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14 Las principales dimensiones del descarte: la deuda social con las personas mayores[1]

Las distintas velocidades del crecimiento demográfico

Enrique Amadasi y María Rosa Cicciari[2]

El punto de partida es mostrar en primer lugar el crecimiento de la población total de la Argentina entre el censo de 1947  [3] y la actualidad. El censo de 1947 fue realizado durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, cuando el total de la población de la Argentina era de 15,9 millones de habitantes, una cifra similar a la que hoy tiene la provincia de Buenos Aires: toda la sociedad que le tocó gobernar al primer peronismo tenía el tamaño poblacional que tiene la provincia que hoy le toca gobernar a María Eugenia Vidal o hasta hace poco, a Daniel Scioli. Según el último censo, levantado en  2010, el total de la población nacional asciende a  40,1 millones. Somos en la actualidad, año 2016, 42.000.000 de habitantes, dado que nuestro crecimiento anual promedio es de 400.000 personas. 

Por otra parte, el total de la población de personas mayores, es decir quienes tienen 60 años y más, en 1947 era de 1.000.000 de personas, mientras que en el censo 2010 se contaban 5,7 millones de personas mayores.  Esa cifra se multiplicó por 6 veces en el transcurso del tiempo.

Y entre las personas de 75 años y más, el subgrupo de las personas mayores de  más edad, el crecimiento demográfico fue superior: de 200.000 personas en ese grupo de edad en 1947 se pasó a casi 2.000.000, más precisamente 1,8 millones de personas en el censo 2010.

Es decir que mientras la población total se multiplicó por 2,5 veces, la población de personas de 60 años y más lo hizo por 6 veces, es decir se sextuplicó y la población de personas de 75 años y más, se multiplicó por 10 veces, dando cuenta del proceso de envejecimiento demográfico en la República Argentina, diferenciado por grupos de edad, en donde es mayor el crecimiento de las personas mayores de 60 años y dentro de estas, del subgrupo de los mayores de 75 años, en virtud de los fenómenos demográficos de disminución de la natalidad y de aumento de la esperanza de vida al nacer y de la esperanza de vida a los 60 años.

El índice de satisfacción de necesidades

En los resultados publicados en el segundo Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores, presentado en mayo de 2016 [4], se indagó acerca de una dimensión analítica que hace referencia a las percepciones sobre la satisfacción de las necesidades en las personas mayores, relevando, a través de una pregunta que es réplica de la misma efectuada en la Pontificia Universidad Católica de Chile, qué tan satisfechas se encuentran diversas necesidades de las personas mayores.

En concreto, el índice de satisfacción de necesidades comprende las siguientes necesidades:

  1. económicas
  2. de atención en salud
  3. de vivienda
  4. de alimentación
  5. de afecto y cariño y
  6. de recreación.

En cuanto a la insatisfacción de necesidades en las personas mayores, considerando el porcentaje de personas mayores de 60 años que perciben poco o nada satisfechas cada una de estas necesidades, los valores relevados indican que:

  • El 45,6% de las personas mayores tienen sus necesidades económicas poco o nada satisfechas.
  • El 33,7% de las personas mayores tienen sus necesidades recreativas poco o nada satisfechas.
  • El 27,1% de las personas mayores tienen sus necesidades de atención en salud poco o nada satisfechas.
  • El índice de satisfacción de necesidades de las personas mayores, construido a partir de los 6 indicadores considerados por separado, es del 24,9%. 
  • El 17,9% de las personas mayores tienen sus necesidades de alimentación poco o nada satisfechas.
  • El 15,7% de las personas mayores tienen sus necesidades de vivienda poco o nada satisfechas.
  • Y por último, el 14.3% de las personas mayores tienen sus necesidades de afecto y cariño poco o nada satisfechas.

Los indicadores del descarte

En el Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores,  desarrollado en el marco de las actividades del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Pontificia Universidad Católica Argentina desde 2014 y contando con el apoyo y el financiamiento de la Fundación Navarro Viola, se ha integrado un equipo de investigadores sociales especialistas en medir la “deuda social”.  Es decir, en medir aquellos aspectos vinculados con las condiciones de vida de las personas mayores en donde se evidencian faltantes o limitaciones o necesidades por satisfacer.

