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18 Notas sobre el horizonte temporal de la prãxis aristotélica y la Zeitlichkeit heideggeriana

Ariel Vecchio[1]

1. Introducción

El objetivo puntual es presentar la concepción temporal de la prãxis aristotélica y dejar abierta una línea de interpretación para conectar con la Zeitlichkeit heideggeriana[2].

Nuestra hipótesis es que en la prãxis aristotélica en sentido estricto hay una doble referencia anticipativa al télos (Vigo, 2016): un fin situacional-concreto y un fin comprensivo, que determina previamente al primero. En el fenómeno de la akrasía hay desarticulación entre ambos, razón por la cual el incontinente queda en deuda consigo. Este fenómeno “negativo” dará la oportunidad de descubrir una concepción temporal compleja de la prâxis, que puede ser puesta en relación con la heideggeriana.

A continuación: a) describimos mínimamente el llamado silogismo práctico y reconstruimos el concepto de proaíresis, clave en el tratamiento aristotélico y retomado en los textos heideggerianos; y b) analizamos el caso de la incontinencia.

2. Nociones clave: el silogismo práctico y la proaíresis

2.1. El llamado silogismo práctico en MA

Aristóteles nunca utilizó el sintagma praktikòs syllogismós. Lo que entendemos por él es desarrollado no en un contexto ético normativo, sino en el tratado sobre el movimiento de los animales en sentido general. En el Cap. 6 de MA (700b10) establece que su indagación versará sobre cómo el alma mueve al cuerpo y cuál es la arkhé del movimiento animal. A partir de lo cual, sostiene que el movimiento de los animales tiene un límite (péras), aquello en vistas de lo cual (tò hoû héneka) se emprende el movimiento.

Ahora bien, no todo lo pensable es lo que mueve, sino el fin de acciones realizables (praktôn). Por eso, lo bueno posible que está dentro del ámbito de la prâxis es el inicio del movimiento. En otros términos, el factor cognitivo es el intelecto en sede práctica, cuyo objeto es lo bueno (tò agathón) del ámbito de la acción realizable y no lo bello (tò kalón) propio del ámbito teorético (cfr. 700b25ss). De manera análoga, en De an III 10 433a10ss. afirma que la acción se vincula con el noûs práctico, que razona en vistas de la acción.

En el Cap. 7 afirma que el SP es el fenómeno que se da cuando a partir de dos premisas, la conclusión resulta ser una acción[3]. Una de las premisas es lo bueno (agathoû), i.e. el télos (cfr. EN I 1), y la otra, lo posible (dynatoû) (701a10-25) (cfr. EN 1111b10-25 y 1112b25ss). Ahora bien, en determinados SP se da cierta inmediatez entre la premisa mayor y la conclusión, pues la premisa menor está, por así decirlo, dada: si alguien piensa que andar es bueno para el ser humano, inmediatamente anda, sin detenerse a pensar si él mismo es un ser humano. Por eso, cuantas acciones emprendemos sin activar el lógos, las llevamos a cabo enseguida (takhý). Pues, cuando alguien actúa con vistas a un deseo[4], sea por percepción, imaginación o intuición, lo hace inmediatamente (euthýs), en la medida que la actividad orética antecede a la pregunta o la intelección (701a20-30). Por esta razón, los animales se mueven (kineîsthai) y actúan (práttein), teniendo como causa última la órexis (701a35).

Lo que nos interesa remarcar es que para Aristóteles el deseo mueve a los animales, incluidos los seres humanos, de manera inmediata, y que en este contexto el término prâxis es sinónimo de kínesis. Asimismo que en MA el SP tiene una extensión amplia, puesto que cubre la acción animal voluntaria, y es entendido de una manera muy particular: no es un pensamiento o reflexión sobre la acción, sino un pensamiento que produce una acción (Vigo, 2016 Cap. III). La acción es siempre particular, situacional, y en ésta se da la combinación de dos facultades: órexis, correspondiente a la PM, y el lógos, correspondiente a la pm.

Ahora bien, en el tratamiento de las acciones humanas lleva a cabo una distinción entre el movimiento animal y la acción humana en base a la proaíresis[5]. Veamos algunos puntos sobre ella, pues nos permitirá restringir un segundo sentido de prâxis a partir de lo cual podremos indagar su temporalidad.

