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9 La fenomenología hermenéutica como filosofía del hablar

Daniel Leserre[1]

“Filosofía es ontología fenomenológica universal, partiendo de la hermenéutica del Dasein, que como analítica de la existencia ha fijado el fin del hilo conductor de todo preguntar filosófico allí, dónde éste [preguntar] surge y al cual retorna.” (GA 2: 51)[2]. Esta compleja y polifacética aprehensión de la tarea filosófica según Ser y tiempo, sintetizada por von Herrmann para la comprensión actual de Heidegger como “fenomenología hermenéutica del Dasein[3], señala un itinerario que la reflexión de Heidegger sobre el lenguaje también recorre. En un momento de este itinerario Ser y tiempo sostiene que “La investigación filosófica deberá renunciar a una “filosofía del lenguaje” para preguntarle a las “cosas mismas” (SZ:166) y así llegar a una aclaración “conceptual” (SZ:166) de la cuestión. Ello presenta la doble faz de la reflexión hermenéutica: cuestión y enfoque. Aquí, la cuestión es el lenguaje y el enfoque la filosofía del lenguaje. La afirmación indica que para llegar a una aclaración conceptual respecto del lenguaje es imprescindible dejar de lado la filosofía del lenguaje y, en particular agrega el texto, la teoría del significado. En lo que sigue el trabajo propone una interpretación de la fenomenología hermenéutica del lenguaje en Ser y tiempo como filosofía del hablar. El intento de justificación de esta interpretación presenta tres aspectos: a) reconsideración de algunos trazos centrales de la comprensión del lenguaje en Ser y tiempo; b) la tesis de que en Ser y tiempo puede identificarse una concepción dinámica del lenguaje, centrada en la acción de comprensión articulada por la configuración del sentido en significados; y c) la indicación de la posibilidad de contraponer a la autocomprensión filosófica de la reflexión sobre el lenguaje como filosofía del lenguaje la de una filosofía del hablar.

Desplegar la fenomenología hermenéutica del lenguaje y mostrar los supuestos conceptuales sobre los que se construyeron y asientan la filosofía del lenguaje y la teoría del significado son dos momentos o aspectos de una tarea única e integrada. El despliegue de la fenomenología hermenéutica del lenguaje se lleva a cabo contra la comprensión filosófico-científica, dicho simplemente tradicional, del lenguaje. El horizonte ontológico de comprensión desde el cual la visión filosófico-científica del lenguaje determinó a éste como objeto resulta, para Ser y tiempo, insuficiente, y muestra la necesidad de su ampliación. Brevemente, tal comprensión ontológicamente estrecha puede ser identificada como orientada por el enunciado y por la subsunción de la gramática a la lógica; filosofía del lenguaje y teoría del significado derivan de y se basan en esta comprensión del lenguaje.

En la primera parte, identificando algunos trazos básicos presentaré la fenomenología hermenéutica como filosofía del hablar. En la segunda, señalaré: 1) Hablar como dimensión isoriginaria del “ser en el mundo”; 2) La filosofía del hablar como filosofía del oír/escuchar y filosofía del callar; para concluir con 3) una breve observación respecto de la filosofía del hablar en la reiteración de la “pregunta por el sentido del ser”.

