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La representación de la mujer en Cultura sexual y física de Editorial Claridad

Camila de Oro[1]

Introducción

En 1937 apareció Cultura sexual y física, una nueva publicación que pasó a integrar el vasto y heterogéneo catálogo de Editorial Claridad, fundada por Antonio Zamora –inmigrante español de tradición socialista– en 1922. Bajo el logotipo “divulgación científica de todos los estudios que interesan al hombre y a la mujer para conseguir y conservar la salud y la belleza del cuerpo y del espíritu”, se inauguraba una revista pionera en el mercado editorial latinoamericano (Romero, 1997), cuyo propósito era abolir la ignorancia y superar la perspectiva religiosa y conservadora con la que se habían abordado hasta entonces los ejes propuestos en el título de la misma. Pese al “novedoso” enfoque con que pretendían tratar dichas temáticas y a su explícita intención por abarcar un público mixto, puede advertirse una continuidad con el pensamiento de la época en relación al estereotipo de la mujer y su rol en la sociedad. Por lo tanto, en el presente trabajo proponemos, en primer lugar, analizar un corpus integrado por tres textos publicados en el número 39 de Cultura sexual y física Las mujeres, La histeria sexual en la mujer y El problema sexual es un problema fundamentalmente económico y, en segundo lugar, indagar cuáles fueron los vínculos entre la revista y el proyecto pedagógico y político impulsado por Zamora en la Buenos Aires de los años veinte, para lo cual consideramos necesario adentrarnos previamente en los debates que se dieron alrededor de la figura femenina.

La mujer en la Argentina de entreguerras

Durante el período estudiado las discusiones en torno a la mujer y a sus derechos no pasaron desapercibidas, particularmente en los partidos políticos donde ellas profesaron el feminismo. Hacia mediados de la década del diez y a lo largo de los años veinte, el sufragio femenino fue uno de los temas más candentes entre las agrupaciones partidarias –el socialismo apoyó fuertemente la moción–, pero también convocó a mujeres que no tenían vínculos con la militancia política (Valobra, 2008). Entre las figuras emblemáticas se encuentran Julieta Lanteri y Alicia Moreau. La primera de ellas fue una médica italiana abocada a la lucha por la emancipación femenina: en 1909 creó la Liga Nacional de Mujeres para defender los derechos políticos de la mujer argentina o ciudadanizada y nueve años después creó el Partido Feminista Nacional para que el género femenino pudiera integrar el gobierno nacional “tanto en calidad de electoras como de elegibles” (Barrancos, 2005, p. 172). Asimismo, fue una de las primeras electoras en Argentina, se postuló para diputada en numerosas oportunidades durante la década del veinte e impulsó la revista Nosotras, junto con María Abella Ramírez (Barrancos, 2005).
La segunda de ellas, Alicia Moreau, fue otro ícono feminista. Médica de profesión y militante socialista, fundó la Unión Feminista Nacional para exigir la sanción de la ley del sufragio femenino y para liberar a las mujeres de la tutela de sus maridos. Moreau –casada con Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista argentino– apoyó la ocupación de los espacios públicos por parte de las mujeres, como así también su participación activa en espacios académicos y políticos, siempre y cuando no descuidaran la atención de sus hijos, las responsabilidades domésticas y las obligaciones familiares. En palabras de Asunción Lavrin: “Desde que en su juventud definió la necesidad de llevar las cuestiones del hogar a la palestra pública, su visión de la mujer en la política se mantuvo enmarcada dentro de la economía doméstica, aunque la misma no era un átomo en el vacío, sino como parte del cuerpo social. Su preocupación estaba biológicamente comprometida con su sexo” (Lavrin en Barrancos, 2005, p. 166).

En este sentido, cabe destacar que durante las primeras décadas del siglo XX se consolidó socialmente la economía doméstica, difundida mediante el sistema escolar y las publicaciones baratas. Sin embargo, se produjeron reclamos en torno a la esclavitud doméstica femenina, aunque apuntaron más a la explotación económica que a cuestionar la división sexual del trabajo. De hecho, la división sexual de tareas en el mercado del trabajo reproducía los estereotipos de género. Esto es: las tareas realizadas por las mujeres estaban asociadas al ámbito doméstico, entre las cuales se destacaban la educación de los niños, el cuidado de ancianos y enfermos, la limpieza, el lavado y planchado de ropa, la costura y la elaboración de alimentos. Como puede advertirse, la mayoría de las actividades estaban reducidas al ámbito doméstico puesto que “las mujeres eran seres naturalmente dispuestos al hogar porque se consideraba que su corazón era formado expresamente para amar con ternura” (Nari, 2004, p. 73) y, por consiguiente, sobre ellas caía la responsabilidad del éxito o del fracaso de la familia.

