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Capítulo 9: Eje discursivo

En el análisis de los fenómenos sociales, las tramas discursivas nos informan acerca de las coordenadas espacio-temporales, de las ideas prevalentes en un tiempo y de un contexto determinado en las que se da un fenómeno. Las TRTM forman parte de la biografía de miles de mujeres que recurren a la medicina reproductiva para lograr conformar una familia y que, en el curso de estos recorridos, trazan el contorno de un significante clave: el/la hijo/a ligado total o parcialmente a través de la genética con sus progenitores. Alrededor del sentido conferido a la descendencia vinculada genéticamente se edifican discursos elaborados individualmente pero socialmente sedimentados que enlazan otros eslabones vinculados al tiempo biográfico, la conexión genética y el riesgo. De este modo, se forma una cadena mayor de significados en torno a la reproducción tecnomediada.

Siguiendo a Kornblit, en la investigación social, la «búsqueda de significaciones se realiza tomando como base el lenguaje», entendiendo a este no como un medio instrumental de transmisión de información sino como «expresión de lo social» (Kornblit, 2004: 9). En este sentido, resulta fundamental atender a la dimensión discursiva de la reproducción tecnomediada que, por su carácter performativo, moldea las trayectorias bajo estudio. En esta dirección, el presente capítulo analiza las dimensiones discursivas de las TRTM.

Desde la noción de performatividad propuesta por Austin (1982) y retomada por Butler (2001), se considera que el lenguaje no puede reducirse a actos de enunciación meramente descriptivos. Al enunciar se construye aquello que se nombra puesto que, al atribuir ciertas características y desestimar otras, se crea un recorte jerarquizado de la realidad. Siguiendo a Rozas (2016: 286), «En la medida en que el acto de habla se reitera, oficia de sedimento, donde el aspecto ritual y la capacidad performativa del lenguaje instalan efectos ontológicos». En este sentido, los objetos del mundo real y las experiencias vividas por los sujetos forman parte de una realidad construida por el lenguaje en virtud de su capacidad para crear lo que se nombra.

Continuando esta lógica, en los discursos acerca de la reproducción tecnomediada, la genética y el riesgo se solidifica un conjunto de referencias a partir de los cuales las mujeres valoran el lazo genético y la intermediación tecnológica, jerarquizan sus opciones clínicas y las convenciones sociales vigentes en su contexto. El hijo/a propio/a es un significante clave dentro de la reproducción tecnomediada: constituye un propósito que guía la trayectoria pero difícil de alcanzar. Así, para las mujeres que atraviesan la infertilidad, la reproducción tecnomediada es percibida como la ayuda o el complemento científico-tecnológico que permitirá lograrlo.

Las TRTM involucran una retórica de la genética a partir de la cual las usuarias interpretan las experiencias que atraviesan y toman decisiones que moldean sus recorridos. Entendidas en sus dimensiones discursivas, y en el marco de la retórica de la genética, nociones empleadas para dar cuenta de la diversidad de interpretaciones puestas en práctica en las TRTM, adquieren su sentido social. Nociones de profunda utilidad para comprender las experiencias y significados de las mujeres que acceden a la medicina reproductiva tales como el duelo genético (Gallo, 2020), la uterización del vínculo (Vierra Cherro, 2015), la preferencia por el parecido físico, la negociación entre la crianza y la gestación revelan su sentido discursivo, y por lo tanto social, si las entendemos como parte de una retórica amplia que vincula la dimensión biográfica con la dimensión estructural de la reproducción tecnomediada.

La retórica de la genética constituye un conjunto heterogéneo de referencias, discursos y prácticas en torno al lazo filial que se vincula con la identidad individual, familiar y social. A su vez, la retórica de la genética puede ser desglosada en dos: una retórica de la correspondencia y una retórica de la contingencia. Aunque a través de diferentes conexiones discursivas, ambas retóricas conectan el ADN con la pertenencia familiar.

En el marco de la retórica de la correspondencia, la descendencia se incorpora a la unidad familiar en virtud de lazos biológicos. La correspondencia genética dada por la sangre y el ADN se constituye como referencia discursiva a partir de la cual ingresar y permanecer en la medicina reproductiva y a partir de la cual decidir con qué técnicas se experimentará y cuáles quedarán fuera del repertorio aunque la familia sea definida como fruto de la elección. El parecido físico, los talentos y formas de ver el mundo que de ellos derivan aseguran la correspondencia entre progenitores e hijos/as.

