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La reforma bonaerense en salud mental

Del encierro al cuidado comunitario

Roxana Amendolaro y Adelqui Del Do

La libertad es terapéutica.

   

Franco Basaglia (1972)

La implementación de la Ley Nacional de Salud Mental (26.657) en la provincia de Buenos Aires constituye uno de los procesos más complejos y transformadores del sistema público de salud en democracia. No se trata solo de una adecuación normativa, sino de una reforma cultural profunda, que interpela la relación entre el Estado, los padecimientos mentales y la comunidad.

Durante años, esa transformación pareció un horizonte más que una realidad que pudiera ser implementada a gran escala. Sin embargo, en los últimos tiempos, y especialmente bajo la gestión del Ministerio de Salud bonaerense actual, comenzó a adquirir cuerpo. En un contexto nacional signado por políticas de ajuste, discursos negacionistas y desinversión en salud pública, la provincia de Buenos Aires asumió una posición ética y política: profundizar la reforma en salud mental, sostener la red comunitaria y ampliar el acceso a los cuidados y la continuidad de los cuidados.

En palabras del ministro de Salud, Nicolás Kreplak:

La integración del sistema de salud de la Provincia de Buenos Aires, que nos hemos trazado como meta, implica entre muchas otras cosas la firme decisión de la integración de la salud mental a la salud en lo que hace a su definición política, comprensión problemática y organización de respuestas frente a las demandas y necesidades de nuestro pueblo. Así lo entendimos desde el primer día, siendo el primer e indispensable paso, la jerarquización dada en el Ministerio de Salud de la Provincia a la Subsecretaría de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias en el Ámbito de la Salud Pública. Para nosotros, “no hay salud sin salud mental” no es una frase vacía.
El Plan Provincial de Salud Mental que se plasma en este documento, condensa la decisión y el compromiso del Ministerio de Salud para cuidar la salud mental de nuestra población. Sabemos que la salud mental de un pueblo es tanto producto como fuerza impulsora para el desarrollo. Sabemos que las formas de sufrimiento y padecimiento mental, entendidas desde su determinación social, obstaculizan la vida de las personas y su necesario aporte a una sociedad inclusiva. También sabemos que las personas con problemáticas de salud mental y consumos problemáticos han sido y siguen siendo objeto de estigma y discriminación, lo cual vulnera sus derechos y se torna en barrera para su atención por parte del sistema de salud.

Julieta Calmels, subsecretaria de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias en el Ámbito de la Salud del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, refiere:

El desafío de este plan es transformar el modelo de atención de la salud mental para que todas las personas puedan contar con espacios de cuidado, sin estigmas ni exclusión […] Necesitamos que la salud mental salga de los hospitales y vaya a donde está la gente […] El cuidado es una posición ética, un modo de estar con otros y una decisión política sobre cómo se organiza la vida común.

Estas ideas permiten comprender que la salud mental no es un dispositivo aislado, sino un entramado institucional que disputa sentidos frente a la crueldad y el abandono. La salud mental debe entenderse como un proceso colectivo, no individual, y la comunidad, como su condición de posibilidad.

El contexto del malestar

Los datos globales y locales configuran un escenario de creciente malestar. Según el informe de la OMS (2025), el 15 % de la población mundial padece algún tipo de sufrimiento psíquico, siendo la depresión y la ansiedad los trastornos más frecuentes. Este aumento, que ya puede considerarse epidémico, responde a determinantes estructurales: desigualdad, precarización, violencia económica y fragmentación social.

En Argentina, el Estudio de la UCA (2024) sobre bienestar y malestar psicológico muestra un crecimiento sostenido del sufrimiento subjetivo entre 2010 y 2024: pasó de afectar a 3 de cada 10 personas, cuando antes afectaba a 2 de cada 10. El informe asocia este incremento con el deterioro de las condiciones de vida, la pérdida de seguridad económica y la erosión de los lazos comunitarios. El malestar, entonces, no es un fenómeno clínico, sino una forma política del sufrimiento con consecuencias palpables en las vidas de las personas.

Como señala Jorge Alemán (2019), el neoliberalismo no solo disciplina los cuerpos, sino que desinvierte en el lazo social, puesto que transforma la angustia en un modo de gobierno. En ese contexto, la salud mental se convierte en el espejo del malestar colectivo: lo que aparece como síntoma individual —una crisis, una recaída, una internación— es la expresión clínica de un orden económico que hace del desamparo una norma.

