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7 Acontecimiento y diferencia en la filosofía de Heidegger

Juan Pablo E. Esperón[1]

1. Introducción

Heidegger postula la noción de acontecimiento para abordar dos cuestiones: por un lado, el problema que el sistema hegeliano había dejado, al suponer que la filosofía ha llegado a su culminación y se ha convertido en ‘saber absoluto’, incluyendo la totalización del saber que comprende al conjunto de la historia y su sentido. Heidegger rechaza decididamente esta alternativa impuesta por la coyuntura histórica y afirma la posibilidad de pensar la realidad de otro modo. Para ello postula las nociones de acontecimiento y diferencia. Por otro lado, el filósofo alemán se sirve de estas nociones, también, para abordar de otro modo los problemas ontológicos reunidos bajo la noción de ‘ser’ que se han planteado en la historia de la filosofía; pues sus desarrollos cargan con un caudal tan grande de problemas, significaciones e interpretaciones, que han terminado en muchos equívocos y malos entendidos, hasta llegar al punto en que, actualmente, con la voz ‘ser’, quizás no pueda plantearse nada nuevo. En este sentido es que Heidegger postula las nociones de acontecimiento (Ereignis) y diferencia ontológica (ontologische Differenz), y distingue esta última de la diferencia óntica para mostrar la imposibilidad de un fundamento último de la realidad tal como se ha pretendido a lo largo de la historia de la filosofía occidental. Dicha imposibilidad concierne también a los intentos del estructuralismo y el cientificismo positivista, entre otras corrientes de pensamiento, cuya pretensión de universalismos y fundamentación absoluta han fracasado en el siglo XX. Sin embargo, esto no significa la ausencia total de todos los fundamentos o que debamos renunciar a la posibilidad de pensar nuestro mundo; pues el supuesto de esta nueva perspectiva filosófica es que si aquel se define por su inalienable y radical contingencia, entonces la realidad siempre aparecerá fundada parcialmente. De este modo, la noción de acontecimiento relacionada a la diferencia y a la contingencia posibilita fundar la realidad pero justamente sobre la premisa de la imposibilidad de un fundamento último y absoluto.

Por todo ello resulta de suma relevancia para la coyuntura filosófica actual preguntarnos: ¿qué es un acontecimiento? ¿sabemos qué nombramos con la noción de acontecimiento? ¿la noción de acontecimiento remite al lado entitativo o al lado ontológico de la realidad de acuerdo con la ya conocida diferenciación heideggeriana? ¿el acontecimiento pude ser referido o vinculado con la diferencia ontológica? ¿es la diferencia el lugar originario del acontecimiento?

Esta ponencia, cuyo hilo conductor girará en torno al Acontecimiento y la Diferencia, buscará echar un rayo de luz respecto a estas preguntas y así poder aprehender qué implicancias conllevan estas nociones para la compresión de la realidad cuyo carácter contingente se nos presenta y nos afecta.

2. El acontecimiento y la diferencia ontológica en la filosofía de Heidegger

Para aproximarnos al sentido filosófico de la noción de acontecimiento debemos tener en cuenta que este nombra, ontológicamente, la escisión, que a su vez es relación, entre la potencia inconmensurable del despliegue del ser, y el ente, al que aquel adviene, lo configura y lo determina. El acontecimiento nombra este entre como el entrecruzamiento entre la nada, el ser y la temporalidad, es decir, el instante milagroso y misterioso en el que ocurre el estallido y despliegue de la diferencia; pues tanta es la potencia con la que el ser adviene y se alza sobre la nada que produce la diferencia. De ello resulta que el acontecimiento no pude ser clasificado ni se deja conceptualizar de acuerdo a los parámetros aristotélicos de género, especie y diferencia específica, o a los parámetros tradicionales historiográficos que suponen que todo hecho es causado por algo y produce efectos; pues el acontecimiento nombra algo previo, no en el orden temporal cronológico sino en el orden ontológico, que escapa y se rehúsa a las estructuras de clasificaciones racionales.

Ahora bien, ¿por qué la problematización de las nociones de acontecimiento y diferencia ontológica en el pensamiento de Heidegger resultan ser uno de los aportes más importantes para la filosofía del siglo XX y abre innumerables proyecciones al pensamiento filosófico en el siglo XXI?

