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La transición a la vejez
de las mujeres argentinas

¿Cuáles fueron las trayectorias que incidieron en su fecundidad?

Mónica Bankirer y Victoria Mazzeo

Resumen

Este trabajo pretende investigar cómo transitaron su juventud y adultez las actuales mujeres adultas mayores argentinas y las que lo serán en un futuro próximo, con la finalidad de analizar las transformaciones sociales que fueron protagonizando y su impacto en la fecundidad de estas cohortes.

Este análisis adquiere fundamental importancia en Argentina, ya que las condiciones socioeconómicas de vida de las personas de edad no dependen solamente de los mecanismos que ofrecen los sistemas de seguridad social, sino, como ocurre en Latinoamérica, principalmente, del rol que cumple la familia y de las relaciones entre sus miembros. En el pasado, las familias numerosas representaban una protección para los mayores, brindando una red de relaciones interpersonales que les suministraba apoyo económico, arreglos residenciales e integración social. Sin embargo, el cambio demográfico trajo aparejado una enorme transformación en la composición familiar, que ahora cuenta con menos hijos e está integrada por varias generaciones simultáneas. La reducción del tamaño de la familia, como consecuencia del descenso de la fecundidad, tiene consecuencias importantes en términos de los arreglos de vida de las personas mayores y de las relaciones entre sus miembros.

A partir de un abordaje cuantitativo, se indagarán los cambios observados en las trayectorias de las argentinas en los últimos treinta años, con base en un análisis longitudinal. El universo son las argentinas nacidas en los decenios 1936-1945 y 1946-1955 que, al momento del censo de 2010, tenían las edades cumplidas de 65 a 74 años y de 55 a 64 años, respectivamente. Las fuentes de datos son los últimos cuatro censos nacionales de población (1980, 1991, 2001 y 2010).

En las últimas décadas, los cambios sociales que redefinieron el papel de la mujer en la sociedad y en la institución familiar están relacionados con su incorporación a los niveles más altos de educación, el aumento de su participación laboral, los cambios en las dinámicas matrimoniales y de pareja y la jefatura del hogar. Los indicadores seleccionados permitirán indagar sus comportamientos reproductivos a la vez que conocer la magnitud de las variaciones en estas dimensiones, según grupo etario y generación, en cada uno de los censos mencionados.

Palabras clave

Transición a la vejez; envejecimiento poblacional; fecundidad.

I. Introducción

Las condiciones socioeconómicas de vida de las mujeres adultas mayores no dependen solamente de los mecanismos que ofrecen los sistemas de seguridad social, sino del rol que cumple la familia y de las relaciones entre sus miembros. En el pasado, las familias numerosas representaban una protección para los mayores, brindando una red de relaciones interpersonales que les suministraba apoyo económico, arreglos residenciales e integración social. Sin embargo, el cambio demográfico trajo aparejada una transformación en la composición familiar. La reducción del tamaño de la familia, como consecuencia del descenso de la fecundidad, tuvo impactos importantes en términos de los arreglos de vida de las personas mayores y de las relaciones entre sus miembros.

La progresiva feminización de la tercera edad, como consecuencia de la mortalidad diferencial por sexo y el aumento de la proporción de personas mayores viviendo en hogares conyugales sin hijos o en hogares unipersonales, requiere de una mayor atención de necesidades específicas en cuanto a cobertura de salud, previsión social, educación y uso del tiempo libre. En este contexto, el objetivo es indagar los cambios observados en los últimos treinta años en el perfil sociodemográfico de las mujeres de 65 años y más en Argentina, con base en un análisis de tipo transversal en cuatro momentos del tiempo, que se corresponden con los últimos censos nacionales de población (1980, 1991, 2001 y 2010). Al mismo tiempo, se examinarán los cambios sociales en el papel de la mujer que podrían estar asociados a sus comportamientos reproductivos, a través de un análisis longitudinal de las trayectorias de dos cohortes generacionales de mujeres argentinas nativas, nacidas en los decenios 1936-1945 y 1946-1955, que, al momento del censo de 2010, tenían las edades cumplidas de 65 a 74 años y de 55 a 64 años. Esta ponencia es resultado de una investigación en curso en el marco de la Programación Científica 2016 de UBACyT.

El objetivo de este trabajo es brindar un panorama sobre la influencia de los cambios sociales en el perfil de las mujeres nacidas en Argentina y los posibles efectos en su comportamiento reproductivo. En definitiva, se pretende responder las siguientes preguntas: ¿cómo fueron cambiando las adultas mayores a lo largo del tiempo?; ¿en qué se parecen y en qué difieren las adultas mayores de ayer y de hoy?; y ¿qué impacto tuvieron estos cambios en la conformación de sus hogares y en la fecundidad?