Entre las múltiples temáticas posibles de ser estudiadas en torno a las condiciones de vida de las personas mayores, se han seleccionado las que se presentan a continuación, que han sido desarrolladas en las publicaciones del primer Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores Condiciones de vida e integración social de las personas mayores ¿diferentes formas de envejecer o desiguales oportunidades de lograr una vejez digna? (marzo de 2015) y del segundo Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores  El desafío de la diversidad en el envejecimiento. Familia, sociabilidad y bienestar en un nuevo contexto  (mayo de 2016).  

Los ejes temáticos abordados en la primera publicación mencionada son:

  1. La capacidad de subsistencia de los hogares y las personas mayores
  2. Hábitat, vivienda y derecho a la ciudad
  3. Estado, atención y necesidades de salud
  4. Recursos psicológicos para el bienestar subjetivo y capacidades sociales

Los ejes temáticos abordados en la segunda publicación mencionada son:

  1. Integración, respeto  y reconocimiento familiar
  2. Sociabilidad, solidaridad y recreación en la vejez
  3. Percepción sobre la valoración social en la vejez

Se presentan brevemente cada uno de ellos a continuación.

Por capacidad de subsistencia de los hogares y las personas mayores se entiende cuáles son los recursos económicos con que cuentan los hogares y las personas mayores para su subsistencia cotidiana.  Entre las dimensiones que han sido analizadas se encuentran:

  1. las estrategias de los hogares en cuanto a sus fuentes de recursos monetarios (haberes previsionales, pensiones, recursos provenientes del trabajo, ayudas monetarias o no provenientes de organismos y/o de familiares)
  2. la inseguridad alimentaria
  3. los recortes efectuados en gastos de medicamentos
  4. los recortes efectuados en consultas médicas
  5. la insuficiencia de ingresos
  6. la capacidad de ahorro
  7. la insatisfacción de las necesidades de alimentación y 
  8. la insatisfacción de las necesidades económicas. 

Cabe destacarse que si bien todas estas dimensiones son importantes, aquellas que afectan a más del 20% de la población de personas mayores son las que han merecido una mayor atención y las que se presentan en los resultados numéricos que se difundieron a continuación.  En este bloque temático, se trata de la insuficiencia de ingresos (que afecta al 33,6%) y la insatisfacción de necesidades económicas, que como se ha dicho con anterioridad, afecta al 45,6% de las personas mayores.

Por hábitat, vivienda y derecho a la ciudad se entiende el análisis no sólo de la vivienda sino del entorno de la misma y del ámbito barrial en donde las personas mayores realizan la mayoría de sus actividades cotidianas. Esta dimensión es de particular interés, dado que la mayoría de las actividades cotidianas de las personas mayores se circunscriben al espacio barrial, habiéndose eliminado de su cotidianeidad otros espacios como el laboral, el de los estudios, etc., antes presentes. 

Este eje temático contiene varias dimensiones analíticas, a saber:

  1. el acceso a una vivienda digna 
  2. el acceso a los servicios domiciliarios de red
  3. la infraestructura urbana básica 
  4. el entorno saludable. 

En el caso de las personas mayores, se ha detectado que los principales problemas en torno al hábitat ocurren por así decirlo “de la puerta de la casa hacia afuera”, es decir en relación a la infraestructura básica y al entorno saludable. De este modo, las principales deudas sociales se registran en torno a la presencia de terrenos inundables (40,3%), problemas de contaminación en el barrio (30,4%), déficit de acceso a la red de cloacas (29,9%) y en menor medida, ausencia de espacios verdes (18,9%) y déficit de acceso a la red de gas (18,8%). 

Por Estado, atención y necesidades de salud se entiende el análisis de las condiciones de salud de las personas mayores, desde una perspectiva subjetiva, es decir, no desde  la visión del médico que lo atiende, sino desde la propia valoración del estado de salud que las personas mayores tienen sobre sí mismas, así como de la calidad de los servicios a los que acceden.

En este eje temático se analizaron las siguientes dimensiones:

  1. el estado de salud percibido
  2. el malestar psicológico
  3. la atención de la salud (que contiene tanto la realización de consulta médica, como el tipo de prestador de la última consulta)
  4. la calidad de la atención (que hace referencia a la demora de más de un mes en la obtención de un turno médico, demora de más de una hora en la atención de la consulta y la evaluación negativa de la calidad de la atención recibida)
  5. los hábitos de salud, en especial el déficit en la práctica de ejercicio físico y
  6. la insatisfacción de las necesidades de atención de salud.

