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14 Espacio, cosa y cuadratura

Una aproximación a su problemática en Construir, habitar, pensar

Esteban Molina[1]

Nur wenn wir das Wohnen vermögen,

können wir bauen.

Martin Heidegger. 

1) Introducción

La conferencia Construir, habitar, pensar[2] forma parte de una serie de disertaciones, que tienen por meta reformular la noción de mundo desarrollada en obras anteriores. De este modo, Heidegger pone su empeño en extender los límites de aquello expresado anteriormente, con el fin de complejizar la noción de mundo como cuadratura (Geviert).[3] A partir de una propuesta semiótica del Dr. Adrián Bertorello, nuestro objetivo es proponer una lectura semiótica del espacio, envuelto en una complejización del mundo como “función significante”. El concepto “función significante” es deudor de la semiótica greimasiana. Cabe indicar que Greimas tenía por objeto la investigación de los sentidos textuales. Así, al no satisfacer lo manifestado hasta el momento en la literatura semiológica, Jacques Fontanille incluye la función significante con el fin de establecer la mediación entre ambos planos, y es en este sentido que aquella función funda la articulación entre significante (plano de la expresión) y significado (plano del contenido). De este modo, Fontanille considera que el que permite establecerlo es el “cuerpo”. En el concepto cuerpo se establecen los vínculos combativos entre un contenido ideal y una materialidad sensible. Además, con la noción de corporalidad se deja de lado el “signo” como unidad de análisis. Desde una idea de corporalidad se funda el plano del contenido con el plano de la expresión. Brota como unidad de análisis el “discurso”. El discurso en tanto acto de enunciación, significa para Benveniste como aquel mediante el cual una persona se adueña del sistema de la lengua. En cambio, para Fontanille, el lugar, la enunciación, es el cuerpo. En la misma dirección que Fontanille, Lotman introduce un aditamento al concepto cuerpo, que consiste en que hay comprenderlo como una frontera o límite que junta ambos mundos: el interior y el sensible exterior, mediante un mecanismo de frontera móvil. Así, puntualmente, abordaremos tres conceptos que se presentan estrechamente afines, ellos son: espacio (Raum), cosa (Ding) y cuadratura. Con especial hincapié en la cuestión del espacio, matriz éste en la relación con los otros dos conceptos. Esto es importante, debido a que en este ensayo, Heidegger nos invita a pensar acerca del construir y del habitar. Dice que se va a dirigir la búsqueda del construir “en aquella región a la que pertenece todo aquello que es” (Heidegger, 2001: 107).

2) El vínculo entre espacio, cosa y cuadratura en torno a habitar y construir

La disertación está estructurada alrededor de dos preguntas: ¿qué es habitar?, ¿en qué medida el construir pertenece al habitar? Así pues, en la primer cuestión, Heidegger expone tres tesis que organizan el despliegue argumental, estas son: 1) El construir es propiamente habitar. 2) El habitar es el modo como los mortales son supra la tierra. 3) Tanto el construir que erige edificaciones como el construir que cuida el crecimiento de las cosas, son los dos modos en que se desdobla el construir como habitar.

En la primera tesis Heidegger comienza la búsqueda de la siguiente manera, dice “habitar y construir están el uno con respecto al otro en la relación de fin a medio” (2001: 108), seguido queda explicitado que la relación construir-habitar no se rige por la correspondencia medio-fin, puesto que esto es alterar vínculos esenciales. Es decir, no es la manera apropiada de pensar la relación habitar y construir. La manera apropiada es por medio del lenguaje. En este sentido –Heidegger señala- “la exhortación (Zuspruch) sobre la esencia de una cosa nos viene del lenguaje, en el supuesto de que prestemos atención a la esencia de éste” (2001: 108). Heidegger presenta aquí dos afirmaciones: por una parte, es el lenguaje quien nos da la medida y no el hombre quien la forja; además, de oponerse al lenguaje como expresión de una conciencia y de una herramienta. Por otra parte, expresa que las exhortaciones son nuestra facticidad.

