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Filosofía y humor

Tomás Várnagy

El escritor estadounidense Ambrose Bierce, en su satírico Diccionario del diablo, definió a la filosofía como “un camino de muchos ramales que conduce de ninguna parte a la nada”; y el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein afirmó que “una obra seria de filosofía podría escribirse en base a chistes”. Si bien es difícil encontrar una buena aproximación al significado de “filosofía”, más difícil aún es tratar de definir al humor. En este trabajo haremos un breve intento de mostrar algunas posturas filosóficas acerca del humor, lo cómico, el chiste y la risa.

Aristóteles, que definió al hombre como un “animal político” en su Política, también lo definió, en De partibus animalium, como “el único animal que ríe”; el niño ríe recién a los cuarenta días de su nacimiento y es en ese momento, para el Estagirita, en que se convierte en un ser humano. Reír es propio del hombre, la risa es parte de la condición humana, pero no se trata de la risa histérica o la del bebé, sino la risa como respuesta a un chiste, lo gracioso, lo cómico, lo ridículo, lo humorístico. La cuestión acerca del humor, la risa y los chistes ha preocupado a muchos pensadores desde Platón hasta nuestros días y ha sido considerado un tema filosófico por excelencia

Lo cierto es que resulta muy difícil cualquier tipo de definición porque el humor, lo cómico o un chiste son, hasta cierto punto, inexplicables. La literatura acerca de estos temas es vasta pero poco satisfactoria para responder algunas de las cuestiones básicas acerca de estos fenómenos ya que no existen respuestas concluyentes para ellos.

Uno de los grandes temas acerca del humor y los chistes es si contribuyen al orden social, a la cohesión y el control, o es la expresión de un conflicto, incitando a la resistencia, insultando, ridiculizando o satirizando a otros. En este sentido, el humor también puede ser un arma, una forma de ataque y un medio de defensa; el humor tiene un potencial subversivo, y se ha argumentado que tales armas de los débiles pueden ser importantes al hacer que la gente reflexione críticamente sobre su situación, le permita expresar hostilidad en contra de aquellos en el poder, pueda crear un espacio alternativo de resistencia, e incluso le dé a la gente el coraje para tomar acciones más concretas (véase Várnagy, 2016).

Es posible que el humor no lleve necesariamente a la rebelión y a la revolución política, pero indudablemente abre un espacio discursivo que hace posible hablar de aquellos asuntos que, de otra manera, son silenciados o directamente no cuestionados; para George Orwell, los chistes son “diminutas revoluciones”. Los grandes pensadores, desde Platón hasta nuestros días, han dicho y pensado algo acerca del humor y nos han dejado elementos para ir armando una estructura que nos sirve para analizar la cuestión que nos atañe.

Biblia

Resulta interesante advertir que no encontraremos algo cómico en la Biblia, sea en el Antiguo o en el Nuevo Testamento, y notamos inmediatamente que al Dios judeocristiano le falta sentido del humor. Dios se ríe únicamente como desprecio, nunca como mera diversión, y cada vez que se menciona la risa de los enemigos, se sigue la matanza de ellos. En el Antiguo Testamento hay veintinueve referencias a la risa, de las cuales trece están relacionadas con el desdén, la burla, el escarnio y el desprecio, y solamente en dos referencias la risa nace del gozo o la alegría. En el Segundo Libro de los Reyes encontramos a unos jóvenes que se burlaban del profeta Elías gritando: “¡Calvo, sube! ¡Calvo, sube! Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos” (II Reyes, 2, 23-24).

El tipo de risa más común que encontramos en la Biblia es la risa irresponsable e irracional de los necios, siendo lo contrario del necio que ríe la persona sabia y seria; por ello es que “el corazón de los sabios está en la casa del luto, mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría”, y “mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios” (Eclesiastés, 7, 4-5). En los Evangelios, Jesús en su Sermón de la Montaña consideraba que la risa podía esperar: “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis”, y agregó: “¡Ay de vosotros, los que ahora reís! Porque lamentaréis y lloraréis” (Lucas, 6, 21-25).