Heidegger hace un análisis crítico de la historia occidental, comenzando por los antiguos griegos y llegando hasta nuestros días con el objetivo de mostrar cómo, en cada una de las etapas de la historia, la realidad se ha explicado a partir de una misma lógica. A este tipo de fundamentación la llama onto-teo-lógica y la identifica con la metafísica[2]. Pues, la metafísica es aquella disciplina que teoriza sobre el ente en cuanto ente, en busca de su estructura general –ontología–, y teoría del ente supremo de la cual dependen todos los demás entes –teología. Ahora bien, Heidegger llama ‘historia de la metafísica’ a la forma de pensar que desde Platón a Nietzsche se despliega como teoría general del ser del ente y como teoría del ente supremo (onto-teo-logía), dado que se ha olvidado al ser mismo, a favor del ser como fundamento del ente. Por lo tanto, no debemos pensar que para Heidegger hay diferentes épocas históricas sino que hay una sola época en la historia occidental que se ha desplegado, la que nombra el término metafísica, en cuanto el prefijo metá coloca al fundamento en un ‘más allá’ del ámbito físico; en un ámbito trascendente que impide cuestionarlo. El modo de pensar metafísico que comienza con la pregunta “qué es el ser”, identifica, luego, al ser con aquel ente fundamental que justifica y causa toda existencia. Dicha identificación es la que hace posible, a la vez, pensar al ser como fundamento. Pero al identificar al ser como fundamento de lo ente se olvida la diferencia en cuanto tal, esto es, la diferencia entre ser y ente. Aceptado esto, se abre el camino para que un ente fundamental (i. e. la idea, dios, el sujeto) y a través de la concatenación entre causas y efectos, se constituya en fundamento y, a la vez, causa primera de la realidad efectiva. Ello constituye, para Heidegger, el olvido de la diferencia y la imposibilidad de pensar la irrupción de la novedad en cuanto tal; pues lo nuevo siempre es explicado, atribuido o fundamentado por un ente supremo, que funciona como centro organizador trascendente al tipo de realidad que se quiere explicar. Además, este ente fundamental aparece como garante de la existencia de todo ente y dador de sentido de acuerdo a la lógica de pensamiento onto-teo-lógica explicitada aquí.[3] Para Heidegger, este modo peculiar de interrogación por el ser que acaece en la antigua Grecia resulta ser un acontecimiento novedoso para occidente; pues marca el devenir de su historia de un modo decisivo.

Luego de este diagnóstico de nuestro tiempo, Heidegger se propone sentar las bases y elaborar otro modo de pensar la realidad, diferente al onto-teo-lógico (o ‘fundacionalismo’) que impera a lo largo de la historia de occidente; es decir, sienta las bases de lo que llamamos ‘posfundacionalismo’. El fundacionalismo puede definirse como todas aquellas teorías que adoptan fundamentos absolutos y, por lo tanto, incuestionables para llevar adelante las justificaciones de su campo de estudio. Pero además, estos fundamentos resultan ser trascendentes al sistema que se pretende justificar, es decir, se explica el campo a partir de un elemento exterior al sistema quedando este elemento fuera de cualquier intento de cuestionamiento. El antifundacionalismo, niega absolutamente la posibilidad de cualquier tipo de fundamentación. Sin embargo, el posfundacionalismo se diferencia de ambos ya que no supone la ausencia de cualquier tipo fundamento pero sí afirma la imposibilidad de una justificación última y absoluta. El posfundacionalismo admite la posibilidad de fundamentación, pero esta es siempre provisoria y contingente. El prefijo ‘post’ no debe comprenderse en términos temporales o como una consecuencia cronológica de los relatos historiográficos; sino que señala, por un lado, la distancia y distinción con el fundacionalismo y el antifundacionalismo; y, en segundo lugar, señala la problemática diferencial que encierra aquella noción al mostrar la contingencia radical que asume un fundar inacabado e indefinible (Cfr. Cfr. Marchart, 2009: 29 y ss.). Por ello, no debemos confundir al posfundacionalismo con un mero relativismo posmoderno donde cualquier fundamentación daría lo mismo, o con un nihilismo que simplemente sostenga la imposibilidad del fundamento como ha mostrado Nietzsche[4]; pues la cuestión fundamental que encierra el posfundacionalismo es convertir en problema al estatus ontológico por el cual el fundamento es considerado contingente, inacabado e indefinible.

