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4 El envejecimiento de la población

La transformación de las relaciones intergeneracionales y el papel de los mayores en el mundo de hoy

Dolores López[1]

Resumen  

Nunca ha cambiado tanto la sociedad y la familia como en los últimos cincuenta años. La profunda transformación demográfica que se están dando en todos los lugares del mundo, con diferentes calendarios e intensidades, han transfigurado la sociedad y especialmente el papel que en ella ejercen los distintos grupos de edad, principalmente los adultos mayores. El objetivo de este texto es hacer un recorrido tanto por el proceso de envejecimiento de las poblaciones como por las implicaciones que este tiene en las distintas esferas de la vida tanto en la sociedad en su conjunto como en las relaciones familiares. La intergeneracionalidad nunca ha sido tan intensa como lo es en la actualidad y para gestionar los retos de estos cambios es preciso comprenderlos y visibilizar el papel de los mayores.

Palabras Claves: envejecimiento, mayores adultos, relaciones intergeneracionales, transformaciones sociales.

Abstract 

Never before society and family has changed so much as it has done during the last fifty years. The big demographic transformation that is happening all over the World, with different intensities and calendars, has transmuted the society deeply and specially the roles played by the different age groups, primarily the elderly population. The aim of this text is to give a general and wide overview not only of the population ageing process but also of their implications in the different spheres of the life, in the society as a whole and in the family. Intergenerationality has never been so intense as it is actually and in order to manage the challenges that come with it, understand, redefine and visibilise the roles of elderly people is crucial.

Key words: Ageing, elderly people, intergenerational relationship, social change.

Introducción 

Conocer las transformaciones socio-demográficas que en las últimas décadas han vivido las sociedades del mundo es necesario para afrontar los retos que acompañan a estos cambios. Y una de las mayores novedades ha venido de la mano del envejecimiento de la población y de las transformaciones en las relaciones intergeneracionales. Esta compleja temática, de capital importancia tanto para la sociedad en su conjunto como para cada persona como individuo y familia, ha de abordarse desde una aproximación interdisciplinar ya que tiene implicaciones en todas las esferas de la vida. Por otro lado, además de un abordaje desde una perspectiva holística, en esta temática es especialmente crucial que se tiendan sólidos puentes entre el mundo del conocimiento y el de la gobernanza social. Ambos mundos han de ir de la mano, para que los avances científicos iluminen la toma de decisiones encaminadas a mejorar la sociedad. Este diálogo, entre el saber y el hacer, es crucial para conseguir que la sociedad intergeneracional que nos ha tocado vivir sea más enriquecedora, armoniosa, justa y solidaria.

El objetivo de este trabajo es dibujar un telón de fondo explicativo de los grandes cambios que explican las transformaciones sociales que han acompañado al envejecimiento demográfico, a la nueva realidad intergeneracional y a la diversificación de los papeles de los adultos mayores. La desventaja de esta aproximación es la pérdida de matices que acompañan a un cuadro de trazos gruesos y para la gobernanza de estas realidades será preciso siempre matizar esta visión bajando al territorio. Hay una gran diversidad de situaciones en los distintos lugares del mundo. Partiendo de esta idea, el mundo es complejo, diverso y muy rico en matices, en este texto centramos la mirada en nuestro mundo más cercano, en los países con niveles medios y altos de desarrollo. Y este mundo ¿Cómo es? Es un mundo global, globalizado, interconectado, altamente tecnificado y masivamente urbanizado. Es un mundo de servicios, de cultura, de ocio, de consumo y de sobreinformación. Es un mundo donde los cambios son cada vez más rápidos (y también nuestras vidas) y donde los “saltos” entre unas generaciones y otras se producen cada vez en un número menor de años.

La generalización de la longevidad

Y este mundo, y dejamos muchas facetas sin citar, es así gracias, en buena parte, a uno de los mayores logros que se han dado en la historia de la Humanidad: “ganarle” la batalla a la muerte. Durante siglos y siglos, el hombre ha luchado por ganar años a la vida. La historia de la humanidad ha sido la batalla por la supervivencia, por ir arañando años a la vida, y podemos decir que en el siglo XX se ha dado un paso de gigante en esta dirección.