II. Marco teórico

El envejecimiento en las sociedades desarrolladas fue lento, lo que permitió adaptaciones sociales y económicas. En los países en desarrollo, este proceso está ocurriendo relativamente más rápido, y surgen, como consecuencia, problemas críticos de pobreza y desigualdad (Ham Chande et al., 2009). Se ha demostrado que el aumento de la esperanza de vida no siempre va acompañado por un aumento en la calidad de vida de los mayores; una parte de ellos envejece en graves condiciones de vulnerabilidad económica y social (Formiga et al., 2008). Como consecuencia, el envejecimiento demográfico ha pasado a ser una temática relevante en la investigación sociodemográfica de América Latina.

La edad cronológica a partir de la cual se considera que la población es adulta mayor aún es un tema sin consenso generalizado a nivel internacional. Villa y Rivadeneira (2000) sostienen que las poblaciones envejecen por el aumento de la participación de las cohortes que alcanzan edades avanzadas, mientras que Laslett (1996) señala que el establecimiento de una edad para la vejez es una construcción social, que solo parcialmente está determinada por factores biológicos o psicológicos. Neugarten (1976), citado en Tout (1989), supone la existencia de dos fases de la vejez: la primera abarcaría aproximadamente desde los 60 hasta los 79 años de edad, y la segunda comenzaría desde los 80 en adelante. Esta última se referiría a la etapa de mayor dependencia por el deterioro de las condiciones físicas o mentales y se distinguiría de la etapa de retiro de la actividad económica, que se sitúa en los 65 años. La tradición estadística y demográfica utilizada en la Argentina (INDEC, 1997; Recchini de Lattes, 2000) considera como población adulta mayor a las personas con edad de 65 años y más.

Por su parte, en el campo de la gerontología existe una amplia discusión acerca de la definición de “vejez”, es decir, acerca de si se adopta la edad cronológica o si se la considera una característica que comparten algunas personas. Tampoco existe acuerdo entre los especialistas en que se trate de un grupo muy heterogéneo. Para algunos, esa heterogeneidad se debe a los procesos sociales que generan desigualdad en el curso de la vida, y, para otros, es una expresión de la individualidad (Oddone, 2012).

El proceso de envejecimiento, producto de que las personas vivan en promedio más años que en el pasado, ya se da en la Argentina. El umbral del 7 % alcanzó al total del país en 1970 (Bankirer, 2010). El porcentaje de población de 65 años y más para ambos sexos creció en forma interrumpida del 7 % en 1970 al 10,2 % en 2010; desde un comienzo esto fue diferencial por sexo: las mujeres representan un 7,6 % y 11,8 %, respectivamente (Mazzeo, 2017).

Dos décadas antes del inicio de este proceso, se asistió en Argentina a la redefinición del papel de la mujer en la sociedad, en las relaciones de género y en la institución familiar. El matrimonio comenzó a dejar de ser visto como un mero ámbito de reproducción. Las mujeres comenzaron a aumentar su participación laboral, a un ritmo lento hasta los 60 y más acelerado en las décadas siguientes, debido a su incorporación en los niveles más altos de educación (Mazzeo, 2010, 2016, 2017) y para aportar ingresos extras a los menguados presupuestos familiares (Ariño, 2010). Además, empezó a estar disponible una nueva generación de métodos anticonceptivos (Govea Basch, 2013). Estos factores comúnmente están relacionados con la disminución de la descendencia y la reducción de la familia.

De esta manera, la organización familiar se transformó en las sociedades envejecidas. La configuración de los arreglos residenciales de los adultos mayores es uno de los aspectos relacionados de manera más estrecha con el bienestar en las edades avanzadas, por su integración al grupo de pertenencia (Vega Macías, 2004). Los cambios principalmente se relacionan con la salida de los hijos del hogar, la disolución voluntaria de la unión, el fallecimiento del cónyuge y el retorno de los hijos (Mazzeo y Gil, 2014).

Todos estos procesos tienen su correlato con el ciclo de apertura en Argentina, que comienza a mediados de la década de los 70 y con el descenso del ritmo de crecimiento total del país como resultado de la declinación del crecimiento natural y del saldo migratorio neto negativo (Bankirer, 2010).