2.2. Proaíresis: estado resolutivo y genuina agencia[6]

La proaíresis se presenta, entre otros textos, en EN III, donde, luego de tematizar las acciones voluntarias y las involuntarias (cfr. EE II 9 1225b), distingue sus extensiones (1111b5): lo voluntario cubre las acciones de los animales y los niños; en cambio la proaíresis posee extensión restrictiva, se limita a los agentes genuinos de un tipo de prâxis (Vigo, 2016:173ss.).

Ahora bien, ¿qué es la proaíresis aristotélica? En primer lugar, la diferencia de la órexis. Desde el inicio afirma el akratés queda fuera del fenómeno, dado que actúa por epithymía, no por proaíresis (1111b15): la epithymía se vincula con el placer y con el dolor, en cambio la proaíresis no. Además afirma que es evidente que no es ni epithymía ni thymós, sin embargo parece un phenómenon sýneggys de la boúlesis, el deseo racional. La distinción es que la boúlesis se vincula con lo imposible (adýnaton) y con lo que no está en relación a nosotros ‒p.e. se desea la inmortalidad aunque sea imposible‒. En cambio, la proaíresis se limita al ámbito de lo posible (dýnaton) y de lo que esté dentro de nuestra posibilidad (perì tà ephhemîn). En esta línea, al igual que MA y De An., la boúlesis, factor orético, se orienta al télos, en cambio la proaíresis a los medios de un fin ya delimitado a lo posible (cfr. 1111b10-25). En EE 1226a7-8 afirma que nadie elige deliberadamente el télos, sino los medios: nadie “elige deliberadamente” ser feliz, sino que se desea ser feliz y se delibera sobre sus medios. Entonces, el acto crítico previo a la acción es propio de la proaíresis. En consecuencia, la proaíresis no pertenece al género orético exclusivamente, dado que no es un fenómeno simple (inmediato), sino complejo (mediato).

En segundo lugar, la distingue de la dóxa, factor cognitivo, la cual tiene un ámbito amplio: versa sobre todas las cosas ‒las eternas e imposibles, también las que están en nuestro poder‒. Además, la dóxa puede ser verdadera o falsa, y no se vincula con la prâxis pues no es perseguible o evitable. En cambio, la proaíresis aplica a lo que está en nuestro poder (tà ephhemîn) y dentro del orden práctico, razón por la cual pueden ser kaká o agathá, y en tanto tales se evitan o persiguen. El objeto de elección deliberada está en nuestro poder, en cambio las opiniones no: son verdaderas o falsas (EE 1226a5, cfr. De An. 427b15-20). Además, la proaíresis se diferencia del deseo y la opinión en que estos se dirigen al fin, ella a los medios (EE 1226a10-20 y 1226b7-12). En efecto, deseamos todo lo que se elige deliberadamente, pero no elegimos todo lo que deseamos, ni podríamos hacerlo (cfr. EE 1226b20).

En tercer lugar, afirma que la proaíresis pertenece a lo voluntario (cfr. Magna Moralia 1189a1ss), pero además se enlaza con la deliberación, pues está acompañada de lógos y diánoia (EN 1112a13). Aristóteles delimita el objeto de deliberación (bouleutón): no se delibera sobre lo eterno, lo que ocurre siempre de la misma manera, ni lo necesario o lo azaroso, ni tampoco sobre absolutamente todos los asuntos humanos (1112a20-25, cfr. Ret. 1359a30-1360b2). Se delibera sobre lo que está en nuestro poder en el ámbito de la prâxis (1112b1). La deliberación tiene por objeto las cosas que suceden la mayoría de las veces de cierta manera, cuyo principio está en nosotros, esto es, las acciones cuyo desenlace es obscuro (ádelos), indeterminado (adióristos). De manera que es cierta investigación (zétesis) sobre los medios (1112b5-1113a1). Por su parte, las cosas posibles (dynatá) son aquellas que podrían llegar a suceder por causa de nosotros (dihemôn) (1112b27). Entonces, el objeto de deliberación y de la elección deliberada es el mismo, pero difieren en tiempo, dado que se elige aquello separado (krithèn) a partir de la deliberación (1113a4-5). De manera que nadie elige deliberadamente de repente (EE 1226b1-5), sino después del proceso zetético[7].

