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Dictadura, disidencia y humor: el suplemento “Humor” de Hoy
(Chile, 1987-1988)

Diana Gómez

En agosto de 1987, la revista HOY publicó un suplemento de humor gráfico que se llamó “HUMOR” y que reunió a los principales humoristas gráficos del país. La idea del suplemento surgió con motivo de la celebración de los diez años de la revista, pero también como una estrategia diseñada para retener a los lectores (entrevista personal a Francisco Larenas, 22 de junio de 2020). Emilio Filippi, el fundador y director histórico de HOY, había dejado el cargo para iniciar un nuevo proyecto editorial, el diario La Época, y se había llevado consigo algunos periodistas y una porción importante de lectores. Al mismo tiempo, para varios de los humoristas convocados, colaborar con el suplemento significaba sumarse a una causa: “hacer algo contra la dictadura” (entrevista personal a Jorge Montealegre, abril 2018). La buena recepción que tuvo “HUMOR” animó a sus editores a convertir el suplemento en una revista de humor gráfico. Sin embargo, ésta no vendió lo esperado y después del primer número, toda la experiencia editorial se terminó abruptamente.

En Chile, durante los años de plomo, no hubo una publicación de humor gráfico insignia como había sido en el pasado Topaze (1931-1970), pero existió una vasta producción de humor gráfico que circuló por diarios y por revistas políticas o de interés general. Pese a los altos costos y al control estatal de la circulación de publicaciones -garantizado por la obligatoriedad de contar con un permiso otorgado por la Dirección Nacional de Comunicación Social (DINACOS)- hubo diversos esfuerzos de editar suplementos humorísticos o publicaciones exclusivamente de humor gráfico. El caso del suplemento de HOY fue uno de ellos. El objetivo de este capítulo es analizar esta experiencia editorial breve porque, si bien, frustrada en sus objetivos de largo alcance, permite explorar el lugar y las características del humor en las estrategias de disidencia, así como también los obstáculos que hicieron imposible la emergencia de la prensa humorística independiente bajo la dictadura militar en Chile.

Para Noemí Girbal Blacha (1999), las revistas son espacios de reencuentro donde se cruzan trayectorias sociales e intelectuales y, más aún, son ambiciosos emprendimientos resultado de un “complot” por parte de un grupo o movimiento de ideas que antes que informar (función propia de la prensa diaria) busca debatir y reflexionar. Por eso, en ellas encontramos muchas voces (con más o menos matices o uniformidad) que a veces son una: la de la revista. Es más, siguiendo a Beatriz Sarlo (1992), podemos agregar que las publicaciones periódicas ponen el acento sobre lo público, imaginado como espacio de alimentación y de conflicto. Las revistas llevan las marcas de la coyuntura, le rinden tributo al presente porque su voluntad es intervenir para modificarlo. El tejido discursivo de este tipo de publicaciones puede ser visto como un laboratorio donde se experimentan propuestas estéticas y posiciones ideológicas. Entendidas como instrumentos de la batalla cultural, las revistas se definen también por el haz de problemas que eligen colocar en su centro o, a la inversa, según los temas que pasan en silencio.

Estas definiciones pueden ser extensivas a las revistas de humor gráfico e incluso, a un suplemento como el que analizamos en esta oportunidad, pero es necesario detenerse en el carácter distintivo del humor político. Como advierten estudiosos como Gombrich (1982) y Romano (1990), la caricatura y el humor políticos están ligados al tiempo y al lugar de su producción. Por ello, convierte al humorista en un cronista voluntario o involuntario de la época y a su elaboración en algo que a posteriori o en otras coordenadas geográficas o sociopolíticas, es necesario explicar, describir y contextualizar para que adquiera sentido y resalte lo que no surge a simple vista.

Asimismo, como señala Cristian Palacios (2010) el humor político media entre varios extremos: los de la risa y el llanto, la indignación o el sosiego. En esta medida, señala contradicciones – nace en el seno de la contradicción misma – pero atenúa sus efectos. De allí que, en el humor político, el enunciador, tienda a ser neutral, no busca culpables, ni acusa de manera directa. Su más radical y profunda virtualidad humorística consiste en volver risible al humor mismo por su impotencia ante el sufrimiento humano. El humorista trabaja sobre aquello que el público reconoce, es decir, no busca nada nuevo, sino que inscribe sus enunciados en una memoria que comparte con su público, un terreno ideológico común. En este sentido, el humor, a diferencia de lo cómico, establece con ese terreno ideológico común una relación de crítica consciente y explícita (Palacios, 2010).

De igual manera, comprendemos el humor como un dispositivo que participa en la construcción social del imaginario de una época (Montealegre, 2014) y, por tanto, se hacen presentes en él las percepciones, creencias e ideas con las que se forja la identidad de un grupo social y la imagen del adversario. La tarea que tenemos por delante es reponer no sólo el contexto y los códigos sino también los sentidos posibles que las producciones humorísticas generaron más allá de las intenciones originales de los autores. Tal labor nos permite identificar si hubo o no riesgos, audacias y actos de autocensura por parte de los autores de las humoradas y sus editores.

El capítulo se divide en tres apartados. En el primero, analizaremos el lugar que el humor gráfico tuvo en la prensa periódica durante el régimen cívico militar. En el segundo apartado, el análisis se centrará en las condiciones sociales de producción del suplemento “HUMOR” de HOY en la coyuntura de su aparición y en la de su cierre, al igual que quienes formaron parte de la iniciativa. En la última sección se analizarán los contenidos, la propuesta editorial del suplemento y las representaciones sociales que en él quedaron plasmadas y a través de las cuales se intervino en las luchas simbólicas del momento. Por último, a modo de conclusión se presentarán unas reflexiones finales.

1. El humor gráfico en la prensa periódica bajo la dictadura cívico-militar

Lorena Antezana (2014) sostiene que el lugar y el rol del humor gráfico en la prensa chilena durante la dictadura cívico militar puede dividirse en tres períodos. El primero se extiende entre 1973 y 1976, y fue el más represivo y de mayor censura; en él, los militares intervinieron los medios masivos de comunicación y los periodistas y dibujantes fueron detenidos, llevados a prisión u obligados a exiliarse. Este éxodo de dibujantes y las restricciones impuestas por la junta militar a la prensa periódica generaron la reducción del humor gráfico y la ausencia de sátira política en las publicaciones autorizadas a circular. Ercilla, Qué Pasa y el diario El Mercurio continuaron publicando humor gráfico, pero sin sátira política.

