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16 Envejecimiento activo

Gonzalo Abramovich[1]

Los mayores necesitan un objetivo, no solo recreación.

Los mayores necesitan un sueño, no solo memoria.

Abraham Heschel

En primer lugar agradecermos a las autoridades de la Universidad Austral y del Centro para el Estudio de las Relaciones Interpersonales por invitarnos a este prestigioso encuentro y permitirnos compartir nuestra experiencia en el campo de trabajo con los adultos mayores.

El envejecimiento demográfico, el aumento de la expectativa de vida y el incremento de la población de adultos mayores es una de las conquistas más importantes del siglo XX y las sociedades modernas enfrentan un inédito desafío en el siglo XXI: Construir sociedades para todas las edades en los que las personas mayores puedan vivir una vida plena e integrada donde  desarrollar su máximo potencial.

“El siglo XXI podría ser el último siglo de la juventud” según el Dr. Gregory Leeson, sociólogo y demógrafo de la Universidad de Oxford que sostiene que desde principios del siglo XX la expectativa de vida al nacer se aproximaba a los 50 años y a principios del siglo XXI la expectativa de vida al nacer trepo a 80 años y se aproxima a los 90 años en algunos países desarrollados.

El fenómeno de la longevidad se relaciona con  otros dos fenómenos modernos que son la drástica disminución de la mortalidad y las bajas tasas de natalidad.

Según el Dr. Leeson podríamos estar ingresando a un mundo donde los mayores de 50 años por primera vez en la historia de la humanidad serán más que los menores de 50. La primera gran pregunta que podemos formularnos es: ¿Si esto es un problema? La respuesta dependerá en gran en medida en como nos preparemos para esta nueva realidad. En principio constituye un enorme desafío y probablemente podría constituir una gran oportunidad si sabemos aprovecharla y utilizar este nuevo contexto de manera exitosa.

A continuación intentaremos delinear las bases conceptuales del denominado “envejecimiento activo” y presentaremos el modelo de trabajo implementado  desde el Área de Adultos Mayores de la AMIA.

Datos Demográficos de Argentina

De acuerdo con el Censo Nacional de 2010, el 14,3 por ciento de la población tiene más de 60 años, de modo que la Argentina se encuentra en una “etapa de envejecimiento avanzada” (y feminizada, porque de los 4,1 millones de mayores de 65 años, 2,4 son mujeres y 1,7 varones). Se estima que los mayores de 60 años ya superan los 6 millones de personas en nuestro país. La tendencia se fortalece: para 2050, detalla la encuesta, en la Argentina una de cada cinco personas tendrá 65 años y más. En parte este fenómeno se explica por el descenso de la tasa global de fecundidad que ha nivel mundial ha descendido de 5 hijos en el período 1950-1955, a 2,5 hijos en la estimación del período 2010-2015 y a 2,2 en la proyección para el 2050. En América Latina y el Caribe la tasa global de fecundidad ha pasado de 5,9 en 1950-1955 a 2,2 en el período 2010-2015. En la Argentina la tendencia también ha sido descendente pasando de 3,2 hijos en 1950-1955, a 2,2 en 2010-2015 y se proyecta que tanto en la región como en Argentina será de 1,8 en 2050.

A continuación podemos apreciar gráficamente el impacto del crecimiento de la población mayor:

Figura 1

piramide 1 - copia

Figura 2

pirámide 2 - copia

Figura 3

pirámide 3 - copia

Se puede apreciar como la pirámide poblacional tradicional se modificado de manera notable.

Actualmente, la población de adultos mayores se distribuye en las ciudades, y el distrito donde más se concentran es en la ciudad de Buenos Aires (donde vive el 15,7 por ciento), seguida por Santa Fe (11,1), La Pampa (10,9) y Córdoba (10,8), mientras que la provincia con menos concentración de ellos es Tierra del Fuego (sólo el 3,6 la elige, seguida por Santa Cruz –4,9–, Misiones –6,2– y Neuquén –6,4–).

