admiran… he ahí Voltaire…”. Amen.


La enfermedad no es esporádica sino endémica. Me refiero a un mal político que consiste en no prestar atención a lo que dice el adversario (que bien puede tener si no toda la razón, alguna o mucha razón).

El grito de “muera” que en épocas bárbaras se oye ¿no lo está diciendo y enseñando con dolorosa elocuencia?

Me ha parecido conveniente esta fugaz introducción antes de consignar unos párrafos sobre las recientes elecciones alemanas.

Interrogado el importante jefe socialista sobre las causas (varias) de la derrota de su partido (y las de su candidatura Bernstein[37] a quien me estoy refiriendo), ha contestado en resumen esto: ensoberbecimiento de sus respectivas victorias, desacuerdos de doctrina, intransigencia y falta de elasticidad parlamentaria.

Tomen nota aquellos a quienes les caiga bien el sayo.

–¿Y qué piensa Ud. de la victoria del centro? (los católicos).

–Que no hay tal victoria y que real y efectivamente no ha habido si no un vencedor: el gobierno.

Suprimo detalles, reflexiones, cifras.

–¿Y es de temer una política reaccionaria? (en Alemania esto significa antiliberal en absoluto y proteccionista).

–No tendremos un Reichstag muy generoso para todo lo que sea gastos militares (traslado a la conferencia de La Haya). Pero creo que será pacífico. Creo más, creo que el emperador, sabiendo los “peligros” que una guerra encierra abriga sentimientos pacíficos.

Por mi parte, conociendo personalmente, como lo conozco, al príncipe de Bülow desde que era ministro de relaciones exteriores, pienso que ha de ensayar una política liberal interna y a la vez tendiente a facilitar los tratados de comercio en cierne. No es un idealista, ni es un pesimista. Es un eléctrico. No es impulsivo ni es un timorato.

Se irá con la sonda en la mano; a más no poder contra la corriente. Y mientras los sucesos no sean más fuertes que él, manejará la báscula, para hacer triunfar el pensamiento de arriba a cuyo servicio ha consagrado todas sus dotes mentales.


La política suele ser lo contrario de lo que se dice; a veces lo que no se dice; frecuentemente un salto en las tinieblas.


