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17 Progreso y los identificadores chilenos

1928-1930

Cristián Palacios Laval

Hablar de Progreso, Revista de Identificación Científica es ubicarse en una coyuntura donde la identificación policial cambió definitivamente su blanco tradicional. El delincuente pasa a un segundo plano dejando al ciudadano común como protagonista de los Servicios de Identificación. Quienes ejercían las prácticas identificadoras también varía, el jefe-profesor-médico y el personal compuesto por agentes y guardianes de policía dan paso a funcionarios civiles, cuyo saber especializado, funciones y competencias técnicas conformarán una identidad profesional singular con respecto a los otros grupos que integraban la agencia policial.

El presente artículo analizará esta revista durante su primera época de publicación, 1928-1930, años en que se vivía el régimen dictatorial de Carlos Ibáñez del Campo. Órgano oficial de la Sección de Identificación y Pasaporte (O.S.3), del Departamento de Orden y Seguridad de los Carabineros de Chile, Progreso tuvo un total de 24 números publicados, siendo su último en Junio de 1930. Después de un receso de trece años, en Agosto de 1943, sale nuevamente en circulación cómo órgano oficial de la Asociación de Identificadores de Chile y dependiente de la Dirección General del Registro Civil Nacional, institución resultante de la fusión por Decreto Ley n°51 del 30 de diciembre de 1942, del Registro Civil y el Servicio de Identificación y Pasaporte.

Progreso no sólo fue una plataforma de difusión de la identificación civil y la dactiloscopia vucetichiana, fue espacio de divulgación de los avances nacionales en la ciencia de la identificación, como también espacio para trayectorias de una nueva figura estatal: el identificador o dactiloscopista. Por otro lado, interesa también analizar el servicio de identificación en el contexto político y social de la dictadura de Ibáñez (1927-1931), caracterizado por sus claras y fuertes manifestaciones nacionalistas y autoritarias, estatista y corporativista.

El Servicio de Identificación y Carabineros de Chile

La década de 1920 no sólo fue escenario y manifiesto terminal del orden liberal-parlamentario impuesto por la oligarquía, acentuado por el colapso comercial del modelo librecambista chileno, el agudizamiento de las luchas sociales y una seguidilla de golpes militares, 5 de septiembre 1924 y 23 de enero de 1925[1], sino también escenario de la instauración de la identificación obligatoria y la creación de Carabineros de Chile.

A poco andar el golpe militar de 1924, liderado por el General Luis Altamirano, la Junta de Gobierno dicta el Decreto Ley n° 26 que estableció Servicio de Identificación Personal Obligatorio basado en el sistema dactiloscópico de Juan Vucetich y la descripción morfológica de Alphonse Bertillon. Este servicio, pensado como “indispensable en las sociedades modernas, como una garantía para los habitantes”[2], dependerá por ese entonces de la Dirección General de Policías estaría compuesto por un Gabinete Central localizado en la capital del país, Santiago y por distintos gabinetes ubicados en las cabeceras de provincias y de departamentos, los cuales estaban bajo la vigilancia inmediata de las respectivas jefaturas policiales pero en términos técnicos por el gabinete central. Las funciones que debían asumir estos reparticiones serán la filiación e identificación de hombres nacionales y extranjeros mayores de 18 años, la confección y entrega de carnets de identidad y certificados de conducta; la apertura de prontuarios judiciales y policiales, la formación de estadísticas criminales y despachar las carpetas de información a solicitud de las autoridades judiciales o administrativas[3]. Al gabinete central le correspondía la vigilancia técnica de todos los gabinetes establecidos y a establecer a nivel nacional. Se estableció un plazo de tres meses para que las policías locales creasen u organizasen, dependiendo del caso, sus respectivos gabinetes de identificación, y de un año para establecer como obligatorio el uso del carnet de identidad[4].

