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12 Estudio comparativo de proyecto de vida[1]

En la Adolescencia inicial y Adolescencia final[2]

Rionegro, Florencia – Barni, María Cecilia[3]

Resumen

La adolescencia es una etapa crítica para la propuesta de metas y toma de decisiones en su transitar desde la niñez a la adultez, por lo tanto el propósito de esta investigación es realizar un estudio comparativo, transversal y descriptivo del Proyecto de Vida en Adolescencia Inicial y Adolescencia Final. Los resultados serán de utilidad para profesionales del área de la psicología, de la educación –en especial para los profesores universitarios– y para todos aquellos que trabajan con niños y jóvenes y familias en general.

Se desarrolló un estudio ex pos facto, descriptivo, no experimental y transeccional; con una muestra de 80 sujetos divididos en dos rangos etarios. Se administró el test LAP-R (VE AA). Se hipotetizó que en la adolescencia inicial habría un mayor índice de la dimensión Vacío Existencial, en contraste a la adolescencia final en la que predominarían las dimensiones Búsqueda de Objetivos, Propósito, Elección/Responsabilidad, Coherencia y que habría diferencias según sexo. Se refuta esta última afirmación y en relación al rango etario, a pesar de encontrar diferencias, se encuentra que la edad inicial no es representativa de la adolescencia inicial por lo que no se pueden generar conclusiones.

Se recomienda ampliar tanto la muestra como los instrumentos utilizados para encontrar respuestas a los interrogantes planteados. Sin embargo, se considera que se deberían actualizar los rangos de edades de las distintas etapas que componen a la adolescencia.

 

Palabras clave: Proyecto de Vida. Adolescencia Inicial. Adolescencia Final.


Introducción

El propósito de este trabajo fue realizar un estudio comparativo y descriptivo del Proyecto de Vida en Adolescencia Inicial y Adolescencia Final, concediéndole un marco de referencia desde la Psicología del Desarrollo, como así también, desde la Logoterapia, corriente encargada de ahondar en los valores y el sentido de la vida del individuo. Además de colaborar con las necesidades de un cambio de paradigma en la educación formal que favorezca en conocer las diferentes etapas de la constitución de la identidad a través de su proyecto vital en la franja etaria que transita el nivel medio y donde la toma de decisiones es de fundamental importancia en relación con su vida universitaria.

El Proyecto de Vida es una variable estudiada desde la antigüedad otorgándole distintas perspectivas y ángulos de observación, se profundizó su estudio en el Siglo XX. Cabe destacar que, las bases del proyecto vital empiezan a tomar representación ya desde la niñez y se afianza en el comienzo de la Adolescencia, cuando el individuo emprende decisiones por sí mismo, siendo esto un logro de la constitución de la identidad. Por lo expuesto anteriormente, se entiende que la Adolescencia es una etapa crítica para la propuesta de metas, toma de decisiones, emprendimientos y proyectar hacia el futuro, logrando crear las bases para el desarrollo individual (Raysa Menéndez et al., 2008).

En la actualidad, se presentan cuestionamientos, preocupaciones e incumbencias, de parte de toda la sociedad, con respecto al Proyecto de Vida Adolescente, tanto de los padres como profesionales de la salud y de la educación. Se observa notablemente la desmotivación y falta de compromiso en la toma de decisiones y en la proyección a futuro, lo cual es significativo tanto a nivel psíquico como conductual del individuo (Espeche, 2013; Barni, 2014).

El adolescente debe enfrentar un conjunto de desafíos y tareas en su proceso de convertirse en adulto. Esto le exige optar en distintos ámbitos de la vida: valores, estudios, amistades, trabajo, pareja, etc. Las decisiones que tome en esta etapa repercutirán indudablemente en su porvenir. Los adolescentes enfrentan una transición crucial en sus vidas. Dejan atrás un niño y un mundo justamente subsidiado y predeterminado para ellos por sus adultos cercanos, seguido de asumir los retos y compromisos propios de un adolescente (Toledo, 2002).

El proyectarse implicaría, realizar una verdadera elección y responsabilizarse con el futuro personal, logrando orientarse con voluntad y esperanza hacia el propio plan de vida, desarrollando las competencias y potencialidades propias de la persona, siendo capaces de elevarse sobre estas dimensiones (Frankl, 2004). Por lo que Frankl (2001) afirma que no hay nada en el mundo capaz de ayudarnos a sobrevivir aún en las peores condiciones, como el hecho de saber que la vida tiene un sentido y de esta forma, citando a Nietzche (Ovejas, 2013), la persona que tiene un porqué vivir puede soportar casi cualquier cómo.