En 1900, antes de ayer históricamente hablando, la esperanza de vida en España era de 34 años. Era tan baja porque la mortalidad infantil era muy elevada y el porcentaje de niños que nacían en una generación y que morían antes de cumplir los cinco años era altísimo. Según los últimos datos del INED (Pison, 2015: 1, 3 y 5), en 2015, la esperanza de vida en el mundo era de 73 años para las mujeres y 69 años para los hombres. En esa fecha la esperanza de vida más baja del mundo la tenía Lesoto, un país del África Austral, 43 años para los hombres. Argentina tenía una esperanza de vida de 73 para los hombres y 80 años para las mujeres. No demasiado lejos de las mujeres más longevas, las japonesas, 87 años, y tampoco de las españolas, 86 años.

En relativamente pocos años se ha producido un proceso de generalización de la longevidad. En el pasado el llegar a viejo era patrimonio de unos pocos, hoy son muchas las personas que viven esta etapa de la vida. Este cambio, el incremento de la esperanza de vida (López y Montoro, 2009), es el campo de cultivo que ha permitido y propiciado, en gran medida, los procesos de modernización social, económica y tecnológica vividos en las últimas décadas. Y cabe preguntarnos ¿Qué consecuencias ha tenido el aumento de la longevidad?

Un importante incremento de la presencia de personas mayores en nuestras sociedades

Hay un mayor número de personas mayores, porque hay una mayor supervivencia. Cada vez menos personas se mueren en el camino. En la sociedad del siglo XXI las personas mayores tienen un protagonismo único en la historia. En el pasado los mayores eran importantes, diríamos incluso que eran muy importantes ya que haber llegado a mayor significaba haber sobrevivido a muchos avatares de la vida. Y los que llegaban a mayores eran un pequeño porcentaje de su generación. Hoy en día los que llegan a mayores son una parte muy importante de su generación.

El número de personas que se van incorporando al grupo de los veteranos depende también del tamaño de la generación al nacer. Hay generaciones grandes y generaciones más menguadas. Cuando mi generación, la del baby boom español, llegue a la edad de jubilación, el incremento del número de personas mayores va a ser especialmente importante.

En el siglo XXI los mayores son muchos más, en número, y también en porcentaje. El mayor peso porcentual de los mayores en una población es a lo que se denomina envejecimiento demográfico y dicho proceso se está generalizando en el mundo (United Nations, 2002). El peso porcentual de los mayores puede aumentar porque aumente su presencia o porque disminuya la del resto de grupos de edad. Y es preciso recordar que el envejecimiento de la población no es sólo consecuencia de la reducción de la mortalidad, sino de la combinación de cuatro procesos demográficos: Una sociedad envejece por la cúspide de su pirámide cuando hay un incremento de las personas que sobrevive a las edades ancianas pero también porque llegan personas mayores a ese lugar fruto de la migraciones (pensemos en las zonas soleadas del sur de muchos países. España es un buen ejemplo (Rodríguez y Warner, 2002)). Pero una sociedad también envejece cuando los grupos de edades más jóvenes disminuyen su importancia, bien sea por reducción de la fecundidad o por migraciones de los jóvenes. La caída de la fecundidad ha acentuado considerablemente el peso porcentual de los mayores al reducir la base de la pirámide poblacional. En muchas zonas rurales el éxodo de los jóvenes ha sido la mayor causa del envejecimiento.