Carabineros de Chile, actual policía militarizada chilena, fue creada por el entonces vice-presidente de la República el Coronel Carlos Ibáñez del Campo[5], por medio del decreto con fuerza de ley n° 2484, del 27 abril de 1927, que ordenó fusionar los servicios policiales existentes por ese entonces, la Policía Fiscal, la Policía Comunal y el Cuerpo de Carabineros, en una nueva y única fuerza policial. Con respecto al Servicio de Identificación en su nuevo hogar, el decreto n° 4850, del 18 de junio de 1927 establece su dependencia directa del Ministerio del Interior, al que, por intermedio de la Dirección de Orden y Seguridad de Carabineros de Chile, le correspondía la vigilancia e inspección técnica de los gabinetes de identificación departamentales. Posteriormente, según la orden ministerial n°3, del 8 de julio, la supervigilancia técnica de los gabinetes será objeto de la Dirección de Orden y Seguridad.

Finalmente, el Reglamento Orgánico para el Servicio de Identificación, fechado el 15 de febrero de 1928, fija la dependencia definitiva de los gabinetes establecidos en las cabeceras de departamentos del país en la Dirección General de los Carabineros de Chile. A los Comandos de Unidad les corresponderá el control inmediato del servicio general de los gabinetes de su dependencia, sin contar lo referido a la inspección técnica y preparación del personal, lo cual queda a cargo de la subsecciones de Instrucción e Inspección de la Sección de Identificación y Pasaporte.

Para el Jefe del Gabinete de Identificación de la ciudad puerto de Valparaíso, Clodomiro Cabezas Cabezas, a Carabineros le tocaba colocar a la identificación dactiloscópica como elemento estructural y permanente del funcionamiento social, jurídico y político de la sociedad chilena, al “llevar a esta Ciencia profundamente humana a su más alto grado de perfeccionamiento, conociéndola, amándola y dándole luego el máximum de las aplicaciones prácticas”[6].

La sección de Identificación y Pasaporte tuvo cómo su primer Inspector-jefe al Mayor Oscar Reeves Leiva, quien había tenido una destacada trayectoria en la Policía de Orden de Santiago, ingresando en 1912 como Aspirante a Oficial y destacándose, posteriormente como subcomisario de la Brigada Central desde 1918[7]. En la Escuela Policial, dentro del plan de estudio, cursa el ramo de identificación dictado por el profesor ayudante- repetidor de la Oficina de Identificación Antropométrica, Luis Leiva Salas, posteriormente en la década de 1920, Reeves comienza a dictar clases de identificación a los oficiales de la Brigada Central y de las Comisarías 3 y 5. Producto del decreto ley n° 26, fue nombrado jefe del Gabinete Central.

Oscar Reeves Leiva fue el último jefe con carrera policial que tuvo el servicio de identificación, dentro de sus más destacados aportes como jefe está la creación de un curso de perfeccionamiento técnico para los identificadores. En 1928 fue nombrado como su sucesor el profesor de dactiloscopia y uno de los directores de la Revista Progreso, Clodomiro Cabezas.

Progreso

El 1 de marzo de 1928 sale el primer número de Progreso. Auspiciada por el jefe del Departamento de Orden y Seguridad, el Teniente-Coronel Humberto Contreras de la Vega y el Inspector-Jefe del Servicio de Identificación, el Mayor Oscar Reeves Leiva, y autorizada por el Director General de Carabineros de Chile, el General Aníbal Parada, sus directores-propietarios fueron en ese entonces el profesor de dactiloscopia e inspector de 1ª clase, Clodomiro Cabezas y Carlos Durán Valdivia, secretario de la Sección de Identificación y Pasaporte[8]. El redactor de la revista fue el secretario del Gabinete Central y del Club deportivo “Identificación” Rafael Mariano Bravo.

Progreso en su primera época de publicación tuvo un total de 24 números. El tamaño de la revista fue constante (266mm x 188mm). Las imprentas involucradas en las publicaciones fueron tres: Imprenta y Encuadernación “BARDI” (del n° 1 hasta el n° 12), Imprenta Nacimiento (del n°13 al 23) y, finalmente Imprenta y Litografía “La ilustración” (n°24).

Fue una revista mensual, a un peso su venta, hasta el penúltimo número, de enero de 1930. El último número de la revista fue publicado cinco meses después, a un valor de cuatro pesos. Se imprimieron un total de 10.000 ejemplares de este número, el cual se caracterizó por ser el más extenso con un total de páginas 209, donde se incluyeron las notas y comentarios sobre las actas de la Comisión de Reforma al servicio.

