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17 Edades

Julio B谩rbaro[1]

Hace un par de a帽os fui convocado a una entrevista que termin贸 integrando un libro de los mayores de setenta. El autor era el doctor Diego Bernardini y el pr贸logo de Facundo Manes. Concurr铆 a la presentaci贸n, lo le铆 y en alguna medida me sirvi贸 para recordar en qu茅 etapa de mi vida me encontraba. Fue como si esa entrevista me hubiera despertado de la modorra, de la rutina para decirme, avisarme, que estaba en el final de mi recorrido.

Las vidas pueden elegir infinitos rumbos, desde la ambici贸n de los adoradores del dinero a la entrega de los que est谩n al servicio del pr贸jimo. Quiz谩 sea en sus 煤ltimos tramos cuando cada quien encuentra la consumaci贸n de sus sue帽os o la melancol铆a de los recuerdos. Hay algo que define con fuerza esa parte del devenir y es la pasi贸n que cada uno le encontr贸 a la vida. Digo pasi贸n sabiendo que sus propuestas son infinitas, s贸lo que su presencia o carencia, su obsesi贸n o desidia, suelen definir distintos lugares donde instalar la madurez.

Hay un tiempo donde uno intenta sacar conclusiones, encontrarle sentido a sus actos, en especial a sus recuerdos. No s贸lo se trata de balances sino tambi茅n de logros, de objetivos alcanzados, todo es m谩s complejo. En alguna medida uno se encuentra con su vida como un relato ajeno, algo que puede ver desde fuera, cuesta entender la intensidad de aquellos tiempos con la escasa persistencia en la memoria.

Nunca olvido la curiosidad de Andr茅 Malraux que le pregunta al capell谩n de guerra 驴qu茅 le ha ense帽ado la confesi贸n sobre los hombres? Despu茅s de explicar que la confesi贸n no ense帽a nada, el capell谩n 鈥渓evant贸 sus brazos de le帽ador en la noche estrellada y dijo, lo que pasa es que en el fondo, no hay gente madura鈥. Y ese fen贸meno es el que m谩s se asoma con los a帽os, el que m谩s nos llama la atenci贸n. La comparaci贸n parece fr铆vola, pero uno piensa que los hombres son como los vinos, que el tiempo los degrada o los mejora y eso depende de su calidad. Y aquellos que desplegaron tan s贸lo la ambici贸n, esos son los peores, se aferran a la vida sin entender que cada tiempo tiene sus sabores, sus placeres, y aferrarse al pasado, negarse a asumir los a帽os produce m谩s da帽os que la misma vejez.

La vida tiene etapas y es bueno transitarlas. Tambi茅n es bueno saber que con los a帽os se agotan y arriban otras. No tiene sentido eso de aferrarse a situaciones que no se corresponden con el momento que uno vive. Los afectos y los amigos crecen en importancia con los a帽os, todos evolucionamos y no por el mismo sendero. Eso genera distancias o diferencias que antes ni imagin谩bamos. Hay miradas que cambian, relaciones que se agotan junto a otros encuentros que enriquecen. Aferrarse a pocas cosas, lo material limita la mirada de los 煤ltimos a帽os y algunos solo est谩n amarrados a eso.

Sin duda los creyentes tienen un final en sus vidas con una cuota de esperanza que no acompa帽a a los ateos. M谩s all谩 de esa diferencia, la solidaridad con los necesitados, una cuota de altruismo, una voluntad de colaboraci贸n con causas dignas de ser apoyadas, todo eso da sentido a la vida.

Con los a帽os el cuerpo suele poner l铆mites y las fuerzas se van agotando. Aceptar esa realidad tiene que ver con la capacidad de disfrutar de otros aportes que esa misma limitaci贸n confiere. Recuerdo la mirada de V铆ctor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido. Cu谩nto nos ense帽a a entender que las razones para vivir son parte esencial de la vida. Siempre hay algo para aprender, para so帽ar, para transmitir. La vida es un regalo y hay un tiempo que es tan solo lo que heredamos, con los a帽os se vuelve importante aquello que hicimos con lo que heredamos. Y la curiosidad, esa que nunca se debe abandonar.

Haber le铆do en otra etapa a Teilhard de Chardin deja al menos esta idea de c贸mo la energ铆a se va convirtiendo en conciencia, una mirada posible sobre la propia evoluci贸n humana.

Se me ocurre que la edad se vive y asume con dignidad en la medida en que no imaginemos asignaturas pendientes, deudas con el pasado. Y la salud, ese regalo de la vida que acompa帽a o abandona, ese sendero que nos hace fuertes o recuerda limitaciones.

Uno puede disfrutar de los a帽os, por lo que aprendi贸 y por lo que reencuentra y lo hacen pensar que su vida tuvo sentido, que vali贸 la pena transitarla.

Los a帽os obligan a enfrentar el ego铆smo, ese enojo que nos enoja con el paso del tiempo como si fuera un castigo. Los a帽os tambi茅n son un regalo, a veces al menos, uno est谩 en condiciones de disfrutarlos sin negar el paso del tiempo ni jugar a las escondidas con la muerte. Nada convoca y exige tanto de sabidur铆a. Ser conscientes que podemos acercarnos a un final libres y en paz. Qu茅 mucho m谩s no podemos pedir.


  1. Pol铆tico, escritor y pensador


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