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13 Conflictuando lecturas sobre la cultura católica argentina. A propósito de Cristianos antifascistas de José Zanca

José Vezzosi (CONICET/Universidad Nacional de Santiago del Estero/Universidad Católica de Santiago del Estero)

Mi primer contacto con el libro Cristianos antifascistas: conflictos en la cultura católica argentina de José Zanca fue a través de un colega –César Gómez[1]–, con quien venimos trabajando una explicación socio-histórica sobre la transición entre el peronismo (en cuya articulación local resaltan íntimas vinculaciones con el catolicismo inclusive entrado el año 1955) y los gobiernos de la década del ‘60 en Santiago del Estero, momento a partir del cual un grupo de laicos católicos nucleados en la “democracia cristiana” comienza a tener gran relevancia en el espacio social provincial. Nuestra sospecha era que el análisis del “humanismo cristiano” podía darnos algunas claves para mirar los procesos de renovación de agentes y capitales de validación que tuvieron lugar tanto en el espacio católico como en el campo santiagueño del poder posibilitando que el catolicismo mantuviera centralidad en el surgimiento del peronismo, en su caída y en los gobiernos que le sucedieron.

A medida que avanzamos en la lectura del libro y renovamos indagaciones empíricas –el texto es una invitación a ello–, fuimos problematizando, “conflictuando”, la mirada que habíamos construido sobre el mundo católico en el período de las grandes guerras. En este breve comentario trataré de señalar algunas claves problematizadoras que –a mi entender– propone Zanca para mirar procesos como el de las relaciones entre peronismo y catolicismo.

Lo primero que quisiera resaltar es su aporte a la construcción de perspectivas complejas sobre la cuestión católica, siempre susceptible de miradas binarias asociadas en muchos casos con la autopercepción que los propios actores tuvieron de los procesos. Es habitual la tendencia a mirar el catolicismo como un todo homogéneo, que –en confluencia con el nacionalismo– habría nutrido las filas del primer peronismo. Si bien otros estudios han señalado con anterioridad la existencia de “diversos catolicismos” en los orígenes del peronismo[2], el trabajo de Zanca permite profundizar esa clave al dar cuenta de la temprana emergencia de “distintos modos de ser católico” ya en los ‘30 –momento fundante del “mito de la nación católica”[3]– que confluirán en el humanismo cristiano. Este aporte es congruente con la propuesta metodológica que adopta, puesto que su construcción argumental no sigue una lógica explicativa causal derivada de supuestas características que se le atribuyen a los actores involucrados en los procesos[4], sino que parte de la consideración de las condiciones de emergencia del humanismo cristiano. La inclusión de las dimensiones filosófica, teológica e ideológica en el análisis de la dinámica del campo católico permite establecer vinculaciones con procesos que venían aconteciendo en otros espacios (por caso Europa) y construir lecturas a diferentes escalas (por ejemplo provinciales).

En Cristianos antifascistas queda claro que la elusión de la consideración del humanismo cristiano dificulta la comprensión de la “cultura católica” argentina durante el siglo XX, y deja en un cono de sombras preguntas como la que nos hacíamos con César Gómez en relación a Santiago del Estero. En efecto, hemos venido leyendo la coyuntura de los años ‘30 en la provincia, momento de fuertes disputas simbólicas en el espacio público, en función de la constitución de un clivaje que enfrentaba a un bloque nacionalista católico con un bloque liberal mayoritario (autodenominado anti-fascista). Uno de los puntos más sobresalientes de esa disputa fue la Convención Reformadora de la Constitución Provincial en 1939, donde el propio Obispo Audino Rodríguez y Olmos había encabezado la lista oficialista de convencionales con la tarea de implementar la “educación libre”[5]. En ese sentido el texto de Zanca nos problematiza ya que abre nuevos interrogantes vinculados con los matices que podrían haber existido detrás de aquel clivaje, por ejemplo en torno a la “pista humanista” en Santiago.

El segundo elemento que quisiera rescatar del trabajo es la advertencia que realiza respecto del rol del laicado. Zanca señala que a partir de la Guerra Civil Española (uno de los ejes articuladores del frente antifascista) se recuperarán formas religiosas que habían estado muy presentes hasta la década del 20 en Argentina, entre ellas el protagonismo laical. Y este es otro dato que resulta relevante al analizar la dinámica del catolicismo en Santiago, en la medida que se trató de un espacio caracterizado –hasta fines de los años ‘20– por un fuerte protagonismo laical ante la escasez de clero y el temprano traslado de la diócesis creada en el siglo XVI hacia la ciudad de Córdoba[6]. Un laicado que había encabezado la resistencia a las reformas liberales a fines del siglo XIX, había fundado el Círculo de Obreros Católicos en los albores del XX y que militará activamente por la restitución de la diócesis en la década de 1910.

Zanca nos abre una pista para conocer qué habría pasado con ese laicado frente al proceso de disciplinamiento que se implementó en la diócesis con la llegada de Audino Rodriguez y Olmos en 1927, ya que hace notar que si bien fueron claras las acciones tendientes al sometimiento a la jerarquía eclesial durante la Segunda Guerra Mundial, en la segunda posguerra se hizo ineludible un cambio en el seno del catolicismo argentino. En ese contexto, marcado por las disputas ideológicas derivadas de la Guerra Civil española y el Concilio Vaticano II, se cristalizaría una nueva sensibilidad, que propondrá otra forma de relacionarse con la modernidad (abandonando la postura anti moderna) al sostener la emergencia de un agente secularizador al interior del campo católico, un nuevo laicado. Laicado que ya no será concebido como el brazo ejecutor de la jerarquía, por el contrario, sus acciones tenderán a desviar el papel rector otrora otorgado al clero y propondrán nuevas formas de vincularse con el Estado asumiéndose como parte de la sociedad civil.