Platón

Tradicionalmente se considera a Tales de Mileto como el padre de la filosofía y se cuenta una anécdota de él que es una de las versiones más antiguas del filósofo distraído y una especie de primer gran chiste. Platón cuenta la historia de Tales quien, estudiando los astros, “se cayó en un pozo al mirar hacia arriba, y se dice que una sirvienta tracia, ingeniosa y simpática, se burlaba de él, porque quería saber las cosas del cielo, pero se olvidaba de las que tenía adelante y a sus pies” (Teeteto, 174a). No es casual que la sirvienta fuese tracia, pues es la tierra de donde supuestamente proviene el culto a Dionisio, con lo cual esta pequeña anécdota confronta al filósofo con el comediante, a lo apolíneo con lo dionisíaco.

El pensamiento occidental sobre el humor y la risa comienza, como en tantas otras cosas, con Platón, que cree que nos reímos por un vicio, especialmente la ignorancia en gente relativamente sin poder: nuestra diversión es una especie de malicia hacia tales personas y este tipo de situación es una emoción en la que tendemos a perder nuestro control racional, por lo cual es bastante crítico y hará objeciones a todo aquello que pueda descontrolarnos.

En su primera objeción a la risa estima que es “inadmisible presentar a hombres dignos de respeto dominados por la risa, y mucho menos a los dioses” (República, 389a); además, encuentra que no es conveniente que los jóvenes sean propensos a ella, ya que “una risa violenta trae generalmente consigo una violenta alteración del ánimo” (República, 388e). La segunda objeción de Platón a la risa es debido a que reímos de los males en otras personas porque somos ignorantes acerca de nosotros mismos. En el diálogo Filebo, Platón nos cuenta que nos reímos de gente que se cree más rica, bella, virtuosa o sabia de lo que realmente es. Si bien la risa nos hace sentir bien, nuestro placer está causado por la malicia, un “dolor del alma”, siendo esencialmente antisocial y cruel. Este tipo de risa es muy importante para los griegos, pues ven en ella el origen de la comedia y la tragedia: cuando le sucede a los poderosos, es trágico y detestable; en los débiles, es cómico y risible.

El Filebo es el estudio más importante de Platón sobre la risa, y ese debate sigue siendo el locus classicus, el ejemplo paradigmático para entender por qué nos da placer el infortunio de otros, Schadenfreude en alemán (compuesta por Schaden, adversidad, daño, y Freude, alegría), que designa el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento o la infelicidad del otro. En español se traduce como regodeo o regocijo, definido por la Real Academia Española como complacerse maliciosamente con un percance o apuro que le ocurre a otra persona. Esta postura nos proporciona la afirmación más vigorosa acerca de la risa que tenemos de la antigüedad, y nos explica cómo las emociones pueden subvertir la corrección y el decoro.

Finalmente, la tercera objeción de Platón a la risa está relacionada con su preocupación por la posibilidad de que, al reírnos de los vicios de la gente en la comedia, estos vicios puedan rozarnos. Ya sabemos que las comedias están llenas de mentirosos, hipócritas, borrachos y lascivos y la pregunta es ¿cuánto tiempo podemos leer o mirar estas obras y mantener intactas nuestras virtudes? Dadas todas estas objeciones, no es de sorprender que cuando Platón se imaginaba su república ideal lo hacía censurando o prohibiendo las comedias pues la risa es una emoción que tiende a hacernos perder el control racional sobre nosotros mismos. A los jóvenes no hay que darles malos modelos, razón por la cual es lícita la censura y la mentira.