El envejecimiento de la población fruto del incremento de la longevidad es objetivamente gozoso y hay que seguir trabajando para añadir calidad de vida a esos años que se ha ganado a la muerte. Sin embargo, el envejecimiento de la población debido a la fuerte caída de la fecundidad es preciso afrontarlo. Aunque una parte muy importante de la caída de la fecundidad se deba a un hecho tan magnífico como el descenso de la mortalidad infantil -no hace falta tener tantos hijos para que alguno sobreviva a adulto- en la actualidad hay un desajuste entre los hijos que las familias desean tener y los que tienen. Esto explica que los niveles de fecundidad no lleguen, en muchos países, como es el caso español, al nivel de reemplazo (1,8-2,1 hijos por mujer) que es necesario para que haya un mayor equilibrio demográfico entre las generaciones y que es, por otro lado, el tamaño de familia deseada en España. El índice sintético de fecundidad o número medio de hijos por mujer era en el 2015 de 1,3 en España y 2,2 en Argentina. En las pirámides de la figura 1 se pueden comparar las estructuras por edad y sexo en ambos casos. Argentina se juega en gran medida su armonía demográfica en los niveles de fecundidad de las próximas décadas.

Figura 1: Pirámides de población (2015)

                                    Argentina                                              España

piramide poblacional Delbosco

Alargamiento de la vida

La segunda consecuencia del incremento de la esperanza de vida es el alargamiento de la vida con la consiguiente modificación de las distintas etapas de la vida: la infancia, la juventud, la madurez y muy especialmente, la vejez (López de Heredia y Montoro, 1998). Ha cambiado su duración, los roles propios de cada etapa, los modos de vivirlas, los ritos de paso de unas etapas a otras, y las relaciones que se dan entre ellas…. Y esto tiene importantes implicaciones no sólo en la vida social sino también en las percepciones, en los imaginarios asociados a las distintas edades. Un ejemplo de ello es el cambio en la percepción de la edad asociado a la muerte. En el pasado enterrar a los hijos era, desgraciadamente muy habitual. En algunos países de África lo sigue siendo. Pero hoy lo percibimos y lo vivimos como un evento antinatural. En el pasado morir con 60 años era morir mayor, ahora morir con esa edad es morir joven. La imagen de los mayores en todas las esferas de la vida ha experimentado un gran cambio (Mayores, Portal, 2009).

Pero volvamos a las etapas de la vida para comprender mejor su transformación. Una de las categorizaciones clásicas en el estudio del ciclo vital familiar parte de una analogía asociada a la vida de los pájaros: la etapa del nido sin estrenar (los tortolitos en su hogar), la etapa del nido en crecimiento (comienzan a llegar los hijos), la etapa del nido en decrecimiento (los hijos vuelan al irse emancipando), la etapa del nido vacío (los tortolitos ya más mayores vuelven a estar solos) y la etapa del nido solitario (uno de los tórtolos, mayoritariamente la tórtola, se ha quedado sola). En la figura 2 se ejemplifican dos ciclos de vida de dos mujeres con duraciones de vida diferentes.

Figura 2: Diagrama de dos ciclos de vida familiar de dos mujeres con diferentes esperanza de vida

diagramadedosciclos

Fuente: Elaboración propia

El alargamiento de la vida ha tenido como consecuencia un aumento muy importante de las dos últimas etapas de este ciclo, el nido vacío y el nido en solitario. Como además, ha disminuido el número de hijos y consecuentemente el número de años de la vida de una persona dedicados a la crianza de los hijos, aumentan las etapas finales y disminuyen también las anteriores. Lógicamente hay distintos calendarios e intensidades en función de las pautas de emancipación de los jóvenes, de los niveles de fecundidad, de la mortalidad y de la diferencia de la esperanza de vida entre hombres y mujeres, además de ciclos más complejos asociados al divorcio o la separación, a la mayor fragilidad de las relaciones. Pero simplificando, podemos afirmar que en el pasado el ciclo vital familiar era más concentrado y con un peso diferente de cada etapa. Los estilos de vida de los distintos momentos familiares también han cambiado. Las acciones encaminadas a tener una vejez activa están cada vez más presentes ya que los años que se viven en esta etapa de la vida son cada vez más.

