Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Campesinado

Diego Domínguez[1]

Campesinado es una categoría social que se reactualiza históricamente, producto de los debates sobre su definición, pero, sobre todo, como resultado de su propia recreación en diferentes épocas, vinculada a diferentes clasificaciones: rústicos, habitantes del campo, pequeños productores familiares, unidades domésticas rurales, economía agropecuaria mercantil simple, pobres rurales, minifundistas, entre otras. Actualmente las discusiones y definiciones más destacadas sobre el campesinado lo asocian tanto a un sujeto político, que produce territorios de vida y enuncia derechos individuales y colectivos, como a un sujeto social en función de aspectos sustantivos. Por un lado, el campesinado se expresa en la realización de un conjunto de campos de experimentación social: agroecología, justicia ambiental, reforma agraria integral y soberanía alimentaria. Por otro lado, el campesinado es comprendido como el arte de coevolucionar con la naturaleza (y una base de recursos bióticos autocontrolados), para la producción de bienes y servicios agropecuarios en condiciones de dependencia y autonomía de los mercados, con el objetivo de garantizar, vía el autoabastecimiento o el intercambio, la reproducción social de la unidad familiar, arraigada a un escenario comunitario, integrado en forma subordinada a sistemas socio-económicos, tecnológicos y políticos más generales.

Genealogía

Alcanzar una definición de campesinado y establecer su rol histórico han sido ejes de intensos debates académicos y políticos, al menos desde la segunda mitad del siglo XIX. Actualmente el campesinado continúa siendo una incomodidad para la episteme moderna, los intereses económicos y las políticas de Estado (la clase incómoda). Por un lado, esto se debe a que el campesinado no es una categoría social homogénea, por el otro, sucede que la posición de sujeto campesino es una autoafirmación que se regenera en escenarios de desigualdad y resistencia. Lo campesino ha estado en discusión desde la transición al capitalismo hasta la actual configuración agraria regida por los agronegocios.

Las grandes revoluciones modernas han tenido a los campesinos como indudables protagonistas: la francesa, mexicana, rusa, china, cubana, vietnamita, entre otras (Barrington Moore, 2002). Las políticas de modernización agraria han tenido al campesinado como destinatario, ya sea mediante reformas redistributivas de tierras o en base a innovaciones tecnológicas como la revolución verde (Teubal, 2013; Kay, 2001). El actual control de los sistemas agrarios y alimentarios por parte del capital financiero global tiene al campesinado como principal contraste. El trabajo de Sevilla Guzmán y González de Molina (2004) reconoce tres grandes momentos para ordenar las contribuciones y controversias en torno al campesinado: a) la antigua tradición de los estudios campesinos (desde fines del siglo XIX e inicio del siglo XX); b) la nueva tradición de los estudios campesinos (desde la posguerra a mitad del siglo XX); y c) el campesinado en la agroecología (a partir de las dos últimas décadas del siglo XX).

A partir de este ordenamiento, es posible destacar algunas de las polémicas que tuvieron mayores consecuencias políticas. En este contexto, pueden mencionarse los antiguos debates entre referentes del Materialismo Histórico y del Populismo ruso o de la Escuela de Agronomía Social (Chayanov, 1974): por un lado, sobre la condición del campesinado como clase (en sí o para sí) o como una fracción de clase (pequeña burguesía, semi-proletariado, entre otras); por el otro, sobre su carácter capitalista o no; y, finalmente, sobre el rol revolucionario de la comuna campesina como vía al socialismo. Esta cuestión sería luego señalada por Mariátegui para el caso de las comunidades campesinas indígenas de América Latina (Alimonda, 2011; Aricó, 1995; Shanin, 1979). Estas tradiciones también problematizaron la superioridad de la gran explotación capitalista frente a las unidades campesinas, en un contexto de permanencia, e incluso aumento, de las pequeñas explotaciones, particularmente en los casos de Norteamérica, Rusia, Francia, entre otros (Giarracca, 1999; Kaustsky, 2002 [1890]).