En gran medida estas nociones estuvieron atravesadas por los postulados eugenésicos sobre la noción de maternidad y del cuerpo femenino. Esta corriente –cuyo auge en Argentina data de los años veinte y treinta– entendía a la maternidad como el destino de las mujeres por estar inscripto en su propio cuerpo; el lugar ideal para la intervención transformista debido a que “[la mujer] comprende mejor que el hombre los medios para mejorar la especie en todas sus relaciones” (Balvastro en Nari, 2004, p. 47). Por esta razón, debían anteponer el instinto maternal al instinto sexual y cuidar su salud para que no repercutiera en su descendencia. Contemporáneamente con estos debates surgió la publicación sobre la que indagaremos a continuación.

Cultura sexual y física

La revista comenzó a publicarse en agosto de 1937[2] con una periodicidad mensual al módico precio de treinta centavos siguiendo la política de los libros baratos (Romero y Gutiérrez, 1995), es decir, impresiones en grandes tiradas comercializadas a precios bajos en espacios urbanos no especializados, como quioscos o estaciones de trenes. Esta estrategia editorial fue fundamental para la empresa dirigida por Zamora, debido a que su propósito era educar a los sectores populares mediante la promoción del libro y la lectura. Si bien los contenidos sobre educación física y sexual tuvieron resonancia con la Biblioteca científica –una de las colecciones más exitosas de la editorial–, en sus páginas también aparecieron narraciones, poemas, imágenes e incluso una sección denominada Contestando a los lectores, donde el doctor M. Martín Fernández respondía las preguntas de carácter psico-sexual y en numerosos casos redirigía al público a los títulos editados por Claridad, generando así una interesante estrategia publicitaria, como puede observarse en el siguiente fragmento: “Ud. puede solucionar los problemas de su matrimonio estudiando los siguientes libros ‘El matrimonio perfecto’ y ‘Fertilidad y esterilidad en el matrimonio’, los del doctor T. H Van de Velde, y editados en edición ilustrada por EDITORIAL CLARIDAD” (Martín Fernández 1939, p. 186). Estos dos títulos de Van de Velde, junto con su otra obra Aversión y atracción en el matrimonio, formaron parte del corpus teórico de una de las dos versiones sobre la sexualidad que circuló en nuestro país durante los ’30. La misma abordó la vida sexual desde saberes técnicos para alcanzar la felicidad en la intimidad. No obstante, los representantes de la versión conservadora –encabezada por los grupos católicos– catalogaron a los libros del médico holandés como pornográficos e inmorales (Ledesma Prietto, 2017).

Entre las filas de Cultura sexual y física figuraban Antonio Zamora como director general y en la dirección científica, Bartolomé Bosio, un farmacéutico y médico de origen italiano vinculado al socialismo y al sindicalismo argentino, quien ejerció su profesión en los sectores rurales de nuestro país con una fuerte impronta social (Fernández Cordero, 2014). Dentro de los colaboradores más frecuentes se encontraron médicos de reconocimiento nacional especializados en diferentes áreas: el Dr. Marañón en pediatría, el Dr. Finochietto en cirugía clínica, el Dr. Vidalmata en alimentación, el ya mencionado Dr. Martín Fernández en sexología, entre otros (Romero, 1997). Con respecto a los expertos extranjeros en el campo de la sexualidad, se destacaron Sigmund Freud, Bertrand Russell, Havellock Ellis y Auguste Forel. Pese a la existencia de mujeres en las áreas de conocimientos pertinentes para la publicación, no gozaron de gran participación en la misma.

