Paula Ayelén Sánchez Marengo[1] y Daiana Andrea Geremia[2]
Resistencia es una categoría relacional que en su definición canónica remite a la acción, efecto o capacidad de oposición o rechazo frente a lo que se percibe como una imposición o dominio. Su origen proviene del latín y refiere a estar en pie, tomar posición y mantenerse en ella. En las Ciencias Sociales, alude mayormente a los enfoques centrados en los modos de comprender las acciones sociales contrarias a la dominación y el poder. Este proceso de diferenciación, a su vez, permite comprenderla como una manera de autoafirmar una identidad o diversas concepciones de los mismos actores que resisten. Las distintas respuestas que han dado autores desde corrientes y contextos diversos giran en torno al interrogante acerca de qué hacen los grupos sociales ante lo que se considera o vive como dominación, ya sea de forma colectiva o individual.
Genealogía
El primer sentido, más instalado, supone comprender la resistencia como reacción o respuesta a aquello que se pretende imponer desde las órbitas de un determinado orden dominante. Otras miradas cuestionan ese carácter eminentemente reactivo y ponen el foco en los haceres de grupos humanos que, además de oponerse, llevan adelante otras prácticas. De este modo, la tensión entre la atribución de pasividad y la capacidad de agencia, ya sea de los colectivos o los individuos en resistencia, constituye otro de los puntos centrales que atraviesan el debate. En las características de las resistencias pueden encontrarse indicios de los ejercicios del poder frente al que accionan; a su vez, se reconoce su impacto sobre dichas formas de dominio, cada vez que éste se ve llevado a reformular sus mecanismos para continuar vigentes —a menudo capturando elementos críticos de las resistencias— en un proceso cíclico (Klein, 2015).
En el espectro de las resistencias, la identificación identitaria entre quienes accionan puede variar. En el ámbito del hábitat rural, las disputas contemporáneas son asociadas a identidades en resistencia, como el campesinado y los pueblos originarios, frente a la avanzada de los distintos proyectos extractivistas que amenazan los territorios. De forma concomitante, emergen resistencias nucleadas en torno a movimientos socioambientales, en los que muchas veces no existe una autoadscripción identitaria mayoritaria; por el contrario, lo que une a la diversidad de actores que confluyen es precisamente la afectación a aquello a lo que se oponen y proponen frenar (Merlinsky, 2013).
En las distintas propuestas del pensamiento crítico contemporáneo que se interrogan por estos procesos, abrevan tanto clásicas como contemporáneas. Al reflexionar sobre la resistencia, las preguntas en torno al poder y la hegemonía constituyen puntos de partida ineludibles. De esta forma, la relación antagónica entre poder y resistencia analizada por Foucault (2002), con la complejidad que introduce su perspectiva acerca de la interiorización del poder en las subjetividades, o la dialéctica entre hegemonía y contrahegemonía de Gramsci (2023), representan enfoques centrales del siglo XX que atraviesan a muchos de los debates posteriores. Asimismo, las movilizaciones y revueltas sociales acontecidas hasta la década de 1970 suscitaron teorías de la acción colectiva en torno a lo que se denominó en su momento como movimientos sociales, con causas y actores emergentes que trascendían el conflicto capital-trabajo.
La pregunta por la resistencia fue y es entonces una preocupación transversal a las corrientes marxistas (en sus vertientes neo y posmarxistas), posestructuralistas, decoloniales y poscoloniales, entre otras, desarrolladas a lo largo y ancho del mundo. A sabiendas de la amplitud temática que supone y de la imposibilidad de detenerse aquí en cada una, interesa reparar en cierto giro que tuvo lugar en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI. La pregunta se amplió y abarcó ya no sólo, o no centralmente, a la dimensión macro, sino también lo micro: aquellas expresiones de resistencia no necesariamente declaradas en el espacio público. Scott (1990), politólogo y antropólogo preocupado por el poder, la organización de sociedades no estatales y las resistencias, rastrea en la historia de pueblos subordinados en distintos regímenes políticos, las prácticas subrepticias que, mediante lo que denomina infrapolítica y discurso oculto, horadan la dominación, aunque no siempre llegue a expresarse públicamente. Así, lo que una mirada superficial por ejemplo de los regímenes esclavistas podría concebir como subordinación y quebrantamiento de las autonomías de las subjetividades, es cuestionado en este enfoque, al poner el acento en el lado activo y resistente de los colectivos oprimidos.
Por su parte, De Certeau (1979), desde su teoría de las prácticas cotidianas, repara en diversas maneras de hacer de los individuos, en términos de tácticas comprendiéndolas como micro-resistencias y poniendo de relieve las fisuras de la dominación y sus estrategias. Desde el posmarxismo, Negri y Hardt (2000) se interrogan por la multiplicación y fragmentación de las resistencias colectivas, expresadas en diversidad de ámbitos, productivos y reproductivos, encontrando en el concepto de multitud, de Virno (2003), un marco para comprender el posfordismo.