Frente a la realidad del crecimiento de este grupo etario los expertos recomiendan  la promoción de modos de vida y de envejecimiento que permitan alcanzar una edad avanzada con un buen estado de salud psicofísica funcional (lo que no significa ausencia de enfermedades) conservando la mayor autonomía y autovalidez posible con posibilidades de participación, realización e inclusión plena en comunidad alcanzando edades avanzadas.

¿Qué es el envejecimiento activo?

La OMS (2001: 15) define el envejecimiento activo como “el proceso de optimizar las oportunidades para la salud, la participación y la seguridad, de manera de realzar la calidad de vida, a medida que las personas envejecen”. El envejecimiento activo como acercamiento para el desarrollo de políticas y programas “permite a las personas mayores mejorar al máximo sus posibilidades de autonomía, buena salud y productividad, a la vez que les proporciona protección y cuidados cuando necesiten ayuda” (OMS, 2001: 15).

El envejecimiento activo está basado en el reconocimiento de los derechos humanos de las personas mayores y los principios de las Naciones Unidas de independencia, participación, dignidad, cuidado y autorrealización (Naciones Unidas, 2003). En tal sentido, el envejecimiento activo implica un nuevo paradigma a partir del cual las planificaciones dirigidas hacia los adultos mayores dejarían de basarse en las necesidades, para hacerlo desde los derechos, tanto a la igualdad de oportunidades como del trato en todos los aspectos del ciclo vital.

Este término fue adoptado por la OMS, a finales de 1990, y el objetivo fue buscar un mensaje más amplio que el de “envejecimiento saludable”, reconociendo el impacto de otros factores y sectores, además del sistema sanitario. No se trata sólo de continuar siendo activo físicamente, es importante permanecer activo social y mentalmente a través de la participación en actividades educativas, culturales, sociales y recreativas, así como en actividades remuneradas o de carácter voluntario. Se busca que las personas mayores permanezcan insertas en las diversas actividades vida diaria, tanto de la familia como de la comunidad, de acuerdo a sus necesidades, deseos y capacidades.

Experiencias de envejecimiento activo: El Centro Integral para Adultos Mayores de la AMIA (CIAM)

Antecedentes

Los Centros de Día para Adultos Mayores, dentro de los sistemas de atención diurna, han demostrado ser un excelente recurso para asistir a la población mayor, permitiendo que las personas que concurren a sus actividades puedan permanecer por más tiempo en sus hogares y en su comunidad.

Estos sistemas de atención aparecen en las primeras décadas del siglo XX en Europa. Su crecimiento se vio favorecido, sobre todo a partir de la década del 60, por los movimientos tendientes a promover la des-institucionalización y posteriormente con el auge de los paradigmas de atención comunitaria cuyo lema en el ámbito gerontológico ha sido el de “envejecer en casa”.

En nuestro país la creación de este tipo de servicios tiene sus antecedentes en dos experiencias que provienen de vertientes diferentes. Por un lado, el trabajo social y la tarea de grupalización de adultos mayores desempeñadas por los profesionales del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (PAMI), en la década de 1970, y que llegaron a contar con 15 mil adultos mayores 10 años más tarde. La segunda experiencia deviene del exitoso incremento y del impulso que adquirieron los centros de jubilados, sobre todo a partir de 1983 cuando se reinstala la democracia en nuestro país (Paola et. al, 2003).

La comunidad judía fue pionera a nivel mundial en el desarrollo de centros culturales,  recreativos y clubes, específicamente diseñados para que los adultos mayores pudieran disfrutar de su tiempo libre. En nuestro país, el Consejo Argentino de Mujeres Israelitas (CAMI) encaró en el año 1957 la creación del primer club para la tercera edad de la Argentina, que se denominó Club Edad de Plata (Paola et al, 2003). El CAMI fue, además, precursor en la introducción de modelos de promoción comunitaria innovadores. Décadas más tarde, el modelo implementado con el Club Edad de Plata inspiró la creación de la red de centros de jubilados y pensionados por parte del PAMI.