Otro eje de discusión pasó por la diferenciación económica propuesta por Lenin, versus la diferenciación demográfica de Chayanov, para explicar la presencia de campesinos pobres, medios y ricos. La primera tesis argumentaba que se trata de un indicador de la inexorable transición del campesinado hacia su definitiva disolución (descampesinización) en alguna de las dos clases fundamentales del capitalismo: proletariado o burguesía (Lenin, 1975 [1899]; Llambi, 1988). En la segunda, en cambio, se abogaba por explicar la variación a partir de la evolución de la composición interna de la familia, marcando la importancia de la proporción de familiares que trabajan y no trabajan en un momento determinado (Chayanov, 1974).

Luego de la Segunda Guerra Mundial, se expandieron las políticas de apoyo a los agricultores, promoviendo nuevos debates sobre la funcionalidad o integración subordinada (inclusión desigual) del campesinado en las estructuras capitalistas y los complejos agroindustriales (Vergopoulos, 1975; Servolin, 1975). Otras discusiones de este periodo, pero más centradas en países del sur global, giraron en torno a si se trataba de un grupo remanente de estructuras sociales precapitalistas (como la feudal) o que rechazaba la modernización (sociedades tradicionales); o bien, si se trataba de un sujeto subalterno portador de una racionalidad que rechazaba las tecnologías no apropiadas.

Al mismo tiempo, se discutía si era un modo de producción subsumido por la lógica del capital; o más bien de una sociedad parcial portadora de una cultura parcial que se iba descomponiendo paulatinamente con su integración a las sociedades nacionales (Sevilla Guzmán y González de Molina, 2004). En la década de 1970, seguía sin ser evidente la desaparición del campesinado y la capacidad del capital para sustituirlo. Por el contrario, su persistencia ponía en jaque la tesis sobre su irremediable descomposición, y se reavivó, de forma emblemática en México, el debate entre campesinistas-descampesinistas (Concheiro, 2022; Otero, 2004). En vez de agotarse, los debates se reactualizaban en los nuevos escenarios históricos. La posición de clase del campesinado volvió a estar en cuestión y su baja clasicidad, se esgrimía para establecer su incapacidad de defender sus propios intereses, debiendo siempre ser representado por otros (Shanin, 1979; Hobsbawn, 1976).

Más recientemente se destacan aquellos análisis que señalan el giro neoliberal (desde 1980-1990) en las estructuras agrarias y agroalimentarias. Desde un inicio estos cambios activaron acalorados debates, con argumentos y contraargumentos, con eje en las continuidades y rupturas en la ruralidad y, en particular, sobre las mutaciones que afectaban al campesinado en los países de América Latina (Kay, 2009; Bengoa, 2003; Abramovay, 1999). Los debates también se sintieron en el ámbito de las políticas de intervención gubernamental y no gubernamental de la década de 1990. Por un lado, las posiciones que reactualizaban la modernización agraria y planteaban la existencia de una nueva ruralidad se enmarcaban de forma celebratoria en el enfoque del Desarrollo Territorial Rural (DTR). Por el otro, aquellas que reconocían la ocurrencia de una nueva cuestión agraria con el inicio de un nuevo ciclo de disputas por la configuración y control de los sistemas agroalimentarios y agroecológicos, abogaban por una perspectiva crítica sensible a los procesos de Territorialización-Desterritorialización-Reterritorialización (TDR) (Fernandes, 2004; Schejtman y Berdegué, 2004; Bartra, 1999; Toledo, 1988).

A medida que el giro neoliberal fue reconfigurando los mundos agrarios y rurales, fue ganando consenso una clave de análisis que advertía sobre la pura exclusión que el modelo estaba instalando (Hocsman, 2014; Giarracca y Teubal, 2008). Una exclusión que se expresaba en el desanclaje e incompatibilización del campesinado frente a las configuraciones dominantes, pero que, sin embargo, lo hacía en un contexto de recreación política de los movimientos campesinos. Un activismo signado por procesos de reetnización de las comunidades, reivindicación de una territorialidad disidente y de un paradigma tecnológico alternativo como la agroecología (Rosset, 2016; Giarracca y Palmisano, 2013; Domínguez, 2009; Sevilla Guzmán y González de Molina, 2005). 