1) Aspectos de la fenomenología hermenéutica como filosofía del hablar

El lenguaje se vuelve objeto temático explícito en el § 34; en el primer párrafo se indica del habla (Rede): “De este fenómeno hemos hecho uso permanentemente en la interpretación, hasta el momento, del encontrarse, del comprender, de la interpretación y del enunciado; pero, al mismo tiempo lo elidimos del análisis temático.” (SZ: 160s.), de forma tal que “recién ahora el lenguaje” llega a ser tema” (SZ: 160). Mientras “len­guaje” (Sprache)[4] designa el fenómeno como tal incluyendo sus constituyentes sensibles, “habla” (Rede) es entendida como “término técnico” que desde la perspectiva de la analítica del Dasein designa el fundamento del lenguaje en tanto es su condición ontológica de posibilidad. En este sentido se afirma que el habla es “el fundamento ontológico-existenciario del lenguaje” (SZ: 160). El habla es definida por ser la “articulación de la comprensibilidad” (SZ: 161). Tal articulación presenta una doble faz: por un lado la posibilidad y virtualidad de articulación, esto es, el sentido (Sinn) y, por otro, la realización y configuración efectiva del sentido, es decir el significado (Bedeutung) o conjunto o ensamble de significados (Bedeutungsganze). El sentido es lo “articulable”, el conjunto de significados lo “articulado”. El sentido es explicitado a partir de la comprensión. En el comprender se encuentra la estructura “esencial” de la existencia humana, el “poder ser” (SZ: 143). La comprensión es el “ser existenciario mismo del ‘poder ser’”, constituyente de la existencia (SZ: 144), es “proyecto” en tanto es entendi­da como estructura existenciaria (SZ: 145). El sentido es aquello donde “se sostiene la comprensibilidad de al­go” (SZ: 151), es la estructura formal a partir de la cual todo ente de­viene “comprensible” y puede entonces ser caracterizado como la condición de po­sibilidad de la inteligibilidad del ente. Es la estructura formal del proyecto que, orientándolo, posibilita que algo sea entendido “como” algo (SZ: 151) [5]. El sentido es la estructura formal del proyecto que orienta en una determi­nada dirección. Por todo ello, “sentido” designa precisamente el límite mismo de la posibilidad de toda comprensión, no siendo como tal determinable en la medida en que es condición de toda determinación por la comprensión.

Sentido y significado pueden ser identificados como momentos de un proceso que va de la virtualidad a la determinación y efectividad. El significado es lo ya articulado, lo que dejando de ser pura posibilidad se determina en una estructura de relaciones que adquieren una determinada configuración y con ello una cierta efectividad[6]. El conjunto de significados o, sencillamente, el significado, resulta entonces una estructura intermedia entre la pura potencialidad del ha­bla en tanto constituida por el sentido y la efectividad fáctica del lenguaje. La “significatividad” (Bedeutsamkeit) constituye la “condición ontológica de posibilidad” que permite al Dasein articular significados que por su parte “fundan” la palabra y el lenguaje (SZ: 87). En el recorrido que va de la condición que funda al fenómeno fundado pueden entonces señalarse hasta el momento las si­guientes etapas: el habla como existenciario constituyente del “ser en el mundo”; el sentido como lo articulable en el habla, el conjunto de significados, los significados. En este punto de la secuencia de fundamentación aparece el lenguaje como tal. La virtualidad del sentido, constituyente de la com­prensibilidad del “ser en el mundo”, adquiere determinación y por ello efectivi­dad en primer término en la medida que se constituye en significados y, en un segundo momento, se vuelve efectiva en la medida en que los significados se asientan en palabras (Hinausgesprochenheit) (SZ: 161). Este pasaje se basa en el carácter, propio del Dasein, de estar “arrojado y remitido al mundo” (SZ: 161) por lo cual el ha­bla en tanto deviene lenguaje llega a ser efectivamente existente en el mundo como “ente intramundano” (SZ: 161). El lenguaje resulta así la posible articulación del sentido en el habla, determinado en un conjunto de significados, que se expresa por medio del sonido. El sentido, así precipitado, adquiere un ser fáctico equiparable al de un instrumento efectivamente existente. La relación de fun­dación ontológica señala entonces una suerte de arco o recorrido que va desde el proyecto originario, momento inicial del sentido, hasta la existencia fáctica del lenguaje. El polo del proyecto representa la máxima virtualidad y posibi­lidad de determinación, mientras que en el otro extremo, la lengua se caracte­riza por ser efectividad (incluso hasta llegar a ser “lengua muerta”), determi­nación, diferenciación en la estructura de significados y máxima concreción del sentido en el sonido.

El análisis del habla llevado a cabo en el parágrafo que nos ocupa muestra como característica básica del habla que ésta, en tanto estructura ontológica existenciaria, es identificada con la misma acción básica de poder hablar, es decir, de poder articular la comprensión. Pero esta posibilidad de articular la comprensión se da también en su reverso: el oír [Hören]. Esta equivalencia desde el punto de vista de la ontología del Dasein es señalada expresamente en el texto a través de las expresiones: “poder hablar” (Redenkönnen) (SZ: 25) y “poder oír” (Hörenkönnen) (SZ: 163 y 165). “Callar” (Schweigen), a su vez, es otra “posibilidad esencial del hablar” (SZ: 163), para poder callar hay que poder hablar (SZ:165) y quien calla al dialogar “da a entender” (SZ: 164).