Ahora bien, en el pensamiento heideggeriano, la ausencia de fundamento debe comprenderse como un fundar abismal, no como cancelación e imposibilidad del fundamento, sino como un fundar sobre el abismo, como un tipo de fundamentación sin fondo, sin referencias, sin cimientos; porque para Heidegger “el fundamento funda en tanto que abismo” (Der Grund gründet als Ab-grund).[5] Para Heidegger el a-bismo, de algún modo, es parte constitutiva del fundar, es decir, el a-bismo está presente en el fundamento como su esenciación (Wesung). Pues en la palabra Ab-grund se juega la relación diferencial entre Grund (fundamento) y Ab-Grung (abismo). El pensador alemán pone en relación estas dos dimensiones del fundar que se relacionan y se diferencian a la vez, pues ambos elementos son constitutivos del carácter contingente de la realidad. Este nuevo modo de fundación, en términos heideggerianos, impide, justamente, identificar al fundamento con un ente determinado al modo onto-teo-lógico, que impera en la tradición de pensamiento occidental.

Entonces, desde la perspectiva que introduce Heidegger, el fundamento ‘funda’ en cuanto se retrae o se retira; el ‘abismo’ es este retraerse o esta demora por la cual aquel no puede resultar último ni acabado. De este modo, nunca llegará el momento de fundamentación definitiva o absoluta de la realidad, pues lo que se revela en el fundar es siempre la retirada del fundamento sobre el abismo pero que produce, a la vez, la diferencia ontológica, o en jerga heideggeriana, la ‘apertura de un claro’ (Lichtung) que es el lugar del acontecimiento (Ereignis). Esta noción resulta sumamente relevante en el pensamiento heideggeriano para comprender la diferencia ontológica; ya que aquella noción debe ser comprendida como Er-eignung, es decir, en un sentido procesual. Así el juego fundar-desfundar se despliega y se esencia en el Ereignis. La retirada del fundamento no implica, entonces, la ausencia total del fundamento, sino que la dimensión o el juego fundar-desfundar mienta la posibilidad de la apertura del acontecimiento, que funda, a su vez, la posibilidad contingente de la aparición de la dimensión entitativa de la realidad. El Ereignis nombra la dimensión de absoluta contingencia del juego fundar-desfundar en la que el ser se esencia y por la que su verdad se revela y acontece (se desoculta) a la vez que se retrae produciendo el estallido de la diferencia. Pero no debemos confundir el acontecimiento con el lado entitativo de la relación. El acontecimiento señala el instante mismo del movimiento fundar-desfundar que abre la posibilidad de la dimensión entitativa de la realidad pero que no se confunde con ella. El acontecimiento es la dimensión de la posibilidad contingente de la aparición de la diferencia entitativa como tal. Entonces, considerada la diferencia de este modo, el acontecimiento acontece entre la sobrevenida del ser y su retirada; y se localiza en el entre (Das Zwischen) como estallido diferencial que funda-desfundando la dimensión entitativa. El Zwischen no es un punto dentro en el tiempo o en el espacio, es el momento en que el juego fundar-desfundar acontece como estallido, dislocando y posibilitando la dimensión del espacio y el tiempo. Heidegger nombra con la forma arcaica del antiguo alemán Seyn al acontecimiento del diferenciar mismo, es decir, al acontecer de la diferencia como diferencia para distinguirla de la diferencia entre el ser y lo ente.

Ahora bien, debido a la brecha que aparece entre el nivel entitativo y el nivel ontológico, y también debido a que el nivel ontológico en cuanto fundamento ausente se sustrae, nuestra comprensión de la realidad siempre tiene un arraigo en los entes, en ellos hay rastros de la dimensión ontológica que podemos reconocer, recoger, señalar y seguir ya que la dimensión ontológica está presente en lo ente al modo de ausencia o abismo. En definitiva, la tarea heideggeriana no consiste en eliminar el fundamento sino en hacer problemática la dimensión misma del fundamento como un movimiento que funda sobre el abismo.[6]

3. Conclusión

De este modo, Heidegger, con la noción de Ereignis intenta pensar al ser en cuanto tal y la diferencia con lo ente, de otro modo frente a los límites categoriales de la lógica de la identidad, de la representación y de la fundamentación. La pregunta por el sentido del ser que es el hilo conductor de Ser y Tiempo se transforma, luego, en la pregunta por la verdad del ser, es decir, por el Ereignis, a partir de los Aportes a la filosofía.[7] Este tópico tiene como eje central la noción alemana Wesung que proviene de sustantivo Wesen (esencia) y que podemos traducir como ‘esenciarse’, ya que lo que el pensador alemán quiere acentuar es el sentido procesual del sustantivo, y de este modo, verbalizarlo, imprimirle movimiento. El ser se esencia a sí mismo produciendo el acontecimiento (Cf. GA 65: 7, 13. Traducción española, p. 29). Pues “el acontecimiento constituye el esenciarse (Wesung) del ser (Seyn)” (GA 65, 8. Traducción española, p. 25). Para Heidegger el acontecimiento “es la simultaneidad espacio-temporal para el ser (Seyn) y el ente” (GA 65, 13. Traducción española, p.29). Y el decir acerca de la verdad del ser es “el entre (Das Zwischen) con respecto al esenciarse del ser (Seyn) y la entidad del ente. Este ‘entre’ funda la entidad del ente en el ser (Seyn)” (GA 65, 13. Traducción española, p.29). Aquí aparece el punto de dislocación en el que se produce el estallido de la diferencia y, a la vez, emerge el acontecimiento como instancia singular y novedosa que no puede ser fundamentado ni explicado definitivamente.