En esta temática se encuentran varias dimensiones que afectan en forma considerable a las personas mayores. Considerando la diferencia entre incidencia (cantidad de casos) y criticidad (gravedad de los casos), es de destacar que el mayor déficit en los aspectos de salud está relacionado con el déficit en la práctica de ejercicio físico (que afecta a  más del 70% de las personas mayores). Respecto al estado de salud percibido, considerando como se ha dicho antes, su valoración subjetiva por parte de las personas mayores, nuestros estudios arrojan que un 28,6% de las personas mayores consideran que su estado de salud es malo, es decir tienen bastantes o crónicos problemas de salud. Esta cifra, si bien es alta, “rompe” el mito que asocia la vejez a la enfermedad, dado que sólo se encuentran en esta situación 1 de cada 4 personas mayores. Otros indicadores vinculados con la salud tienen más incidencia que el estado de salud percibido, como ser aquellos referidos a la calidad de la atención médica recibida. En este sentido, la demora de más de un mes en la obtención de un turno médico afecta al 56,7%% de las personas mayores y la demora de más de una hora en la atención de la consulta médica, afecta al 45,7%[5].  Por su parte, la insatisfacción de las necesidades de atención en salud es mencionada por el 27,1% y el malestar psicológico, es decir  la  presencia de síntomas de ansiedad y/o depresión en las personas mayores, afecta a cerca del 22,7% de los mismos.  

El apartado temático denominado Recursos psicológicos para el bienestar subjetivo y capacidades sociales aborda aspectos poco conocidos y transitados en otros estudios sobre personas mayores, siendo uno de los aportes más originales de nuestra producción académica, porque sobre esto había escasos antecedentes.

Entre los recursos psicológicos, se han estudiado una multiplicidad de los mismos, a saber: tener paz espiritual, sentir soledad, tener sentimientos de infelicidad, poseer recursos de control externo, poseer proyectos personales [6]. De todos los recursos mencionados, el que afecta a mayor cantidad de personas mayores es la falta de proyectos personales, que alcanza al 25,7% de las personas mayores, es decir a una de cada cuatro personas mayores.  Respecto a qué se entiende por proyectos personales, nuestra respuesta es “aquello que las personas realizan y que les permite trascender el día a día”. Es decir, puede ser cualquier actividad, dentro o fuera del hogar, solo o acompañado, cotidiana o con cierta periodicidad, que haga que la persona pueda trascender el día a día y no se encuentre “como pluma al viento”, disponible frente a lo que disponga el azar de cada día. Parafraseando a un amigo, sostenemos que “si  uno sabe para qué vive, hasta haber hecho un curso de ikebana tiene utilidad”.

Por capacidades sociales hacemos referencia a tres tipos de “apoyo social”, es decir tipos de relaciones sociales con que las personas mayores cuentan para poder enfrentar el proceso de envejecimiento.  Presentan nombres muy técnicos, pero en términos sencillos hacen referencia a distintas situaciones de la cotidianeidad en las que se requiere poder interactuar con otros para mantener vínculos sociales necesarios. Estas situaciones de la cotidianeidad son las siguientes:

  1. contar con alguien que “le brinde afecto y cariño” a una persona mayor “cuando esta lo necesite” (es el denominado, apoyo social afectivo)
  2. contar con alguien que “le ayude a resolver cuestiones domésticas y de la cotidianeidad familiar o del hogar” a una persona mayor “cuando esta lo necesite” (es el denominado, apoyo social instrumental, que se ejemplifica con la situación de la típica pareja de personas mayores que requiere ayuda con los quehaceres domésticos de preparar la comida o hacer las compras, cuando uno de los miembros de la pareja –generalmente la mujer- no puede hacerse cargo de esas tareas por razones de enfermedad, por ejemplo) y
  3. contar con alguien con quien compartir una conversación personal basada en la obtención de información de interés en algún medio de comunicación social (es el denominado apoyo social informacional, que se ejemplifica cuando una persona mayor escucha por radio o televisión alguna noticia referida a la jubilación, por ejemplo, y no tiene una persona al lado con quien compartir esa noticia, conversando con la misma para poder comprender e interactuar respecto de la información recibida).

Estos tres tipos de relaciones sociales constituyen lo que hemos denominado “capacidades sociales“para llevar adelante una buena vejez y que se inscribe en un capítulo de “relación con los otros”.

