Otras publicaciones:

Book cover

9789877230406-frontcover

Otras publicaciones:

silentchange

12-3899t

16 Arte y verdad

Una lectura de El origen de la obra de arte y La frase de Nietzsche “Dios ha muerto”

Marcos Pérez Mendoza[1]

El presente trabajo se propone arrimar dos conferencias que se hayan publicadas en “Caminos de Bosque”. Estas son: “El origen de la obra de arte”, un conjunto de tres conferencias y “La frase de Nietzsche: ‘Dios ha muerto’”. Nuestra investigación surgió al comparar los conceptos de verdad y arte que aparecen en ambos trabajos y que en ambos casos se encuentran estrechamente relacionados entre sí, pero que sin embargo son tomados en un sentido muy diferente. La pregunta qué nos guiará entonces será el porqué de esta diferencia y sobre todo si es posible establecer algún vínculo.

A simple vista, la respuesta más sencilla y obvia sería la siguiente: Mientras que en “El origen de la obra de arte”, Heidegger ensaya su propio pensamiento, en “La frase de Nietzsche: ‘Dios ha muerto’”, es claro que realiza una interpretación del pensamiento nietzscheano. Los conceptos de arte y verdad que aparezcan en esta conferencia serán entonces tomados tal como Nietzsche los entiende. No obstante, como bien sabemos, el pensamiento de Nietzsche tiene para Heidegger una destacada importancia ya que como expresará en distintas ocasiones, Nietzsche es para él, el último gran pensador de occidente. Así, preferimos descartar esta primera respuesta obvia, y ensayar alguna alternativa.

La conferencia sobre la frase de Nietzsche se sitúa en el pensar del destino de la metafísica occidental, esto es, la esencia del nihilismo. Nietzsche, aunque haya reaccionado contra la metafísica, queda, según la lectura heideggeriana, justamente por esa misma reacción, atrapado en la metafísica. Intentaremos reconstruir brevemente la línea argumentativa de esta conferencia para desembocar en los conceptos de verdad y arte y abrir la pregunta sobre en qué medida éstos se relacionan con la carga significativa que se les da en “El origen de la obra de arte”.

La conferencia busca pensar la esencia del nihilismo, eso es, en definitiva a donde nos remite la expresión “Dios ha muerto”. Dejaremos de lado gran pare de las reflexiones para centrarnos en los conceptos de verdad y arte. En este marco Heidegger declara que el nihilismo es siempre una historia que tiene que ver con los valores. Es por eso que es imprescindible pensar la esencia del valor. El concepto de valor ha sido ampliamente utilizado en el siglo XIX, pero su esencia permanece según Heidegger indefinida; esto se debe a la oscuridad en que permanece su origen en el ser. Desde la filosofía nietzscheana, la esencia del valor se presenta como punto de vista de las condiciones de conservación y aumento. Al ser punto de vista, el valor tendrá que ver con la mirada, es decir con un mirar que mira algo determinado, un mirar que pone por eso mismo su objeto, en el sentido de que mira algo que le llama la atención y deja de lado aquello que no. El valor se refiere a aquello que la vista toma en consideración, es decir, aquello que a la vista le interesa a la hora de mirar y que guiará también el obrar, ya que éste obra en función de lo visto. De este modo, el valor deja de ser considerado como algo existente en sí y pasa a depender del mirar. “El valor es valor en la medida en que vale. Vale, en la medida en que es dispuesto en calidad de aquello que importa. Así, es dispuesto por un enfocar y mirar hacia aquello con lo que hay que contar.” (Heidegger, 1995: 170)

La pregunta ahora es la siguiente: ¿en función de qué mira ese mirar?

Dijimos que el valor es punto de vista de las condiciones de conservación y aumento. El mirar que valora estará en función de dichas condiciones, pero a su vez, esas condiciones, ¿de qué son? Conservación y aumento son los rasgos fundamentales de la vida. Pertenece a la esencia de la vida el querer siempre crecer y aumentarse. Para esto la vida necesita mantener lo aumentado, es por eso que la conservación se encuentra en función del aumento y el aumento no puede darse sin ella. No obstante la conservación por sí sola no promueve la vida. Una vida que solo se ocupa de conservarse se encuentra ya en decadencia. Entonces: “La visión es, en cada caso, visión de una mirada vital que domina sobre todo ser vivo. Desde el momento en que dispone los puntos de visión para los seres vivos, la vida se muestra en su esencia como instauradora de valores.” (Heidegger, 1995: 171)

La mirada que valora se encuentra en función de la vida y es por eso que todo mirar vital es un valorar. Como dirá el mismo Nietzsche: “Vivo: esto ya significa estimar” (Heidegger, 1995: 177).

Ahora bien, Heidegger sostendrá que en la filosofía de Nietzsche, hay cuatro conceptos fundamentales que señalan hacia lo mismo, estos son: la voluntad de poder, el devenir, el ser y la vida. La vida, es siempre pensada como devenir y por lo tanto como voluntad de poder. La voluntad de poder será la que dispondrá los valores según su principio interno. Debemos entonces profundizar en este principio.