El acontecimiento (Ereignis), entonces, es el movimiento de la diferencia que se dona en los entes y en los hombres pero que se retrae a sí mismo. La diferencia mienta “un ‘entre’; y este entre permanece evidentemente en toda metafísica no atendido, no considerado y no experimentado. Pero este ‘entre’ es lo abierto(GA 70, 61, Traducción española: 75); por eso afirma Heidegger que lo que “intentamos pensar es el Es de este Es gibt Sein, Es gibt Zeit, el Es que da ser y tiempo” (GA 14: 23, Traducción española: 24) por ello el “Ereignis ereignet” (GA 14: 28, Traducción española: 43) es decir, el acontecimiento se expropia a la vez que se retiene o apropia a sí mismo.

En suma, el acontecimiento en Heidegger no es fundamento, tampoco puede ser pensado como consecuencia o causa de algo. Esto significa que el Ereignis no puede ser reducido o alguna causa o fundamento que lo explique. “No hay otra cosa a la que pueda ser aún referido el Ereignis, a partir de lo cual pueda ser explicado. El acontecer apropiante no es ningún resultado (Resultat) a partir de otra cosa” (GA 13: 247). El acontecimiento es una singularidad que ad-viene, que resulta imprevisto ya que excede los límites de toda lógica de pensamiento onto-teo-lógica, cuyo carácter es fundamentar. El acontecimiento, por ende, destruye todo horizonte teleológico; por lo cual, impide cualquier intento de totalización del sentido. El acontecimiento acaece, en términos heideggerianos, sin que puedan preverse causas; él es sorpresa absoluta que no puede ser anticipada. El acontecimiento es el advenimiento y la irrupción de lo extraordinario cuyo carácter es la absoluta gratuidad. No hay un porqué, simplemente hay acontecimiento, ‘se da’ (es gibt), como donación de ser y tiempo, que a su vez es una constelación de sentido para el hombre. De ello se sigue la gran relevancia que el lenguaje[8] y la hermenéutica asumen en la posición heideggeriana para la comprensión e interpretación del sentido; también para habitar el mundo e impedir, a la vez, la totalización del sentido; ya que Da-sein es fundamentalmente Da, el cruce o ‘entre’ en donde el ser y los entes; los mortales, los inmortales, el cielo y la tierra se cruzan y confluyen. En este sentido, el Da es el ámbito de encuentro y choque entre ser y entes, es el claro (die Lichtung) que ilumina las cosas pero ocultándose. Die Lichtung no es un escenario donde se suceden y muestran los entes sino el acontecimiento (Ereignis) del desencubrimiento de los entes y el encubrimiento del ser. Y en él está presente la diferencia ontológica como la distancia irreductible entre ser y ente como aquello que no puede ser conceptualizado ni definido. Por ello, el acontecimiento de la metafísica, como así también el de la verdad del ser, no es producto de una diferencia del entendimiento, en el primer caso; ni tampoco aquello que pueda resolverse en el ámbito gnoseológico o lingüístico, en el segundo caso. La diferencia es el acontecimiento en cuanto tal y esta diferencia, así entendida, define también la constitución ontológica y no lingüística ni gnoseológica de la verdad como A-létheia; como el movimiento del ser que des-oculta lo ente a la vez que se oculta. La verdad es el claro (Lichtung) donde al des-ocultar lo ente que ella abre ella misma se oculta.

Referencias bibliográficas

Obras fuente

Las obras de Heidegger se citan según las Gesamtausgabe, ‘Wege-nichtWerke’, editada por Vittorio Klostermann Frankfurt an Main., Veröffentlichte Schriften (1914-1976), Vorlesungen (1923-1944), Unveröffentlichte Abhandlungen (1919-1967), aún en edición.