Jaime Breilh (2003) resalta que, desde el punto de vista de la salud colectiva, se trata de mostrar la relación entre toda forma de dominio social y la enfermedad y la muerte.

En la provincia de Buenos Aires, los indicadores siguen esa tendencia: entre 2019 y 2024, las internaciones por motivos de salud mental aumentaron un 60,9 % y las consultas ambulatorias se incrementaron de manera sostenida. A partir del análisis de la información aportada por más de 40 hospitales provinciales, se desprende que durante 2024 se registró un incremento del 12 % en la cantidad de consultas por Guardia respecto del año 2023, con un comportamiento dispar entre las regiones sanitarias, algunas de las cuales registran un aumento de hasta el 64 %[1]. El dato más preocupante es el aumento del 13,4 % de internaciones y del 50 % en las consultas ambulatorias en menores de 18 años, lo que podría estar evidenciando crisis vitales significativas en esa población[2] y revelando un signo de la fragilidad de las redes familiares y del impacto del contexto sobre las infancias y juventudes.

Los equipos de salud reportan cuadros clínicos más graves, con deterioro de los soportes comunitarios, pérdida de acceso a tratamientos y mayores dificultades para los egresos hospitalarios. En este escenario, la respuesta del Estado provincial no fue el repliegue, sino la expansión de políticas públicas y la reconstrucción de la trama de cuidados y continuidad de cuidados que se operacionalizaron en un Plan Quinquenal de Salud (2023-2027)[3], un Plan Provincial Integral de Salud Mental (2022-2027)[4] y un Plan Provincial de Políticas de Cuidado para el Abordaje Integral de las Violencias en Salud (2024-2027)[5].

La política del cuidado y la continuidad de los cuidados

Desde 2020, la provincia de Buenos Aires desplegó una política integral en salud mental basada en tres ejes: fortalecer la red comunitaria, transformar los hospitales monovalentes y garantizar atención integral en hospitales generales.

Hoy existen más de 211 dispositivos de base comunitaria: casas de convivencia, centros comunitarios, dispositivos de externación, hogares protegidos y equipos territoriales. Solo en el último período se crearon 32 nuevos Centros Comunitarios de Salud Mental y Consumos Problemáticos, con 8 más en construcción, lo que implica un crecimiento del 94 %. Estos espacios, ubicados en municipios como Quilmes, Berisso, Ensenada, Varela y La Plata, simbolizan una política de proximidad: la salud mental no se trata en los márgenes, sino en el corazón de los barrios.

Como sostiene Julieta Calmels (2023), “la política del cuidado no es sólo terapéutica, es una forma de justicia social”, y agrega: “la salud mental se construye en la comunidad; ningún dispositivo aislado puede producir lo que produce un lazo social fortalecido”.

En los hospitales generales, se ampliaron en un 69,8 % las camas para internación, se incorporaron más de mil trabajadores y trabajadoras, y se estableció que todos los hospitales provinciales atienden urgencias e internan por motivos de salud mental y consumos problemáticos. Se elaboró un Protocolo Guía para Urgencias, se formaron equipos interdisciplinarios y se mejoraron las salas y unidades de internación.

Como parte de una política de formación permanente, más de 22.000 trabajadoras/es se capacitaron a partir de su participación en los cursos y seminarios realizados junto con la Escuela de Gobierno en Salud Floreal Ferrara; además, se han llevado adelante cerca de 40 proyectos de investigación conducidos por equipos de salud mental financiados por el Programa de Becas Julieta Lanteri de la Dirección de Investigación y Cooperación Técnica de la Escuela de Gobierno en Salud Floreal Ferrara.

Este cambio implica un giro simbólico: la salud mental dejó de ser un área periférica y pasó a ser transversal al sistema sanitario. La atención ya no se define por la patología, sino por el vínculo.

La transformación de los hospitales monovalentes

El proceso de transformación de los hospitales neuropsiquiátricos constituye uno de los ejes más delicados y estructurales de la reforma. En los últimos años, se redujo en un 70 % la cantidad de personas internadas en sectores de larga estadía, gracias a la creación de 220 casas de externación donde viven 624 personas acompañadas por equipos de salud. Este proceso no consiste solo en cerrar camas, sino en abrir horizontes: restituir el derecho a la vida en comunidad.

El Programa PURPSI (Plan de Rehabilitación y Reintegración Psicocomunitaria Integral) amplió su cobertura en un 1033 % respecto de 2020, y alcanza actualmente a 15.500 personas, con proyección de 40.000 para 2026, mediante la incorporación al Programa Medicamentos Bonaerenses. Estos números, detrás de su abstracción, representan biografías restituidas: hombres y mujeres que, después de años de encierro, hoy habitan una casa, un barrio, una comunidad.