Es así que, Reker y Woo (2011) proponen como foco principal, encontrar el sentido personal como un constructo global, definido como la creencia existencial de que la vida tiene un propósito y coherencia. Dogmatizan que se ha encontrado que las personas extraen el sentido de una variedad de fuentes, incluyendo: las identificaciones con personas significativas, actividades de recreación, alcanzar las necesidades básicas, actividades creativas, relaciones y logros personales, crecimiento personal y actividades religiosas, sociales y políticas, tales como el altruismo, valores e ideales, tradiciones y cultura. Aun así, la logoterapia nos enseña que el hombre está condicionado, pero no determinado, que las identificaciones que otorgaron las personas significativas de la infancia no determinan las posibilidades, sino que sólo las condicionan. Esto otorga al adolescente una nueva oportunidad para poder incorporar siempre nuevos valores, oportunidades y motivaciones para proyectarse a futuro (Ovejas, 2013).

Se infiere que la temática propuesta, es de gran importancia: se presenta y observa, en todos los ámbitos y clases sociales, ya que es inherente al ser humano preguntarse ¿dónde estoy y hacia dónde quisiera llegar? De este modo, se propuso llevar a cabo la evaluación de distintas dimensiones que influyen en el proyecto vital en la Adolescencia y así realizar una comparación entre las distintas etapas de la Adolescencia -inicial y final- detectando posibles variables que influyen en la toma de decisiones y la concreción del proyecto de vida.

Las áreas a las que podría contribuir este trabajo serían (a) Orientación Vocacional, (b) Logoterapia, (c) Psicología del Desarrollo, (d) Clínica de Adolescentes y (e) Educación, ámbitos que tienen una relación directa con el proyecto de vida o adolescencia. En particular, la educación, tanto del nivel medio como del superior se vería beneficiada con este estudio y sus resultados; en este sentido, se establece que la educación tiene la necesidad de un cambio de paradigma en el que se incluya todas las dimensiones de la persona. (Barni, 2014).

El objetivo general de este trabajo fue realizar la comparación del proyecto de vida entre adolescencia inicial y adolescencia final. A partir de éste se desprendieron los específicos (a) Describir el proyecto de vida; (b) Describir la etapa de la adolescencia y diferenciar adolescencia final e inicial, en relación con el proyecto de vida; (c) Evaluar y describir las dimensiones Propósito, Coherencia, Elección/Responsabilidad, Vacío Existencial y Búsqueda de Objetivos según etapa de la Adolescencia y (d) Comparar el proyecto de vida y sus dimensiones Propósito, Coherencia, Elección/Responsabilidad, Vacío Existencial y Búsqueda de Objetivos según el género.

Desarrollo

Proyecto de Vida. Un poco de historia

Desde la antigüedad, los filósofos que desarrollaron el principio délfico, percibían que el proyecto de vida comprende la forma integral de la persona. Conocerse, aceptarse, conquistarse y proyectarse a sí mismo (Barni, 2013). Es así que se comprendería que el proyecto de vida es inherente y esencial a todo ser humano.

La principal motivación humana es la búsqueda de sentido en la vida; la misma, está tan profundamente integrada a la condición humana, que no podemos evitar buscar sentido, hasta que creamos haberlo hallado. Toda persona tiene una vocación o misión específica en la vida. Se debe llevar a cabo un designio concreto que exige su cumplimiento. Por ello es irremplazable. De este modo, la tarea de cada persona es única así como la oportunidad específica de realizarla (Frankl, 2004).

Para Meertens (2000) todo individuo proyecta un conjunto de planes y metas relacionados entre sí, que fundan el sistema personal de objetivos de su vida. El concepto de proyecto de vida, es entendido como un propósito, para cuya realización el individuo enfoca sus actividades y dedica sus esfuerzos. Incluye las dimensiones de la experiencia, identidad y percepciones. El proyecto de vida abre perspectivas hacia el futuro en términos de esperanzas y propuestas, articuladas entre sí. Éste conjuga, entonces, una intención, una voluntad de superación y sobre todo, cierta capacidad de controlar el curso de la vida cotidiana. Conecta las experiencias pasadas con la situación presente, y de allí fluye a las expectativas futuras, convirtiéndose éstas en proyectos de vida.

El proyecto es la estructura que expresa la apertura de la persona hacia el dominio del futuro, en sus direcciones fundamentales y en las áreas críticas que requieren decisiones vitales. (Fernández Rius, 2003). Tener un proyecto es fundamental para alcanzar metas, es el plan que una persona se traza a fin de conseguir un objetivo. El proyecto da coherencia y cohesión a la vida de una persona en sus diversas facetas y marca determinado modo de relacionarse y un estilo propio en la percepción de la realidad (Toltecatl et al., 2006).

Relación entre Proyecto de Vida y Adolescencia

La adolescencia se conceptualiza, a menudo, como una transición entre la infancia y la edad adulta. Lo que caracteriza fundamentalmente a este período son los cambios a nivel físico, psicológico, sexual y social (Coleman & Hendry, 2012).

