Gabriela Alejandra Karasik[1]
Migración es un tipo de movilidad territorial que implica un cambio de residencia que excede el espacio de vida habitual y traspasa un límite o frontera geográfica o administrativa, estancia que implica sostenerse como mínimo cierta cantidad de tiempo, que convencionalmente se fija entre seis y doce meses.
Genealogía
Movilidad y migración son términos emparentados práctica y teóricamente. Hasta hace un tiempo se utilizaba como una categoría general, pero la migración es sólo un tipo de movimiento territorial particular dentro de una amplia y variada gama de movimientos territoriales (Lattes, 2007). Entre todas las formas de movilidad, migración refiere solamente a una, diferenciándose de otros desplazamientos, como las prácticas de movilidad productiva de los crianceros patagónicos o los pastores andinos, los traslados hacia ámbitos laborales sin cambio de residencia o los desplazamientos cotidianos dentro del espacio de vida habitual.
Pero la noción de residencia no es unívoca, ya que existe una diversidad de formas (residencias únicas o múltiples, solapamiento o separación de espacios productivos y residenciales, instalaciones en áreas contiguas o no, etc.), muchas de ellas bastante comunes en el sur andino y en otros ámbitos rurales y urbanos. En este sentido, Domenach y Picouet (1990) han incorporado al estudio de la migración el concepto de espacio de vida. Se trata de los lugares donde el individuo realiza sus actividades y con los que se relaciona usualmente, y que han operacionalizado como residencia base o punto de partida (y altas probabilidades de retorno) para los desplazamientos. El tipo de límites o fronteras político-administrativos atravesados permite distinguir migraciones internacionales (entre países) y migraciones internas (entre provincias o distritos administrativos mayores del país), aunque también puede tratarse de distinciones socioecológicas (rural-urbana, entre regiones ecológicas) o de otro tipo.
El interés por la población, su distribución y sus movimientos tiene antecedentes en el pensamiento económico y político que son claramente identificables en la economía clásica y, por supuesto, en la crítica de la economía política de Marx (1859 [1980]). Como señalan Domenech y Gil Araujo (2016), el interés académico por las migraciones en Europa, Estados Unidos de América y América Latina ha tenido derroteros diferenciados. En América Latina, la discusión académica sobre las migraciones se inició con la inmigración transatlántica y muy fuertemente con las investigaciones sobre población y desarrollo.
Las migraciones definitivas del campo a la ciudad concitaron gran interés entre 1950 y 1970, a tono con los procesos políticos y sociales del período. Los debates teóricos y políticos que enfrentaron la teoría de la modernización y el enfoque histórico-estructural tenían visiones enfrentadas sobre el mundo rural y las migraciones, así como implicancias eminentemente políticas. En el primer caso, era central la dicotomía tradicional-moderno y la concepción dual de la economía para explicar las desigualdades sociales, culturales y económicas. Gino Germani (2010), quien estudió ampliamente las migraciones internacionales e internas, consideraba la inmigración europea como el agente modernizador y la migración interna como el polo tradicional que irrumpía en el polo moderno, obstaculizando el progreso industrial y la democracia.
En el segundo caso, la pobreza y la desigualdad se explicaban por las características de la estructura social y la dinámica de la acumulación capitalista (Lattes, 1983). Autores como Marin et al. (1968) relacionaban la presencia de los sectores sociales con inserción marginal, con las características del mercado de trabajo en el capitalismo dependiente y sus dinámicas migratorias. También se fueron desarrollando estudios distanciados del culturalismo germaniano sobre migraciones internas rural-urbanas (Ratier, 1969 [2018]) pero también sobre migraciones temporarias de origen rural a las cosechas, tanto internas como internacionales (Bilbao, 1969; Reboratti y Sabalain, 1983; Bisio y Forni, 1976; Villar, 1975; entre otros).
La publicación de los resultados de un seminario sobre migraciones temporales (Reboratti, 1986) marcó un hito que renovó el estudio de las migraciones, al plantear el debate sobre la migración y la crítica a las tipologías usuales basadas en la dirección y la duración. Se reflexionó sobre procesos migratorios que no eran definitivos ya que se mantenía una densa trama de relaciones sociales, económicas y culturales con el lugar de origen. Se alentó el uso de distintas unidades de análisis y observación, así como la pertinencia de herramientas conceptuales como estrategias de supervivencia, redes sociales y reproducción social para la investigación de las migraciones. Se identificaron pautas migratorias espacial y temporalmente específicas, incluyendo estudios muy inspiradores sobre migraciones entre localidades de Bolivia y Argentina con temporadas de hasta diez años de ausencia sin perder los lazos con el pueblo y el grupo de origen (Reboratti, 1986).