El miedo de Platón ante la posibilidad de burlarse de todo lo establecido lo mueve a producir las leyes que regulan la comedia en su república ideal, pues “lo que ahora todos denominamos comedia, debe quedar establecido así por la ley y la norma” (Leyes, 816e-817a). En este sentido, las manifestaciones artísticas que se permitirían en la república de Platón, se asemejarían al arte del realismo socialista de la Unión Soviética.

Aristóteles

Si bien Aristóteles no recomienda suprimir la risa, pues tiene una actitud mucho más positiva hacia el humor que su maestro, considera que la mayoría de las personas exageran las bromas y la risa; el ideal moral es el mesotes, la “mediedad”, es evitar los extremos, por exceso, del bufón y, por defecto, del patán o rústico. Debido a la valoración negativa de la risa en la antigüedad, Aristóteles fue un adelantado al encontrarle el lado positivo al humor y la comedia.

Como toda su teoría ética está basada en el término medio entre un exceso y un defecto, aquí también se aplica esta medida, y el ser intermedio pertenece al tacto y al decoro. La virtud de usar apropiadamente el humor, en el momento y lugar adecuado, es la eutrapelia o ingenio (o agudeza). Aristóteles distingue entre el hombre libre y educado y el hombre servil y sin educación; y estas diferencias pueden verse en las comedias antiguas y las nuevas: “pues, en las primeras, lo cómico era el lenguaje obsceno, y en las segundas la suposición; estas cosas difieren no poco en relación con el decoro” (Ética Nicomaquea, 1128a).

El hombre libre y educado es el que sabe reír, pues posee la actitud “correcta”, el punto medio hacia el humor, mientras que el bufón es un esclavo de la risa. Así, vemos una distinción entre lo adecuado y lo inadecuado que solamente ciertos ciudadanos son capaces de diferenciar, con lo cual sería posible separar lo permitido y lo no permitido, dando lugar así a la prohibición de ciertos chistes: “la burla es una especie de insulto y los legisladores prohíben ciertos insultos; quizás deberían también prohibir ciertas burlas” (Ética Nicomaquea, 1128a).

Los jóvenes “son amantes de la risa y, por ello, también de las bromas [eutrapelía]; pues, efectivamente, la broma es una desmesura [hýbris] en los límites de la educación” (Retórica, 1389b). La comedia es un arte basado en la risa y el humor, y en la Poética menciona un libro sobre la comedia, pero ese libro está hoy perdido. Es el famoso Libro II, donde escribe Aristóteles: “Más adelante hablaremos del arte mimético en hexámetros y de la comedia” (Poética, 1449b, 22-23); también lo menciona en la Retórica: “Sobre lo risible hemos tratado, no obstante, por separado en los libros sobre la Poética” (1372a, 1-2).

Aristóteles insinuó la teoría posterior de que la risa es una reacción a muchos tipos de incongruencias, y no solamente relacionadas a defectos humanos. En la Retórica menciona que “la risa causa placer […] ya se trate de hombres, discursos u obras” (1371b; 1372a). Más adelante considera que se puede obtener una risa cuando el orador da lugar a ciertas expectativas en la audiencia y luego los sacude con “cosas inesperadas” (1412a, 27), y da el ejemplo de una comedia desconocida donde la “cosa no es, en efecto, como el oyente la suponía: Caminaba él, teniendo en sus pies [estando calzado con]… sabañones” (Retórica, 1412a, 32), cuando se esperaba que diga “sandalias”.

Entonces, en Aristóteles encontramos el origen del humor no solamente en un sentimiento de superioridad sobre los defectos de los otros sino, además, en ciertas incongruencias o cosas inesperadas. La importancia histórica del pensamiento platónico y aristotélico en la teoría del humor no puede ser exagerada ya que, por ejemplo, establecieron la oposición comedia-tragedia que ha determinado al pensamiento teórico sobre el humor por más de veinte siglos.