El segundo período va de 1977 a 1984; en él predominó un humor político elíptico, pero sus márgenes empezaron a correrse y reapareció la sátira política a finales de 1983 (Montealegre, 2008). El humor político elíptico circuló en la prensa periódica disidente, en revistas como APSI (1976), Análisis (1977), HOY (1977) y Cauce (1983) y en el diario Fortín Mapocho (1984) (Rivera, 2017). Así mismo, se destacó en la revista cultural La Bicicleta (1978) y en algunas publicaciones subterráneas como La Castaña (1982) y Tiro y Retiro (1983) (Montealegre, 2008; González Valenzuela, 2017). El humor gráfico con sátira política, por su parte, tuvo un lugar central en el suplemento “La Cacerola”, que la revista Cauce editó en 1984[1].

Sin embargo, el humor gráfico con sátira política fue escaso en la prensa oficialista. Encontramos algunos vestigios en los diarios La Segunda y La Tercera, donde la caricatura editorial estuvo a cargo de Maní (Germán Infante) y de Percy (Percy Eaglehurst), respectivamente. También hay huellas de humor gráfico crítico en la tira “El sentido del rumor” de Eduardo de la Barra y Jorge Montealegre, publicada a partir de 1983 (Montealegre, 2008, 2019). De igual modo, en 1984 surgió desde “el sector más oficial y partidario de la dictadura” La Chuchoca, una revista de sátira política que realizaba ataques a la oposición civil que en ese entonces había vuelto a la escena política y a figuras de la televisión chilena (Montealegre, 2008, p. 270). La Chuchoca no pudo sostenerse por mucho tiempo, con lo cual sólo se editaron treinta y seis ejemplares. Durante este período, se impuso la censura previa de modo intermitente sobre las revistas y diarios disidentes, así como también la detención y el inicio de causas penales a editores y periodistas. En septiembre de 1984 se sancionó el Bando n° 19 que prohibió a APSI, Análisis, Fortín Mapocho y Cauce publicar cualquier tipo de imágenes, incluidas las humorísticas.

El tercer y último período se inició en 1985 y se extendió hasta finalizar el régimen militar en 1990. Esta fue una etapa de confrontación abierta y directa entre las publicaciones disidentes y la dictadura cívico-militar. Tal período acompañó la creciente oposición civil y política al régimen que había irrumpido junto a las Jornadas Nacionales de Protesta llevadas a cabo entre 1983 y 1986. Dos hechos marcaron este período: el atentado fallido a Pinochet en septiembre de 1986 que provocó la clausura de la prensa disidente por cuatro meses y el plebiscito realizado en octubre de 1988 en el cual Pinochet salió derrotado. Esta derrota abrió el camino de la transición hacia la democracia, momento en el cual aparecieron nuevas propuestas de prensa gráfica humorística tales como Humanoide (1989)[2], Topaze (1989) y El Loro (1989). Además, la revista HOY volvió a probar con “¡Ay!” un nuevo suplemento de humor gráfico y Trauko hizo su aparición como revista contracultural (1988). Si bien el gobierno se mostró más permisivo, continuó la censura arbitraria, la requisa de ediciones y la detención de editores y amenazas a editores y periodistas.

En la prensa disidente, el humor gráfico satírico tuvo aún más espacio, con lo cual aparecieron nuevas firmas. Desde la prensa oficialista y partidaria de la dictadura se generaron dos suplementos dedicados al humor gráfico con sátira política. Se reeditó la revista SEPA -Servicios Especializados Periodísticos Asociados- y su suplemento de humor gráfico Cambalache, que duró hasta septiembre de 1989. A su vez, surgió el suplemento de sátira política El Aguijón en 1987 con una clara filiación al régimen cívico militar e hizo eco propagandístico de la opción entre “el caos o la democracia”. En esta última etapa, en la cual el humor gráfico y la sátira tuvieron gran protagonismo, apareció el suplemento “HUMOR” de la revista HOY.

2. La revista Hoy y su suplemento “Humor”

El suplemento “HUMOR” apareció para celebrar los diez años de HOY e inaugurar una nueva etapa de la revista bajo la dirección de Abraham Santibáñez y la subdirección de Hernán Millas. El cambio de dirección no implicó una modificación en la línea editorial de la revista, la cual estuvo marcada por las críticas moderadas a la dictadura cívico militar y por no atacar a Pinochet (Mobarec Hasbún & Spiniak Bercovich, 2000).

HOY surgió en 1977 como resultado del conflicto entre los periodistas y redactores de Ercilla, encabezados por su director Emilio Filippi, y el grupo económico Cruzat-Larraín, los nuevos dueños de la empresa editorial. Estos últimos querían restringir la independencia política de la revista ya que advertían una línea proclive a la disidencia con la dictadura (Navarro, 1985; Mobarec & Spiniak, 2000). Casi todo el personal de Ercilla se fue con Filippi a la nueva revista[3] y como Fernando Kranh se quedó en Ercilla, llamaron a Hervi para que fuera el dibujante principal. Así fue que Hervi volvió a publicar después de cuatro años de no hacerlo. El golpe de Estado lo había encontrado como director de arte de la Editora Nacional Quimantú y como colaborador de La Firme, todos proyectos culturales del gobierno de Allende que se vieron violentamente clausurados.

En cambio, buena parte de la redacción de Ercilla devenida en los fundadores de HOY habían sido fuertes opositores del gobierno de la Unidad Popular y habían apoyado al golpe de Estado que lo depuso. Algunos, incluso, participaron en campañas de contrainformación para deslegitimar al gobierno de Allende, como quedó demostrado en el Informe Valech, y editaron libros de propaganda a favor del nuevo régimen en los primeros años de la dictadura militar[4]. Sin embargo, entre 1975 y 1976, el entonces director de Ercilla empezó a tomar distancia del proyecto dictatorial debido a los ataques constantes de la dictadura cívico militar contra la Democracia Cristiana, partido político al que estaba afiliado. Poco a poco, los “enemigos” en la retórica de los militares dejaron de ser sólo los “marxistas” para ser los “políticos” en general (Fávaro Reis, 2015). También Millas se decepcionó con la dictadura y pasó a ser una voz disidente junto a Filippi (Burkart, 2019). Siguiendo a Michel De Certeau (2004), podemos decir que en Filippi, Millas y Santibáñez se produjo una emigración de su credibilidad o adhesión a la dictadura. Esto significa que las instituciones que se piensan protectoras de la verdad, son abandonadas por aquellos que se consideran fieles a una exigencia de conciencia, de justicia o de verdad (De Certeau, 2004 p. 26).