El magazine estaba dirigido a un público joven y mixto, entre el cual se buscaba abolir la ignorancia a partir del conocimiento científico. De manera que Cultura sexual y física se inscribe entre los discursos de izquierda sobre la sexualidad destinados a un público no experto, cuyo origen nos remonta a las publicaciones anarquistas de finales del siglo XIX –sobre las cuales Nora Barrancos (1990) y Laura Fernández Cordero (2011) han trabajado en profundidad– y a la posterior proliferación de impresos de la misma orientación política donde los temas recurrentes fueron la “revolución de las relaciones afectivas y sexuales” (Fernández Cordero, 2014, p. 162), la emancipación de la mujer, el amor libre –como contrapropuesta a la institución matrimonial–, la maternidad consciente y la lucha contra la prostitución y las enfermedades de transmisión sexual.

A pesar de que la revista que nos convoca intentaba generar una ruptura con la tradición conservadora sobre la educación física y sexual –incluso desde las imágenes[3] presentes en las portadas de la publicación–, existe una continuidad con las ideas sobre la mujer y su rol en la sociedad argentina, como podrá apreciarse en el análisis de tres artículos que aparecieron en el número 39 de Cultura sexual y física, publicado en 1940 y hallado en el Instituto Ibero-Americano de Berlín –IAI– durante una pasantía de investigación en el marco del Doctorado en Estudios Sociales Interdisciplinarios de Europa y América Latina –Universidad Nacional de La Plata/Universidad de Rostock.

Las mujeres

En el texto de Ramón y Cajal se presentan breves párrafos sobre la concepción que este médico español –especialista en Histología y Anatomía patológica– tiene sobre el género femenino. En primer lugar, destaca que para la mujer el verbo querer es sinónimo de valorar, de modo que “la hembra[4], fea o bonita, preferirá al varón[5] que acredite mayores capacidades financieras o más copiosas disponibilidades” (Ramón y Cajal en Cultura sexual y física, 1940, p. 140). En segundo lugar, la mujer es comparada con la mantis religiosa porque devora maridos y amantes. En tercer lugar, el autor sostiene que “lo más triste de la fealdad femenina es que aleja desdeñosamente la curiosidad sentimental de los jóvenes, esterilizando y dejando sin empleo tesoros de talento, abnegación y ternura” (Ramón y Cajal en Cultura sexual y física, 1940, p. 140). Finalmente, en cuarto lugar, el médico aconseja a los jóvenes alejarse de las mujeres frívolas y pretenciosas, a quienes define como “cortesanas en estado de canuto” (Ramón y Cajal en Cultura sexual y física, 1940, p. 140) y, por el contrario, sugiere que reserven sus halagos y admiración por aquellas muchachas que “adoran a los niños, se entregan alegres al tráfago del hogar y a las inexcusables exigencias de la higiene casera” (Ramón y Cajal en Cultura sexual y física, 1940, p. 140).

Los fragmentos citados reflejan la desigualdad entre la mujer y el varón desde el plano sociocultural, económico y discursivo, ya que la mujer es considerada como una hembra devoradora de maridos y amantes. En consecuencia, reduce a la mujer a su condición más primitiva y la responsabiliza de lo que sucede con los varones y con sus parejas extramatrimoniales porque, pese a su infidelidad, éste no pierde ni se cuestiona su condición de marido. De hecho, la mujer no sólo es responsable de que su apariencia física aleje sentimentalmente al género masculino –posicionado como víctima–, sino que también –y en consonancia con los discursos mencionados en el segundo apartado– debe responder a los mandatos de maternidad y de ama de casa porque sólo por ello será motivo de halagos.

La histeria sexual de las mujeres

El escrito de Paul Gorringe pone de manifiesto los debates con respecto a esta afección a la que estudiosos de la “compleja naturaleza sexual de la mujer” (Gorringe en Cultura sexual y física, 1940, p. 167) le han dedicado numerosos estudios. En el artículo, su autor se pregunta si la histeria forma parte de la naturaleza sexual de la mujer y si su causa es la ausencia de una vida sexual normal y satisfactoria. Para ello realiza una suerte de genealogía sobre la histeria desde los griegos, pasando por el teólogo Krafft-Ebing, por Freud –“el más grande analista de la vida sexual”– y por los estudios del doctor King publicados en el American Journal of Obstetrics, quien describe los síntomas de este mal. Entre ellos se destacan los siguientes: la histeria se da entre la pubertad y la menopausia; no es frecuente en personas que se encuentran solas; las caricias permitirían que la paciente se sienta más aliviada y estos episodios son una manifestación de la falta de voluntad y del deseo de que se la complazca. De manera que la histeria no sólo es propia de la naturaleza femenina, sino que la solución a la misma es “una vida matrimonial más o menos feliz o satisfactoria” (Gorringe en Cultura sexual y física, 1940, p. 168). A modo de ejemplo cita el caso de H.R –una mujer en la que se desencadenaron los síntomas luego de la muerte de sus progenitores– quien se curó al contraer matrimonio con el editor de una revista porque este “logró hacerla feliz” (Gorringe en Cultura sexual y física, 1940, p. 168).