Medioevo

Ya vimos que en la Biblia no encontramos risa o humor. Los escritores cristianos como Tertuliano condenaban a la risa per se, y el Medioevo se caracterizó por una seriedad petrificada y congelada, con la humanidad hundida en el miedo, el temor y la humildad. Ni los autores de la patrística o la escolástica tenían mucho que decir acerca del humor y la risa, ya que la tarea propia del cristiano era llorar por los pecados en este mundo y prepararse para las alegrías en el otro.

En la Edad Media surge un control de la risa por parte de la Iglesia, cuya actitud estaba sintetizada en el ya mencionado texto del Eclesiastés, (7, 4), “El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa del placer”. El cristianismo primitivo condenaba la risa: Tertuliano, Cipriano y San Juan Crisóstomo atacaron el mimo, la risa y las burlas, que no provienen de Dios, sino que son una emanación del diablo: “el cristiano debe conservar una seriedad permanente, el arrepentimiento y el dolor para expiar sus pecados” (Bajtín, 1994, p. 71).

La novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, trata de una serie de asesinatos en un monasterio italiano en el año 1327, causados por un libro envenenado, el libro segundo de la Poética de Aristóteles, como vimos presuntamente perdido en la Edad Media, que trataba sobre la risa, el humor y la comedia. Puede verse aquí el temor causado por ciertos libros “que contienen mentiras” (Eco, 2003, p. 43) y son usados por el Anticristo en su tarea de poner al universo patas arriba “mostrando al mundo al revés de lo que debe ser” y convirtiendo a la obra maestra de la creación “en objeto de risa”, invertido y “opuesto al que Dios ha establecido” (Eco, 2003, pp.85-86).

La visión de Tomás de Aquino, si bien estaba familiarizado con las objeciones a la risa y al humor, reflejaba la de Aristóteles: los seres humanos son criaturas que necesitan descansar, y el juego y el humor permiten hacerlo. En otras palabras, para Tomás el juego y el humor son necesarios para la vida humana, siempre y cuando sean mesurados: también está de acuerdo con Aristóteles al considerar que la falta de humor es un vicio. Pese a su perspectiva positiva acerca del humor, Tomás admite que el humor se asocia a veces con actividades morales censurables citadas por las críticas tradicionales de los pensadores cristianos.

La evaluación de Tomás de Aquino acerca del humor y la risa hacen un marcado avance en contraste con la negativa postura anterior, señalando que, si bien puede estar asociado a la obscenidad, la hostilidad y la irresponsabilidad, no necesariamente tiene que estarlo. En este sentido, Tomás hace, al igual que su maestro Aristóteles, una valorización relativamente positiva del humor y la risa.

Renacimiento

Durante el Renacimiento, en el curso de la lucha en favor de una nueva cosmovisión y la destrucción de la jerarquía medieval, aparece un autor como François Rabelais (1944), con su Gargantúa y Pantagruel, cuyo contacto con el folclore y las clases populares, como también su sentido del progreso en la cultura, la tecnología y la ciencia, lo equiparon singularmente para atacar el corpus de la escolástica medieval, que representaba todo lo antiguo. Rabelais utilizó constantemente el procedimiento folklórico tradicional de la ‘jerarquía invertida’, del ‘mundo al revés’.

El filósofo del lenguaje, Mijaíl Bajtín, consideraba que “los espíritus progresistas del Renacimiento participaban directamente de esta cultura, y ante todo en su aspecto de fiesta popular y de carnaval”, de un carnaval que “liberaba la conciencia del dominio de la concepción oficial” con una mirada perfectamente crítica y con la fuerza invencible del pueblo, que sentaba los fundamentos de una nueva concepción del mundo, y es lo que él entiende por “carnavalización del mundo”, esto es, “la liberación total de la seriedad gótica a fin de abrir la vía a una seriedad nueva, libre y lúcida” (Bajtín, 1994, p. 246).

