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La construcción del territorio:
Potosí en el marco
de la transformación borbónica

Fuentes para identificar miradas desde y hacia la resistencia indígena

Candela De Luca (UNLP)

1. El regalismo borbónico y las reformas del siglo XVIII

Es innegable que, especialmente para las instituciones eclesiásticas en América, el siglo XVIII constituyó una época de cambios profundos. Las disposiciones desplegadas por los borbones a lo largo del siglo se incrementaron en la segunda mitad, momento en que la promulgación del Tomo Regio en 1767 trazó los rasgos fundamentales del programa reformador de Carlos III. La perspectiva historiográfica tradicional ha puesto la mirada en las transformaciones impulsadas por los “monarcas Ilustrados”, entendiéndola como una embestida que buscaba contrarrestar las prerrogativas y privilegios de la Iglesia en tierras americanas, interpretada ahora como un obstáculo para la modernización. Así, las miradas se han enfocado en analizar las medidas de corte regalista llevadas adelante por la Corona, es decir aquellas que fundamentalmente impactaron en los bienes y la influencia desplegada por las órdenes religiosas, -particularmente la de los jesuitas-, así como también en sus diferentes esferas de poder.

Una de las disposiciones más relevantes fue la restricción en las libertades eclesiásticas referidas a la administración de la justicia, que se retiraba ahora de la órbita del clero regular, quedando en manos de seglares y de la administración civil. Sin embargo, este amplio programa de reformas tuvo consecuencias no sólo en la formulación jurídica de los derechos reales y sus alcances, sino también, y fundamentalmente, en aspectos esenciales de la vida eclesiástica y pastoral, tales como la interpretación y enseñanza del dogma, la práctica litúrgica y la administración sacramental. Asimismo, estas transformaciones impactaron en la organización doctrinal y parroquial, ya que se subdividieron las doctrinas que contaban con un gran número de fieles[1], a la par que las parroquias modificaron su jerarquía unas respecto de otras (al transformarse algunas en vice parroquias), como así también las directrices intentaron limitar el funcionamiento de las cofradías religiosas. Tanto doctrinas, como parroquias y hermandades fueron instituciones fundamentales para la estructuración de las comunidades indígenas, que vieron restringidos -al menos en el marco normativo- sus actividades y autonomía. A la vez, fue reglamentada la recepción de los bienes percibidos por los sacerdotes mediante el establecimiento de un arancel homogéneo, como así también fueron regulados los manejos en la distribución de la mano de obra, afectando la autoridad tanto de prelados como de caciques. Junto a la secularización de las parroquias y de las doctrinas de indios, las cofradías religiosas y fundamentalmente el ciclo de fiestas y celebraciones estructuradas por estas instituciones, constituyeron un blanco al que apuntó la administración real, que promovía ahora la austeridad a la vez que se empeñaba en regular el derroche en estas actividades entendidas como “dispendiosas”, intentando así evitar el flujo de bienes que debía dirigirse directa y únicamente hacia la Corona. Es importante subrayar que el apercibimiento de las limosnas -ahora limitado- constituía buena parte de los bienes absorbidos por el clero secular, a la par que, sobre todo en Andes centrales, el ciclo festivo constituía una suerte de eje vertebrador en la organización interna y la lógica de las comunidades indígenas. En ese sentido, distintos aportes han abordado las profundas consecuencias de este proceso (Adrián, 2000; Serulnikov, 2006), que impactó en la estructura política y social, y se evidenció en el quiebre del orden colonial acontecido entre el último cuarto del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

Pese a estas transformaciones el fervor religioso no disminuyó. Diferentes expresiones de la piedad barroca en el siglo XVIII dejan en evidencia el fuerte arraigo de estas prácticas, cuyo alcance intentó ser ajustado como parte de la embestida borbónica. En ese marco, fue alterado el delicado balance que organizaba la lógica de las comunidades: un difícil equilibrio negociado entre obligaciones y expectativas en el ámbito de las instituciones –parroquias y cofradías– y de las prácticas religiosas locales se veía amenazado” (Barral, 2013, 148).

2. Resistencias en la construcción del territorio

En ese sentido, y a partir de la primera fuente seleccionada, se presentan las disposiciones que aspiraron a limitar los alcances de los beneficios y la autoridad de los sacerdotes a nivel local. En el Alto Perú, el Arzobispo de Charcas, Pedro Miguel de Argandoña Pastén y Salazar, promulgó en 1769 el Arancel de Derechos Parroquiales[2] luego de la Visita pastoral de su jurisdicción. Es importante resaltar a la institución de la Visita como un acto de jurisdicción. Existe un amplio corpus documental producido por la administración borbónica hacia el último cuarto del siglo XVIII, en donde se evidencia un particular esfuerzo por delimitar la cartografía de los dominios de la Corona, especificando, por ejemplo, los empadronamientos de los indígenas en sus respectivas encomiendas (Estruch & Oyarzábal, 2016). En ese sentido el concepto territorio entraña al de jurisdicción, en tanto esta última refiere a un modo de organizar y gestionar el poder que concibe a la potestad de “decir el derecho” (“iurisdictio”) como una especie de poder público legítimo que resuelve controversias administrando justicia y manteniendo el orden constituido(Estruch, 2016, 3).

Como mencionamos, estas normativas generaron oposición por parte de los sacerdotes, que se resistieron a las políticas reales a través de diferentes recursos, entre los que se contaban como más habituales las demandas de cobro cada vez mayores sobres los indios. Sumado a ello, aunque las tarifas de los servicios brindados por los religiosos estaban estipuladas en el Arancel, los prelados no siempre la respetaron. En muchas oportunidades obtenían beneficios adicionales utilizando a los indios como servicio personal, o a través de las limosnas derivadas de la celebración de las festividades. Asimismo, se evidencia la dimensión territorial de las agencias eclesiásticas (Moriconi, 2016) al analizar el accionar de los sacerdotes, que contrarrestaban la merma de sus ingresos con la percepción de las ofrendas entregadas a las imágenes religiosas que tenían especial convocatoria -en algunos casos por ser consideradas milagrosas-, y así también de la agencia indígena, ya que mediante ciertas actividades, como las fiestas religiosas y las prácticas de devoción a estas figuras, se aseguraba la continuidad en la reproducción de la lógica comunitaria. En ese sentido, el documento refleja una mirada paternalista sobre los indígenas, quienes aún luego de más de 200 años de cristiandad eran considerados “neófitos” que debían ser protegidos de los abusos de los sacerdotes. Asimismo, se insiste en la necesidad de “aseo y adorno” de los Templos, ya que esta acción les aumenta la veneración a la Magestad que allí se adora. Buena parte del Arancel, sin embargo, se dedica precisamente a regular los beneficios –fundamentalmente en especie, como cereales, reses, ají, algodón y otros- percibidos por los sacerdotes en el marco de las fiestas. Se enfatiza que el “ricuchicu”, (diferentes dádivas otorgadas por los indios tales como dinero y comestibles consumidos en los banquetes), debía tener carácter libre y optativo, de ninguna manera obligatorio; y no debían aceptar los prelados las dádivas entregadas por los indígenas en el marco de las Visitas “aún cuando los Caciques digan que las quieren dar voluntariamente, y por puro Obsequio. En este sentido, y más allá de tener el objetivo de evitar los abusos de los sacerdotes, la prohibición de estas prácticas no reconocía las lógicas propias de las comunidades indígenas, sustentadas en buena parte en relaciones de reciprocidad y redistribución selladas en el ámbito festivo. O, tal vez precisamente por comprender que estas prácticas habilitaban el fortalecimiento de las estructuras de poder locales inter e intracomunitarios, la normativa apuntó a su desarticulación de manera directa[3]. Por otro lado, otros de los conflictos que se traducen a partir de las prohibiciones expresadas en el documento se refiere a la indebida detención de los sacerdotes de algunos indígenas que acudían a sus jurisdicciones, muy probablemente para asistir a festividades, a los que luego no les permitían regresar a sus pueblos de Doctrina, reteniéndolos para que les presten servicios y/o aporten bienes como extorsión a cambio de habilitar su circulación en el espacio. Resaltamos esta última acción, ya que denotaba el conocimiento de los sacerdotes sobre la concepción y las prácticas de ocupación del territorio por parte de los naturales, que se caracterizaba por el amplio nivel de movilidad y habitación, conocido en esta área como el sistema de “doble domicilio”, sobre el cual ampliaremos más adelante.

En Charcas, la aplicación del Arancel provocó intensos enfrentamientos tanto entre indígenas y sacerdotes, como entre estos y la administración civil e incluso el Arzobispado. Particularmente en el espacio potosino, y puntualmente en la provincia de Chayanta -que sería posteriormente uno de los grandes núcleos de la Gran Rebelión andina-, el Arancel fue interpretado de manera muy laxa por los prelados, quienes continuaban percibiendo bienes y servicios de parte de los indígenas[4]. Estos últimos a su vez acataron la nueva normativa sólo parcialmente, ya que se apresuraron a reclamar o a incumplir aquellos aspectos de las cargas coloniales considerados abusivos, pero se negaron a eliminar aquellas prácticas consensuales con un fuerte arraigo en la costumbre, como la celebración de fiestas comunales -las cuales debían ser observadas y propiciadas por los sacerdotes-, y la congregación en cofradías religiosas, por ejemplo.

