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19 La revista Detective de la Policía de Investigación, Identificación y Pasaportes de Chile

Santiago, 1934-1937[1]

Teresita Rodríguez Morales

“Detective, una revista necesaria”

La revista Detective fue fundada por la Policía de Investigación, Identificación y Pasaportes de Chile, circulando desde enero de 1934 hasta diciembre de 1937[2]. Su aparición se enmarca en un proceso de institucionalización de la policía de investigaciones chilena, que había sido fundada oficialmente en el año 1929 pero que contaba con una larga trayectoria a cargo de las labores de pesquisa. Diez años antes de la aparición de Detective, en 1924, las policías chilenas habían sido unificadas territorialmente, fundándose tres años más tarde Carabineros de Chile, que reunió a las tropas municipales distribuidas a lo largo de todo Chile y cuya labor central desde entonces ha sido el orden y control del espacio público. Desde el siglo XIX investigaciones estaban a cargo de la Policía de Seguridad, que realizaba sus funciones casi exclusivamente en la ciudad de Santiago. De allí que, una vez unificadas las policías regionales bajo una misma institución de carácter nacional, fuese necesario ampliar por todo el territorio chileno las labores investigativas; de este modo, fue fundada la Dirección de Investigación, Identificación y Pasaportes (hoy, Policía de Investigaciones), una policía de instrucción civil y científica que se diferenció de Carabineros al estar centrada únicamente en la identificación y el tratamiento y solución de crímenes.

Esta misma trayectoria de la policía chilena en relación a sus procesos de profesionalización y unificación nacional, se reflejó en las diversas revistas que intentaron canalizar las necesidades de divulgación, instrucción e identidad. La primera de éstas fue la revista La Ilustración Militar (Santiago, 1899-1901), que si bien no fue una publicación oficial, concentró parte importante de las informaciones institucionales destinadas a las tropas municipales y de pesquisas. Sin embargo, una vez fundado el Boletín de la Policía de Santiago (Santiago, 1902-1924), los contenidos relativos a las tropas policiales, tanto de los cuerpos de carabineros como de investigación, fueron centralizados en esta publicación de carácter oficial, aunque como lo anuncia su título, tratara temáticas relativas a la ciudad de Santiago. Por esta razón, durante este período, también existieron revistas policiales en la ciudad de Valparaíso, que buscaban desvincularse de las informaciones emanadas desde y para la ciudad Santiago. La primera de estas publicaciones fue la revista La Policía, fundada en el año 1900 y que circuló en este puerto durante dos años; posteriormente, en 1906, fue inaugurada la Revista de la Policía de Valparaíso, puesta en circulación hasta 1922.

Pero una vez unificadas territorialmente las tropas de Carabineros, el Boletín fue cerrado y nuevas publicaciones reemplazaron sus atribuciones. En este caso, con una revista fundada en 1925 bajo el nombre de Orden y Patria (Santiago, 1925-1927), que se centró sólo en contenidos institucionales y cambió su nombre por Revista de los Carabineros de Chile en 1927 y Gaceta de los Carabineros en 1931; esta última, publicada hasta 1945. Respecto a las publicaciones policiales de carácter científico, desaparecido el Boletín y aunque no fue una revista oficial se fundó, en 1928, Progreso. Revista de identificación científica, cuya primera época se extendió hasta 1930 y estuvo bajo el patrocinio institucional de Carabineros. Esta revista reapareció en 1944, ya desvinculada de Carabineros, siendo entonces una publicación oficial del Servicio de Identificación de la Dirección General del Registro Civil Nacional y bajo el título de Progreso. Revista de identificación, que se mantuvo en circulación hasta 1956. Del mismo equipo editor de la primera época de Progreso, surgió, en 1934, la revista Detective; pero dado los propios cambios al interior de la policía científica chilena, en 1937 Detective cambió su nombre por Policía y criminología científica y siendo publicada hasta 1955, en paralelo con la segunda época de Progreso, editada por otro equipo. Desde ese año, Detective pasó a llamarse Criminología y fue publicada con ese nombre hasta 1961, tras lo cual volvió a su título original de manera indefinida.

Pese a toda esta prolífera producción periodística al interior de las diversas instituciones policiales chilenas, el atributo de la revista Detective fue que en su primera época, o al menos en su primer año de circulación, intentó posicionarse como una revista destinada no sólo al público especializado de la policía de investigaciones; tal como lo señalase su fundador y director, Waldo Palma, el objetivo de su publicación era “proporcionar una lectura liviana e informaciones que ilustren al lector para su mejor defensa contra el delincuente profesional”[3]. Pero esta “lectura liviana” pretendía ser un espacio de instrucción y entretenimiento para los nuevos detectives distribuidos a lo largo de todo el territorio nacional, por la “sencilla razón de que el personal, diseminado a lo largo del territorio, deseaba poseerla para informarse del progreso de la institución y, al mismo tiempo, propagar sus ideas por intermedio de ella”[4]. Sin embargo, la revista también quiso abarcar a un sector heterogéneo, para ilustrarlo sobre temáticas policiales y advertirlo frente a los trucos de los delincuentes más avezados. Y al mismo tiempo, intentó ser un espacio de entretención, rememorando tal vez a publicaciones que, en ese mismo sentido, habían circulado para o desde la Policía algunos años antes, como lo fuera su casi homónima El Detective, publicada de manera extra oficial entre 1912 y 1913, y la revista La Ilustración Policial, publicada por la propia Policía de Santiago entre 1921 y 1924[5].