La revista HOY esperó la autorización de la DINACOS durante meses; finalmente, la consiguió gracias a la presión generada por las asociaciones profesionales y otros medios de prensa: El Mercurio, La Segunda, la Asociación Nacional de la Prensa, el Colegio de Periodistas y la Sociedad Interamericana de la Prensa respaldaron la propuesta de Emilio Filippi para la creación de HOY (Mobarec & Spiniak, 2000, Donoso Fritz, 2019). De este modo, HOY fue un semanario que inició con Filippi como director, Santibañez, subdirector y Millas como jefe de redacción. Su primer número salió el 1º de junio de 1977 bajo el lema “La verdad sin compromisos”. En HOY, el humor también fue ganando espacio y acompañó la reactivación de la oposición civil expresada en las protestas en las calles y en los esfuerzos por armar una alternativa partidaria al régimen. Desde sus comienzos, Hervi publicó la sección “Sucede”, Hernán Millas continuó con “Semiserio”, la columna que lo había hecho célebre en Ercilla y Guillermo Blanco tuvo su “Página en Blanco”. Estas dos últimas estaban ilustradas por Patricio Amengual o Rufino, indistintamente. En 1978, Rufino sumó una sección propia: “Las cosas de Rufino”, en la cual surgieron como personajes unos hombrecitos de traje y lentes oscuros llamados Civiles No Identificados que parodiaban a los agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI), el ente de inteligencia que había surgido en 1977 en reemplazo de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).

En 1987, los nuevos directores de HOY, Santibáñez y Millas, tenían por delante el desafío de imprimirle una marca propia a la revista, aunque sin modificar la línea editorial. Ambos sabían del potencial diferenciador del humor gráfico. Hacía tiempo que Millas quería editar una revista de este tipo, y conocían el caso de la revista argentina HUM® que se había destacado como un éxito de ventas, por constituirse en una revista faro de la sátira política y por su papel en la lucha antidictatorial en el país trasandino (Burkart, 2017, 2019). Así fue que Millas, Rufino, Hervi y Guillermo Blanco vieron la ocasión como propicia para concretar ese proyecto. Pero, para evitar quedar a la espera de la autorización de la DINACOS, optaron por lanzar el Suplemento “HUMOR” de HOY.

El suplemento fue mensual, tuvo siete entregas de treinta y seis páginas cada una, de las cuales la portada y algunas del interior eran en papel couché (salvo el primer número) y a color, mientras la mayoría era en blanco y negro. Rufino tuvo a cargo la coordinación y la redacción se conformó con los humoristas de HOY -Hervi, Millas, A.I. Baeza (Guillermo Blanco), Rufino y Patricio Amengual- y con destacados invitados: Nakor (Mario Navarro Cortés), Eduardo de la Barra, Jorge Montealegre, Hernán Venegas, Guillo, Themo Lobos, Payo Grondona, Luis Albornoz, Ricasso (Ricardo Álvarez). Luego, se sumaron El Gato, Bartolo, Palomo y Francisco Zañartu. El suplemento reunía a buena parte de los más destacados humoristas y dibujantes chilenos del momento. Se trataba de un equipo de redacción heterogéneo en cuanto a sus trayectorias y en cuanto a su posicionamiento político e ideológico. Si bien todos coincidían en que la dictadura debía terminar, Zañartu había apoyado el golpe militar y despreciaba la experiencia de la Unidad Popular, mientras que Payo Grondona, Jorge Montealegre y Hervi, por citar algunos ejemplos, habían simpatizado con el gobierno de Allende, habían sido víctimas del aparato represivo de la dictadura y se opusieron a esta desde el golpe de Estado mismo.

El contenido se presentaba por autor, lo que hacía del suplemento un gran catálogo de humor gráfico y escrito caracterizado por su heterogeneidad ideológica, por un humor político que se reía de todos (gobierno y oposición) pero sin llegar a constituirse en una sátira mordaz. Pese a las diferencias entre los autores, primó la línea política moderada de HOY que se plasmó en el mandato de no atacar a Pinochet (entrevista personal a Jorge Montealegre, agosto 2020), como se verá en el próximo apartado.

En todas las ediciones, Rufino hacía una presentación y se homenajeaba a un destacado humorista gráfico nacional o extranjero: Oski, Lukas, Coke, Romera y Jenaro Prieto, fueron los elegidos. Algunos humoristas tuvieron secciones fijas e incluso más de una. Hervi estaba a cargo de “Increíble 100%”, “El Pequeño Hervi ilustrado” y de los montajes a partir de aguafuertes “Lecsiones de educasión sívica” [SIC]. La página de Guillo se llamó “¿Me permite hacerle una autocrítica?” y la de Jorge Montealegre, “Cámara” y “Comentarios de JM”. También estaban las tiras cómicas “Vidas ejemplares” de De la Barra y Montealegre, “¡Qué largo y ancho era mi feudo!” de Luis Albornoz y “Big-Big” de Ricasso; las rimas “Palos de ciegos” de Payo Grondona; las viñetas de Rufino y la columna de Hernán Millas. Hubo también un correo de lectores llamado “La Gallina mensajera”.

Los colaboradores trabajaban ad honorem y en compensación eran invitados una vez al mes a un almuerzo en un restaurante de una zona exclusiva de Santiago, con el cual la revista HOY tenía canje (Entrevista personal a Jorge Montealegre, octubre 2017). Por esta situación, los humoristas continuaban publicando simultáneamente en otras publicaciones y, a la larga, el proyecto fue inviable por la falta de financiamiento que permitiera pagar las colaboraciones. En efecto, la edición independiente de “HUMOR” careció de financistas y anunciantes, y sus ventas estuvieron lejos de lo esperado. Sin margen para darle más tiempo a la nueva publicación, cerró en febrero de 1988.