Desde 1986 la comunidad judía ha creado una extensa red de más de 50 clubes para adultos mayores que funcionan en CABA , AMBA y el interior del país, en templos, escuelas e instituciones socio deportivas en contra turno del que participan más de 2.000 socios. Allí se realizan actividades sociales, culturales y recreativas a cargo de profesionales especializados que son supervisados por el equipo gerontológico de la AMIA.

En 1989, nacen los Hogares de Día, en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. Los mismos están destinados a atender las necesidades de las personas mayores, a través de talleres y actividades gratuitas. En general, su población objetivo es autoválida desde el punto de vista funcional, y con problemáticas socioeconómicas o de aislamiento.

La mayoría de los Hogares de Día tienen sede en instituciones barriales que ceden su espacio para el funcionamiento de los mismos, con la desventaja de que en general las facilidades edilicias no están adaptadas para adultos mayores con algún tipo de discapacidad.

Actualmente en la Ciudad de Buenos Aires funcionan 22 Hogares de Día, 4 Clubes de fin de semana, dos Centros de Actividades y un Centro Cultural para adultos mayores, ubicados en diferentes barrios de la ciudad (CIOBA, 2011). La cantidad de participantes del programa asciende a 1500 personas. Se trata sin duda de una experiencia exitosa que atiende las necesidades de un importante número de adultos mayores, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

Los centros de día para adultos mayores tienen características que le son propias y lo diferencian de otros sistemas de atención diurna. El siguiente cuadro permite establecer una comparación entre los sistemas de atención diurna más difundidos.

Tabla 1. Comparación entre sistemas de atención diurna para adultos mayores

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Fuente: Elaboración propia sobre la base de Gil Montalbo (1999).

El objetivo general de la mayoría de los centros de día es el de favorecer condiciones de vida dignas para las personas mayores y sus familiares, facilitando la continuidad de sus modos de vida y el logro de un mayor nivel de autonomía.

El Centro Integral del Adulto Mayor de AMIA

El programa corresponde a la Asociación Mutual Israelita Argentina, popularmente conocida como AMIA que desde hace más de 30 años viene desarrollando una importante tarea con adultos mayores y que cuenta con una importante red de clubes de tercera edad y desde el año 2006 inauguró el centro de día para adultos mayores más grande del país.

A mediados del año 2005, la AMIA inició un ambicioso e innovador proyecto destinado a satisfacer las necesidades de un importante número de adultos mayores en situación de fragilidad y/o vulnerabilidad psicológica, social o económica. El mismo consistía en la creación de un Centro de Atención Integral que pudiera recibir e integrar en sus grupos a personas de más de 60 años con y sin discapacidad motriz, para lo cual fue construido sin barreras arquitectónicas y con plena accesibilidad.

El CIAM se caracteriza por integrar servicios sociales y servicios de salud en un mismo ámbito físico, proponiendo una modalidad de trabajo interdisciplinaria y de equipo. Los profesionales de planta son trabajadores sociales, psicólogos, asistentes gerontológicos, gerontólogos, terapistas ocupacionales, músico-terapeutas, enfermeras, profesores, personal administrativo y de maestranza.

Se brindan servicios de comida, vianda y transporte, servicio social, orientación familiar, atención de salud, consultoría gerontológica, asesoramiento legal y previsional, banco de insumos ortopédicos, y se desarrollan con los concurrentes múltiples actividades (terapéuticas, socio-recreativas, culturales, educativas, etc.).

El CIAM tiene capacidad para recibir hasta 300 adultos mayores autoválidos, con y sin discapacidad motriz. Un promedio de 200 personas por día asisten y participan de las actividades. El Centro funciona de lunes a viernes de 9 a 17 hs durante todo el año.