La retórica de la contingencia involucra un conjunto de sentidos en los cuales la familia es un proyecto atravesado por coordenadas biográficas y afectivas. En este encuadre, y en contraste con la retórica de la correspondencia, la conexión genética admite graduaciones dado que pondera el rol social de la crianza por sobre el ADN. En este sentido tanto la utilización de gametos de terceros como la adopción emergen como telón de fondo discursivo con los cuales se entabla el diálogo de las TRTM. En relación a la primera posibilidad, se registró una distinción entre la recepción de óvulos y la recepción de esperma, favoreciendo a la ovodonación en detrimento de la espermodonación.

En efecto, en los datos relevados prevalecieron los tratamientos homólogos (107 en total) por sobre los heterólogos (3). En esta dirección, 10 de las 22 entrevistadas se mostraron renuentes al uso de material genético donado, estableciendo una distinción entre la ovodonación y la espermodonación. La recepción de esperma fue rechazada por la totalidad de las entrevistadas excepto por Selena que recurrió al esperma de un donante por ser madre soltera por elección. En el resto de las entrevistadas, todas en parejas con varones, el rechazo provino mayormente de sus parejas, quienes objetaron esta técnica para lograr la concepción.

Con respecto a la ovodonación solo cuatro de ellas se manifestaron de acuerdo y dos la llevaron a cabo: Yanina, del segmento de hasta 35 años de edad de nivel educativo alto y Luciana, de 36 años y más de nivel educativo alto. Cercanas a la retórica de la contingencia, las tres trayectorias de tratamientos heterólogos (Yanina, Selena y Luciana) se realizaron relativizando el lazo genético como fundamento exclusivo del proyecto maternal y recalcando la importancia la crianza en los vínculos filiales. En cuanto, a la adopción, las entrevistadas se refirieron a ésta solo en caso de que ninguna instancia clínica resultara en un embarazo.

9.1. La retórica de la genética en el análisis de las trayectorias de reproducción tecnomediada

La retórica de la correspondencia, como se mencionó, es una combinación de referencias, discursos y prácticas en torno al lazo filial que vincula el ADN con la identidad individual, familiar y social. Dentro de la retórica de la correspondencia, la transmisión genética emerge como garantía de pertenencia familiar y también como sello de la unión familiar. El parecido físico, los gustos y habilidades vehiculizadas a través del ADN y compartidas entre madres/padres e hijos/as fundamentan la opción de buscar un hijo/a genético/a aunque, en algunos casos, este propósito implique realizar numerosos intentos con el consecuente riesgo físico, emocional y económico que esto puede suponer.

Concebida con los propios óvulos y espermatozoides, la descendencia genéticamente correspondiente es definida como propia, esto es, como parte integrante de una unidad familiar mayor. La pertenencia del niño/a a la unidad familiar es posibilitada por el ADN y por los gustos, habilidades y formas de ver, rasgos físicos compartidos que éste vehiculiza. El ADN se erige en el sustrato biológico que facilita el lazo social desplegado a lo largo de la crianza y a partir del cual se construyen formas de ser compartidas entre madres/padres e hijos/as. En palabras de Emilia:

yo creo que para él [marido] es como que seguir, no sé, el linaje, pero… Él quería la panza, él quería que el bebé fuera de él… (Emilia, 36 años y más, nivel educativo alto, centros privados)

Linaje, continuidad, propiedad: estas imágenes emergen entrelazadas en el fragmento anterior a través de la gestación («Él quería la panza, él quería que el bebé fuera de él»). En las entrevistas, la posesión de las/os madres/padres respecto de los hijos/as se fundamenta en la continuidad genética y en una definición del ADN cuyo significado social rebasa la definición estrictamente médica y científica. Tal como expresa Viviana, entre madres/padres e hijos/hijas circula el mismo tipo de sangre, vehículo del ADN y garante del lazo filial:

bueno, es nuestro, de nuestra familia, ¿viste? De integrarlo al grupo… a nosotros. Es como que, uno dice, ‘sí, es nuestro, de nuestra sangre, de nuestra familia’. Y como decir ‘bueno’ Hoy podemos decir que tenemos un parecido físico, pero después es todo lo que uno transmite (Viviana, 36 años y más, nivel educativo alto, centros privados)

Al afirmar «es nuestro, de nuestra sangre, de nuestra familia», Viviana concatena la posesión con la sangre y con la pertenencia a la familia, eslabonando significados de diverso orden a través de la correspondencia genética. En línea con lo anterior, la posesión y la pertenencia familia sellada con el parecido físico continúa a través de formas de ser y de habitar el mundo compartidas.