Así, los autores del Renacimiento pudieron ver al mundo con la convicción de la necesidad y posibilidad de un cambio y de una renovación radical de todo el orden existente. Bajtín (1994), en el primer capítulo de su obra, “Rabelais y la historia de la risa”, muestra que lo cómico destruye al poder, ya que la risa no solamente es terapéutica sino también una fuerza liberadora. La risa liberadora y revolucionaria de la plaza recién se convierte en un producto ideológicamente elaborado en la literatura con la obra de Rabelais, en un proceso que se preparó a lo largo de la Edad Media y que alcanzó su apogeo en el Renacimiento.

Thomas Hobbes

La teoría de la risa como sentimiento de superioridad, que comenzó con Platón y Aristóteles, se desarrolló más sólidamente con Thomas Hobbes. Desde su perspectiva, los seres humanos en un hipotético estado de naturaleza son egoístas y están en una lucha constante por el poder, y en esta lucha el fracaso de nuestros competidores es equivalente a nuestro éxito. Por esta razón es que observamos constantemente los signos de que estamos mejor que otros o, lo que es lo mismo, que los otros están peor que nosotros.

La risa no es más que la expresión de nuestra “gloria súbita” [sudden glory] cuando nos damos cuenta de que, de alguna manera, somos superiores a otros. En el capítulo VI del Leviatán, Hobbes explica nuestra fascinación por los deformes como un sentimiento de nuestro propio bienestar:

El entusiasmo repentino [sudden glory][1] es la pasión que mueve a aquellos gestos que constituyen la RISA [mayúscula en el original]; es causada o bien por algún acto repentino que a nosotros mismos nos agrada, o por la aprehensión de algo deforme en otras personas, en comparación con las cuales uno se ensalza a sí mismo. Ocurre esto a la mayor parte de aquellos que tienen conciencia de lo exiguo de su propia capacidad, y para favorecerse observan las imperfecciones de los demás. Por tanto, la frecuencia en el reír de los defectos ajenos es un signo de pusilanimidad (Hobbes, 1980, p. 46).

El placer y la satisfacción provocada por la risa provienen a expensas de algún otro menos afortunado que nosotros, porque nos damos cuenta que estamos mejor y nos hace sentir superiores. La gente pequeña y los inseguros son los que ríen más fuerte, mientras más chico sea el ego más fuerte será la risa de la burla. Por otro lado, la risa se convierte en algo ofensivo y amenazante para los que tienen alguna autoridad, por eso Hobbes concibe a la risa relacionada con el poder, explicándola a través de la rivalidad social.

Los hombres se involucran en la guerra para lograr más riquezas, poder y honores, y este estado de guerra es el natural para el ser humano, siendo que se lucha por tres razones principales: la competencia, la desconfianza y la gloria. Y se trata de “una condición o estado que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos” (Hobbes, 1980, p. 102), y en esta guerra la risa es una poderosa arma pues se trata de la carcajada del más fuerte, que marca a aquel que tiene el poder. Los hombres se convierten en lobos para competir, sobrevivir y derrocar a los otros, siendo la risa una forma de degradar a los otros desde el poder y “mostrar los dientes” como lobos.

Immanuel Kant

El primer libro en el que aparece de manera más o menos acabada la teoría de la incongruencia es en la obra de Immanuel Kant sobre la estética, Crítica del juicio, en el que propone una teoría de los chistes que puede ser considerada una teoría general del humor, donde aparece una especie de hipótesis de la incongruencia, aunque enfatiza el aspecto físico de la diversión más que el mental.

Al escuchar un chiste, afirma Kant, desarrollamos una cierta y tensa expectativa de cómo será el resultado; entonces, después del remate, nuestras expectativas desaparecen y quedan en la nada. La risa proporciona un deleite animado y se trata de un estremecimiento corporal que da una “sensación de salud que proporciona el movimiento de las vísceras” y el diafragma siendo que el efecto de ese relajamiento se siente en el cuerpo gracias a la vibración de los órganos, “que fomenta el restablecimiento de su equilibrio y tiene un efecto bienhechor sobre la salud” (Kant, 1961, pp. 177-178).