En palabras de Julieta Calmels (2023): “transformar un hospital monovalente no es cerrar una institución, es abrir una posibilidad de vida”. Esta perspectiva sintetiza el sentido profundo de la reforma: la sustitución del encierro por la comunidad como garante de derechos.

La red intersectorial y los consumos problemáticos

Uno de los avances más significativos fue la articulación entre salud y seguridad para la atención de urgencias en salud mental. El documento Pautas Generales para el Abordaje Intersectorial de Urgencias, elaborado junto al Ministerio de Seguridad, capacitó a 2.450 trabajadores y sentó un precedente histórico: la intervención estatal deja de ser represiva para volverse protectora.

El abordaje integral de los consumos problemáticos se expandió en un 40 %, diversificado en modalidades y escalas. Se crearon unidades residenciales para menores de 18 años, se integraron 10 centros de ludopatía a la red provincial y se sumó una opción específica en la línea 0800 Salud Mental para orientación en juegos y apuestas online, una forma contemporánea de adicción y compulsión digital.

La Subcomisión Interministerial para la Prevención del Suicidio en Adolescencias y Juventudes representa otro paso ético y político: reconocer el suicidio como fenómeno social y no como patología individual. La prevención, en este sentido, no se limita a la asistencia sino a reconstruir condiciones de sentido y pertenencia.

Los dispositivos comunitarios

En el marco del proceso de transformación institucional impulsado por el Plan Quinquenal de Salud (2023-2027) y el Plan Provincial Integral de Salud Mental (2022-2027), los Centros Comunitarios de Salud Mental (CCSM) y los Centros Provinciales de Atención (CPA) cumplen un rol central dentro de la estrategia de Atención Primaria de la Salud Integral (APSI). Estos dispositivos se sitúan en el primer nivel de contacto con la comunidad y participan activamente de los procesos de desinstitucionalización, de los cuidados y de la continuidad de cuidados en salud mental.

Como todo cambio de paradigma, la transformación institucional no se produce de manera inmediata. Por eso, resulta necesario contextualizar históricamente cada dispositivo: su misión inicial y las funciones que actualmente asume. Los CPA surgieron en la década de 1990 con un objetivo específico: la atención de los consumos problemáticos —entonces nombrados como “adicciones”—. Sin embargo, en los últimos años han sido reformulados, y sus equipos fueron capacitados para constituirse como Dispositivos Intermedios en Salud Mental (DISM).

A diferencia de los CPA, los CCSM nacieron en distintos momentos como dispositivos intermedios orientados a la salud mental comunitaria. En la actualidad atraviesan un proceso de fortalecimiento y redefinición, alineado con las políticas públicas vigentes.

Los DISM integran la Red de Atención y Acompañamiento en Salud Mental y Consumos Problemáticos de la provincia de Buenos Aires, junto con

  • los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) provinciales y municipales;
  • las Unidades Residenciales Provinciales (URP);
  • los hospitales generales provinciales y municipales;
  • los hospitales monovalentes psiquiátricos en proceso de transformación del modelo de atención;
  • las organizaciones de la sociedad civil (OSC);
  • las propias comunidades.

Desde su configuración inicial, los DISM funcionan como dispositivos de enlace y de continuidad de cuidados entre estos efectores y las personas con padecimientos mentales y sus familias. Constituyen un modelo de intervención especialmente adecuado para identificar y responder a las necesidades de quienes presentan mayores dificultades de acceso, requieren acompañamientos singularizados y suelen transitar trayectorias de atención fragmentadas. Su presencia en los municipios permite mejorar la accesibilidad, agilizar la respuesta a las demandas y facilitar la continuidad de los tratamientos.

Estos dispositivos pueden intervenir sobre factores que históricamente han limitado el acceso a la atención, tales como la disponibilidad de recursos, la falta de motivación o de información, las barreras culturales y la desconfianza hacia los servicios de salud, especialmente entre las poblaciones más vulneradas.

En el campo de la salud mental, los DISM se organizan como estructuras de apoyo comunitario destinadas a acompañar los procesos de cuidado y su continuidad, particularmente en las transiciones desde entornos de atención intensiva hacia la vida en comunidad. Su objetivo es promover la inclusión social y laboral, fortalecer las redes de apoyo, evitar internaciones y reingresos innecesarios, y favorecer la autonomía y el desarrollo de proyectos de vida independientes.