En la segunda tesis, partiendo del verbo tedesco “bauen”, Heidegger realiza una serie de conjeturas etimológicas, que desembocan en que “construir”, “habitar” y “ser” comparten una misma raíz originaria. Mediante este recurso, Heidegger establece la relación que existe entre el lenguaje y la descripción fenomenológica. Cabe destacar que durante toda la disertación, los argumentos fenomenológicos prevalecen sobre los etimológicos. El construir se funda sobre el habitar de manera fenomenológica. Al respecto, Heidegger dice que antiguamente “bauen significa que el hombre es en la medida en que habita” (2001: 109). De este modo, la articulación de las dos preguntas que formula aquí ¿qué significa construir? y ¿qué significa ich bin (yo soy)? encuentran su vinculación.

Finaliza la última tesis con la exposición de los dos modos del construir: que erige construcciones y que alberga el crecimiento de las cosas. En definitiva, concluye que construimos y hemos construido “en cuanto que somos los que habitan” (Heidegger, 2001: 110).

Luego, vuelve a valerse de un recurso etimológico, para argumentar ¿qué es la esencia del habitar? De aquí, establece una sustitución sinonímica entre los verbos habitar (wohnen) y cuidar (schonen). Para él, ambos mantienen esencialmente una estrecha familiaridad.[4] En este sentido, afirma “el rasgo fundamental del habitar es este cuidar (mirar por)” (Heidegger, 2001: 110). Supuesto esto, este cuidar tiene un carácter positivo: un vallar (einfrieden). Esto establece un perímetro y comprende lo que alberga, una frontera (Grenzen).[5]Esto es, un limitar con (angrezen an), no de carácter estático, sino móvil. Por consiguiente, aquello circunscrito es lo que se custodia. De este modo, introduce la noción de estancia (Aufenthalt).

Al describir la estancia de los mortales sobre la tierra, Heidegger presenta la cuadratura. La cuadratura es una tentativa de reflexionar de manera fenomenológica de qué modo los mortales habitan en la tierra. De esta manera, Heidegger explicita en qué consiste el sentido del espacio que habitan los mortales, pues, con la manifestación de la cuadratura en su deixis espacial, presenta los ejes que estructuran el sentido en su primera significación -es decir, el espacio-, los cuatros ejes son: sobre la tierra (Erde), bajo el cielo (Himmel), ante los divinos (die Göttlichen) y con los mortales (die Sterblichen). Aunando esta tentativa, Heidegger dice “desde una unidad originaria pertenecen los cuatro –tierra, cielo, los divinos, los mortales- a una unidad” (2001: 110). Esto quiere decir que existe una connivencia recíproca.[6]Finaliza esta primera descripción de la cuadratura con una mirada desde los mortales, “en el salvar la tierra, en el recibir el cielo, en la espera de los divinos, en el conducir de los mortales acaece de un modo propio el habitar como el cuádruple cuidar (mirar por) de la cuadratura” (Heidegger, 2001: 111)[7].

Por lo tanto, este habitar como cuidar significa siempre custodiar la cuadratura en su esencia. Mediante el vínculo intencional que los mortales tienen junto a las cosas es que estos pueden proteger a la cuadratura. Así, en el momento que los mortales permiten ser a las cosas en los dos modos del construir, sólo en ese momento, protegen la cuadratura.[8]Esto implica el cuidar. Ahora bien, las cosas no agregan un quinto elemento a la cuadratura, por el contrario, como un correlato intencional del imaginar, custodian la cuadratura. Son las que portan la cuadratura. Son las cosas las que abren el mundo.[9] Desde una mirada fenomenológica, podemos expresarlo en el sentido que las cosas abren el sistema deíctico del espacio: arriba, abajo, ante, con. O sea, el conjunto deíctico del espacio se apropia como base referencial al habitar cabe las cosas.[10]Por consiguiente, el habitar cerca de las cosas organiza la estructura de la cuadratura que es inferida semánticamente como la función significante. De este modo queda establecido el vínculo entre la cuadratura y la cosa.

Esto sentado, pasamos a la segunda pregunta que conforma la estructura de la exposición que consiste ¿en qué medida el construir pertenece al habitar? Aquí Heidegger parte de dos limitaciones: por un lado, se restringe a hacer un análisis del construir como erigir, levantar y, por otro lado, metodológica, la construcción de un ejemplo modelo que dé cuenta de “una cosa construida” (“ein gebautes Ding”), tal es el caso del puente. De este modo, en la construcción del ejemplo, encontramos que el puente une la cuadratura sin expresar algo figurado.