Esta propuesta de atención integral es innovadora y poco desarrollada en nuestro país. Las características diferenciales del CIAM respecto de otros dispositivos de atención comunitaria para adultos mayores son:

  • En general los centros de día que funcionan en el Área Metropolitana de Buenos Aires y el interior del país (que son muy pocos si consideramos las necesidades de este grupo etáreo) se ubican en lugares que no son los más adecuados para la población mayor. En su mayoría se trata de edificios que fueron creados para otros fines y cuando entran en desuso pasan a ser habilitados para realizar actividades para personas mayores. Suelen ser de difícil acceso y no reúnen las condiciones necesarias de seguridad y confort. El CIAM, en cambio, funciona en un edificio especialmente diseñado para personas mayores con o sin discapacidades motoras. No tiene barreras arquitectónicas y es completamente accesible. Todos los detalles fueron pensados en función de las características de sus concurrentes (el mobiliario, la iluminación, la climatización, las medidas de seguridad, etc.).
  • La variedad, calidad y cantidad de propuestas recreativas, sociales y culturales que ofrece el CIAM no tiene comparación con ningún centro diurno para adultos mayores en el país. De las ocho horas de actividad que realiza el centro, el 80 % se destina a propuestas de participación activa y el 20 % se distribuye en horas destinadas al servicio alimentario y descanso.
  • Los espacios terapéuticos abarcan desde los más tradicionales como los grupos de reflexión, talleres de estimulación, terapia ocupacional y musicoterapia, a propuestas menos tradicionales como jardinería terapéutica, arte-terapia o tai-chi chuan.
  • La articulación de servicios sociales y servicios de salud en donde los profesionales trabajan de forma interdisciplinaria, evitando la hegemonía de un modelo por sobre el otro, la sobreprotección y la medicalización del servicio.
  • Los recursos humanos que la AMIA destina a la planificación y desarrollo de programas y actividades para los adultos mayores coadyuva a que este centro sea único en su tipo. Todos los profesionales de planta tienen amplia experiencia y trayectoria en el campo de la atención y prestación de servicios gerontológicos. El personal nuevo o con menos experiencia que se incorpora al equipo recibe capacitación y entrenamiento como parte del programa de formación de recursos humanos de la institución.
  • La experiencia y trayectoria de AMIA en el campo gerontológico y la atención de los adultos mayores se refleja en la programación y planificación de las actividades del CIAM, que también desarrolla tareas de capacitación y formación de recursos humanos en gerontología abiertos a toda la sociedad.
  • El CIAM es también centro de visitancia y de prácticas por parte de alumnos de las carreras de trabajo social, psicología, terapia ocupacional y musicoterapia de universidades públicas y privadas, que valoran su modelo de trabajo como ejemplo de buenas prácticas.

Población destinataria y objetivos del CIAM 

El CIAM fue concebido para albergar la concurrencia de adultos mayores autoválidos, con o sin discapacidad motriz, a partir de los 60 años de edad. Se da prioridad a los concurrentes que atraviesan situaciones de vulnerabilidad psicológica, social o económica, para que puedan beneficiarse con las actividades del centro.

Predomina la demanda o consulta por situaciones de soledad, aislamiento, viudez reciente, necesidad de apoyo económico, inserción social, etc. Un porcentaje importante de las personas que concurren tienen una condición física frágil pero mantienen su autonomía. 

El CIAM se propone los siguientes objetivos generales respecto a las personas mayores que concurren al mismo:

  • Mejorar su calidad de vida.
  • Evitar su institucionalización temprana e innecesaria.
  • Prevenir la pérdida de la autonomía psico-social y física.
  • Mantener las capacidades que poseen y habilitar funciones perdidas.
  • Aliviar y brindar sostén a las familias que se ocupan de ellos.