En cuanto a la integración, respeto y reconocimiento familiar, tópico que hemos analizado en la segunda de las publicaciones del Barómetro de la Deuda Social Argentina, se han tenido en cuenta las siguientes dimensiones:

  1. la participación en las decisiones individuales y familiares
  2. la comprensión en lo afectivo/emocional
  3. la preocupación por la salud por parte del entorno familiar y
  4. la insatisfacción de las necesidades de afecto y cariño.

De todas estas dimensiones, la que afecta a más del 20% de las personas mayores de 60 años es  la comprensión en lo afectivo /emocional, es decir que en una sociedad que se autodefine como “amiguera y familiera”, las personas mayores señalan como principal déficit en relación con la temática de la integración familiar, que precisamente sus propios entornos familiares no los comprenden en las cuestiones vinculadas a lo afectivo y a lo emocional. Es paradójico, sienten que son más considerados en los aspectos que atañen al cuidado y la preocupación por su salud, que a las actitudes de comprensión afectivo-emocionales.

Otro tópico interesante de la sociabilidad, es considerar las esferas no familiares, es decir vinculadas con relaciones sociales establecidas con otros grupos de personas por fuera del entorno familiar, en general grupos de pares, es decir otros colectivos de personas mayores. En este eje temático hemos analizado dimensiones tales como:

  1. el déficit en las redes de amistad (no contar con amigos íntimos), b) el déficit en la participación en reuniones lúdicas o recreativas
  2. el déficit en la participación en clubes o centros de jubilados y
  3. la insatisfacción de las necesidades recreativas. 

Como hemos señalado anteriormente, la insatisfacción de las necesidades recreativas es la segunda necesidad no satisfecha en importancia, en ranking de necesidades insatisfechas, ubicada después de las necesidades económicas, pero en contraposición,  o mejor dicho en concordancia, esta insatisfacción se encuentra “en alianza” con la escasa participación en actividades sociales orientadas hacia la misma, como pueden ser la participación en reuniones lúdicas o recreativas con pares, familiares o no y la participación en clubes o centros de jubilados. Respecto a este último tema, se plantea la visión contrapuesta a la que tienen las autoridades del PAMI y/o de los centros de jubilados, que plantean el uso asiduo de sus ofertas institucionales de actividades recreativas; sin embargo si se considera el total de personas mayores que somos (6.000.000 de personas) y la cantidad que hacen uso de las actividades recreativas propuestas por estas entidades, el resultado es un número muy reducido, que da cuenta de los altos porcentajes (superiores al 75%) de no participación.

Otro apartado al que le hemos dedicado nuestra atención en la segunda de nuestras publicaciones es al ejercicio de la solidaridad por parte de las personas mayores. Es decir, a “lo que las personas mayores pueden brindar a los otros”, en términos de actitudes de solidaridad y voluntariado social.

Conjuntamente a este tema, hemos analizado las percepciones sobre la valoración social en la vejez desde el punto de vista subjetivo de las personas mayores. Hemos registrado valores importantes, en todos los casos superiores al 40%, de déficit de valoración de la palabra/opinión de las personas mayores, de déficit de valoración de los conocimientos de las personas mayores, de déficit de valoración de su experiencia laboral y en menor medida, es decir, como el aspecto más positivamente valorado por la sociedad respecto de las personas mayores, aquel asociado a la valoración de los cuidados que las personas mayores pueden brindar a los otros.

Resultados

A título ejemplificativo presentamos los resultados cuantitativos de los argumentos antes desarrollados, en la Tabla titulada “Incidencia de los déficits más frecuentes”. Se expone un ranking que contiene desde los déficits con mayor incidencia hasta algunos de los que están por debajo del 20%, medida de corte que hemos utilizado para señalar la importancia incidental de los mismos: un déficit que afecta a 1.200.000 personas mayores (el 20% de los 6.000.000 de personas mayores que somos según los datos del censo 2010) es un déficit que da cuenta de una situación que requiere un llamado de atención por parte no sólo de quienes tienen la capacidad de intervenir en el diseño de políticas públicas o en la implementación de acciones que mejoren las condiciones de vida de las personas mayores, sino del conjunto de la sociedad y sus variadas instituciones de la sociedad civil. 

Tabla Nro. 1: Incidencia de los déficit más frecuentes.
Años 2010-2014. En porcentajes de personas mayores de 60 años.

incidencia

Fuente: EDSA- Bicentenario (2010-2016), Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA).