Conocer cómo han vivido las “jóvenes de ayer”, describir sus principales características sociales y económicas, y compararlas con las adultas mayores recientes se estima un insumo de interés para prever los comportamientos de las futuras adultas mayores e ir perfilando políticas sociales que mejoren las condiciones de vida de ese grupo etario.

III. Metodología

La metodología se sitúa dentro del campo específico de las ciencias de la población con un abordaje cuantitativo y sociodemográfico. Los propósitos analíticos apelan a dos perspectivas complementarias:

  1. una diacrónica (transversal), en donde se busca comparar el perfil de las adultas mayores para describir su evolución y dinámica en cada momento del período de observación;
  2. un seguimiento de cohortes (generaciones), con el fin de mostrar las trayectorias de vida y los comportamientos sociodemográficos que caractericen las modalidades de entrada a las edades adultas.

Las fuentes de información son secundarias (censos nacionales de población), y las características a estudiar son educación, inserción laboral, arreglos residenciales, estatus conyugal y fecundidad, que, a través de sus indicadores, permitirán captar las diferencias en las trayectorias y su incidencia en la fecundidad.

Los universos son distintos para cada perspectiva analítica. En la diacrónica se seleccionaron las mujeres de 65 a 74 años, y en la longitudinal, las mujeres nacidas entre 1936 y 1955. La elección de estas generaciones como objeto de estudio se basa en dos elementos fundamentales:

  1. se trata de mujeres que poseen una importante trayectoria de vida al final del período de observación, y
  2. atravesaron un período histórico bajo distintos signos políticos y disímiles modelos de acumulación que incidieron sobre sus estrategias de vida (Torrado, 1994 [1992], 2003).

Se destaca que se consideran solo aquellas nacidas en Argentina, para evitar la influencia de las entradas y salidas de la población no nativa en las características sociodemográficas de las generaciones elegidas.

En el cuadro 1, se detalla el universo estudiado en cada censo según generación. Además, teniendo en cuenta la probable extinción de la cohorte por mortalidad y migración, se consideró necesario incluir el nivel de esta, ya que podría incidir en el análisis de los resultados obtenidos.

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IV. Análisis y discusión de datos

De acuerdo con los objetivos planteados, se procura responder tres preguntas:

  1. ¿qué diferencias sociodemográficas fueron adquiriendo las mujeres argentinas de 65 a 74 años a lo largo de treinta años?;
  2. ¿cómo fueron las trayectorias de las diferentes cohortes?; y
  3. ¿qué comportamientos incidieron en su fecundidad?

Las jóvenes de ayer a través de los censos

Para observar las modificaciones en el máximo nivel educativo alcanzado por las “jóvenes de ayer”, se selecciona el comportamiento de dos indicadores: la incidencia del secundario completo y más y de al menos el universitario incompleto (cuadro 2). Se evidencia un cambio sustantivo entre las generaciones en el periodo 1980-2010: se multiplica por 20 veces haber completado al menos el secundario, y entre 17 y 18 veces haber realizado estudios universitarios, aunque no los hayan completado.

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Otro factor importante, asociado al incremento del nivel de escolaridad, fue la ampliación de su autonomía económica. El nivel de la tasa de actividad en el grupo de 65-69 años aumentó 9 veces, y entre el de 70 y 74 años, 15 veces en el mismo periodo. Evidentemente, el aumento de las credenciales educativas se reflejó en las oportunidades laborales. En lo que se refiere al estatus conyugal, se destaca el aumento de la proporción en unión y la reducción de las que estuvieron alguna vez unidas, relacionado con el aumento de la esperanza de vida de los varones y la consecuente reducción de viudas. Además, casi se duplica la participación de las unidas consensuales en el total de unidas, otro indicador de las variaciones en los comportamientos conyugales de estas últimas décadas.

Los cambios señalados se ven reflejados en la posición que ocupan las mujeres en el hogar y en sus arreglos residenciales. El porcentaje de jefas en el total de mujeres aumentó casi 15 puntos porcentuales. La participación de las jefas unidas en el total de jefas aumentó entre 6 y 8 puntos porcentuales según grupo de edad, y la de las jefas alguna vez unidas disminuyó, especialmente en el grupo de 65-69 años. Estos comportamientos introducen nuevos interrogantes: ¿cuáles fueron las trayectorias según generación y en qué momento de sus vidas se produjeron estas transformaciones?

La evolución de las jóvenes de ayer según grupo de edad y generación

Se considera en primer lugar a las “jóvenes de ayer” entre los 35 y 74 años.