Desde su primer número, Detective se manifestó cercana a los elementos de las industrias periodísticas, tanto en términos de formato como de circulación. Sin embargo, su origen editor siempre fue institucional, a diferencia de otras publicaciones magazinescas producidas o distribuidas por editoriales externas a la policía pero que estuvieron en diálogo cercano con los contenidos policiales, como lo fueron las porteñas Sherlock Holmes (Buenos Aires, 1911-1913) y Magazine Policial (Buenos Aires, 1922-1946), y la ya mencionada El Detective, que no pertenecía a la Policía de Santiago aun cuando contó con numerosas colaboraciones de funcionarios policiales. También se diferenció de La Ilustración Policial, que sí fue una publicación oficial pero que no tuvo una circulación extra policial. Por lo tanto, la principal característica de Detective fue ser un magazine de la policía cuyas temáticas estaban destinadas a todo tipo de público.

Entre las proximidades de Detective con los formatos de la prensa comercial encontramos una estructura muy similar a la figura del magazine, ya que incorporó entre sus páginas cuentos, poemas, notas sobre cine, entrevistas, publicidad y crónicas de actualidad. Pero además, la propia portada de la revista, durante su primer año de circulación, reveló este tipo de conexiones con los formatos de la cultura masiva, al constituirse de acuerdo al hecho policial de mayor sensación del mes, tal como las célebres crónicas magazinescas de antaño.

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Portadas de Detective entre enero y agosto de 1934. Fuente: Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Chile, Sección Revistas.

Las primeras siete portadas de la revista, publicadas entre enero y julio de 1934, conservaron atributos propios de los periódicos ilustrados del cambio de siglo, al incorporar escenas inspiradas en elementos visuales espectaculares. En Santiago de Chile, al igual que en muchas otras experiencias urbanas, esta tradición provenía de la literatura de cordel[6], cuyos formatos dieron un lugar especial a la imagen debido a que estaban destinados a todo tipo de público, incluso para quienes no sabían leer. Posteriormente, las ilustraciones sobre hechos espectaculares fueron integradas a la prensa de alto tiraje, aun cuando muchos de estos formatos contaban con la técnica del fotograbado.

En su primer año de circulación la revista Detective extendería algunos elementos visuales de la literatura de cordel y también de la crónica policial magazinesca de las últimas décadas del siglo XIX; no obstante, ninguna de esas portadas que retrataron hechos espectaculares incorporó el uso de fotografías instantáneas. Este aspecto llama la atención si consideramos que fue precisamente la policía quien, en primer lugar, hizo uso de las técnicas de la fotografía y fue desde sus archivos que los primeros cronistas policiales ilustraron y recrearon los hechos que conmocionaron al público. Detective tampoco hizo uso del fotoperiodismo para acompañar las informaciones de las crónicas criminales que anunciaban sus portadas ilustradas; la fotografía sólo fue usada en contenidos institucionales y las tradicionales galerías de ladrones.

Sin embargo, a contar de agosto de 1934, la revista estandarizó su formato, cambiando las portadas que ilustraban el suceso de mayor sensación por un diseño fijo que sólo mostraba unas franjas de colores –usualmente, se usaron los colores de la bandera nacional de Chile– y que continuó del mismo modo hasta su primer cierre, en 1937. Esta estandarización del diseño fue acompañada, además, de una limitación de sus contenidos, destinados desde entonces solamente a los círculos policiales; en efecto, al cambiar posteriormente sus títulos por los de Policía y criminología científica y Criminología, se anunciaba que éstas ya eran publicaciones estrictamente policiales para una lectura estrictamente policial.

Otra diferencia importante de Detective con las demás publicaciones institucionales, es que durante toda su primera época la revista fue comercializada en la vía pública, además de ser distribuida entre las oficinas policiales, suscriptores y agencias particulares a lo largo de todo Chile. Su precio por ejemplar durante la primera época fue de 1 peso, el mismo de otras publicaciones magazine que circulaban por entonces, como la popular revista Zig-Zag. En este sentido, en relación a los índices de precios y costos de la vida en el Santiago de los años 30; podemos señalar que hacia 1934, un carpintero y un albañil (obrero de la construcción), por ejemplo, ganaban 10 pesos diarios por jornal[7]. Es decir, de acuerdo al costo de vida de un trabajador urbano, que pagaba aproximadamente 4 pesos por un kilo de pan, gastar 1 peso por mes en una revista no era algo imposible. Cabe señalar que, durante su primera época, Detective no varió su precio, a pesar de los procesos inflacionarios que afectaron a Chile tras la crisis económica de 1929 y la caída del salitre, que fuera el principal producto de exportación durante las últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX.