Perfil variado de las personas mayores

La tercera, y última consecuencia de este incremento de la esperanza de vida, y que va de la mano de la anterior, es que, como se ha alargado el número de años que vivimos en las “últimas” etapas de la vida, el perfil de los pobladores de estas edades es cada vez más diverso. No se puede ya hablar de un grupo homogéneo, sino de una población cada vez más heterogénea (IMSERSO, 2014). ¿Y dónde podemos ver esta heterogeneidad?

  1. En los estados de salud (Caselli y López, 1996). En el pasado la vejez estaba asociada a deterioro, a enfermedad, a muerte. Hoy en día esta frontera entre la salud y la enfermedad se ha ido posponiendo y por ello se habla de la tercera edad (adultos mayores-jóvenes con unos niveles buenos de salud) y de la cuarta edad (personas con mayores de 80 años y con problemas de salud). Hay que señalar que se produce un retraso de la enfermedad, pero también, debido a los importantes cambios en los patrones epidemiológicos, se da una prolongación del número de años que se vive enfermo, especialmente entre las mujeres. Y en las edades avanzadas las polipatologías son muy frecuentes y se mezclan asimismo con una mayor vulnerabilidad social.
  2. También vemos una heterogeneidad en el grupo de mayores cuando miramos a la distribución entre hombres y mujeres. Debido a la mayor esperanza de vida de las mujeres, que se da en todos los países del mundo, se produce una feminización de nuestras sociedades. Actualmente en el mundo hay más mujeres que hombres y es debido al proceso de envejecimiento, con mayor o menor intensidad en función de las poblaciones. Conforme mayor es la edad mayor es la feminización. Por analogía con el proceso del “baby boom”, hoy podemos hablar del fenómeno del “abuela boom”.
  3. Pero también hay diferencias en las situaciones de convivencia (Iacovou, 2011). Como se retrasa la mortalidad, la probabilidad de seguir en pareja entre los ancianos-jóvenes es mayor. Entre los ancianos mayores la viudedad es más importante, especialmente entre las mujeres. Esto se debe no sólo a la diferencia de esperanza de vida entre hombres y mujeres, sino también a que los hombres suelen ser de media dos o tres años mayores que sus cónyuges. Además, los varones se vuelven a casar en mayor medida que las mujeres. Como consecuencia, hay más mujeres que viven solas en las etapas más vulnerables de la ancianidad. Vivimos más, vivimos más tiempo solas y vivimos más tiempo enfermas. Un ejemplo, la prevalencia del Alzheimer es mucho mayor entre las mujeres que entre los hombres. En esas edades más vulnerables el haber tenido hijos se vuelve un elemento clave en el cuidado, especialmente para las mujeres (Reher y Requena, 2017).
  4. Y también, por último, hay cada vez una mayor diversidad en las características sociales y económicas de las personas mayores. El perfil de una generación le va a acompaña a lo largo de su vida, por lo que conforme se incorporan a estas edades generaciones más formadas, con mayores niveles económicos, con unos estilos de vida diferente,… se van transformando las características sociales de los mayores, sus expectativas, sus gustos, sus modos de vivir, etc. 

Una sociedad intergeneracional

Y la combinación de todos estos cambios nos llevan a afirmar que la sociedad actual es la que, en mayor medida y con mayor rigor, se puede catalogar como intergeneracional. La convivencia en vida de personas de tres y cuatro generaciones de una misma familia es una marca de identidad del mundo que nos ha tocado vivir. Es patrimonio de las sociedades que tienen baja mortalidad. Por lo tanto, la organización y gestión de sociedades intergeneracionales es un reto relativamente nuevo y que nunca se ha dado con las características e intensidad con las que se da hoy en día (López y Noruega, 2012; López López et al, 2004).