A través del segundo documento seleccionado pueden observarse las posturas y las agencias de diferentes actores: sacerdotes e indígenas. Sin embargo, esos cruces y enfrentamientos no aparecen expresados de manera claramente indiferenciada ni unilineal. Es muy difícil evidenciar unívocamente los intereses de los naturales por oposición a los de “la Iglesia”, o los “del Estado”[5], entendiéndose como bloques compactos e indiferenciados, sin atender los múltiples poderes en los que se descomponían, superponían y yuxtaponían las esferas civil, eclesiástica e incluso indígena. Actualmente, ha sido puesto en cuestión el paradigma que sostenía que la llegada de los borbones al trono de Castilla vino de la mano con la implementación de un paquete de reformas articulado y coherente, fundamentalmente en lo atinente a aspectos relativos a la organización eclesiástica. Por el contrario, coincidimos con Estruch, quien expresa que el aparato institucional indiano disponía de múltiples recursos para no cumplir estas disposiciones y, en sentido inverso, podía fortalecer ciertos comportamientos políticos tradicionales (Estruch, 2017, 200). En esas grietas, en esos intersticios es que observamos las resistencias a la normativa impuesta, donde se evidencian tanto la agencia de los indígenas como de los párrocos.

Es por eso que, como ejemplo seleccionamos en segundo lugar el registro de un tumulto acontecido a principios de agosto de 1769 por la introducción de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Surumi[6] en la ciudad de La Plata (hoy Sucre), llevada por indígenas y sacerdotes desde la iglesia de San Roque[7], sita en la ciudad de Potosí. La procesión tenía por objetivo recabar donativos para construir un santuario para albergarla, ya que se trataba de una figura milagrosa (Platt, 1987). Al no presentar licencia para pedir limosna, inmediatamente se llamó a los prelados a suspender sus demandas y peticiones. Tales solicitudes resultaron infructuosas, ya que esta prohibición, lejos de obtener el resultado esperado, generó que una multitud de personas se congregara en los alrededores de la ciudad. Esta muchedumbre, integrada por “Tres mil almas mas o menos, las quales estaban vastamente conmovidas llorando por que se iba dha Ymagen, con cuyo motibo prorrumpían en algunas voses indecentes”[8], acompañó el ingreso de la imagen a la ciudad y se manifestó en contra de las “Justicias reales”, acompañando a sacerdotes e indígenas en su reclamo “poniendo la Ciudad en un inminente riesgo de un alboroto”. A lo largo del extenso documento, observamos cómo permea la imagen negativa de los naturales sostenida por las autoridades civiles. Si bien desde el inicio del expediente, que es abierto en contra del sacerdote limosnero Félix Ramírez, Cura y Vicario del Beneficio de Aullagas, se enfatiza en la responsabilidad de este último y de sus cómplices, Ignacio Flores y Eusebio Delgadillo; las Reales Provisiones libradas y enviadas a posteriori de su juzgamiento al resto de las provincias para que no se permita el requerimiento de bienes en nombre de la imagen, se destacan pre – concepciones peyorativas que no emanan del cuerpo principal del expediente, que es en el que se narran los sucesos de principios de agosto. En estas misivas, la mayoría de las cuales aparecen tituladas como “Borracheras”, se enfatiza en la importancia de prevenir los excesos de los indígenas en la celebración de sus fiestas. Al igual que en el documento anterior, se advierte sobre estos espacios sobre los cuáles debe practicarse una estricta vigilancia.

Asimismo, a través de la fuente puede observarse la forma en que, tal como expresa Adrián (1998), la imagen de la Virgen fue utilizada por los curas doctrineros como un elemento de ligazón social que convocaba a miles de fieles agrupados en su ámbito. Esta figura significó para los prelados una eficaz herramienta que aglutinaba a los indígenas bajo su órbita, ya que la devoción a esta imagen, lejos de cercenarse con estas órdenes, pocos años después se constituyó como cabeza de doctrina, separándose de la de San Marcos de Miraflores[9]. En poco tiempo, la devoción creció al punto de que el sostén de su parroquia se cimentaba en los donativos de los peregrinos que acudían al santuario a solicitar su gracia.[10] Nos resulta evidente que la construcción de la devoción en torno de la imagen de la Virgen fue tan eficaz que tejió en su derredor una práctica religiosa que implicó la conformación de una nueva identidad colectiva, lo suficientemente fuerte como para avalar la nueva organización territorial. Sin embargo, este tipo de prácticas fue interpretada y aprovechada tanto por sacerdotes como por indígenas durante la transformación parroquial realizada por disposición de la Corona: mientras que los prelados encontraron mecanismos a través de los cuales paliar la merma en sus ingresos mediante la difusión de esta nueva devoción, la congregación en derredor de la imagen de Nuestra Señora de Surumi significó para los naturales la posibilidad de mantener sus lazos comunales tanto en las tierras altas como las bajas, como correspondía al sistema de doble domicilio[11], como asimismo conservar el ámbito festivo que sellaba la sacralización de este espacio a través de prácticas rituales desarrolladas en torno a la imagen/waka de la Virgen (De Luca, 2016).

Como mencionamos líneas más arriba, esta indefinición entre la jurisdicción civil y la eclesiástica no debería resultar extraña, ya que ambas esferas no estaban completamente diferenciadas y su superposición y yuxtaposición es evidente en la documentación producida a fin de siglo XVIII. Sin embargo, este momento particular es considerado una bisagra, interesante para analizar los alcances y limitaciones de “lo civil” y “lo religioso”, observando precisamente las diferentes agencias en estos intersticios.

A medida que profundizamos nuestra pesquisa en el rastreo de las resistencias indígenas en el marco de esta transformación que mencionamos, el eje territorial cobró una preponderancia cada vez mayor, manifestándose en interrogantes surgidos del cruce de la documentación producida tanto por la administración civil, como del ámbito eclesiástico, diocesano y parroquial. En ese cruce, aparecen conflictos en el plano jurisdiccional a partir de los cuales pueden observarse las disputas entre los distintos sectores de poder en el marco del proceso de implementación de las reformas que caracterizaron al siglo XVIII. En contraposición a las disposiciones Arzobispales expresadas en el Arancel, y a las manifestaciones de sacerdotes seculares e indígenas manifestadas en el tumulto, seleccionamos un documento que da cuenta de las miradas de un funcionario de la administración civil. En 1783, Pedro Vicente Cañete y Domínguez, abogado natural del Paraguay con vasta experiencia en funciones de gobierno, fue designado Teniente Letrado y Asesor del Gobierno e Intendencia de Potosí, lugar al que partiría un año después y en el que permanecería el resto de su vida, hasta su muerte en 1816. Dicha Intendencia, establecida como tal en 1782 como parte del recientemente creado Virreinato del Río de la Plata, comprendía un vasto espacio integrado por la Villa Imperial y sus anexos rurales, a los cuales se agregaban las provincias de Chichas, Tarija, Chayanta, Porco, Lípez y Atacama. La delimitación del territorio de la Intendencia de Potosí difiere del resto de las que componían el Virreinato (Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, La Paz, Cuyo, Santa Cruz de la Sierra), ya que en el caso de estas últimas el territorio se adecuaba al de su correspondiente Obispado, siguiendo la lógica ilustrada que buscaba hacer coincidir la administración civil y eclesiástica. En el caso de Potosí[12] esta situación era diferente, ya que dependía directamente del Arzobispado de Charcas. En la obra de Cañete, la estructura narrativa del autor, replicada a lo largo de los diferentes capítulos de la Guía Histórica, describe el territorio de la Intendencia de Potosí haciendo referencia, en primer lugar, a las características y límites físicos de cada uno de los partidos (delimitación de la jurisdicción civil) que la integran – aludiendo a cerros, montes, cursos de agua, por ejemplo-, seguidos inmediatamente de referencias a la estructura eclesiástica, en la que remite a las diferentes parroquias y curatos establecidos en el área, a través de las cuáles puede observarse el arraigo territorial de las doctrinas establecidas en el área por la organización toledana del siglo XVI[13]. Tanto en su descripción de la Villa como de las demás Provincias, Cañete enuncia las características físicas del territorio –altura, clima, recursos naturales susceptibles de incorporarse en actividades agrícolas y mineras-, la disposición de mano de obra a partir de la organización de los indios que cumplen con el servicio de mita y aquellos que permanecen en calidad de yanaconas- continúa haciendo referencia a la cantidad y características de las parroquias del área, a los curatos y sus anexos, y de los pueblos de indios, haciendo muchas veces difícil diferenciar entre las categorías que organizan su discurso. Asimismo, en numerosas oportunidades señala la importancia de “poner en policía” a los indios, quienes cometían permanentes desmanes, sobre todo en ocasión de las fiestas, en las que proliferan las borracheras y demás actividades reprobables a vista de los sacerdotes. Cañete asimismo denuncia los abusos de los prelados sobre los indios, obligados a trabajar durante sus fiestas de guarda, sumado a que debe reputarse por agravio el apremio con que son forzados los infelices indios a contribuir estas limosnas a los que mantienen su administración por vía de negociación cuestionaria y lucrativa”. (Cañete y Domínguez, 1952, 115). En el fragmento seleccionado, el funcionario relata con horror cómo los sacerdotes hacen la “vista gorda”, habilitando prácticas rituales indígenas -por cuyo auspicio, además, percibían un beneficio económico- sumamente reprobables a los ojos del narrador. Cañete describe cómo, en el marco de la festividad del Día de Difuntos, los indios trasladan las osamentas de los miembros de su comunidad de una parroquia a la otra, en medio de cánticos y borracheras y sahumos. En este sentido, y al igual que en el anterior documento presentado, es importante comprender las lógicas de articular, concebir y construir el territorio, que desde la cosmovisión indígena se interpreta y vivencia de manera diferenciada y particular. Atendiendo a la dispersión y movilidad poblacional que alcanzó su cénit hacia fines del siglo XVIII, e incentivada por la presión tributaria que profundizaba el debilitamiento de la comunidad original, podemos pensar que la importancia de los enterramientos y el cuidado de los muertos podría referirse a la necesidad de mantener en el tiempo la continuidad de los diferentes grupos adscriptos tradicionalmente a cada parroquia y sus derechos territoriales. Tomando como parámetro a Gil García (2002), en el mundo andino los muertos son considerados wakas que definen a la comunidad, le confieren identidad, protegen a sus miembros de la injerencia externa y fundamentalmente legitiman su posesión de tierras y recursos, sobre todo si tenemos en cuenta el sistema de doble domicilio. Su culto interacciona con la concepción del tiempo y del espacio, a la vez que está en relación con los demás ámbitos socioculturales, especialmente los referidos a los modelos económicos y a su proyección político – territorial. En un contexto de crisis, pobreza y alta mortalidad infantil como lo fue el último decenio del siglo XVIII, y agregando que el proceso de transformación parroquial -que convirtió en ocho a las catorce parroquias de indios que originalmente poblaban la Villa Imperial- podemos presumir a través de las fuentes un proceso relacionado con esa índole.

