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12 Adultos mayores como sostén
de la cultura

Lic. Maritchu Seitún de Chas[1]

Dice un proverbio africano: “Hace falta un pueblo para criar a un niño…”

En un pueblo:

  • tenemos el apoyo de vecinos, familia grande; nos da raíces, pertenencia, conexión; es una matriz en la que los chicos maduran y desde donde conocen el mundo y donde envejecen los mayores;
  • la cultura pasa verticalmente de generación en generación;
  • los adultos son brújula, todos con el mismo norte;
  • los vínculos son estrechos, nos conocemos, nos queremos;
  • cuantos más adultos referentes, mejor podemos proteger a los niños.

Lo que convierte a un grupo de gente en un pueblo son las relaciones entre sus habitantes.  Tanto el ‘hogar’ como el pueblo se arman en los vínculos de apego. 

El hogar es donde está tu corazón” dice Dorothy en El mago de Oz.

Dice Joseph Campbell que por milenios “los jóvenes se educaban y los mayores se hacían sabios” a través del estudio, la experiencia, y la comprensión de las formas culturales tradicionales. Los adultos tenían (¡y tienen!) un rol crítico en la transmisión de cultura, tomando lo que recibían de sus propios padres y pasándolo a sus hijos. 

Son tan rápidos los cambios socioculturales que no dan tiempo para que se instale una cultura porque aparecen nuevas formas.  Empezamos a relacionar el aumento de la conducta antisocial a la ruptura de la transmisión vertical de la cultura.

Dice el pediatra Dr. Enrique Orschanski que los abuelos son “malcriadores profesionales”. Es maravilloso contar con abuelos para ayudarnos en la crianza.

Para ello tiene que ir transformándose y disfrutar esta nueva etapa:

  • tienen tiempo, paciencia, entusiasmo, amor, interés, caminan despacio (como los chicos), ganas de hablar y de escuchar,
  • ofrecen pertenencia, identidad, experiencia, historia, raíces,
  • recuperemos el respeto por las canas, las arrugas, la experiencia, la sabiduría, las dificultades con la tecnología, la falta de memoria, el ritmo lento: ellos colaboran para a armar el pueblo en el que queremos que crezcan nuestros chicos.

Los abuelos encuentran en los nietos la posibilidad de trascender.  No necesitan educarlos (para eso están los padres).   Los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles (E: Orschanski).

Para que pensemos los adultos mayores

  • Confianza en nuestro valor (que la sociedad quiere sacarnos).
  • Hay muchas clase de hijos y nietos, pueden no ser de carne y hueso, o no ser “familia”.
  • Tenemos MUCHO para ofrecer:
  • Cultura
  • Memoria (historias de otras épocas, de la infancia de los padres)
  • Experiencia, palabras sabias
  • Tiempo /disponibilidad /escucha /mirada /juego
  • Recetas :de cocina, huerta, tejido, crochet, carpintería, lavar el auto, casita robada, etc.

Los nietos nos ofrecen:

Amor, admiración, oportunidad de curar las heridas de las relaciones con nuestros hijos.

Estamos felices cuando llegan, y también cuando se van, podemos volver ala tele, la novela, la computadora, las palabras cruzadas, la caminata, la charla entre adultos, la siesta…  Llamamos a los padres cuando se enferman, o extrañan.

Aprendamos a decir que no, nuestros hijos tienen derecho de pedir, y nosotros de decir que no.  Se van a enojar, y todos vamos a a sobrevivir.  No le hace bien a nadie la abuela abnegada, sacrificada. Pide devolución y se pone odiosa.

Pero… no son muchos los años de infancia, en la adolescencia los nietos se alejan para hacer sus vidas, con suerte vuelven como adultos.

Cuidarnos de los extremos:

  • Contar historias, sin excedernos
  • Malcriar por demás
  • Educar por demás
  • Mostrar nuestros favoritismos
  • Contradecir a los padres

No son nuestros hijos (duelo).

Un buen convenio

  1. cuando no están los padres hacemos lo que nos parece mejor,
  2. cuando están los padres no intervenimos.

Ejercitar la flexibilidad para pasarla bien juntos:

  • Desorden /suciedad /derroche
  • Hora de la comida /modales
  • Hora de acostarse /siesta /gritos
  • Entrega de nuestro tiempo

Contestando sus  interminables preguntas, sabiendo perder, escuchando  adivinanzas, comprando figuritas, mirando y admirando lo que hacen, (¡mirá, abuela!) cocinando lo que los chicos quieren, teniendo las galletitas y postres  que le gustan a cada nieto.  Y así conocerlos mejor, ver sus cambios a medida que crecen, viendo aparecer al filósofo, disfrutando al activo o a la inquisidora, descubriendo al curioso o a la que quiere aprender y saber todo, encontrando la manera de acercarnos al más tímido o de entrar al mundo de la más solitaria… Estableciendo un vínculo personal con cada uno.

Los abuelos “de antes”

Jubilados y con tiempo para pasar con sus nietos, para hacer payanas y jugar con ellas, coser ropa para las muñecas o enseñarles  a tejer o a cocinar, investigar cuevas misteriosas, llevar los chicos al cine, arreglar algo, podar, hacer la huerta, leer cuentos o contar historias de la familia.

Así, cuando estemos de nuevo solos, con mucho tiempo disponible, todo volverá al orden habitual, y estaremos llenos de recuerdos de experiencias compartidas, habiendo fortalecido el vínculo con nuestros nietos por el tiempo que pasamos juntos en momentos inolvidables para ellos y también para nosotros.

Conservemos el espíritu joven (aunque nos cueste) para levantarnos del suelo, despertarnos de noche para atender sus llamados, patear la pelota, tirarnos de cabeza a la pileta, recordar sus nombres…

Es tarea de los adultos:

  1. acompañar a los adultos mayores,
  2. ser modelo de relación para los chicos  y
  3. prepararse para llegar a ser ancianos sabios.

Si hacemos bien nuestra tarea nuestros hijos y nietos van a poder decir (como tan bien expresa Maitena en uno de sus chistes):

Una chiquita le pregunta a otra: ¿Y a vos qué te gustaría ser cuando seas grande?

La segunda le responde  “¡vieja!”


  1. Psicóloga especialista en orientación a padres. Autora de Criar hijos confiados, motivados y seguros (2011), Capacitación emocional para la familia (2013) y Latentes (2015).


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