Ahora bien, tras la utilización metodológica del puente como modelo de una cosa construida, Heidegger manifiesta que el mencionado ejemplo agrupa cerca de sí, los mortales y los divinos, la tierra y el cielo -poco más o menos literal-, y como fruto de esta unión, esto da como expresión la cosa del puente. En efecto, la cuadratura como coligación de la tierra, el cielo, los mortales y los divinos es la cosa. “El puente es una cosa, y sólo esto. ¿Sólo? En tanto que esta cosa, coliga la cuadratura” (Heidegger, 2001: 113). Sin embargo, hay que tener presente que en esta disertación, Heidegger no considera a la cosa como la simple-presencia-delante (Vorhandenheit) de Ser y tiempo, ni tampoco la cosa en sí kantiana, lo conceptualmente fenomenológico a alcanzar es a la cosa como lugar (Ort). En este sentido, dice que ciertamente, el puente es una cosa “de un tipo propio, porque coliga la cuadratura de tal modo que otorga (hace sitio a) una plaza. Pero sólo aquello que en sí mismo es un lugar puede abrir un espacio a una plaza” (Heidegger, 2001: 114). Empero, debemos aclarar, que no está hablando de un espacio entendido como geográfico. En definitiva, el ser cosa del puente ronda sobre el planteamiento que la cosa abre el espacio de la cuadratura.[11]

Supuesto esto, ¿qué nos dice Heidegger, en esta disertación, sobre la ontología de la cosa? Que las cosas son lugares que dan espacio, o sea, hacen espacio. Esto se produce, pues, porque la naturaleza de cosa de un puente da lugar a un emplazamiento.[12]Desde una mirada semántica, a partir del lugar que es la cosa, se determinan los sitios de la deixis espacial. Es decir, es cada cosa la que funda como eje de referencia a la deixis espacial. Aquí la clave radica en el enunciador: hasta el momento, la deixis espacial se refería al sujeto; en cambio, en este caso, aquello que se modifica es el eje de la referencia, a partir de las cosas se organizan los espacios, esto es, la referencia son las cosas.

La tesis heideggeriana consiste en que la cosa es un lugar donde se une la cuadratura. Ahora bien, ¿qué papel juega el espacio acá?, ¿qué es espacio, en este contexto? Aquí, Heidegger no sigue el conjunto de ideas heredadas, tanto físicas como matemáticas, sino que se basa del vocabulario griego para hacer referencia al concepto de frontera. Nuevamente, Heidegger recurre a un recurso metodológico, la etimología. Encuentra en el término sitio (Platz) una antigua acepción, la misma otorga una noción de que un espacio es algo que quedó liberado en una frontera o límite, es más, es aquello donde algo comienza. “De ahí que los espacios reciban su esencia desde lugares y no desde ‘el’ espacio” (Heidegger, 2001: 114). Esto es, la esencia del espacio hay que buscarla desde las cosas y no en el espacio. Desde los lugares se fijan las fronteras espaciales. El concepto cuerpo está estrechamente vinculado en la construcción del concepto de frontera, llevado aquí por Heidegger. La distinción importante es que el soma (Körper) tiene como límite su tegumento propio del hombre, en cambio, el cuerpo (Leib) trasciende ese límite.

Asimismo, las cosas como lugar se las denomina construcciones (Bauten), porque conceden lugar a sitios. A su vez, estas construcciones, tal el caso del puente, incluyen varios sitios en correlaciones de proximidad.  Al respecto, Heidegger dice que “el espacio otorgado por el puente […] contiene distintas plazas, más cercanas o más lejanas al puente” (2001: 114). Entonces, el puente como centro del espacio cumple la función de delimitar varios sitios, aquí comprendidos entre las quebradas y las orillas. Por consiguiente, el modelo del puente le permite a Heidegger exhibir la relación de estas construcciones con el espacio y los hombres. En este sentido, Heidegger dice “el puente es un lugar. Como tal cosa otorga un espacio en el que están admitidos tierra y cielo, los divinos y los mortales” (2001: 114). En resumen, el puente junta en sí estos cuatro principios cooriginarios: tierra, cielo, los divinos y los mortales. Particularmente, aquí operan como direcciones espaciales.