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Con respecto al máximo nivel educativo alcanzado (cuadro 3), registra niveles más altos la generación más joven (1941-1945), especialmente en universitario incompleto y más. Son las matriculadas en la década de los 60, momento en que comenzó a crecer la concurrencia de las mujeres a la universidad. La importancia relativa aumenta con la edad, y se destaca el importante salto de 6,4 % a 13,9 % de mujeres con universitario incompleto entre el 2001 y 2010, cuando dicha generación transitaba entre los 55 y 70 años. Esto lleva a preguntarse: ¿continuaron sus estudios al finalizar la crianza de los hijos o en la tercera edad sobreviven las de mayor educación? Debe recordarse que esta generación se extingue en una quinta parte en el período analizado.

La participación en el mercado de trabajo muestra una tendencia a la disminución con la edad y es mayor también en la generación más joven. La mayor participación se verifica en los censos de 1991 y 2001, momentos en que esta generación tenía entre 45 y 59 años, lo que podría asociarse a la finalización del periodo reproductivo, así como a variaciones en el estatus conyugal de estas mujeres.

En cuanto a los arreglos residenciales, se observa que la jefatura aumenta con la edad y los niveles son similares entre ambas generaciones. El incremento de la participación de las jefas alguna vez unidas se relaciona con el estatus conyugal: en la generación 1936-1940 probablemente por la viudez, y en las nacidas entre 1942 y 1946, por la separación o divorcio. Los cambios en los comportamientos conyugales se manifiestan en la mayor consensualidad, especialmente en la generación más joven.

Las transformaciones en las adultas mayores recientes según grupo de edad y generación

Las adultas mayores recientes corresponden a la generación llamada “babyboomer[1]. Son las mujeres que, con las consignas del Mayo francés y del psicoanálisis, se metieron de lleno en la universidad, en el trabajo remunerado, reclamando un lugar más equitativo para la mujer en el mundo público y en el privado (Ariño y Mazzeo, 2013).

Los cambios en sus comportamientos se reflejan en los niveles de los indicadores obtenidos (cuadro 4). Altos niveles educativos que muestran que, luego de haber tenido hijos, continuaron estudiando. La participación económica también es mayor al finalizar las edades reproductivas. En cuanto a sus arreglos residenciales, el peso de la jefatura crece con la edad. Los porcentajes más altos de jefas solteras y unidas se dan en las menores de 35 años, y a partir de allí aumentan las jefas que alguna vez estuvieron unidas por la incidencia de las separaciones y divorcios. Las modificaciones de los comportamientos nupciales se confirman en la composición de la situación conyugal: altos porcentajes de uniones consensuales en las generaciones más jóvenes y luego de los 35 años. Las que estuvieron alguna vez unidas son importantes luego de los 40 años y mayormente luego de los 55 años.

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Comparando las jóvenes de ayer y las adultas mayores recientes

A partir del análisis precedente, y teniendo en cuenta las disparidades encontradas en las características de ambas generaciones, se indaga en este punto acerca de cuáles son las diferencias sociodemográficas que se pueden observar entre las jóvenes de ayer y las adultas mayores recientes que podrían haber incidido en su fecundidad.

Transcurridos diez años entre ambas, se evidencian los cambios más importantes. El máximo nivel educativo y la condición de actividad son las dimensiones que muestran las mayores diferencias en sus comportamientos (cuadro 5). Antes de los 45 años, el porcentaje de al menos secundario completo en las adultas mayores recientes es aproximadamente 1,5 veces mayor, y el haber ingresado a la universidad es el doble. Lo mismo ocurre con la tasa refinada de actividad, que en esas edades el nivel es 1,5 veces mayor que en las jóvenes de ayer. En la década de 1980-1990, se elevó la participación económica femenina, debido a que las mujeres se incorporaron en el mercado de trabajo, no solo por los cambios en las pautas culturales, sino para cubrir la necesidad de un aporte salarial al hogar no sostenido por un solo proveedor (Ariño, 2010).

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Los cambios en el estatus conyugal se reflejan en los arreglos residenciales. En general, en todas las edades, las generaciones más jóvenes muestran menores porcentajes de unidas, mayores porcentajes de unidas consensuales y de alguna vez unidas. Esto incide en el mayor nivel de jefatura, principalmente de solteras en las mayores de 44 años y de alguna vez unidas en las menores de 45 años. Esto se relaciona con los cambios de los comportamientos conyugales: corrimiento de la edad de unión, aumento de las rupturas conyugales, de la consensualidad y uniones más inestables.