Según la etimología aristotélica, ‘proaíresis’ da cuenta del fenómeno mentado: es algo elegible (hairetón) antes (prò)[8] que otras cosas (hetéron). Por ello, requiere sképsis y boulé (cfr. EE 1226b3-10): previo a la elección deliberada es necesario un objetivo (factor orético), en relación al cual se delibere; luego, si el proceso investigativo lo determina, se lo elige, tras lo cual se arriba a la conclusión, la prâxis(cfr. 1227a5ss). En suma, no se reduce ni al factor orético, ni al cognitivo separadamente, sino que es órexis y dóxa toda vez que a partir de la deliberación ambas sean conclusión (EE 1227a3-5).

Tras este desarrollo, el Estagirita presenta su definición:

  1. bouleutikè órexis tôn ephhemîn, un deseo deliberado de asuntos que están en nuestra posibilidad (EN 1113a11, 1113b10, 1139a24 y EE 1226b15-20). Podemos decir que es posibilidad, dado que Aristóteles afirma que las cosas posibles son aquellas que podrían suceder por causa de nosotros (1112b27).
  2. órexis dianoetiké o noûs orektikós (1139b5), y tal arkhé es el ser humano. Los dos componentes son el factor desiderativo y el cognitivo (cfr. Vigo, 2016:10, 40, etc.), de acuerdo con MA: la proaíresis es koinón a la órexis y la diánoia (700b15-23). Esta conjunción es el modo de ser del ser humano: en la sede práctica están en diálogo ambos factores, lo cual puede resolverse orgánica o inorgánicamente, en la primera se da la phrónesis, en la segunda la akrasía.

En EN VI 1139a32 afirma que la arkhé de la acción humana es la proaíresis, y de esta, el deseo y el lógos, por ello los animales no participan (koinoneîn) de ninguna prãxis (1139a20), en sentido restrictivo, dado que tienen sensación, pero no proaíresis ni razonamiento (logismón) (cfr. EN 1150a1 y EE 1222b19-20). El fenómeno mentado entonces es un deseo deliberado que se inscribe dentro de lo voluntario, pero no se reduce a él: muchas acciones se emprenden voluntariamente antes de deliberar, antes de una mediación reflexiva. En cambio, la acción proairética es un fenómeno netamente humano dado que conlleva una mediación tempo-reflexiva, por ende autopercepción espacio-temporal (cfr. MM 1189a-b).

En suma, el fenómeno resolutivo encierra una instancia previa de mediación reflexiva-temporal: nadie elige deliberadamente en un presente escindido, sino que lo hace en el marco de la apertura de una compresión temporal compleja.

3. La akrasía y el horizonte temporal de la prâxis aristotélica

Para finalizar presentamos someramente la akrasía ‒en términos heideggerianos, el fenómeno no resolutivo (Heidegger, 2009:98)‒ con el objetivo de poner en claro el horizonte temporal de la prâxis en sentido estricto[9].

En EE 1224a3-4 sostiene que cuando un agente actúa por deseo (boulómenoi), lo hace instantáneamente (exaíphnes), en cambio nadie ejecuta la elección proairética (proaireîtai) instantáneamente, puesto que es un fenómeno complejo: la precede siempre una instancia investigativa-deliberativa (cfr. 1226b3). Por ello, el incontinente actúa por epithymía, no por proaíresis (1223a39-40).

En la continencia y la incontinencia se presentan el placer y el dolor: el continente siente dolor en el momento (éde) por actuar contra su epithymía y goza por el placer que espera (apelpídos), porque después (hústeron) lo aprovechará, incluso en el momento aprovecha la salud (EE 1224b16-19). El Estagirita emplea el presente para sentir dolor y para gozar, pero el primero está acompañado de un adverbio contemporáneo a la acción verbal, en cambio en el segundo el placer presente se da por la esperanza de un placer futuro. Entonces, el estado afectivo del agente se desdobla en un dolor por la acción actual y en un placer presente por el futuro.