En los adolescentes, se produce un proceso de transformación, típico de esta etapa vital, en donde se generan sentimientos de temor e inseguridad propios de todo cambio, no sólo deben elaborar la pérdida de su cuerpo de niño y la separación de los padres, sino que se enfrentan al reto de conquistar su autonomía e identidad personal -sentido de quien es uno, de donde viene y hacia dónde va-. Esta identidad está constituida por la aceptación, definición y adminis-tración de su cuerpo y de la sexualidad, por las posibilidades de inserción social, la capacidad de proyectarse en el ámbito laboral y/o educativo, la elaboración de los duelos de la infancia y la capacidad de establecer nuevas relaciones interpersonales de manera exogámica: fuera del ámbito familiar (Tischler, 1991). El reto es convertirse en el hacedor de proyectos, de soñar los propios sueños, de elaborar las propias visiones del mundo y de la vida (Sannutti, 1995).

Aberastury y Knobel (2009) relatan que la adolescencia es un período cambiante en donde el individuo está obligado a reestructuraciones permanentes, externas e internas, que son vividas como intrusiones dentro del equilibrio logrado en la infancia que obligan al adolescente, en el proceso para lograr su identidad, a tratar de refugiarse tercamente en su pasado mientras trata también de proyectarse intensamente en el futuro.

Los sujetos que atraviesan la etapa adolescente, son influidos por el ambiente y, a su vez, ellos influyen en él (Facio, 2006). No se puede negar la importancia del contexto ya que, los adolescentes construyen su propio futuro a partir de las distintas posibilidades que les provee su entorno cultural (Nurmi, 2004). Es así que, las decisiones y la concreción de los proyectos de vida de los adolescentes se verían mediados por su ambiente social y económico.

Durante la adolescencia, las personas se revisan críticamente a sí mismas y revisan críticamente al mundo que las rodea, en busca de ideas y principios propios, en busca de planes y proyectos que marquen un rumbo propio y den una nueva dimensión a su futura vida adulta y ciudadana (Toledo, 2002).

Adolescencia inicial

El adolescente inicial siente que debe planificar su vida, controlar los cambios; necesita adaptar el mundo externo a sus necesidades imperiosas, lo que explica sus deseos y necesidad de reformas sociales. Su nuevo plan de vida le exige plantearse el problema de los valores éticos, intelectuales y afectivos; implica el nacimiento de nuevos ideales y la adquisición de la capacidad de lucha para conseguirlos, teniendo la necesidad de diferenciarse (Aberastury y Knobel, 2009).

Por otro lado, en la adolescencia inicial, surge la conflictiva del abandonar el como si y enfrentar la posición de comenzar a tomar decisiones por sí mismo, esto lleva a que se produzca una fantasía de proyectarse en el futuro independizándose de sus padres y resguardarse en su mundo interno, realizando reflexiones consigo mismo, llevando aparejado a ello, la inestabilidad de sus emociones.

En la adolescencia inicial, la atención y energías son absorbidas por la reestructuración del esquema corporal y el logro de la identidad. Se produce un detenimiento del pensamiento y la expresión y se encuentra en un estado de introspección (Griffa y Moreno, 2008). Estas características influirían notablemente en el proyecto de vida del individuo, puesto que ven al futuro como un ideal, sin tener marcados planes o metas proyectadas en lo concreto. En contraposición a ello en la adolescencia final vuelve la calma, se da el control de sus emociones y se logra forjar la identidad, lo que permite tomar decisiones con mayor seguridad. Es una etapa de mayor certeza y más responsabilidad por su futuro, por lo tanto se empiezan a proyectar a largo plazo estudio, trabajo, pareja, etc. (Griffa y Moreno, 2008).

Adolescencia final

La adolescencia final es la etapa en la cual se constituyen las bases para nuestro futuro a través de las distintas elecciones y decisiones que se llevan a cabo dentro de un proceso de desarrollo hacia la madurez del individuo (vocacionales, laborales, estilos de vida, etc.).

La consecuencia final de la adolescencia sería un conocimiento del sí mismo, para Sorenson (2001) es el saber quién soy y a partir de allí, poseyendo una identidad lograda, enfrentar a las decisiones y elecciones de vida, constituyendo un plan o proyecto de vida.

Proyecto de vida adolescente en la actualidad

Actualmente, el proyecto de vida en la adolescencia, se reflexiona a largo plazo. Se menciona la necesidad de formar una familia armoniosa, estudiar para ser un profesional, conseguir un trabajo digno para lograr un buen pasar económico. Dicho esto, se percibirían los verbos tener y hacer (tener familia, casa, hacer una carrera). En muchos relatos de los adolescentes mismos, se encontraría la expresión “no sé qué me gusta”, aun cuando estén estudiando en la universidad. Se supondría que no se logró el despliegue necesario en relación con las motivaciones y deseos (Mansione et al., 2011). Y es aquí que desde el ámbito de la Psicología, se podrían encontrar las causas por las que no se pudo alcanzar ese despliegue de los deseos. De este modo, darle herramientas e instruir al adolescente para encontrar esos motivos y modificar dicha problemática, guiándolo a tomar decisiones y proponerse metas y proyectos que les brinden motivaciones para llevarlos a cabo.

