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Territorio

Gabriela Inés Maldonado[1]

Territorio es un sistema multidimensional complejo en el que se conjugan componentes materiales (objetos, bienes comunes, infraestructuras) e inmateriales (representaciones, imaginarios, símbolos, acciones). Como tal, es un proceso de construcción social atravesado por relaciones de poder y decisión por medio de las cuales se expresan disputas por su apropiación, uso y significación. Tanto las relaciones de poder como las disputas evidencian de manera creciente escalas de acción múltiples que terminan por conjugar, en un mismo lugar, la escala local, regional y global

Genealogía

En tanto categoría conceptual, si bien es central dentro del campo de la ciencia geográfica y de otras ciencias sociales, su conceptualización y problematización ha tenido distintos pulsos de intensidad. Estos se relacionan tanto con los diferentes paradigmas y perspectivas propias del campo disciplinar de la Geografía como con las particularidades regionales.

En este sentido, por ejemplo, dentro de la Geografía Cuantitativa, el territorio se traduce a una dimensión espacial, abstracta, y es esquematizado en modelos que relacionan ciertos objetos y flujos. A través de estos modelos se procura definir patrones de comportamientos espaciales urbanos y rurales, así como también de los diferentes sectores económicos. Por su parte, perspectivas asociadas a la Geografía de la Percepción han enfatizado la dimensión inmaterial del territorio definida a través de ciertos hitos, mapas mentales, esquemas e imágenes que sobre este perciben las personas. Aquí la dimensión espacial también tiene mayor relevancia, pero no con el objetivo de buscar modelos y patrones, sino especialmente en términos del significado y representación de tal dimensión para las personas que viven y se desplazan cotidianamente en el lugar. Desde otra perspectiva, la Geografía Crítica define al territorio como proceso de construcción social atravesado por relaciones de poder y decisión, desde un abordaje relacional y al mismo tiempo situado. Aquí, el territorio no es un escenario donde la vida se desarrolla, sino que es continente y contenido de esta o, al decir de Santos (2000), es reproductor de vida. Existen interesantes obras con relación a las distintas tradiciones del pensamiento geográfico y, dentro de este, a la concepción de territorio. Entre ellas se puede referenciar a Gómez Mendoza (1982), Moraes (1990), Santos (1990), Hiernaux y Lindón (2016), Sardi (2021), entre otros.

En términos de algunas tradiciones regionales, Halvorsen (2019) señala que en la conceptualización del territorio de la Geografía Humana anglófona ha tenido una fuerte centralidad la idea de contenedor fijo, delimitado y bajo control de un Estado. Si bien el autor advierte que esta forma de abordaje es crecientemente criticada, dentro de los debates anglófonos la asociación del concepto a una zona delimitada y bajo control del Estado sigue siendo relevante. A pesar de esto, son sustantivos los aportes de autores como Smith (1984), quien señala que las profundas diferencias espaciales entre regiones, y al interior de ellas, no deben comprenderse como órdenes naturales sino como producto de relaciones históricas de poder desigual, propias del modo de producción capitalista. Por lo expresado, en el abordaje territorial del autor, la noción de poder, desigualdad y producción histórica son centrales.

Asimismo, Harvey (1998) enfatiza que las prácticas materiales conforman representaciones sociales del espacio que evolucionan a la par de ellas. En otras palabras, cada formación social particular desarrolla no solo prácticas de producción material que le son propias, sino también representaciones particulares del espacio y el tiempo. Por su parte, Massey (2005) señala que el espacio es producto de interrelaciones, es esfera de posibilidad de existencia de la multiplicidad, de la diversidad de voces y trayectorias. A su vez, la autora sostiene que el espacio es producto de las relaciones, por lo que siempre está en proceso de formación (Massey, 2005). En este sentido, considera que la multiplicidad y el espacio son co-constitutivos. Es importante aclarar que la autora no se refiere al término territorio, puesto que, como señala Haesbaert (2013a), el uso de este es más propio de la geografía latinoamericana. Sin embargo, la definición de espacio propuesta por Massey dialoga de forma muy estrecha con la construcción conceptual de territorio en Latinoamérica.

Por otro lado, la perspectiva territorial latinoamericana ha tenido un notable desarrollo no solo desde la noción territorio-concepto sino también, y más recientemente, de territorio-práctica. Autores tales como Santos, Haesbaert, Silveira, Mançano Fernandes, Porto-Gonçalves, Torres Ribeiro, entre otros, han realizado aportes sustantivos a la conceptualización crítica del territorio en tanto categoría teórica, pero también en cuanto a su centralidad política como práctica social.