El akratésgoza en el presente porque colma la epithymía, pero siente dolor en ese instante por el dolor que espera en vistas del futuro (tèn apelpídos lúpen), pues en el momento cree que actúa mal (kakòn práttein) (EE 1224b19-22). En otros términos, el incontinente es consciente de que actúa incorrectamente porque su ideal de vida, elección previa, es correcta desde los principios de la racionalidad, pero, al no actualizar la proaíresis, definida por Heid. como el instante concreto e irrepetible de anticipación del télos y en tanto tal como estar resuelto (2009, §9, §15, §24), es incapaz de realizar una acción que articule reflexivamente su modo de ser ya dado, la acción presente y el horizonte futuro.

De lo cual se desprende que, además de la temporalidad del SP órexisfuturo y lógospresente-, en la prâxis genuina hay niveles: en la akrasía se siente placer y dolor en el mismo momento, pero el placer por el goce presente, inmediato, y el dolor por ser incongruente con el futuro, el proyecto. Esto pone de relieve que en la prâxis aristotélica subyace el presupuesto de que el futuro ha sido asumido con antelación a la acción presente, esto es, como proyección y asunción previa de un modo de vida, entonces constituye el horizonte de sentido de toda acción.

Este fenómeno temporal no es exclusivo del tratamiento de la prâxis en los tratados éticos. En De an. III 10 433b5-10 sostiene que las oréxeis llegan a ser contrarias, cuando el lógos y las epithymíai son contrarios entre sí. Lo fundamental es que este contraste se da en los seres capaces de percepción temporal: a diferencia de las premisas del SP (MA), pero concordante con EE, el noûs ordena resistir por el futuro (dià tò méllon), en cambio la epithymía ordena actuar por la inmediatez del instante (dià tó éde), que aparece como placentero en sentido absoluto (haplôs hedù), es decir, como lo agathón haplôs, puesto que no considera el futuro: el placer presente escindido del horizonte temporal se erige como lo bueno ab-soluto. Los seres humanos son capaces de distanciarse de los deseos inmediatos por una mediación reflexiva que pondera el futuro, lo que enmarca toda acción puntual. Esto pone de relieve la apertura de un horizonte temporal, donde la vida del agente en sentido estricto es tomada, tematizadamente o no, como un todo, como el horizonte de sentido de cada situación agencial.

Asimismo, en EN 1145b12-14 afirma que el incontinente sabe (eidòs) que actúa mal a causa de un páthos, en cambio el continente se reprime a causa del lógos. Entonces el incontinente pierde el control de sí (ekstatikós) y actúa contra la recta razón (1151a15ss)[10]. El páthos, por un lado, lo fuerza (krateî) a actuar, pero, por otro, no llega a persuadirlo de que debe perseguir tales placeres excesivos sin restricción, por ello siente culpa. Por el momento digamos que el primero es arrebatado por la inmediatez del páthos, en cambio el segundo la reprime en vistas del proyecto ya asumido.

Para Aristóteles el incontinente es semejante al intemperante, pues ambos persiguen los placeres corporales excesivos, pero es diferente dado que el intemperante cree que debe perseguirlos siempre (1152a1-5): se conduce por la proaíresis (proairoúmenos) de perseguir el placer presente siempre (1146b20-25). Entonces, el intemperante ha decidido un modo de vida y es congruente en cada acción. Por eso, aunque vicioso, elige su modo de vida y no es capaz de arrepentimiento (metameletikós), pues permanece fiel (emménei) a su proaíresis (1150b30ss.). Por el contrario, el incontinente no cree que deba perseguir siempre el placer presente, pero es incapaz en el presente (1146b20-25): es llevado por el placer inmediato. En consecuencia, por un lado, dado que no actúa por proaíresis, todo incontinente es capaz de arrepentimiento; por otro, dado que persigue los placeres corporales sin estar persuadido, es fácil de persuadir. De lo cual concluye que el intemperante es incurable (aníastos), en cambio el incontinente, curable (iatós) (1150a10-1151a15).

Ahora bien, Aristóteles tematiza también el caso de un agente con proaíresis conveniente acerca del modo de vida, pero aún así es incontinente. En este caso, su acción contraria la propia proaíresis: la acción actual no armoniza con la elección pasada de un modo de vida futuro. En una palabra, hay una disociación entre la proaíresis, en tanto elección de vida, y cada situación de acción, razón por la cual no encarna en un êthos su ideal de vida.