  1. Seudónimo de la escritora anglo-jamaiquina Augusta Zelia Webb Fraser (1868-1925) autora de novelas costumbristas.
  2. Referencia a Samuel 9:4 de la Biblia, en que se narra la historia de Saúl en busca de los asnos perdidos de su padre, Cis. (En línea: https://bit.ly/2Rii9dG).
  3. Podría tratarse de Sir Ronald Charles Lindsay (1877–1945) diplomático británico que ejerció de secretario (entre 1901 y 1910) y luego embajador (aunque en años posteriores a estas páginas breves) de la Embajada de Inglaterra en Washington. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/8579155).
  4. Se refiere a la página breve fechada “febrero 12 de 1906” y publicada el 13 de marzo de 1906.
  5. Se trata de una revista científica fundada en 1840 y aún vigente. Todos sus archivos pueden consultarse en línea: https://bit.ly/3bQkFRI.
  6. Emmanuel Brousse (Perpignan, 1866–París, 1926) fue un editor, periodista y político francés, miembro de la Alliance démocratique.
  7. Ver nota al pie de PB.02.07.06 o índice onomástico.
  8. En este contexto, “opuesto al arrondissement” (distrito) puede leerse como opuesto al sistema de votaciones por localidad, es decir, en favor del sistema por listas.
  9. En la PB.14.03.07, publicada tan sólo el día anterior a esta (la frecuencia más habitual es semanal), Mansilla enumera y comenta detalladamente todos los diarios existentes en París en esos años. Como en dicha página, consignamos aquí en notas al pie cierta información básica de cada periódico.
  10. Le Temps fue uno de los diarios más importantes de París. Se publicó entre el 25 de abril de 1861 y el 30 de noviembre de 1942. De orientación centro-derecha, fue fundado en 1861 por Edmund Chojecki (que firmaba con el seudónimo de “Charles Edmond”) y por Auguste Nefftzer. Todos sus números se encuentran digitalizados en Gallica (Biblioteca Nacional de Francia): https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb34431794k/date.
  11. No hemos hallado información sobre Le Soir parisino de aquellos años. Existe un diario belga de los mismos años, y aún vigente, también llamado Le Soir.
  12. La Revue des Deux Mondes es una publicación francesa mensual, fundada en 1829. Por sus páginas pasaron importantes escritores del S.XIX, tales como Alexandre Dumas, Alfred de Vigny, Honoré de Balzac, Prosper Mérimée, Sainte-Beuve, Charles Baudelaire, entre otros grandes literatos. A finales del siglo XIX, bajo la influencia de Ferdinand Brunetière, la revista apoyó a la iglesia católica contra la ley de Laicidad. Fue cambiando de nombre a lo largo del Siglo XX, pero luego retornó a su nombre original. Actualmente, puede leerse en línea: https://www.revuedesdeuxmondes.fr/. Sus archivos se encuentran disponibles en Gallica: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb32858360p/date).
  13. Alfred Jean François Mézières (1826, Réhon –1915, Réhon) periodista, político e historiador de la literatura francés. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/14861984).
  14. Le Journal des Debats es un periódico francés publicado entre 1789 y 1944 (con algunos cambios de título). Entre sus colaboradores, se cuentan Victor Hugo, Eugène Sue, Hyppolite Taine y Julio Verne. Sus archivos están disponibles en línea en el sitio de Gallica: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb39294634r/date).
  15. La Patrie fue un periódico parisino conservador del Segundo Imperio, bonapartista, fundado en 1841 por Auguste Lireux. Se publicó hasta 1937. Sus archivos se encuentran digitalizados en Gallica: https://bit.ly/3mflGrp.
  16. La Presse, journal quotidien, politique, littéraire, agricole, industriel et commercial fue un diario fundado en 1836 por Emile de Girardin. Fue el primer periódico barato y de tirada masiva –gracias a la incorporación de nuevas tecnologías de impresión a gran escala– y el primero en publicar en la sección folletín diversas novelas. Sus archivos pueden consultarse en Gallica: https://bit.ly/2Riiq0c.
  17. Émile de Girardin (París, 1806-París, 1881): periodista, publicista y político francés. Creador de la teoría del doble mercado, fundador de La Presse (1836).
  18. Le Gil Blas fue un periódico literario parisino fundado en 1879 y vigente hasta 1938. Su título rememora la novela homónima del escritor fránces Alain-René Lesage. En las páginas de Gil Blas se publicaron como folletín novelas de Émile Zola, Guy de Maupassant, Villiers de L’Isle-Adam y escritos de muchos de los intelectuales que menciona Mansilla a lo largo de sus Páginas breves, tales como Paul Bourget, Catulle Mendès, Henri Rochefort, entre otros.