Esto no quiere decir que en el pasado no hubiera relaciones intergeneracional, que las había, pero su realidad era muy diferente a la actual, como se puede apreciar en cuatro aspectos:

  1. En el pasado las relaciones intergeneracionales, convivencia en vida, duraban menos en la biografía de una persona. Ahora se ha prolongado considerablemente el tiempo de la vida compartida entre las distintas generaciones y ha aumentado la probabilidad de convivir cuatro generaciones. Un pequeño ejemplo: en el pasado era excepcional que los cuatro abuelos estuviera presente en la boda de su nieto. Ahora la probabilidad es alta, así como también es alta la probabilidad de que alguna bisabuela, (por la mayor longevidad de las mujeres), conozca a sus bisnietos. Lógicamente esta probabilidad también depende de la edad a la que se casan los jóvenes. En España la edad de entrada a la nupcialidad es mucho más tardía que en Argentina.
  2. Y la segunda idea. En el pasado en la red familiar, el árbol familiar vivo, las relaciones de fraternidad eran muy intensas y especialmente fuertes (el número de hermanos, primos y tíos), mientras que en la actualidad la filiación (ser padre, abuelo, bisabuelo) ha cobrado un mayor protagonismo (fruto de la reducción de la mortalidad) y lo ha perdido la fraternidad (fruto de la reducción de la fecundidad). En el primer modelo el árbol familiar en vida es bajito y muy tupido, las hojas se caen con mucha frecuencia, es de hoja caduca; mientras que en el segundo modelo el árbol familiar en vida es muy alto, poco frondoso y de “hoja semi-perenne”. En España tener hermanos es cada vez menos frecuente y en paralelo es cada vez más frecuente conocer a tus cuatro abuelos y a alguna de tus bisabuelas. Se ha producido una reducción del tamaño de las familias y una verticalización de las relaciones familiares.
  3. La tercera idea. En el pasado las relaciones intergeneracionales eran también más concentradas en el espacio (territorio) y también en los espacios familiares (en el hogar). Espacio-territorio: Las migraciones se han intensificado y estas tienen repercusiones también en las vivencias familiares. Espacio-hogar: en las sociedades rurales había mucha más convivencia intergeneracional en el propio hogar. Fruto de la intensa urbanización y terciarización de las sociedades se ha producido un proceso de nuclearización de los hogares. En lugar de convivir tres generaciones (abuelos, padres e hijos), se ha pasado a convivir sólo dos generaciones. Se vive más tiempo de vida juntos, pero se convive menos en el mismo hogar.
  4. La cuarta idea. Las relaciones intergeneracionales han cambiado profundamente debido a la gran transformación de los estilos de vida y de la organización de la vida en sociedad tanto intrafamiliar como fuera de casa. Hay un cambio importante en los roles tradicionales, tanto por edad como por sexo. La incorporación de la mujer a la actividad asalariada ha transformado las redes informales de cuidado.

Redefiniendo el aporte de los adultos-mayores en la sociedad intergeneracional

Por lo tanto, y como consecuencia de la evolución demográfica explicada y de otros muchos cambios sociológicos, económicos, políticos y culturales, nos encontramos en la sociedad más intergeneracional que ha existido en la historia de la humanidad (Izuhara, 2010). Una larga vida compartida entre hijos, padres, abuelos y bisabuelos es única de sociedades con alta esperanza de vida.

Para tener una sociedad cohesionada es preciso que los flujos intergeneracionales sean dinámicos. Y es muy importante comprender que la direccionalidad de los flujos va cambiando conforme cambia la vida. Aunque siempre se da y se recibe, hay algunas épocas en las que se da más y otras en las que se recibe más. Estos flujos de solidaridad intergeneracional además de económicos (Caparrós et al, 2003) abarcan otros muchos aspectos también importantes en la vida de las personas, asociados al cuidado en el sentido más amplio de la palabra. En la lógica del don, que debería primar en nuestra sociedad sobre la lógica del ganar y del tener, la solidaridad, la reciprocidad y la empatía deberían estar más presentes. Y estos valores no surgen de la nada, debemos trabajarlos, debemos educa en ellos, debemos potenciarlos. Debemos dejar de vivir ensimismados y aprender a vivir mirando a los demás. Y debemos enseñar a nuestros hijos y nietos a desconectarse del mundo virtual y del aislamiento en el que muchos viven para redescubrir el placer de conversar y de contemplar. Debemos reducir el ritmo tan acelerado de vida que llevamos para poder disfrutar del viaje de la vida, de sus paisajes y especialmente de sus compañías.

