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6 Metafísica y finitud

La antropología y la ontología fundamental en la interpretación heideggeriana de la Crítica de la razón pura de Kant

Ariel Giménez[1]

La obra Kant y el problema de la metafísica (1929) tiene como finalidad general brindar una interpretación de la Crítica de la razón pura de Kant. Esta interpretación de Heidegger consiste pues en mostrar que la primera Crítica de Kant es la primera fundamentación expresa de la “metafísica”. En esta fundamentación, se hace evidente el hecho de qué, y el modo cómo, la pregunta sobre la esencia del hombre es fundamental dentro de una metafísica de la metafísica. Heidegger observa la peculiar relación que se establece entre: la “fundamentación de la metafísica” y la “esencia” del hombre. Pero una relación en la que, al ser necesaria la investigación de la esencia del hombre (lo que es el hombre) pueda servirle de fundamento a la metafísica. Para la “ontología fundamental” o la “metafísica de la metafísica” es determinante la comprensión de la “esencia” del hombre y la pregunta por él ser desarrollada en esa comprensión. Por este motivo, la obra Kant y el problema de la metafísica no pretende resolver los variados y diversos problemas de la metafísica (sea general, sea especial), sino más bien aclarar la “problematicidad de la metafísica como tal” bajo el hilo conductor: cómo es posible la comprensión del “ser” como tal.

La interpretación de Heidegger de la obra kantiana se centra entonces en su “problemática interna” entendida como “fundamentación de la metafísica”. Por ello, sería oportuno aclarar que dicha problemática interna está centrada en la “Deducción trascendental de las categorías” y en el “Esquematismo transcendental” kantianos. A pesar de esto, la parte cuarta[2] que trata acerca de la relación entre la fundamentación y la antropología, los pasajes elegidos por Heidegger corresponden a la “Doctrina del método de la crítica de la razón pura”. Si la interpretación heideggeriana de la crítica de Kant está centrada en la “Analítica transcendental”, ¿por qué abandona dicha “Analítica” para relacionar la “antropología” con la “ontología fundamental”? Consideramos que este es un punto importante para comprender cómo es analizado por Heidegger el concepto mismo de “antropología” y con ello el problema de la “esencia de la finitud”. La finitud consiste aquí en recibir lo que se ofrece. Ahora bien, ¿qué resultados había arrojado la fundamentación de la metafísica hasta la parte tercera?

La fundamentación kantiana de la metafísica conduce hacia la imaginación transcendental. Ésta última es la raíz de ambas ramas: sensibilidad y entendimiento. La imaginación transcendental como tal posibilita la unidad originaria de la síntesis ontológica. Esta raíz está arraigada en el tiempo originario. El fundamento originario que se revela en la fundamentación es el tiempo. La fundamentación kantiana de la metafísica parte de la metaphysica generalis y se convierte en la pregunta acerca de la posibilidad de la ontología en general. Esta plantea el problema de la esencia de la constitución ontológica, es decir, el problema del ser en general (Heidegger, 1973: 170).

La culminación de la fundamentación de la “metafísica” es haber encontrado la raíz desde la cual se originan las facultades del conocimiento, sensibilidad y entendimiento, que allí resulta ser la “imaginación transcendental”. Pero el fundamento originario del “arte escondido” kantiano es el “tiempo originario”. El “tiempo” hace patente a la imaginación transcendental. El tiempo es, de acuerdo a su esencia, afección pura de sí mismo. Por eso, “la fundamentación de la metafísica se funda en el tiempo. La pregunta por el ser, pregunta fundamental de la fundamentación de la metafísica, es el problema de El ser y el tiempo” (Heidegger, 1973: 170). Ahora bien, la interpretación heideggeriana de la fundamentación de la metafísica kantiana conduce a considerar que el resultado de esta fundamentación es la imaginación transcendental “como fundamento de la posibilidad interna de la síntesis ontológica, es decir, de la trascendencia” (Heidegger, 1973: 171). Pero, la imaginación transcendental y la temporalidad a ella inherente, ¿es el verdadero resultado de la fundamentación kantiana?

La parte cuarta de la obra heideggeriana sobre Kant está dedicada a corroborar este resultado expuesto de la fundamentación. Sin embargo, el sentido del resultado quiere mostrar que la originalidad del fundamento que descubre Kant (bajo la auto-interpretación de Heidegger) no es una respuesta elaborada, sino los resultados de los datos de un problema que exige que la fundamentación se emprenda nuevamente, se re-pita. Repetir significa cerciorarse del resultado obtenido mostrando lo que aún queda por “pensar”. ¿Qué permanece aún sin ser pensado luego de haber establecido el fundamento de la metafísica en la “imaginación transcendental” y el “tiempo originario”?