Ética del cuidado y horizonte de comunidad

El Plan Provincial de Salud Mental logró un 92,3 % de cumplimiento de sus metas, y la gestión anunció la construcción participativa del Plan 2027-2030, con enfoque interministerial y territorial. El desafío, según Nicolás Kreplak, no es solo sostener la red, sino reconfigurar el sistema sanitario desde una ética del cuidado que contrarreste la lógica de la crueldad.

Como enseñó Foucault, toda política de salud mental es también una política de libertad. El modo en que un Estado trata el sufrimiento dice más sobre su proyecto de sociedad que cualquier discurso económico. Allí donde otros gobiernos ven gasto, la provincia propone inversión en humanidad.

Freud advertía que una cultura se enferma cuando convierte el dolor en norma. La salud mental, entonces, no es una disciplina técnica sino un campo ético-político donde se decide si el sufrimiento será escuchado o descartado.

La Reforma Bonaerense en Salud Mental no es solo sanitaria: es reparatoria. Supone pasar del encierro al acompañamiento, del diagnóstico al vínculo, del estigma al derecho. Frente al avance de un discurso neoliberal que promueve la meritocracia del dolor, la salud pública bonaerense ensaya otro lenguaje: el del cuidado compartido, la solidaridad y la presencia estatal, donde no se invierten las causas por las consecuencias y las determinaciones sociales de la salud adquieren todo su valor en los procesos salud-enfermedad-atención, cuidados y continuidad de los cuidados.

En un tiempo donde la crueldad se volvió política de Estado y la desesperanza amenaza con volverse sentido común, la Reforma Bonaerense se levanta como una política de esperanza: un recordatorio de que aún es posible construir comunidad en medio del desamparo y donde la organización del sistema público y el trabajo colectivo de quienes lo sostienen son la garantía de que la salud mental siga siendo un derecho y no un privilegio.

Referencias bibliográficas

Alemán, J. (2019). Capitalismo: Crimen perfecto o emancipación. Paidós.

Amendolaro, R.; Calmels, J. y Malgá, M. (2025). Informe sobre Salud Mental en la Argentina. SALUD Pública, revista del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, 4.

Basaglia, F. (1972). La institución negada: informe de un hospital psiquiátrico. Barral.

Breilh, J. (2003). Epidemiología crítica. Ciencia emancipadora e interculturalidad. Lugar Editorial.

Calmels, J. (2023). Políticas del cuidado y salud mental comunitaria. Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires.

Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. En Obras Completas (vol. XXI). Amorrortu.

Fundación Soberanía Sanitaria, Asociación Civil Enclaves (agosto, 2025). Crisis de salud mental en Argentina: retrocesos, desafíos y urgencias. Informe FSS N.° 91. Disponible en https://drive.google.com/file/d/1JEzpqcvJ-5m3lYqTmGsXgiLOtLYerirf/view.

Kreplak, N. (2024). Política de salud pública y derecho al cuidado. Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires.

Lacan, J. (1972). Seminario 20: Aún. Paidós.

Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires (2023). Plan Quinquenal de Salud. Resumen ejecutivo. Disponible en https://www.ms.gba.gov.ar/sitios/wp-content/uploads/sites/244/2023/04/Resumen-Ejecutivo-Plan-Quinquenal-de-Salud.pdf.

Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires (2025). Plan Provincial de Salud Mental 20202025. Informe de gestión y avances. Dirección Provincial de Salud Mental y Consumos Problemáticos.

Organización Mundial de la Salud (2025). Informe mundial sobre salud mental 2025. OMS.

Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) (2024). Informe sobre bienestar y malestar psicológico en Argentina. Universidad Católica Argentina.

Subsecretaría de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias en el Ámbito de la Salud, Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2022). Plan Provincial Integral de Salud Mental. Hacia un sistema solidario e integrado de salud, 2022-2027. Disponible en https://tinyurl.com/3c8ns6cn.


  1. Presentación de Informe: Crisis en Salud Mental en la Argentina, Congreso de la Nación Argentina, CABA, agosto de 2025.
  2. Amendolaro, R.; Calmels, J. y Malgá, M. (2025).
  3. Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires (2023).
  4. Subsecretaría de Salud Mental, Consumos Problemáticos y Violencias en el Ámbito de la Salud, Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2022).
  5. Impulsan un Plan Integral para erradicar las violencias en el sistema de salud, 25 de julio de 2025. Más información en https://tinyurl.com/3njj2x7x.


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