Magalí Luciana Paz[1]
Doméstico deriva de la palabra latina domus que significa casa, y comprende el espacio de producción de bienes para la subsistencia, pero, como se fundamentará aquí, es al mismo tiempo el espacio de la reproducción social. A la par, se reconoce que household (grupo doméstico) difiere de la noción de familia, por cuanto el primero contempla la inclusión de miembros no familiares, sin obliterar el consumo, la residencia y el proceso de producción en común. Ahora bien, por estas razones, el ámbito doméstico ha sido asociado históricamente a una característica de naturaleza que refuerza la posición subordinada de las mujeres encerradas en los roles de la reproducción y el hogar, mientras el resto de la vida social es apropiado por los hombres.
Genealogía
Para comprender el significado de esta categoría de análisis, se debe tomar en cuenta (y alejarse) de la definición neoclásica de economía, que estudia al comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos, donde el cálculo marginal es visto como la única solución (la óptima) para la toma de decisiones racionales del agente económico (Trinchero, 1998).
Desde la Sociología y la Antropología (principalmente) de mediados del siglo pasado, los pioneros trabajos de Malinowski (1972 [1922]), Mauss (1971 [1925]), Polanyi (1976) y Godelier (1976), intentaron explicar teórica y metodológicamente qué implicaba estudiar las economías que operaban sobre bases totalmente distintas a las de la economía occidental moderna.
Con dicho acervo teórico, se pueden identificar las características de las unidades domésticas campesinas, a saber: se trata de explotaciones en pequeña escala, diversificadas, con bajo nivel tecnológico, uso preponderante del trabajo familiar y que cuentan con la posesión de los medios de producción. Los componentes más importantes del ingreso total derivan de la producción agro-pastoril, y constituyen “un sistema de relaciones sociales que basado en el principio de residencia común regula y garantiza el proceso productivo” (Archetti y Stölen, 1975, p. 51). La producción, en este ámbito, adquiere una importancia fundamental en tanto genera los ingresos necesarios para la supervivencia de sus integrantes. Igualmente, de acuerdo con la caracterización de Chayanov (1974 [1925]), la unidad económica del campesinado puede entenderse como:
toda familia [en sentido amplio] que no contrata fuerza de trabajo exterior, que tiene una cierta extensión de tierra disponible, sus propios medios de producción y que a veces se ve obligada a emplear parte de su fuerza de trabajo en oficios rurales no agrícolas (p. 44).
De acuerdo con este pensador ruso, la economía campesina no se basa en el mismo tipo de cálculo que la empresa capitalista, sino que se orienta hacia las necesidades de consumo de la unidad doméstica. La idea de auto-explotación sostiene que el trabajo doméstico campesino se desarrolla de acuerdo a una lógica de producción que se transforma en inmediato consumo: por un lado, se debe tomar en cuenta el tamaño de la familia y la relación que existe entre los que trabajan y los que no trabajan en su seno; del otro, la combinación entre estos recursos y los medios de producción (tierra, herramientas), mediada por la propia intensidad del trabajo, es decir, “el grado de auto-explotación de la fuerza de trabajo familiar, la dimensión subjetiva” (Chayanov, 1974 [1925], p. 8).
En efecto, el trabajo campesino persigue la satisfacción de sus necesidades y el principal objeto de las operaciones y transacciones económicas es la subsistencia, no la obtención de la tasa normal de ganancia. Sin embargo, no se puede desconocer que la economía campesina es una economía mercantil: está continuamente involucrada en operaciones de compra y venta en el mercado, claro que en el circuito simple de mercancías que tiene como fin la satisfacción de necesidades (Balazote et al. 1992; Paz et al., 2021).
Lo anterior implica problematizar y comprender que gran parte de los sectores productivos domésticos están subsumidos en el capitalismo y, por consiguiente, son una parte integrante de su dinámica global de dominación. Es el mercado el que garantiza su reproducción social y los circuitos de acumulación de capital son los que condicionan su dinámica (Bartra, 1982; McC. Netting et al., 1984; Trinchero et al., 1992).
Conviene preguntarse entonces: ¿Cuáles son los múltiples mecanismos de transferencia de valor que se dan entre la esfera de la economía doméstica y la esfera capitalista? Estos constituyen una simbiosis dialéctica, en la que el capitalismo, al tiempo que degrada la economía doméstica, la necesita y la preserva. El análisis central que realiza Meillassoux (1977) sostiene que en la fase expansionista del capital lo que se encuentra es una efectiva explotación de la comunidad doméstica por parte del imperialismo, donde existen dos formas de transferencia de la fuerza de trabajo: el éxodo rural y las migraciones temporarias.