Así como el poder es comprendido como una relación social (sensu Foucault, 2002), vemos cómo en estos enfoques se desarrollan distintas versiones de la dinámica acción-reacción, acción-defensa. Como sostiene el filósofo marxista Bensaïd (2001), tanto la negación como la afirmación coexisten en cualquier expresión de resistencia social. Así, la negativa a ceder o rendirse frente a una dominación posible o de hecho, la conservación de lo existente o la pretensión de retorno a un origen, contiene también un componente de movilización al cambio, a la acción, que es propio del contenido de las reivindicaciones.
En esta dirección, Porto Gonçalves (2022), desde la geografía crítica brasileña, propone una reformulación al clásico concepto, proponiendo el de r-existencias. Con él busca poner de relieve precisamente la facticidad de diversos modos de existencia desplegados por los pueblos y sus culturas en el mundo. Muchos de éstos se han visto llevados a resistir frente a la imposición de la cultura capitalista-occidental y su pretensión de universalidad, que niega lo que el autor comprende como pluriversidad. Una de sus críticas apunta a que los enfoques centrados en el colonialismo y el imperialismo han priorizado tanto el análisis de la dominación que, muchas veces, han dejado de lado u opacado la capacidad activa de los pueblos. Asimismo, han invisibilizado su existencia anterior y concomitante a los procesos de dominación. Recuperar esa dimensión supone entonces un elemento central para restituir al concepto de resistencia su potencial de recuperación y transformación.
En este sentido, en las sociedades contemporáneas del Sur Global, la noción de resistencia desde sus múltiples acepciones es frecuentemente trabajada ya que resulta fértil para reflexionar en torno a las distintas expresiones de rechazo al avance del capital sobre cada vez más esferas de la vida y los consecuentes procesos de mercantilización, explotación y despojo. Por un lado, refiere a las numerosas respuestas organizadas ante decisiones políticas y proyectos económicos que lxs afectados evalúan negativamente porque avasallan sus territorios y modos de vida. Por el otro, alude también al cotidiano despliegue de la vida en el capitalismo, en intersticios en los que se expresan las tensiones respecto a las innumerables expresiones de desigualdad. Se trata de una multiplicidad de expresiones que pueden ser colectivas o individuales, organizadas o espontáneas, conflictos declarados públicamente o desenvueltos desapercibidamente en el cotidiano.
Este asedio del capitalismo sobre los territorios está lejos de ser novedoso. El proceso de acumulación originaria caracterizado por Marx (2004), con el cercamiento de tierras como pilar fundante de sus orígenes, no ha cesado en su reproducción y profundización. Desde la ecología política, este proceso se comprende como una forma específica de organizar la naturaleza (sensu Jason Moore, 2015) en pos de la explotación y acumulación del capital, en la que el metabolismo social ha sido quebrado en sus flujos e interpuestas mediaciones forzosas (Gutiérrez Aguilar, 2017). Así, la organización del espacio en torno a grandes urbes y la subordinación del extenso territorio denominado como rural suponen procesos de desterritorialización y reterritorialización que impactan sobre modos de vida preexistentes.
Perspectivas
Son entonces numerosas las resistencias acontecidas en las últimas décadas, tanto en el ámbito rural como urbano. Este binomio ha suscitado sendos análisis dados los sesgos e imposiciones que supone. Situándonos en la ruralidad argentina contemporánea, es posible mencionar tanto aquellas resistencias colectivas visibles en el espacio público como aquellas cotidianas y más desapercibidas, pero persistentes (Vanoli et al., 2022). Entre las expresiones que han cobrado notoriedad desde fines del siglo XX en Argentina y la región, se encuentran los ya mencionados movimientos socioambientales, los pueblos originarios y las comunidades campesinas y campesino-indígenas, que actúan en defensa de los bienes comunes en respuesta a dicho avasallamiento. Recuperando el doble carácter del término, es necesario reparar en los otros modos de ser y estar en los territorios, que estas acciones contienen y expresan. En los reclamos socio-ambientales de los últimos años, el rechazo al agronegocio está siendo acompañado por su contraparte propositiva: otros modelos productivos, tales como la agroecología y el trabajo comunitario.
En el caso de las comunidades originarias y campesinas, la pluralidad de sus luchas excede los marcos de este escrito. Pero cabe señalar que las características de los enunciados que defienden —otros modos de relacionarse y producir en y con la tierra, de acuerdo con culturas y cosmovisiones preexistentes a las imposiciones a las que se enfrentan—, se reafirman en el mismo acto de denuncia, tal como lo ha venido expresando en las últimas décadas el Movimiento Nacional Campesino Indígena de Argentina.