Se observaría también, la expresión desiderativa: ser feliz como parte del proyecto de vida, como algo a lograr (Raysa et al., 2008). Frankl (2000) afirma que en el momento en que uno convierte a la felicidad en objetivo de su motivación, necesariamente la ha hecho objeto de su atención y haciéndolo, desaparece la razón para ser feliz y la felicidad misma se desvanece.

En Argentina hay centenares de miles de jóvenes que no estudian, ni trabajan, según Barni (2012), situación que lleva a las personas a masificarse, produciendo así un quiebre, una incertidumbre que no les permite proyectarse en su propio camino lo que los lleva a no poder concretar incluso el encontrar trabajo. Y, como consecuencia, en la medida que el adolescente no encuentre camino adecuado para su expresión vital y la aceptación de una posibilidad de realización, no podrá nunca ser un adulo satisfecho (Aberastury y Knobel, 2009).

Tomar una decisión que repercutirá en el futuro inmediato, resulta difícil porque no depende únicamente de las preferencias personales. La decisión debe considerar también factores económicos, familiares y sociales, por lo que se pretende ofrecer a los adolescentes las herramientas básicas para que incrementen sus conocimientos, descubran sus potencialidades y preferencias y analicen los factores implicados en su elección (Pick de Weiss, 2010).

Si el individuo no se siente satisfecho con sus elecciones, vocación y trabajo, habrá menos posibilidades de realizarse como persona o profesional, e igualmente, disminuirán las potencialidades para la construcción de un proyecto de vida.

La educación debería hacerse estas preguntas y encontrar las diferentes estrategias para colaborar con los adolescentes en la concreción de habilidades cognitivas para la toma de decisiones y poder concretarlas, para, luego, vivir con las consecuencias lógicas de esas decisiones (Barni, 2014; Messing, 2009). En este sentido, la educación universitaria debería cuestionarse en qué manera se puede colaborar con las diferentes formas de abordar le temática del proyecto de vida desde las diferentes disciplinas dedicadas al estudio de las nuevas formas de aprender de los adolescentes y jóvenes que transitan por sus claustros. Asimismo, crear la consciencia de estas temáticas en los profesionales que se desempeñan en directa relación con los estudiantes como en los que realizan las diferentes tareas pedagógicas relacionadas con las diferentes áreas de la vida universitaria.

Método

Se utilizó un diseño ex pos facto, descriptivo, no experimental y transversal. Descriptivo porque mide la variable proyecto de vida en la adolescencia; no experimental, debido a que sólo se observaron los fenómenos en su ambiente natural; y transversal porque se recolectaron datos en un solo momento, en un tiempo único, y su propósito fue describir variables y analizar su incidencia e interrelación en un momento dado (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2014).

Participantes

Para realizar la recolección de datos de la muestra se seleccionó un tipo de muestreo no probabilístico, con estratificación por sexo y etapa del ciclo vital. Se escogieron sujetos residentes en Argentina, que presenten determinadas características sociodemográficas: hombres y mujeres, grupo etario clasificados en dos rangos: entre 12-13 años (adolescencia inicial) y entre 18-19 años (adolescencia final). En el primer rango, la muestra se tomó en una escuela privada confesional y en cuanto al otro rango se extrajo la muestra de una universidad privada confesional, en estudiantes de psicología. El total de la muestra fue de 80 casos. La administración del instrumento, fue de forma grupal y se garantizó la confidencialidad de los datos obtenidos presentando los permisos institucionales y los protocolos correspondientes a cada departamento educativo, tanto la escuela secundaria como en la universidad de donde se obtuvo la muestra. Se tuvo especial cuidado en la administración del instrumento en relación con el consentimiento informado, considerando que los sujetos se encontraban distribuidos en aulas, y se les aclaró tanto el carácter confidencial como la no obligación de su participación. (Lugo y Barni, 2014).

Variables

Como variables dependientes se incluyeron Propósito, Coherencia, Elección/Responsabilidad, Vacío Existencial y Búsqueda de Objetivos y las variables independientes sexo y etapa del ciclo vital.

Instrumentos

Se utilizó como instrumento la Escala LAP-R (VE AA) (“Life Attitude Profile-Revised”-Test de Actitud de Vida Revisado Versión Español Adaptada a Argentina) desarrollado por Reker en la Universidad de Trent, Canadá en 1996. Se recurrió a la traducción al español efectuada por Ordóñez Herrera, adaptado a Argentina por Barni (2016). El mencionado test consta de 40 ítems evaluados cada uno con una escala tipo Likert con cinco opciones de respuesta -(4): completamente de acuerdo, (3): de acuerdo, (2): indeciso, (1): en desacuerdo, (0): completamente en desacuerdo-.

