Adrián Bertorello[1]
1. Introducción
El presente trabajo se sitúa en el contexto de una línea de investigación que vengo elaborando en distintas publicaciones. Su tema es una lectura semiótica del concepto heideggeriano de mundo en general y de su reformulación como Geviert en particular. En mis trabajos anteriores me focalicé en mostrar que la cuadratura da cuenta de lo que, en el marco de la semiótica greimasiana, se denomina como función semiótica. Es decir, la cuadratura reúne en su cuádruple dimensión el plano del contenido y el plano de la expresión. El punto de encuentro de estos dos planos no sigue el modelo de una identificación plena, sino más bien implica un vínculo conflictivo.
En el presente trabajo querría mostrar que la cuadratura, interpretada como función semiótica, articula el punto de vista de la producción del sentido en términos de una semántica espacial. La organización espacial de la cuadratura puede ser descripta como un texto que se rige por el principio de irregularidad y asimetría. Justamente para llevar a cabo esta tarea me valdré de algunas nociones de la semiótica de la cultura de Y. Lotman. La razón fundamental radica en que para Lotman el vocabulario espacial tiene el estatuto de metalenguaje descriptivo del proceso semiótico. Creo que esta función metalingüística que ocupa el espacio en la descripción de los procesos semióticos puede extrapolarse a la cuatradura.
La exposición tiene tres partes. En la primera haré una referencia muy breve a las nociones de espacio, mundo y texto en la semiótica de Lotman. En la segunda mostraré cómo el espacio de juego de la cuadratura puede ser analizado desde algunas categorías semióticas de Lotman. Por último, sacaré algunas conclusiones.
2. Espacio, texto y mundo en Lotman
A primera vista pareciera que no hubiera ningún punto de contacto entre la semiótica de la cultura de Lotman y la filosofía de Martin Heidegger. Ello se puede apreciar tanto en el tema central de las investigaciones del semiólogo estonio como en su vocabulario. En efecto, la semiótica de Lotman se centra fundamentalmente en la elaboración de una teoría de la cultura que pone al descubierto los mecanismos universales producción de textos. Para ello se vale del vocabulario de la biología de Vernadsky y de la teoría de la información. Sin embargo, sus fuentes no se reducen sólo a la biología y a los modelos de procesos de transmisión de información. Una fuente indispensable de la formación de sus propios conceptos es la filosofía de Michail Bajtin.
La mediación entre el pensamiento de Heidegger y la semiótica de Lotman es posible si se toma como punto de partida el trasfondo bajtiniano de su concepto de cultura que no la reduce ni a su sustrato cerebral ni a los algoritmos informáticos, sino que adquiere plenamente la condición de un concepto que pertenece al plano del sentido.
Querría detenerme brevemente en tres nociones de su pensamiento que me permitirán hacer una lectura semiótica de la cuadratura. Ellas son la noción de espacio semiótico, frontera y texto.
La cultura es un espacio semiótico. Lotman forma el concepto de espacio semiótico por medio de una analogía con la noción biológica de biosfera (Cf. Lotman, 2010: 163). Del mismo modo que los seres vivos no son átomos desligados unos de otros, sino que poseen una interrelación estructural sin la cual no podrían sobrevivir, así también sucede en el universo semiótico: el todo tiene una primacía sobre las partes. La semiosfera es el concepto que expresa el punto de vista de la totalidad en la producción del sentido. O como lo dice Lotman: “…es el gran sistema…fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis” (Lotman, 1996: 23). La idea fundamental de ese concepto radica en que expone los procesos de producción de sentido desde un punto de vista holístico. El espacio semiótico es la semiosfera.
La noción de frontera explicita el carácter espacial de la semiosfera. El espacio semiótico es una totalidad cerrada que tiene una propiedad paradójica: es al mismo tiempo irregular y homogéneo (Cf. Lotman, 2010: 174). Se pueden distinguir diferentes espacios separados por límites y, al mismo tiempo, cada uno de estos espacios, al interior de la semiosfera, se comporta como un individuo. La irregularidad y la homogeneidad de los espacios tiene dos consecuencias. La primera es la definición de frontera como “traductor bilingüe”: “la frontera semiótica es la suma de los traductores-filtros bilingües pasando a través de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje (o lenguajes) que se halla fuera de la semiósfera dada” (Lotman, 1996: 24). La segunda consecuencia que está implicada en la concepción de frontera como traductor filtro bilingüe es que el espacio se divide en interior y exterior o, lo que es lo mismo, en propio y ajeno.