La voluntad de poder es leída por Heidegger desde el Zarathustra como “querer ser señor”. La voluntad quiere dar órdenes. Pero ordenar no significa aquí mandar sobre otros en el sentido de dominarlos:

Este ordenar tiene su esencia en el hecho de que aquel que ordena es señor con conocimiento de su disponibilidad sobre las posibilidades de la actuación efectiva. Lo que se ordena en el ordenar es el cumplimiento de esa disponibilidad. En la orden el que ordena obedece a esa disponibilidad y a ese poder disponer y, de ese modo, se obedece a sí mismo. Así pues, el que ordena está por encima de sí mismo en el sentido de que se arriesga a sí mismo (Heidegger, 1995: 174).

La esencia de la voluntad de poder se encuentra en su propio anhelo de ir siempre más allá de sí misma. Es más, ella es ese anhelo de ir más allá. Lo que en definitiva quiere la voluntad es su propio querer, ella se quiere por eso a sí misma, quiere entonces querer. Esta autosuperación constante de sí misma que constituye a la voluntad es en definitiva la esencia del poder. El poder solo será poder mientras sea aumento de poder.

Ahora bien, la voluntad de poder, como ese querer que quiere siempre ir más allá de sí mismo, dispone las condiciones para ese ir más allá. De este modo, la voluntad debe empezar por abrir un “campo de visión” a partir del cual puedan verse las posibilidades del aumento. En otras palabras, el ir más allá que rebasa sus propios límites necesita primero de esos límites. Esto será sin más la condición de conservación. La voluntad abre un campo de estabilidad y lo mantiene estable.

“En la medida en que la voluntad de poder dispone a modo de valor necesario la conservación, es decir, el aseguramiento de sí misma, también justifica la necesidad de aseguramiento de todo ente.” (Heidegger, 1995: 178) Lo ente se convierte así en lo permanente y en esa permanencia reside su verdad. La verdad entonces es la condición de la voluntad que dispone la conservación. Esto quiere decir que la verdad es un valor que se encuentra en función de la voluntad de poder.

Pero como hemos dicho la voluntad no puede sostenerse con la mera conservación, necesita del aumento para ser lo que ella es. Es por eso que la verdad solo es el campo desde el cual puede darse el aumento y por lo tanto sobrepasarse los límites de ese campo. Así arribamos al arte. “Para Nietzsche, la creación de posibilidades de la voluntad, las únicas a partir de las cuales la voluntad de poder se libera hacia sí misma, es la esencia del arte”. El arte abre entonces posibilidades a la voluntad y se instaura como la condición dispuesta por la voluntad de poder que permite el aumento. El arte es también un valor, pero un valor más valioso que la verdad.

Ahora bien, hemos dado con el principio interno de la voluntad que dispone sus condiciones de conservación y aumento, estos son los valores de la verdad y el arte. La voluntad se encuentra entonces en una pugna constante por sobrepasarse a sí misma. Ella necesita poner sus propios límites que luego buscará sobrepasar. La voluntad es entonces una lucha entre el límite que cierra, esto es, la verdad, y la apertura de posibilidades que sobrepasa el límite hacia lo nuevo, esto es el arte.

No disponemos aquí de espacio suficiente para realizar de modo acabado el paso que intentamos desde esta conferencia hacia “El origen de la obra de arte”. Nos conformaremos entonces con plantear simplemente algunos paralelos.

En esta segunda conferencia, Heidegger intenta pensar a la obra de arte en su ser y por lo tanto en su reposar en sí misma. Este reposo de la obra de arte no excluye al movimiento sino que lo incluye, de tal modo que este forma su esencia: “Es en la intimidad del combate donde tiene su esencia el reposo de la obra que reposa sobre sí misma” (Heidegger, 1995: 35). El reposo de la obra reposa sobre el combate, pero ¿qué combate? El combate entre la tierra y el mundo. Esto es, entre lo que se nos sustrae cerrándose sobre sí mismo y lo que pugna por abrirse. “Reposando sobre la tierra el mundo aspira a estar por encima de ella. En tanto que eso que se abre, el mundo no tolera nada cerrado, pero por su parte, en tanto que aquella que acoge y refugia, la tierra tiende a englobar al mundo y a introducirlo en su seno” (Heidegger, 1995: 35).

Tierra y mundo se dan en una tensión recíproca, tensión que nos resulta muy similar a la que ocurría entre ambas condiciones de la voluntad de poder, donde la una no puede ser sin la otra y donde no hay voluntad de poder si una de ellas falta.

Como hemos dicho, según la lectura heideggeriana Nietzsche al reaccionar contra la metafísica e invertir los valores queda atrapado en ella y por lo tanto no es todavía capaz de pensar al ser en cuanto ser y sigue pensándolo desde los entes. Sin embargo también señala Heidegger de un modo especial hacia el pensamiento nietzscheano, ¿Qué relación guardan ambos pensadores? ¿Es posible concebir al pensamiento nietzscheano como un paso hacia el pensamiento heideggeriano? Creemos que las reflexiones llevadas a cabo en esta exposición nos permiten, aunque más no sea, abrir estas preguntas.

Referencias bibliográficas:

  • Heidegger, M. (1995) Caminos de bosque, Madrid, Alianza Editorial.

  1. Universidad del Salvador – Área San Miguel.


Deja un comentario