En este marco nos preguntamos: ¿a qué nos referimos cuando hablamos de Potosí en el siglo XVIII? En este sentido, resulta operativa la definición de región eclesiástica acuñada por Valentina Ayrolo.

La reconstrucción de las diócesis en tanto ‘regiones eclesiásticas’ implica un análisis inclusivo que articula las distintas agencias eclesiásticas con las del entorno político y social. La integración de las administraciones diocesanas en una región que las supera y contiene hace posible identificar las instancias, circuitos y agentes que enlazan los puntos de la propia región. De esta forma el grado de autonomía, dependencia y conflicto entre las agencias misionales, las autoridades diocesanas seculares y el resto de las autoridades judiciales y militares se evidencian como consecuencia de un análisis que no se centra en el recorte sino en la articulación y las redes. (Ayrolo en Moriconi, 2016, 101)

Esto significa que, más que como dato fáctico, el espacio potosino se considera como como el resultado de distintas agencias, manifestadas a través de las prácticas, establecidas de manera relacional entre los diferentes agentes. Para analizar estas cuestiones es preciso dotar de historicidad a cada categoría, atendiendo, nuevamente, a qué es lo que estas categorías están narrando en los documentos. Específicamente, al analizar estas prácticas a nivel de la doctrina y de la parroquia en este caso particular, la creación de la doctrina de Nuestra Señora de Surumi como consecuencia de la importancia de la imagen que su parroquia albergaba, u observando las prácticas tejidas en torno al cuerpo de los muertos-, observamos el despliegue de diferentes territorialidades, yuxtapuestas y superpuestas, en el espacio de la diócesis. Particularmente observamos esas cuestiones en el marco de la creación de la intendencia, por un lado, que en el caso particular de Potosí está acompañado del proceso de división de las doctrinas y de reorganización parroquial, por otro. Específicamente nos preguntamos cuáles son los mecanismos de territorialización que se desplegaron a partir de las diferentes prácticas, analizando a la par cómo se definen esos territorios desde la jurisdicción eclesiástica con aquellos que define la organización política. En este sentido, entendemos que el concepto de territorio excede sus referencias únicamente físico –espaciales. El término conjuga en su significación prerrogativas económico – materiales, jurídico – políticas, y también simbólicas, culturales, e identitarias insertas todas en dinámicas de poder y en momentos históricos concretos, al igual que encuadrados en relaciones sociales de producción históricamente determinadas (Rincón García, 2012, 128). Por tal motivo, la noción de territorio que manejamos integra también al concepto de “territorialidad”, entendida como un proceso social e histórico no exento de conflicto social, en el que los grupos sociales usan, se apropian y semantizan el espacio que controlan, a la vez que construyen identidad a través de dinámicas diversas por medio del poder, y muchas veces, de la violencia.

Bibliografía

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Selección documental

Documento nº 1: El ejemplar original de este documento se encuentra en el Archivo General de la Nación Argentina, en la ciudad de Buenos Aires, y lamentablemente su estado es ilegible. El Archivo y Biblioteca Nacional de Bolivia, en la ciudad de Sucre. Transcribimos aquí aquellos fragmentos que se encuentran en consonancia con el objetivo general de este volumen. En los últimos años, diferentes archivos y bibliotecas han digitalizado buena parte de sus fondos. Hemos dado con una versión del documento en este formato, como parte del patrimonio de la John Carter Brown Library, dependiente de la Universidad de Brown, Rhode Island, Estados Unidos.
Fuente: Argandoña Pasten y Salazar, P. M. Arancel de Derechos Parroquiales. Lima, Casa de los Niños Huérfanos, 1771. https://bit.ly/39E6TTf

Páginas 1 – 6

Arancel de derechos parroquiales, que deben llevar los curas, asi seculares como regulares de este arzobispado de los Charcas, formado y mandado guardar por el Ilustrisimo señor Doctor Don Pedro Miguel de Argandoña Salazar y Pasten, del Consejo de Su Magestad, Dignísimo Arzobispo de la Santa Iglesia Metropolitana de la Ciudad de La Plata

Entre las graves causas que Nos han movido a formar un Arancel de Derechos Parroquiales para el Gobierno de nuestra Diócesis, ha sido la principal la consideración de que en el espacio de mas de dos siglos, que ha que se erigió, se puede decir que no ha habido Arancel fixo y seguro, que haya servido de norma para el debido arreglo de estos Derechos; pues aunque se encuentran dos, el uno formado por el llustrísimo Señor Don Fray Gerónimo Mendez de Tiedra en mil seiscientos veintiocho, y el otro por el llustrísimo Señor Doct. Don Juan Alonso de Ocon en mil seiscientos cinquenta y tres, ambos Predecesores nuestros de buena memoria, ademas de carecer de los requisitos, que para su puntual cumplimiento pide la Ley Real en estos Reynos, han corrido con notable variedad en su observancia pues según estamos informados, uno se ha guardado en unos tiempos, y otro en otros y lo que es mas, á un mismo tiempo se han observado ambos con respecto á distintos Curatos: de que se dexa inferir el desorden que habrá inducido la variedad en materia de tanta importancia, que debe fundarse sobre las reglas de la uniformidad, para su mejor establecimiento.

Por lo que, cumpliendo con la obligación de nuestro Cargo Pastoral, y con lo mandado por su Magestad, Dios le guarde, en sus Reales Leyes, y repetidas Cédulas, especialmente en la del 10 de Abril de setecientos sesenta y nueve, en que movido el zelo de la Religión que del Paternal amor á sus Vasallos, nos ordena y manda la formación de Aranceles para el arreglo de los Derechos Parroquiales : deseando también cortar de raíz los desórdenes, que por falta de regla se habrán seguido en grave daño de las conciencias de nuestros Curas, y notable perjuicio del Público: hemos resuelto formar el presente.

Para ello hemos premeditado con maduro acuerdo varios puntos conducentes a su mejor establecimiento. entre ellos nos debe la primera atención el de los costos y gastos tan precisos para la conservación de las Iglesias, aseo y decoro del Culto Divino, principalmente entre los Indios, que como Neófitos, y llevados de la exterioridad, el adorno de los Templos les aumenta la veneración a la Magestad que allí se adora. Esto se recen al Pan, Vino y Cera qye se gastan quotidianamente para celebrear el Santo Sacrificio de la Misa, mantener la luz de nuestro Señor Sacramento, reponer Vasos Sagrados, Paramentos de Casullas, Alvas, Sobrepellices, y otros adornos tan

necesarios al aumento del Culto Divino: a que se llegan las continuas refacciones de las mismas Iglesias, para repararlas de las injurias de los tiempos, en que es considerable el gasto que se impende anualmente, según lo hemos reconocido en nuestras visitas.

