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9. Incipiente autonomización
del campo literario cordobés

En cada número de Pensamiento Libre, el poeta presentaba una revista de prensa en la que criticaba los poemas publicados en la prensa de Córdoba. Si bien La Aurora, La Sociedad y La Libertad eran voceros de facciones políticas contrarias[1], coincidían en optar por una línea editorial de bajo nivel en cuanto a la literatura. Como el arte, y las letras en particular, los dejaban indiferentes[2], publicaban poemas firmados por plagiarios mundanos, cuyas obras habían sido hasta entonces toleradas por lectores poco exigentes.

No sin cierta ironía, esas crónicas literarias se titulaban “Guerrillas”. En vez de ser batallas sin importancia, esos textos críticos lanzaban una cruzada contra “ciertas reputaciones, que, al favor de la indiferencia general con la cual se considere […] todo lo que es en relación con las artes, pretenden con tanto de buena voluntad que, de títulos bien definidos, escalar las alturas de Parnaso”[3].

Lugones atacó primero La Libertad (1890-1915), el periódico del líder radical Pedro C. Molina. Sin arriesgarse demasiado, denunció la falta de discernimiento de la redacción, que difundía poemas triviales entre los cuales se distinguían los versos mediocres del padre Salguero. Convencido de que la prensa de opinión gozaba de un estatus privilegiado, que le aseguraba seriedad y autoridad, instaba a La Libertad a que eligiera a buenos colaboradores. La prensa, que suplía la falta de editoriales, debía así publicar poemas que traían consigo aportes innovadores. Haciéndose el apóstol del modernismo, expresaba de esa manera nuevas exigencias críticas y, de manera más implícita, un afán de diversificación de la oferta mediática en aras de una segmentación de los públicos.

Sin defender abiertamente una literatura independiente de la hegemonía cultural de la Iglesia, Lugones se esmeró en demostrar que la literatura prosaica publicada en las columnas de la prensa local no presentaba interés alguno. Dando lugar a controversias, enfocó la cuestión desde varios puntos de vista, sea ofensivos, sea provocadores, reacios siempre a las normas de urbanidad y decoro. Su libertad de tono chocó una parte de la opinión pública e hirió a los lectores de La Aurora[4].

Para comprender cómo se armó la polémica, hace falta recalcar que todas las “guerrillas” lugonianas mencionan el nombre del padre Salguero,[5] que fue, mientras salía Pensamiento Libre, el blanco privilegiado de los ataques del escritor. De raíces porteñas, el sacerdote impartió clases de literatura en el Colegio Nacional de Córdoba y dedicó su tiempo libre a la escritura. Para Lugones, era un chivo expiatorio ideal: no procedía de la alta sociedad cordobesa y encarnaba el amateurismo que denunciaba. El poeta estaba convencido incluso de que nada sabía de prosodia[6]. Literato inculto, poco inspirado, además, Salguero era incapaz de expresarse poéticamente. Por eso, Lugones rehusaba usar la palabra “poesía” para hablar de los versos del eclesiástico[7].

Con la misma vehemencia, las “guerrillas” criticaban los poemas de los padres Bazán[8], Manuel Bandera[9] o Santamarina[10]. Así, a la hora de comentar la oda “Profecía de la América”, publicada en La Aurora, Lugones atacó el trabajo de metaforización de Manuel Bandera haciendo hincapié en una serie de errores científicos identificados mediante exclamaciones llenas de sobreentendidos anticlericales. La reiteración del procedimiento estilístico ritmaba la “guerrilla” (“¡Misterios acústicos!”, “¡Misterios anatómicos!”, “¡Misterios náuticos!”, “¡Misterios acuáticos!”, “¡Misterios geográficos!”, etc.) y, mientras enfatizaba las deficiencias de Bandera, valoraba la destreza oratoria de Lugones.

El director de Pensamiento Libre se presentaba como un crítico exigente y puntilloso. Su deseo de leer obras literarias de alta calidad lo llevaba a romper con la retórica del elogio para detectar de manera casi sistemática los errores cometidos. Sus férreas críticas apuntaban la poca elocuencia de los poetas-aficionados y sus dificultades a entender las sutilezas de la métrica o de la gramática española[11]; denunciaban la falsedad de una poesía mundana limitada por convenciones sociales como, por ejemplo, los versos compuestos para “enviar los días”[12].

El perfecto conocimiento de los distintos movimientos artísticos en circulación y el infalible interés de Lugones por la poesía modernista colocaban la renovación del género lírico en el centro de su reflexión. Sin embargo, el alcance de su argumentación iba mucho más allá, ya que descalificaba de rebote a los eclesiásticos que se desempeñaban, entre otras cosas, como docentes. Mediante un relevo exhaustivo de los errores de sintaxis, gramática, ortografía y puntuación de los escritos de Salguero, demostraba de forma irrefutable que los sacerdotes no disponían de los conocimientos necesarios para impartir cursos de literatura o de gramática. Lugones ponía así en tela de juicio las habilidades de los poetas amateurs y la formación intelectual de los seminaristas para mejor defender la elevada idea que se hacía de la literatura.