3. Alcances y límites del humor político del suplemento “Humor”

El suplemento “HUMOR” de HOY se editó en la coyuntura previa a la conformación de la Concertación de Partidos por el NO y al momento más álgido de la campaña por el plebiscito que se realizó el 5 de octubre de 1988. El segundo semestre de 1987 estuvo marcado por la discusión acerca de participar o no del plebiscito por parte de los partidos opositores y por las frenéticas negociaciones para lograr una nueva coalición luego de la disolución de la Alianza Democrática tras el alejamiento del Partido Socialista en 1986. El primer partido en aceptar participar en el plebiscito fue la Democracia Cristiana presidida por Patricio Aylwin en noviembre de 1987 y esta misma llamó a votar por el NO el 4 de enero de 1988 (Hunneus, 2000). En ese mismo mes cobró forma un nuevo espacio político: Comando Nacional por el NO, el cual dio lugar a la Concertación un mes después.

Por su parte, en septiembre de 1987, la dictadura celebró sus catorce años en el poder con una campaña de propaganda que incluía tiernas imágenes de niños y niñas, y frases como “Hace 14 años, de las entrañas de Chile otro Chile nacía” o “Chile, nuestra tierra prometida” (APSI, 217, 1987, septiembre 14, p. 1). Para esa misma fecha, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez se separaba del Partido Comunista Chileno, el cual cambiaba su línea apostando por una salida política no armada. En esa fecha, el ahora autónomo FPMR secuestró al comandante Carlos Carreño, quien fue liberado en diciembre de ese mismo año, sin que la organización consiguiera su principal demanda: la liberación de presos políticos (Bardini, Bonasso & Restrepo, 1988).

La aparición de “HUMOR” también coincidió con un nuevo número humorístico de APSI: “Las mil caras de Pinochet”. Este se hizo célebre, no por su contenido (este nunca llegó a circular) sino por haber sido requisado en la imprenta por orden de un fiscal militar y por la detención de Marcelo Contreras y Sergio Marras (director y co-director de la revista), quienes fueron acusados de injuriar a Pinochet. La portada del suplemento era una caricatura de Guillo que retrataba a Pinochet como Luis XIV de Francia, también conocido por ser el “Rey Sol” y por la frase “el Estado soy yo”. APSI ya había publicado un collage que sugería esta comparación para denunciar la voluntad de Pinochet de mantenerse al mando de un régimen absolutista y centralizado; incluso, ese número especial reproducía imágenes cómicas de Pinochet ya publicadas. Sin embargo, el régimen estaba dispuesto a dar un castigo ejemplificador. El procurador general, Ambrosio Rodríguez, señaló que el número requisado formaba parte de “una campaña de asesinato de la imagen del general Pinochet” (APSI, 218, 1987, septiembre 21, pp. 15-16). Como excusa para retener en prisión a los directores de la revista, en el marco de la causa judicial, se ordenó realizar un “informe sicopolítico de la revista”, el cual fue elaborado por la CNI.

Los humoristas de APSI no se amedrentaron con lo sucedido; de hecho, las sátiras a Pinochet se hicieron más recurrentes y ponentes. Tampoco la requisa y la prisión de los directores de APSI impactaron en el suplemento “HUMOR”. Su humor político, caracterizado por atacar diversos sectores políticos oficialistas y opositores, respondía más a la línea de HOY que a esos actos de censura, encarcelación y amedrentamiento. De hecho, contra todas las expresiones de solidaridad, Francisco Zañartu (“HUMOR de HOY”, 1987, octubre, p. 3) calificó en HOY a Contreras y a Marras como “enfermos incurables”, por no haber eliminado el “cáncer” del marxismo. Veamos con mayor detenimiento la propuesta de “HUMOR”, cuáles fueron los blancos de su risa y en qué consistió el tipo de humor que desplegó.

El plebiscito previsto por la Constitución de 1980 para definir la continuidad del régimen fue el tema central en casi todas las tapas de “HUMOR”; estuvo presente en cuatro de siete de ellas (Imagen 1). También fue un tema recurrente encontrar en el suplemento chistes que visibilizaban y denunciaban la contracara del modelo económico del régimen militar. En coincidencia con las revistas opositoras, en “HUMOR” se retrató al “otro” Chile, el de las clases bajas y medias de la sociedad que no salían en la televisión y que habían sido excluidas del éxito económico neoliberal. En la tapa de febrero de 1988, se dejaba en claro que había un Chile marginado y sin acceso a los recursos básicos (Imagen 2). Adicionalmente, los dibujantes de “HUMOR” dirigieron su sátira hacia los “Chicago boys”[5] y los “tucanes”[6], considerados responsables e ideólogos de las políticas económicas. Estos chistes actualizaban y se sumaban a las denuncias que Palomo había plasmado en su tira “El Cuarto Reich” a fines de los años setenta, y reaparecían en una coyuntura en la cual el modelo económico chileno se reponía de la crisis que lo había sacudido en la primera mitad de los años ochenta. De este modo, se continuaba con la desmitificación del relato oficial que presentaba a Chile como un caso exitoso en materia económica y de modernización.

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Imagen 1. Hervi, “Humor de Hoy”, 1987, diciembre.

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Imagen 2. Guillo, “Humor de Hoy”, 1988, febrero.

En cuanto al plebiscito, los distintos humoristas hicieron chistes y burlas sobre los obstáculos impuestos por el registro electoral y sobre las sospechas de que no sería una elección transparente porque los resultados serían manipulados por el gobierno como había sucedido con los plebiscitos de 1978 y 1980.[7] En el tercer número del suplemento, Nakor proponía en su viñeta la celebración de elecciones libres como alternativa al plebiscito manipulado por Pinochet -quien era retratado por primera vez en la portada- (“HUMOR de HOY”, 1987, octubre, p. 1). Esta opción había sido promovida, a comienzos de 1987 por los partidos de oposición, excepto el Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). El 13 de marzo de 1987 había surgido el Comité por las Elecciones Libres (CEL) liderado por el socialdemócrata Sergio Molina. La Alianza Democrática siguió este ejemplo y creó a las pocas semanas el Comité Operativo de Partidos para las Elecciones Libres (COPEL) y el Partido Socalista-Nuñez fundó el Comité de la Izquierda por las Elecciones Libres (CIEL). Algunos sectores partidarios del régimen militar como Sergio Onofre Jarpa y Andrés Allamand, miembros de Renovación Nacional, también apoyaron la celebración de tales elecciones.