En este contexto, desde los estudios campesinos, se ha reconocido un intenso ascenso de la acción política campesina en las últimas décadas. Cabe destacar, en este caso, que es una tesis sostenida por autores clásicos como Shanin (2008), que combinan una caracterización del sujeto como modo de vida campesino y como clase campesina. Esta aproximación no redunda en posiciones esencialistas o abstractas sobre el ser campesino, sino que lo hace desde un enfoque relacional con respecto al cambio social, al capitalismo, al Estado, etc. Por un lado, se reconoce la variabilidad en el tiempo y espacio de los modos campesinos de existencia, y por otro, se aborda la acción política en términos de su contingencia frente a las clases dominantes en diferentes momentos históricos. 

La re-existencia socioeconómica del campesinado (Porto-Goncalves, 2006), su activismo político y las medidas estatales y multilaterales de reparación histórica (ONU, 2018) son procesos que estimulan actualmente nuevos acercamientos teóricos. La cuestión campesina reaparece en campos teórico-prácticos emergentes como la ecología política (Martínez Alier, 1992), el ecofeminismo (Svampa, 2015), el pluralismo jurídico (Barbetta, 2009), o la agroecología (Altieri y Toledo, 2011). Referentes teóricos de suma relevancia, como Martínez Alier (1992), han reconocido en el populismo ruso de corte campesinista (el denominado narodniki) su inspiración para postular un concepto actualmente clave como el de ecologismo popular. La singularidad actual del campesinado también ha sido asociada con un tipo de relación con la naturaleza y los agroecosistemas a distancia del paradigma industrial (Sevilla Guzmán, 2008).

A su vez, en otra clave de análisis, que destaca la vitalidad política de este sujeto histórico, se ha emparentado al campesinado con las protestas ambientales, en función de su intrínseca defensa de la sustentabilidad de los recursos naturales de los cuales depende para su reproducción, o bien con los conflictos eco-territoriales, frente al neo-extractivismo y los patrones contemporáneos de acumulación por desposesión y la sobre-mercantilización de la naturaleza (Svampa, 2011; Soto Fernández et al., 2007; Leff, 2006). Cabe mencionar también el retorno de la tradición chayanoviana, con autores que retoman la antigua definición sobre la lógica campesina como equilibrio entre la fatiga del trabajo y la producción de bienes y servicios, para continuar pensando la condición campesina como balance entre grados de dependencia o de autonomía, entendida como grados de mercantilización o grados de campesinidad, con el objetivo de alcanzar el bienestar de la unidad doméstica (Van der Ploeg, 2016). 

Otra propuesta de agrupar los debates, en términos generales, ha sido en dos paradigmas: el primero, el del fin del campesinado, apelando a su extinción o metamorfosis, y el segundo, el del fin del fin del campesinado, desde la consideración de su capacidad de resistencia o recreación (Martins de Carvalho, 2005; Mendras, 1967). En el primer caso el problema agrario es el propio campesinado (desde la mirada del capitalismo agrario), mientras que para el segundo paradigma el problema es el capital, desde la mirada de la cuestión agraria (Fernandes, 2004). 

En particular para el caso de las trayectorias de estos debates en la Argentina, se ha señalado que las controversias sobre el campesinado no han conformado una tradición fuerte, incluso que se trataría de un debate ausente (Hocsman, 2014; Bidaseca, 2005; Giarracca, 1990). El perfil tempranamente agroexportador de Argentina sesgó el desarrollo agrario, pero también contribuyó a naturalizar una mirada descampesinista del país. En efecto, la producción de conocimiento sobre el campesinado, y por ende las políticas estatales que a partir de él se elaboraron, fueron cimentadas epistemológicamente desde la producción de ausencias (Santos, 2000). Esta mirada monocultural sobre el campesinado está consustanciada con la separación entre lo agrario (espacio eminentemente productivo) y lo rural (espacio de vida fuera de las ciudades), y a su vez, sitúa al sujeto en el lugar de la improductividad, del atraso, de la ignorancia y de la inviabilidad, conformando un enfoque de la carencia. Esta noción, a su vez, integra a la tierra, al capital y al acceso a mercados y se expresa en la construcción de las categorías con las cuales se lo nombra: pequeño productor, minifundista, pobre rural (Domínguez et al., 2012).