Por último, el espacio semiótico concebido como una totalidad irregular y homogénea es una totalidad de textos. El concepto semiótico de texto se define por ser un dispositivo complejo formado por distintos códigos que tiene la capacidad de producir nuevos menajes. Es decir, el texto no es simplemente un mensaje que puede ser decodificado de manera unívoca, sino que es una instancia mediadora que, debido a su complejidad estructural, es la condición de posibilidad para producir significados nuevos. Por esta capacidad de generar nuevos mensajes el texto es un dispositivo pensante. Claramente esta concepción semiótica del texto está sacada de la estructura semántica de la obra de arte o, como la llama Lotman, el texto artístico. El espacio semiótico está formado por textos que, como dispositivos pensantes, interactúan y producen significación. Sin embargo, para Lotman no todos los textos tienen la misma importancia. En el nivel más abstracto de una cultura dada, es decir, de un determinado espacio semiótico, se halla un tipo de texto al que denomina “texto de la cultura” o “cuadro del mundo”. El cuadro del mundo expresa los límites de la realidad y de las valoraciones de un determinado espacio semiótico. Es lo que desde el punto de vista de Hjelmslev se llama el plano del contenido: “En el nivel del texto de la cultura estamos, diríase, ante una pura estructura de contenido” (Lotman, 1998: 98).
3. Espacio, texto y mundo en la concepción del mundo como Geviert
Mientras que los conceptos de espacio y mundo pertenecen claramente al vocabulario con el que Heidegger describe la cuadratura, la noción de texto no corresponde a su terminología. Por esta razón, voy a comenzar por justificar en qué sentido se puede decir que la reformulación del mundo como cuadratura pueda ser interpretada como un texto.
Un primer argumento se puede encontrar en la interpretación general de la cuadratura de Andrew Mitchel. En su libro The Fourhold: Reading the late Heidegger propone una interpretación donde cada uno de los ejes del espacio de sentido (la tierra, el cielo, los mortales y los divinos) dan cuenta de la cosa como un sistema de relaciones. Es decir, la cosa se extiende más allá de sí misma, se trasciende hacia las cuatro direcciones del mundo. Que la cuadratura se conciba como el sistema relacional implicado en una ontología no sustancialista de la cosa claramente puede ser interpretado como una figura de la textualidad. Lo que pone de relieve esta interpretación es una dimensión específica de la textualidad, a saber, la coherencia semántica. El mundo es un texto porque articula el espacio del sentido en un sistema de coherencia cuyos ejes articuladores son el vínculo conflictivo entre tierra, cielo, mortales y divinos. Quiero aclarar que Mitchel no habla explícitamente de textualidad del mundo. Es una inferencia que se puede hacer de su lectura de la ontología relacional de la cosa.
Este primer argumento establece un vínculo entre cuadratura y la noción lingüística de texto. Se puede encontrar un segundo argumento que suma otro punto de vista a la concepción de la textualidad como coherencia semántica. En el concepto semiótico de texto la idea central es que se trata de un dispositivo pensante que produce nuevos mensajes. Esta capacidad generativa sólo se le atribuye al texto artístico. La cuadratura, en la medida en que describe el punto de vista de la producción del sentido, también puede ser leída como un texto semiótico. Esto es aún más evidente cuando se tiene en cuenta que, en el comienzo de la reformulación del concepto de mundo, el modelo entitativo que Heidegger tiene en cuenta es el de la obra de arte. Heidegger forja la cuadratura apelando a distintos ejemplos: el puente, la jarra, la poesía de Hölderlin y de Trackl. En todos estos ejemplos se puede ver que la argumentación sigue el recorrido que va del útil (el puente y la jarra) a la obra de arte. El modo de habitar el mundo que Heidegger privilegia para introducir la cuadratura es el poetizar. El ensayo Der Ursprung des Kunstwerkes es el primer paso en esta reformulación del mundo como texto semiótico.