La posición de los dibujantes de “HUMOR” frente al plebiscito estuvo dividida. Como en una distribución de tareas, cada uno advirtió distintos aspectos del acto electoral o propuso caminos alternativos. Para Payo Grondona, el plebiscito era la opción más válida para el retorno de la democracia en Chile y, por ello, defendió la idea de votar por el “NO”. Por su parte, Hervi, Themo Lobos, Jorge Montealegre y Eduardo de la Barra no confiaban en que Pinochet y las fuerzas armadas reconocieran los resultados en caso de que perdieran o consideraban que la votación no sería transparente. En chiste, Nakor resaltaba la advertencia que había hecho la Democracia Cristiana al aceptar participar en el plebiscito e iniciar la inscripción en el registro electoral: “si no hay condiciones no consumará el acto…”, comentaba un hombre a lo que otro responde “Seguro, tiene que cuidarse del “plebisida”” (“HUMOR de HOY”, 1987, octubre, p. 17). El recurso humorístico era un juego de palabras y sentidos entre las decisiones de un partido, su participación en un acto electoral, el acto sexual y la epidemia del SIDA que en aquellos años ochenta asolaba a la humanidad. Por su parte, Hervi, sin mencionar a Pinochet, ironizaba sobre la “iniciativa privada” e individual -discurso propio del neoliberalismo- aplicado a su modo de hacer política:

En Chile, la libertad que tiene la iniciativa privada es tan, pero tan absoluta, que una persona puede, si se le antoja, inventar y administrar su propia elección presidencial, autonombrándose candidato único. ¡Incluso puede inventarle un nombre de fantasía a la elección, como ser “plebiscito”, “consulta”, “el festival de la urna”, “superestelar del voto”, “la gran jugada”, u otro según se vaya viendo en los sondeos de marketing! (“HUMOR de HOY”, 1987, septiembre, p. 16).

No obstante, una vez que la oposición decidió entrar en la contienda electoral de modo concertado por el plebiscito en febrero de 1988, dibujantes como Hervi y Themo Lobos decidieron apoyar explícitamente el voto por el “NO”. A partir de entonces, se burlaron de Pinochet, quien debió enfrentarse a tal campaña como sucede en la tira cómica de Themo Lobos en la cual el dictador recorría en auto la ciudad e iba montando en cólera al advertir a cada momento carteles con la palabra “NO”. Incluso en la puerta de la Alcaldía había un cartel que indicaba “NO”. Pinochet, furioso, les gritaba a sus subalternos: “¡Yo les ordené trabajar por la campaña del “Sí”!” (“HUMOR de HOY”, 1988, febrero, p. 2). El chiste residía en que todos esos carteles del “NO” eran de tránsito y de la señalética urbana: “no entrar”, “no girar a la izquierda”, “no estacionar”, “no pisar el césped” y “no fumar” por orden municipal; incluso, una lectura más audaz podía asociar esas prohibiciones a la política de disciplinamiento social llevada a cabo bajo la dictadura.

Si bien, los colaboradores de “HUMOR” tenían expresa orden de evitar ataques abiertos contra Pinochet hubo referencias a él desde el primer número del suplemento. La primera caricatura del dictador que “HUMOR” publicó lo mostraba dando un discurso de espaldas a la audiencia: “¡Nada lo haremos a espaldas al pueblo!” (De la Barra, “HUMOR de HOY”, 1987, agosto, p. 4). Se exponía la pérdida de credibilidad en sus palabras, la distancia e incluso la oposición que había entre lo que este decía y lo que hacía. Esta revelación fue retomada en ese mismo número en la historieta “Pinocho”. No era una novedad, pero sí era efectivo burlarse de Pinochet llamándolo y retratándolo como Pinocho, la marioneta de madera cuya nariz crecía cada vez que mentía, creada por el italiano Carlo Lorenzini en el siglo XIX y convertida en un personaje clásico de la literatura universal y del cine de Walt Disney. El “Pinocho” de De la Barra era un rey que, ante la pérdida de su base social de apoyo, sus consejeros le proponían dar “una alocución llena de promesas” porque “¡eso calmará la chusma!”. Pinochet finalmente hablaba y, para su indignación, le crecía la nariz por haber mentido (De la Barra, “HUMOR de HOY”, 1987, agosto, p. 15).

Las representaciones cómicas sobre Pinochet fueron escasas; los humoristas recurrieron a elementos conocidos y compartidos de la cultura masiva y popular a la vez que apelaron a la memoria que compartían con su público. Mientras que, en Cauce, El Gato lo presentaba como un minotauro de trazos grotescos que devoraba humanos y en APSI, Guillo lo mostraba como un reyecito obsesionado con su continuidad en el poder más allá de 1989, las caricaturas de “HUMOR” fueron menos punzantes y con un dibujo menos violento y más redondeado. Un caso que sobresale porque tuvo entregas en todos los números del suplemento es la historieta “Qué largo y angosto era mi feudo”, de Albornoz. En ella, Pinochet era un monarca que no había llegado al poder por elección popular sino por designio divino. El rey de Albornoz era un personaje que tomaba decisiones equivocadas por las cuales quedaba en ridículo frente a su séquito y a sus súbditos. La historieta era una burla a las capacidades intelectuales de Pinochet y de sus agentes de seguridad (Imágenes 3 y 4). Esta metáfora tampoco era una novedad, este recurso ya había sido utilizado por los humoristas en Cauce y en “La Cacerola” entre 1983 y 1984. Tampoco era una original usar la metáfora del circo para representar a Pinochet como un payaso como lo hacía Nakor, debido a que El Gato y Guillo ya habían recurrido a esta comparación en Cauce y APSI. Es decir, si bien los humoristas desobedecieron la orden de no retratar al dictador, sí hicieron una sátira moderada, que identificó a un enemigo, pero lo atacó con mesura dadas las posibilidades que ofrecía el campo de lo risible en aquella coyuntura y el contrato de lectura (Verón, 2015) de HOY y de “HUMOR”. No obstante, Pinochet no fue el único blanco del ataque satírico.

cap 11. 3.1

Imagen 3. Albornoz, “Humor de Hoy”, 1987, agosto, p. 30.

cap. 11.3.2

Imagen 4. Albornoz, “Humor de Hoy”, 1987, agosto, p. 31.