Aun en este contexto, se pueden recuperar peculiaridades del caso argentino. Un aporte es el análisis de la emergencia de un campesinado sin tierra en la zona núcleo agraria, a partir de la entrega de tierras en arriendo a las masas de inmigrantes por parte de los terratenientes capitalistas, durante la llamada Revolución de las Pampas (Flichman, 1977). Se trataba de un campesinado que era resultado de la mundialización de la economía argentina a finales del siglo XIX en su articulación a los mercados globales como proveedora de granos, y no de la liberación de los siervos feudales (Barbetta y Domínguez, 2023). Otra contribución del caso permitió, en su momento, alrededor de la década de 1970, distinguir al campesinado (como reproducción simple) de los productores familiares capitalizados o farmers (con base en el trabajo familiar, pero con cierto grado de acumulación de capital), fueran chacareros (región pampeana) o colonos (regiones extrapampeanas) (Archetti y Stolen, 1975; Bartolomé, 1975).

Esta distinción entre sujetos agrarios conllevaría a su vez una diferenciación de las demandas específicas en el espacio público. Mientras el campesinado reclamaba distribución de la tierra, por su parte, los productores de cultivos industriales (algodón, yerba mate, té, tabaco y tung) demandaban precios, crédito y comercialización (Archetti, 1988). En efecto, de la caracterización del sujeto socioeconómico se derivaba la caracterización del sujeto político, al igual que sucedía en el debate reseñado entre campesinistas-descampesinistas para el caso mexicano (Otero, 2004). Esta tesis estuvo subyacente en la emblemática discusión sobre la condición revolucionaria o reformista de las Ligas Agrarias y Campesinas del noreste argentino (NEA), de la década de 1970. Si para Ferrara (1973), pionero en el estudio de estas experiencias, las Ligas debían ser entendidas como parte del activismo revolucionario de un campesinado latinoamericano, en contrapunto, otros autores como Bartolomé (1982) definían en retrospectiva esta acción colectiva como movimiento populista agrario, liderado por colonos propietarios de tierras que exigían libertades capitalistas (Barbetta y Domínguez, 2016; Rozé, 1992; Lasa, 1987; Archetti, 1988).

Ya en el siglo XXI la creciente reemergencia del activismo campesino en distintas regiones del país, sobre todo en el noreste y en el noroeste, obligó a revisiones académicas e incluso traccionó un conjunto de políticas públicas orientadas al acompañamiento financiero, legal y técnico de las agriculturas familiares, incluyendo la creación de organismos públicos (REAF, FONAF, SAFCI, INAFCI, IPAF-INTA) y la sanción de la Ley 27.118 de “Reparación Histórica de la Agricultura Familiar para la Construcción de una Nueva Ruralidad en la Argentina”. La contracara de esto fue la subsunción conceptual de lo campesino en una figura más amplia, de modo que aquello que la teoría social había delimitado en categorías como campesino y farmer, quedó nuevamente unido bajo la noción de agricultura familiar (Domínguez et al., 2012).

Finalmente, en los albores del siglo XXI, la cuestión campesina adquirió nueva vigencia debido sobre todo a dos procesos: a) la reemergencia del movimiento campesino en diferentes partes del mundo, así como en la escala global con la alianza internacional de la Vía Campesina; y b) la intensificación de la conflictividad territorial y socioambiental en las zonas rurales de diferentes regiones del mundo.

Esta rehabilitación de la cuestión campesina se presentó asociada con: a) una agenda política multiescalar que plantea reforma agraria integral, soberanía alimentaria y justicia ambiental; b) una interfase epistémica entre saberes ancestrales y conocimiento científico ligada a sistemas agronómicos alternativos o regenerativos como la agroecología, la producción orgánica, la agricultura biodinámica, etc.; c) las formas comunitarias de acceso y uso de la tierra o la gestión común de los bienes naturales; d) la democratización de los mundos rurales y los sistemas agroalimentarios; e) la creación de mecanismos de gobernanza local y global para el ordenamiento territorial y el tratamiento del cambio climático; f) el ecofeminismo y el feminismo campesino con su cuestionamiento a las relaciones patriarcales presentes en los mundos rurales, y las denuncias de las violencias contra las mujeres en escenarios de capitalismo corporativo; g) entre otras cuestiones (Rosset y Martínez-Torres, 2013; Domínguez et al., 2012; Shiva, 2010; Domínguez, 2009; Shanin, 2008). En síntesis, la autoafirmación política del campesinado ha impulsado paulatinamente procesos de descolonización de las narrativas sobre su definición.