Después de abordar cuál es la referencia entre espacio y lugar, Heidegger prosigue con la siguiente pregunta, ¿en qué consiste el vínculo entre espacio y los hombres? De manera expresa dice “con la palabra ‘un hombre’ estoy nombrando ya la residencia en la cuadratura, cabe las cosas” (2001: 116). Esta determinación implica una ubicación espacial del hombre, es decir no en tanto contenido. Esto es, a modo de Ser y tiempo, un cómo más que un qué, otro modo de enunciar estar-en-el-mundo (in-der-Welt-sein). La definición del hombre como residencia es la que determina vinculaciones de cercanía y lejanía respecto de las cosas. También, puede llamárselo un “espacio semantizado”. Siguiendo con esta perspectiva, un espacio semantizado es un espacio incontable, no soporta ser medido. “Los mortales son; esto quiere decir: habitando aguantan espacios sobre el fundamento de su residencia cabe cosas y lugares. Y sólo porque los mortales, conforme a su esencia, aguantan espacios, pueden atravesar espacios” (Heidegger, 2001: 116). Se vale del ejemplo “cuerpo” para graficar “atravesar el espacio”, tomando la noción de cuerpo (Leib) fenomenológico.[13]De esta manera, finaliza temporalmente la problemática del espacio.

3) Conclusiones

En primer lugar, queda establecido que las cosas son lugares y, por tal motivo, las cosas espacían. Son lugares que otorgan lugar a la cuadratura. Dan, así, lugar a un espacio. Este espaciar de las cosas se estructuran en dos modos: el erigir construcciones y el cuidar aquello que crece. En definitiva, constituida por estos dos modos, la cuadratura es un modo de habitar.

En segundo lugar, se denomina construir a la producción de construcciones. Su principal función es producir lugares; sin embargo, el construir no organiza jamás el espacio, ni de forma próxima, ni lejana. Por consiguiente, el construir levanta lugares que preparan un sitio a la cuadratura. El construir recibe la indicación para fundar lugares a partir de mutua pertenencia que se da entre la tierra y el cielo, los divinos y los mortales.

En tercer lugar, las construcciones resguardan y protegen la cuadratura. Por tal motivo, los cuatro modos o direcciones espaciales que conforman el modo del cuidar: salvar la tierra, recibir el cielo, acompañar a los mortales y esperar a los divinos, constituyen la esencia del habitar. Estableciendo una concordancia con lo señalado por Bertorello, podemos decir que tanto la tierra y el cielo, como los divinos y los mortales son cooriginarios, se implican mutuamente, determinan como “cuadratura la condición de cosas de las cosas”.

Por último, retomamos la parte final de la disertación y concluimos junto a Heidegger que el permitir habitar es la esencia del construir y que la única resonancia que llama a los mortales al habitar, consiste en volver a pensar sobre la esencia del habitar. 

Referencias bibliográficas:

  • Adrián Escudero, J. (2009) El lenguaje de Heidegger. Diccionario filosófico 1912-1927, Barcelona, Herder

  • Bertorello, A., Clase, Seminario X: “El mundo como función significante. Una lectura semiótica del ser-en-el-mundo de M. Heidegger”, UNSAM, Buenos Aires, 8 y 15 de octubre 2015.
  • Fontanille, J. (2004) Semiótica del discurso, Lima, Fondo Editorial, Univ. de Lima.
  • Heidegger, M. (2001) “Construir, habitar, pensar” en Conferencias y artículos, Barcelona, Ediciones del Serbal.
  • __________ (2013), Seminarios de Zollikon, México, Editorial Herder.
  • __________ (2012), Ser y tiempo, Madrid, Editorial Trotta.
  • __________ (2010), “El origen de la obra de arte (1935/36)” en Caminos de Bosque, Madrid, Editorial Alianza.
  • Hjelmslev, L. (1974), “Expresión y contenido” en Prolegómenos a una teoría del lenguaje, Madrid, Editorial Gredos – (2016) recuperado de goo.gl/1ZQhDb
  • Lotman, I. (1996) “Acerca de la semiosfera” en Semiosfera I, Madrid, Cátedra.