En efecto, una diferencia sustancial entre “HUMOR” y las demás revistas disidentes de la dictadura militar fueron las burlas a la oposición política contra Pinochet. En los chistes de “HUMOR” quedó expuesta como un espacio dividido, como efectivamente lo era. El retiro en 1986 del Partido Socialista-Núñez (Socialismo renovado) de la Alianza Democrática (AD)[8] y la disolución de esta en 1987 fue uno de los temas recurrentes en “HUMOR”, así como la disolución de la Alianza Democrática Popular (ADP) también en 1987[9]. Payo Grondona cuestionó los desacuerdos entre los distintos partidos y facciones de la oposición en “Ronda”: “Estaba la alianza dispuesta a la alianza/ por la democracia/ cuando ya estaba o hacía que estaba/ el bloque socialista la hizo cambiar…” (“HUMOR de HOY”, 1987, agosto, p. 29). Themo Lobos, por su parte, se reía de la AD y la ADP ya que parecía que habían llevado a cabo un “autodescuartizamiento” o incluso un “suicidio” cuando decidieron disolverse en 1987. Lo risible estaba en la imagen que mostraba a un hombre que se había descuartizado así mismo con una navaja y cada pedazo de su cuerpo representaba a los diferentes partidos de oposición según su tamaño (“HUMOR de HOY”, 1987, septiembre, p. 25). Para los dibujantes, especialmente para Nakor, Rufino, Jorge Montealegre y Venegas la oposición política al régimen cívico militar representada tanto en la AD como en la ADP se encontraba perdida por sus diferencias partidistas. Al mismo tiempo Jorge Montealegre expresaba con metáforas y juegos del lenguaje su sospecha sobre la estrategia tardía de la oposición de apostarle al plebiscito para enfrentar a la dictadura:

Como hemos tenido un año más bien lluvioso, me he preguntado: ¿por qué ahora – casi en pleno verano- proponen un partido “paraguas”? ¡Ante una dictadura QUITASOL, un partido PARAGUAS! (y se preguntaba: “¿Esa es la consigna? ¿Por qué no le hicieron caso a los que lo propusieron en invierno? […] En fin, debe ser la moda primavera-verano y la moda no incomoda sobre todo cuando llueve todos se mojan y algo es algo (“HUMOR de HOY”, 1987, noviembre, p. 15).

Pero “HUMOR” no se limitó a visibilizar la división de la oposición al régimen cívico militar y su estrategia errática, sino que hubo columnistas de la revista que cuestionaron la participación socialista y comunista en ella, es decir, quienes habían sido parte de la Unidad Popular. En este aspecto, es necesario recordar que los socios fundadores de HOY habían apoyado el golpe militar y eran simpatizantes o militantes del Partido de la Democracia Cristiana. Además, en 1987 estaban convencidos de que la dictadura militar debía terminar, pero su valoración del gobierno de Allende no necesariamente se había modificado. En esta medida, se entienden las críticas de Hernán Millas a Luis Fernando Luengo del Partido Radical[10] por su adhesión a la Revolución Cubana (“HUMOR de HOY”, 1987, diciembre, p. 13) y las columnas de Francisco Zañartu, que constituyeron el discurso de derecha más explícito que tuvo el suplemento aun cuando estaba escrito en un tono jocoso y plagado de metáforas humorísticas. Zañartu reivindicó el golpe militar afirmando que las fuerzas armadas habían salvado a Chile del “terror comunista” y calificó al marxismo como un “cáncer” que aún no se había eliminado (“HUMOR de HOY”, 1987, octubre, p. 3). En otra oportunidad, criticó al Partido Socialista de Clodomiro Almeyda[11] por su cercanía al Partido Comunista, debido a la defensa que este último realizó del uso de la violencia como medida para luchar contra el régimen militar. Además, definió a Allende como un Robespierre (“HUMOR de HOY”, 1987, septiembre, p. 5). Con este columnista, el suplemento y la revista HOY tomaban distancia del resto de las revistas opositoras al régimen y reafirmaba la tercera opción que constituía la Democracia Cristiana: no eran de “izquierda” pero tampoco eran la dictadura ni sus aliados civiles.

Por último, otro tema que se abordó en todas las entregas de “HUMOR” fue la violencia ejercida por la dictadura cívico militar. No fue un tema de tapa ni tampoco fue muy recurrente, pero sí hubo una o dos viñetas al respecto en cada número. Al igual que con el posicionamiento ante el plebiscito, este también fue un tema transversal en varios humoristas: Hervi, Albornoz, De la Barra, Venegas y Montealegre, El Gato, Bartolo, Themo Lobos, Amengual; todos publicaron alguna tira o viñeta de humor negro o satirizaron a los represores. Así, encontramos dos tipos de registros en las representaciones de la violencia política: por un lado, uno metafórico, que acompaña la caracterización de Pinochet como rey y la dictadura como una monarquía. En estos casos, se hacía prisioneros a quienes clamaban “¡Abajo el rey!” o expresaban cualquier tipo de disidencia. En prisión, los reclusos eran o estaban siendo torturados como, tal como se ve en la historieta de Albornoz “Que largo y angosto era mi feudo”. Pero mientras predomina la idea de la existencia de presos políticos, llama la atención la aparición de la figura del verdugo, la horca y la guillotina, donde los reos están a punto de ser degollados o ahorcados (Venegas & Montealegre, “HUMOR de HOY”, 1987, octubre, p. 19). En estos chistes, la atención está centrada en el verdugo, causan una risa amarga y negra porque se los presenta como sujetos racionales a la hora de elegir la profesión o porque exhiben una ridícula sofisticación (Venegas, “HUMOR de HOY”, 1988, febrero, pp. 28-29).