En este sentido, Santos (2000) ha desarrollado una nutrida discusión en torno a la categoría espacio geográfico, sinónimo de territorio usado, al que concibe como un híbrido, un conjunto indisoluble, solidario y contradictorio de sistemas de objetos y sistemas de acciones definidos históricamente. De esta manera, el territorio atraviesa y define la conexión e interrelación entre los objetos, sus funciones y las acciones desde y hacia ellos. Para el autor, aquí radica la importancia de pensar los objetos y las acciones como sistemas y no como colecciones, puesto que el significado tanto de unos como de otras es dado por el contexto en el que se articulan y resignifican (Santos, 2000).

Por su parte, Torres Ribeiro (2005) propone una lectura del territorio orientada por la comprensión de las luchas por su apropiación. La autora señala que a partir de allí emerge el rico universo de relaciones que tienen origen en la confrontación entre la concepción dominante del orden social y los numerosos otros ordenamientos de las prácticas sociales que se oponen y resisten a esta concepción. De esta manera, las luchas de apropiación pasan a ser leídas como confrontaciones entre representaciones sociales, universos simbólicos, valores y diferentes formas de interpretación de las condiciones materiales de vida (Torres Ribeiro, 2005).

En ese sentido, Silveira (2008) sostiene que el territorio incluye:

todos los actores y no únicamente el Estado, como en la acepción heredada de la modernidad. Abriga todos los actores y no sólo los que tienen movilidad, como en la más pura noción de espacio de flujos. Es el dominio de la contigüidad, y no solamente la topología de las empresas o cualquier otra geometría. Se refiere a la existencia total y no sólo a la noción de espacio económico. Incluye todos los actores y todos los aspectos y, por ello, es sinónimo de espacio banal, espacio de todas las existencias (p. 3).

Porto Gonçalvez (2009) es uno de los autores latinoamericanos que se destaca por la centralidad que brinda al territorio como práctica política, por lo que la disputa en torno a este se constituye en un elemento central en sus aportes. El autor advierte que el territorio “es espacio apropiado, espacio hecho cosa propia, en definitiva, el territorio es instituido por sujetos y grupos sociales que se afirman por medio de él. Así, hay, siempre, territorio y territorialidad, o sea, procesos sociales de territorialización” (Porto Gonçalvez, 2009, p. 127).

Por su parte, Haesbaert (2013b) señala que un elemento central en el territorio es el poder. A su vez, enfatiza que todo territorio tiene siempre una base espacio-material para su constitución, puesto que nunca es puramente simbólico. En ese sentido, propone utilizar el concepto de territorialidad como “un campo de representaciones territoriales que los actores sociales portan consigo, incluso por herencia histórica […], y hacen cosas en nombre de estas representaciones” (Haesbaert, 2013b, p. 27). Por lo anterior, subraya que puede existir un campo de representaciones territoriales sin territorio, pero no un territorio sin base material. Y es aquí donde el autor introduce la idea de multiterritorialidad como “la posibilidad de tener la experiencia simultánea y/o sucesiva de diferentes territorios, reconstruyendo constantemente el propio” (Haesbaert, 2013b, p. 34).

Para entender mejor las relaciones de las clases sociales en la producción de diversos territorios, Mançano Fernandes (2018) propone tres órdenes o tipos de territorio: los espacios de gobernanza, los espacios de la propiedad como espacios de vida (individuales o colectivos) y el espacio relacional considerado a partir de los conflictos. El autor señala que los territorios materiales son producidos por territorios inmateriales. Estos últimos, en definitiva, están relacionados con el control o dominio sobre el proceso de construcción de conocimiento y sus interpretaciones. Por lo anterior, advierte que la disputa por interpretar y determinar el concepto de territorio se intensificó, puesto que a través de su interpretación se proponen diferentes lecturas sobre la realidad, lo que las convierte no solo en una opción histórica, sino también en una posición política.

