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Erradicación

Ana Garay[1]

Erradicación designa la acción orientada a la eliminación total de un fenómeno considerado indeseable, con la intención de que no vuelva a reproducirse. Históricamente se ha aplicado a programas y políticas públicas (sanitarias, habitacionales, educativas o productivas) que buscaron sacar de raíz enfermedades endémicas, viviendas y escuelas-rancho, pero también, por extensión, las prácticas productivas y culturales asociadas a modos de vida de las comunidades, particularmente en entornos rurales. Aunque su sentido técnico refiere al ámbito sanitario (eliminar por completo una enfermedad o sus causas), el término se ha extendido a procesos sociales más amplios. En este marco, la erradicación no sólo nombra una acción concreta, sino también una racionalidad política que concibe ciertos modos de vida y sus expresiones espaciales como un problema a ser eliminado.

Genealogía

Este término proviene del latín y según la Real Academia Española (RAE) es la acción y efecto de erradicar o arrancar de raíz. Sus sinónimos son eliminar, suprimir, desaparecer, aniquilar, anular, arrancar y/o exterminar. El mismo se implementa particularmente desde una mirada médica, higienista y moderna, con el interés de eliminar ciertas enfermedades transmisibles a lo largo del tiempo, como por ejemplo la viruela, la fiebre amarilla urbana, la malaria, la treponematosis, el tifo epidémico, la tuberculosis y el Chagas-Mazza.

Álvarez Amezquita y Samamé (2014) sostienen que el concepto de erradicación es un fenómeno dinámico que debe tener una proyección geográfica creciente y contigua, pasando por etapas desde áreas locales, a países enteros, continentes y finalmente a la escala global. Estos mismos autores sostienen, a su vez, que en programas de erradicación o se tiene éxito o se falla, por lo tanto, la calidad del trabajo debe ser perfecta para lograr su objetivo: eliminar completamente los casos que tengan estas enfermedades y la cadena de transmisión totalmente suprimida. También sostienen que las operaciones sólo terminan cuando no se presentan más muestras, con la reserva de establecer sistemas de vigilancia adecuados que impidan la reintroducción de la enfermedad.

En el marco de esta visión, en Argentina, a principios de siglo XX, se fueron estudiando enfermedades como el paludismo y principalmente el Chagas-Mazza, enfermedad endémica de América, producida por un parásito llamado Trypanosoma cruzi e identificada en Brasil en 1909. Respecto a esta última, Rolón et al. (2016) sostienen que las primeras acciones efectivas que se implementaron consistieron en controlar las poblaciones de vinchucas presentes en el sector del domicilio y peridomicilio. Este control se efectivizó a partir de la década de 1940, mediante la aplicación de insecticidas específicos durante las campañas de fumigación sistemáticas que hasta el día de hoy persisten. Otras acciones fueron eliminar los nichos donde se podría alojar la vinchuca (huecos, grietas, entre otras), así como registrar las viviendas populares de cada provincia (Garay y Di Lullo, 1969; Gutiérrez Colombres, 1948; Mendióroz, 1942). Desde un principio, los estudios han asociado a esta enfermedad con la existencia de la vivienda rancho (Rolón et al., 2016), la cual es característica en el hábitat rural. A partir de eso, se ha asociado a esta tipología la deficiencia, la carencia, lo indigno, lo atrasado, lo precario y las malas condiciones de vida. Esto no solo pone en cuestionamiento su materialidad, sino su lógica y vínculos, por lo que la estigmatización no se ha limitado a la vivienda en sí, sino a los modos de vida y de habitar la ruralidad.

Para que una idea sea configurada como verdad debe estar ligada circularmente a los sistemas de poder que la producen y la mantienen (Foucault, 1979, como se citó en Sesma et al., 2019) y, requiere de un redireccionamiento de las relaciones afectivas y el orden de las sensibilidades de los pobladores rurales entre sí, y con respecto a sus espacios de reproducción (Giraldo, 2018). A partir de la constitución de esta verdad, el Estado implementó políticas públicas para la erradicación de estas enfermedades endémicas, no solo a través de la construcción de viviendas nuevas, sino a partir de la implementación del discurso higienista, de progreso y civilizatorio.