En la muestra relevada para este estudio, los rasgos físicos compartidos emergen como el reflejo visible de la correspondencia en las formas de ser y de habitar el mundo compartidas. En esta referencia el/la hijo/a es significado/a como un duplicado de los padres/madres. Sin embargo, aquí emerge en un sentido distinto al relevado por Brettschneider, que profundiza en la oposición entre la «la bio-familia» como el original «y la familia adoptiva una copia o espejo» (2006: 81-82). En la muestra entrevistada, la copia no adquiere el sentido peyorativo con que designa a las familias creadas mediante la contingencia genética sino como el haber alcanzado la aspiración de la correspondencia genética. La referencia a la copia, que en la literatura especializada emerge como expresión de una estratificación o jerarquización reproductiva[1] (Brettschneider, 2006: 83) en el marco de esta muestra adquiere un valor positivo. En las palabras de Beti:

yo la veo a ella y es como que veo reflejado a mi marido, porque para mí es el calco del padre, tiene ciertos gestos, ciertas cuestiones, eh… y ya te digo, por ahí el hecho de haberla llevado adentro es una cosa espectacular (Beti, hasta 35 años, nivel educativo alto, centros privados)

Así, dados los atributos que se le confieren a la conexión genética para crear lazos, gustos y semejanzas, se invoca un núcleo retórico frecuentemente relevado (Thompson, 2005; Cardaci y Sánchez Bringas, 2009): el de agotar las posibilidades para el logro de la fecundación. En los datos relevados, esa referencia se emplea específicamente para el logro del embarazo con el material genético de la pareja. Tal como expresa Mabel, y por los términos empleados por su médico, es saliente que las chances de lograr el embarazo con el material genético de la pareja eran bajas. Aun así, y en el marco de una trayectoria que ya alcanzaba los diez ciclos, siguen intentando conseguir la anhelada correspondencia genética. Tal como expresa Mabel:

el médico me decía, ‘mientras haya espermatozoides y haya óvulos, el milagro se puede dar’. Entonces seguimos, seguimos buscando. Tampoco nuestra opción era la adopción… Yo sentía que no, que no estábamos preparados ninguno de los dos, preparados para adoptar (Mabel, 36 años y más, nivel educativo bajo, centros privados de fertilidad)

En este sentido, «agotar todas las posibilidades» simboliza la búsqueda de un límite orgánico que clausure la búsqueda de la concepción homóloga. Solo si el cuerpo dicta que esta no es posible, se realizará la apertura biográfica hacia nuevas técnicas que involucren la donación de material genético o la adopción.

La retórica de la correspondencia supone una contraposición constante y compleja con la retórica de la contingencia. Solo si fuera imposible lograr la concepción con el material genético propio se acepta, gradualmente, el empleo de material genético donado o la adopción, formas de concretar el proyecto maternal que no dependen del sustrato biológico.

Para las mujeres entrevistadas, la correspondencia genética es la máxima aspiración, pero frente a las dificultades para concebir se imaginan escenarios y se evalúan diferentes alternativas. Entre ellas, son frecuentes las referencias a la mayor legitimidad conferida a la ovodonación y el mayor rechazo a la espermodonación y a la adopción. Así lo expresa Amalia:

óvulos sí, no habría problema… Esperma mi marido no lo permitiría… adoptar no, ya lo hablamos y no, mi marido dice que no le gustaría, que en ese caso prefiere que no tengamos, y aparte estaríamos años esperando (Amalia, hasta 35 años, nivel educativo bajo, servicio público de fertilidad)