Un elemento decisivo de estos reclamos es la repercusión pública y la posibilidad de alcanzar nuevas escalas de influencia, y de esta manera pasar a ser parte de las cuestiones políticas. Las comunidades tienden a acudir a prácticas artísticas para aumentar su visibilidad, nutriendo nuevos modos de defender la vida y recrear lazos (Merlinsly y Serafini, 2020). El arte es un vehículo para la creación de narrativas, así como para la creación y el mantenimiento de identidades colectivas. Se identifican expresiones como murales colectivos, festivales, la minga de trabajo, las cartografías sociales y la comunicación desde perspectivas pedagógicas.
En relación con las resistencias cotidianas, se encuentran las prácticas efectivamente desarrolladas en los territorios rurales y campesinos que persisten en sus cosmovisiones y saberes frente a los reiterados esfuerzos de la matriz civilizatoria occidental por nominarlas como parte de un supuesto atraso, opuesto al pretendido progreso. Así, los saberes en torno a otros modos de producción de la tierra, de habitar y sostener la vida, se enfrentan inexorablemente al esquema capitalista mediante saberes situados y locales que hacen frente a los desafíos globales, como la crisis climática y sistémica (Huerta et al., 2024).
Estos haceres cotidianos no están exentos de tensiones, contradicciones e imbricaciones con la configuración capitalista imperante. No obstante, hecha ya esta alerta a los sesgos esencialistas, es de suma importancia para los enfoques contemporáneos de la resistencia reparar en este tipo de prácticas, y no sólo las que se cristalizan en torno a los movimientos y su expresividad en el espacio público. Lo que el discurso dominante impugna y niega, existe y persiste en el cotidiano de las comunidades que disputan y producen sus espacios de vida.
Al decir de Gutiérrez Aguilar (2017), pensadora y activista desde el feminismo comunitario, aquello que se conoce de las resistencias, que se expresa en los tiempos extraordinarios del despliegue de una lucha, se teje en los haceres de los tiempos cotidianos de la reproducción de la vida (Gutiérrez Aguilar, 2017). De esta forma y finalmente, junto a estos enfoques, el desafío es revitalizar y seguir problematizando los antagonismos desde miradas que sean relacionales y mantengan, al mismo tiempo, una vigilancia epistemológica sobre el peligro de los esencialismos y las reificaciones, tanto desde la perspectiva de quienes ejercen el poder como de las resistencias.
Entradas relacionadas
Capitalismo; Despojo; Territorio; Naturaleza; Ambiente.
Referencias
Bensaïd, D. (2001). Resistencias: Ensayos de topología general. Barcelona: El viejo Topo.
De Certeau, M. (1979). La invención de lo cotidiano. El arte de hacer (1ª ed). Tomo I. Universidad Iberoamericana.
Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar. Siglo XXI.
Gramsci, A. (2023). Cuadernos de la cárcel I. Cuadernos 1-5 (1929-1932). Akal.
Hardt, M. y Negri, A. (2000). Imperio. Harvard University Press.
Gutiérrez Aguilar, R. (2017). Horizontes comunitario-populares. Producción de lo común más allá de las políticas Estado-céntricas. Traficantes de sueños.
Huerta, G., Ordoñez, M. y Geremia, D. (2024). Mujeres y cuerpos feminizados frente a la desigualdad energética: experiencias desde el hábitat rural en la Pampa de Pocho (Córdoba, Argentina). Revista de Sociología, (38), 175-202. https://doi.org/10.15381/rsoc.n38.26674
Klein, N. (2015). Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima. Paidós.
Marx, K. (2004). El capital: el proceso de producción del capital. Siglo XXI.
Merlinsky, G. (2013). Cartografías del conflicto ambiental en Argentina. Fundación CICCUS.
Merlinsky, G. y Serafini. P. (2020). Arte y ecología política. CLACSO.
Moore, J. (2015). El capitalismo en la trama de la vida. Traficantes de Sueños.
Porto Gonçalves, W. C. y Hurtado L. M. (2022) Resistir y re-existir. GEOgraphia, 24(53). https://periodicos.uff.br/geographia/article/view/54550
Scott, J. (1990). Los dominados y el arte de la resistencia. Ediciones Era.
Vanoli, F., Sesma, M., Garay, A. y Bocco, R. (2022). Hábitat rural-campesino: tensiones y disputas en la producción del territorio. Café de las Ciudades.
Virno, P. (2003). Gramática de la multitud. Traficantes de Sueños.