En cuanto a las dimensiones del Test de Actitud de Vida (LAP-R VE AA) son:

Propósito (P), Coherencia (C), Elección/Responsabilidad (E/R), Vacío Existencial (VE) y Búsqueda de Objetivos (BO). Las que, a su vez, conforman las dos escalas compuestas de “Índice de Sentido Personal” (ISP) y la de “Trascendencia Existencial” (TE).

Dimensiones: Propósito (P) se refiere a los logros, objetivos, metas y misiones significativas en la vida del sujeto. Los ítems que la conforman son 1, 2, 5, 16, 22, 26, 31 y 40. Coherencia (C) se corresponde con la filosofía de vida del individuo, la cual le otorgaría cohesión, significado, razón, sentido y coincidencia a la existencia de la persona; de este modo, le proporcionaría una perspectiva de sí mismo y de su vida coherente y como unidad integral. Los ítems que la conforman son 7, 11, 14, 23, 24, 29, 32 y 39. Elección/Responsabilidad (E/R) se describe con el control y los esfuerzos que tiene la persona con respecto a sus logros personales; consideraría la libertad, la voluntad y la capacidad de discernir y decidir, así como también la responsabilidad por aquella decisión que se ha tomado; los ítems que la conforman son 3, 10, 15, 17, 20, 25, 33 y 38. La dimensión Vacío Existencial (VE) se caracteriza por la incertidumbre frente al proyecto de vida; implicaría no poder definir qué es lo que le falta a la persona para encontrar ese sentido de su vida; en el área afectiva se percibiría cierto aburrimiento, transfiriendo como consecuencia el aislamiento relacional; los ítems que la conforman son 4, 6, 8, 12, 18, 27, 34 y 36. La Búsqueda de Objetivos (BO) se refiriere al individuo al que le atraen cosas nuevas, romper con la rutina, ser aventurero e ir en búsqueda constante de desafíos y metas a alcanzar; los ítems que la conforman son 9, 13, 19, 21, 28, 30, 35 y 37.

El Índice de sentido personal (ISP) fue desarrollado para proporcionar una escala más focalizada del sentido personal, es un constructo dual definido como tener objetivos de vida, tener una misión en la vida, un sentido de dirección desde el pasado, el presente y el futuro, y tener una comprensión consistente y lógica de sí mismo, de los demás y de la vida en general. Se construye al sumar las dimensiones P y C.  (ISP) = P + C (Reker, 2007).

Cabe destacar que la escala -LAP-R (VE AA)- está en proceso de confiablidad y validez en Argentina.

Resultados

Las características sociodemográficas demuestran que, sobre el total de la muestra, el 42,5 % (N=34) eran pertenecientes al sexo masculino y un 57,5 % (N=46) de sexo femenino.

Figura 1
Porcentaje de sexo en la muestra total

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Fuente: Elaboración propia

Con respecto a la edad, se observó que un 43,8 % (N=35) tenían 12 años de edad, un 6,3 % (N=5) tenían 13 años, un 30% (N=24) tenían 18 años y un 20% (N=16) tenían 19 años.

Figura 2
Porcentaje de edad de la muestra total

ponencia 12 - imagen 2

Fuente: Elaboración propia

En relación con los grupos en comparación, se observó que en el conformado por los estudiantes que se encuentran en la adolescencia final se presentó el 50% de los casos totales y lo mismo ocurrió para aquellos que se encuentran en la adolescencia inicial.

En cuanto a la variable proyecto de vida, según el análisis de varianza ANOVA one way efectuado (F (2,34) 3,565, p >.004), como se muestra en la figura 3, no habría diferencias estadísticamente significativas.

Figura 3
Comparación de medias del Proyecto de Vida según el sexo

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Fuente: Elaboración propia

La aplicación del mismo análisis tampoco arrojo diferencias estadísticamente significativas de acuerdo a los grupos de pertenencia (ver figura 4) (F(2,34)=0,83; p=0,37), comparando los grupos de adolescencia inicial (M=11,94; SD=1,76) y adolescencia final (M=11,65; SD=0,95).

Figura 4
Comparación de medias del Proyecto de Vida según fase inicial y final de la Adolescencia

ponencia 12 - imagen 4

Fuente: Elaboración propia

Dimensiones que componen al Proyecto de Vida en relación con las fases inicial y final de la Adolescencia

      Con  el fin de comprobar la existencia de diferencias entre las dimensiones que componen el proyecto de vida y las fases inicial y final de la adolescencia, se aplicó el análisis de varianza ANOVA. Si bien no se encontraron diferencias estadísticamente significativas en las dimensiones Proposito (F(2,38)=0,48; p=0,49), Coherencia (F(2,38)=0,45; p=0,50), Elección/Responsabilidad (F(2,38)=1,43; p=0,24) y Búsqueda de Objetivos (F(2,38)=0,21; p=0,65), se destaca que en la primera dimensión mencionada –propósito- los adolescentes iniciales alcanzaron una media superior en comparación con la de aquellos que están en la adolescencia final (M=12,82 SD=1,81 y (M=12,60 SD=0,98 respectivamente).