  19. L´Intransigeant fue un diario parisino que se publicó diariamente entre 1880 y 1940. Tuvo diferentes nombres (“Le Grand Intransigeant”; “L’Intransigeant de Paris”; “L’Intransigeant français”; “L’Intransigeant parisien”; “Le Vrai Intransigeant”; “L’Intransigeance). Fue fundado por Henri Rochefort. Sus archivos están digitalizados y pueden consultarse en Gallica: Https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb32793876w/date. (Extractado de: https://data.bnf.fr/en/32793876/l_intransigeant__paris__1880_/).
  20. Victor Henri Rochefort, Marqués de Rochefort-Luçay (París, 1830–París, 1913) fue un periodista, político y autor teatral francés. Entre sus obras, cabe mencionar: Les Petits Mystères de l’Hôtel des Ventes (1862), volumen que reúne sus críticas de arte, Les Dépravés (Geneva, 1882), Les Naufrageurs (1876), L’Évadé (1883), Napoléon dernier (1884), Les Aventures de ma vie (1896). (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/68935107).
  21. Le Journal fue un periódico conservador publicado semanalmente en formato tabloide, con cuatro páginas a colores, entre 1892 y 1944. Fundado por Fernand Arthur Pierre Xau –y dirigido por él hasta 1899– fue luego comprado por la familia de Henri Letellier y devino el diario parisino de mayor tirada y, según algunos autores, con más literatura de la época. Se encuentra digitalizado en Gallica: https://bit.ly/2Zsxeh7.
  22. Le Petit Journal fue un diario conservador parisino fundado por Moïse Polydore Millaud en 1863 y publicado hasta 1944. Junto con Le Petit Parisien, Le Matin y Le Journal, fue uno de los periódicos franceses más importantes de fines del siglo XIX y principios del XX. Sus números se encuentran digitalizados en Gallica: https://bit.ly/2RhgOnd.
  23. Le Petit Parisien fue un periódico fundamental en la vida política francesa durante la Tercera República, de gran apoyo a Napoleón y de clara orientación conservadora. Se publicó desde 1876 hasta 1944, y su circulación en el periodo de entreguerras fue superior a los 2 millones diarios. Sus archivos pueden consultarse en Gallica: https://bit.ly/3meO7FG.
  24. Le Signal, journal protestant et républicain fue fundado por el pastorEugène Réveillaud en 1879 y se editó hasta 1894. Era de corte nacionalista y se decía independiente políticamente. Se encuentra parcialmente digitalizado en https://bit.ly/2RjYhGZ.
  25. Le Peuple français fue el primer periódico socialista cristiano, fundado en 1893 por el abate Teodore Garnier, también fundador del diario La Croix, igualmente comprometido con la acción social.
  26. Théodore Garnier, conocido como el abate Garnier (Condé-sur-Noireau, 1850–Montmagny, 1920) fue un eclesiástico católico, militante de la acción social y ensayista político. Es considerado uno de los precursores del catolicismo social. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/90713471).
  27. No hemos hallado datos sobre estos periódicos.
  28. La Croix es un diario católico fundado en 1880 por Vincent de Paul Bailly y aún vigente (https://www.la-croix.com/). Fue cambiando de ideologías según los tiempos: surgido como un periódico conservador, durante el caso Dreyfus, adoptó una postura fuertemente antisemita y alrededor de los años 30 cobró cierto tinte socialista.
  29. Forma gramatical frecuente en Mansilla, equivalente en este caso a “un amigo mío”.
  30. Ver nota al pie de PB.12.12.06 o índice onomástico.
  31. Podría estar refiriéndose al Conde de Mirabeau, Honoré Gabriel Riquetti (1749 – 1791), revolucionario francés, escritor, diplomático, francmasón, periodista y político.
  32. Podría tratarse del poeta Charles-Julien Lioult de Chênedollé (1769–1833).
  33. Ver nota al pie de PB.27.11.06 o índice onomástico.
  34. Ver nota de la PB.06.12.06 o índice onomástico.
  35. Victor Charles Louis Brochard (1848–1907) fue un filósofo e historiador de la filosofía francés. Entre sus obras, se cuentan: Les sceptiques grecs, 1887 [Los escépticos griegos] y Études de philosophie ancienne et de philosophie moderne, 1912. [Estudios de filosofía antigua y moderna]. (Extractado de VIAF:
    http://viaf.org/viaf/19766544).
  36. Ver nota al pie 1 de la PB.06.06.06 o índice onomástico.
  37. Eduard Bernstein (Berlín, 1850–Berlín, 1932) fue un político alemán de origen judío perteneciente al Partido Social Demócrata de Alemania, es considerado el padre del revisionismo y uno de los principales fundadores de la social democracia. Autor del libro Las precondiciones del socialismo. (Extractado de VIAF: http://viaf.org/viaf/97094059).


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