Como vemos en el fragmento antes citado, las opciones contempladas se evalúan en relación a las expectativas de proximidad genética. En los óvulos donados no se deposita la misma desconfianza que en la espermodonación o en la adopción: «Esperma mi marido no lo permitiría… adoptar no». El contraste entre la correspondencia y la contingencia se sostiene en una representación del lazo genético logrado con material genético de terceros como posible transmisor de valores negativos, asociados a enfermedades hereditarias, alteraciones cromosómicas, conductas riesgosas de las gestantes o de quienes aportan material genético. Así, ese lazo genético en el cual se le depositan las expectativas de similitud fenotípica y de valores y gustos compartidos, puede ser también fuente de incertidumbre. Al emplear material genético de terceros/as, el/la hijo/a se distancia de la lógica de la posesión para aproximarse a la idea de préstamo. En palabras de Rocío:

no lo haría porque es (…) no es, es hijo tuyo, o sea, si vos hacés donación de óvulos, o haces donación de esperma todo bien, lo cría otro, pero al momento por ejemplo de un trasplante tenés que buscar al padre o a la madre, porque no es tuyo. O sea, no es tuyo, no estás… Yo no lo haría particularmente (…) en una adopción vos sabes lo que estás haciendo. En la otra es, no va tener nunca tus genes, y si pasa algo, tenés que salir a buscar a la persona que te lo donó. Porque necesitás el ADN de la persona que te lo donó. Pero bueno, sí haría, por ejemplo, si no tuviera, yo estos problemas, el tema del, del prestar el útero. Eso sí lo haría. (Rocío, hasta 35 años, nivel educativo bajo, servicio público de fertilidad)

Estos fragmentos pueden analizarse desde la idea de «ideologías de la herencia genética» desarrollada por Franklin (2003: 74). Este concepto fue elaborado por la autora para abordar el caso de una mujer que busca reconectarse con una tía materna a fin de obtener una muestra de sangre materna para tratar un cáncer de mama, pero resulta esclarecedor para quienes rechazan dichas prácticas. En sintonía con este planteo, Rocío imagina un caso hipotético similar al planteado por Franklin en aquel estudio: «al momento por ejemplo de un trasplante tenés que buscar al padre o a la madre, porque no es tuyo». Desde este escenario, Rocío justifica su rechazo a la recepción de gametos de terceras personas ya que, en caso de requerir sangre o material genético, imagina que ella no podría proporcionarlo. De este modo, real o imaginada, la incompatibilidad sanguínea u orgánica, demostraría que ese hijo/ hija no es suyo por cuanto no comparten la información genética. Situaciones hipotéticas como ésta ponen de relieve las ideas en torno a lo propio y a lo ajeno, a la posesión y el préstamo, a lo familiar y lo extraño. Si es necesario recurrir a un/a otro/a que aporta gametos para el logro del embarazo, los padres/madres se posicionan en una situación de necesidad frente a los/as aportantes de material genético y a la vez que certifican la deuda genética en relación a su hijo/a, a quien no le pueden dar aquello que necesita para sobrevivir.

Cuando se recurre a material genético de terceros o a la adopción, el riesgo de que ese niño/a no se integre a la unidad familiar aumenta. De ahí que las opciones tecnorreproductivas asentadas en la contingencia genética sean sindicadas como cualitativamente menos significativas.

lo charlamos [la posibilidad de adoptar] pero primero queríamos agotar todas las otras instancias, para, para, o sea hasta que el médico el doctor nos dijera ‘bueno chicos, hasta acá llegamos, ya no vamos más. Si ustedes quieren’ dijo ‘van a tener que optar por esto o la donación de óvulos o la donación de espermas o el alquiler de un vientre o lo que fuera’ (…) iba a ser una probabilidad llegado el caso. Pero primero queríamos, ya te digo, agotar absolutamente todas las instancias (…) y hubiera sido un error (Graciela, 36 años y más, nivel educativo alto, centros privados)