Los objetivos específicos a alcanzar con los participantes son:

  • Recuperar o mantener el máximo grado de autonomía personal que permitan sus potencialidades.
  • Prevenir el incremento de la dependencia mediante intervenciones rehabilitadoras y terapéuticas.
  • Ofrecer un marco adecuado donde puedan desarrollar relaciones y actividades sociales gratificantes.
  • Evitar institucionalizaciones innecesarias y no deseadas.
  • Facilitar la permanencia de las personas mayores dependientes en su entorno habitual.
  • Promover el envejecimiento activo y participativo.
  • Mejorar o mantener el nivel de salud de los usuarios a través del control y seguimiento de sus enfermedades y deterioros.
  • Facilitar la realización de las actividades básicas de la vida cotidiana, ofreciendo los apoyos necesarios.
  • Brindar un apoyo social y asistencial a las familias que realizan el esfuerzo de mantener a las personas mayores con algún tipo de discapacidad en su medio.
  • Prevenir o solucionar los importantes conflictos que se producen en el entorno familiar en el intento de mantener la permanencia del adulto mayor en el domicilio con sus modos y espacios vitales.
  • Dotar a las familias de las habilidades necesarias para la realización de las tareas de cuidados.

Metodología de Trabajo, Actividades y Servicios

El CIAM se propone lograr estos objetivos por medio del desarrollo de múltiples actividades gratuitas, acordes a los intereses personales y posibilidades de los destinatarios, a través de una metodología que busca promover:

  • La diversidad, integralidad e integración de actividades de prevención y promoción de salud, de atención primaria de salud, recreativas, educativas, terapéuticas, de rehabilitación, y sociales, entre otras.
  • El rol de la familia y el cuidado informal, así como mecanismos para apoyar a ambos.
  • La coordinación entre los servicios de los diversos sectores (sociales, alimentarios, de salud, de previsión social, entre otros).
  • Estrategias de recursos humanos capaces de brindar estos servicios integrados y en el escalonamiento de las cambiantes necesidades a través del tiempo vital de las personas.

El CIAM cumple una función organizadora para aquellos adultos mayores que cotidianamente concurren. Esto tiene un efecto directo sobre la organización del tiempo, diferenciando tiempo libre de tiempo ocioso, entendiendo que disfrutar de un ocio activo en la vejez contribuye al desarrollo personal, cumpliendo la función de proporcionar satisfacción, bienestar y preservar el deterioro asociado a los procesos de envejecimiento.

¿Cómo suscitar en las personas mayores el hábito de participar y el desarrollo de intereses que impulsen un estilo de envejecer más activo y saludable? No es sencillo ni hay una respuesta única. Para este fin resulta fundamental la puesta en marcha de procesos de sensibilización y educación para el ocio que contribuyan al desarrollo de una actitud favorable hacia el mismo, la eliminación de barreras que dificultan su práctica (no solo arquitectónicas sino, fundamentalmente, de carácter personal) y, en especial, el desarrollo de nuevos intereses y redes de apoyo social que permitan auténticas experiencias de disfrute en el tiempo libre (Martínez Rodríguez y Gómez Marroquín, 2009).

Teniendo en cuenta la gran cantidad de personas mayores que asisten diariamente al CIAM, se ha ido armando progresivamente un cronograma variado, pensado especialmente para el grupo etáreo al que está ofrecido y que apunta al desarrollo y fortalecimiento de diferentes áreas del sujeto.

Las actividades son en todos los casos grupales, respondiendo a uno de los principales objetivos que es la socialización. Dada la cantidad de concurrentes diarios se proponen hasta cinco actividades diferentes simultáneas por hora. Por otro lado, en los horarios de la prestación del desayuno, almuerzo y merienda no se realizan otras actividades simultáneamente, ya que estos espacios también constituyen un importante momento de socialización masiva.