Las instituciones estatales se encargaron de difundir estas ideas. En 1915, Argentina creó la Comisión Nacional de Casas Baratas que fue el organismo que realizó los relevamientos y catálogos de la vivienda popular en nuestro país y accionó desde la idea de construir vivienda barata, higiénica y propia (Comisión de Casas Baratas, 1934). La materialidad de las propuestas estatales, particularmente en lo que respecta a políticas de vivienda y construcción de instituciones del Estado, se alejó de las construcciones locales y se realizó con materiales como el cemento que, al permitir una mayor ligazón, compactación y regularidad en los planos como paredes y techos, evita la proliferación de grietas y el alojamiento de la vinchuca en las mismas (Garay, 2018).

Por otro lado, los centros de salud sostuvieron esta idea y, en la actualidad, hacen valoraciones diferenciales en sus censos sobre los materiales que tienen las paredes en las viviendas, a partir de las siguientes categorías: material, adobe, cartón, madera y otros, sugiriendo una valoración óptima a la solución denominada de material y desvalorizando las construcciones con adobe, cartón, madera y otros. Entonces, el adobe aparece entre las opciones no materiales, precarias o deficitarias (Garay, 2018).

La educación no se quedó atrás. En Argentina, en 1884, luego de la implementación de la ley de educación 1420 de enseñanza primaria obligatoria, gratuita y laica, esta dimensión pasó a ser un instrumento legal para la nacionalización de la sociedad argentina en transformación, en crisis de identidad (Villoria, 2007). En este sentido, esta autora afirma que “la educación pasó a ser integrante de las planificaciones estatales sobre el desarrollo económico, crecimiento social, desenvolvimiento de las esferas cultural y social” (Villoria, 2007, p. 63-64), y fue tal como la salud con el higienismo una gobernanza de los pueblos en función de una idea de civilización. La escuela,

es el elemento que sirve al Estado para transmitir creencias y valores que legitiman al derecho y el orden socioeconómico establecido, los saberes necesarios para que sus ciudadanos se incorporen al mundo del trabajo y para crear las condiciones básicas para el desarrollo y progreso social a través de la producción de nuevos saberes (Villoria, 2007, p. 64).

En este sentido, la intención de eliminar la diversidad y las alternativas en la configuración del espacio rural no solo se limitó a la erradicación de las escuelas rancho (Cejas, 2024), sino que también se dictaron los mismos contenidos que en los ámbitos urbanos y, a pesar de que muchas de estas tienen en la actualidad orientaciones agrotécnicas, no se consideró la formación concreta de la educación rural, incorporando contenidos y propuestas que respondan a una ecología de saberes, revaloricen las prácticas culturales propias mediante el conocimiento, la visibilización de las fortalezas de las mismas e integren dimensiones de salud y ambiente.

Así, el Estado y el mercado imponen sus formas y sentidos (Cejas, 2024). Según Garay y Domínguez (2026), la desarticulación de las lógicas de estas comunidades y el deseo de erradicarlas, se realiza a través de diferentes modalidades: a) la regulación estatal (procedimientos excluyentes) a partir de la implementación de políticas públicas de erradicación de ranchos y de la ausencia de normativas nacionales que regulen y fomenten los modos de vida y de habitar de las comunidades, principalmente respecto a las construcciones vernáculas; b) la estigmatización social (impugnación epistémica) relacionada con la carencia, espontaneidad o anomia (sin reglas), descalificándolo a partir de un discurso higienista moderno (Mendióroz, 1942); c) el cercamiento de mercado (disponibilidad de materiales desde el mercado y la factoría industrial) cuando los territorios alcanzan ciertos patrones que destacan potencialidad para los intereses del mercado, el capital avanza sobre los mismos, restringiendo el acceso y explotando los recursos del monte con los que subsisten y construyen su hábitat las comunidades, y, a su vez, los materiales que antes se encontraban en la naturaleza (madera, tierra, fibras, entre otros) son reemplazados por materiales industriales del mercado.