Antecedida por el retrato de Juan Vucetich, el primer número inicia con la nota editorial “nuestro programa” que presenta los objetivos principales que la Revista buscaba con su circulación: la divulgación de la “Ciencia de Vucetich”; “levantar el nivel moral de los que a ella han dedicado sus esfuerzo, su inteligencia y que en ella también, cifran su porvenir; convencer a los que la combaten, por prejuicios vanos, debelar a los que interesadamente la atacan, porque así les conviene”[9]. Progreso se comportaría como el espacio de difusión e instrucción de la ciencia dactiloscópica por y para el personal de identificación, dentro y fuera de la institución policial. Según la dirección de la revista, dar a conocer los estudios y avances de la dactiloscopia, en el ámbito nacional e internacional, se pensaba cómo “obra patriótica”, para así mejorar la “situación moral general de los que laboran en silencio, guiados de un afán, cada día mayor, de hacer obra beneficiosa y científica”[10]. En este sentido, la colaboración con la revista fue un elemento crucial para el sostenimiento de la misma. Así lo indicaba la dirección:

Esperamos confiados, que todos los empleados de Identificación y todos los amantes del progreso institucional, tomando en cuenta nuestro esfuerzo, nos ayudarán […] Queremos hacer una declaración terminante; queremos que no lleguen hasta nosotros, modestos colaboradores de una grandiosa obra, que en el futuro triunfará por sí sola, suspicacias mordaces o interpretaciones antojadizas[11].

Los trabajos debían ser enviados en lo posible antes de los días 15 de cada mes, escritos a máquina. Toda comunicación debía ser remitida a Carlos Durán Valdivieso y el envío de dinero en giro postal o letra contra la Caja Nacional de Ahorros.

Además la colaboración fue estimulada por el decreto interno n° 7/568 emanado por Humberto Contreras de la Vega, el cual indicaba que todo trabajo publicado en Progreso llevaría una felicitación en la hoja de servicio del empleado-autor. Cómo indicaba el auxiliar 3° del Gabinete Central, E. del Pozo, publicar en Progreso significaba para algunos el esperado ascenso y para otros las felicitaciones de la superioridad[12].

El personal de Identificaciones que escribió para la revista fueron mayormente los directores de la revista y los jefes de los gabinetes. También se debe destacar un importante número de trabajos enviados desde provincia (Arica, Taltal, Illapel, San Felipe, Valparaíso, Curicó, Talca, San Carlos, Temuco, Nueva Imperial y Lautaro). Las colaboraciones fueron desde trabajos de índole técnico-científicos hasta del servicio de los gabinetes, su funcionamiento, experiencias y problemas que se presentaban en estos: la falta de personal, la atención al público, y la demora en la entrega de cédulas y pasaportes.

A los trabajos originales se les acompañaba con distintas secciones tales como Literatura (llamada también Selecciones Líricas o Ensayos literarios), Crónica Teatral, Deporte, Galería de Identificadores, Crónicas del Mes, Misceláneas, Páginas amenas, Colaboraciones y temas libres, Noticas breves, De la prensa, De provincia, La cuarta pregunta e Islotes.

A partir del fichaje completo de los artículos de Progreso, hemos podido observar la predominancia de publicaciones nacionales por sobre las foráneas. Durante los dos años de existencia de la revista se publicaron dos artículos extraídos de la Revista de Criminología, Psiquiatría y Medicina Legal de Buenos Aires: “Teledactiloscopía. Identificación a la distancia” del Subcomisario de la Policía de La Capital Francisco L. Romay y “Aniversario de la Dactiloscopia de Juan Vucetich”. De la Revista de Identificación y Ciencias Penales, el artículo “Ciencia y Derecho de Identidad” de Luis Reyna Almandos. Por otro lado, la conferencia “Las bases científicas de la dactiloscopia” dictada en el Gabinete Central por el técnico de Policía Científica, el alemán Pablo Schmitz Voigt, y, finalmente el artículo “The Technique of Criminal Investigation in Germany” del criminólogo alemán Robert Heindl publicado en la revista The Annals of the American Academy of Political and Social Science. La colaboración nacional externa al Servicio de Identificación, están el artículo “Carnet de Identidad” del Oficial Civil de Melipilla Anselmo García Gormaz y el trabajo del profesor de Medicina Legal y Policía Científica de la Escuela de Carabineros y de Investigaciones Alberto Benítez Sanhueza.