El primero se trata de aquellos enormes movimientos de población que marcan el inicio y desarrollo del capitalismo industrial (la acumulación originaria planteada por Marx (2001), pero este movimiento no ha cesado a partir de entonces, y por ello se debe referir al fenómeno del eterno retorno al país natal, es decir, a las migraciones temporarias. La comunidad doméstica puede ser mejor explotada por medio de su preservación que mediante su destrucción: además de la subsistencia del trabajador es necesario agregar a su remuneración el equivalente de la falta de producción que resulta de su ausencia durante el período productivo. En tales condiciones, la explotación del trabajo realiza la transferencia del sector doméstico al sector capitalista (claro que proporcionalmente a la edad del migrante y a la duración del empleo en cada sector): “cuando un trabajador está comprometido simultáneamente en la agricultura de subsistencia y en un trabajo remunerado del sector capitalista, produce a la vez una renta en trabajo y una plusvalía” (p. 170).
Estas distinciones le permiten a Meillassoux (1977) explicar los múltiples mecanismos de transferencia de valor del trabajo al capital que suceden por fuera de las relaciones salariales y del pago del salario directo (este último se calcula por las horas de trabajo realizado y permite la extracción de plusvalía). Cuando no están presentes estas instituciones del capitalismo integrado, es a partir del trabajo en la esfera doméstica y de variados mecanismos que incluyen tanto las migraciones temporarias como la venta de sus productos en el mercado que suceden a otros mecanismos de transferencia de valor. El autor los denomina renta en trabajo, y corresponde al costo de la reproducción que es cubierto por el trabajo de las mujeres y la comunidad.
Ahora bien, tal como lo plantea Sahlins (1988), retomando la teoría institucionalista de Polanyi: “el dinero es para los occidentales, lo que el parentesco para el resto de los mortales” (p. 213), esbozando así la existencia, por medio de las funciones propias de la política, de las relaciones de reciprocidad y redistribución en las unidades domésticas, ambas características asumen un rol central, especialmente en el ámbito rural.
En este sentido, se deben mencionar algunas situaciones. Primero, que, junto a la participación forzada en el mercado, las unidades domésticas campesinas tienen otros gastos culturales o socialmente necesarios, originados en las redes de sociabilidad, en las fiestas y celebraciones religiosas o en la generosidad hacia aquellos parientes y amigos que colaboran con el trabajo en los momentos claves del calendario productivo. Estos gastos constituyen un aumento en el umbral de su participación en el mercado y están ligados a los momentos propicios para el derroche como bautismos y comuniones, fiestas patronales, durante la carneada de algún animal, y también en el verano, cuando recolectan los frutos. Durante todos esos momentos, que generalmente son colectivos, se refuerzan los lazos comunitarios y de reciprocidad entre los grupos. Así, la juntura inequitativa entre el mercado y el campesinado no está completamente sujeta a los ritmos de la demanda de los centros urbanos, sino también a la estructura global de las estrategias de reproducción de los grupos domésticos (Paz, 2019).
Segundo, y vinculado a lo anterior, no se puede hablar de una participación mercantil inducida únicamente por mecanismos coactivos ni, por consiguiente, de un comportamiento reacio al mercado o a la idea de ganancia por parte de estos grupos (Platt, 1987). Por el contrario, los mismos se adaptan rápidamente a nuevas alternativas de comercialización (tal la noción de Comercio Justo que encarna a nivel internacional la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo CLOC, y en nuestro país el Movimiento Nacional Campesino e Indígena). De esta manera, en el caso de las unidades domésticas rurales, la demanda y los ritmos del mercado tienen una gran incidencia en la organización del calendario productivo, cuestión que se observa en el tiempo dedicado a las distintas actividades y en el nivel de auto-explotación del trabajo de sus miembros. Bien visto este movimiento, se puede afirmar que sus prácticas no responden únicamente a las demandas puntuales de los intermediarios. Por el contrario, muchas veces son realizadas con independencia de éstos en lo que se puede interpretar como ritos concretos en la utilización del tiempo, coordinados con otras actividades como las extractivas del monte (que permiten la venta directa a los consumidores en base a criterios propios) e integrados en el conjunto más amplio de estrategias reproductivas como intercambios de productos y artesanías al interior de las comunas y parajes rurales.