De este modo, el concepto de habla, tal como es puesto de manifiesto en Ser y tiempo reasume e inscribe en un nuevo horizonte de comprensión ontológica el concepto de lógos. E1 habla, en tanto articulación de la comprensibilidad representa y expresa el modo de ser carácter propio del Dasein. La condición ontológica de posibilidad del fenómeno, el ha­bla, está constituida como un conjunto de posibilidades básicas de articulación de la comprensión: hablar, oír, callar. A ello contribuye la referida diferencia terminológica que aparece en el texto entre habla (Rede) y lenguaje (Sprache): mientras el primer término apunta precisamente a la estructura ontológica como estructura articuladora de sentido, el segundo, a la producción efectiva del lenguaje por medio del sonido. En este sentido la noción de habla, así comprendida, representa el conjunto de acciones básicas de comprensión en relación con el lenguaje y, a partir de ello, la ontología existencial del lenguaje antes que una filosofía del lenguaje, heredera de la comprensión configurada en las mencionadas relaciones entre ontología, lógica y gramática, puede ser identificada, como dijimos, en este sentido como filosofía del hablar la cual, basada en la nueva comprensión ontológica del lenguaje articulada en la noción de habla, establece como base de este enfoque la conjunción entre estructura ontológica y acción básica de articulación del comprender.

2) Posibilidades abiertas en la filosofía del hablar

Una vez caracterizados ciertos trazos básicos de la fenomenología hermenéutica del lenguaje como filosofía del hablar, la actualidad pretemática, operatoria del lenguaje en Ser y tiempo, señalada al inicio del § 34, abre un amplio espectro de renovadas posibilidades de comprensión e investigación. De ello da testimonio la, como se ha señalado en varias oportunidades, prácticamente inabarcable bibliografía respecto del lenguaje en Ser y tiempo, a la cual no me referiré ahora. A su vez, la interpretación de la concepción del lenguaje en Ser y tiempo como filosofía del hablar también posibilita desarrollos ulteriores. Al respecto, señalaré, brevemente las tres siguientes direcciones.

2. 1) Hablar como dimensión isoriginaria (gleichursprünglich) del “ser en el mundo”

Al habla le corresponde, en general, la comprensión del concepto de mundo desplegada en Ser y tiempo, cuyo núcleo puede identificarse en el § 12 y es simultáneamente parte constitutiva de la estructura en particular del “en”. El nuevo horizonte de comprensión ontológica del lenguaje subraya el habla como dimensión central del “ser en el mundo”. Ello conlleva que la unidad y totalidad que identifican la constitución fundamental de la existencia caracterizan al habla; lo cual se ve reflejado en el concepto metodológico central del análisis del “en” del “ser en el mundo”, el concepto de “isoriginariedad” (Gleichursprünglichkeit) (SZ: 161). Ya la forma de escritura en el texto (Da-sein), común a los títulos de los tres parágrafos[7] de la estructura del “en” (Da), es una indicación de que encontrarse, comprender y habla son comprendidos desde el ser del Dasein como formas ontológicamente isoriginarias de éste. De este modo el Da es abierto de modo totalizador y unitario en la apertura del “ser en el mundo”. En este sentido, p. ej. el texto afirma en el § 28 que encontrarse y comprender “son determinados por el habla de manera isoriginaria” (SZ: 133). Ello implica que: a) las tres dimensiones son formas de ser del Dasein del mismo rango ontológico, b) cada una cubre la totalidad de la apertura del “ser en el mundo” y c), en este sentido, se recubren respectivamente. La identificación del habla como “articulación de la comprensibilidad” muestra la unidad, ontológicamente isoriginaria, entre encontrarse, comprender y habla como momentos del “ser en el mundo”; unidad desde la cual la ontología fundamental del Dasein comprende conceptos centrales de las tradiciones filosóficas y científica, como los de afectividad, inteligencia y lenguaje. Esta manera de comprender dicha relación constituyente, previa a una distinción entre tipos de entidades, parece ofrecer una ventaja frente a los intentos de comprender de forma holística la existencia humana que proceden sumando aspectos, propiedades, disciplinas o enfoques. El concepto metodológico de isoriginariedad se sustenta en la unidad fundamental entre existencia y mundo desvelado en el texto por el concepto central de “ser en el mundo”. Éste parece, entonces, representar aún hoy una perspectiva significativa a tener en cuenta cuando se intenta comprender la relación entre existencia y mundo como total y totalizadora.

