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Introducción

En un acto altruista, Cecile Eledge, una mujer de 61 años da a luz a una niña para su hijo Elliot y Matthew, su pareja[1]. ¿Cómo se define el parentesco de la mujer con la niña en este caso? ¿Corresponde considerarlas abuela y nieta, respectivamente? ¿O, por el contrario, debemos considerarlas como madre e hija, teniendo en cuenta que fue Cecile quien puso a disposición su cuerpo y su útero durante la gestación? ¿Podrá la niña ser amamantada? Baujke y Talitha, una pareja de mujeres tiene el óvulo y el útero necesarios para gestar pero no el esperma. En su búsqueda, acuden a una pareja de varones, Oskar y Jan, quienes pueden aportar el esperma pero a diferencia de Baujke y Talitha, no pueden gestar. Más allá de la complementariedad entre las búsquedas de unos y otras, y en el caso de que la concepción se produzca, Oskar y Jan manifiestan su deseo de formar parte de la crianza del niño/a resultante de dicho proceso[2]. Finalmente, Talitha da a luz a una niña que será criada por los cuatro ¿La niña tiene dos padres y dos madres? ¿Cómo se repartirá el tiempo entre ellos? Y si alguna de las parejas atraviesa un divorcio, ¿cuáles serían las implicaciones en la custodia, considerando las diferentes graduaciones del lazo biológico que mantienen con la niña? ¿Qué ideas se han movilizado para que el uso práctico del útero y del esperma en estos casos sea disociado de quienes los proveen?

El siglo XXI ha visto florecer una industria tecnorreproductiva que ofrece servicios y opciones acordes a las necesidades de quienes acuden a ellas. En el año 2007, antes de que las clínicas de fertilización asistida y los bancos de gametos desembarcaran en Internet, encontré el sitio psicofxp.com, una web que abarcaba temáticas diversas y que funcionaba como un espacio similar a los antiguos avisos clasificados de los periódicos impresos. En ese sitio web, los usuarios proponían distintos temas de discusión y quienes cumplían el rol de moderadores, establecían algunas pautas para aquellas interacciones. Uno de los temas propuestos, «¿Donarías Semen a un Banco?» llamó mi atención.

En aquel foro, todos los temas relativos a la reproducción podían encontrarse en un mismo hilo, es decir, se trataba de un espacio virtual en el que podían encontrarse temáticas sumamente disímiles entre sí:

«NESECITO [sic] DONANTE DE ESPERMA en Buenos Aires — Capital Federal Ubicación: Capital Federal, Argentina. BUSCO DONANTE DE ESPERMA ALTO PELO CASTAÑO DE OJOS VERDES Q NO SEA NARIGON T CON CERTIFICADO DE HIV»

«Ayer hablando con una amiga tomamos una decisión si a los 35 estamos solteras (…) nos vamos a un banco de esperma según vi en la TV, hay como catálogos donde vienen como los datos del padre, raza, color de pelo, ojos, para no llevarte una sorpresa después, también salía que hay como un cierto número tope de ‘hijos’ para cada donador de esperma, así no te aparecen 100 hijos de la nada un día»

«¿Qué pasa si un hijo fruto de mi donación se enamora de una hija fruto de mi donación, y luego tienen hijos? ¿O si tu hijo fruto de donación se enamora de tu hija ‘legítima o reconocida’ o también por qué no… algún pariente cercano… como tíos menores y cosas por el estilo?»

Desplegar y recorrer los diferentes foros me produjo un profundo interés por las nuevas formas de concebir posibilitadas por la ciencia y la tecnología. A la vez, me despertó una serie de interrogantes relativos a la donación de gametos en virtud de las opiniones vertidas por moderadores y foristas. Comencé a indagar en artículos online sobre tecnologías de reproducción humana asistida y a preguntar a algunos médicos conocidos si en la ciudad en la que resido, Bahía Blanca (Provincia de Buenos Aires) había clínicas que ofrecieran esos servicios. Suscitó mi interés no solo la información expuesta en cada artículo, sino aún más los comentarios de lectores y lectoras en torno a la temática. En general, los artículos periodísticos presentaban las prácticas de reproducción humana asistida como un fenómeno en ciernes, sobre el cual se contaba con escasa información. Entre lectores y lectoras, el tema motivaba debates y confusiones.

A principios del siglo XXI, para quienes decidían intentar tener un hijo a través de estas tecnologías, los óvulos se conseguían principalmente mediante donación altruista, en tanto que el esperma podía comprarse. Es así que en un artículo del año 2001 podía leerse lo siguiente:

«Los ovocitos son donados normalmente por mujeres que realizan tratamientos contra la infertilidad, no los utilizan y los donan. Otras veces los dona una hermana, por ejemplo. Pero el semen se paga. Esto tiene que ver con el secreto y los tabúes masculinos. Los hombres no quieren decir que son infértiles, no aceptan pedir a un hermano o a un amigo la donación. Por eso prefieren pagar, pero conservar el anonimato (…). Es que creen que al no tener una cantidad suficiente de espermatozoides alguien podría pensar que les falta potencia sexua» l[3] (La Nación, mayo de 2001).