La demostración abrumadora de Lugones tuvo una resonancia particular en Córdoba, puesto que se refería a la crisis que había escindido la sociedad en torno al caso del vicario Jerónimo Clara (1884). En una carta pastoral, el canónigo había prohibido que los católicos enviaran a sus hijos a la Escuela Normal, porque la directora, Francisca Armstrong, era protestante[13]. El debate sobre la formación de los maestros por la Escuela Normal de Maestras había provocado no sólo un escándalo de alcance internacional con la intervención del nuncio apostólico, sino también fuertes tensiones entre los clericales y los liberales[14]. Por eso, si bien estaba convencido de que la Instrucción Pública era el único sistema capaz de garantizar una educación de calidad[15], el escritor no se mostraba deseoso de entrar en conflicto con la prensa clerical[16]. Aunque hería las susceptibilidades de los sacerdotes, Lugones evitó hacer comentarios sobre la temática religiosa de sus poemas; se cuidó de glosar los versos que mencionaban el Episcopado o Jehová [17]; se guardó de ironizar sobre la aparición sobrenatural de la Virgen del Pilar mientras recusaba el dogma de la Inmaculada Concepción instaurada por Pío IX en “Verdades amargas”; reconoció incluso en el arte religioso el poder de elevar el espíritu y responder en las exigencias de la Belleza[18]. Para evitar polarizar demasiado a sus lectores y provocar conflictos personales, el escritor protegió así de sus invectivas a los sacerdotes oriundos de Córdoba.

Las observaciones del poeta pretendían alentar una necesaria ruptura formal y estética dentro del campo literario. Pero sólo tuvieron como consecuencia la renuncia de los poetas amateurs que se negaron durante un tiempo a publicar sus versos en la prensa. Como si esto fuera poco, Lugones prosiguió sin complacencia atacando la pobreza intelectual de la prensa católica de Córdoba, evaluando esta vez las narraciones escogidas por La Sociedad[19] y los editoriales de La Aurora[20].

En virtud de una práctica corriente, que toleraba que la prensa argentina publicara fragmentos de obras extranjeras, La Sociedad respondió a las críticas de Lugones homenajeando a José Selgas Carrasco (1822-1882). Las filípicas del ilustre escritor español contra los liberales y librepensadores de los años 1850 sirvieron para responder a los ataques de Pensamiento Libre. Muy prolífico en su tiempo, conocido por la calidad de su poesía y sus orientaciones políticas conservadoras, José Selgas Carrasco había combatido toda su vida la ciencia y el progreso; había fundado para ello el famoso periódico satírico El Padre Cobos (Madrid, 1854-1856).

La estrategia editorial de La Sociedad, que reproducía textos de otra época con fines partidarios, no escapó de la sagacidad del director de Pensamiento Libre. Como sabía que las sátiras españolas se burlaban de los defectos y los vicios de una generación que poco tenía en común con los librepensadores argentinos de 1893, revirtió la situación a su beneficio reconociendo el genio de los escritos de Selgas. Procedió luego a una distinción entre una literatura “antigua” (identificada aquí con Selgas) y una literatura innovadora y exigente (“nunca hemos de pasar los límites de la cultura más puntillosa”[21]) con el afán de enfatizar la incapacidad creadora del clérigo. Luego, a modo de provocación, interpretó la elección del periódico como un reconocimiento implícito de su talento y la legitimidad de sus críticas[22].

Las “guerrillas” de Lugones, a las cuales conviene añadir el artículo publicado en serie “Catolicismo y democracia” (Pensamiento Libre, II y III), dieron motivos de enojo a una parte de la opinión pública cordobesa. Mediante La Aurora, los Vélez pidieron en nombre de la moral, del respeto de las creencias religiosas y de la inviolabilidad del hogar que no se recibiera más a los redactores de Pensamiento Libre en los lugares de sociabilidad en boga (tertulia, salón literario, club, etc.).

A Lugones no le sorprendieron los términos de esa proscripción, que eran, según él, lugares comunes. El escritor se burló de la situación declarando que ese tipo de polémica estaba pasado de moda desde hacía mucho tiempo: “Pero tal vez será que estos señores se imaginen que criticar las obras de Salguero es criticar obras divinas, lo que no dejamos de suponer […]”[23]. Por eso, reorientó los debates hacia temas literarios, pero, en vez de mitigar la controversia, reiteró sus críticas involucrando a los redactores de La Aurora en una corriente de consejos sarcásticos que los infantilizaban. Las invectivas surtieron efectos dando lugar a una nueva escalada en una polémica más fácil cuanto que la renuncia del gobernador Manuel D. Pizarro (con fecha del 11 de noviembre de 1893) había creado perceptibles tensiones en Córdoba.