Si el resultado de la fundamentación no consiste en su “conclusión”, hay que preguntarse por lo que revela el devenir mismo de la fundamentación para el problema del fundamento de la metafísica. ¿Qué es lo que sucede con la fundamentación kantiana? Nada menos que esto: se funda la posibilidad interna de la ontología como una revelación de la transcendencia, es decir, de la subjetividad del sujeto humano. La pregunta por la esencia de la metafísica es la pregunta por la unidad de las facultades fundamentales del “espíritu” humano. La fundamentación kantiana revela lo siguiente: fundar la metafísica es igual a preguntar por el hombre, es decir, es antropología (Heidegger, 1973: 172).

La necesidad de la conexión entre el concepto de “antropología” y el concepto de “metafísica” no pudo ser desarrollada por Kant porque éste consideraba que la “antropología” es empírica (en sentido pragmático). Sin embargo, la fundación de la metafísica implica preguntar por el hombre y direccionar esta pregunta hacia la ciencia antropológica. Entonces: ¿Es el verdadero resultado de la fundamentación de la metafísica fundar una “antropología”? ¿Qué tipo de “antropología” está relacionada con la “metafísica” si la antropología kantiana es empírica-pragmática y no pura o filosófica?

Inesperadamente Heidegger abandona la “Analítica transcendental” en general (Estética y Lógica transcendental) para ingresar en la finalidad de la “metafísica” desarrollada por Kant en la “Doctrina del método”. La fundamentación de la metafísica dirige su finalidad última, como “metafísica especial”, bajo las tres disciplinas que constituyen las tres preguntas que interesan a la razón humana según Kant: a) ¿Qué puedo saber?, b) ¿Qué debo hacer?; c) ¿Qué me está permitido esperar? Estas tres preguntas kantianas pueden ser resumidas en la pregunta ¿Qué es el hombre? Con esta pregunta el §36 refuerza la argumentación “antropológica” de la imaginación, que no puede fundarse únicamente de la concepción antropológica de Kant. El punto no es menor, si consideramos que se pone en juego la re-petición del fundamento de la metafísica y con ella su concepto más general. El carácter finito de la imaginación fundamenta el carácter finito del hombre en cuanto tal.

Para Heidegger la pregunta por el “hombre” tendería a expresar el verdadero resultado de la fundamentación de la metafísica kantiana. La antropología filosófica, al parecer, puede hacerse cargo de la fundamentación de la “filosofía” como “metafísica general”. Sin embargo, ¿cómo puede ser posible que la antropología filosófica fundamente a la metafísica? Para responder a esto, la interpretación heideggeriana cuestiona el concepto de “antropología filosófica” con el objetivo, aún inacabado, de observar si esta disciplina resulta de la auto-interpretación de la filosofía kantiana en la Crítica de la razón pura.

La imprecisión de la idea de una “antropología filosófica”, como reflexión sobre el hombre bajo múltiples aspectos, radica esencialmente en que no está fundada en la esencia de la filosofía sino en el fin o en su punto de partida. Esto quiere decir que, la antropología puede ser definida de diversas maneras por los conocimientos empíricos, pero no en lo que es esencialmente como “idea”. Si bien, este era un punto que ya Max Scheler había aseverado en 1928 cuando señalaba que la esencia del hombre no puede definirse de modo general por la multiplicidad de sus definiciones particulares. Ahora bien, Heidegger radicaliza el problema de la “idea” de una antropología al preguntar cuál el punto en el que todos los problemas filosóficos (pensemos también en las tres disciplinas de la “metafísica especial”) tienen su lugar natural en la “esencia del hombre”:

¿Qué significa filosofar, si su problemática es tal que tiene su centro natural en la esencia del hombre? (…) Por consiguiente sería prematuro considerar – por el solo hecho de que Kant reduzca las tres preguntas de la metafísica propiamente dicha a una cuarta que interroga por lo que es el hombre –esta pregunta como antropológica, transfiriendo la fundamentación de la metafísica a una antropología filosófica. La antropología no fundamenta, por el solo hecho de ser antropología, la metafísica (Heidegger, 1973: 178).