Perspectivas
Con todo, el ámbito doméstico se identifica fácilmente en muchos contextos porque existen en él necesidades fisiológicas y una organización para el consumo. Empero a lo largo de los años, resulta evidente que la diferencia biológica objetiva entre hombre y mujer aporta una serie completa de atributos morales que no tienen relación directa con la biología y se deben cuestionar los modos en que su articulación reproduce una situación de desigualdad. Más que utilizar la oposición entre las esferas doméstica y pública para explicar la posición subordinada de la mujer, es necesario explicar cómo las mujeres quedan encerradas en los roles domésticos, mientras el resto de la vida social es apropiado por los hombres (Harris, 1986).
Por estas razones, es importante estudiar y entender la gran proporción de unidades domésticas encabezadas por las feminidades: en muchos grupos sociales, especialmente en los más pobres y marginados de las formas de poder, de acuerdo a la evidencia, se encargan -junto a los niños- del trabajo productivo casi en su totalidad. Sucede que, como amas de casa, las mujeres son trabajadoras invisibles y, al ser responsables en su mayor parte de las tareas adicionales de cuidado que no conllevan un rédito económico, aumentan aún más su carga normal de trabajo doméstico y reproductivo (Jelin, 1984; Narotzky, 2013). El punto en cuestión aquí es, nuevamente, que la reproducción debe ser incluida en la estructura de la producción (Scaglia, 2021).
En esta dirección, D’Argemir (2019) plantea que el reconocimiento del papel de la familia en los cuidados y la implicación de las mujeres en ellos se ha asumido como algo dado en tanto que, por su papel en la reproducción de la vida se atribuye a las mujeres determinadas capacidades y habilidades para cuidar y esto contribuye a que estén fuertemente naturalizadas. En virtud de ello, resulta fundamental comprender el lugar de los cuidados y el trabajo reproductivo en las economías domésticas, tanto rurales como urbanas, y su aporte al régimen de acumulación capitalista (Federici, 2013).
En pocas palabras, y siguiendo a Scaglia (2020), el debate respecto de si es posible considerar el trabajo doméstico como producción gira en torno de la posibilidad de generar valor, en tanto que produce fuerza de trabajo que es una mercancía, pero dado que se trata de producción de bienes y servicios para el consumo personal y de los miembros del hogar puede ser pensado como consumo y no como producción. A la vez, como en general son actividades que se realizan sin remuneración, al no existir la forma salario no sería posible pensar la extracción de plusvalor. Para el enfoque productivo, ese plusvalor se realiza juntamente con la plusvalía extraída al trabajador cuando vende su fuerza de trabajo, es decir, que este enfoque extiende y amplía la concepción marxista de la teoría del valor. Mezzadri (2019) reafirma que el trabajo reproductivo es productor de valor ya que está incrustado en procesos de extracción de excedentes. Va a ampliar entonces el análisis del trabajo reproductivo a los ámbitos de la economía informal. Esta autora enfatiza la naturaleza productora de valor del no asalariado, y considera esta afirmación indispensable para poder formular políticas de inclusión (Scaglia, 2020).
Finalmente, y a la par, es necesario considerar que en algunos espacios la territorialización del capital en la etapa neoliberal, lejos de promover la pluralización, ha devenido en una híper-especialización de las economías locales. Ejemplo de ello serían el extractivismo en todas sus formas, el agronegocio y el monocultivo, las agroindustrias, las maquiladoras y algunas formas de turismo (Salas Quintanal y González Fuente, 2017). Especialmente en América Latina, esta desterritorialización del capital es impuesta sobre aquellos grupos domésticos que persisten con prácticas de ganadería y cultivo de subsistencia, del acceso irregular a ciclos cortos de mercado, así como de prácticas de recolección e intercambio no mercantilizado que en muchas de las comunidades rurales forman parte central de las economías del hogar.
A su vez, este proceso no sólo comprende a los sectores domésticos rurales sino también a enormes sectores urbanos marginalizados, compuestos por cuentapropistas, sub-ocupados y desocupados crónicos dedicados a actividades domésticas de subsistencia (Antúnez, 2005). En todo caso, es primordial analizar la multiplicidad de prácticas económicas que en la actualidad despliega una misma persona o unidad doméstica para procurar su subsistencia y las formas en que dichas prácticas se integran a las lógicas de acumulación.
Entradas relacionadas
Mujeres rurales; Economía; Campesinado; Migraciones; Resistencia.