Un chiste que cuenta Kant trata de un indio que está en la mesa de un inglés y ve abrir una botella de cerveza de la cual sale mucha espuma, manifestando su gran admiración con muchas exclamaciones y a la pregunta del inglés responde: “Si no me admiro de que la hayan sacado, sino de cómo pudieron meterla adentro”. Nos reímos y sentimos un regocijo de todo corazón no porque nos sintamos superiores al indio, “sino porque nuestra expectación era tensa y de repente quedó reducida a la nada”. La misma situación se da, nos cuenta Kant, cuando el heredero de un pariente rico quiere organizarle un acompañamiento muy solemne para el féretro y se queja de que no le sale bien su propósito pues dice que “cuanto más dinero doy a los plañideros para que adopten aires de aflicción, más contentos se ponen” (Kant, 1961, p. 178).

En otro relato de Kant, un comerciante que, regresando de las Indias a Europa con toda su fortuna en mercancías, se vio obligado a echarlo todo por la borda a causa de una gran tempestad, lo cual lo afligió de tal modo que en la misma noche se le encaneció la peluca. En todos estos casos, el chiste “debe contener siempre algo que por un instante pueda engañar” en un alternativo y rápido vaivén de tensión y relajamiento. En otras palabras, en el buen entendimiento, “humor significa el talento de ponerse voluntariamente en cierta disposición de ánimo en que todas las cosas se juzgan de modo muy distinto (y aun opuesto) que de ordinario” (Kant, 1961, p.178 y 181).

Sigmund Freud

Para Sigmund Freud “la risa es un fenómeno de la descarga de excitación anímica” (Freud, 1986, p. 139). La risa es como una liberación del constreñimiento, es una suerte de “libre descarga” de la sumatoria de energía psíquica; quien se ríe lo hace con el monto de energía psíquica liberado por la cancelación de la investidura de inhibición. En otras palabras, la risa se produce cuando la energía empleada en la inhibición “ha devenido de pronto superflua al producirse la representación prohibida siguiendo el camino de la percepción auditiva, y por eso está pronta a descargarse a través de la risa” (Freud, 1986, p. 142). El humor es, entonces, una descarga, un alivio que permite la expresión de tensiones sexuales y agresivas de una manera socialmente aceptable siendo una especie de máscara de esos impulsos inaceptables.

Freud distingue tres tipos de situaciones que motivan a la risa: el chiste (der Witz), lo cómico, y el humor; en cada uno de ellos la energía mental se acumula para un propósito psicológico, hay un ahorro de energía psíquica, energía superflua que se descarga en los movimientos musculares de la risa. Para Freud la satisfacción que da un chiste es una fuente de placer y “esa ganancia de placer corresponde al gasto psíquico ahorrado” y ese ahorro en gasto de inhibición o sofocación “parece ser el secreto del efecto placentero del chiste” (Freud, 1986, pp. 114-115). Es decir, contar chistes o bromear sirve como una válvula de escape de sentimientos y pensamientos prohibidos, y cuando expresamos lo que usualmente está inhibido, la energía de la represión es liberada en la risa. Al hacer chistes, de acuerdo a Freud, expresamos sentimientos hostiles o sexuales que normalmente estarían reprimidos, decir chistes es como soñar, manifestar esos sentimientos a nivel consciente.

La energía guardada aquí es la energía de la emoción: como ejemplo, Freud cuenta la historia de Mark Twain sobre su hermano que trabaja en la construcción de caminos. Una carga explosiva lo vuela por el aire y lo que sentimos por él es lástima y preocupación. Pero el final de la historia de Twain es que al hermano no le pagan por el tiempo que estuvo en el aire “ausente de su lugar de trabajo”. Al escuchar este giro inesperado, nos damos cuenta que no se esperaba de nosotros ni lástima ni preocupación, de tal manera que la energía psíquica que habíamos preparado para emociones compasivas es descargada en la risa.