Desde lo temporal, el intemperante actúa de forma resuelta en el presente en conformidad con el futuro, por ende armoniza la dimensión temporal. El incontinente actúa en el presente sabiendo que no está en conformidad con el futuro, y en tal ruptura siente culpa y, por ende, es curable. La inarticulación temporal le descubre que es aquello que está realizando en cada ocasión, razón por la cual se descubre como lo que está haciendo y no como lo que ha proyectado. Este fenómeno primeramente negativo abre una instancia positiva: ese instante aletheleiológico abre la instancia de la cura, pues le devela que está involucrado con su ser en una ocasionalidad intransferible, y, por ende, la necesidad de asumir la instancia resolutiva del modo de vida y actualizarla en cada ocasión[11].

4. A modo de conclusión

  1. existen dos sentidos de prâxis: en MA es sinónimo de kínesis, y engloba la acción animal voluntaria. En las Éticas es una acción particular dentro de un marco de comprensión amplio. En la primera cobra importancia la órexis y el fin inmediato, en la segunda la ejecución de la proaíresis comprensiva, pues abre un contexto temporal complejo. La prâxis en sentido estricto refiere a una situación particular orientada hacia y por un marco de comprensión general. Para que exista genuina agencia ambos niveles deben armonizar.
  2. todo agente genuino actúa por decidir en el presente, proaíresis situativa, en base a un ideal de vida, proaíresis comprensiva. Entonces, la proaíresis es clave para la genuina agencia (cfr. Vigo, 2016).
  3. la akrasía nos reveló que en ella no se articula la proaíresis particular con la totalizante: el incontinente despliega acciones desarticuladas del télos último. En palabras heideggerianas la existencia, en tanto reflexividad ontológica, tiene un carácter eminentemente práctico, en la medida que se da una apertura dinámica de mundo, sin embargo en el akratés su sistema de referencias queda inarmónico por la modalidad bajo la cual actúa: se ve arrebatado por la inmediatez y contemporáneamente al arrebato sufre por no estar correctamente orientado hacia sí. Entonces se descubre en la ocasión concreta como incapaz de coordinarla con el fin global, razón por la cual siente culpa.
  4. existe un horizonte temporal complejo en la prâxis en sentido estricto (cfr. punto 1). El agente está siempre relacionado con el horizonte de posibilidades, el futuro. En términos heideggerianos está determinado ontológicamente por una precomprensión temporal. Este poder ser no flota en el vacío, sino que está determinado por ciertas posibilidades, cuyo comprender atañe siempre a la totalidad del estar en el mundo. En el tratamiento aristotélico esto equivale a que las premisas de lo posible y el papel de la boúleusis presentan el marco previo para articular -o no- el estado de resolución presente: la proaíresis concreta con la comprensiva. A partir de esta última, el agente está ya en posesión de una comprensión global de sí, por ende se encuentra codeterminado por ella en cada acción particular-presente. Este futuro no se alcanza desde el presente, sino que éste está determinado porque el agente está anticipado a sí mismo, más allá de sí mismo siempre. En una palabra, el caso del incontinente pone de relieve: por un lado, el marco previo de toda acción racional genuina está orientada por una deliberación y elección deliberada de un ideal de vida posible ‒un pasado en vistas a un futuro o, en términos heideggerianos, un a priori desde siempre‒; por otro, en el momento de actuar el incontinente se ve arrasado por el placer corporal actual y no articula el presente con su elección de vida previa, que es a su vez el horizonte de sentido de acción, razón por la cual en tal desarticulación surge el sentimiento de culpa. Esta tridimensionalidad, podríamos decir, es lo que Heidegger denomina el estar por delante de sí estando siempre ya en algo, esto es, bajo la forma de la temporalidad[12].
  5. entonces tenemos dos planos temporales: por un lado, el del SP, donde hay una relación entre un futuro inmediato, la premisa mayor, el deseo particular, y el presente, la premisa menor, el lógos. Este es un plano situacional, esto es, el de la acción particular y concreta; y, por otro lado, el de la acción humana, donde además se da un marco de comprensión amplio: la elección de un modo de vida posible. Este es el plano teleológico en el sentido de un proyecto de vida, con el cual el primer plano puede armonizarse o no. En este plano comprensivo el noûs pondera el futuro, el proyecto, en cambio la órexis el presente, el deseo inmediato. De manera que el agente de prâxis restrictiva actúa conforme a los requerimientos de la acción particular y concreta, a su vez enmarcado ya siempre en el horizonte de sentido amplio.