El segundo registro, abandona las metáforas para presentar la violencia legítima y legal que monopoliza el Estado moderno, que en el caso de Chile es la practicada por Carabineros y la violencia ilegal que fue practicada por la CNI. En este último caso, con hombres de traje o sobre todo que llevan anteojos negros y que, en ocasiones, solían actuar por prejuicio y asesinaban o torturaban “por error”. Ejemplo de ello son las viñetas de Amengual (“HUMOR de HOY”, 1987, diciembre, p. 19) “lo vi tan coloradito que no me pude resistir”, se justifica el asesino de Papá Noel y la de Rufino (“HUMOR de HOY”, 1987, septiembre, p. 33) “lo encontré saltando y gritando ‘Vuelta, vuelta… tiqui tiqui tiii”, explicaba otro agente de la CNI. Pero en la gran mayoría de las viñetas en las que los agentes de la CNI fueron representados estos eran hombres con rostros bruscos, dientes grandes y afilados y de expresión facial morbosa que parecían disfrutar del terror que generaban sobre sus víctimas; bien fuera en un interrogatorio, en el allanamiento a una vivienda o en la calle (Imagen 5). Entre las armas utilizadas por los agentes de la CNI para ejercer la violencia ilegal sobre sus víctimas sobresalen el uso de la electricidad y el amedrentamiento psicológico. Una historieta que llama la atención es “El fin de los Magníficos”, realizada por De la Barra (“HUMOR de HOY”, 1987 agosto, pp. 16-17), en la cual la CNI buscaba darle continuidad a su existencia con la creación del partido Avanzada Nacional. La historieta se burla de ellos porque aún con la ayuda de los Estados Unidos -representados como “Los Magníficos”[12]– les era imposible conseguir firmas para crear el partido entre pobladores con hambre. La historieta abordaba una de las grandes cuestiones de las transiciones: el lugar del aparato represivo y sus agentes en las nuevas democracias. En este caso, se advertía su posible continuidad bajo un nuevo ropaje: el del partido político.

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Imagen 5. De la Barra y Montealegre, “Humor de hoy”, 1987, noviembre, p. 11.

Carabineros fue objeto de burla por sus reducidas capacidades intelectuales y por su torpeza al momento de ejercer la violencia, ya que por esta terminaban siendo ellos mismos los golpeados. Al igual que los agentes de la CNI, los Carabineros también fueron representados como hombres con rostros rudos y morbosos que disfrutaban golpear con sus porras, usar gas lacrimógeno y el camión hidrante contra los manifestantes en las calles (Lobos, “HUMOR de HOY”, 1988, febrero, p. 7).

En cuanto a las víctimas de la violencia y la represión, estas eran varones adultos sin ninguna marca o indicio que indicara una pertenencia político partidaria o la comunión con alguna ideología en particular. Esta representación apolítica de las víctimas de la violencia en “HUMOR” es significativa dado que permitió a los disidentes y opositores restituirles el carácter de humanos, despojado por el proceso de deshumanización llevado a cabo con sistematicidad por la dictadura desde 1973. En ese aspecto es importante recordar que el almirante José Toribio Merino, integrante de la junta militar, llamó a los comunistas y socialistas “humanoides” y después extendió esta denominación a todos los opositores de la dictadura.

Con el humor negro y la sátira de los represores se daba por conocido el carácter represivo de la dictadura, aunque en “HUMOR” se evitó responsabilizar a Pinochet por ello. En otras palabras, ni el suplemento ni HOY avanzaron en exponer al responsable político de la violencia ejercida por el régimen. Sin embargo, se visibilizó esa violencia que, aunque siendo indeseable fue posible soportar dada la banalización que caracteriza al humor.

4. Reflexiones finales

La experiencia de “HUMOR” fue breve y, por tanto, frustrada en sus objetivos de sostenerse en el tiempo como una publicación independiente de humor gráfico durante la dictadura cívico-militar. El principal motivo de su corta existencia fue la imposibilidad de autofinanciarse, al menos para pagar los sueldos del equipo de redacción. Sin embargo, como proyecto editorial confirma el anhelo de muchos humoristas y periodistas chilenos de publicar una revista dedicada exclusivamente al humor gráfico y político y para autonomizarse de la prensa de análisis político que era donde este tipo de humor había tenido lugar para desplazarse hasta el momento. En ese afán, los humoristas aceptaban y toleraban compartir el espacio de la revista con quienes pensaran distinto. Esas discrepancias eran puntualmente en su interpretación del pasado reciente, en especial, en la calificación del gobierno de Allende. En el suplemento “HUMOR” primó la mirada denigratoria de ese proceso en la voz de Francisco Zañartu y el silencio del resto de los colaboradores. Ahora, en donde había mayor coincidencia era en la definición sobre el futuro inmediato, donde coincidían con el fin de la dictadura cívico militar y el retorno al estado de derecho.

Asimismo, hemos advertido un humor político que expresaba una oposición moderada contra la dictadura y su principal referente, Augusto Pinochet, caracterizado por la poca presencia de sátira política y por no innovar ni ampliar el campo de lo risible. Las burlas a Pinochet tuvieron que ver con su deseo de perpetuarse en el poder y ser candidato en el plebiscito de 1988. Después hubo chistes que denunciaron las consecuencias sociales del modelo económico y la violencia represiva de Carabineros, pero esto no aparecía asociado expresamente a la figura de Pinochet. Tampoco los recursos humorísticos empleados fueron innovadores, sino que más bien se recurrió a aquellos ya empleados por esos mismos humoristas en otras publicaciones con un perfil más combativo. Entendemos que esta posición acompañaba la postura que tuvo la revista HOY frente al régimen cívico militar antes que la de varios humoristas que, como advertimos, publicaban chistes y sátiras más potentes en otros medios de prensa. De esta manera, en las páginas de “HUMOR” prevaleció la posición moderada de sus editores a las voces altisonantes de algunos de sus colaboradores frente a la dictadura cívico militar.

Esa pluralidad de voces propia de las revistas se hizo presente en “HUMOR”. En ella se cruzaron diversas trayectorias sociales, intelectuales e incluso ideológicas que buscaban acceder al espacio público y llegar a un horizonte masivo de lectores para debatir y reflexionar sobre su realidad. Sin embargo, tuvieron que circunscribirse en el tratamiento de algunas temáticas a la voz de sus editores, principalmente, en lo relacionado con Augusto Pinochet. En esa medida, podemos decir que en “HUMOR” se eligió colocar en el centro del debate temas tales como el anhelo de perpetuación en el poder por parte de Pinochet, la posible manipulación de los resultados del plebiscito por parte del régimen militar, así como la fragmentación de la oposición, pero también optó por guardar silencio frente a las responsabilidad directa de los militares y de su líder en el uso de la violencia política contra los opositores del régimen, especialmente, en lo referente a la tortura.