La sociedad tiene reglas que prohíben muchas formas de sexualidad o violencia, con lo cual se acumula la energía nerviosa. Esa energía puede ser descargada con la risa, razón por la cual –de acuerdo con Freud– los dos principales tipos de chistes son los relacionados al sexo y la violencia. Freud relaciona la descarga del individuo de sus pensamientos prohibidos, inhibiciones y ansiedades con el humor negro, “humor patibulario”, Galgenhumor o gallows humor, el caso “más crudo de humor”. Los chistes inocentes no sirven para un fin determinado, mientras que los chistes tendenciosos (que pueden ser obscenos, agresivos, cínicos o escépticos) tienen la función de ventilar pensamientos socialmente inaceptables, con dos propósitos principales: o es un chiste hostil (que sirve para agredir, satirizar o defenderse) o es un chiste obsceno (sirve para exponer). Los chistes tendenciosos producen placer y satisfacción ya que se ahorra “energía psíquica” al no tener que reprimir pensamientos y ansiedades inaceptables y levantar inhibiciones internas. Al mismo tiempo, al expresar sentimientos hostiles, el chiste también ofrece libertad psíquica ya que se permite la expresión desinhibida de hostilidad; y, además, la risa provee un alivio para la energía mental ya que ofrece una homeóstasis luego de la tensión (Freud, 1996, p. 91).

Tres teorías sobre el humor

Obviamente realizamos una selección y un recorte de autores, algunos de los cuales son considerados centrales para la comprensión de la risa, el humor, lo cómico y los chistes. Casi todos entendemos intuitivamente lo que es la risa y el humor, aunque existen innumerables interpretaciones y posiciones que buscan explicar su esencia, desde los clásicos hasta nuestros días. La naturaleza “poco seria” del humor y la risa es –quizás– una razón por la cual no han sido de gran interés para el estudio sistemático, el análisis filosófico o la investigación científica.

En la literatura especializada hay más de cien teorías documentadas acerca del humor y la risa, pero simplificaremos el tema reduciéndolas a las tres principales y tradicionales: la de la superioridad (hostilidad, agresión o menosprecio), que encontramos en Platón, Aristóteles y Hobbes; la de la incongruencia (la risa como respuesta a algo fuera de lugar, ambivalencia, contraste o disociación) en Kant; y la descarga (alivio, sublimación o liberación de la tensión nerviosa) en Freud. Las líneas divisorias no son rígidas y en muchos casos hay una clara superposición de elementos.

Desde una perspectiva política, este tipo de humor se refiere a las debilidades y fallas de personas en el poder, que han sido artificialmente elevadas o injustamente puestas encima nuestro; es como tirar de la alfombra que está bajo sus pies para hacerle perder su pomposidad o mostrar que el rey está desnudo. Los florecientes chistes clandestinos en sociedades opresoras y autoritarias remarcan los percances más ‘humanos’ de gente famosa”. Un muy buen ejemplo es el filme de Charles Chaplin El gran dictador (1940), que ridiculiza a Adolf Hitler.

Para concluir, pese a todo lo que han escrito los grandes pensadores desde Platón hasta nuestros días, la cuestión de qué es el humor sigue siendo problemática. La tendencia actual es colocar las explicaciones en alguna de las tres tradiciones teóricas, que intentan explicar el fenómeno en términos de superioridad, incongruencia o descarga de energía; aunque, en muchos casos, existe una combinación de algunos de ellos para explicar las manifestaciones humorísticas. Pero seamos cuidadosos en cuanto a la terminología cuando debatimos estas tradiciones: humor, chiste, cómico y risa tienden a unirse, mezclarse, fusionarse o separarse según quién trate estos temas.

Bibliografía

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  1. Sudden glory se ha traducido como “gloria súbita”, “gloria repentina” y, también, como “entusiasmo repentino”.


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