Esta consideración ha sido el escollo que hasta aquí nos ha embarazado el paso para concluir con la importante Obra de este Arancel; pues vemos que estas Iglesias no tienen Renta, ni fondo alguno fixo para sobrellevar semejantes gastos: que hasta aquí se han mantenido con las Limosnas que voluntariamente ofrecen los Indios en las Fiestas que celebran: que los rasgos de Sepulturas no se exigen de los Originarios, por estar esentos de esta pensión, según Reales disposiciones: que las Limosnas que por ellos contribuyen los Forasteros, ó Agregados, son tan cortas que no son capaces de sufragarlos, y que, según esto, carecen de fondo para su conservación.

Vemos también, que á los curas no se les puede obligar á estos gastos, por estar recargados de los que son igualmente necesarios, é inevitables para el cumplimiento del Ministerio, y mantención de sus Personas, como son salarios de Ayudantes, gratificación, ú honorario de uno o dos sacerdotes, que son precisos en el tiempo que urge el precepto de la anual confesión; fuera de los costos de sus conducciones, según las distancias en que se hallan colocadas las doctrinas, respecto de Villas de donde se trahen; satisfacción de la Quarta Arzobispal; paga de la Trigésima del Real Seminario; Mantensión de sus Personas y Familia; y los forzosos gastos en socorrer las necesidades de sus Parroquianos, que en aquellas distancias no tienen otro alivio en sus urgencias que las Casas de los Curas. De modo, que según tenemos experimentado en las Visitas que hemos hecho por nuestra Persona, las de nuestros Visitadores, por lo que administran los Informes jurados que hemos pedido a cada uno de nuestros curas de las entradas y salidas de sus respectivos Beneficios, y lo que aparece de la averiguación secreta que mandamos hacer sobre esta materia, con respecto a cada provincia, cuyos documentos se han tenido a la vista: en unos aun no alcanzan los Emolumentos para sufragar tan precisos gastos: en otros alcanzan muy escasamente: y en los que gozan los Beneficios mas pingues, es muy corta la congrua que les queda para mantenerse con una moderada decencia; sin embargo de que, con grande consuelo nuestro, hemos reconocido en los Libros de fábrica los alcances que han hecho algunos de ellos á sus Iglesias, sufragándolas de su propio peculio, por no ser bastantes las Limosnas de las Fiestas que están destinadas para tan santo y loable fin: y de que hemos tenido siempre muy particular cuidado, zelando el modo con que se expenden, por ser este el único ramo, que hasta aquí han gozado para su conservación y decencia.

A estas consideraciones se llega la que tenemos formada sobre lo que nuestros Católicos Monarcas, inflamados del ardiente zelo del aumento de la Religión, han ordenado en sus Reales leyes, así por lo que toca a la construcción de las Iglesias Catedrales y Parroquiales, y también á la conservación de su aseo y adorno, como por lo que mira á las Oblaciones y Limosnas de los indios en sus Parroquias. Y aunque en lo absoluto es loable la costumbre, que trahe su origen de estos principios, como tan conforme a los antiguos Cánones, Conciliares Desiciones, y en especial á la del Santo Concilio de Trento, principalmente, quando se emplea en un fin tan piadoso, como es el aseo y adorno de los Templos; sin embargo nos ha sido preciso tomar un medio temperamento para proveer por ahora de remedio la necesidad de las Iglesias (que se pondrá en el cuerpo de este Arancel en el lugar que le corresponde), y mas á vista del lamentable estado á que se halla reducida la de la Doctrina de Moscari, á causa de haberse suspendido de poco tiempo á esta parte las Limosnas que ofrecían los Indios en las Fiestas, como consta del Informe que nos tiene hechos nuestro visitador, que se halla mandado agragar á los Autos de Aranceles.

Y porque entre los Curatos, que componen este Arzobispado, se halla alguna variedad, según las Provincias donde están situados, ya por la notable distancia de los Poblados, en que son igualmente difíciles que costosos los recursos para proveerse de lo necesario; ya por la carestía de los alimentos, en que es forzoso suban de precio; ya por la incomodidad de los Lugares a causa de su intemperie y otras circunstancias que forman no poca diferencia entre unos y otros: habíamos pensado hacer otros tantos Aranceles, quantas son las provincias de su distrito. Mas considerando lo difícil y dilatado de esta Obra, y que toda la variedad se refunde en la general diferencias, de que unos son de minerales, y otros no; de donde proviene ser más o menos costosa la mantención de los Curas: para que este Arancel sea uniforme á todos, hemos resuelto dividirlo en tres Clases. La primera tendrá por objeto reglar los Derechos de esta Santa Iglesia Catedral, y será uniforme respecto de las Matrices de las Villas de Cochabamba, y Tarija. La segunda dará el método á la Matriz de la Villa de Potosí, y servirá de regla para la de Oruro, Lipes, Aullagas y las demás que fuesen de Minerales. La tercera comprehenderá los demás Curatos con respecto á la calidad, estado, y naturaleza de las Personas que contienen. Y con este Preliminar, que ha parecido necesario, y que deberá servir como Prólogo a la Obra, damos principio al Arancel”.

Páginas 32 – 43.

“150 Item: Se dexa anotado en el Preliminar este Arancel, que en los pueblos de Indios no tienen las Iglesias Fondo determinado, suficiente para los gastos inseparables de Cera, Pan y Vino, anuales de refacciones, costos de vasos Sagrados, Misales, Ornamentos, Alvas, Sobrepellices, &c. Que el destinado Tributo, que por reales disposiciones debía estar al cargo de los Oficiales Reales, y en diferente Arca de las que son pertenecientes a la Real Hacienda, casi de tiempo inmemorial se ha reconocido no haber tenido subsistencia. Que es tan difícil el recurso a los curas para precisarlos á la Provisión de estos reparos, y adornos, que no solo en las Doctrinas mediocres, pero aún en las pingues, se hace impracticable; porque los Emolumentos que perciben, en conformidad a las Relaciones juradas, y á las Informaciones que de nuestra Orden se produxeron, en unos apenas contribuyen para subvenir a las pensiones anexas al Ministerio, y atender á su congrua sustentación, según su carácter y Decoro; y en otras aún no son bastantes para dar cabal providencia á todo; y lo que es más aun para sola la distribución de honorarios entre los Ministros que, según la Mente y Orden piadosa de su Magestad (que Dios guarde) deben mantenerse en sus respectivas Vice Parroquias, y Capillas. Que en tales casos es conforme a Derecho compeler á los Parroquianos á la contribución de lo necesario, y dar por loables las costumbres de Oblaciones, y Limosnas que se dirigen a precaver en las Iglesias con los frequentes reparos el peligro de la ruina, y mantenerlas con la decencia, y ornato que corresponden al Culto Divino, particularmente quando para el efecto no hay Ramo, ni Renta suficiente; y que la Mente del Legislador en las leyes que las prohíben, es baxo de la suposición, é inteligencia que los Doctrineros en la asignación de sus respectivos Sínodos, gozan de suficiente porción y congrua, como se expresa en el exordio de ellas, y de estar existente el Ramo de Tributos que se lleva referido.

151 Item: Por todo: Siendo indispensable el proveerlas Iglesias de algun Ramo fixo, que solo concierna a tenerlas con la seguridad y aseo que requieren los Divinos Oficios; que ha sido costumbre inmemorial aplicar los Indios para los mencionados adornos las Limosnas que ofrecen en sus Fiestas de Tabla; y que no les es pesada esta contribución, así porque de tarde en tarde les viene el Turno, ó Sequela, y dan á entender la hacen de buena gana, como porque es tan moderada, que regularmente por este motivo concurren los Curas con parte de su peculio, como con grande consuelo nuestro lo hemos experimentado en las Cuentas que nos ha dado en las Visitas, y se manifiesta del grande aseo, y adorno de muchas Iglesias; y que de la misma razón han tomado nuestros Predecesores gloriosos, sin que alguna vez tan Doctos, y ajustados Prelados hayan tenido que anotar en este asunto, sin duda por lo que se lleva reflexionado que tan obviamente ocurre: Ordenamos, se observe sin innovación alguna la citada costumbre, entre tanto que su Magestad, en vista de lo que le informaremos sobre la materia, resuelve lo conveniente. Y los Curas pondrán la mayor solicitud en invertir el expresado producto de Limosnas en lo mas útil, y necesario de sus Iglesias debiendo estar en la inteligencia que no por esto les es permitido introducir otras á su arbitrio; sobre que le encargamos las conciencias, y tendremos particular cuidado en las Visitas.