La gran diferencia de “HUMOR” con la prensa disidente fue el hecho de que aquella se burló de la oposición y así, de todo el arco político, no solo de quien detentaba el poder. Como advertimos, la oposición político- partidaria quedó expuesta en su falta de unidad y en su alto nivel de fragmentación. Esto nos lleva a identificar a algunos de los humoristas y, sobre todo, a los editores de “HUMOR” como enunciadores propios del humor político, presentándose como actores neutrales frente a los acontecimientos que observan.

“HUMOR” cerró en febrero de 1988. Hervi, Rufino, Guillermo Blanco y Hernán Millas continuaron publicando sus viñetas y sus columnas de humor en las páginas de HOY. Los demás colaboradores siguieron con sus proyectos paralelos. Después de más de un año de terminada la experiencia de “HUMOR”, HOY decidió apostar de nuevo por un suplemento de humor gráfico y político, pero esta vez al interior de la revista. De este modo, “¡Ay! apareció en junio de 1989, cuando la transición ya se había activado después de la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988 y se había convocado a elecciones libres para presidente de la Nación. El slogan de “¡Ay!” fue “Aquí no se salva nadie”, y muchos de los colaboradores que habían sido parte de “HUMOR” se volvían a reunir, lo cual sugiere cierta continuidad entre ambos proyectos. Sin embargo, tampoco duró mucho. Gran parte del grupo de humoristas volvió a juntarse por tercera vez para hacer Humanoide, bajo la dirección Hernán Millas y esta vez alejados de HOY y de la impronta de la Democracia Cristiana, ya que el financista fue Sebastián Piñera.

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Entrevistas personales

Jorge Montealegre, octubre 2017, abril y agosto 2018.

Francisco Larenas, Junio 2020.


  1. Sobre este suplemento véase “Chile: la caricatura (im) posible. La construcción cómica de Augusto Pinochet por los humoristas chilenos (1979-1984)” de Mara Burkart en esta misma publicación.
  2. Sobre Humanoide véase Burkart (2019).
  3. Con Emilio Filippi se fueron el subdirector Abraham Santibáñez, el jefe de redacción Luis Álvarez Baltierra, los redactores Hernán Millas, María Olivia Mönckeberg, María Paz del Río, Mauricio Carvallo, Mabel Correa, Ana María Foxley y Carmen Ortúzar, el gerente Víctor Marshall, los diseñadores Alejandro Montenegro y Julio Palacios. A ellos también se sumaron los colaboradores Guillermo Blanco y Mónica Blanco.
  4. Filippi y Millas publicaron La experiencia socialista chilena. Anatomía de un fracaso (Zig-Zag, 1973), libro que también fue publicado bajo el título Chile 70-73. Crónica de una experiencia. Por su parte, Millas publicó Francotiradores del humor. Combatieron el marxismo con el arma más peligrosa: la risa (Editora Nacional Gabriela Mistral, 1974) y Abraham Santibáñez, Luis Álvarez Baltierra y Francisco Castilla publicaron Martes 11, auge y caída de Allende (Triunfo, 1973).
  5. Así se llamó al grupo de economistas chilenos que se había formado en el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago siguiendo las ideas de Milton Friedman y Arnold Harberger. Fueron los artífices de la política económica neoliberal de la dictadura y los aliados civiles de las fuerzas armadas en el poder.
  6. Con ese apodo se conoció al grupo de economistas neoliberales de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile durante la dictadura cívico militar.
  7. El plebiscito de 1978 se llevó a cabo para aprobar la legitimidad del gobierno y este ganó con el 78.7%. El de 1980, se realizó para aprobar la nueva Constitución y extender el mandato de Pinochet hasta el 11 de marzo de 1989. En este también el gobierno ganó con el 67.04%. En ningún caso hubo registro electoral, con lo cual la oposición denunció estas y otras irregularidades.
  8. La Alianza Democrática surgió en 1983 como una coalición conformada por el Partido Demócrata Cristiano, el Partido Social Democracia, Partido Radical, USOPO (Unión Socialista Popular), la Democracia Republicana (Partido Republicano desde 1985) y el Partido Socialista liderado por Carlos Briones (PS de Núñez desde 1986). Su objetivo era pedir la renuncia de Pinochet a la Presidencia, la elección de una asamblea constituyente y un pacto social amplio que vigilara el retorno a la democracia. Ante la imposibilidad de lograr sus objetivos, la AD se disolvió en 1987.
  9. La Alianza Democrática Popular fue una coalición política chilena creada en septiembre de 1983 y disuelta en mayo de 1987. Estuvo integrada por el Partido Comunista, el Movimiento Revolucionario de Izquierda (MIR), y facciones de la Izquierda Cristiana y el MAPU. Se presentó como un opositor acérrimo al régimen militar, exigió su término de inmediato y un acuerdo general con la Alianza Democrática para establecer un gobierno provisional sin exclusiones.
  10. El Partido Radical de Chile surgió en 1863. Luego de 1891, los radicales formaron parte de la llamada Alianza Liberal, que junto a la Coalición Conservadora se disputaron el poder hasta 1925. En los años treinta los radicales dieron origen al Frente Popular y gobernaron por tres períodos el país. El partido fue miembro de la Unidad Popular y formó parte del gobierno presidido por Salvador Allende.
  11. Durante el Pleno del Comité Central del Partido Socialista realizado en 1978 surgieron dos facciones: el Partido Socialista de Clodomiro Almeyda que se definió según las premisas básicas del marxismo-leninismo y se declaró partidario de la vía insurreccional y defensor de la dictadura del proletariado. La otra facción, liderada por Carlos Altamirano, valoró la democracia liberal como el único método de resolución de conflictos y encabezó el proceso de renovación ideológica del partido.
  12. “Los Magníficos” fue el nombre con que se conoció en Chile la serie televisiva estadounidense “The A-Team” (1983-1987). En Argentina, en cambio, se popularizó como “Brigada A”.


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