2. 2) La filosofía del hablar como filosofía del oír/escuchar y filosofía del callar

“Al lenguaje en tanto habla le son propias como posibilidades oír y callar” (SZ: 161); ambas forman parte del habla en tanto ponen en acto el sentido. La determinación del habla como articulación de la comprensibilidad hace posible la ampliación del análisis a una di­mensión, vinculada al lenguaje, no incorporada al horizonte habitual de com­prensión en el cual se mueven tanto las disciplinas lingüísticas, como buena parte de las orientaciones en filosofía del lenguaje. De este modo, la filosofía del hablar abre una base para la reflexión sobre fenómenos como el silencio y el oír la voz de la conciencia moral[8]. Ello lleva al análisis de la prevalencia del ser posible frente a las realizaciones efectivas y en este sentido a lo que aún no ha sido o puede ser dicho frente a lo ya comprendido y expresado[9]. En este segundo momento el análisis del habla se vincula a los “modos” (autenticidad-inautenticidad) en los cuales el Dasein se comporta respecto de las posibilidades que él es. Con ello la ontología del Dasein anuda el habla a la comprensión en tanto ésta es el ser mismo del poder ser (Cf. SZ: 144). “Posibilidad” como característica del Dasein, designa la determinación ontológica “más originaria y posi­tiva” del Dasein, su determinación última como existenciario (SZ: 42 y SZ, 143s) [10]. Desde esta determinación el habla queda orientada hacia lo que puede ser comprendido y dicho de un modo distinto a las formas de comprensión y decir establecidas como dadas[11]. A través de la modificación existenciaria del “uno” al “sí mismo”, el significado deviene para mí y el mundo situación. Con ello, al asumirse simultáneamente el carácter de lo posible como tal, es planteada la posibilidad de volver a configurar los significados establecidos, es decir, la posibilidad de reconfiguración del orden de los significados en virtud del dinamismo propio del sentido. El significado es el resultado de una forma estabilizada del sentido y muestra, en tanto el sentido es desde el punto de vista de la ontología del Dasein posibilidad, que el significado puede ser otro, diferente al establecido.

Partiendo, entonces, de la comprensión de la modulación existencial autenticidad-inautenticidad como comportamiento del Dasein respecto de lo posible como tal, la existencia auténtica o propia puede ser considerada como la asunción por parte de éste de la acción permanente del sentido, en tanto genera, gesta, suprime y supera los significados ya efectivamente establecidos. La consideración de las modulaciones existenciales en su relación con el habla permite enton­ces reinterpretar las nociones de autenticidad e inautenticidad. Heidegger mismo ha afirmado que el análisis llevado a cabo en la segunda sección de Ser y tiempo (Dasein y temporalidad) es guiado por un modelo fácticamente dado, en ella: “una concepción óntica de la existencia auténtica” subyace a la “interpretación ontológica de la existencia” (SZ: 310). En ésta se halla presente, especialmente en lo tocante al análisis de la conciencia moral, la tradición filosófico-teológica del cristianismo. Ello deja, por lo tanto, abierta la posibili­dad de una reinterpretación de las determinaciones conceptuales afectadas por dicho modelo desde y en conexión con otros contextos y perspectivas. La reconfiguración del orden de los significados en virtud del dinamismo propio del sentido en última instancia depende de la orientación del ser.