La descendencia parcialmente correspondiente o sin correspondencia genética emerge en figuras tales como el embrión descartado o los niños y niñas institucionalizados en el sistema de adopción. En la totalidad de las entrevistas -independientemente del nivel educativo y el rango etario- estas figuras emergen como posibilidad con la cual se dialoga y se confronta. El uso de material genético de terceros y la adopción conforman un telón de fondo sobre el cual se reafirman decisiones que constituyen el recorrido. En este sentido, la adopción emerge como una posibilidad existente pero clausurada. Más allá de la ponderación de la crianza en la conformación de una familia solo tres entrevistadas manifestaron estar inscriptas en el registro de adopción; para las restantes, la adopción es una posibilidad clausurada. En las palabras de Lorena y Sofía, esta ponderación es expresada del siguiente modo:

vos querés tu hijo… Quiero yo, llevarlo vos y tenerlo vos, es así. Otra explicación no sé, no sé me… no lo pensás (…) Por ahí nos ponemos a mirar a quien se parece a uno, al otro, pero no influye que digas se parece a uno, se parece al otro. (Lorena, hasta 35 años, nivel educativo bajo, servicio público de fertilidad)

nunca, nunca se me cruzó, adoptar. Mi marido tiene hijos, él tiene. Son todos grandes, el más chico de él tiene 18. Y él una vez me dijo… ‘tenemos la posibilidad de adoptar’ y yo dije, ‘yo quiero un hijo mío, que salga de mí. No quiero adoptar’. No, nunca eh… sé que hay muchos chicos que por ahí necesitan, pero yo quería algo mío (…) Ahora estamos en ‘¿a quién se parece?’, y me dice ‘la genética es mía’, yo le digo ‘las gana que tenés, es mía, los genes de él son todos míos’. Y… nada, lo miramos, lo miramos, lo miramos (Sofía, hasta 35 años, nivel educativo bajo, servicio público de fertilidad).

Si la adopción constituye una posibilidad existente pero a la que no se encuentran dispuestas a recurrir («yo quiero un hijo mío, que salga de mí. No quiero adoptar»), las tecnologías de reproducción asistida, emergen, este punto, como la vía para restituir aquella función reproductiva que en las parejas heterosexuales infértiles se ve resquebrajada. Para quienes aspiran a la correspondencia genética, las tecnologías reproductivas imitan la reproducción sexual, la complementan, de ahí que realicen mayor cantidad de intentos hasta lograr un hijo/a genéticamente ligado/a. aquí, las tecnologías reproductivas son representadas discursivamente por las entrevistadas como garantía de continuidad entre naturaleza y cultura.

Asimismo, la correspondencia genética se vincula con la idea según la cual el embarazo simboliza la unión de la pareja. Virginia y Graciela lo expresan del siguiente modo:

mi marido quería tener un hijo propio (…) viste que es importante tener hijo, un hijo natural porque qué sé yo, vos ves, te ves, este, en él a ver si tenés los mismos gestos, la misma boca (Virginia, 36 años y más, nivel educativo bajo, servicio público de fertilidad)

simbolizaba muchas cosas, simbolizaba… primero y principal mi unión como pareja y mi demostración, hacia mi pareja de, eh… lo que yo sentía por él. Del afecto que yo, del afecto, del amor y de lo incondicional de lo que yo había hecho, de lo que hice y haber logrado embarazarme para darle un hijo (Graciela, 36 años y más, nivel educativo alto, centros privados).

En la muestra entrevistada, esta idea permea con mayor fuerza en el rango de edad mayor de 35 años, tanto en el nivel educativo alto como en el bajo. En estos rangos etarios, el embarazo aparece principalmente, como un proceso por el cual la mujer da algo preciado al marido y ratifica la unión conyugal la pareja. Estos fragmentos ponen de relieve que los procesos bajo estudio «refuerzan nuestras nociones de que la familia y el parentesco están anclados en lazos genéticos» (Finkler, 2000: 43) y que las TRTM se configuran a través de la negociación entablada con ambas retóricas.

Para quienes interpretan su recorrido desde la retórica de la contingencia, recurrir a material genético de terceros/as incrementa las posibilidades de lograr el embarazo en menor tiempo y sin arriesgarse a perder los intentos cubiertos por la obra social. La recomendación médica de emplear óvulos donados no se ofrece con la misma celeridad en todos los casos puesto que, tal como emerge en los datos relevados, deben considerarse diferentes variables médicas, subjetivas y de acceso económico. Al mismo tiempo, puede explicarse por la prevalencia de la retórica de la correspondencia, tanto entre los/as especialistas, encargados de ofrecer las distintas técnicas como entre las mujeres entrevistadas.