En un primer momento, la circulación de la revista se situó entre las ciudades de Santiago, Valparaíso, Rancagua y Concepción, siendo distribuida el primer día de cada mes. El objetivo de esta distribución geográfica, era, en palabras del editor:

Extender nuestra acción a las ciudades de provincia en las cuales “Detective” ha encontrado la más amplia acogida. Y consideramos que nadie mejor que los miembros del personal de Investigaciones y de Identificación se encuentran capacitados para secundar nuestros propósitos de servir al comercio, la agricultura y público general[8].

Pero aunque la revista fue comercializada sólo por la policía, tuvo importantes conexiones con comerciantes civiles, a diferencia de lo que ocurrió con las publicaciones de Carabineros y las revistas de identificación, cuyo acceso quedó restringido a los funcionarios policiales. Para reforzar esos vínculos externos a la institución, además de las ciudades ya mencionadas, se establecieron “corresponsalías” en otros centros urbanos más pequeños, de norte a sur, que a su vez, se conectaban con los centros urbanos de mayor envergadura económica:

La difusión cada día más creciente de “Detective” y su sostenimiento, requieren indudablemente del concurso de todos aquellos que en diferentes formas obtienen algún beneficio con la labor que nos hemos impuesto y basados en ello hemos resuelto establecer en cada ciudad representantes directos de “Detective” que contribuyan a secundar nuestra labor. Es nuestro propósito establecer en cada ciudad dos corresponsalías a cargo, cada una de ellas, de miembros de Investigaciones y de Identificación. Una de estas corresponsalías tendrían también a su cargo la agencia de “Detective” en lo que atañe a la contratación de avisos y suscripciones[9].

Otro aspecto significativo respecto a la publicación de Detective fue la publicidad desplegada entre sus páginas, donde se advierte que los avisos económicos fueron importantes para la difusión y el sostenimiento de la revista, por lo que estaban dirigidos a todo tipo de público, más allá de los funcionarios de la institución. Si bien fue común que comerciantes pequeños y grandes marcas pagaran un espacio para ser publicitados en diarios y revistas, independiente de cuál fuera el origen editor o público destinatario; a diferencia de otras publicaciones policiales, en Detective la publicidad y los avisos económicos tuvieron siempre un lugar importante y destacado en relación a la exhibición de los contenidos, para poder atender a las necesidades de los funcionarios de “Investigaciones, Identificación y Pasaportes de toda la República, y a nuestros lectores en general”[10]. De tal modo, la revista no realizó una diferencia gráfica entre aquellos avisos destinados a todo tipo de público y los que estaban dirigidos sólo a funcionarios de la institución.

Junto con la venta y distribución dentro de Chile, Detective fue enviada a las policías de otros países de la región, en particular, a las de Argentina y Brasil, lugares con los que desde inicios de siglo se mantuvo un especial contacto institucional, ya sea mediante colaboraciones de contenidos o a través de visitas oficiales. La distribución de la revista Detective fuera de los límites nacionales comenzó a partir del segundo año de publicación, en 1935. En febrero de ese año, el Instituto de Identificación de la Policía de Río de Janeiro, solicitó el envío de los primeros nueve números de la revista, dando cuenta del amplio interés que causaba entre sus filas:

Vengo, por medio de ésta, a solicitar a los señores Directores de la Revista “Detective” que nos sean enviados los ejemplares del Nº 1 al 9, para figurar en nuestra Biblioteca, visto el interés y avidez que esa Revista ha despertado entre los funcionarios de esta Repartición.

Seguro de ser atendido, quedo, desde luego, inmensamente agradecido y me suscribo con la máxima estima y consideración[11].

Los intercambios con otros países siguieron los mismos protocolos establecidos ya en los primeros años del 900[12], iniciándose con el envío previo de ejemplares y luego, con la colaboración de contenidos, tal como lo expresa la nota referida al inicio de los contactos con Brasil.

“Mejor que Sherlock Holmes”

En relación a las secciones temáticas de Detective, la revista realizó una mezcla explícita entre los contenidos institucionales propios de cualquier publicación oficial con aquellos que prevenían de la tradición de la crónica policial magazinesca. Todas estas secciones, pueden resumirse en el siguiente gráfico, realizado sólo con la información del primer año de circulación debido a que desde del segundo semestre del año 1935 la revista comenzó a publicar estrictamente contenidos institucionales:

Imagen 2 Grafico Secciones Detective

Distribución de contenidos temáticos. Porcentajes de la distribución de temáticas de Detective durante 1934. Se contabilizaron para este gráfico todos los artículos científicos y de divulgación, informaciones institucionales, reseñas sobre actualidad, traducciones, comentarios de libros e intercambios con otras revistas. Fuente: Gráfico de autoría propia confeccionado a partir de la revisión de los ejemplares de Detective del año 1934, reproducidos en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Chile.