Y para que así sea todos tenemos que poner de nuestra parte, cada generación tiene mucho positivo que aportar y es clave aprovechar las potencialidades de cada etapa de la vida. Aquí vamos a centrar la mirada en el papel de los mayores, pero la apuesta por la intergeneracionalidad supone que todos los grupos de edad participen en ella.

¿Y por qué debemos repensar el papel del mayor? Porque hay que comprender no solamente los retos difíciles que acompañan al envejecimiento demográficos, sino también hay que visibilizar y poner en valor tanto las aportaciones que los mayores siempre han hecho, y siguen haciendo, como las nuevas aportaciones que hoy realizan los mayores y de las cuales no nos damos cuenta porque en muchas ocasiones seguimos moviéndonos con ideas estereotipadas sobre la vejez. Debemos romperlos y comprender la diversidad que se da en el grupo cada vez más amplio y variado de los adultos-mayores. Y vamos a repensar los retos que conlleva el envejecimiento y las aportaciones que hacen los mayores en dos contextos: la sociedad en su conjunto y la familia.

Los mayores en el conjunto de la sociedad

Hay que señalar que las implicaciones del aumento del volumen de personas mayores así como de los niveles de envejecimiento son muy variadas en el espacio, en el territorio, y dependen de las características sociales, económicas y sobre todo culturales de los distintos lugares. Los distintos niveles de desarrollo de los sistemas de protección social, el estado del bienestar, (pensiones, salud, recursos sociales…); los niveles de salud y enfermedad; la articulación y dinámica de las redes familiares; las diferencias y semejanzas en los roles de hombres y mujeres; la estructuración de las redes de apoyo informal a la dependencia, entre otros, son algunos aspectos relevantes que marcan las diferencias. Las consecuencias del envejecimiento son muy diferentes en una sociedad con un alto nivel de desarrollo del Estado del Bienestar, donde todos los mayores tienen algún tipo de cobertura en un sistema de pensiones contributivas o no contributivas y con un alto poder adquisitivo de estas pensiones, que en otro con un sistema de pensiones no universal y con bajo poder adquisitivo. La aplicación de los avances tecnológicos en las sociedades envejecidas la está también transformando (Munuera, 2016).

Partiendo de esta variedad de situaciones podemos afirmar que un incremento de los mayores en una sociedad tiene consecuencias:

  1. Políticas. Si tenemos en cuenta que la población con derecho a voto es la mayor de 18 años, el grupo de los mayores de 65 años tiene un peso político mayor que el demográfico. Los partidos políticos tienen cada vez más en cuenta sus necesidades. En algunos lugares, si bien de modo bastante testimonial, han surgido partidos políticos que tienen como eje identitario la pertenencia a esta edad. Independientemente de su peso político, lo que no cabe duda es que en la acción política y legislativa la población mayor está cada vez más presente y hay un importante desarrollo de normativas y políticas encaminadas a proteger sus derechos y a cubrir sus necesidades (Uribe, 2014).
  2. Sociales y sanitarias. El envejecimiento demográfico ha venido acompañado de un aumento de la dependencia, del número de años que se vive en situaciones de vulnerabilidad. El reto del cuidado a la dependencia es uno de los que genera mayores quebraderos de cabeza en las sociedades más envejecidas. Además es preciso recordar que en las edades avanzadas de la vida los problemas de salud suelen ir de la mano de problemas sociales, y en muchos casos la soledad agrava la situación. Se está produciendo un progresivo incremento de la demanda de necesidades de cuidados tanto sociales como sanitarios. El gasto sanitario y farmacéutico aumenta proporcionalmente al envejecimiento. La otra cara de esta realidad es la aportación como cuidadores de muchas personas adultas mayores.
  3. Económicas. Las implicaciones económicas del proceso de envejecimiento son importantes (Lee, 1988) especialmente asociadas al cambio en la relación entre población activa e inactiva (Pérez Ortiz, 2009). El impacto que los sistemas de pensiones y de protección social que se han desarrollado en paralelo al proceso de envejecimiento (Prado y Sojo, 2010) tiene en el conjunto de la economía de los países depende en gran medida de la manera de articular estos sistemas: hay sistemas de pensiones con distintos niveles de dependencia de la estructura demográfica. Y hay otros muchos factores, por ejemplo, las tasas de actividad que pueden afectar más que la estructura demográfica en la viabilidad de estos sistemas. Este es, por ejemplo, el caso actual de España, donde las altas tasas de paro son el principal aspecto negativo en el equilibrio del sistema de pensiones (Miret y Zueras, 2016). Por otro lado, y en consonancia con lo dicho en el punto anterior, es también preciso visibilizar la aportación económica de las personas mayores en el mundo del cuidado (de mayores y también de menores) y del voluntariado, cara menos conocida pero de vital importancia para la cohesión y armonía social.
  4. Ocio y Cultura. El incremento de los años que se vive en buen estado de salud, así como el deseo de mantenerse activo, ocupado y disfrutando de los años de jubilación explica la creciente demanda de ocio y cultura entre la población senior. El ocio llena una parte muy importante de la vida de los mayores y es una de las actividades que más satisfacción les proporciona (Monteagudo et al, 2014). Viajes en temporada baja a destinos turísticos revitalizan la economía de muchas zonas en esos meses, el incremento de la presencia de programas universitarios destinados a los mayores, su alta participación en muchas actividades culturales, son algunos ejemplos de los mayores como activos económicos en el mundo del ocio y el turismo.

  5. Arquitectónicos y urbanísticos. Las actuaciones para hacer una ciudad más sostenible y amigable con las personas mayores son muchas (Di Véroli y Schmunis, 2008). En 2007 la Organización Mundial de la Salud impulsó la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, con el objetivo de articular ciudades que potencien el envejecimiento activo y saludable a la par que facilite el uso de los espacios públicos a las personas con diversidad funcional. La accesibilidad y conectividad de los espacios, la movilidad dentro de la ciudad, la seguridad en las calles, la señalización y la comunicación en la ciudad, el desarrollo de espacios residenciales de cuidado y de ocio o las políticas de adaptación de viviendas y de edificios tienen un impacto muy positivo en la vida cotidiana de muchos adultos mayores.

Los adultos mayores en el entorno familiar

Pero cuando miramos a escala micro, a escala familiar, es cuando se pone especialmente en valor las aportaciones de nuestros mayores. Una sociedad es como son sus familias y los modos de vivir la realidad familiar ha cambiado entre otras cosas fruto del alargamiento de la vida, de la mengua de la fecundidad, de los nuevas estructuras de los hogares, de la masiva incorporación de la mujer al trabajo asalariado, de la progresiva redimensión de la presencia de los varones en la vida intrafamiliar o de la rápida incorporación de la tecnología a la vida cotidiana, entre otros muchos cambios.

Antes los nuevos retos y oportunidades que acompañan a todos estos cambios, la familia es el lugar ideal para el encuentro y el reencuentro entre las generaciones, ya que como afirma Alvira (2010) la familia es el lugar al que se vuelve, es la institución social donde se vive como en ninguna otra el amor incondicional, el apoyo seguro, las relaciones afectivas y protectoras, la reciprocidad, la confianza. Es el lugar de unión, de permanencia, de encuentro, de vínculo, de construcción de la autoestima. Donde se quiere al otro por lo que es y no por lo que hace o tiene. Las relaciones de parentesco, la fuerza de la consanguineidad articuladas a través del corazón de las relaciones conyugales armoniosas son ese hilo intangible que une a las personas en un amor incondicional a través del tiempo y del espacio. Y cuando este hilo se rompe la herida en el alma es especialmente difícil de sanar, porque la familia es el mundo de los afectos y del cariño.