Una vez establecida la posibilidad de interpretar la cuadratura como un texto querría pasar a la noción de mundo. El espacio semiótico en su dimensión más radical lleva consigo un texto que Lotman denomina como “cuadro del mundo”. La primera tentación es establecer una analogía simple entre el cuadro y la cuadratura. Suenan parecido, pero desde el punto de vista conceptual, no son nociones totalmente equivalentes. Es decir, el cuadro del mundo no designa un texto espacial con cuatro dimensiones desde las cuales se articula el sentido. El cuadro del mundo da cuenta, en términos generales, del mapa ontológico y axiológico de una cultura. En la medida en que se trata de un marco de referencia que traza los límites de lo real y lo decible se puede afirmar que se vincula con la noción de mundo de Heidegger. Se podría decir que el Geviert explicita el sentido ontológico último de lo que vagamente Lotman llama cuadro del mundo. Es decir, lleva el espacio semiótico hacia una radicalidad filosófica que está sólo insinuada.
Para finalizar con este punto querría detenerme en la dimensión espacial de la cuadratura. Los dos textos en los que Heidegger desarrolla explícitamente este tema son Wohnen, Bauen, Denken y das Ding. Voy a centrarme sólo en el primero. La idea que quiero poner de relieve es que, al igual que la semiosfera de Lotman, la espacialidad de la cuadratura se rige por la noción de frontera. La irregularidad y la asimetría son los principios organizadores de la cuadratura.
Esta idea aparece, en primer lugar, con la introducción del verbo schonen: “el rasgo fundamental del habitar es este cuidar (schonen)” (Heidegger, 2004: 143). Para llegar a este verbo Heidegger procede mediante sustituciones sinonímicas basadas en la etimología alemana del habitar. La sucesión argumentativa de estas sustituciones son: Bauen (construir), Wohnen (habitar), Bleiben (permanecer), Sich-Aufhalten (residir), zufrieden sein (estar satisfecho, en paz), Zum Frieden bringen (llevar a la paz). Friede (paz) es equivalente de Freie (libre). Y Freie (libre) etimológicamente significa “bewahrt vor Schaden und Bedrohung” (prevervado de daño y amenaza). Finalmente afirma que bewahrt vor (preservado de) tiene el sentido del geschont (cuidado). El significado positivo del schonen consiste en que la protección, el cuidado, se lleva a cabo como un poner un vallado, una frontera. Es un proteger que traza un cerco que rodea aquello que se protege. Esta idea aparece en el verbo einfrieden (vallar, cercar, acotar). Es sinónimo de eingrenzen (delimitar).
Cuidar el mundo implica delimitarlo. Esta frontera se articula de acuerdo con la oposición exterior vs. interior. Lo cuidado, aquello que se protege y se preserva en un espacio, tiene el rasgo descriptivo de lo interior o, lo que es lo mismo, de lo propio. Todo aquello que está por fuera de ese límite es el exterior o lo ajeno. Con ello quiero destacar que el verbo schonen traza la frontera entre el espacio semiótico en contraposición con lo alosemiótico, entre el sentido y el sinsentido. La frontera semiótica es un traductor-filtro bilingüe. Habla el lenguaje del sentido y del sin sentido. El punto de vista de lo extraño sólo puede ser dicho desde lo propio. La frontera traduce en el interior del espacio semiótico el punto de vista de lo alosemiótico. Este es la función que cumple, a mi juicio, la introducción del problema de la cosa. La cosa no es una sustancia, sino un lugar (Ort) que reúne el punto de vista de lo ajeno y lo propio. Un lugar que es interior al espacio semiótico, pero que lleva al mismo tiempo el punto de vista de lo exterior.
La frontera que demarca esta primera división no tiene un sentido pasivo, sino eminentemente activo. Caracterizarla como un traductor-filtro quiere decir que la frontera no es un límite más allá del cual no se puede pasar, sino, por el contrario, es un lugar donde hay intercambio, donde hay vida. Este es el sentido de las siguientes palabras de Heidegger:
Un espacio es algo puesto en su lugar (Eingeräumtes), algo franqueado (Freigegebenes), a saber, en una frontera, en griego se dice péras. La frontera no es aquello donde algo termina, sino (…) la frontera es aquello desde donde algo comienza su esencia (…) El espacio es esencialmente lo puesto en su lugar, lo que se ha dejado entrar en su frontera (in seine Grenze Eingelassene)”[2] (Heidegger, 2004: 149)
Así, entonces, el punto de vista desde donde se articula el espacio es el de la cosa. Es el punto de vista de una tercera persona. En la conferencia Wohnen, Bauen Denken, el ejemplo de ese punto de vista es el puente. El puente en tanto cosa es un lugar (Ort) que reúne los más diversos sitios (Stätte). El ejemplo muestra de manera muy clara que el punto de vista de la cosa abre un espacio cuya característica fundamental es la asimetría y la irregularidad. En efecto, la cosa concebida como un lugar reúne junto a sí un espacio irregular y asimétrico que Heidegger denomina como Geviert.