A los efectos de realizar una clasificación, las actividades han sido divididas en diversas categorías:

Terapéuticas: Son aquellas que se diseñan específicamente en respuesta a objetivos particulares. En ellas se plantea la mejora o disminución de características, mediante dinámicas acordes. Se realizan bajo marcos teóricos determinados. Se plantean de forma progresiva.

  • Juego y Memoria (estimulación cognitiva)
  • Terapia ocupacional
  • Musicoterapia
  • Arte terapia
  • Auto masaje
  • Jardinería terapéutica

Socio recreativas: Son aquellas que mediante recursos lúdicos, promueven el intercambio social entre los participantes. Pueden ser actividades del tipo de competencia o bien cooperativas, pero su objetivo siempre prioriza la recreación en forma grupal.

  • Bingo
  • Recreación
  • Juegos de Salón

Prevención y promoción de la salud: Aquellas que apuntan a aportar información, saber y cuidados de distintos aspectos relacionados a la salud, privilegiando la prevención y promoción de la salud.

  • Tai Chi
  • Calidad de vida (charlas de nutrición, salud, cuidado del cuerpo, etc.)
  • Gimnasia

Educativas: Aquellas relativas a la situación de enseñanza y aprendizaje, que pueden incluir instancias evaluativas y niveles.

  • Clases de hebreo.
  • Clase de Ajedrez
  • Taller de revista

Artísticas: Aquellas que ofrecen la posibilidad de expresión subjetiva mediante una herramienta artística (pintura, escritura, danza, etc.). Pueden tener como resultado un objeto o producción que represente la singularidad del creador.

  • Folklore
  • Tango
  • Clases de Tejido
  • Coro
  • Danzas modernas
  • Taller literario
  • Taller de creatividad
  • Teatro

Reflexivas: Aquellas que promueven el pensamiento reflexivo. Pueden utilizar como medio la palabra, oral o escrita. Abordan temáticas propuestas por los participantes del grupo.

  • Grupo de reflexión
  • Hablemos de Nosotros (grupo de reflexión para hombres)
  • Taller de cuentos
  • Psicología de la Vejez

Religiosas: Aquellas que promueven la espiritualidad y los rituales propios de la religión.

  • Cabalat Shabat (llegada del sábado, actividad festiva previa al descanso semanal)
  • Celebraciones de festividades del pueblo judío.

Servicios: El CIAM presta servicios de alimentación y servicio de transporte para los concurrentes que lo necesitan. Además cuenta con servicio de enfermería, nutrición y psicología.

Los servicios de alimentación que se brindan no sólo apuntan a satisfacer las necesidades básicas alimenticias de la población concurrente, sino que también abordan la variable social de la alimentación como ritual y ocupación de costumbre.

El desayuno es el momento iniciático de la jornada. Se les da la bienvenida y se realiza formalmente la apertura del Centro. Se brinda un desayuno completo y variado en mesas largas. Se trabaja sobre temas de actualidad, acompañados de la lectura de diarios y organizando los comentarios un coordinador de la actividad. El momento de desayuno es un espacio de anticipación y planificación: se presentan las diferentes actividades de la jornada, destacando si hay cambios o eventos nuevos. A su vez, se recibe a los nuevos concurrentes y se los presenta al grupo, quien auspiciará como anfitrión y facilitará su adaptación al dispositivo.

El almuerzo es el momento bisagra del día. Se reúnen más de 150 personas para compartir un almuerzo variado y completo. Es un espacio en el que se realizan avisos sociales como cumpleaños, aniversarios de casados, casamientos, etc. Comparten el momento varios coordinadores y profesionales del equipo interdisciplinario del CIAM. Es un momento de encuentro entre los concurrentes.

La merienda es un momento de cierre y balance del día. Se comentan las actividades realizadas, se planifican las actividades para el día siguiente o se promueve la organización entre concurrentes de salidas y actividades recreativas durante el fin de semana.