Figura 5
Comparación de medias de la dimensión P según fase inicial y final de la Adolescencia

ponencia 12 - imagen 5

Fuente: Elaboración propia

En cuanto a la dimensión Coherencia, que evalúa la filosofía de vida y le otorga cohesión, significado, razón sentido y coincidencia a la existencia del sujeto, los adolescentes iniciales manifestaron una media de 10,47 (SD=1,54), mientras que los adolescentes que se encuentran en la fase final, presentaron una media similar (M=10,29; SD=0,78).

Figura 6
Comparación de medias de la dimensión C según fase inicial y final de la Adolescencia

ponencia 12 - imagen 6

Fuente: Elaboración propia

En la dimensión Elección/Responsabilidad, referida al control y los esfuerzos que tiene el adolescente hacia los logros, se encontraría que los sujetos que transitan la fase inicial de la adolescencia obtuvieron una media mayor (M=11,47; SD=1,68) que los adolescentes que transitan la fase final (M=11,11; SD=0,89).

Figura 7
Comparación de medias de la dimensión E/R según fase inicial y final de la Adolescencia

ponencia 12 - imagen 7

Fuente: Elaboración propia

En la dimensión Búsqueda de Objetivos, que describe a los individuos que le atraen las cosas nuevas, ser aventurero e ir en búsqueda de constantes desafíos y metas a alcanzar, los sujetos que transitan la adolescencia final mostraron una media menor (M=9,11; SD=0,80) que los adolescentes que transcurren la etapa inicial (M=9,22; SD=1,45).

Figura 8
Comparación de medias de la dimensión BO según fase inicial y final de la Adolescencia.

ponencia 12 - imagen 8

Fuente: Elaboración propia

En la dimensión Vacío Existencial, según ANOVA, se podría distinguir la diferencia (F=2,03; p=0,65) entre los dos periodos de la adolescencia. Los participantes pertenecientes al grupo de adolescencia inicial presentarían una tendencia a tener mayor incertidumbre frente al proyecto de vida que los adolescentes finales, ya que en la adolescencia inicial la media fue de 10,23 (SD=1,57) y en la adolescencia final la media fue de 9,82 (SD=0,92).

Figura 9
Comparación de medias de la dimensión VE según fase inicial y final de la Adolescencia

ponencia 12 - imagen 9

Fuente: Elaboración propia

Dimensiones que componen al Proyecto de Vida en relación con el sexo femenino y masculino

       En relación a las dimensiones Propósito (F=0,63; p=0,43), Coherencia (F=1,77; p=0,19), Elección/Responsabilidad (F=1,52; p=0,22), y Vacío Existencial (F=1,60; p=0,21), no se observaron diferencias significativas comparando el género, según ANOVA. Se podrán observar detalladamente en los párrafos y gráficos que se encuentran a continuación.

En la dimensión Propósito el sexo masculino obtuvo una media similar (M=12,86; SD=1,71) al sexo femenino (M=12,60; SD=1,24).

Figura 10
Comparación de medias de la dimensión P según sexo

ponencia 12 - imagen 10

Fuente: Elaboración propia

Un efecto similar se encontró en la dimensión Coherencia, en la cual el sexo masculino alcanzo una media de 10,59 (SD=1,39), mientras que el sexo femenino una media de 10,23 (SD=1,06).

Figura 11
Comparación de medias de la dimensión C según sexo

ponencia 12 - imagen 11

Fuente: Elaboración propia

En la dimensión Elección y responsabilidad, los sujetos del sexo masculino mostraron una media de 11,51 (SD=1,56) y los del sexo femenino una media de 11,13 (SD=1,16).

Figura 12
Comparación de medias, dimensión E/R según sexo

ponencia 12 - imagen 12

Fuente: Elaboración propia

En la dimensión Vacío Existencial, las mujeres presentaron una media menor (M=9,87; SD=1,10) que los hombres (M=10,23; SD=1,51). Este efecto beneficia a las primeras y expresa una característica propia del sexo femenino, identificada transculturalmente, según la cual, tienden a trascenderse a sí mismas, brindándose a los demás y encontrando en ello un sentido por el cual vivir.

Figura 13
Comparación de medias de la dimensión VE según sexo

ponencia 12 - imagen 13

Fuente: Elaboración propia

Con respecto a la dimensión Búsqueda de objetivos se percibieron mínimas diferencias, según ANOVA (F=1,80; p=0,18) comparando ambos sexos. Los hombres expusieron una media mayor (M=9,37; SD=1,31) que las mujeres (M=9,02; SD=1,03).