Sin embargo, existen diversos estudios que han demostrado las ventajas de la construcción con tierra (Belanko, 2020; Krapovickas y Garay, 2017; Krapovickas et al., 2017; Rolón et al., 2016; Di Lullo y Garay, 1969) y, a su vez, se desarrollaron modificaciones en las técnicas para el mejoramiento de estas mediante el uso del suelo cemento (Tomasi y Bellmann, 2018; Mas et al., 2016; Mas et al., 2011).

Perspectivas

El concepto de erradicación es relevante para comprender dinámicas y tensiones, históricas y actuales, en el hábitat rural porque, tal como afirma Cejas (2024), a través de este el Estado y el mercado imponen sus formas y sentidos. La misma autora sostiene que, a través de los programas de erradicación de escuelas y viviendas rancho, y su consecuente reemplazo edilicio, se despliega un discurso espacial que moldea la percepción de otros espacios, proponiendo un contrapunto entre las arquitecturas vernáculas y las arquitecturas denominadas modernas (Cejas, 2024). Detrás del cuestionamiento a los sistemas de autoconstrucción existe un ideal de progreso moderno que impacta en los modos de vida y de habitar de las comunidades, despojándolas de sus saberes, prácticas y silenciando las memorias.

Si bien el discurso higienista con respecto al rancho era válido, en tanto disminuyeron los porcentajes de personas con enfermedad de Chagas-Mazza en los ámbitos rurales, el enfoque apuntó exclusivamente al rancho, con el objetivo de erradicar un modo de vida y de habitar, un modo de ver el mundo que buscó modernizar sin incluir a las comunidades existentes en estos territorios. El modelo de vivienda que promueven estos programas de erradicación de ranchos no responde a las condiciones climáticas de estas zonas y no reconoce las características de las familias rurales. Incluso promueven, en algunos casos, la fragmentación entre la vivienda y la parcela productiva y, en otros, la desvinculación total del trabajo campesino ya que brinda soluciones de vivienda en hábitats agrupados, en terrenos de 10 x 30 metros. A su vez, no tiene en cuenta la conformación de cada grupo familiar, por lo que, en los casos en que este no responde al modelo de familia tipo (4 personas), tampoco se resuelve la problemática del hacinamiento.

Todo esto impulsa, a la vez, procesos de migración en busca de condiciones de vida y de habitar impuestos desde un discurso hegemónico. El discurso de invalidación y de atraso hacia estos modos de vida genera nuevas necesidades en la población, la cual tiene en cuenta un ideal de progreso devenido en la pérdida de costumbres propias de la población como las construcciones de adobe y las prácticas agrícolas y ganaderas. Aquí radica la acumulación del capital, en la separación de los cuerpos humanos y de los medios de vida. Así la noción de erradicación interviene sobre el orden de los afectos y los patrones sintientes con respecto a sus espacios de vida (Giraldo, 2018). Se produce una heteronomización de la producción del espacio, sostenida por la dependencia del mercado (en cuanto a materiales, insumos, entre otros elementos), los saberes expertos, las reglamentaciones estatales, entre otras. (Garay y Domínguez, 2026). Es decir que lo que se pone en crisis es la posibilidad de los individuos y comunidades de ser autónomos en la producción de su espacialidad.

A través de este concepto, el Estado, el mercado y el conocimiento científico han jugado un rol determinante en la subalternización de estas prácticas, en la producción monocultural del hábitat en general y de la construcción de viviendas en particular. Es por esto que, al analizar la lógica del término erradicación, se pueden comprender las resistencias que sostienen diferentes poblaciones locales por la reivindicación de sus formas de producción del hábitat, la construcción de procesos de autonomía y de defensa de sus territorios y modos de vida.

Entradas relacionadas

Despojo; Políticas públicas; Vivienda; Vernáculo; Salud.

Referencias

Álvarez Amézquita, J. y Samamé, G. (11 de noviembre de 2014). La filosofía y la doctrina del concepto de erradicación. Salud Pública Mex. https://saludpublica.mx/index.php/spm/article/view/3996

Belanko, J. (2020). La casa de barro. Técnica: quincha en bastidores ensamblados. Talleres trama.