Además, se cuenta con un servicio de vianda que brinda un apoyo alimentario a aquellos concurrentes que presentan dificultades para procurarse la alimentación de la noche.

El CIAM también cuenta con una Licenciada en nutrición que realiza un seguimiento individual de los concurrentes, con controles periódicos del peso y talla, y recomienda el tipo de dieta más adecuada para cada uno de ellos. Además realiza controles de calidad del servicio de alimentación que es tercerizado.

Los servicios de enfermería son prestados por una enfermera profesional que se ocupa de controlar los signos vitales de los concurrentes, presión arterial, glucemia, etc. La enfermera realiza actividades de prevención y promoción de la salud, coordina las derivaciones a los médicos de cabecera y puede higienizar a un concurrente si es necesario.

La psicóloga del centro lleva a cabo las entrevistas de admisión, acompaña el proceso de adaptación de los nuevos concurrentes, y realiza entrevistas e informes de seguimiento periódicos. También interviene para resolver situaciones puntuales: conflictos entre concurrentes, situaciones de stress o agresividad, duelos, problemas de socialización, etc. En el caso de que un concurrente necesite un tratamiento individual se lo deriva para que sea atendido en consulta privada por su obra social o a cargo de AMIA en caso de no contar con cobertura de salud.

Los profesionales del área de salud participan de las reuniones de equipo junto al resto de los profesionales.

Además, el CIAM trabaja en forma integrada con el Servicio Social de AMIA, integrado por profesionales licenciados en servicio social y psicólogos que evalúan las necesidades de los adultos mayores y determinan el nivel de servicios que cada nuevo concurrente va a necesitar. A posteriori, se realiza un trabajo de seguimiento y evaluación periódica de la situación de cada uno de ellos de manera personalizada. El Servicio Social también realiza tareas de asesoramiento y diagnóstico a los adultos mayores y su grupo familiar.

Conclusión

A lo largo de este trabajo hemos presentado una experiencia modelo en base a la aplicación de programas de envejecimiento activo en el centro de día de la AMIA.

La población de adultos mayores que concurre a las actividades siente al centro como una “segunda casa”. Muchos de los concurrentes por primera vez han podido participar de actividades y talleres ligados a la música, la plástica o experimentaron el trabajo corporal y el placer de poner el cuerpo en movimiento.

Los protagonistas valoran la oportunidad de aprender y experimentar cosas nuevas en esta etapa de la vida y han podido crear redes y lazos sociales, conociendo nuevos amigos e incluso algunos de ellos han podido comenzar una relación de pareja. La amistad que se forja a esta edad es un “remedio” contra la soledad y el aislamiento. La solidaridad inter pares reemplaza a veces la falta de una familia continente o el compañero que se ha perdido.

Pero además de la oportunidad de tejer nuevas redes y forjar nuevos vínculos, también han podido ejercer la solidaridad por medio de la tarea voluntaria. Se conformaron varios grupos de adultos mayores como el de los “cuenta cuentos” o “abuelas tejedoras” que se conectan con jardines, guarderías y centros de primera infancia para llevarles su arte en forma de relatos o historias y sus tejidos con mantitas y ropa para el invierno. De esta manera los adultos mayores reciben muchas cosas pero también pueden dar y ayudar al prójimo y ayudarse entre sí como parte de una misma comunidad y de la sociedad toda.

Es por eso que nos parece fundamental dar a conocer estas experiencias con la esperanza de que estas iniciativas se conozcan y puedan replicarse en todo el país.

Como decía la famosa escritora Simone de Beauvoir:

Para que la vejez no sea una parodia ridícula de nuestra vida anterior, no hay más que una solución, y es seguir persiguiendo fines que den un sentido a nuestra vida”

La Vejez (1970).

Bibliografía

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  1. Coordinador general del Área de Adultos Mayores de la AMIA. Docente de Posgrado en Gerontología de la Universidad UNTREF y la Universidad ISALUD.


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