La información desplegada en el gráfico se confeccionó sobre un total de 231 artículos y notas publicadas en 12 números durante 1934, distribuidas en nueve temáticas abordadas de manera habitual en Detective. Estas temáticas fueron contabilizadas a partir de una clasificación propia de los contenidos publicados y nominadas de la siguiente manera: “Prevención y clasificación delictual”, “Vulgarización científica”, “Comunicaciones y servicios a la comunidad”, “Crónica criminal”, “Tendencias políticas”, “Institucional”, “Publicidad y otras informaciones”, “Literatura”, y “Remembranzas y críticas”. Todos estos contenidos fueron escritos, en su mayoría, por funcionarios de la policía de investigaciones, a excepción de los cuentos o artículos científicos que provenían de revistas policiales de Estados Unidos, Francia e Inglaterra pero que eran traducidos por funcionarios locales.

Las temáticas clasificadas como “Vulgarización científica”, que ocuparon el 32% de los contenidos de 1934, se refieren a una variedad de artículos sobre historia de la Criminología, técnicas policiales, psicología criminal, identificación, clasificaciones y características de delincuentes, crónicas criminológicas de otros países, entre otros. Hubo dos secciones permanentes, llamadas “Vulgarización de procedimiento penal” y “Delincuente de oficios especializados”, donde se daban a conocer los libretos de algunos tipos de robos o estafas. En este sentido, el énfasis dado por la revista a la difusión de las tramas delictivas tenía como propósito prevenir, alertar y enseñar, para:

Perfeccionar conocimientos por medio de la difusión de los más recientes estudios de la ciencia policiológica y aportar nuestra labora a la mejor defensa del comercio y de la agricultura con la publicación de fotografías de delincuentes reconocidos como profesionales y la revelación de los diversos sistemas que se ponen en juego para realizar la estafa, el robo y el hurto[13].

Si bien, por el carácter científico de todos estos contenidos eran generalmente textos destinados a policías, la sección sobre delitos y estafas estaba dirigida a todo tipo de público, ya que el objetivo de ésta era dar a conocer los secretos delictivos y así prevenir al lector.

A la segunda temática de mayor recurrencia la he denominado “Institucional, Publicidad y Otras Informaciones”, que corresponde al 26% de los contenidos publicados. Ésta se refiere a textos diversos cuyo punto en común es que tenían como objetivo organizar y dar cuenta de informaciones de índole institucional o de interés para funcionarios, con secciones tales como: Consultorio y buzón, Cartas al director, Opiniones y Publicidades sobre bienes y servicios. Sin embargo, al igual que las temáticas de “Divulgación científica”, las notas institucionales permitieron la participación de lectores ajenos a la institución, ya fuera a través del envío de cartas para consultar sobre algún problema, dar una opinión y felicitar o reclamar sobre los servicios policiales. De hecho, fue precisamente a través de las cartas y los espacios de opinión, donde la revista pudo interactuar de manera más cercana con los lectores.

Siguiendo el orden desplegado en el gráfico, la tercera temática recurrente en las publicaciones de 1934 fue la “Crónica criminal”, con un 14% de los contenidos de ese año. Estos textos se refieren específicamente a noticias sobre sucesos de sensación y se complementan con las portadas de cada número que anticipaban el hecho protagonista del mes. Estas crónicas fueron descritas en un lenguaje similar a las crónicas de cualquier otro formato periodístico de alto tiraje, aunque enfatizando roles de funcionarios concretos, con nombre y apellido, a quienes se les destacó siempre por sus rasgos heroicos. Estas narraciones de sucesos criminales que tenían como figura central al detective, buscaban inspirar a otros detectives a repetir hazañas espectaculares ya que en su exhibición pública algún “envidioso por el buen éxito de una pesquisa efectuada, tratará de imitar o superar tal acción”[14].

En relación a las temáticas denominadas “Prevención y clasificación delictual” y “Comunicaciones y servicios a la comunidad” ocuparon, cada una, el 8% de los contenidos. La primera de éstas consistió en la exhibición de fotografías y fichas policiales sobre delincuentes conocidos o buscados, cuyos delitos, al igual que en los artículos de la sección “Delincuente de oficios especializados”, eran descritos con el propósito de desentrañar frente al lector los secretos del actuar delictual. La diferencia entre ambas secciones, es que mientras una recurrió a descripciones narrativas de tipo científico, la segunda sólo reprodujo fichas técnicas que dieron mayor énfasis a la imagen, razón por la que estaba dedicada específicamente para un público extra policial.