Figura 14
Comparación de medias de la dimensión BO según sexo

ponencia 12 - imagen 14

Fuente: Elaboración propia

Discusión

La presente investigación se ha guiado por el propósito fundamental de evaluar el proyecto de vida en la adolescencia inicial y final y comparar el género masculino y femenino. A partir de una muestra de individuos que se encuentran transitando la adolescencia inicial y final, se hipotetizó que en la adolescencia inicial habría un mayor índice de la dimensión Vacío Existencial, en contraste a la adolescencia final en la que predominarían las dimensiones Búsqueda de Objetivos, Propósito, Elección/ Responsabilidad, Coherencia. En lo referente a los sexos, en las mujeres prevalecerían las dimensiones Coherencia, Propósito, Elección/ Responsabilidad, mientras que en los hombres imperarían el Vacío Existencial y Búsqueda de Objetivos.

En base a los resultados obtenidos, con respecto a la adolescencia inicial y final, se observó que no se presentaron diferencias al comparar las dimensiones del Proyecto de Vida: Propósito, Coherencia, Elección y Responsabilidad y Búsqueda de Objetivos, según las etapas de la Adolescencia final e inicial.

El concepto de adolescencia, como se entiende en la actualidad, es un descubrimiento relativamente reciente de la cultura occidental. La adolescencia es una construcción social. Antes del siglo XX, no se encontraba conocimiento del concepto de adolescencia; por lo tanto, en las culturas occidentales los niños entraban al mundo adulto cuando maduraban físicamente o cuando empezaban como aprendices de un oficio. En la actualidad, el ingreso a la edad adulta lleva más tiempo y está menos definido (Safora, 2003).

La adolescencia inicial comienza antes de lo acostumbrado, aunque existe un considerable debate en torno a este asunto. Se observaría que hay consciencia más temprana de la sexualidad, las citas y otras conductas adolescentes comienzan a una edad anterior y se puede advertir el interés en la ropa, la música y otras inquietudes que anteriormente eran impensables para la edad que estaban transitando (Facio, 2006). Coleman y Hendry (2012) demostraron que los factores genéticos o del medio ambiente están significativamente asociados a este importante adelanto precoz en la maduración física, psicológica y social de los adolescentes.

En lo que se refiere a la Adolescencia final, el ingreso a una vocación tiende a ocurrir más tarde, ya que en las sociedades complejas necesitan períodos más largos de educación o entrenamiento vocacional, el requerimiento de mayor educación para ejercer los nuevos empleos, postergó la entrada y acceso al trabajo y prolongó la dependencia económica respecto de los padres y asumir responsabilidades de adultos, hasta que están en su tercera década de vida (Coleman & Hendry, 2012).

Con respecto a lo dicho anteriormente, se dedujo que como la Adolescencia inicial, actualmente tiene un comienzo más temprano y la finalización de la Adolescencia se ha prolongado, las edades de la muestra no son representativas de estas dos etapas, si no que hacen referencia a un rango de edades diferente y esto sería motivo por el cual no se observaron desigualdades significativas. Aún así, se pudo observar que en el grupo de adolescentes de 12 a 13 años se percibió incrementada la dimensión Vacío Existencial, que se caracteriza por la incertidumbre frente al proyecto de vida, esto implicaría la imposibilidad de definir qué es lo que le falta a la persona para encontrar ese sentido de su vida. Por lo tanto, si bien no se observaron en otras dimensiones diferencias intergrupales; aún no poseerían la madurez emocional suficiente para así formar un proyecto de vida propiamente dicho, ya que no se logró construir la identidad, la que permitiría la posibilidad de tomar decisiones con mayor seguridad (Griffa & Moreno, 2008).

En cuanto a la comparación por sexo, de la misma forma, no hubo discrepancias. Al comienzo de la investigación, se juzgó la posibilidad que haya diferencia debido a que los hombres maduran biológica y emocionalmente más tardíamente que las mujeres, pero aun así no hubo divergencias inter-grupalmente, por lo tanto la hipótesis en torno a lo antedicho fue refutada. En relación a la dimensión Búsqueda de Objetivos, se observó una mínima diferencia, ya que en los hombres se observó mayor índice que en las mujeres.

La dimensión Búsqueda de Objetivos, describe a los individuos que se sienten atraídos por cosas nuevas, rompen con la rutina, a ser aventureros e ir en búsqueda constante de desafíos y metas a alcanzar, con espíritu proactivo. Las diferencias de género en esta dimensión se han estudiado, encontrándose de forma sistemática una mayor propensión a innovar en varones que en mujeres. Partiendo de esta distinción, los estudios tienden a asociar la mayor orientación a las metas y oportunidades a la figura del sexo masculino (Timmons, 1985). En lo que afirman Engle, Mah, y Sadri. (1997), se han encontrado mayores niveles de intención emprendedora, personalidad proactiva y orientación hacia las metas y oportunidades en varones que en mujeres.