2. 3) La filosofía del hablar en la reiteración de la “pregunta por el sentido del ser”

En Ser y tiempo la tarea de la filosofía tiene como motivo fundamental y orientación unificadora: reiterar la pregunta por el sentido del ser” (SZ: 1). Esta reiteración constituye, como hermenéutica operante[12], la trabazón teórica de Ser y tiempo y brinda la guía metodológica en la cual se inscriben los análisis particulares[13]. En el caso del lenguaje la conexión está claramente establecida a través de la noción de “sentido”; tal como vimos, el sentido es lo articulable en el habla. En tanto el lenguaje se funda en el habla y éste en la estructura ontológica del Dasein, quien se constituye como tal por su referencia al ser, también habla y lenguaje están referidos al ser. A su vez, en el plano del análisis los conceptos elaborados en el texto (significado, sentido, habla, lenguaje) se reunifican en el eje teórico de la obra: la reiteración de la interrogación por el sentido de ser. Toda posibilidad existencial se halla ligada a una “comprensión de ser” (SZ: 324), la cual se traduce en la articulación de la comprensibilidad producida en el habla. En todo acto de producción lingüística se halla presente y entrelazada una cierta comprensión de ser; p. ej. en un juicio, el “es” adquiere, junto a y en su valor lógico de existencia, predicación o identidad, un valor ontológico propio resultante de dicha comprensión. El proyecto primario, estructurado en últi­ma instancia por su orientación respecto al ser, asigna una determinación del sentido trazando las coordenadas ontológicas desde las cuales “algo” puede o no ser incluido en el orden del sentido[14]. El punto focal que articula el sentido es entonces el ser tal como es abierto en el proyecto primario. El sentido resulta, consecuentemente, en última instancia según el texto, del vínculo ser-proyecto (SZ: 324), constituyente del espacio de juego (Spielraum) en el cual se articula el conjunto de significados. Para concluir entonces, desde esta perspectiva poder hablar es poder decir o mostrar, lo que es. En el habla, tal como hemos visto, una dimensión constitutiva del Dasein se manifiesta aquello a lo cual el hablar se refiere [Bezug], el ser. En ello se vuelve claro, el “Da” como lugar simbólico para el ser[15].

Referencias bibliográficas:

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  1. CONICET-ANCBA/Universidad Nacional de San Martín.
  2. La versión de los pasajes de Ser y tiempo es propia, para ello me apoyo en las traducciones de J. Gaos y de J. Rivera, así como en Escudero (2009).
  3. Este comentario, parágrafo por parágrafo, ha llegado hasta el momento a cubrir la introducción y la primera sección, es decir, hasta el § 44 inclusive. La ontología fundamental en Ser y tiempo como “fenomenología hermenéutica del Dasein” (Von Herrmann, 1987: ix) muestra que el análisis, exploración e interpretación de Ser y tiempo en el marco de su propio horizonte conceptual es una tarea aún vigente.
  4. Gaos vierte Rede por “habla”, si se sigue la versión francesa de Kelkel, puede traducirse también por “discurso”; así lo hace también Rivera.
  5. Ambos aspectos, el de estructura que “sostiene” y el de di­rección a la que se apunta se hallan condensados en la expresión Woraufhin, traducida por Gaos como “sobre el fondo de que” y por Kelkel en la versión en francés de “horizonte intencional” “Tomado estrictamente sentido quiere decir la orientación hacia que constituye la base (Woraufhin) del proyecto primario de la comprensión del ser” (SZ: 324).
  6. Sólo mencionando las instancias articuladoras del significado (significatividad, mundanidad, significado como tal y estructura de significados) importa subrayar el mencionado carácter de efectividad que el significado adquiere en tanto es visto desde la virtualidad del sentido. El análisis de el significado en el capítulo III en los parágrafos 15-18, consiste en una argumentación que parte de la descripción fenomenológica de la actividad práctica del Dasein, así como de los entes correlativos de la misma, caracterizando un tipo particular de estos, el signo, para llegar a las estructuras existenciarias que la posibilitan: significatividad y mundanidad. Mientras que la argumentación que nos ocupa sigue un curso inverso en la medida que aquí se parte de la estructura existenciaria para llegar al factum, el lenguaje.
  7. §29, §31, y el §34, referidos respectivamente al encontrarse o disposición afectiva, el comprender y el habla.
  8. El “oír” constituye una posibilidad existencial del habla en la cual se pone de mani­fiesto su vinculación con la comprensión en la medida que el Dasein se re­laciona con su “poder ser” (SZ: 163). A partir de ello se abre la consideración del habla en relación con la autenticidad o propiedad (Eigentlichkeit) y la inautenticidad o impropiedad (Uneigentlichkeit). De este modo, el análisis del habla se desarrolla temáticamente con el de los “modos” en los que el Dasein puede comportarse respecto de su “poder ser” (§ 35 y § 55), lo cual tiene lugar en la segunda sección de Ser y tiempo. El análisis llevado a cabo en este punto por Heidegger se vincula con la tradición filosófico-teológica de raíz cristiana, especialmente Agustín y Lutero (Cf. Stassen, 1973: 68-109).
  9. Mientras el análisis ontológico del habla en la primera sección de Ser y tiempo conduce, como recién señaláramos, a la unidad entre existencia y mundo. La segunda sección lleva a la prevalencia del ser posible frente a la realización efectiva y en este sentido a lo que aún no ha sido o puede ser dicho frente a lo ya comprendido y expresado Esta perspectiva ofrece una nueva base de comprensión ontológica en la cual se asientan las nociones de posibilidad y acción. Desde ella, las relaciones con el mundo, con los otros y consigo mismo constituyen una estructura común cuya trama o articulación es el habla. En un contexto no inmediatamente referido al poder ser existencial como tal aunque sí a la realización de la acción humana como filosofía, al sostener que lo esencial de la fenomenología no radica en ser una orientación filosófica real o efectiva, la justificación enuncia: “Más alto que la realidad está la posibilidad” (SZ: 38).
  10. La noción de posibilidad debe, a su vez, ser deter­minada como rasgo ontológico del Dasein frente a cualquier otra forma de caracterizarla. Conceptuaciones como posibilidad lógica o modalidad estarían ya investidas con decisiones ontológicas previas (SZ, 143). Esta idea ha sido detalladamente desplegada por W. Müller-Lauter (1960).
  11. Así, tomando como guía un caso ejemplar, el Dasein se afirma en la cotidianeidad, en una autocomprensión in­mediata de sí mismo, como “yo”, donde la existencia quedaría garantizada por el uso del pronombre personal. Pero el pronombre personal es meramente “índice formal” (SZ: 116), que como tal no representa la modulación existencial de las posibilidades. Pero, además, “yo” deriva en “uno”, en tanto la mera indicación formal de la primera persona se comprende a partir de un conjunto cristalizado de significados originado en el comercio cotidiano del Dasein. Frente a ello, el poder ser propio, el ser auténti­co, el poder ser en la verdad, es testimoniado por el “llamado” de la conciencia moral “En la conciencia moral el Dasein se llama a sí mismo.” (SZ: 275). En la conciencia moral se hace presente el poder ser propio o autentico del Dasein, en el cual éste se confronta con su tener que ser, generando la responsabilidad de sí. Esta determinación ontológica del Dasein puede conducirlo a la asunción de su poder ser individual y singular (Vereinzelung) (SZ: 295). Desde esta posible asunción el “poder ser” individual se significa en la acción fáctica, históricamente constituida. La individuación del Dasein cursando anticipadamente su futuro imprime un sentido a su ser en el mundo y da lugar a nuevos significados de su interrelación con el mundo, con los otros y consigo mismo.
  12. Al modo de la conceptuación de Fink en “Operative Begriffe in Husserls Phänomenologie” (1957).
  13. La articulación entre habla y ser no es un tema, ubicable como tal en la exposición, sino más bien un movimiento de reflexión presente de múltiples maneras en el despliegue del texto. Ello requiere una reconstrucción del lenguaje en el conjunto de la obra que comprende también las articulaciones implícitas que pueden revelarse. En consonancia con ello se ha afirmado que la significación del fenómeno “lenguaje” en la arquitectura de Ser y tiempo es mucho más importante que lo que su tratamiento explícito permite suponer (Cf. Stassen, 1973: 7).
  14. “Tomado estrictamente sentido quiere decir la orientación hacia que constituye la base (Woraufhin) del proyecto primario de la comprensión del ser” (SZ: 324).
  15. Siguiendo la interpretación de von Herrmann (2008: 13-17).


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