Desde otra perspectiva, aunque ciertamente imbricada a través de una mutua retroalimentación con los debates latinoamericanos, interesa recuperar aquí las perspectivas del debate campesino e indígena en torno al concepto de territorio. En ese sentido, Ferreira (2021), integrante del Movimiento sin Tierra (MST) en Brasil, define al territorio como espacio de vida. Sostiene que cuando se piensa en territorio desde el MST, no se refieren a una demarcación cierta, sino a un espacio lleno de símbolos, por lo que agrega: “Então, não basta que alguém conceda terra como hoje fazem mediante a distribuição de títulos individuais […] O que queremos são territórios, lugares com vida, com comunidade, onde rios, matas, animais, poços, nascentes, tudo possa ser respeitado e cuidado” (Ferreira, 2021, p. 43-44).

Por su parte, la Vía Campesina recupera un sentido de territorio profundamente asociado a la soberanía alimentaria. De la lectura de sus distintos posicionamientos (por ejemplo, Vía Campesina, 1996, 2015, 2017, 2025), se desprende una idea de este como espacio de vida, en el cual se conjugan sentidos, símbolos, prácticas, tradiciones, emociones, bienes comunes y diversidad. En un sentido similar, un integrante del Movimiento Campesino de Córdoba enfatiza en su dimensión inmaterial, puesto que sostiene que el territorio campesino se define a través de cómo se habla, se come, se produce, por lo que advierte que el territorio también es “mental: puede ser un campesino pobre, pero que ya piensa como su patrón, empleador, como su explotador, entonces ya deja de ser territorio del campesinado” (entrevista personal, julio de 2024).

Al decir de Ferreira (2021), para los campesinos e indígenas latinoamericanos el territorio es principio, porque lo habitan hijos e hijas de pueblos que viven en comunidad y en conexión espiritual con la naturaleza. Asimismo, el territorio es fin, porque la construcción de un territorio descolonizado del capitalismo, racismo y patriarcado es su objetivo final. Por último, el medio para lograr ese fin es el mismo territorio, a través de la producción de alimentos, de autonomía, de la organización de las personas y la protección de la vida, “pois, se não tomarmos os territórios agora, talvez não exista vida para disputar no futuro” (Ferreira, 2021, p. 45).

Sobre la base de todo lo expresado es que adquieren fortaleza los nuevos abordajes vinculados a la ecología política, las geografías negras, indígenas, decoloniales, feministas y perspectivas tales como cuerpo-territorio. A su vez, se debe subrayar que en América Latina el territorio, más específicamente la territorialización, se ha constituido en una estrategia política de transformación, mucho más que en una cuestión meramente académica.

Perspectivas

En el marco del debate previamente planteado, la estrecha relación hábitat-territorio emerge claramente, ya que se puede pensar al primero como una expresión de la producción del territorio en la que se conjugan dimensiones materiales e inmateriales. Específicamente, con relación al hábitat rural, Vanoli y Cejas (2022) señalan que son formas de construcción de la territorialidad en la que se articulan prácticas productivas, domésticas y organizativas. En palabras de Santos (2000), podríamos decir que son formas de uso del territorio en las que objetos, acciones y emociones se conjugan de manera históricamente situada. Entonces, el hábitat rural es parte del universo de territorialidades y de la multiplicidad de formas de apropiación del territorio que coexisten en un determinado tiempo y lugar. En este marco, en el hábitat rural las prácticas campesinas son formas de uso del territorio crecientemente disputadas por el avance de otros tipos de prácticas y usos hegemónicos asociados a la agroindustria y al modelo de agronegocios. Lo anterior se traduce en disputas más o menos visibles sobre las formas de habitar, producir, representar y significar el territorio, es decir: el dominio sobre qué, cómo, cuándo, para qué y con quiénes debería ser utilizado el territorio visibiliza y promueve ciertas prácticas (concepción dominante del orden social), a la par que procura invisibilizar otras (otros tipos de ordenamientos).

De esta forma, el hábitat rural interpela a pensar entramados más complejos que no se resumen en una vivienda, como objeto aislado, sino en una forma de habitar, lo que subraya también la función productiva y reproductiva. Entonces emergen preguntas tales como: ¿cómo habitamos el territorio? ¿Qué control tenemos sobre las formas de habitar? ¿Cómo usamos, estamos usando y podemos usar el territorio? Estas formas, ¿promueven, garantizan, sustentan la producción y reproducción de todos a pesar de su fuerza desigual?