En conclusión se refutaron las hipótesis planteadas al comienzo de la investigación, tanto la que contrastaba la diferencia entre la adolescencia final con la inicial y la que advertía la diferencia en lo referente a los sexos masculino y femenino, en relación al proyecto de vida y sus correspondientes dimensiones.

Recomendaciones

Se recomendaría realizar un estudio de mayor alcance, ampliando la muestra de sujetos para poder confirmar de manera generalizada las conclusiones abordadas.

En relación a los instrumentos utilizados, se deberían ampliar, teniendo en cuenta diversas escalas en lo referente a la temática abordada, para que los resultados sean ampliamente certeros y así realizar una teoría con sustento teórico y práctico extendido, en la que se considere diferenciar, en la actualidad, las distintas etapas que conforman la adolescencia; incluyendo el desarrollo de vínculos familiares, educacionales y sociales, comportamientos, actividad psíquica y biológica.

Con respecto a la escala que se administró, que se encuentra en proceso de validez y confiabilidad, se percibió que los sujetos de 12 y 13 años no lograban comprender algunos términos e ítems que la conforman, lo que pudo traer consecuencias negativas en los resultados finales de la investigación.

Las recomendaciones, a las que se hicieron referencia anteriormente, podrían ser de utilidad en los ámbitos tanto de salud psicológica como de la enseñanza. Resulta importante destacar que la diferenciación certera de las etapas de la adolescencia constituye una guía tanto en la psicología clínica de adolescentes como en la logoterapia, ya que en ambas se abordan temáticas ligadas directamente con el proyecto de vida y la adolescencia. Asimismo, sería de interés ver cómo relacionar estos resultados con los procesos educativos.  

En cuanto a la sociedad, en la actualidad, los padres y adultos mayores presentan preocupaciones por el futuro de los adolescentes, en los que se observa -en líneas generales- la desmotivación y la falta de compromiso con respecto al proyecto de vida y a la toma de decisiones, referidas inclusive a las actividades académicas y laborales.

A modo de conclusión, en el estudio desarrollado se pudo observar y ejemplificar que se deberían actualizar los rangos de edades de las distintas etapas que componen a la adolescencia. De esta forma, se podría contribuir tanto socialmente como en los ámbitos de la salud y de la educación para adecuar las distintas prácticas a las nuevas necesidades de los niños y jóvenes de la sociedad de comienzos de siglo. 

Conclusiones

Después de haber puesto a prueba las hipótesis planteadas y de analizar los datos recogidos tras la aplicación del instrumento de indagación y con los resultados que surgieron de dicha comparación se llegó a la conclusión de que no se han encontrado diferencias estadísticamente significativas con respecto a las dimensiones Propósito, Coherencia, Elección/Responsabilidad y Búsqueda de Objetivos según etapa de la Adolescencia Inicial y Adolescencia Final. No obstante, se observó que en el grupo de adolescentes de la franja etaria de 12 a 13 años se encontraba incrementada la dimensión Vacío Existencial, que se caracteriza por la incertidumbre frente al proyecto de vida. Llama la atención las diferencias encontradas entre un grupo y otro que pueden deberse a la influencia del proyecto educativo de la institución en la que se encontraban cursando. Los adolescentes menores se muestran más preocupados y comprometidos con la definición de su proyecto vital… siendo más pequeños.

En cuanto a la referencia al género -femenino y masculino-, en relación a las dimensiones que componen el Proyecto de Vida, no se observaron discrepancias demostrativas, sin embargo, se observó una mínima divergencia con respecto a la variable Búsqueda de Objetivos, ya que en los hombres se expuso un índice superior que en las mujeres.

A modo de conclusión final, se recomienda acrecentar los instrumentos evaluatorios y la muestra en cuestión obteniendo respuestas ampliatorias a las hipótesis planteadas. Un foco significativo a considerar es la actualización y diferenciación de los rangos de edades de las distintas etapas que componen a la adolescencia.

Estas consideraciones, aunque se encuentran en su etapa inicial, podrían colaborar en la respuesta al cuestionamiento de

“… si son nuevos esos estudiantes o si, por el contrario, no hay diferencias sustanciales entre los actuales y los que les precedieron en un pasado no muy lejano” (Rinaudo & Trillo, 2015, p. 12);

es decir, y posicionándose en la respuesta que, estos posibles cambios en las etapas de la adolescencia influyen -al igual que otros cambios en la sociedad- en los nuevos comportamientos que se constatan a diario; la práctica docente debería encontrar respuestas y, a partir de estas respuestas adaptar la práctica cotidiana de los profesores -universitarios y del nivel medio- para contribuir en el desarrollo de las capacidades propias para llevar adelante un proyecto de vida.

Cambios, que colaboran en el desarrollo de estudiantes con características diferentes y propias quienes transitan las instituciones educativas de comienzos del siglo XXI. Realidad que pone de manifiesto las necesidades de adaptación de estas instituciones y de sus prácticas pedagógicas, que deben adaptarse para acompañarlos en el desarrollo de su proyecto vital.


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