Este texto pone en evidencia la continuidad con los postulados eugenésicos que argumentaban la “debilidad” de los cuerpos femeninos mediante la biología, en otras palabras, esa característica era intrínseca de la naturaleza de la mujer. Incluso, esos rasgos “justificaban y legitimaban otro tipo de debilidades y fragilidades sociales, económicas y políticas” (Nari, 2004, p. 109). Siguiendo a Gorringe, el género femenino está enfermo y la cura se encuentra en el matrimonio, institución que poco tiene que ver con la emancipación femenina puesto que la reduce al rol de madre, esposa y ama de casa.

El problema sexual es un problema fundamentalmente económico

Pedro Fregoso se pregunta si “existe realmente un problema sexual que afecta por igual a ambos sexos” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 145). Su respuesta es afirmativa: sostiene que en muchos casos el amor se encuentra subordinado a cuestiones meramente económicas. Esto se manifiesta en la pubertad cuando la juventud intenta satisfacer sus impulsos sexuales, pero se topa con inconvenientes en caso de no tener buen pasar económico. Por un lado, a los varones se les sugiere que esperen a ahorrar dinero para tener una vivienda y formar un hogar con la persona amada y por otro lado, a las mujeres se les aconseja que esperen la llegada de otro candidato con mayor poder adquisitivo, pero en el mientras tanto suceden las “grandes tragedias sociales” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 146). En el caso masculino como no puede poseer al “objeto” amado, recurre a “mujeres públicas” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 146), es decir, a aquellas que ejercen la prostitución o bien a esas “amiguitas que, por una entrada al cine, un paseíto barato o un regalo cualquiera me pueden proporcionar lo que necesito” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 146) y estas prácticas dan lugar a enfermedades como la sífilis y la tuberculosis. Ahora bien, cabe preguntarnos qué sucede con las mujeres que al igual que los varones buscan satisfacer sus deseos sexuales. Fregoso es contundente: “el drama alcanza proporciones de tragedia” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 146) porque, dado que no puede recurrir a la prostitución como el género masculino, “tienen que recurrir a métodos todavía más nocivos y peligrosos, por la índole que han de revestir para asegurarle de un modo efectivo una satisfacción pasajera a la vez que la impunidad; porque teniendo en su contra la religión y la moral, los prejuicios sobre su virginidad y la vigilancia de los padres, natural es que se encuentre perdida al llegar a ser descubierta a causa de embarazo” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 146).

A raíz de ello, el autor afirma que “con el objetivo de frustrar a la naturaleza” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 146), se han creado diversos tipos de métodos anticonceptivos clasificados en químicos[6], mecánicos[7], físicos[8], quirúrgicos[9] y fisiológicos[10]. Los mismos no han hecho más que perjudicar a la mujer y resaltar que son quienes sufren a menudo “las violaciones a su propio sexo”.

En este artículo prevalece la misma concepción de la mujer que en los textos anteriores, pero en esta oportunidad se la define explícitamente como objeto. Empero, el autor introduce dos aspectos nuevos en relación a la sexualidad. En primer lugar, la prostitución y por consiguiente las enfermedades de transmisión sexual, entre las cuales la sífilis era una de las más populares y temidas. Esto derivó en la reglamentación de la prostitución, en la detección y tratamiento de las esposas contagiadas por sus maridos en consultorios específicos y en un examen médico prenupcial que durante años afectó sólo a los varones y en el marco de matrimonios legales (Nari, 2004). En segundo lugar, Fregoso instala el tema del control de la natalidad y la anticoncepción, dos prácticas rechazadas por la Iglesia Católica y los sectores más conservadores de la sociedad, pero apoyadas por las culturas de izquierdas, especialmente por el anarquismo. Sus fundamentos se basaban en la lógica médica y política porque la multiparidad era sinónimo de “deformidad” y de degradación moral para las personas explotadas. Desde esta perspectiva, una familia obrera numerosa disminuía las posibilidades de educación y acrecentaba su miseria, motivo por el cual la maternidad consciente era una forma de lucha contra el sistema social opresivo porque reducía la explotación de la fuerza de trabajo (Nari, 2004).