 

Por múltiples y esenciales que sean los conocimientos que la “antropología filosófica” aporte acerca del hombre, nunca podrá pretender ser, con derecho, una disciplina fundamental de la filosofía por la sola razón de ser antropología. Por el contrario, implica el constante peligro de hacer pasar desapercibida la necesidad de elaborar como problema la pregunta por el hombre, planteada en atención a una fundamentación de la metafísica (Heidegger, 1973: 182).

¿Cómo se lleva a cabo entonces la conexión entre la “esencia del hombre” y la fundamentación kantiana de la “metafísica”? ¿Cuál es el verdadero resultado de dicha fundamentación? El no poder encontrar una respuesta precisa acerca de lo que es el hombre, la meditación de este punto conduce a Heidegger al ensayo acerca de la “finitud” según el interés de la razón pura. Ya no se trata de indicar que las tres preguntas sobre el poder hacer, el deber hacer, y el permitir esperar conducen a la pregunta por la “esencia del hombre”, sino se trata de saber por qué las conducen. El filosofar verdadero se ha puesto en cuestión. Ahora bien, el ensayo requiere observar qué tienen en común las tres preguntas que conducen a la búsqueda de la “esencia del hombre” y satisfacen el interés más profundo de la razón humana.

Si a la razón humana (según Kant) le interesa saber qué puede, qué debe y que le está permitido, es porque hay “negaciones” y “privaciones” que enuncian los límites que ella se establece a sí misma. Estas limitaciones formuladas enuncian según Heidegger una “finitud”. Sólo lo que es finito puede preguntarse por un poder, un deber y un permitir. Pero, la razón humana no es finita por el hecho de que las preguntas formulan su finitud, sino más bien puede plantearse las preguntas porque esencialmente es finita. Y más aún, tiende a la “finitud” en sí misma. La razón busca ser finita y hacerse finita. El único objeto de las tres preguntas es la “finitud” y de aquí que la pregunta fundamental sea qué es el hombre. De esta manera, Heidegger poco a poco va mostrando las fronteras entre la meditación crítica de Kant y su propia auto-interpretación del problema de la metafísica. La indeterminación de la pregunta qué es el hombre se vuelve ahora una determinada pregunta por su “finitud”.

Para Heidegger la interpretación de la Crítica de la razón pura está orientada por la pregunta acerca de la “finitud” y su relación con la fundamentación de la “metafísica”. Si la intuición pura del tiempo origina la “finitud”, entonces las preguntas que la razón se formula a sí misma conducen a la “finitud”. Sin embargo, ¿en esto consiste la “esencia de la finitud”? Las imperfecciones humanas y su naturaleza de ser creado nos dicen que el hombre es finito, pero no dicen nada acerca de su “esencia”. Por esto, Heidegger considera que no es evidente la pregunta por “esencia de la finitud”. Si dicha esencia surge de la tarea de la fundamentación de la metafísica, es porque hay una conexión fundacional entre la “finitud” y el verdadero preguntar de la “metafísica”. De esto resulta pues, que la “finitud de la trascendencia humana” es el punto problemático. En este respecto, “la finitud “especifica” de la naturaleza humana es, pues, decisiva para la fundamentación de la metafísica” (Heidegger, 1973: 200).

Este verdadero preguntar es la pregunta por la “esencia de la comprensión del ser” que ha quedado sin ser pensado, pero que se presenta como tarea desde la fundamentación de la metafísica kantiana.

Si se pregunta por la posibilidad de comprender una noción como la de ser, este “ser” no fue inventado ni reducido artificialmente a un problema a fin de sumir una pregunta de la tradición filosófica. Se pregunta, más bien, por la posibilidad de comprender algo que todos nosotros, siendo hombres, entendemos constantemente y hemos entendido siempre. La pregunta por el ser, como pregunta por la posibilidad del concepto de ser, surge a la vez de la comprensión pre-conceptual del ser. Así, la pregunta por la posibilidad del concepto de ser se remite, una vez más, a una etapa anterior: a la pregunta por la esencia de la comprensión del ser en general. La tarea de la fundamentación de la metafísica, comprendida originariamente, se transforma, por lo tanto, en la aclaración de la posibilidad interna de la comprensión del ser. La elaboración de la pregunta por el ser, así comprendida, permitirá decidir finalmente si el problema del ser implica o no una relación interna con la finitud en el hombre y de qué modo lo hace (Heidegger, 1973: 188).