Perspectivas

En este contexto, es posible preguntarse si la mirada moderna occidental, que históricamente se ha proyectado sobre el campesinado, en casos como el argentino, lo sigue haciendo sobre el hábitat rural a partir de los patrones urbanos, antropocéntricos y coloniales que lo han estereotipado como espacio carente de urbanización, reducido a la situación de la vivienda y al acceso o no a los servicios de infraestructura y de equipamiento social (Vanoli, 2022; Garay, 2019; Velázquez, 2007). O si, por el contrario, la deconstrucción de ciertas formas hegemónicas de significación, aplicadas al campesinado, también está operando sobre la conceptualización del hábitat rural en el país.

Como se mencionó en referencia al campesinado y a la nueva cuestión agraria, la incorporación de dimensiones analíticas en clave del giro decolonial y ecológico-feminista pueden nutrir las reflexiones sobre el hábitat y el campesinado. En efecto, actualmente los análisis sobre el hábitat rural campesino ponen en debate las políticas públicas, los modelos de desarrollo, así como las prácticas de las comunidades, en escenarios conflictivos de despojo territorial y degradación ambiental, por caso los producidos por el denominado neoextractivismo (agronegocios, megaminería, explotación de hidrocarburos, megaobras o deforestación).

Resultado de este ejercicio han surgido investigaciones que, por un lado, destacan la especificidad del hábitat rural campesino y, por otra, logran aportes teórico-prácticos significativos. Una particularidad de la producción social del hábitat rural campesino es que se desenvuelve en contextos de intensa presión territorial, proveniente de los modelos de desarrollo, pero a la vez, porque se da en el marco de la reorganización del arraigo comunitario y de la afirmación de derechos al espacio local.

Por otra parte, se amplían horizontes analíticos sobre diferentes escalas del hábitat campesino: territorio, entorno y vivienda, o bien sobre el reconocimiento de nuevos y contradictorios dinamismos en el medio rural, tal como: a) nuevas actividades no agrarias fuera de la parcela; b) feminización del trabajo rural; c) desdibujamiento de las delimitaciones urbano-rural; d) emergencia de sujetos neorurales o nuevos comunes; e) la aplicación de herramientas conceptuales potentes como la del cuerpo-territorio en entornos rurales; f) el uso de tecnologías sociales que puedan conformar herramientas de planificación/acción en los territorios de vida (Cejas y Martínez Coenda, 2023; Vanoli et al., 2022; Pereyra y Escobar, 2022; Lobos, 2021; Garay, 2019; Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo [CMCTF], 2017).

En tal sentido, siguiendo la propuesta de Cejas y Martínez Coenda (2023), para comprender el hábitat rural campesino es necesario romper con la perspectiva de la modernidad occidental (capitalista patriarcal), que esencializa y dicotomiza en clave urbano/rural, atraso/progreso, tradicional/moderno, sociedad/naturaleza, etc. De este modo, se lograría, entre otras cuestiones, desnaturalizar la asociación entre erradicación de la pobreza rural y modernización del campesinado, desfragmentar las concepciones y regulaciones sobre el hábitat campesino y en todo caso, rescatar las capacidades de autonomía y sustentabilidad presentes en este tipo de espacios (Garay y Domínguez, 2026). En este contexto, el hábitat rural campesino puede entenderse como resultado de formas de re-existencia múltiples y dinámicas, así como de campos de experimentación social en escenarios altamente críticos. 

Entradas relacionadas

Comunidad; Doméstico; Resistencia; Saberes locales ancestrales; Territorio.

Referencias

Abramovay, R. (1999). Agricultura familiar e desenvolvimento territorial. Revista da Associação Brasileira de Reforma Agrária, (28), 1-21.