Referencias bibliográficas[13]

Aristote (1966). De l’âme. Texte établi par A. Jannone (traduction et notes de Barbotin, E). Paris: Belles Lettres.

Aristote (1970) L’Éthique a Nicomaque. Traduction et notes de Gauthier, R. A. & Jolif, J. Y. Louvain: Publications Universitaires.

(1978) De Motu Animalium. With an English translation by Nussbaum, M. Princeton: Princeton University Press.

Berti, E. (2010). Ser y Tiempo en Aristóteles. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Charles, D. (1984). Aristotles Theory of Action. London.

Kenny, A. (1997). Aristotles Theory of the Will. London.

Guariglia, O. (1997). La ética en Aristóteles o moral de la virtud. Buenos Aires: EUDEBA.

Heidegger, M. (2009). Basic Concepts of Aristotelian Philosophy. Translated by Robert D. Metcalf and Mark B. Tanzer. Bloomington & Indianapolis: Indiana University Press.

Heidegger, M. (2012) Platâo: O Sofista. Traduzido por Marco Antônio Casanova. Rio de Janeiro: Forense Universitária.

Merker, A. (2016). Le principe de laction humaine selon Démosthène et Aristote: hairesis-prohairesis. Paris: Les Belles Lettres.

Vigo, A. (2016). Action, Reason and Truth. Studies in Aristotles Conception of Practical Rationality. Leuven: Peeters.

Volpi, F. (2006). Ser y Tiempo: semejanzas con la Ética Nicomáquea. Signos Filosóficos, VIII, 16, pp. 127-147.


  1. UNSAM-UNAV-CONICET, Argentina-España.
  2. Por razones de exposición la sección heideggeriana ha sido comentada oralmente. El desarrollo completo se encuentra en el texto inédito “La actualidad hermenéutica de la prãxis aristotélica: apuntes sobre su horizonte temporal y la Zeitlichkeit heideggeriana”. Este trabajo ha sido financiado por BECA PUENTE-UNSAM y corregido en la estancia de investigación en la UNAV bajo la tutela del Prof. Dr. A. Vigo (2017).
  3. Sobre si la conclusión del SP es una proposición o la acción misma, cfr. Guariglia (1997:157-158). Sobre la primera interpretación, cfr. Kenny (1997) y Charles (1984).
  4. Al aspecto orético Heidegger lo define como un estar vuelto hacia algo (Aussein), cfr. Heidegger (2009:§15).
  5. Sobre los dos tipos de proaíresis, cfr. Vigo (2016:103-114) y Met. 1004b20. Volpi (2006:145) encuentra una diferencia: para Ar., la proaíresis designa un acto particular en la teoría de acción, en cambio para Heid. constituye un rasgo fundamental en el Dasein. A nuestro entender, constituye un rasgo fundamental del ser humano también en el marco aristotélico, pues es la diferencia específica de la acción humana.
  6. Contra, cfr. Merker (2016:43-56).
  7. Vigo (2016:95ss.) sostiene que ambas se dirijan al mismo objeto, pero la bouleusis es un proceso zetético, en cambio la proaíresis es un momento resolutivo y performativo. La bouleusis precede siempre a la proaíresis.
  8. Para el aspecto temporal, cfr. Merker (2016:298, nota 95). Cfr. Berti (2010:74, 79) para la dimensión temporal compleja.
  9. Cfr. Problemata 949b14-16.
  10. En términos Heid., aquí la tonalidad afectiva encubre al hombre de sí mismo, por ende no ve propiamente (2012 §8).
  11. En Heid. la ocasionalidad del Dasein pone de relieve su modo de ser posible como rasgo fundamental: modalidad antes que esencialidad. Aristóteles pondera la modalidad, cfr. EN 1103b6-35.
  12. cfr. cap. tercero, Segunda Sección (SuZ), el éxtasis tridimensional como estructura unitaria de trascendencia del Dasein: proyecto, ya arrojado y existente.
  13. Breve selección.


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