La retórica de la contingencia emerge en aquellos casos en los que se intentó concebir con el propio material genético sin conseguirlo. Yanina, de 32 años -una edad bastante temprana en comparación con las entrevistadas de más 36 que siguen intentando con sus propios óvulos- recurrió a la ovodonación por consejo de su médico y aceptada por ella para evitar demoras. Según Yanina, la decisión de recurrir a la ovodonación fue tomada del siguiente modo:

la última opción que quedaba, que nos presentaron en el momento, que por ahí hay clínicas que te hacen perder el tiempo y te hacen hacer otra vez el mismo tratamiento… entonces [nuestro médico] nos dijo no, si solo pudieron sacar un óvulo, les conviene, si la obra social te da tres intentos, te cubre tres fertilizaciones, te conviene ovodonación (Yanina, Nivel educativo alto, hasta 35 años, centros privados)

En el marco de trayectorias cuya temporalidad aparece como indetenible y para evitar cualquier pérdida de tiempo, en su estimación sopesó las expectativas genéticas y las posibilidades concretas («si la obra social te da tres intentos, te cubre tres fertilizaciones, te conviene ovodonación»), prevaleciendo las últimas sobre las primeras. En el caso de Selena, que recurre a un donante de esperma, también se evalúan tiempos y alternativas:

me separé y quería ser mamá, y como estaba sola decidí hacérmela con donante (…) quería ser mamá y qué bueno algún día podría tener pareja, si bien todavía no estaba en rojo, no tenía mucho tiempo para ser mamá (Selena, hasta 35 años, nivel educativo alto, centros privados)

En su trayectoria evaluó, por un lado, los años de edad fértil que le quedaban por delante, en función de lo que representa como un límite cercano («no tenía mucho tiempo para ser mamá») y, por otro lado, la incertidumbre respecto de formar una nueva pareja («algún día podría tener pareja»), apreciación a partir de la cual decidió encarar su maternidad como madre soltera por elección.

Para las mujeres que recurrieron o que proyectan recurrir a estas técnicas, fue preciso desplegar un procedimiento retórico a partir del cual mitigar la distancia genética con el embrión. En estos casos en los que la fecundación ocurrió a través de gametos de terceros, la gestación y el parto reafirman la pertenencia del/la niño/a a la unidad familiar de la que formará parte. En relación a este punto, Viera Cherro se refiere al concepto de uterización del vínculo genético como «el procedimiento cultural de enfatizar el vínculo uterino» (2015: 124). En estos casos, el trabajo biológico de la mujer restituye la conexión genética que decrece con la donación. Según Virginia:

para mí estaría bien [recurrir a un óvulo donado] porque igual va a ser mío, porque lo voy a tener yo adentro mío, lo voy a parir yo, entonces es mío. No es… no va a ser de la chica y… de otra chica y de mi marido. Va a ser mío, soy yo la que lo va a tener adentro, soy yo la que lo va sentir. No me… no me afecta, no me afecta eso. No, porque yo sé que fue a base de un tratamiento. No sé, no, no me afecta, no sé, no pienso nada malo tampoco, no… no sé. Creo que estaría bien, creo, no sé, o es lo que quiero (Virginia, 36 años y más, nivel educativo bajo, servicio público de fertilidad)

Como vemos, la posesión del/la hijo/a reemerge, con un nuevo sentido, en los casos en los que se evalúa el empleo de óvulos donados. Aquí, atravesar el embarazo y el parto morigera el sufrimiento que produce el distanciamiento respecto del ideal del hijo o hija genéticamente ligado a la vez que restituye algo de la posesión sobre el/la hijo/a logrado a partir de un préstamo.

En el caso de Luciana, la ovodonación se constituyó en una posibilidad luego de atravesar un cáncer de mama: su capacidad ovárica se encontraba comprometida respecto de la producción de óvulos y, al mismo tiempo, no podía atravesar otro proceso de estimulación para la producción de folículos propios.