Referencias
Antúnez, R. (2005). Los sentidos del trabajo. Ensayo sobre la afirmación y la negación del trabajo. Herramienta. Taller de Estudios Laborales.
Archetti, E. y Stølen, A. (1975). Explotación familiar y acumulación de capital en el campo argentino. Siglo XXI.
Balazote, A. y Radovich, J. C. (1992). El concepto de grupo doméstico en Antropología Económica II (pp. 27-43), Trinchero, Hugo (Comp.) Centro Editor de América Latina.
Bartra Vergés, A. (1982). La Explotación del trabajo campesino por el capital. Macehual.
Comas-D’Argemir, D. (2019). Cuidados y derechos. El avance hacia la democratización de los cuidados. Cuadernos de Antropología Social, (49), 13-29.
Chayanov, A. (1974). La organización de la unidad económica campesina. Nueva Visión.
Federici, S. (2013). Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de sueños.
Godelier, M. (1976): Antropología y Economía. Anagrama. https://ddooss.org/libros/maurice_godelier.pdf
Harris, O. (1986). La unidad doméstica como unidad natural. Nueva Antropología, VIII(30), 200-222.
Jelin, E. (1984). Familia y unidad doméstica: mundo público y vida privada. Centro de Estudios de Estado y Sociedad.
Malinowski, B. (1972 [1922]). Los Argonautas del pacífico occidental. Península.
Marx, K. (2001) La acumulación originaria. En El Capital, crítica a la economía política. Libro I Cap. XXIV. Siglo XXI.
Mauss, M. (1971 [1925]). Sociología y antropología. Segunda Parte. Ensayo sobre los dones. Motivo y forma del cambio en las sociedades primitivas. Tecnos.
Meillassoux, C. (1977). Mujeres, graneros y capitales. Siglo XXI.
Mezzadri, A. (2019). On the value of social reproduction. Informal labour, the majority world and the need for inclusive theories and politics, Radical Philosophy 2, 04. https://www.radicalphilosophy.com/article/on-the-value-of-social-reproduction
Narotzky, S. (2013). Economías cotidianas, economías sociales, economías sustentables, Barcelona: Icaria
Paz, M. (2019). Sobre la multilinearidad de la economía campesina: repertorio de actividades y tensiones, Trabajo y Sociedad, (32), 177-201.
Paz, M., Fleitas, K., Balazote, A. y Valverde, S. (2021). Reconstruyendo la economía doméstica en Argentina: un análisis comparado entre la región centro y la norpatagonia de Argentina, Cuadernos de Antropología, (25), 63-96. https://www.plarci.org/index.php/cuadernos-de-antropologia/article/view/985/1087
Platt, T. (1987). Calendarios tributarios e intervención mercantil. La articulación estacional de los ayllus de Lípez con el mercado minero potosino (siglo XIX). En O. Harris, B. Larson y E. Tandeter (Comps.), La participación indígena en los mercados surandinos. Estrategias y reproducción social. Siglos XVI a XX (pp. 471-557). CERES.
Polanyi, K. (1976). La economía como proceso institucionalizado. En M. Godelier (Comp.) Antropología y Economía (pp. 155-178). Anagrama.
Sahlins, M. (1988). Cultura y razón práctica. Gedisa. https://tinyurl.com/2k9t94s7
Salas Quintanal, H. y González Fuente, I. (2017). Del arado al Smartphone: Consumo, empleo, precariedad en el medio rural, San Gregorio, (18), 1-7.
Scaglia, M. C. (2020). Mujeres, cuidados y capitales. Hacia una economía política del cuidado. En I. Petz, M. C. Scaglia y G. Hindi (Comps.), Antropología Económica, Cap. III, pp. 103-141. Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras-UBA. https://tinyurl.com/5n8cmhna
Trinchero, H. (1998). Antropología Económica. Ficciones y producciones del hombre económico. EUDEBA.
Trinchero, H., Pichinini, D. y Gordillo, G. (1992). Capitalismos y grupos indígenas en el Chaco Centro- occidental (Salta y Formosa), Tomos I y II. Centro Editor de América Latina.
Wilk, R. y McC. Netting, R. (1984). Households: Changing Forms and Functions. En Wilk, R.; McC. Netting, R. y Arnould, E. (comp.) (pp. 1-28): Households: Comparative and Historical Studies of the Domestic Group. University of California Press.
- CONICET – Facultad de Turismo y Ambiente, UPC – Historia, Facultad de Filosofía y Humanidades, UNC. magali.paz@unc.edu.ar.↵