152 Item: Y porque ha llegado a nuestra noticia que en punto de Fiestas, y otros distintos, se han introducido con título de costumbre algunos desórdenes disconformes a la razón, y que por su naturaleza deben ser abolidos, propendiendo ocurrir al pronto remedio, y que nuestros Curas para proceder con el arreglo que les compete, tengan primero á la vista lo que deben evitar: Hemos tenido por conveniente el anotarlos en este Lugar con la reprobación que les corresponde.

153 Item: Primeramente: Se nos ha informado que en las nominadas Fiestas de algunas Doctrinas, está en práctica cierta contribución que llaman acompañamiento, y es una porción que á su voluntad dan variamente los Alfereces a los Curas, con cargo y calidad que estos para las Vísperas, y Misa los vayan a sacar de sus Habitaciones, o Ramadas, y los vuelvan a conducir á ellas, terminados los Oficios: Prohíbese enteramente la exacción de semejante Ramo, sin que para ella pueda ser suficiente título la pretérita costumbre.

154 Item: La misma prohibición, y en los mismos términos, se entiende en órden á lo que llamaba Ricuchico, en que deberán ceñirse á los límites de una pura gratificación, y obsequio, sin que el color de costumbre les pueda dar opción para apellidar la obligación.

155 Item: de la misma suerte sean contenidos en compeler á la menor porción a los Caciques, y demás personas que, por estilo de los Lugares, sacan el Jueves Santo la Llave del Monumento, debiéndolos dexar en su total libertad, y que ofrezcan la Limosna que buenamente quisieren, o ninguna.

156 Item: Se nos ha hecho saber que, por lo general en las Doctrinas de Indios de nuestro Arzobispado, obligan a los Curas por sí sus Caciques u otras Personas á que todos los Individuos capaces de tributar concurran en cada un año con la parte de un real, ó medio, valiéndose para el efecto del uso introducido con el título vulgar de Rama para el Monumento. Prohibese de forma este estilo, que lo deban entender del todo impracticable, extendiéndose igualmente esta Prohibición á otras qualesquiera pensiones, que con semejante u otro cualquier pretexto se hayan pretendido entablar, coma la Rama de Palmas que en los mismos términos nos han comunicado se observa en algunas partes; y la Rama de Cofradías que con el nombre de Santo Tasa, se ha exigido en tiempo de Visita á los Indios destinados para el servicio de la Iglesia.

157 Item: Nos hallamos impuestos de cierto género de negociación, y granjería que en algunos Curatos se ha llegado á practicar con diversos pretextos, y ocasión; conviene a Saber: para las procesiones de Semana Santa se alquila la Cera, exigiéndose por cada una dos, tres o quatro reales: para Arras de las Velaciones se da cierta Moneda dorada, destinada para el efecto: y para los Ricuchicus de las Fiestas algunas Especies comestibles que se pueden guardar libre de corrupción, indispensablemente hacen sacar á los Alfereces por el precio ya tasado, y entablado, sirviendo las mismas en los sucesivos años para el mencionado fin. Estas y otras semejantes invenciones se prohíben de modo, que como tan indecentes, e indecorosas al Empleo, y Carácter de Curas, se deben entender del todo exterminadas, debiéndose los Curas poner tanto cuidado en no mezclarse en tales materias, que un el menor átomo de intereses lo procuren evitar, como mancha abominable que desdice de la pureza, y deshacimiento que corresponden a su Estado, y Oficio.

158 Item: Porque estamos ciertos que para las Visitas que hacemos por nuestra propia Persona, y las de nuestros Visitadores, con título de costumbre, ministran los Caciques á los Curas muchas Especies, como Cebada, Reses, Aves y otras varias: Ordenamos, que se quite de raíz semejante práctica, y no se reciba cosa alguna de las expresadas; aún cuando los Caciques digan que las quieren dar voluntariamente, y por puro Obsequio.

159 Item: se nos ha informado que en las Iglesias Parroquiales el día de la Conmemoración de los Difuntos, y en Viceparroquias, y Capillas los días anteriores ó posteriores, acostumbran algunos Curas á las Partes dolientes de cada un año cierta suma de Dinero exigirles, con nombre de Machacas, ú otros equivalentes; y es cierta porción determinada, que precisamente hayan de dar todos los que en el año tuvieron Entierros para que se convierta en Misas, ó Responsos cantados, ó en uno y otro á un tiempo_: Derogase esta especie de exacción, de manera que en el referido día de Conmemoración de Difuntos, ú otros qualesquiera, sea acción libre y espontánea en los Interesados que se mencionan el dar Misas ó Responsos, y á nada puedan ser compelidos. Y esta prohibición se debe entender en los mismos términos en órden a las Ofrendas en dicho día de Finados, de modo que los que quisieran las puedan poner á su arbitrio, sin poder ser obligados con el pretexto de la costumbre.

160 Item: Cerciorado que los Indios acostumbren llevar a las Iglesias las Cruces, ó Efigies de Nuestro Señor Crucificado que tienen en sus estancias y Moradas, con el fin piadoso de que se les dé culto en los días de Jueves Santo, Exaltacióm, é Invención de la Cruz: Prohibimos expresamente puedan los curas estrecharles a la menos contribución con título de Misa, u otro pretexto, reprobando como es justo, todas las diligenccias y acciones que á este fin conciernen, y que con gran dolor nuestro hemos oído se practican; como la de encerrar las Cruces, e Imágenes, con el fin de tenerlas de rehenes hasta tanto que ehiban los interesados la suma tasada y acostumbrada.

161 Item: Se nos ha traslucido que en algunas Doctrinas permiten los Curas que por cierta cantidad que dan los Indios, destinados para el servicio de las Iglesias, se rediman y queden absueltos de la asistencia que deben prestar, dando sin el suficiente resguardo, y custodia. Y aunque este hecho se quiere colorir con que el respectivo dinero se insume a beneficio de las mismas Iglesias; con todo, previendo que en tales casos quedan las Iglesias abandonadas, y expuestas a peligro manifiesto de los insultos, y robos: Ordenamos pongan los Curas el mayor cuidado en escusar semejante indulto, y que por ninguno motivo puedan los indios rescatarse del servicio, y asistencia á que fueron destinados.

162 Item: Entre los abusos que se nos han informado es uno de tan perniciosas resultas, y consequencias que, sin embargo de habernos hecho la relación por Personas fidedignas, no hemos podido creer, ni nos persuadimos que los que por razón de su Oficio, y Ministerio debían estar en continua vigilia á cortar de raíz las desviadas sendas de los vicios, solo con el fin glorioso de obviar las Ofensas Divinas, y del cumplimiento de su obligación, se aparten de este objeto que debe ser el único de todo su cuidado y desvelo y por rumbos torcidos que solo miran al aumento despreciable del interés, hayan pretendido poner freno á la incontinencia, señalando como se nos ha asegurado, cierta Tasa o porción fixa de pésos a toda India Soltera que llegase a parir por cada un Parto; y que los Fiscales, ó Ministros destinados para la cobranza de este Ramo estén en continuo giro, zelando el número de las Preñadas, y de las que paren para que no se les vaya por alto alguno de los productos de la tasada Quota: Nos ratificamos desde luego en que no damos ascenso á introducción tan perniciosa; y en caso de su verificación, en cuya averiguación, impenderemos a la mayor diligencia, procuraremos expedir las providencias que correspondan á abolir abuso tan pernicioso.

163 Item: Se nos ha advertido que con motivo del notorio comercio que de tiempos a esta parte se ha reconocido en los Indios de Pueblos de Repartimientos, así agregados, como Originarios, de los efectos de Coca, Ropa de la Tierra, Algodón Ají, y otros Doctrineros de Indios en los Lugares donde ván a expenderlos los afligen por medio de sus alcaldes, Fiscales y otros Ministros, estrechándolos á que no puedan regresarse a su Origen, ó adonde tienen su agregación, sin que primero hayan hecho alguna Renovación de doce pesos, ó hayan contribuido con mayor cantidad, en calidad de Alfereces de alguna de sus Fiestas: Ordenamos se eviten semejantes extorsiones, y que los Curas inviolablemente observen el órden siguiente que quedará definido por Regla.

164 Item:Los Curas que tienen asignación de Sínodo no excedan los fueros de lo voluntarios, así en la nominación de las Personas expresadas para las citadas Renovaciones, como en la designación de la Quota, que deberá ser únicamente al arbitrio de los que libremente las quisiesen hacer, respecto á que los tales Indios Comerciantes en aquellos Pueblos donda moran y residen solo el tiempo necesario á dar salida, y expendio á sus Efectos, se consideran baxo de la condición de transeúntes, ni hay costumbre legítima de pensión alguna, á que por esta razón del Comercio que exercen deban estar ligados, y sujetos.