Finalmente, El problema sexual es un problema fundamentalmente económico se diferencia de los otros dos textos que integran el corpus de análisis porque la intención del autor no es meramente divulgativa, sino educativa. Fregoso intenta apelar a la juventud que “se prostituye en alma y espíritu” y concientizarla de lo que ocurre cuando se pierden, en palabras del autor, “los principios de higiene física y mental” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 147).

Consideraciones finales

A través del corpus analizado en este trabajo intentamos demostrar que la representación de la mujer en Cultura sexual y física no distó demasiado de los discursos tradicionalistas instaurados en la sociedad. Pese a que se trató de un magazine editado por un proyecto vinculado al ideario de izquierda, no resulta tan llamativa esta postura si contemplamos la ínfima presencia de mujeres en el catálogo de Claridad. Por ejemplo, en la Biblioteca Los Poetas[11] sólo figuran tres autoras mujeres –Delmira Agustini, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou–, mientras que en Los Pensadores[12] –una de las publicaciones más célebres de la editorial sólo aparece Selma Lagerlöf, docente, escritora y la primera mujer en ganar el Premio Nobel de Literatura. Además, en el editorial del número 104 de Los Pensadores a propósito de un episodio que involucraba a Miriam Ferguson, gobernadora de Texas, Zamora afirmaba que las mujeres se encontraban mejor en la cocina que en la magistratura y que “las mujeres que fracasan como mujeres aspiran a convertirse en hombres. Quieren competir con nosotros en nuestras actividades peculiares. Todo tiene un límite en la naturaleza y la actividad y la función no es la excepción a la regla” (Ferreira de Cassone, 2008, p. 47). En esta misma línea discursiva, acusaban a Alfonsina Storni de frívola y excéntrica y adjudicaban dichas características a la “debilidad de su sexo” (Ferreira de Cassone, 2008, p. 51).

El carácter divulgativo del magazine sobre la temática física y sexual estuvo directamente relacionada con el objetivo macro del proyecto impulsado por Zamora: fundar una “especie de universidad popular” (Corbière en Todo es Historia, 1981, p.38), cuya finalidad era educar al soberano frase sarmientina por la cual el director tenía gran simpatía–. En pos de ello, se había propuesto desencadenar una revolución en el mercado editorial a partir de un sistema de difusión de impresos para beneficiar al “lector estudioso que cuida el perfeccionamiento de su carácter y aspira a forjarse una inteligencia propia” (Montaldo, 1987, p. 43), aunque perjudicara a los comerciantes.

Asimismo, este proyecto político-pedagógico se enmarcó en uno de mayor alcance, basado en una red de libreros creada por Zamora para distribuir sus publicaciones en otros países del continente y difundir las preocupaciones del mundo latinoamericano. De esta manera, la empresa cultural se convirtió en el refugio de escritores de distintos puntos de América Latina; en una “tribuna de pensamiento libre”, como anunciaba el epígrafe de la revista Claridad.

Bibliografía

AA.VV (1940). Cultura sexual y física, 39, Buenos Aires.
AA. VV. (1981). Todo es historia, 172, Buenos Aires.

Barrancos, D. (1990). Anarquismo, educación y costumbres en la Argentina de principios de siglo. Buenos Aires: Contrapunto.

Barrancos, D. (2005). Socialismo y sufragio femenino. Notas para su historia (1890-1947). En H. Camarero, C. M. Herrera (Eds.), El Partido Socialista en Argentina. Sociedad, política e ideas a través de un siglo (pp. 159-183). Buenos Aires: Prometeo libros.