Cejas, N. (2024). Erradicación de escuelas y viviendas rancho: Producción del espacio como pedagogía colonial. Estudios rurales, 14(29), 1-17. https://doi.org/10.48160/22504001er29.513

Comisión Nacional de Casas Baratas (1934). La habitación popular. Boletín oficial. https://tinyurl.com/2dnawe8r

Di Lullo, O. y Garay, L. (1969). La vivienda popular de Santiago del Estero. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán.

Garay, A. y Domínguez, D. (2026). La autoconstrucción como disputa por la reapropiación social de la naturaleza. Vivienda y comunidades sustentables, (19), 9-29. https://10.32870/rvcs.v0i19.325

Garay, A. (2018). Hábitat rural y condiciones de vida en Tucumán. [Tesis de doctorado, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán].

Giraldo, O. (2018). El gobierno de los afectos. En Giraldo, O. Ecología política de la agricultura. Agroecología y posdesarrollo (pp. 103-121). El Colegio de la Frontera Sur.

Gutiérrez Colombres, B. (1948). La vivienda popular en Tucumán. El rancho criollo y sus accesorios. Ediciones Norte Argentino.

Krapovickas, J. y Garay, A. (2017). Una aproximación descriptiva a la desigualdad socio-territorial en ámbitos rurales del Noroeste argentino en la primera década del siglo XXI. Estudios Geográficos, 78(283), 605-632

Krapovickas, J., Mikkelsen, C. y Garay, A. (2017). Lo rural fragmentado. Evidencias en el Noroeste Argentino y en la Región Pampeana. En P. Paolasso, F. Longhi y G. Velázquez, Desigualdades y fragmentación territorial en la Argentina durante la primera década del siglo XXI (pp. 73-112). Imago Mundi.

Mas, J. M., Kirschbaum, C. F. y Obando, J. (2016). Vivienda sustentable para un área rural de la provincia de Tucumán. J. D. Czajkowski, A. F. Gómez, M. G. García Santa Cruz, B. T. Czajkowski, M. de la P. Duilio, G. Reus Netto, D. Basualdo, R. Nieto Jiménez, M. J. García Santa Cruz, P. Camporeale y R. Berardi (Org.) Acta del I Encuentro Nacional sobre Ciudad, Arquitectura y Construcción (pp. 167-178). Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de La Plata. http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/59344

Mas, J. M., Kirschbaum, C. F. y Tonello, G. L. (2011). Vivienda rural en suelo-cemento: investigación, transferencia y autoconstrucción. En F. J. Sandoval y J. L. Sáinz Guerra (Coords.) Construcción con tierra. Tecnología y Arquitectura. Congresos de arquitectura de tierra en Cuenca de Campos 2010/2011 (pp. 351-366). Universidad de Valladolid.

Mendióroz, C. (1942). Tucumán y su vivienda rural. En Comisión Nacional de Casas Baratas, La habitación popular. Órgano oficial de la Comisión Nacional de Casas Baratas. Año VIII N° 30 -31 (pp. 9-40). Talleres gráficos Tomás Palumbo.

Rolón. G., Olivarez, J., Dorado, P. y Varela Freire, G. (2016). Las construcciones del espacio domiciliar y peridomiciliar rural como factores de riesgo de la enfermedad de Chagas. Construcción con tierra, (7), 57-68.

Sesma, M. I., Mandrini, M. R., Cejas, N., Quevedo, C. y Huerta, M. G. (2019). La erradicación del rancho como silenciamiento de memorias constructivas subalternas. En M. B. Espoz Dalmasso, C. Quevedo, L. Salcedo Okuma y E. Villagra (Comp.) Memorias y patrimonios: relatos oficiales y disputas subalternas (pp. 231-260). Gráfica del Sur.

Tomasi, J. y Bellmann, L. (2018). Adobe. En: S. Prados (Coord.) Bioarquitectura: diseño y construcción con tierra (pp. 18-27). Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, Universidad Nacional de Córdoba.

Villoria, E. de los A. (2007). Dilemas de la Educación rural. La Educación como parámetro de calidad de vida en las comunidades rurales. Breves Contribuciones del I.E.G., (19), 59-102.


  1. Instituto de Estudios para el Desarrollo Social, FHCSyS, UNSE-CONICET. la_garay@hotmail.com.


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