GA 11. Traducción española: (1990). Identidad y Diferencia, Barcelona.

GA 14. Traducción española: (2006). Tiempo y Ser, Madrid: Tecnos.

GA 65. Traducción española: (2003) Aportes a la Filosofía. Acerca del Evento,Buenos Aires: Editorial Biblos.

GA 70. Traducción española: (2014) Sobre el comienzo, Buenos Aires: Editorial Biblos.

Textos complementarios

Esperón, J. P. (2016). El problema del fundamento, la verdad y sus límites en la tradición filosófica occidental a partir de la lectura heideggeriana”, Jorge Alfredo Roetti y Rodrigo Moro (compiladores), El fundamento y sus límites. Algunos problemas de fundamentación en ciencia y filosofía, colección Cuadernos de Lógica, Epistemología y Lenguaje, ed. College Publications of London, Londres.

Esperón, J. P. (2019). El Acontecimiento, la Diferencia y el “Entre”, Ed. Anthropos, Barcelona, España.

Marchart, O. (2009). El pensamiento político posfundacional, Buenos Aires: FCE.

Žižek, S. (2014). Acontecimiento, Madrid: Editorial Sexto Piso.


  1. USAL, UNLaM, ANCBA, Investigador del CONICET, Argentina.
  2. Recuérdese que para Heidegger la metafísica y su historia se constituye en íntima unión onto-teo-lógica. Pues en Heidegger no hay diferentes épocas en la historia sino que hay solo una época y es la época en la que el ser de lo ente se ha interpretado metafísicamente, es decir, la historia (Geschichte) está signada por la comprensión metafísica del ser, que en cada etapa adopta caracteres peculiares (sustancia, dios, idea, sujeto).
  3. Para un análisis amplio respecto de la lógica onto-teo-lógica y su relación con el principio de identidad puede consultarse: Esperón, J. P., (2019), El Acontecimiento, la Diferencia y el “Entre”, Ed. Anthropos, Barcelona, España.
  4. Para un análisis amplio respecto de la noción de nihilismo en la filosofía de Nietzsche y la recepción heideggeriana véase: Esperón, J. P., “Fenómeno religioso y nihilismo: delimitación onto-teo-lógica de la metafísica y apertura de nuevos horizontes para una originaria vinculación con lo divino en las filosofías de Heidegger y Nietzsche”, Scannone, J. C., Walton, R., Esperón, J. P. (editores), en Trascendencia y Sobreabundancia. Fenomenología de la Religión y Filosofía Primera, editorial BIBLOS, Bs. As., 2015, pág. 49-71.
  5. Las obras de Heidegger se citan según las Gesamtausgabe, ‘Wege-nichtWerke’, editada por Vittorio Klostermann Frankfurt an Main., Veröffentlichte Schriften (1914-1976), Vorlesungen (1923-1944), Unveröffentlichte Abhandlungen (1919-1967), aún en edición. En adelante utilizaremos la sigla GA, el número del tomo y la paginación. Para esta cita: GA 65: 29. Traducción española Aportes a la Filosofía. Acerca del Evento,Buenos Aires, Editorial Biblos, 2003, p. 41.
  6. Para un análisis más amplio respecto de la cuestión del fundamento en la filosofía de Heidegger puede consultarse: Esperón, J. P., El problema del fundamento, la verdad y sus límites en la tradición filosófica occidental a partir de la lectura heideggeriana”, Jorge Alfredo Roetti y Rodrigo Moro (compiladores), El fundamento y sus límites. Algunos problemas de fundamentación en ciencia y filosofía, colección Cuadernos de Lógica, Epistemología y Lenguaje, ed. College Publications of London, Londres, pág. 205-236, 2016.
  7. Beiträge zur Philosophie (von Ereignis), en Gesamtausgabe, vol. 65, Frankfurt an Main, Vittorio Klostermann, 1989. Traducción española: Aportes a la Filosofía. Acerca del Evento,Buenos Aires, Editorial Biblos, 2003.
  8. La noción de lenguaje en Heidegger debe ser entendida no en términos de la lingüística contemporánea, es decir, como relación entre el significante y el significado, o como relaciones estructurales entre signos; sino como aquel acontecimiento que nombra la verdad del ser, que en su señalar aclara y oculta. Pues desde la interpretación de Heidegger, el hombre no nombra al ser sino que se encuentra con él y este encuentro ocurre en y a través del lenguaje como acontecimiento decisivo. El lenguaje señala el lugar del entre o el cruce del acontecimiento.


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