Lo más original en la fundamentación kantiana de la metafísica es su resultado como tarea: la necesidad de realizar una Analítica de la presencia del “ser en el hombre”, pero en el hombre considerado en su “finitud”. Esta tarea es la interrogación de la comprensión del ser en la copula “es” que se presenta en toda determinación del ente, tanto en la “esencia del hombre” como en su “existencia”. Heidegger de esta manera fue trasladando las etapas de la fundamentación de la metafísica kantiana hacia la “comprensión del ser”.

En la “comprensión del ser” está implícita la forma del ser del hombre. Esta forma de ser es su “existencia”. Por eso dice Heidegger que el “privilegio de existir implica, en sí mismo, la necesidad de comprender el ser” (Heidegger, 1973: 190). De aquí la relación entre la “comprensión del ser” y la “finitud”, puesto que la “existencia” (como forma de ser) es en sí misma “finitud”. La “finitud” es sólo posible sobre el fundamento de la comprensión del ser. Dicha comprensión se presenta al hombre como la “esencia de su finitud”. El ser comprendido así es “la esencia intima de la finitud” (Heidegger, 1973: 191). Kant había reducido las preguntas que generan el interés más peculiar de la razón humana a la pregunta por lo que es el hombre. Heidegger en su auto-interpretación de la pregunta brinda la conexión implícita entre la “esencia del hombre”, su finitud, y la comprensión del ser como problemática de la fundamentación de la “metafísica”. En este sentido, parecería aclararse el problema del por qué la antropología no puede ser el fundamento de la “metafísica”. Heidegger señala: “Si el hombre sólo es hombre a raíz del Dasein en él, la pregunta por lo que es más primordial que el hombre no puede ser, en principio, una pregunta antropológica. Toda antropología, aun la filosófica, supone ya al hombre como hombre” (Heidegger, 1973: 191). La intención heideggeriana en la crítica de toda antropología como ciencia del hombre, es sin más corroborar el sentido metafísico que conducía a Kant a desarrollar una tesis implícita de la “finitud” del hombre (en tanto es un ser racional). El fundamento más originario de la metafísica se presenta en la pregunta por el ser.

El problema de la fundamentación de la metafísica se enraíza en la pregunta por el Dasein en el hombre, es decir, en la pregunta por su fundamento íntimo, por la comprensión del ser como finitud esencialmente existente. Esta pregunta por el Dasein interroga por la esencia del ente así determinado. En tanto que su esencia esté en la existencia, la pregunta acerca de la esencia del Dasein es la pregunta existenciaria. Toda pregunta por el ser de un ente y especialmente la pregunta por el ser de aquel ente a cuya constitución pertenece la finitud, como comprensión del ser, es metafísica” (Heidegger, 1973: 191).

Para Heidegger (en 1929), la Crítica de la razón pura, en la que la filosofía tiene la expresión de la “esencia de la finitud de la razón humana”, concreta la “metafísica de la metafísica”. Si Kant se preguntaba cómo es posible la metafísica como ciencia, la auto-interpretación de Heidegger responde con otra pregunta no menos esclarecedora: cómo es posible la metafísica del Dasein humano. Aquí los límites están marcados, debemos empezar en la “ontología fundamental”, como primera etapa de la metafísica del Dasein. Esto quiere decir que la problemática de la fundamentación de la metafísica ha sido desplazada hacia la idea de una “ontología fundamental”. Pero esta idea sólo puede ser abordada en un problema aún mayor, y por ende, más originario: el problema del “El ser y el tiempo”. Resulta pues, que en la comprensión de la “finitud humana”, presente en el pensamiento de Kant, subyace la relación originaria entre ser “y” tiempo, y, por ende a la copula que los une. Una segunda interpretación heideggeriana de este punto tendrá que ser conducida por la tesis de Kant sobre el ser.

La explicación de la idea de una ontología fundamental ha aclarado que, si la problemática de la metafísica del Dasein se ha presentado como El ser y el tiempo, es la conjunción “y” de este título la que implica el problema central. Ni el “ser” ni el “tiempo” tienen necesidad de abandonar su significado anterior, pero sí la tienen de una interpretación más originaria que fundamente su derecho y sus límites (Heidegger, 1973: 201).

Al parecer, según Heidegger, Kant era consciente de esto. Aunque no haya establecido dicho fundamento sino más bien retrocedió ante el “abismo” que implica aquello que está escondido en las profundidades del alma humana: “la imaginación transcendental y el tiempo originario”.

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  1. Universidad Nacional de San Martín.
  2. Cf. §36 ss.: Repetición de la fundamentación de la metafísica.


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