Por otro lado, las temáticas denominadas “Tendencias políticas”, que sólo ocuparon el 3% de los contenidos de 1934 aunque fueron incrementando notoriamente durante el año siguiente, se refirieron a textos que describían las diversas ideologías presentes en los movimientos sociales, explicando al lector en qué consistían éstas, cuáles eran sus principales exponentes intelectuales y qué actividades se llevaban a cabo. Dentro de esta clasificación temática, encontramos dos secciones recurrentes: “El detective ante las modernas tendencias del proletariado”, que daba cuenta sobre pesquisas y detenciones en contextos de protestas y huelgas, y “Escenas del mundo criminal ruso”, que narraba hechos espeluznantes, tragedias y curiosidades acontecidas en el contexto de la URSS. Aunque no siempre se trataba de crímenes o sucesos de sangre, el propósito esta sección era dar a conocer los horrores que tendría la adopción de regímenes comunistas y socialistas y la difusión de tales ideas entre los trabajadores chilenos, que por entonces estaban reactivando sus organizaciones políticas para enfrentar la crisis económica de la industria salitrera. Los textos difundidos aquí fueron escritos por funcionarios locales y por lo general se trató de opiniones personales, que fueron publicados también en otros medios periodísticos. A pesar de que durante 1934 no constituyó una temática recurrente, ésta fue tal vez la sección más directamente persuasiva que tuvo la revista ya que su objetivo concreto era la desarticulación del movimiento social mediante la exhibición de los aspectos negativos que tendría el régimen revolucionario en Rusia.

Sin embargo, en la revista también se publicaron textos que no representaban el pensamiento oficial de la Policía de Investigación, Identificación y Pasaportes de Chile, desplegados, en su mayoría, en las temáticas que he denominado “Literatura” y “Remembranzas y críticas”, que fueron escritas, principalmente, por lectores, colaboradores internacionales o por periodísticas de revistas y diarios de alto tiraje, y que durante el año 1934 representaron, conjuntamente, el 9% del total de publicaciones[15]. Los textos de “Literatura”, usualmente eran traducciones de cuentos policiales clásicos, aunque también se publicaron poemas y prosas breves, comentarios de libros, las entradas de la Biblioteca de Investigaciones y una particular sección llamada “Cuéntenos su aventura policial”, que instaba a los lectores a narrar sucesos en los que hubiesen tenido participación, ya fuera como espectadores o protagonistas. En cuanto a “Remembranzas y críticas”, corresponden a textos de colaboración externa, cuyas temáticas por lo general eran crónicas de tiempos pasados –que criticaban las actuales tasas de criminalidad aludiendo a tiempos mejores– y opiniones de lectores o funcionarios en retiro. La diferencia de este tipo de publicaciones con las de las cartas recibidas en las secciones de difusión institucional, fue que sus temáticas por lo general trataban asuntos específicos relativos a temáticas policiales, diferente del correo que incluía cualquier tipo de temática. Al respecto, el propio Waldo Palma, instaba a los lectores a colaborar, ya que para él era:

Preciso establecer también un íntimo contacto con la opinión pública de todo el país, a fin de conocer por su propia expresión las observaciones que le merezca la legislación policial vigente y las sugerencias que tiendan a mejorar nuestros servicios en todo el país. Con este fin, la Dirección de esta revista pondrá a disposición de quien quiera hacer uso de ellas las páginas de DETECTIVE y publicará toda colaboración que tenga interés colectivo, en la seguridad de que toda sugerencia u observación será detenidamente estudiada y considerada, por cuanto representa la expresión de un interés público, cuya satisfacción deseamos servir ampliamente[16].

Así, a partir de las secciones incluidas en las temáticas de Detective, distinguiré dos estrategias narrativas que permiten sostener que la revista fue magazine policial cuyo objetivo era vincularse con públicos no especializados, diferenciándose de tal modo de las otras revistas policiales. En primer lugar, estarían aquellas estrategias comunicacionales de “interpelación”, presente en textos escritos por funcionarios policiales, y, luego, las de “interacción”, que fueron textos escritos por colaboradores; sin embargo, me centraré en las segundas a fin de poder establecer las cercanías de Detective con las revistas comerciales y las características que serían propias de este magazine policial. Las estrategias de interpelación, estarían destinadas a la enseñanza y extensión social de los contenidos policiales, a fin de alertar a la población de los modus operandi de los delincuentes profesionales. Se exhibieron así trucos de avezados ladrones, cuenteros y estafadores. Las galerías de delincuentes y la publicación de prontuarios también apuntaban al objetivo de dar a conocer las estrategias del delito para prevenir a las personas. La interpelación representaría, de este modo, la voz editorial oficial de la revista y estaría, por lo tanto, en estricta sintonía con el proyecto policial institucional. Si bien objetivo principal sería la difusión de los conocimientos policiales, la interpelación sería también la antesala para la segunda estrategia comunicacional, la interacción, que distinguiría la figura del magazine policial de las otras publicaciones llevadas a cabo por la policía. La interacción, por otro lado, estaría presente en aquellos contenidos que involucraron también la participación de los lectores de la revista, ya fuera a través de cuentos, poemas, consultas, reclamos y opiniones, así como también en la constitución de crónicas de actualidad.