Óvulos después de la quimioterapia no existían casi o sea tenía menos chances que antes y bueno sabía que el único tratamiento posible era de la ovodonación (…) una opinión personal muy subjetiva, me enfermé básicamente, creo yo, por mi imposibilidad de lograr ser madre. En ese momento que yo no lo podía aceptar (…) sabía que no había otra opción… no había otra chance entonces no me costó no nos costó a ninguno de los dos (Luciana, 36 años y más, nivel educativo alto, centros privados)

Tal como emerge en el relato de Luciana, a lo largo de su trayectoria atraviesa las diferentes instancias de la reproducción tecnomediada. Comienza con relaciones sexuales en el marco de su pareja, luego realiza dos intentos de baja complejidad y uno de alta complejidad, todos tratamientos homólogos. Luego de este intento, detectan un cáncer de mama estrógeno dependiente, es decir, para el cual tenía una predisposición genética pero que, al atravesar la estimulación ovárica, éste se manifiesta. A partir de ese momento, pone una pausa de 5 años en su trayectoria al cabo de la cual intenta mediante en dos ciclos mediante ovodonación. También de resultado negativo, finalmente decide junto a su pareja, inscribirse en el registro de adopción, proceso que pudieron concretar al adoptar dos niños y que relata de la siguiente manera:

no me costó esa decisión de no saber, de saber muy poco de los orígenes de dos niños adoptados, en la ovodonación, yo no le veía mucho la diferencia [con respecto a la ovodonación]. Un médico me dijo ‘vos no sabés si el óvulo, si la mujer se drogó’. Y yo le digo, ‘yo estoy anotada en el registro tampoco, o sea, no voy a saber si se drogó durante el embarazo, o si es alcohólica’ (…) pero no, ya había hecho el duelo del hijo biológico mío, o sea que ya me era indistinto (…) la maternidad pasa por otro lado (Luciana, 36 años y más, nivel educativo alto, centros privados)

En su trayectoria, a medida que intenta con diferentes técnicas, Luciana pondera la contingencia indicando que, para ella, el vínculo filial se edifica sobre la base de la crianza por sobre el origen genético de sus hijos («la maternidad pasa por otro lado»).

De acuerdo a los datos relevados, la correspondencia genética es la aspiración de máxima frente a otras opciones de menor categoría, como el recurrir a material genético de terceros o la adopción. La clasificación práctica que puede reponerse de las entrevistas nos indica que cuando la descendencia comparte la sangre, el ADN y los rasgos fenotípicos, la pertenencia al núcleo familiar se da inmediatamente. Pero, cuando el material genético propio impide la fecundación se abre el espectro, incorporando técnicas que antes no se encontraban en el horizonte de posibilidades. En este sentido, las trayectorias bajo estudio ponen de manifiesto las negociaciones entabladas entre las posibilidades de correspondencia y contingencia genética y los riesgos. Se trata de estimaciones prácticas entre la carga genética esperada entre padres e hijos/as y riesgos de distinto signo a partir de los cuales se construyen las trayectorias en el campo de la medicina reproductiva.

En este sentido, para sortear los numerosos interrogantes y tomar decisiones con la asiduidad que las TRTM requieren, las mujeres entrevistadas entablan complejas articulaciones entre el riesgo físico o psicológico que perciben y las posibilidades inauguradas por la ciencia. Sin embargo, las decisiones y percepciones, así como el acceso a estudios diagnósticos y prácticas biomédicas encuentran en los recursos económicos un límite preciso: se trata de la dimensión estructural de las TRTM cuyo análisis se presenta en el próximo capítulo.


  1. En su abordaje de las familias adoptivas, Brettschneider sostiene que: «Presentadas como un artificio, las familias adoptivas a menudo se representadas como copias, duplicados, imitaciones, representaciones, reemplazos, sustitutos, simulaciones, y / o réplicas. A través de los procesos involucrados en la duplicación, en imitar estrategias diseñadas para replicar las biofamilias, podemos ver que hay hay variaciones entre formas familiares. Como familias “alternativas”, son ficciones, legales o de otro tipo, y así elementos de subjetividad entran en la imagen» (2006: 83). La jerarquía reproductiva emerge, en este punto, como opisicón entre el original y la copia, entre lo natural y lo legal. Estas enunciaciones emergen y pueden ser empleadas para problematizar la retórica conformada alrededor del vínculo genético entre padres/madres e hijos/as.


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