Alimonda, H. (2011). La colonialidad de la naturaleza. Una aproximación a la Ecología Política Latinoamericana. En Alimonda, H. (Comp.). La colonización de la naturaleza. (pp. 21-66). Colección Grupos de Trabajo CLACSO.

Altieri, M. y Toledo, V. (2011). The agroecological revolution of Latin America: Rescuing nature, securing food sovereignity and empowering peasants (P. Alarcón-Chaires, Trad.). The Journal of Peasant Studies, 38(3), 587-612.

Archetti, E. y Stolen K. (1975). Explotación familiar y acumulación de capital en el campo argentino. Siglo XXI.

Archetti, E. (1988). Ideología y organización sindical: las Ligas Agrarias del norte de Santa Fe. Desarrollo Económico, 28(111), 447-461. Instituto de Desarrollo Económico y Social. http://www.jstor.org/stable/3466956

Aricó, J. M. (1995). El populismo ruso. Estudios, (5), 32-52.

Barbetta, P. y Domínguez, D. (2023). Tierra y democracia: el campesinado como contribución a la emancipación social. Revista de la Carrera de Sociología, (13), 238-286.

Barbetta, P. y Domínguez, D. (2016). Derecho a la tierra y activismo rural en Argentina: de las Ligas Agrarias a los movimientos campesinos. Alternativa (6), 1-23.

Barbetta, P. (2009). En los bordes de lo jurídico. Luchas por la tenencia legal de la tierra en Santiago del Estero [Tesis doctoral, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires].

Bartolomé, L. (1975). Colonos, plantadores y agroindustrias. La explotación agrícola familiar en el sudeste de Misiones. Desarrollo Económico, (58), 25-56.

Bartolomé, L. (1982). Base social e ideología en las movilizaciones agraristas en Misiones entre 1971 y 1975. Desarrollo Económico 22(85),

Bartra, A. (1999). De viejas y nuevas reformas agrarias. Hacia una cartografía del cambio rural para el fin del milenio. Cuaderno Agrarios Nueva Época, 17-18, 210.

Bengoa, J. (2003). 25 años de Estudios Rurales. Sociologías, 5(10), 36-98.

Bidaseca, K. (2005). Colonos insurgentes. Discursos heréticos y acción colectiva por el derecho a la tierra. Argentina 1900-2000 [Tesis Doctoral, Universidad de Buenos Aires].

Cejas, N. y Martínez Coenda, V. (2023) Intervenciones en el hábitat campesino: una lectura crítica desde la perspectiva de tecnología social decolonial. RISCO, (21), 115-126.

Chayanov, A. (1974). La organización de la unidad económica campesina. Nueva Visión.

Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo [CMCTF] (2017). Mapeando el cuerpo-territorio. Guía metodológica para mujeres que defienden sus territorios, Quito, Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo. https://territorioyfeminismos.org/wp-content/uploads/2017/11/mapeando-el-cuerpo-territorio.pdf

Concheiro, L. (2022). Descampesinistas contra campesinistas: una polémica marxista en torno al campesinado mexicano. Revista Inflecciones, (10), 36-83.

Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales. Resolución adoptada por el Consejo de Derechos Humanos. [Organización de las Naciones Unidas]. 28 de septiembre de 2018. https://digitallibrary.un.org/record/1650694/files/A_HRC_RES_39_12-ES.pdf

Domínguez, D., Barbetta, P. y Sabatino, P. (2012). La ausencia campesina en la Argentina como producción científica y enfoque de intervención. Mundo Agrario, 13(25), 1-18.

Garay, A. y Domínguez, D. (2026). La autoconstrucción como disputa por la reapropiación social de la naturaleza. Vivienda y Comunidades Sustentables. (19), 9-29. https://doi.org/10.32870/rvcs.v0i19.325

Fernandes, B. M. (2004). Questão Agrária: conflitualidade e desenvolvimento territorial. En Colecao Documentos Antigos (pp. 1-57). Biblioteca Digital – Ministerio da Gestao e da Innovacao em Servicos Publicos. http://bibliotecadigital.gestao.gov.br/handle/123456789/564

Flichman, G. (1977). La renta del suelo y el desarrollo agrario argentino. Siglo XXI.