En un principio, y en virtud de la información disponible, vi en este fenómeno una manifestación de la valoración diferencial de lo masculino y lo femenino ya que los óvulos se conseguían gracias a acciones altruistas de una mujer cercana, amiga o familiar, mientras que el esperma, que podía comprarse, quedaba comprendido como una transacción económica. Interpreté la intervención del dinero en este intercambio entre donante y receptores de esperma como un pacto orientado a salvaguardar los ideales normativos de la masculinidad, que asocia la capacidad de fecundar con la virilidad. La incorporación del esperma al campo de fertilización asistida en tanto valiosa mercancía sugería que el pago silenciaba la necesidad de recurrir a otro hombre para lograr la fecundación. Así también, la espermodonación aparecía como el recurso principal para mujeres mayores de 40 años que deseaban tener descendencia sin estar en una relación heterosexual. En los diferentes artículos se las representaba como mujeres que -enfocadas en su desarrollo profesional- habían postergado la maternidad más allá del límite de edad natural y que buscaban revertir esta situación a través de un costoso y sofisticado tratamiento. De esta forma, comencé a investigar la reproducción tecnomediada entendiendo que las mujeres que recurren a ella lo hacen mucho antes de ingresar al consultorio médico o a la aspiración de los óvulos: su ingreso a la medicina reproductiva comienza desde el momento en que el deseo y la imposibilidad de gestar por la vía sexual irrumpen en su biografía.

Resultante de esta primera aproximación, me pregunté por las implicaciones sociales de estas prácticas biomédicas que desde su surgimiento proponen reconfiguraciones familiares y del parentesco. Reflexionar hacia qué otras modalidades se dirigen estos cambios es una empresa ambiciosa puesto que, en sus inicios, las tecnologías reproductivas eran muy limitadas mientras que hoy en día, las posibilidades técnicas se han multiplicado y con ellas, han surgido nuevos interrogantes acerca de los usos y límites de la ciencia (Strathern, 2005). Desde aquel momento a la actualidad, las tecnologías reproductivas se han conformado en un especial campo: el de la medicina reproductiva. En este campo de actuaciones convergen los cuerpos, las sustancias que estos producen y las subjetividades: la reproducción tecnomediada es inescindible de las redes de significación (Bertaux, 1981) que construyen quienes recurren a este campo biomédico. Al mismo tiempo, los avances científicos y tecnológicos se entrelazan con las dimensiones de significación antes mencionadas, conformando una densa trama de relaciones materiales (que involucran al cuerpo, el material genético, las tecnologías reproductivas en sí mismas) y simbólicas (las diversas formas de representar el parentesco, la familia y el lazo genético y la pertenencia a un espacio social).

Desde aquellas primeras aproximaciones, resultó evidente que las dimensiones sociales de la reproducción tecnomediada conforman un área de especial interés para la Sociología ya que los aspectos biomédicos son inescindibles de sus dimensiones sociales y culturales. Los procesos mencionados, las lecturas y las situaciones señaladas me condujeron a la formulación de la reproducción tecnomediada como un problema a investigar en la ciudad de Bahía Blanca. La tesis parte de considerar que, en el contexto de una ciudad del interior provincial como es la ciudad de Bahía Blanca, la importancia asignada a la producción de descendencia en general, y a la correspondencia genética, en particular, se vincula con la prevalencia de sentidos hegemónicos en torno a la familia (Strathern, 1992a, 1992b; 2005; Roberts, 2012; Ariza, 2010, 2016, 2017; Irrazábal y Johnson, 2019; Johnson, 2019) que enfatizan en el lazo biológico como fuente de legitimación. La vigencia de los sentidos heterocentrados en torno a la familia registrados en la muestra entrevistada se vincula con características propias de la ciudad tales como el tamaño de su población, la recepción de migrantes pueblos agrícolas aledaños, una oferta limitada de tratamientos tecnorreproductivos y la influencia de los discursos religiosos de la iglesia[4]. A pesar de su carácter conservador, la ciudad comienza a experimentar una creciente -aunque lenta- apertura al pluralismo de sentidos (Berger y Luckmann, 1997) propio de la modernidad líquida (Bauman, 2003).

El objetivo general de la tesis doctoral es analizar las trayectorias de reproducción tecnomediada de mujeres residentes en la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, Argentina, entre 2010 y 2019. Como objetivos específicos se propone, en primer lugar, examinar los modos de significación de la genética que configuran las trayectorias de reproducción tecnomediada. En segundo lugar, se orienta a caracterizar la percepción del riesgo que las mujeres entrevistadas desarrollan a lo largo de su trayectoria. En tercer lugar, se propone construir tipos de trayectorias de reproducción tecnomediada de acuerdo a la estimación práctica entre genética y riesgo que realizan las mujeres que recurren a las tecnologías reproductivas.

Las preguntas que guiaron la investigación son: ¿Cuáles son los significados en torno a la genética a partir de los cuales se configuran las trayectorias? ¿Se identifican riesgos a lo largo del recorrido por la medicina reproductiva? Si es así, ¿Qué tipo de riesgos son identificados? ¿Cómo se entrelazan los riesgos percibidos con los significados en torno a la genética?


  1. www.bebesymas.com/embarazo/abuela-da-a-luz-a-su-nieto-su-hijo-su-marido-logren-cumplir-sueno-ser-padre
  2. www.instagram.com/p/B7tFyzbhlCs/?igshid=13fxfi5mys242
  3. https://www.lanacion.com.ar/ciencia/como-hablar-con-los-hijos-sobre-donacion-de-ovulos-o-esperma-nid304177
  4. Con respecto a las interrelaciones entre la ciencia, la salud y la espiritualidad, decidí recuperar de estos estudios aquellos que se enfocan específicamente en cómo estas se ponen de manifiesto en la reproducción tecnomediada en nuestro país. El interés principal de la tesis es analizar las trayectorias de reproducción tecnomediada y los modos de significación en torno a la genética y el riesgo desde los abordajes de la sociología de la salud, los estudios de la familia y el parentesco y los estudios de género. En esos modos de siginificación emergen construcciones dotadas de sentido en torno a lo social, lo familiar y lo íntimo que, en la muestra entrevistada, no son vinculadas exclusivamente con las creencias religiosas, sino con un conjunto de referencias más amplio y heterogéneo que se tematizó desde la retórica de la genética.


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