Domenech y Gil Araujo (2016) consideran que los avances en torno a las migraciones temporarias en la década de 1980 fueron habilitadores de la renovación general del campo de estudios migratorios a partir de los ’90. En ese sentido, señalan el desarrollo de la perspectiva transnacional, la crítica al nacionalismo metodológico y la nueva centralidad dada a las redes sociales migratorias, junto con la incorporación del Estado y el género en el análisis de la migración. Es indudable el crecimiento de este campo, así como el desarrollo de conceptos propios y reconceptualizaciones, para dar cuenta (y debatir) en torno a la migración internacional (Grimson, 1999; Herrera Lima, 2000; Jiménez Zunino y Trpin, 2021; Guizardi, 2015).
En las décadas de 1980 y sobre todo de 1990 creció el campo de estudio de las migraciones internacionales al tiempo que se contraía, en términos relativos, el de las migraciones internas. Los estudios sobre estas últimas y la distribución de la población en el territorio nacional tendieron a desarrollarse más dentro de la Demografía y la Geografía, al tiempo que otras disciplinas sociales tendieron a focalizar el interés en los estudios sobre migraciones estacionales en distintos mercados agrarios, en la participación de pobladores de países limítrofes (sobre todo de Bolivia) en algunos de ellos y en la construcción de nuevos territorios productivos, entre otras cuestiones.
En la actualidad, es notorio el menor interés que genera la migración interna en el país en contraste con la singular atención que se presta a la migración internacional, al punto que el término migraciones parece remitir casi automáticamente a migraciones internacionales. Existen excelentes estudios que prestan atención a las migraciones internas en sus investigaciones desde diversas disciplinas, pero no son las temáticas más atendidas en el hábitat rural.
Perspectivas
La exposición o ampliación de algunas cuestiones permiten remarcar la relevancia del estudio de la migración para estudiar, comprender y problematizar el hábitat rural. En los estudios sobre la migración se ha avanzado en la aplicación de ciertas herramientas conceptuales que han demostrado productividad para la investigación de ciertas cuestiones en el hábitat rural.
El concepto de reproducción social, en cuyo marco se pueden considerar las migraciones de las unidades domésticas, resulta una potente herramienta conceptual, al permitir considerar los múltiples niveles y entrecruzamientos de esferas y actividades en esas unidades (De Oliveira y Salles, 2000). Adicionalmente, puede ser una herramienta ordenadora debido a su carácter integrador de diferentes dimensiones de lo real.
La unidad doméstica puede considerarse como una de las instancias mediadoras entre el nivel estructural y la conducta social de los individuos. Las migraciones son parte de las estrategias de reproducción de las unidades domésticas para obtener ingresos, en el marco de la división familiar de trabajo por género y generación en determinados contextos y situaciones de éstas en la ruralidad (Quaranta, 2017). El concepto de estrategias no presupone necesariamente un cálculo racional orientado conscientemente, y puede usarse en tanto sentido práctico, como sugiere Bourdieu (1991), es decir, como acciones adaptadas a ciertos objetivos. No es posible citar los amplios antecedentes de este concepto, aunque sí se remite a su registro en un trabajo pionero en la consideración de las migraciones en el marco de las estrategias de los hogares (Forni et al., 1991).
En cuanto a las llamadas redes sociales, hay una importante tradición de estudio de las redes basadas en el parentesco, la vecindad y el paisanaje, como parte de las estrategias de sobrevivencia de sectores populares rurales y urbanos. Las mismas pueden cumplir un papel en la orientación del flujo migratorio hacia determinados destinos y ocupaciones, la provisión de ayudas instrumentales por parte de parientes y paisanos ya instalados, la inserción en el mercado de trabajo y la constitución de espacios de socialización. Aunque en ocasiones se utiliza este concepto de un modo cosificado, resulta pertinente considerarlas como mediaciones institucionales que articulan, por ejemplo, el acceso a ciertas ocupaciones o ser un elemento en la constitución de nichos de actividad de tipo étnico o de origen. Su potencial para el análisis de la migración de cualquier tipo es indudable, y este concepto y algunos derivados de él han cobrado gran importancia, sobre todo en los estudios de las migraciones internacionales.
Respecto a los estudios de las migraciones estacionales o internas, se observa, desde muy temprano, que el trabajo estacional requerido por la agricultura en la Argentina se apoyó en desplazamientos de población hacia las áreas demandantes de trabajadores estacionalmente. Aunque inicialmente se cubrió con la llegada anual de inmigrantes estacionales europeos, luego comenzaron a ser reemplazados por migrantes internos que concurrieron a mercados de trabajo agrarios en áreas extra pampeanas (Reboratti y Sabalain, 1983). Ha sido ampliamente abordada la conformación de mercados de trabajo segregados en los espacios rurales y su relación con la movilidad de trabajadores estacionales o temporarios, y su dependencia histórica de este tipo de trabajadores, reclutados en diversas zonas empobrecidas del país o de países limítrofes.
