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3 La movilidad de la vida como fundamento negativo de la facticidad en los cursos tempranos de Martin Heidegger

Santiago Chame[1]

Al comienzo de las Interpretaciones fenomenológicas sobre Aristóteles [Informe Natorp], Heidegger sostiene que la captación de la movilidad fundamental de la vida fáctica constituye el hilo conductor de la investigación sobre el Dasein humano. El análisis de este fenómeno crucial, indicado en el Informe Natorp, se encuentra desarrollado en el curso del semestre de verano de 1924, Grundbegriffe der aristotelischen Philosophie, de la etapa de Marburgo. Allí, la noción aristotélica de κίνησις es objeto de una reapropiación radical por parte de Heidegger, a partir de la cual construye su concepto de movilidad de la vida (Lebensbewegtheit).

Heidegger identifica que, por un lado, el abordaje aristotélico al problema del fundamento último de la existencia humana está signado por la tendencia a concebir el mundo circundante en términos de ποίεσις, de la producción. Por medio de la forma (μορφή), οὐσία llega a ser concebida como εἴδος, en el sentido de un “qué” determinado que corresponde a un “algo”, un ente presente. A este esquema corresponde la proposición como característica fundamental del λόγος, cuyo ser se realiza plenamente en la definición (ὁρισμός). Así, se identifica allí el germen de la fractura sujeto-objeto, considerados ambos polos en términos estáticos (en el sentido de esencias o formas). Pero, como indica la primera línea de Metafísica VII, el ser se dice de muchas maneras. Y para Heidegger, en Aristóteles mismo hay una genuina intuición del ser del Dasein como movilidad, lo que da por tierra con la versión canónica configurada por la tradición. Esta intuición se basa en una relectura de distintos pasajes del corpus aristotélico y, en relación con el problema del movimiento, con el par conceptual de ἐνέργεια y δύναμις, comúnmente traducido como acto y potencia. Precisamente, el concepto de ἐνέργεια, constituye, según Heidegger, el momento fundamental de la doctrina del ser de Aristóteles. La interpretación de ἐνέργεια que realiza Heidegger se centra en la actividad (ἔργον) del Dasein en un mundo entendido como contexto fáctico en el cual se desenvuelve. Heidegger realiza una correlación entre este término aristotélico y la actividad propia de la ocupación del Dasein en un mundo. La estrategia heideggeriana consiste en señalar que el fundamento de la actividad (ἐνέργεια) del Dasein entendida como Besorgen se halla en su movilidad fundamental (κίνησις). Y esto debido a su relación con su fin (τέλος).

A partir de la lectura del comienzo de la Ética Nicomaquea (Heidegger, 2002: 70), Heidegger distingue dos modalidades de la actividad del Dasein de acuerdo a su finalidad (τέλος): por un lado, aquella que tiende a un fin determinado, como la fabricación de zapatos (Schusterei), cuyo fin es el objeto zapato y por otro lado el tipo de actividad cuyo fin es la actividad misma; el ejemplo es dar un paseo (Spaziergang). El τέλος de este tipo de ocupación se alcanza tan sólo con realizarla, es decir, caminando y no cubriendo una distancia determinada o arribando a un destino, por ejemplo. Para Heidegger, si bien ambas variantes involucran movimiento y refieren al cuidado del Dasein en el mundo, tan sólo la segunda variante descripta constituye ἐνέργεια en sentido propio, mientras que hacer zapatos constituiría más bien un ἔργον (Werk). La actividad cuyo fin se encuentra en sí misma, v.g. dar un paseo, se identifica con la movilidad en la cual se patentiza la incompletitud constitutiva del Dasein. Esto se relaciona íntimamente con los desarrollos en torno al carácter finito del Dasein en Ser y Tiempo: ser para la muerte (Sein zum Tode) y resolución (Entschlossenheit). En aquel contexto, el ser del Dasein es caracterizado como un prolongarse (Cf. § 72) y es determinado de ese modo en relación con su ser temporal.

El aspecto central reside en que el movimiento como ἐνέργεια, es decir, como actividad del cuidarse del Dasein en un mundo, no suprime el carácter de posibilidad (δύναμις) que atraviesa al Dasein en el trato cotidiano con los entes. Se diferencia radicalmente, por tanto, de la ἐντελέχεια,[2] considerada como puro fin del movimiento y como completitud. Esta es definida por Heidegger como “Gegenwärtigsein eines Seienden als Ende”, el estar presente de un ente en tanto final (Heidegger, 2002: 296). Ἐνέργεια, determina al Dasein en la forma de un prolongarse hacia el fin (συντείνει πρὸς τὴν ἐντελέχειαν), no como ser completo en el fin. Por tanto, κίνησις, dice Heidegger, es una modalidad del Dasein que se manifiesta propiamente en ἐνέργεια (Heidegger, 2002: 296). A diferencia de la actividad tendiente a un fin determinado, donde la posibilidad (δύναμις) acaba con el producto de ese movimiento, v. g. el zapato, el movimiento como ἐνέργεια mantiene la posibilidad en su carácter abierto, por lo cual se trata de un movimiento sin término. Esta es precisamente la naturaleza de la vida fáctica; el trabajar (arbeiten) y el producir (herstellen) en tanto ἔργα (Werke) son modos de ocuparse (Besorgen), cuyo fundamento o, como se expresa en Ser y Tiempo, su poder ser total, se halla en la movilidad del Dasein como ἐνέργεια, movimiento que se prolonga (o se extiende) a sí mismo hacia el final (spannt sich aus zum Ende) y se mantiene en la dimensión de lo posible y lo aún no (noch nicht). El movimiento es constantemente incompleto (stetig grenzenlos) (Heidegger, 2002: 291-2), y este es el carácter fundamental del Dasein: de allí que experimente su ser como una carga y que su verdad (αλήθεια) se encuentre en el movimiento y su direccionalidad (ser hacia) y no en el fin considerado en sí mismo (ser en). La naturaleza paradojal de la movilidad del Dasein consiste en que en su actualización (ἐνέργεια) es incompleta en tanto sostiene su τέλος como potencia (δύναμις).