La Deuda Social

Cabe, llegados a este punto de la exposición, hacer una aclaración. Como hemos dicho anteriormente, somos un equipo de investigadores sociales especialistas en  medir y analizar “la deuda social”, es decir la parte “medio vacía” del vaso. En contrapartida, también se puede observar la parte “medio llena” del mismo. Cuando decimos que el 22,7% de las personas mayores tienen malestar psicológico, estamos diciendo que si bien este porcentaje es de una deuda que consideramos necesario saldar socialmente, también existe un 77,3% de personas que no tienen este déficit. 

Sin embargo, el resultado más importante que nos han dejado estos estudios realizados es que “no hay una vejez, sino que hay vejeces”. Existen distintas formas de envejecer, de acuerdo a las distintas características y trayectorias de las personas mayores. Y si bien la bibliografía especializada remarca las diferencias por brechas de género (no es lo mismo envejecer siendo varón que siendo mujer) y de grupos de edad (no es lo mismo envejecer si se tienen 60 años que si se tienen 80 años), en nuestros estudios hemos detectado que las principales diferencias tienen que ver con la deuda social, es decir, provienen de factores que expresan la  estratificación social, a saber: el nivel educativo, el estrato socioeconómico, la condición residencial entre las más importantes, pero sin desconsiderar el tipo de hogar y el tipo de aglomerado urbano.

A modo de ejemplo, hemos mencionado anteriormente –en la parte segunda de esta exposición- la existencia de un déficit de satisfacción de necesidades (índice construido con los déficits de las 6 necesidades analizadas por separado) que es de 24,9%.

Sin embargo, si observamos la distribución de dicho déficit por brecha de género, afecta al 23,9% de los varones y al 24,4% de las mujeres.  Y si observamos la brecha de edad, afecta al 24,7% de los que tienen entre 60 y 74 años y al 22,7% de los que tienen más de 75 años. En ambos casos, observamos diferenciales pequeños entre unos y otros. 

Ahora bien, si consideramos las variables que dan cuenta de la estratificación social, distinto es el panorama observado. Respecto al nivel educativo, el déficit de necesidades es del 11,2%  en los que tienen nivel educativo de secundario y más y del 32,2% en los que tienen hasta secundario incompleto. Es decir, que el déficit de necesidades afecta al triple de las personas mayores que tienen nivel educativo más bajo, en relación de quienes han tenido mejores oportunidades de estudiar en su vida.  Por su parte, respecto del estrato socioeconómico [7], el déficit de necesidades afecta al 4,3% de quienes pertenecen al estrato medio alto, mientras que en la otra punta de la escala social, afecta al 42,0% de quienes pertenecen al estrato muy bajo, es decir que se multiplica por diez este déficit. 

Por otra parte, también encontramos diferencias entre los distintos tipos de hogar [8]. El déficit de necesidades afecta menos a los hogares multipersonales puros (21,2%), seguido por los hogares unipersonales (23,2%) y más a los hogares multipersonales mixtos (27,2%). Es decir que en términos de déficit de necesidades, se ven más perjudicados los hogares mixtos, donde conviven las personas mayores con otras personas sub-60 años que los hogares  propios de personas mayores, ya sean que vivan solas o acompañadas por otros mayores.

En cuanto a las diferencias por aglomerado urbano, el déficit de necesidades se reduce al 8,4% entre las personas mayores residentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  crece al 31,2% en el Conurbano Bonaerense,  es del 22,8% en las Otras Grandes  Áreas Metropolitanas y del 25,3% en el Resto Urbano del Interior, evidenciándose las diferencias regionales que contiene nuestro país, siendo que el Conurbano Bonaerense presenta una situación que es de mayor déficit de necesidades que el promedio nacional, dado que afecta a una de cada tres personas, mientras que el promedio nacional es, como habíamos dicho, de una de cada cuatro personas mayores.

Por  último, presentamos el indicador que da cuenta de la condición residencial de las personas mayores. En él podemos observar que el déficit de necesidades es del 40,8% entre quienes viven en villas o asentamientos precarios mientras que se mantiene en torno al promedio general antes señalado en quienes residen en barrios con trazado urbano, que registra dicho índice en un valor del 23,5%.