165 Item:Por el contrario: Si los Curas no tienen asignación alguna de Sínodo, como acontece en los que son de Asientos de Minerales, y se dexan anotados, siéndoles debida la Congrua sustentación, por Derecho natural, Divino y Humano, por ser justo, y razonable que el Párroco como Pastor de Almas, y que sirve en la Administración de Sacramentos, no milite á su propia costa: y ser constante que la mayor parte de la Feligresía de dichos Minerales se compone de la Gente de Comercio, y de los que entran y salen: podrán desde luego precisarles á aquellas Renovaciones, y Fiestas dque sean de Tabla, como por lo que hace á las Renovaciones que son las de cada mes. Y por lo respectivo a las Fiestas, las legítimamente juradas, y votadas por la misma Feligresía, sin que el número de estas en las Iglesias Parroquiales puedan exceder de ocho, y de dos en las Viceparroquias, y Capillas pública; debiendo promiscuamente entenderse comprehendidos para las referidas Funciones los Españoles, y demás Habitantes, a quienes los habrán de señalar, según les viniese el turno, y según el mayor o menor tiempo de su habitación y residencia, obteniendo el primer lugar de Sequela los de la Primera Clase, en comparación de los de la Segunda; y se advierte que este método únicamente podrá servir de norma para las expresadas Funciones de Tabla; porque para las otras de Devoción, ó sean Fiestas, ó Renovaciones, como por su condición y naturaleza son espontáneas, y del todo voluntarias, no ha de haber otra regla que el libre arbitrio de los parroquianos que las quieran costear y celebrar: de cuya inteligencia se declara por punto general que con ningún pretexto, ni motivo les puedan imponer la menos coacción, á efecto de que sean señalados, y á que precisamente las hayan de hacer.

166 Item: En punto de Renovaciones de los Pueblos de Repartimiento se observe la práctica establecida de que para las de Tabla (que como queda dicho son las Mensales) se señale á los Españoles, y demás Parroquianos que residan en todo el Distrito y Territorio de las Doctrinas, entresacando cada Mes de toda la Feligresía aquellos á quienes legítimamente les venga el turno y alternativa para las expresadas Funciones.

167 Item: Encargamos á nuestros Curas pongan muy particular cuidado en manifestar á los Indios tanta pureza, y desinterés en la Administración de los Sacramentos, que estén en la inteligencia que aquellos Ministros Espirituales son puramente graciosos, é incapaces de precio; y en su virtud zelene con la mayor vigilancia que quando los van a confesar, con ocasión de estar enfermos, ó quando ellos vienen a cumplir con el precepto de la Confesión, por modo alguno les permitan el menor Tributo, y Ofrenda; y mucho menos, les puedan precisar á ella: precaviendo con esta diligencia las impresiones peligrosas á que están expuestos por su incauta naturaleza y simplicidad.

168 Item: Se prohíbe puedan los curas valerse para sus enviados y menesteres del servicio de los Indios, tanto personal ó de sus propias personas, quanto de sus muebles y aperos, sin que puntualmente les paguen lo que corresponde en justicia, y lo que pagarían otros que no fuesen Curas; y aunque en caso de querer los Indios, por el amor filial que les profesan, hacerles alguna equidad o rebaxa, la puedan aceptar como obsequio, reservando el compensarles para las muchas ocasiones que se puedan ofrecer; no podrán esto alegar por costumbre, ni en manera alguna precisarles con este pretexto.

169 Item: En la misma forma se ordena que los Curas se abstengan de exigir como deuda aquellos obsequios que hemos sabido les suelen hacer los Caciques Principales, y otros Particulares de Aves, Reses, &c. solo por complacerlos, y gratificarlos; pues no hay razón para que la propia franqueza y liberalidad suya se les haya de convertir en obligación y débito; quando antes por ella deberían ser, y se hacen dignos de remuneración; ni la frequencia sola, y repetición de actos voluntarios, es suficiente a inducir costumbre, en virtud de la qual, los puedan forzar y precisar.

170 Item: En resúmen se prohíbe todo género de Exacciones que no sean conforme á Derecho, ó que no estén expresamente asignadas, y permitidas por Arancel; declarándose por no legítima ni conforme a razón cualquiera costumbre que se pretenda alegar como fundamento y basa de dichas Exacciones.”

Documento n° 2: 1769 (Agosto) – 1770 (Diciembre), Sucre. Expediente sobre tumultos derivados de la introducción de la imagen de Nuestra Señora de Surumi por unos clérigos que no presentaban licencias para pedir limosnas.
Fuente: Archivo y Biblioteca Nacional de Bolivia (ABNB) E. C. 1769. Expediente 53. Legajo. 43 folios. Selección (folios 9 – 14 v y folio 42)

Expediente formado acerca de la introducción a esta ciudad de la imagen titulada Nuestra Señora de Surumi y el modo que tuvieron para ella los cuatro que la condujeron. [Folio 10]

En la Ciudad de la Plata en doze días del mez de agosto de mil setesientos sesenta y nueve años el señor oydor doctor don Joseph Lopez Lisperger oydor de esta Real Audiencia y juez semanero en ella; para efecto en la ynformasion en que se halla encargado mando parecer ante si a don Joseph de Recalde capitan y ayudante maior en la expedision de Mojos y actualmente sargento maior del Regimiento de milisias de esta cuidad de quien yo el escrivano de camara recivi juramento que hiso por Dios Nuestro Señor y una señal de Cruz en desia verdad en lo que supiere y se le fuere preguntado, y siéndole al thenor el escrito el señor fizcal, y Auto proveido en sinco el presente mez, si sabe su contenido, y que exprese lo que en el particular supiere y haia llegado a su noticia. dijo, que sabe y le consta de publico y notorio, y para haverlo visto que el dia dos del presente mez dentro en esta ciudad en prosesion la Ymagen de nuestra Señora de Surumi, habiendo precedido/Folio 10 v para ello convite, el dia antecedente, lo dijeron se traia de Potosi, por unos clerigos limosneros siendo el principal demandante o questor don Pedro Felis Ramires, cura de Aullagas, y con concurso de mucha gente dentro la prosesion es de la dentrada desde la capilla de San Roque donde estuvo desde por la mañana esta a la dentrada en la ciudad, calle derecha pasando por las ventanas del palazio arzobispal hasta la plaza maior, y desde allí hasta el monasterio de Santa Monica, en cuia yglesia se coloco la Ymagen, pidiendo incesantemente la limosna asi a la entrada como el dia siguiente habiendo añadido nuebos clerigos de esta cuidad por questores, amas de los que benian de Potosi. Y al dia siguiente fue publica y notoria la providensia que se dio por esta Real Audiencia para que estos questores no pidiesen la limosna, y que manifestasen las lisensias que para ello tuvieren lo que se les hizo saber por el alguasil maior de corthe. Y sin embargo de esto/Folio 11 r el dia quatro por la mañana salieron con maior eficacia por calles y plazas, y por todas las yglesias a pedir la limosna y particularmente se hiso mas notable en la yglesia de Santo Domingo a tiempo de empezar la misa en la fiesta, que un clerigo llamando suso salio publicamente atrabezando el cuerpo dela yglesia con un paño toalla, y la Ymagen del Niño Jesus, pidiendo la misma limosna, y paso por la capilla en los Dolores donde se halla el señor don Joseph Lopes, quien ha oydo desir le reconvino con la orden de la Real Audiencia y su publica transgresión. Que asimismo sabe que a la tarde temprano a casa en las tres en la tarde poco mas o menos, se hacia plegaria en la cathedral y en el monasterio en las Monicas, con cuio motivo se conmobio todo el pueblo, corriendo la gentes por las calles, y inquiriendo el declarante el motivo de esta novedad, se sersioro era, por que los clerigos repentinamente y de tropel sacaron la Ymagen, con los que se bibul/Folio 11 v garon las vozes de que la Virgen hiba desterrada por la Audiencia, a que dio motivo algunas demostraciones que hisieron los clerigos poniendole un sombrero a la Ymagen en la a deman[14] (ilegible) que yba corrida, y abergonsada, con otras ceremonias que hazian para mover el vulgo a compazion y fomentar aquella expesie, con lo que prorrumpía la gente ordinaria, y bulgos en proposiciones nada correspondientes al respeto dela Real Audiencia y señores ministros en ella, a quienes atribuían, aquella mal premeditada determinazion, aunque los clerigos con este motibo lograban maior limosna en la que podían esperar en la pobresa de las gentes que concurrieron en cresido numero hasta la quinta nombrada el Gallinero, que estaba un quarto de legua dela cuidad, y pasaron/Folio 12 r noche y con un desmedido concurso de gente, unos que hiban, y otros que benian con el desconsierto que se deja comprehender por que duro desta el dia siguiente, en que el que declara, con cuia partida de veinte y sinco hombres de orden del señor presidente pasó a auxiliar, los alcaldes ordinarios de esta ciudad, para contener el tumulto que amenasaba, y era de reselar, a vista del desorden de la gente, su cresido numero, que pasaría a tres mil almas que inflamados con pretexto de religion, y de las demonstrasiones delos clerigos, vertian muchas lagrimas, y lamentaban el suseso con unas impiedad, y procuraron recompensarlo con la franquesa de las limosnas, y habiendo procurado buenamente retirar a la gente los clerigos hisieron la demonstrazion de apearse, y que se llevan en hombro el cajon con que hiba la Ymagen, lo que/Folio 12 v se les embarazo por evitar la confusión y nuevo alborozo que se hiba a susitar y se les dio gente para que la cargasen; y que los clerigos se disculpaban que todo hazian de orden de su prelado. Y no sesaban de requerir las limosnas y con afecto caminaron hasta el curato de Guata, distante de esta ciudad, legua y media o dos, donde por su notoriedad se mantiene hasta el dia de hoy, con gran frequencia en el pueblo, que concurre diariamente, unos que ban y otros que vienen repitiendose allí la exacsion de las limosnas, sin embargo en las ordenes dadas por el señor arzobispo para que no las exija; y que la tarde en el Gallinero ha oydo desir de publico, que el ya sitado clerigo suso pedia en lengua para la Cacharpaya de la Virgen, que dice para la despedida. Questo es lo que sustancialmente sabe y a parado en el asumpto, dejando otras (ilegible) [15] [auto]ridades a sumentos entidad, y que lo/Folio 13 r que tienen dicho y declarando es la verdad de lo que sabe, y ha sido preguntado su cargo al juramento que dicho tiene e que se afirma y ratifica, haviendosele leído esta su declarazion, y lo firmo y dicho señor oydor lo rubrico en que doy fe. //(Rúbricas)//Antemi//Sebastian Antonio Toro