Con respecto al personal suscrito a la revista, la información entregada por Progreso es sumamente escasa. No se publican nóminas o listas que individualicen a los suscritos, sólo se entregan ciertos datos parciales sobre el tema. En los números dos, cuatro y ocho se transcriben de notas periodísticas el envío y recepción de la revista en algunos gabinetes de provincia, por ejemplo, en El Llanquihue de Puerto Montt, La Prensa de Osorno, El Diario de La Serena, El Tarapacá de Iquique y El Correo de Valdivia. Dentro de la información entregada por dichos diarios nacionales, más otras antecedentes parcialmente incluidos en Progreso, se puede inferir que los Jefes de los Gabinetes de Identificación eran los representantes o agentes de la revista en las provincias, quienes estaban encargados de su difusión y venta para el personal, y también, si fuese el caso, para el público general. Cómo lo indicaba El Diario de La Serena, “los que deseen obtener el primer número de esta importante publicación pueden solicitarlo desde luego al Gabinete de Identificación de esta ciudad”[13].

Según algunos artículos o notas publicadas, la recepción de la revista dentro del personal fue más bien tibia en sus inicios. Por ejemplo, así lo indicaba el Auxiliar 2.o del Gabinete Central Guillermo Silva del Valle:

Es harto doloroso constatar que desde algunos Gabinetes, de importancia se hayan devuelto números de la Revista porque fué imposible darles cabida. En cambio, Gabinetes de menor importancia han solicitado 70 o más números […][14].

Además el propio Humberto Contreras de la Vega manifestaba que la situación económica de la revista era más bien frágil, debido a la escasa suscripción:

Sé que esta Revista ha llevado hasta el momento, una vida económica precaria, y que el digno esfuerzo de su Dirección, no ha sido comprendido y quién sabe si mal comprendido. Una publicación cualquiera demanda numerosos gastos, que es natural que sean salvados con sus propias entradas y es por esto que invito al personal a ayudar “Progreso” en forma también práctica para que se financie debidamente[15].

Dentro de su primera época Progreso tuvo dos direcciones: la primera bajo la dirección de los ya nombrados Clodomiro Cabezas y Carlos Durán Valdivieso (desde el 1er número hasta el n°11) y la segunda bajo el directorio de la Cooperativa de Consumos, Créditos y Edificación del Servicio de Identificación y Pasaportes (del n°12 hasta el n°24). El cambio de dirección no significó variaciones significativas en el programa propuesto por sus creadores, se mantuvo el llamado y la inclusión de trabajos técnicos y colaboraciones de todo tipo del personal. Pero si significó una revista más informativa y amena con el lector que la etapa anterior. Se comienza a publicar el sumario en la portada (antes del n° 13 de la revista no se incluían sumarios) además de incluirse las actividades de la cooperativa, la lista de socios y sus balances anuales, y las secciones como la Crónicas del mes, que daban cuenta de los acontecimiento institucionales y cotidianos del servicio a nivel nacional, la Cuarta pregunta, que recogía un tipo de “encuesta” realizada al personal, y la satírica Islote.

Con respecto a la publicidad en la revista, fue usual que tanto la cara interna de la portada, las primeras y últimas páginas, y contraportada estuvieran dedicadas a avisos publicitarios. También ocupar espacio al interior de la revista, en formatos pequeños que acompañaban los artículos y/o secciones, cómo también a carilla completa. Los ítems publicitados, principalmente provenientes de Santiago, fueron agencias de imprenta y librerías; agencias y cámaras fotográficas; casas de calzado, trajes, ropas deportivas y accesorios; compañías de automóviles, y productos bancarios y de grabación y reproducción de sonido. A su vez podemos destacar publicidad dedicada para Carabineros de Chile y el Servicio de Identificación cómo la Mueblería y Tapicería “San Agustín” de Gregorio Melnick, que era la casa proveedora de las oficinas de los Carabineros de Chile, y la Óptica Hammersley que comercializaba lentes especiales para dactiloscopistas. Cómo también la inclusión de anuncio que publicitaban actividades particulares de algunos empleados del servicio, como los de abogacía de Julio Larraín Luengo, profesor e inspector de identificación, y de arte del caricaturista de Progreso Alberto Méndez Palomera.