De esta forma, nuestra afirmación respecto de que “no hay una vejez, sino que hay vejeces” queda ilustrada con estos indicadores en donde se da cuenta de las distintas condiciones de envejecimiento  de las personas mayores. Se hace entonces visible que hay más semejanzas entre un sesentón y un ochentón del mismo estrato social, que entre dos sesentones que pertenezcan a distintos estratos sociales o entre dos ochentones de distintos estratos sociales. Este ha sido el principal aporte con el cual nuestra investigación ha contribuido al conocimiento de las condiciones de vida de las personas mayores en la Argentina actual.  

Bibliografía

ODSA (2015). Condiciones de vida e integración social de las personas mayores. Diferentes formas de envejecer o desiguales  oportunidades de lograr una vejez digna? Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores, Serie del Bicentenario (2010-2016) / Año IV, Buenos Aires: Educa.

El desafío de la diversidad en el envejecimiento. (2016). Familia, sociabilidad y bienestar en un nuevo contexto. Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores, Serie del Bicentenario (2010-2016) / Año V, Buenos Aires: Educa.


  1. La ponencia presentada en el Congreso “Descarte vs. inclusión” organizado por la Universidad Austral en el mes de octubre de 2016 está organizada en cinco apartados temáticos que se presentan a continuación.
  2. Coordinador y Asistente de Investigación del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores. Observatorio de la Deuda Social Argentina. Pontificia Universidad Católica Argentina
  3. Datos basados en INDEC, Censos Nacionales de Población de 1947,1960, 1980, 1990, 2001 y 2010.
  4. Todos los datos que se presentan a continuación tienen como fuente la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA-Bicentenario 2010-2016) del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) y dan cuenta de los resultados obtenidos para el período 2010-2014. La EDSA surge de un diseño muestral probabilístico de tipo polietápico estratificado (5712 hogares). El universo geográfico de estudio abarca una serie de grandes y medianos aglomerados urbanos: Área Metropolitana del Gran Buenos Aires (Ciudad de Buenos Aires y Conurbano Bonaerense), Gran Córdoba, Gran Rosario, Gran Mendoza, Salta, Neuquén-Plottier-Cipoletti, Mar del Plata, Salta, Tucumán y Tafí Viejo, Paraná, Resistencia, San Juan, Zárate, La Rioja, Goya, San Rafael, Comodoro Rivadavia, Ushuaia y Río Grande.
  5. Con estos indicadores, queda bien ejemplificado la diferencia entre incidencia y criticidad. Si bien la ausencia de práctica de ejercicio físico afecta al 70,9% de las personas mayores, consideramos que es más crítico y que por lo tanto requiere de una mayor intervención por parte de quienes tienen la oportunidad de formular políticas públicas en el área de salud, las situaciones vinculadas con la calidad de la atención de la salud que hemos mencionado, es decir la demora en la obtención de un turno o en la atención de la consulta médica, que afectan respectivamente al 56,7% y al 45,7% de las personas mayores.
  6. Estos recursos, entre otros, dan cuenta de las posibilidades con las que cuentan las personas mayores para enfrentar el stress de la vida cotidiana, que está presente en todas las etapas de la vida, pero que en la vejez se potencian, porque se cuenta con capacidades diferenciales para afrontar los problemas y vicisitudes de la vida.
  7. Considerando que la población puede dividirse en 4 estratos, en donde se diferencien las condiciones socioeconómicas, denominados estrato medio alto (el 25% que está mejor en términos socioeconómicos), el estrato medio (el 25% que le sigue, en escala descendente), el estrato medio bajo (el 25% que le sigue, en escala descendente y que tienen un 50% por encima de su condición) y por último, el estrato muy bajo (el 25% que está peor en términos socioeconómicos, que tiene por encima un 75% del conjunto de la población en términos socioeconómicos, los así denominados pobres, excluidos, indigentes, sectores más desfavorecidos, etc.).
  8. Considerando la distinción entre tres tipos de hogar en que viven las personas mayores: a) el hogar unipersonal, donde reside una persona mayor de 60 años sola, b) el hogar multipersonal puro, donde residen sólo personas mayores de 60 años, siendo el modelo típico, la pareja de personas mayores, pero también pudiéndose encontrar arreglos residenciales de hermanos, otros parientes u otros no familiares viviendo juntos y por último, c) el hogar multipersonal mixto, donde residen personas mayores de 60 años conviviendo con otras personas de otros grupos etarios, siendo el modelo típico el adulto mayor viudo que vive con sus hijos/nueras y sus nietos/as.


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