Fernández Cordero, L. (2011). Subjetividad, sexualidad y emancipación. Anarquistas en Argentina (1895-1925). Tesis de Doctorado. Facultad de Ciencias Sociales. UBA.

Fernández Cordero, L. (2014). Para iluminar el sexo y el cuerpo. Revista Cultura sexual y física de Editorial Claridad. En V. Delgado, A. Mailhe, G. Rogers (Coords.), Tramas impresas. Publicaciones periódicas argentinas (XIX-XX) (pp. 157-177). La Plata: Edulp. Disponible en https://bit.ly/31CpqJT

Ferreira de Cassone, F. (2008). Boedo y Florida en las páginas de Los Pensadores. Anuario de filología argentina y americana, 25, 11-74.
Ledesma Prietto, N. (2017). La revolución sexual antes de la revolución sexual. Discursos libertarios sobre el placer (Argentina, 1930-1940). Sexualidad, salud y sociedad, 26, 148-170. Disponible en https://bit.ly/3kwOF9a

Montaldo, G. (1987). La literatura como pedagogía, el escritor como modelo. Cuadernos Hispanoamericanos, 445, 41-64.

Nari, M. (2004). Políticas de la maternidad y maternalismo político. Buenos Aires: Biblos.

Romero, L. A., Gutiérrez, L. (1995). Sectores populares, cultura y política. Buenos Aires: Sudamericana.
Romero, R. (1997). De eso sí se habla. En Historia de Revistas Argentinas 3. Rosario: AAER.

Valobra, A. M. (2008). Feminismo, sufragio y mujeres en los partidos políticos en la Argentina de la primera mitad del siglo XX. Amnis, 8. Disponible en https://bit.ly/3kxIfXq


  1. Universidad Nacional de La Plata, Universidad de Rostock.
  2. El último número (41) data de julio de 1941. Allí se publicó Hasta luego, una nota editorial que anunciaba el fin de la revista. Las razones estaban vinculadas al contexto bélico mundial y al aumento del papel, motivo por el cual no podían mantener la política de las ediciones baratas. Asimismo, la llegada de competidores españoles como Losada, Sudamericana, Espasa Calpe y Emecé, marcó el declive de la editorial con el catálogo más amplio de la época.
    Sin embargo, en el número 172 de Todo es Historia, se reprodujo la entrevista que Emilio Corbière le hizo a Antonio Zamora. Allí él confesó que la razón por la cual concluyó Cultura física y sexual fue otra: “En la parte dedicaba a temas sexuales, se decían las cosas como tenían que decirse, y estaba escrita por médicos. Se vendía muy bien. Un día el Consejo Deliberante planteó la cuestión de que la revista era ‘pornográfica’, porque violentaba el poder de la juventud. Entonces cerraron la revista” (Corbière en Todo es Historia, 1981, p. 38).
  3. Tanto las imágenes de las tapas de Cultura sexual y física, como las que ilustraban las notas de cada número, pertenecían a Foto Montaña, a la Agencia Mundial y al Instituto Fotográfico Americano, con quienes la revista tenía carácter exclusivo y derechos reservados (Romero, 1997).
  4. El subrayado es nuestro.
  5. El subrayado es nuestro.
  6. Preparados con sustancias minerales o vegetales para ser aplicados en forma de polvos o pomadas, pero que no sólo son perjudiciales para la salud femenina sino que tampoco son eficaces.
  7. Producen sensación desesperación y angustia y neutralizan o anulan la sensación de placer; entre ellos se encuentra el condón, la esponja y el calzón ancho de seda
  8. Hace referencia a la posición de los cuerpos para evitar el contacto directo de los sexos o bien en el coitus interruptus. Además, incluye prácticas “sumamente perjudiciales” capaces de “destruir a los organismos más privilegiados”, como la masturbación solitaria y las perversiones de toda índole.
  9. Esterilización de la mujer, extracción del semen masculino o prácticas abortivas.
  10. El Sistema Caus-Ogino que implica “salvar el ciclo ovulatorio, dentro del periodo lunar que es de veintiochodías” (Fregoso en Cultura sexual y física, 1940, p. 146).
  11. Editada entre 1924 y 1928, aproximadamente.
  12. Se trata de los cuadernillos semanales con los cuales Antonio Zamora impulsó su empresa cultural en 1922.


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