En esta dimensión el trabajo de Zanca también nos problematiza porque invita a repensar los procesos de secularización y laicidad alejados de posturas normativas, analizándolos como procesos que son construidos y motorizados por agentes, que eventualmente pueden ser, inclusive, católicos. Es decir abandonar otra de las posturas habituales cuando se analiza el fenómeno religioso asociado a la política como algo tradicional (por oposición a lo moderno que sería la secularización); invitando a mirar las condiciones que posibilitaron o no la emergencia de un laicado secularizador y cómo habría sido procesado esto por la jerarquía en Santiago del Estero.

Está claro que este comentario ha dejado afuera muchos de los aportes que hacen al texto de Zanca de ineludible lectura para quienes analizamos el fenómeno religioso en su vinculación con la política. Intencionalmente, en un ejercicio de reflexividad, he rescatado sólo dos de sus aportes en función de la potencialidad que tendrían para continuar con las indagaciones en otros planos y escalas de análisis. Por caso, indagar la existencia de la articulación cristiana antifascista en los espacios provinciales, y cómo estos procesos se habrían relacionado con lo que Zanca está mostrando a “escala nacional”. En ese sentido este comentario ha tenido como intención fundamental poner en valor el desafío que propone el autor, renovar y complejizar lecturas y miradas sobre el fenómeno religioso en su relación con la política.

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  1. Investigador del INDES, Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud, UNSE.
  2. “Catolicismos” que habrían reaccionado de diferentes maneras frente a la emergencia del peronismo. Cfr. Mallimaci, F. (2001), “Los diversos catolicismos en los orígenes de la experiencia peronista”, en Religión e Imaginario Social, F. Mallimaci y Roberto Di Stefano (comp.), Buenos Aires, Manantial.
  3. Zanatta, L. (1999), Perón y el mito de la nación católica, Buenos Aires, Sudamericana.
  4. A mi entender, muchos de los estudios de religión y política enfocados en el peronismo tienden a analizar las causas por las cuales una relación originalmente simbiótica (derivada de la confluencia entre nacionalismo y catolicismo) habría terminado en un conflicto trágico para el peronismo hacia 1955; sin indagar acabadamente en la dinámica de las relaciones, en los capitales e intereses puestos en juego a lo largo de 10 años. El criterio “simbiosis/ruptura” dará lugar al desarrollo de lecturas que –a partir de argumentos deterministas– plantearán vinculaciones esencialistas, cuyas pretensiones no serán la búsqueda de las influencias mutuas entre peronismo y catolicismo (entre religión y política) sino la determinación del carácter (esencialmente bueno o malo, positivo o negativo) de una relación que aparece supuesta, sobreentendida, derivada en muchos casos de rasgos característicos que se le atribuyen al peronismo (ansias totalizantes del espacio de producción simbólica, autoritarismo, entre otras).
  5. En un contexto político marcado por la debilidad del gobierno oficialista radical, el gobernador Montenegro encabeza una Reforma constitucional y propone al Obispo encabezar la lista de convencionales, aparentemente negociando la inclusión de la “educación libre”. Finalmente el propio bloque oficialista votará en contra de la posición católica. En el debate figuras de la talla de Orestes Di Lullo defendieron la postura católica emparentándola con valores esenciales de la “santiagueñidad”. Para un tratamiento exhaustivo de la Reforma Cfr. Tenti, M. M., “La Reforma de la Constitución Santiagueña de 1939 y la cuestión religiosa” en Programa Interuniversitario de Historia Política,en línea: http://historiapolitica.com/datos/biblioteca/Tenti1.pdf y  Martínez, A. T. y JoséVezzosi (2013), “Cultura, economía y política en el primer peronismo santiagueño” en Macor D. y César Tcach  La invención del peronismo en el interior del país II, Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral.
  6. En 1699 la diócesis radicada en la ciudad había sido trasladada a Córdoba. La diócesis santiagueña había sido reconstituida en 1907 mediante bula del Papa Pio X, en un contexto de reorganización romanizada de la Iglesia Argentina, que le permitirá alcanzar mayores niveles de autonomía e institucionalidad en pro de la defensa de su postura anti moderna y anti liberal. La demora en la designación del obispo para la nueva diócesis, activará las gestiones de un grupo de laicos caracterizados de la sociedad santiagueña buscando apurar la elevación de la terna postulada por parte del Senado de la Nación. Por pedido del entonces presidente de la Legislatura Provincial (y director del diario El País, de orientación católica) Manuel Argañaraz, el Gobernador Dámaso Palacio se habría comprometido a llevar adelante las gestiones en las que intervendrían además los diputados nacionales Antenor Álvarez y Baltasar Olaechea y Alcorta. Sobre la disputa en torno al traslado de la sede episcopal a Córdoba en el siglo XVIII Cfr. Castro Olañeta, I. y SoniaTell  (2009), “De Santiago del Estero a Córdoba: proyectos y conflictos en torno al traslado de la catedral y de la sede episcopal a fines del siglo XVII”, Cifra (Segunda Época), pp. 171-197 y Tenti, M. M. (2007), “Iglesia y sociedad a principios del siglo XX. Creación y organización de la diócesis de Santiago del Estero”, Nuevas Propuestas, n° 41 .


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