De tal manera, Heidegger reconduce el ser de la vida fáctica o Dasein por fuera del paradigma de la presencialidad de la οὐσία. El ser del Dasein no es estrictamente presencia sino movimiento, y movimiento hacia un fin: la muerte. En efecto, Heidegger sostiene en el Informe Natorp que “La manifestación más relevante de esta movilidad fundamental se plasma en el modo en el que la vida fáctica misma hace frente a la muerte (…) la muerte es para la vida fáctica algo inminente, algo que la coloca ante un hecho ineludible” (Heidegger, 2005: 358-359), y que este fenómeno “resulta fundamental y proporciona el hilo conductor de toda la problemática” (Heidegger, 2005: 359). La negatividad que atraviesa el Dasein en su movilidad vital tiene como característica necesaria la incompletitud, en un movimiento cuya dirección inequívoca es la muerte, en tanto posibilidad que detenta una prioridad ontológica por sobre toda otra posibilidad, elemento constitutivo de la facticidad. La muerte es aquel “contramovimiento que se opone a la tendencia a la caída del cuidado” (Heidegger, 2005: 360), es decir a la ocupación cotidiana del Dasein tendiente al trabajo y la producción (Herstellung, ποίησις). Dice Heidegger que este contramovimiento “determina el modo según el cual se temporiza la posible aprehensión auténtica de la vida” (Heidegger, 2005: 360). Puesto en relación esto último con lo dicho en el curso del semestre de verano de 1924, vemos ahora como la movilidad originaria del Dasein, en su prolongarse hacia el fin, constituye su dimensión propia, y posee un correlato temporal. La facticidad, en este texto se entiende precisamente como “un modo de temporización de la temporalidad de la existencia” (Heidegger, 2005: 361).

En Ser y Tiempo, Heidegger pondrá como fundamento del Dasein este momento sustractivo (la cura como el trato o la relación entre Dasein y mundo, siempre co-implicados)[3]; y la intuición temprana del fenómeno del movimiento en la existencia, que él halla en Aristóteles, se revela como temporal, ya que el movimiento sólo puede entenderse en términos temporales: “La definición preontológica de la esencia del hombre […] ha fijado de antemano su vista en aquella forma de ser que domina su paso temporal por el mundo” (Heidegger, 2001: 219). Sin embargo, también en Ser y Tiempo la temporalidad en su relación con el gestarse histórico del Dasein se relaciona íntimamente con la movilidad entendida como un prolongarse del Dasein: “La movilidad de la existencia no es el movimiento de algo ante los ojos. Se define por el prolongarse del Dasein. La específica movilidad del prolongado prolongarse la llamamos el gestarse histórico del Dasein.” (Heidegger, 2001: 405). Como hemos visto, este prolongarse constituye la movilidad originaria del Dasein que acompaña su carácter temporal.

Así, movilidad y temporalidad se revelan como momentos fundamentales del Dasein, profundamente interrelacionados. Resta indagar la naturaleza precisa de esta relación, teniendo en cuenta la equiprimordialidad de ambos aspectos, teniendo en cuenta lo desarrollado tanto en el curso sobre Aristóteles de 1924, como en Ser y Tiempo.

Referencias bibliográficas:

  • Heidegger, M. (2010), Ser y tiempo, trad. Gaos J., México, FCE.
  • _________ (2002), Grundbegriffe der aristotelischen Philosophie (SS 1924), GA 18, Frankfurt am Main, Vittorio Klostermann.
  • ________ (2005), “Phänomenologische Interpretationen zu Aristoteles (Anzeige der hermeneutischen Situation). Natorp Bericht” en Phänomenologische Interpretationen ausgewählter Abhandlungen des Aristoteles zur Ontologie und Logik (SS 1922), GA 62, Frankfurt am Main, Vittorio Klostermann.

  1. Universidad de Buenos Aires.
  2. En este respecto, la lectura de Heidegger se distancia marcadamente de las interpretaciones más usuales y aceptadas del texto aristotélico, en las cuales ambos conceptos son equivalentes.
  3. El movimiento originario, la cura, es el rasgo fundamental, ser del Dasein, previo a cualquier catalogación ulterior de la vida, como vida teórica o como vida práctica. “‘Teoría’ y ‘práctica’ son posibilidades del ser de un ente cuyo ser tiene que definirse como cura” (Heidegger, 2001: 214).


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