Si bien originalmente predominaron trabajadores de economías campesinas, se han ido sumando trabajadores asentados en el medio rural parcial o totalmente separados de la tierra, así como otros asentados en el medio urbano y plenamente proletarizados. La reproducción de la fuerza de trabajo a lo largo del año plantea problemas prácticos y teóricos diferentes en cuanto a las formas de resolver su mantenimiento y reproducción durante el lapso de no empleo (Balan, 1980; Meillasoux, 1975).
La agricultura en general y el sector estacional en particular presentan condiciones de trabajo comparativamente peores que otras ramas y sectores, mayoritariamente precarias, sin descuentos de la seguridad social y con informalidad del vínculo laboral. Se ha señalado la vulnerabilidad como un rasgo característico de los trabajadores estacionales agrícolas. No se trata solamente de la precariedad de la relación laboral sino de la misma condición migrante que implica el desplazamiento de sus familias y lugares de origen y el paso por duras condiciones de intermediación y residencia en destino. Pedreño Cánovas (2011) ha caracterizado la fragilización de su condición social como “régimen específico de vulnerabilidad y explotación de la población inmigrante” (p. 39), especialmente cuando es extranjero; pero este régimen no sólo opera en las fronteras exteriores del estado nacional, sino hacia el interior del espacio nacional (Pedreño Cánovas, 2011), tal como ha podido observarse durante la pandemia.
La teoría de la segmentación ayuda a describir la presencia diferencial en el mercado de trabajo de los nativos y de los migrantes, tanto internos como internacionales. Los migrantes están sobrerrepresentados en el sector secundario del mercado de trabajo, caracterizado por la inestabilidad, peor paga, beneficios limitados y condiciones de trabajo peligrosas. La inserción de los migrantes en el trabajo rural estacional, el servicio doméstico, la construcción o el sector textil resulta característica. En las provincias de origen o cuando migran a otras, las inserciones mayoritarias de las poblaciones más pobres dan cuenta tanto del deterioro de las condiciones de empleo y de vida para ciertos grupos sociales, como de los procesos de segmentación. Estos procesos no son independientes del entrelazamiento de los procesos de jerarquización étnica y de género de la población y la fuerza de trabajo (Karasik, 2013; Trpin y Pizarro, 2017).
Los trabajadores agrícolas estacionales que provienen de hogares campesinos o de tipo campesino ya no son los únicos ni los principales sujetos de este mercado de trabajo, ya que también concurren jornaleros con residencia urbana o trabajadores sin tierra que siguen viviendo en el pueblo. Cuando finaliza el trabajo, muchos de los migrantes (tanto de perfil campesino como proletario) retornan a las localidades rurales de donde han partido porque en ellas es posible sobrevivir, combinando quizás alguna producción agropecuaria de subsistencia con otros medios de vida y apelando a diversos recursos comunitarios, volviendo al lugar de pertenencia. El aumento de la residencia urbana de muchos trabajadores agrícolas ya sea que provengan de localidades argentinas o bolivianas, también da cuenta de otras formas para apartarlos cuando ya no se los necesita, imponiéndoles la necesidad de completar su reproducción con otros ingresos, sean salariales o no salariales.
En este contexto cobra importancia el pueblo (la categoría censal de núcleo rural agrupado), como entidad social revalorizada conceptual y empíricamente por Bendini y el equipo del GESA, Universidad Nacional de Comahue (Bendini et al., 2012), repensable a la luz de la revisión del concepto de ruralidad de Castro y Reboratti (2007) o de la obra de Ratier (2018). Quesnel señala que los pueblos pueden constituirse en lugares donde las personas pueden ‘instalar su movilidad’ (instalarse definitivamente en uno de los lugares de su espacio migratorio) o ‘instalarse en la movilidad’ (como se citó en Steimbreger et al., 2012, p. 273). A la vez, Alvaro y Bendini (citados en Steimbreger et al., 2012, p. 267) señalaron como ventajas metodológicas, que el estudio acotado territorialmente permite centrar el análisis en puntos de anclaje donde los comportamientos reproductivos, ocupacionales y las estrategias de desplazamiento se presentan más claramente destacados y facilitan interpretaciones de alcance genérico, integrando el análisis con procesos y dimensiones más amplios.
Entradas relacionadas
Movilidad; Pueblo rural; Campesinado; Capitalismo; Doméstico.
Referencias
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- Centro de Estudios del Sur Andino, UNJu – CONICET.
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