“Cuéntenos su aventura policial”

Las colaboraciones de lectores en la prensa han sido habituales en todo tipo de periódicos, sean de circulación comercial o limitados a un público específico. Sin embargo, en el caso de Detective, lo llamativo es que se convocó a la escritura del público incluso en aquellas secciones que involucraban contenidos más específicos del saber policial. En ese sentido, podríamos decir, que la policía chilena estableció un canal de comunicación directo con los “profanos” con el propósito de evitar la “neurosis colectiva que descarga por medio de un proceso de críticas, el coeficiente de incomprensiones respecto a las dificultades materiales y técnicas de una investigación determinada”[17]. Es decir, en vez de dar lugar a que los diarios y revistas de alto tiraje continuaran encargándose de la publicación de crónicas policiales –como había ocurrido desde fines del siglo XIX–, la policía optó por dar un espacio a este tipo de textos desde una publicación propia, gestada desde la misma Dirección Nacional de la Policía de Investigación, Identificación y Pasaportes de Chile.

Para colaborar en Detective había que seguir a un formato estricto; ninguna colaboración que llegara con otras características era publicada. Los artículos, además, pasaban por el equipo de edición de la revista, quienes excluían aquellos textos que no se presentaran en el formato solicitado, lo que al parecer sucedía habitualmente, ya que en diversas ocasiones se solicitó a los lectores adherirse a las normas de escritura para poder ser publicados:

Aunque ya lo hemos indicado en ocasión anterior, nos vemos en la necesidad de pedir a nuestros colaboradores se sirvan enviar sus artículos copiados a máquina, escritos por un solo lado de la carilla y con espacio 2 entre renglón y renglón. Debemos advertir que muchas colaboraciones han sido desestimadas por no reunir estos requisitos que son indispensables para facilitar nuestras labores[18].

Las secciones de Detective que incluyeron directamente estrategias de interacción con públicos ajenos a la familia policial, fueron: “Consultorio y buzón”, “Cartas al director”, “Opiniones” y “Cuéntenos su aventura policial”. En el “Consultorio y Buzón” los lectores, funcionarios de la policía y civiles, escribieron para consultar sobre beneficios o servicios que ofrecía la policía, para reclamar sobre procedimientos no cumplidos o para saber los procedimientos de denuncias frente a determinados delitos. Fue una sección estable dentro de la revista, publicada siempre en la última página. El objetivo de esta sección, en palabras del propio editor de la revista, era “servir a la Dirección para apreciar la labor del personal y se tomará muy en cuenta para las anotaciones en la hoja de vida, calificaciones y en casos calificados, será motivo suficiente para ordenar la baja de aquellos funcionarios negligentes”[19].

Por su parte, las “Cartas al director” fueron escritas, principalmente, por autoridades civiles o grandes comerciantes. Por lo general, tenían como objetivo agradecer o felicitar al director por la gestión de la revista y el rol de la policía frente a la disminución o control del delito en la ciudad. A partir de la selección editorial realizada por la revista, esta sección no se manifestó en un sentido crítico, sólo se exhibe para resaltar la función policial. Fue una sección recurrente, aunque no permanente. En artículos sueltos, las “Opiniones” fueron escritas por lo general, por periodistas de revistas y diarios comerciales. En ese sentido, interesa destacar la cercanía entre el equipo editorial de Detective y diarios como El Diario Ilustrado y Las Últimas Noticias, dos de los principales diarios comerciales chilenos en la época. También recibió colaboraciones desde provincia, lo que ratifica sobre la circulación de la revista más allá de las ciudades más importantes de Chile. Destaca, en ese sentido, la opinión del director del diario La Voz del Puerto, del pequeño poblado portuario de San Antonio, que muestra la importancia de Detective en la articulación de los contenidos policiales con la sociedad civil:

La revista Detective es de sumo interés para el público y personal del Cuerpo de Investigaciones, debido a que ella está llamada a formar una férrea cadena entre el personal de la institución y el público en general, de Arica a Magallanes, y elevar así los conocimientos y cultura en que está empeñada la Dirección de los Servicios” (Refiriéndose a la Policía de Investigaciones)[20].

Otros actores involucrados en la escritura de las opiniones fueron vecinos de Santiago y Valparaíso, usualmente comerciantes o representantes de asociaciones civiles. Así, por ejemplo, escribió en 1934 uno de los Vocales de la Junta de Vecinos de Santiago, felicitando al director y al cuerpo de la Policía de Investigaciones por su labor y enfatizando el rol de la propia sociedad en la constitución de la revista, al afirmar que colaborando con su escritura se cumplía “un deber cívico tratando de ayudar a esta obra de bien público y ello nos mueve a ofrecer a esta Revista nuestra modesta colaboración, juntamente con nuestros votos por que ella tenga vida próspera sirviendo de solaz y de instrucción al meritorio personal de investigaciones”[21].