Garay, A. (2019). Configuración del hábitat rural y condiciones de vida. Modelo conceptual para un abordaje relacional. Revista Estudios del Hábitat, 17(1).

Giarracca, N. y Palmisano, T. (2013). Tres lógicas de producción de alimentos: ¿Hay alternativas al agronegocio? En N. Giarracca y M. Teubal (coord.), Actividades extractivas en expansión. ¿Reprimarización de la economía argentina? (pp. 159-171). Antropofagia.

Giarracca, N. y Teubal, M. (2008). Del desarrollo agroindustrial a la expansión del `agronegocio´: el caso argentino. En: Mançano Fernandes, B. (Coord.) Campesinado y Agronegocios en América Latina. (pp. 113-133). CLACSO-ASDI.

Giarracca, N. (1990). El campesinado en la Argentina: un debate tardío. Realidad Económica, (94), 55-65.

Giarracca, N. (1999). Las ciencias sociales y los estudios rurales en la Argentina durante el siglo XX. En Giarracca, N. (Coord.) Estudios Rurales. Teorías, problemas y estrategias metodológicas (pp. 7-25). Editorial La Colmena.

Hobsbawm, E. (1976). Los campesinos y la política. Anagrama.

Hocsman, L. D. (2014). Horizonte para la producción campesina y agricultura familiar en el modelo agro-alimentario hegemónico mundial. Visión desde el Cono Sur. En Hidalgo F, Francisco, Houtart, François y Lizárraga A Pilar (eds.). La agricultura campesina en Latinoamérica: Propuestas y Desafíos. (pp. 273-295). Editorial IAEN.

Kautsky, K. (2002 [1890]). La cuestión agraria. Siglo XXI Editores.

Kay, C. y Pineda, M. (1998). ¿El fin de la reforma agraria en América Latina? El legado de la reforma agraria y el asunto no resuelto de la tierra. Revista Mexicana de Sociología, 60(4), 63-98.

Kay, C. (2001). Los paradigmas del desarrollo rural en América Latina. En García Pascual, F. (Comp). El mundo rural en la era de la globalización: incertidumbres y potencialidades (pp. 337–429). Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España.

Kay, C. (2009). Estudios rurales en América Latina en el periodo de globalización neoliberal: ¿una nueva ruralidad? Revista Mexicana de Sociología, 71(4), 607-645. 

Lasa, C. (1987). Un proceso de mediación política: Movimiento Rural y las Ligas Agrarias Chaqueñas. Sociedad y Religión (7), 1-12.

Leff, E. (2006). La ecología política en América Latina. Un campo en Construcción. En Alimonda, H. (Comp.): Los tormentos de la materia. Aportes para una ecología política latinoamericana (pp. 21-40). CLACSO.

Lenin, V. I. (1975 [1899]). El desarrollo del capitalismo en Rusia. En Obras Completas de V I Lenin. (pp. e043). Ayuso.

Llambí, L. (1988). La moderna finca familiar. Fondo Editorial Acta Científica Venezolana.

Lobos, F. (2021). Agua-cuerpo-territorio. Las cicatrices y reexistencias de las mujeres rurales en el Maule Sur precordillerano de Chile. Ecología Política, (61), 112-116.

Marx, K. (2000 [1869]). El dieciocho brumario de Luis Bonaparte. Siglo Veintidós editora.

Martínez Alier, J. (1992). De la economía ecológica al ecologismo popular. ICARIA.

Martins de Carvalho, H. (2005). O Campesinato no Século XXI. Petrópolis, Editora Vozes. https://onu-habitat.org/index.php/plan-estrategico-2020-2023.

Medras, H. (1967). La fin des paysans. SEDEIS.

Barrington Moore, Jr. (2002). Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia. Ediciones Península.

Otero, G. (2004) ¿Adiós al campesinado? Democracia y formación política de las clases en el México rural. Universidad Autónoma de Zacatecas, Simon Fraser University y Miguel Ángel Porrúa.

Pereyra, H. y Escobar, V. (2022). Cuerpos, territorios y resistencias junto a mujeres rurales en Santiago del Estero, Argentina. Estudios Avanzados, 36, 1-16.