Esta dinámica, desde el punto de vista teórico, suele identificarse con el proceso correspondiente al llamado “paradigma de la segunda transición demográfica”, cuyos rasgos principales son: la disminución del número de matrimonios y paralelo aumento de la consensualidad; el incremento de los divorcios y separaciones con las consecuentes reincidencias; y la disminución de la fecundidad. Se ha debatido acerca de la pertinencia de estas perspectivas conceptuales para la interpretación de estos cambios. El interrogante que se plantea es si se trata de un cambio en los valores, o de cambios asociados a la educación y la transición a los roles adultos (Ariño y Mazzeo, 2013).

¿En qué medida incidió el retraso de la edad de unión y la mayor fragilidad de la unión en el nivel de la fecundidad? A pesar de las diferencias observadas, los valores obtenidos muestran que el grupo de adultas mayores recientes registra menores porcentajes de mujeres que no tuvieron hijos, y que la paridez media y la final de las que sí los tuvieron es algo superior a las jóvenes de ayer.

Al respecto, Ariño, Bankirer y Sacco (2013) han mostrado que en Argentina las generaciones nacidas en la década de los 50 (nuestras adultas mayores recientes) habían aumentado la paridez media final respecto a las generaciones anteriores, y también a las posteriores. En otro trabajo (Mazzeo, 2016), referido a la paridez de las mujeres residentes en la Ciudad de Buenos Aires, mostró que el incremento momentáneo de la fecundidad se circunscribía temporalmente a los años 60 y generacionalmente a las mujeres nacidas en las décadas de los 40 y 50. También Govea Basch (2013) muestra lo mismo para Argentina, y afirma que el fenómeno puede definirse como un leve incremento de la fecundidad generacional en el marco de un prolongado periodo de estancamiento.

V. Conclusiones

La transición de los comportamientos reproductivos en la sociedad argentina presenta rasgos peculiares. Según Torrado (2007), lo más destacado fue la precocidad y rapidez del proceso. Se llevó a cabo en un corto periodo de aproximadamente 40 años, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. La paridez media final de la generación 1875-1879 era de 4,4 hijos por mujer, nivel que ya suponía una limitación efectiva de la fecundidad (Torrado, 2003). Las siguientes cohortes disminuyeron sucesivamente ese valor, llegando a los 2,9 hijos por mujer la generación 1960-1964 (Ariño, Bankirer y Sacco, 2013), con un leve repunte en las generaciones nacidas en la década de los 50.

En Argentina, antes de 1930, la transición de la fecundidad involucraba casi exclusivamente a la población de las clases medias urbanas (Torrado, 2003). A partir de allí, y hasta mediados de los 90, existió una tendencia ininterrumpida a la adopción de un patrón familiar más reducido. Puede afirmarse que, en ese momento, el proceso transicional de la modernización del comportamiento reproductivo se expandió a gran parte de la población argentina.

Estos antecedentes se evidencian en los resultados obtenidos en la ponencia.

La generación de mujeres argentinas que están próximas al límite inferior de la adultez mayor en el 2010 y que, para el próximo censo de 2020, llegarán a conformar la población potencialmente inactiva serán mujeres más formadas y con mayor participación en el mercado de trabajo que las “jóvenes de ayer”. Esta situación podría redundar, en algunos casos, en un mayor acceso a la seguridad social y a la cobertura de salud en las edades avanzadas, en la medida que su participación haya sido en el mercado de trabajo formal. Aunque debe tenerse en cuenta que el aumento de la tasa de actividad femenina, que se verificó aún en los periodos de crisis de empleo (1980-1990), estuvo ligado a un mayor acceso al empleo precario, en los cuales muchas veces no lograban llegar a trabajar la cantidad de horas requeridas o deseadas y no tenían acceso a los beneficios sociales (Wainerman, 2007). Además, puede esperarse, de acuerdo a su perfil, que tendrán la compañía de sus hijos y de una pareja como soporte, teniendo en cuenta que han superado el nivel de paridez de sus antecesoras y que presentan mayores porcentajes en unión, lo que muestra que, a pesar de la inestabilidad, la reincidencia se verifica aun en las edades más avanzadas, favorecida, como ya se mencionó, por la mayor sobrevivencia masculina.

Bibliografía

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  1. Es un término usado para describir a las personas que nacieron durante el baby boom, que sucedió en algunos países anglosajones, en el periodo en que se desarrolló la Segunda Guerra Mundial y posterior, entre 1946 y 1965.


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