Pero sin duda, la sección que más se acercó al objetivo de interacción de Detective con la sociedad civil fue la denominada “Cuéntenos su aventura policial”, que consistía en una invitación a los lectores de la revista a enviar sus propios artículos referidos a sucesos policiales vividos o actuaciones en primera persona sobre alguna situación que involucrara la persecución del delito. De ese modo, en el primer número de la revista se llamaba a los lectores a enviar colaboraciones con la promesa de que la dirección de la revista daría “especial espacio aquellas narraciones que desarrollan una aventura policial de emoción y que revele, al mismo tiempo, pericia, sagacidad y valentía en el cumplimiento de las órdenes”[22]. La sección no fue permanente y tuvo escasas colaboraciones, motivo por el cual se convocó a los propios detectives de la policía a escribir en la sección y, finalmente, ésta desapareció en el Nº6 de la revista. Dentro de los objetivos que expresaba el director de Detective por incluir una sección escrita por los propios lectores, se encuentra la de incentivar a los lectores a participar en la propia construcción de la pesquisa policial:

Así, pues, nuestros colaboradores pueden enviar la narración con toda clase de detalles, a ser posible, fotografías, como viene la primera narración que se publica con este número de Detective. Uno de nuestros redactores se encargará de mejorar la redacción de cada trabajo para darle más vida[23].

Se recurre así a las mismas estrategias del periodismo comercial, en tanto se convocaba a la creación de narrativas espectaculares sobre el crimen. Sin embargo, este nivel de participación cuestionaría el propio deber y profesionalización de los cuerpos policiales, motivo por el cual suponemos, la sección no tuvo continuidad y fue, finalmente, descartada dentro de la revista.

No obstante desaparecer de las páginas de Detective, esta estrategia de interacción es trasladada en forma de colaboración y redes de intercambio de la revista con otras de sus símiles en países como Estados Unidos. En el mismo Nº 6 de la revista, que advierte de la desaparición de la sección, se deja abierta la invitación para colaborar en la creación de contenidos policiales que serían enviados al magazine Comisario O’Ryan de Nueva York, dirigido por James Perley Hughes.

Detective no continuó con la sección de escritura de lectores. Posteriormente, las propias secciones de “Consultorio y Buzón”, las “Cartas al Director” y las “Opiniones”, se restringieron exclusivamente a funcionarios o cercanos a la institución policial. Pero, ¿por qué no prosperaron las secciones de interacción? Un primer factor que pudo haber incidido en el poco interés que hubo por parte de la sociedad civil en interactuar con la revista se deba a los procesos internos de la prensa de alto tiraje, que ya en los años treinta se encontraba compitiendo con la expansión de otros formatos; un momento en que el magazine ya no era atractivo frente al cine y la radio. Los célebres magazines que habían sido fundados a principios de siglo, dejaron de existir en la década de los treinta, dando paso, en la década siguiente, a revistas de corte sensacionalista internacional, muy diferentes a las crónicas magazinescas de los albores de la cultura de masas.

En ese mismo sentido, el cine y la radio vinieron a incluir a un segmento considerable de la población chilena: los analfabetos. En efecto, la alfabetización en el Chile de los años treinta sólo alcanzaba el 56% de la población[24], muy por debajo de otras ciudades capitales. Aunque Detective incluyó secciones gráficas en sus descripciones de actualidad, éstas ya no estaban en sintonía con las necesidades comunicacionales urbanas. Al contrario, la revista perpetuó el grabado por sobre la fotografía, es decir, herramientas que remitían más a los formatos decimonónicos que a las nuevas tecnologías de información y entretenimiento difundidas en los años treinta.

De esa forma, sin lograr sus objetivos de interacción, en su cuarto año de publicación Detective cambió su nombre por el de Revista de criminología y policía científica, cambio que también obedece a las propias re-organizaciones al interior de la policía civil chilena, que a contar de ese mismo año cambió pasó a llamarse Policía de Investigaciones de Chile (PDI). Sin embargo, más allá de la real participación de lectores y de la propia continuidad de las secciones de interacción, interesa destacar los esfuerzos de la policía chilena por establecer estas conexiones con el público civil. En un intento por extender los contenidos policiales a la comunidad no sólo a partir de la difusión de los conocimientos policiales, se pretendió involucrar a los lectores en la propia narración de estos contenidos, como una manera de acercar y naturalizar, a partir de un lenguaje común a los medios de comunicación masivos, los procedimientos policiales.