Yncontinente el dicho señor oidor juez semanero para la ynformacion y prosecución de ella mando parecer ante sí a don Joseph Mathias de Avila, residente al presente en esta ciudad, de quien yo el presente escribano le resiví juramento que lo hizo por Dios Nuestro Señor y una señal de cruz so cargo del qual prometió decir verdad de lo que supiere y fuere preguntado, y siéndole al thenor del escripto presentado por el señor fiscal/Folio 13 v y auto proveido en cinco del presente mes. Dijo, que lo que en el particular sabe ya llegado a su noticia es, haver dentrado a esta ciudad con prosesion solemne la Ymagen titulada Nuestra Señora de Surumi en la que es cierto concurrio mucha porción de gente, de modo que con este acompañamiento la llevaron desde la capilla de San Roque que esta a la dentrada del camino de Potosi a esta dicha ciudad del monasterio de los Remedios, que ha oído decir que condujeron esta desde dicha Villa de Potosi ciertos sacerdotes limosneros quienes habían pedido la limosna en este alto y al otro dia sin embargo de la orden contraria de los superiores por todas las calles e Yglecias de ella; y que quando este declarante paso al sitio del Gallinero en compañía delos alcaldes ordinarios le oyo decir al clérigo nombrado suzo que se le había hecho cargo en la Yglecia de Santo Domingo como havia quebrantado la orden de esta/ Folio 14 r Real Audiencia impedía dichas limosnas a lo que avia respondido que tiene orden de su prelado y estaba prompto a manifestarla, que asimismo oyo decir que a la tarde de este día haviendose combocado bastante gente sacaron esta Ymagen dos questores dela Yglecia donde estaba entonces colocada repentinamente hasta dicho sitio del Gallinero donde havia concurrido esa noche exesiba porción de gente y que al acto dela prosesion de dicha tarde se havia tocado llegaria en la catedral, que es verdad que al día siguiente los dos alcaldes rebolucieron bastante cometiva que toda ella estaba reducida a muchas lagrimas que vertían al igual desde[16] sentimientos que procuraron recompensarlo con limosnas que este declarante vio dar a tal qual persona. Que también ha oído decir se halla oy dicha Ymagen en el curato de Guata distante de esta ciudad legua y media i dos, donde como es publico y notorio concurre siempre con frequencia el pueblo y diariamente unos yendo y otros viniendo, que esta es las/Folio 14 v verdad de lo que sabe y puede decir en el asumpto bajo del juramento que fecho tiene en que se afirma y ratifica haviendosele leydo esta su declaración que es de edad de veinte y seis años y lo firmó y dicho señor oidor lo rubrico de que doi fe. //Joseph Mathias de Avelia//Antemi//Sebastian Antonio Toro

[Folio 42]//(Cruz)//Borracheras //Surumi

Me hallo continuando con las diligencias que previenen las dos Reales Proviciones que Vuestra Magestad me remittio en el correo próximo pasado la una acerca de que no se permitan en este distritto a los yndios que andan conduciendo Ymagenes de distintas advocaciones pidiendo con este pretexto limosna, sin que traygan lizencias suficientes conforme previenen las Leyes Reales y la otra dirijida a que se procure de que los yndios con cometan exesos en la celebridad delas fiestas en las doctrinas circunferentes de esta cuidad. Las quales debolvere a Vuestra Magestad con sus correspondientes diligenzias evaquadaes (sic.) que sean estas, pareciéndome conveniente comunicar a Vuestra Magestad su recivo para su inteligencia en la ocacion.
Nuestro Señor. Ge A V.M Ms an-s Paz y diciembre 11 de 1769. //Vicente Lafetta (Rúbrica)//Don Sebastian Antonio Toro

Pedro Vicente Cañete y Domínguez, abogado nacido en Paraguay, desempeñó diversas funciones de gobierno a lo largo de su vida. Entre otros puestos, se desempeñó como Protector sustituto de Naturales y asesor del Gobernador de Chile; como auditor de guerra y asesor letrado del Virrey Cevallos, como Síndico Procurador General en Buenos Aires y como Teniente Asesor Letrado del Gobernador del Paraguay; hasta que fue destinado a Charcas en 1783. Hacia 1791, advirtiendo la necesidad de contar con un material que propiciara el progreso de tan importante provincia del reino, Cañete publicó una obra de envergadura, la Guía Histórica, Geográfica, Física, Política, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de la Provincia de Potosí, en la cual se detallan cuestiones atinentes no sólo a la naturaleza física del territorio, sino también aspectos referidos a lo económico y administrativo; fundamentalmente en lo relativo a las actividades de la minería y al funcionamiento de la mita, en decadencia por aquellos años. La Guía Histórica… es una obra muy vasta, que consta de más de 800 páginas de pormenorizadas descripciones realizadas en base a datos sumamente pormenorizados. La selección que aquí presentamos sintetiza buena parte de su mirada sobre los Naturales.

Documento n° 3 Cañete y Domínguez, Pedro Vicente.
Fuente: Guía Histórica, Geográfica, Física, Política, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de la Provincia de Potosí, [1791] Editorial Potosí, 1952. Pp. 298 – 300.

“Por conclusión del artículo presente, juzgo digno de advertencia un abuso perjudicial y muy ridículo, que se tolera a los indios de esta Villa en orden a sepulturas.” En el mes de noviembre que celebra la iglesia la conmemoración pía de los difuntos, tienen los indios las mayores borracheras y fiestas. Como se entierran en la iglesia de la Misericordia los indios pobres, y en los hospitales todos los enfermos que han muerto allí, no sé por qué principio se empeñan los deudos y paisanos vivos, así de los mitarios como de los yanaconas y criollos a desenterrar los huesos para trasladarlos a las Parroquias donde ellos se hallan empadronados, o a otras, que se les antoja. A este fin concurren a los lugares del entierro, llevando por oblación cántaros de chicha y unos castilletes vestidos de cigarros al toque de cajas, con numeroso acompañamiento de hombres y mujeres de la misma casta. Encienden sus luces y se pasan todo el día y la noche en grandes lamentaciones recordando la memoria y costumbres de los difuntos, y a medida que los doloridos van aumentando su embriaguez crece el exceso de los alaridos y demás consiguiente a la privación del sentido.

Pagan al Párroco o Prelado de la iglesia el estipendio de doce pesos entablado, como por tarifa por el desentierro y dobles. Al día siguiente de las exequias cargan con una porción de huesos, muchos todavía no disueltos, que forman un espectáculo horrible y asqueroso a quien los mira y los conducen por las calles en comitiva con mucho ruido de cajas entre la confusión que produce la borrachera y la mezcla de ambos sexos. Así continúan hasta llegas a la iglesia, donde se rezan las oraciones eclesiásticas al costo de crecidas limosnas, que pagan los alféreces de estas ridículas festividades; de suerte que estos infelices idiotas consumen mucha parte de sus jornales en tales funciones, que ellos consideran llenas de religiosidad y devoción.

Sería largo referir por menor las ceremonias extravagantes que practican semejantes días, y tal vez horrorizarían al hombre más incivil. Basta lo expuesto para conocer el asco, la fetidez y la inmundicia que insultan los sentimientos humanos en unas ocasiones que solamente debe obrar la consideración y la piedad; y a no ser tan puros y antipútridos estos aires por su frialdad y calidad salina, serían inevitables todos los años las pestes y enfermedades epidémicas, que en otros climas produce la corrupción, y tal vez solamente el desaseo.