En síntesis, pensar el hábitat rural desde su componente territorial implica abordar diversas dimensiones y temporalidades. Invita también a comprenderlo en el marco de estructuras de poder y decisión a distintas escalas. Promueve el reconocimiento de la capacidad diferencial de control sobre el territorio que tienen los actores, es decir, la capacidad diferencial para territorializar objetos y acciones y para obturar el dominio y control sobre otros. En el mismo sentido, este abordaje puede exponer (y denunciar) la negación y obturación de otras territorialidades posibles, pero que existen y activamente disputan la construcción de otros qué, cómo, cuándo, con quiénes y para quiénes significamos, construimos y producimos el territorio.

Entradas relacionadas

Resistencia; Lugar; Soberanía; Temporalidad; Naturaleza.

Referencias

Ferreira, J. E. (2021). Por terra e território: caminhos da revolução dos povos no Brasil. Teia dos Povos.

Gómez Mendoza, J. (1982). El pensamiento geográfico. Alianza

Haesbaert, R. (2013a). A Global Sense of Place. Multi-territoriality: notes for dialogue from a “peripheral” point of view. En D. Featherstone y J. Painter (Eds), Spatial Politics: Essays for Doreen Massey (pp. 146-157). John Wiley and Sons.

Haesbaert, R. (2013b). Del mito de la desterritorialización a la multierritorialidad. Cultura y representaciones sociales, 8(15), 9-42.

Halvorsen, S. (2019). Decolonising territory: Dialogues with Latin American knowledges and grassroots strategies. Progress in Human Geography, 43(5), 790-814.

Harvey, D. (1998). La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Amorrortu.

Hiernaux, D. y Lindón, A. (2016). Tratado de Geografía Humana. Anthropos.

Mançano Fernandes, B. (2018). Sobre a tipologia de territórios. Grupo de Estudos y Pesquisas sobre Educaçao no Campo.: https://www.gepec.ufscar.br/publicacoes/ruralidade/sobre-a-tipologia-de-territorios.pdf

Massey, D. (2005). La filosofía y la política de la espacialidad: algunas consideraciones. En L. Arfuch (Comp.). Pensar este tiempo. Espacios, afectos, pertenencias (pp. 103-127). Paidós.

Moraes, A. (1990). Geografía. Pequeña Historia Crítica. Hucitec.

Porto-Gonçalves, C. W. (2009). De Saberes y de Territorios – diversidad y emancipación a partir de la experiencia latino-americana. Polis, 8(22), 121-136.

Santos, M. (1990). Por una nueva geografía. Espasa-Calpe.

Santos M. (2000). La naturaleza del espacio. Técnica y tiempo. Razón y emoción. Ariel.

Sardi, M. G. (2021) (Ed.). Introducción a la Geografía: conceptos clave, corrientes de pensamiento y la importancia del rol de geógrafas y geógrafos. Universidad Nacional de La Pampa.

Silveira, M. L. (2008). Globalización y territorio usado: imperativos y solidaridades. Cuadernos del CENDES, 25(69), 1-19.

Smith, N. (1984). Uneven development. Nature, capital and the production of space. Blackwell.

Torres Ribeiro, A. C. (20-26 de marzo de 2005). Território usado e humanismo concreto: o mercado socialmente necessário. Anais do X Encontro de Geógrafos da América Latina, Universidade de São Paulo, Brasil.

Vanoli, F. y Cejas, R. (2022). Una trampa moderna para el hábitat rural. Desarrollo y procesos de (des/re) territorialización en Córdoba, Argentina. Economía, Sociedad y Territorio, 22(70), 1039-1066.

Vía Campesina (11-17 de noviembre de 1996). Por el derecho a producir y por el derecho a la tierra. https://viacampesina.org/es/wp-content/uploads/sites/3/2024/05/1996-Rom-es.pdf

Vía Campesina (15 de julio de 2015). Tierra y territorios para el Buen Vivir. https://viacampesina.org/es/tierra-y-territorios-para-el-buen-vivir/

Vía Campesina (17-18 de julio de 2017). Informe de la VII Conferencia Internacional de La Vía Campesina. Heuscal Herria/País Vasco. https://viacampesina.org/wp-content/uploads/2018/04/ES-rev6a-lowres.pdf

Vía Campesina (21 de julio de 2025). Seminario Diversidades, Brasil: Organizaciones rurales describen los principales desafíos en la defensa del “cuerpo-territorio” en América Latina. https://tinyurl.com/y3jt8v5k


  1. CONICET – Departamento de Geografía, Instituto de Estudios Sociales, Territoriales y Educativos, UNRC. gimaldonado@hum.unrc.edu.ar.


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