  1. Este trabajo centrado en la revista Detective, se enmarca en el desarrollo de mi proyecto de tesis doctoral, titulado: El “magazine policial”: prensa, policía e historias conectadas. (Argentina, Brasil y Chile, 1900-1940)” radicado en el Programa de Doctorado en Historia de la Universidad de San Andrés, Argentina. Una primera versión constituyó la ponencia “’Cuéntenos su aventura policial’: para uma constituição das audiências policiais. Detetive e a interação com os leitores. (Santiago do Chile, 1934-1937)”, presentada en el XXVIII Simpósio Nacional de História Lugares dos Historiadores: Velhos e Novos Desafios, celebrado entre los días 27 y 31 de julio de 2015 en Florianópolis, Brasil. Agradezco a Diego Galeano y Marcos Bretas por sus comentarios y sugerencias en dicha instancia y la posterior invitación a este compilado.
  2. En la actualidad, la revista Detective continúa siendo editada por la Policía de Investigaciones de Chile; sin embargo no se trata de la misma publicación de 1934, corresponde a un periódico interno, que retomó el nombre en los años setenta, pero que no es comercializada ni dialoga con otros medios de comunicación. La revisión y reproducción de citas e imágenes de la revista Detective en su primera época, fueron realizadas en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Chile.
  3. Waldo Palma, “Nuestra publicación”, Detective, Nº1, Santiago de Chile, 01/01/1934, p.1.
  4. Harry Taxon, “Nuestra revista ‘Detective’”, Detective, Nº3, Santiago de Chile, 01/03/1934, p.37
  5. Agradezco este dato a Daniel Palma, quien ha estudiado en profundidad la revista La Ilustración Policial y me facilitó importante información sobre su publicación y circulación.
  6. En Chile, este tipo de publicaciones han sido llamadas genéricamente Lira Popular aunque el formato es el mismo que circuló en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX en otras ciudades de América y Europa: pliegos sueltos de poemas vendidos a viva voz en la vía pública. Un estudio que analiza la circulación de la literatura de cordel en el tránsito hacia la conformación de la prensa de alto tiraje y, específicamente, a partir del desarrollo de las temáticas policiales en Santiago de Chile, fue realizado por Tomás Cornejo en 2012. Referencia: José Tomás Cornejo Cancino, Circuitos culturales y redes sociales en Santiago de Chile (1880-1910): un análisis microhistórico. Tesis para optar al grado de Doctor en Historia por el Colegio de México, México DF., 2012.
  7. Gert Wagner, “Remuneración del trabajo en Chile”, en: Trabajo, Producción y Crecimiento, la Economía Chilena 1860-1930, Documento de Trabajo N. 150, Santiago de Chile, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1992, p. 53-92.
  8. “’Detective’ en províncias”, Detective, Nº3, Santiago de Chile, 01/03/1934, p.44.
  9. Ídem, p.44.
  10. “Sección avisos económicos”, Detective, Nº3, Santiago de Chile, 01/03/1934, p.44.
  11. B. Wainer, “Nuestra revista en el Brasil”, Detective, Nº15, Santiago de Chile, 01/03/1935, p.2.
  12. En relación a los contactos entre Argentina y Chile, profundicé dicho aspecto en un avance de mi investigación doctoral titulado “La prensa de la policía en Argentina y Chile: lenguajes, estrategias y conexiones (1897-1902)”, que abordó el momento inicial de los intercambios y colaboraciones entre la Revista de Policía de Buenos Aires y el Boletín de la Policía de Santiago. Este texto fue presentado en las VIII Jornadas de Jóvenes Investigadores en Historia del Derecho, celebradas en La Plata, Argentina, entre los días 28 y 30 de septiembre de 2016.
  13. Waldo Palma, “En marcha”, Detective, Nº2, Santiago de Chile, 01/02/1934, p.2
  14. Harry Taxon, “Nuestra revista ‘Detective’”, op.cit., p.37
  15. El 3% corresponde a las temáticas de “Literatura” y el 6% restante a “Remembranzas y críticas”.
  16. Waldo Palma, “En marcha”, op.cit., p.2
  17. S. Flores Fernández, “La labor de los detectives ante los profanos”, Detective, Nº23, Santiago de Chile, 01/11/1935, p.3.
  18. “Buzón… Nuestros colaboradores”, Detective, Nº7, Santiago de Chile, 01/07/1934, p.37.
  19. “Consultorio y Buzón”, Detective, Nº1, Santiago de Chile, 01/01/1934, p.30.
  20. Edmundo Martínez Aros, “Un periodista opina sobre ‘Detective’”, Detective, Nº 4, Santiago de Chile, 01/04/1934, p.11.
  21. Ernesto Correa Fontecilla, “Una opinión acerca de nuestra revista”, Detective, Nº2, Santaigo de Chile, 01/02/1934, p.38.
  22. “Consultorio y Buzón”, op.cit., p.30.
  23. Ídem., p.30.
  24. “Alfabetización”, Enfoque Estadístico, Instituto Nacional de Estadísticas de Chile, INE. Santiago de Chile, 08/09/2006. Consultada el día 02/11/2016 en: https://goo.gl/3VqRuC


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