El Papa Bonifacio VIII llamó horrible y abominable en una constitución extravagante el abuso de desenterrar los muertos para trasladar los huesos a otros lugares, y lo prohibió bajo de excomunión mayor exceptuándose de esta pena únicamente algunos casos muy especiales que explica el eximio Suárez, pero para no incurrir en la censura los que extrajeron de los sepulcros, huesos de difuntos, necesitan expresa licencia concedida con justa causa por el Superior Eclesiástico, conforme a un Decreto del Sínodo Buscoducense referido por el célebre Van Espen y Claudio Fleur.

No puedo creer que los celosos Prelados de Charcas hayan permitido a sabiendas abominación tan detestable. La codicia, que ha sabido avanzarse hasta el santuario en muchas partes del Perú, considero como único origen de tales excesos. Los Prelados viven en el retiro de sus palacios, sus piadosos oídos conciben solamente lo que persuaden los Curas; y como hay muchos poseídos de la ambición, abonan el abuso con colores de piedad y por este camino sigue su curso con la rapidez de un torrente.

Pero el remedio es muy fácil, procediendo de acuerdo la potestad secular con la eclesiástica; ésta en mandar observar las constituciones canónicas, y aquella en quitar la ocasión de quebrantarse mediante las providencias de Policía.

Refiere Cicerón que, por ley de las doce tablas, confirmada después por los emperadores Adriano, Dioclesiano, Maximiliano, Antonino y Theodosio, se prohibió bajo diferentes penas enterrar los muertos dentro de las ciudades, con el fin de que los vivos no se contagiaran con el fetor asqueroso y pestilente de los muertos, según la insinuación de San Isidro.

La Iglesia prevenida de iguales sentimientos, aunque con otro espíritu más noble y superior al de la política humana, prohibió también los entierros dentro de las ciudades, permitiéndolo únicamente a los cuerpos de los mártires.

La sucesión de los siglos posteriores fue debilitando aquella primitiva disciplina, y comenzaron en el siglo IX, a enterrarse, no sólo dentro de las iglesias, sino también en los atrios, pórticos y cementerios de las iglesias, principalmente después que el Emperador León, revocó en una constitución las leyes prohibitivas de sus predecesores, permitiendo los sepulcros dentro de las ciudades.

A ejemplo de los Obispos, a los Reyes, a los grandes Señores y otros varones justos, que se enterraban en iglesias consagradas siempre al honor de los mártires, se introdujo desde el siglo X, una costumbre casi universal de hacerse dentro de las iglesias los entierros de los demás fieles; parte por piedad de éstos, que para lograrlo contribuían con grandes limosnas, creyendo santificar sus cuerpos enterrándose inmediatos a los sepulcros de los Santos, y parte por ambición de los eclesiásticos, que allanaron estas pretensiones sin contradicción ni reparo.(…)

Sin embargo, vemos tolerada la costumbre de sepultar los muertos dentro de las iglesias, para hacer menos irreprensible el abuso, como refiere Van Espen.

A este mismo tenor ha proveído la política civil, diferentes precauciones contra el contagio de los sepulcros para conservar la salud pública, ordenando que al instante de morir se sahumen los difuntos con perfumes y olores aromáticos, que son preservativos contra los malos aires, y que se hagan los entierros en cementerios construidos con autoridad de los Obispos en los barrios más distantes de las ciudades.

En ninguna parte como en Potosí, se necesita tomar igual providencia, así por el objeto referido, como por quitar la ocasión del ignominioso abuso de trasladarlos huesos de los difuntos contra las constituciones Canónicas, también para ahorrarles a los infelices indios las oblaciones, limosnas y derechos que inútilmente contribuyen por este irregular género de exequias, en perjuicio de su familia.

En el día se puede dar expediente a este asunto según la proporción del país. Habiéndose suprimido siete Parroquias de las catorce, que había antiguamente en la Villa, han quedado casi sin uso las siete iglesias suprimidas en calidad de anexos de las restantes. Examinándose cuales sean las menos necesarias, y las más distantes (que en mi concepto son San Bernardo y San Pablo, colocadas la primer al Norte de la población y la segunda al Sur, una y otra en los cantos suburbanos) se pueden aplicar éstas con sus atrios, que son bien capaces, para enterratorios de los indios que murieron en los hospitales, de los pobres y de los demás, que por advenedizos no tuvieron domicilio ni Parroquia.

Con los españoles no sería fácil ni necesario semejante establecimiento de Policía; lo primero, porque levantarían un clamor peligroso en ver confundidos sus huesos después de muertos con una plebe de quien tanto se distinguieron en vida; lo segundo, porque en Potosí es corto el número de españoles, y jamás se ha observado en ellos el abuso abominable de hacer como los indios, la traslación de sus huesos.

Lo mismo digo en cuanto a los indios empadronados en las demás Parroquias; porque hallándose situadas todas ellas en los últimos barrios de la Villa, no hay que temer el contagio de los aires; y para contener las traslaciones abominables de los huesos de los difuntos hasta la autoridad Eclesiástica para con los Curas, que son los que pueden quitar y mantener semejantes abusos.”


  1. Moriconi señala –desde la perspectiva de la antropología jurídica- que, pese a los embates asestados por las normativas regalistas, las jurisdicciones eclesiásticas e incluso las de la Inquisición perduraron mucho más tiempo que el que se establece en esas disposiciones. M. Moriconi, (2016: 111).
  2. Argadoña Pasten y Salazar, P. M. Arancel de Derechos Parroquiales. Lima, Casa de los Niños Huérfanos, 1771.
  3. Esta última cuestión no se traduce de manera transparente en el documento, motivo por el cual lo formulamos como una hipótesis que ampliamos en nuestra tesis doctoral (en desarrollo).
  4. Diferentes autores señalan la dificultad para discernir en qué medida se cumplían estas disposiciones, tanto en lo que se refiere a la percepción del sínodo por parte de los sacerdotes, como lo atinente a la tributación indígena, que ahora debía hacerlo directamente a la Corona y no a las misiones regulares, pero sí a los sacerdotes seculares (Ver Barral, 2013; Moriconi, 2014; Robins, 2009). Este es uno de los puntos de conflicto que, aunque no de manera directa, se evidencian en las fuentes mencionadas.
  5. Durante los últimos años en la historiografía se han producido intensos debates e interpelaciones a la categoría “Iglesia” entendida como elemento u agente separado del “Estado” o mismo de las estructuras de la vida social colonial. Resulta sumamente influyente la perspectiva de la Antropología jurídica en este sentido. Ver Clavero, 1981 y Hespanha, 1989.
  6. Archivo y Biblioteca Nacional de Bolivia (ABNB) E. C. 1769. Expediente 53. Expediente formado acerca de la introducción a esta ciudad de la imagen titulada Nuestra Señora de Surumi y el modo que tuvieron para ella los cuatro que la condujeron.
  7. No es un dato menor que la imagen haya residido en esta parroquia, que se trataba de una iglesia de indios yanaconas (que hoy ya no existe). Asimismo, esta parroquia contaba con una cierta autonomía, ya que no fue afectada por la transformación en la jurisdicción parroquial de mediados de siglo XVIII.
  8. Op. cit. F. 19.
  9. ABNB. E. C. 1779. Expediente 23. Testimonio de la división del curato de San Marcos. 22 – 5 – 1797.
  10. Archivo del Obispado de Potosí (AOP). Libro de Fábrica de Nuestra Señora de Surumi 1779 – 1810.
  11. El modelo de “doble domicilio” permite explicar cómo los diferentes ayllus tenían acceso a todos los recursos desde las tierras altas (puna), hasta las bajas (costa), de acuerdo con el patrón de residencia y diversificación. Según Carolina Jurado “El concepto mismo de domicilio, en su acepción de morada fija y permanente, de lugar en el cual alguien se considera legalmente establecido para el cumplimiento de sus obligaciones y ejercicio de sus derechos, se enfrenta a la movilidad poblacional cíclica –y de residencia múltiple- en virtud de los calendarios agrícolas, ganaderos, tributarios e, incluso, mercantiles.[…] En ese sentido, el concepto de doble domicilio se utiliza para indicar un mecanismo de complementariedad ecológica vertical por el cual las mínimas unidades de producción y consumo o unidades domésticas disfrutaban y ejercían derechos a explotar recursos en diversas zonas –privilegiando posiblemente dos zonas de residencia dentro de sus múltiples migraciones–, disponiendo de la mayoría de los productos básicos de manera directa, sin la intermediación de prácticas redistributivas”. (Jurado, 2013, 613 – 614).
  12. De hecho, la creación de la Diócesis de Potosí se produjo recién en el primer cuarto del siglo XX.
  13. En ese sentido debe implementarse una mirada de larga duración, en la que se contemple a la jurisdicción eclesiástica imbricada a las instituciones civiles –primero coloniales y luego republicanas-, que están a su vez conteniendo a las instituciones tradicionales indígenas –curacazgos, parcialidades y ayllus. Ver Adrián, 2000, 17.
  14. Texto manchado.
  15. Texto manchado.
  16. Texto tachado: igual.


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