La irregularidad espacial de la cuadratura se articula de acuerdo con la oposición arriba vs. abajo: sobre (auf) la tierra y bajo (unter) el cielo. Y según la oposición inclusión vs. exclusión: con (mit) los mortales y ante (vor) los dioses. Las preposiciones describen un espacio cuyos planos irregulares suponen necesariamente un punto de referencia desde el cual se organiza el espacio. Ese punto de referencia cumple la función de la instancia de la enunciación o, lo que en un texto recién publicado, denominé como función semiótica. La asimetría, por su parte, expresa la reunión en el interior del espacio semiótico de una perspectiva de primera y de tercera persona. Es decir, hace que la irregularidad espacial no sea simplemente una oposición formal, sino que su carácter deíctico tenga una significación muy precisa: designa la reunión conflictiva de la opacidad y transparencia referencial (la tierra y el cielo). Y la opacidad y transparencia enunciativa (los mortales y los divinos). La irregularidad espacial de la cuadratura reúne dos puntos de vista asimétricos.
4. Consideraciones finales
Para finalizar con el trabajo querría hacer una muy breve alusión a una idea que sugerí en la introducción, a saber, que el espacio es una categoría metadescriptiva del mundo. Esta tesis pertenece a la semiótica de la cultura de Lotman, pero creo que también puede extrapolarse a la filosofía de Heidegger. De hecho, no es una tesis novedosa. Varios intérpretes desde otra perspectiva teórica y con otro vocabulario hicieron hincapié en la centralidad del espacio en el pensamiento de Heidegger. Basta con mencionar el libro de Kettering Nähe (1987), el de Crowell (2001) Husserl, Heidegger and the space of meaning, o el de Malpas Heidegger´s Topology (2006).
En las conferencias Wohnen,Bauen, Denken y das Ding el vocabulario espacial cumple la función metadiscursiva de descripción de la ontología. O lo que es lo mismo, los conceptos ontológicos adquieren su significación primera en la terminología espacial. De esta manera el espacio posee el mismo rango, podría decirse, que la temporalidad en Ser y Tiempo: es el sentido del ser. La cuadratura con su irregularidad y asimetría es el espacio semiótico donde se origina no sólo la ontología de la cosa, sino también la comprensión del ser del hombre como habitar en la cuadratura.
Referencias bibliográficas
Crowell, S. (2001). Husserl, Heidegger, and the space of meaning: paths toward transcendental phenomenology, Evanston: Northwestern University Press.
Heidegger, M. (2004). Vorträge und Aufsätze, Stuttgart: Klett-Cotta.
Kettering, E. (1987). Nähe. Das Denken Martin Heideggers, Pfullingen: Neske.
Lotman, Y. (1996a). “Acerca de la semiosfera”, en La Semiosfera I: Semiótica de la cultura y del texto, Madrid: Frónesis-Cátedra-Universitát de Valencia.
Lotman, Y. (1996b). “La semiótica de la cultura y el concepto de texto”, en La Semiósfera I: Semiótica de la cultura y del texto, Madrid: Frónesis-Cátedra-Universitát de Valencia.
Lotman, Y. (1998). “Sobre el metalenguaje de las descripciones tipológicas de la cultura”, en La Semiosfera II: Semiótica de la cultura, del texto, de la conducta y del espacio, Madrid: Frónesis-Cátedra-Universitát de Valencia.
Lotman, Y. (2010). Die Innenwelt des Denkens, Frankfurt am Main: Suhrkamp.
Malpas, J. (2006). Heidegger’s topology. Being, place, world, Cambridge-Massachusetts: MIT Press.
- UNSAM-UBA-CONICET, Argentina.↵
- Eustaquio Barjau traduce “Eingeräumtes” por “aviado (espaciado)”. Es una muy buena traducción ya que el verbo aviar tiene el sentido de ordenar poniendo algo en su lugar. También traduce “Freigegebenes” como “franqueado un espacio”. Sigo su traducción para in seine Grenze Eingelassene.↵