Porto-Goncalves, C.W. (2006). A Reinvenção dos Territórios: a experiencia latino-americana e caribenha. En Ceceña, A.E. (org.). Los desafíos de las emancipaciones en un contexto militarizado. (pp. 151-197). Clacso.

Rosset, P. (2016). La reforma agraria, la tierra y el territorio: evolución del pensamiento de La Vía Campesina. Revista Mundo Agrario 17(35), 1-21. http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar/article/view/MAe021

Rosset, P. y Martínez-Torres, M. E. (2011). La Vía Campesina y Agroecología. En Rosset, P. y Martínez-Torres, M. E. La Vía Campesina y Agroecología. En El Libro abierto de la Vía Campesina: celebrando 20 años de luchas y esperanza. (pp. 1-23). Edición La Vía Campesina.

Rozé, J. P. (1992). Conflictos agrarios en la Argentina: El proceso liguista. Centro Editor de América Latina.

Schejtman, A. y Berdegué, J. (2004). Desarrollo territorial rural. RIMISP.

Servolin, C. (1975). La absorción de la agricultura en el modo de producción capitalista. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España.

Sevilla Guzmán, E. (2008). De la Sociología Rural a la Agroecología: la revalorización del conocimiento local como constante. Entrevista en Revista (Con)textos, 2. http://www.con-textos.net

Sevilla Guzmán, E. y González de Molina, M. (2004). Sobre la evolución del concepto de campesinado en el pensamiento socialista. Un aporte para la Vía Campesina. [Archivo PDF]. http://www.pronaf.gov.br/dater/arquivos/evolucion_del_concepto_de_campesinado.pdf

Shanin, T. (1979). Campesinos y sociedades campesinas. Edición Fondo Económico de Cultura. 

Shanin, T. (2008). Lições camponesas. En E. Paulino y J. E. Fabrini (Org.) Campesinato e territorio em disputa (pp. 23-48). Expressão Popular.

Shiva, V. (2010). (26 de noviembre de 2010). Ecofeminismo, Derechos de la Naturaleza, Suma Kawsay. [Conferencia]. Seminario sobre los derechos de la naturaleza. FLACSO. Quito, Ecuador.

Sili, M.; Guibert, M. y Bustos Cara, R. (2015). Atlas de la Argentina Rural. Capital Intelectual. 

Soto Fernández, D., Herrera González de Molina, A., González de Molina, M. y Ortega Santos, A. (2007). La protesta campesina como protesta ambiental, siglos XVIII-XX. Historia Agraria (42), 277-302. 

Svampa, M. (2011). Modelos de desarrollo, cuestión ambiental y giro eco-territorial. En Alimonda, H. (Coord.) La naturaleza colonizada. (pp. 181-218). Colección Grupos de Trabajo – CLACSO. 

Svampa, M. (2015). Feminismos del sur y ecofeminismo. Nueva Sociedad, (256), 127-131.

Toledo, V. M. (1988). La sociedad rural, los campesinos y la cuestión ecológica. En: J. Zepeda (Ed). Las Sociedades Rurales (pp. 273-285). El Colegio de Michoacán.

Vanoli, F. N., Sesma, M. I., Mandrini, M. R., Cejas, N. V., Bocco, R. M., Rionda, P. y Rosalía, P. (2022). Hábitat Rural Campesino: catálogo de espacialidades. AVE.

Vanoli, F. N. (2022). Arquitectura rural. El hábitat campesino como patrimonio vigente. Revista de Sociología (34), 55-68.

Van Der Ploeg, J. D. (2016). El Campesinado y el arte de la agricultura. ICARIA.

Velázquez, G. (2007). Hábitat y condiciones de vida en la Argentina. Población & Sociedad. (14/15), 177-226.

Vergopoulos, K. (1975). Capitalismo disforme: el caso de la agricultura en el capitalismo. En Samir Amin y Kostas Vergopoulos, La cuestión campesina y el capitalismo. (pp. 46-79). Nuestro Tiempo.


  1. Instituto de Investigaciones Gino Germani, UBA – CONICET.
    didominguez1@yahoo.com.


Deja un comentario