  1. Universidad Nacional de San Martín.
  2. La conferencia Construir, habitar, pensar (Bauen Wohnen Denken), disertada en 1951, forma parte de un compendio de artículos y conferencias pronunciadas por Heidegger, publicadas bajo el nombre Vorträge und Aufsätze (2000 -trad. Conferencias y artículos 2001).
  3. En La cosa (das Ding) queda expresa tal definición. Esto es, entendido como “juego de espejos”, aquello que contiene un vínculo semiótico entre la transparencia y opacidad: enunciativa y referencial, es decir, entre los mortales y divinos, y el cielo y la tierra, respectivamente.
  4. Cf. schonen con ocuparse de (besorgen) y preocuparse por (fürsorgen) con Ser y tiempo. Para poder identificar la formulación del vínculo intencional entre los dos modos de Sorge y su reformulación, aquí, con las cosas.
  5. Schonen entendido como cuerpo semiótico, indica cuadratura. Asimismo, ver el concepto cuerpo (Leib), en Heidegger (2013: 99, 105, 108-114, 116, 121, 131, 132, 140, 202, 231, 244, 245, 292.) En este sentido, Lotman dice “la frontera semiótica es la suma de los traductores- “filtros” bilingües pasando a través de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje (o lenguajes) que se halla fuera de la semiosfera dada. El ‘carácter cerrado’ de la semiosfera se manifiesta en que ésta no puede estar en contacto con los textos alosemióticos o con los no-textos. Para que éstos adquieran realidad para ella, le es indispensable traducirlos a uno de los lenguajes de su espacio interno o semiotizar los hechos no-semióticos […] la frontera del espacio semiótico no es un concepto artificial, sino una importantísima posición funcional y estructural que determina la esencia del mecanismo semiótico de la misma. La frontera es un mecanismo bilingüe que traduce los mensajes externos al lenguaje interno de la semiosfera y a la inversa. Así pues, sólo con su ayuda puede la semiosfera realizar los contactos con los espacios no-semióticos y alosemiótico. Tan pronto pasamos al dominio de la semántica, nos vemos en la necesidad de apelar a la realidad extrasemiótica […] para una determinada semiosfera, esta realidad sólo deviene ‘realidad para sí’ en la medida en que sea traducible al lenguaje de la misma […] la función de toda frontera y película se reduce a limitar la penetración de lo externo en lo interno, a filtrarlo y elaborarlo adaptativamente” (1996: 10 ss.).
  6. Hjelmslev dice “usar la palabra signo para designar la unidad que consta de forma de contenido y forma de expresión y que es establecida por la solidaridad que hemos llamado la función del signo […] es correcto concebir la expresión y el contenido como entidades coordinadas e iguales en todos los aspectos […] se definen sólo por su solidaridad mutua, y ninguna de ellas puede identificarse de otro modo. Cada una de ellas se define por oposición y por relación, como funtivos mutuamente opuestos de una misma función” (1974: 86 ss.).
  7. Modificado “cuaternidad” por “cuadratura”. Para no cambiar términos dentro de la exposición y evitar estar alternando ambos términos. De ahora en adelante, utilizamos la palabra cuadratura en las citas.
  8. Cf. nota 4.
  9. Cf. el concepto “mundo” en Ser y tiempo con “El origen de la obra de arte (1935/36)” de Heidegger en Caminos de Bosque (2010).
  10. Cf. noción de estar-en-el-mundo (in-der-Welt- sein), en Ser y tiempo.
  11. A juicio de Bertorello, Heidegger comienza a presentar de manera aislada, una cierta ontología de la cosa. Como se verá en otras disertaciones, tal el caso de “La cosa”, “las cosas se manifiestan constituyendo el sentido, las cosas son incorporadas desde el espacio de sentido” (15 de octubre 2015, UNSAM).
  12. “Dejar que el ente intramundano comparezca, lo que es constitutivo del estar-en-el-mundo, es un ‘abrir espacio’ (‘Raumgeben’). Este ‘abrir espacio’, que también llamamos ordenación espaciante (Einräumen) es dejar en libertad lo a la mano mirando a su espacialidad” (Heidegger, 2012: 131).
  13. Cf. con la noción de “cuerpo” (“Leib”) cuyo mecanismo es móvil, en Seminarios de Zollikon. Remitirse a la nota 4.


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