Y en esta nueva sociedad intergeneracional los mayores son los que mejor ponen en valor lo privado, el hogar, afianzan el valor de la familia en la vida de las personas. Los padres mayores son los principales elementos de unión familiar cuando la familia va creciendo. Las funciones estratégicas que ejerce la familia, como son el cuidado de los dependientes, el apoyo en momentos de dificultad, la articulación de relaciones sociales y afectivas, la transmisión de valores que forja a los nuevos ciudadanos, entre otras muchas, son ejercidas con especial intensidad por los adultos mayores que en muchos casos ejercen en paralelo funciones de hijos, cónyuges, padres y abuelos. Algunas claves para visibilizar su papel son las siguientes:

  1. Papel de cuidador. Un volumen importante de adultos mayores están cubriendo las necesidades de cuidados de los adultos más mayores (padres, cónyuges, hermanos…) con problemas de salud.
  2. Apoyo en la conciliación. En las sociedades latinas, las abuelas y los abuelos son los mayores garantes de la conciliación. Son elementos clave para que sus hijos, y especialmente sus hijas, puedan armonizar trabajar con ser padres y madres.
  3. Constructores de identidad personal y familiar y maestros de vida. La presencia de los abuelos en la vida de los nietos es muy beneficiosa para su desarrollo (Cardona, 2004; López y Noriega, 2012). En los años complejos de la adolescencia, los abuelos pueden llegar a ser un elemento de armonía familiar y de ayuda para los padres, debido a la mayor complicidad que en muchas ocasiones tienen con los nietos.
  4. Ayuda en momentos de crisis económica. Los sistemas de pensiones ejercen como colchón en la adversidad. En estos años de crisis muchas familias han podido pagar la letra de la hipoteca gracias a las pensiones de sus padres. Según la encuesta realizada por la Fundación Edad y Vida en España en 2015, cuatro de cada diez jubilados ayuda económicamente a sus hijos.
  5. Modelo de corresponsabilidad. En la progresiva incorporación del varón a la vida intrafamiliar, a la corresponsabilidad en el ámbito familiar, los varones mayores han sido en gran medida pioneros y ejemplo (Abellan et al, 2017).
  6. Apoyo en los momentos familiares complicados, como son, por ejemplo, las rupturas matrimoniales.
  7. Agentes de sostenibilidad social y ambiental. Las actuales generaciones de personas mayores tienen en general pautas de consumo mucho más sobrias y austeras, conocen y disfrutan de los entornos naturales, llevan vidas muchos más pausadas que favorecen el cultivo de lo intangible y el aprecio por la vida sencilla.

Conclusiones

Vivimos en una sociedad cada vez más compleja y demandante tanto en las relaciones laborales como familiares. Vivimos en una sociedad donde las personas mayores están cada vez más presentes pero paradójicamente jugando un papel muy poco visibilizado y valorado. Aunque los perfiles de los mayores van cambiando conforme llegan a esas edades generaciones con diferentes trayectorias vitales, las lógicas imperantes en la vorágine de sociedad moderna rápida y altamente tecnificada suelen dar la espalda a los patrones que acompañan al paso de los años. Debemos trabajar por una sociedad donde se valore realmente la riqueza de la intergeneracionalidad y de los adultos mayores.

Hay que pararse a repensar el papel de los mayores pero siempre enmarcados en esta sociedad intergeneracional ya que debemos trabajar para construir una sociedad más armónica donde cada generación tenga, como dice el poeta costarricense Amighetti en su poema las tres edades del hombre, “el oficio de vivir con las lógicas de su edad” pero en enriquecedora conversación con las otras generaciones. Una sociedad intergeneracional donde las generaciones vivan entrelazadas articulando una red fuerte que favorezca el diálogo amable, el apoyo mutuo y la solidaridad.

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  1. Instituto de Ciencias para la Familia. Departamento de Historia, Historia del Arte y Geografía. Universidad de Navarra


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