El examen completo de la quinta entrega de Pensamiento Libre (18/11/93) muestra que Lugones procedió en dos etapas. Fiel a su estrategia, publicó en un primer tiempo una “guerrilla” en la que se las ingeniaba para corregir todas las expresiones erróneas del último poema de Salguero, “Al buen pastor”. Una vez más, sus ataques socarrones fueron atinados, ya que reducían al sacerdote y, más generalmente, a los colaboradores de los periódicos clericales al estatus de escribas exentos de genio poético. Luego, por no aceptar que se le acusara de inmoralidad, corrupción o depravación so pretexto de ser liberal[24], Lugones respondió a los ataques de sus detractores en el artículo “¿Cobardes?”. Recordó en un primer tiempo que su objetivo era sólo hablar de poesía, corregir errores banales y defender ideales; intentó luego convencer a sus enemigos de que la controversia era nueva, esencialmente poética, ya que, para él, sus críticas eran legítimas desde un punto de vista formal.

Lugones no aguantaba la vehemencia de sus contrarios y la intolerancia de La Aurora, mientras que los motivos de mofa y desprecio no eran exclusivos del periódico: él también solía emplear fórmulas satíricas para descalificar a los sacerdotes amateurs y a los periodistas. Huelga recordar que personalizó el conflicto atacando el estatus social de los Vélez, que tildó de “gallos del pueblo”[25]; les reprochó a los clérigos su negativa a comunicarse con los “impíos”; los acusó de ser incapaces de tener un pensamiento propio que no fuera el producto de un razonamiento influido por modelos exógenos.

Sea lo que fuere, la incomprensión de La Aurora trasladó el debate literario del campo cultural al campo político, lo que obligó al poeta a manifestar opiniones abiertamente anticlericales. Lugones no resistió pues el placer de analizar el poder declinante de la Iglesia católica argentina[26]. Tras recordar tiempos de luchas ardientes, significó de nuevo su compromiso con valores liberales y progresistas y, sobre todo, abogó por la formación de un campo cultural autónomo.

Lugones era consciente de que la literatura argentina estaba evolucionando. Se arriesgó a sorprender a la comunidad de lectores convencionales y a provocarla con un discurso que ponía en tela de juicio la autoridad de las instancias de legitimación cuyos estrechos criterios evaluadores se estructuraron en torno a las nociones de decencia y respeto. La mediocridad de la producción artística local y el ostracismo del cual era víctima Lugones lo estimularon a luchar por una ruptura estética[27]. Pero no era éste el único combate del poeta. Militaba también por una ruptura ética, y así se volvía el instigador de una revolución cultural. La constitución del campo literario como un mundo independiente se anunciaba complicada, porque, cuando uno enfocaba la proyección de la Iglesia católica sobre la vida cultural cordobesa, se arriesgaba a provocar un contraataque clerical.


  1. La Aurora y La Sociedad eran periódicos clericales, mientras que La Libertad era un periódico próximo a la Unión Cívica.
  2. Se habla del plagio en particular en las “guerrillas” del 25 de octubre y del 2 de diciembre de 1893.
  3. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 19/10/93.
  4. En la edición del 18 de noviembre de 1893, Pensamiento Libre hace referencia a férreas críticas. Pese a nuestras investigaciones, no pudimos consultar desgraciadamente el número de La Aurora referido por Lugones.
  5. Miguel Salguero (s. f.-1929) fue ordenado sacerdote en 1884. Ofició primero en la provincia de Buenos Aires y, luego, en la diócesis de Córdoba. De vuelta a la Capital federal, fue nombrado capellán de las Fuerzas Armadas. Avellá Cháfer, 1985, p. 203.
  6. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 25/10/1893.
  7. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 18/11/1893.
  8. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 2/11/1893.
  9. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 25/10/1893.
  10. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 2/11/1893.
  11. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 25/10/1893.
  12. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 19/10/1893.
  13. Verbinsky, 2007, p. 38-41.
  14. Ghio, 2007, p. 30.
  15. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 18/11/1893.
  16. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 9/11/1893.
  17. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 25/10/1893.
  18. “Contestación a Pierre Loti”, Pensamiento Libre, 2/12/1893. Hay que observar que este texto ocupa la casi totalidad de la entrega.
  19. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 2/11/1893.
  20. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 9/11/1893.
  21. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 2/11/1893.
  22. Idem.
  23. “Guerrillas”, Pensamiento Libre, 19/10/1893.
  24. La voz “liberal” sale aquí como sinónimo de “librepensador”.
  25. Pensamiento Libre, 9/11/93.
  26. “¿Cobardes?”, Pensamiento Libre, 18/11/1893.
  27. Conviene relativizar las tensiones entre tradición y Modernidad, así como los conflictos que resultaban de ellas, porque los profesores de Lugones supieron reconocer su talento. Se sabe que uno de sus profesores de Literatura, Javier Lazcano Colodrero, redactó el prólogo de Primera lira, el primer poemario de joven escritor. En 1894, mandó una carta de recomendación a Joaquín V. González, secretario de redacción de La Prensa, para que Lugones pudiera publicar ahí sus crónicas. Cócaro, 1969, p. 30. Por otra parte, Lugones homenajeaba a Juan Mateo Olmos, otro de sus profesores, en el poema “Un canto más”, publicado en La Libertad del 10 de junio de 1893. Nuñez, 1956, p. 11.


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