También el uso de las imágenes fue común en la revista. Muchos de los trabajos o noticias del servicio estuvieron acompañados por retratos o fotograbados de sus autores o de los personajes nombrados en los trabajos. Además, se publicaron caricaturas y dibujos que incluían bajadas satíricas. Los dibujantes fueron funcionarios del servicio de identificación, como Alberto Méndez Palomera, Alberto Zorrilla Villavicencio[16], y César Gacitúa Vergara. Hubo además una sección dedicada a los identificadores destacados, “Galería de Identificadores”, compuestas por la fotografía y una bajada de texto. En ciertas ocasiones fueron acompañadas por pequeñas biografías que narraban sus logros institucionales. En otras secciones, como noticias breves o crónica del mes, las celebraciones de ascensos, traslados u onomásticos de los jefes o personal de los Gabinetes, tanto de Santiago como de provincia, eran acompañadas por fotografías de sus festejados y asistentes, principalmente compañeros o el personal del Gabinete. Otra sección que utilizó las fotografías fue la de Deporte, aquí podemos encontrar principalmente la de los equipos de futbol del club deportivo Identificadores.

Siguiendo el análisis, un aspecto importante que se debe indicar son las portadas de la revista. El tipo de papel que predominó fue el grueso, en algunas ocasiones texturizado; también se usó papel satinado. La cabecera de la tapa estuvo compuesta por el título de la revista y su bajada, comunes fueron los cambios de colores, tamaño y en la forma de la tipografía. Desde su primer número hasta el 13 se incluyó en su parte inferior (izquierda) el artículo 10 del Convenio Internacional de Policía de 1905, en el que se acordaba avanzar en la identificación civil en las policías contratantes de Argentina (de La Plata y Buenos Aires), Brasil (Rio de Janeiro), Chile (Santiago) y Uruguay (Montevideo) al “facilitar que toda persona honesta registre en la oficina de identificación sus antecedentes y su individual dactiloscópica […]”[17]. La inclusión de este artículo, cómo antecedente histórico de la identificación civil, refleja cómo se pensaban a sí mismos los directores de la revista y al servicio de identificación: continuadores de la obra de Juan Vucetich. Es más, cómo veremos más adelante, todo tipo de reforma que se intentó llevar a cabo en el método de clasificación de Vucetich, tuvo en el convenio policial de 1905 y 1920, el antecedente que comprometía a los identificadores chilenos que sus posibles modificaciones no comprometieran las bases del vucetichismo.

Es interesante indicar que Progreso no tuvo un cierre formal, en la última página del número de junio se anunciaba que la revista en adelante sería trimensual. Según Chago Lan, pseudónimo del redactor de la segunda época de Progreso, Santiago de la Rosa, la revista sufrió un receso “por dificultades editoriales y de las cuales sufrieron sus declinaciones muchas importantes publicaciones del país”[18]. El abrupto final de la revista tuvo como unos de sus principales factores, según el redactor, que las suscripciones no fueran obligatorias para el personal de identificaciones, hecho que, más la crisis comercial mundial de 1930, significó para la dirección no contar con “reservas económicas que hubieran podido ayudarla a afrontar una crisis como la que en sus tiempos sufrieron todas las editoriales”[19]. Formalmente el cierre de la publicación ocurrió con la orden general n° 535, que anunciaba la publicación de la nueva revista institucional “Gaceta de Carabineros de Chile”, en la cual se debía contener tanto a los colabores, suscriptores y avisos contratados de Progreso y de la Revista de los Carabineros de Chile (1927-1931)[20].

Identificadores

Dentro de esta categoría ubicamos los artículos o secciones que tuvieron como objetivo principal definir el “deber ser” del identificador. Tal como toda publicación intra-institucional, Progreso intentó determinar lo que “es” y “hace” un identificador. Según Humberto Lagno Aguilar, eran 10 los preceptos que definían a un “buen” empleado de identificación: Anotar todos los datos con claridad y exactitud; Aprender a tomar impresiones nítidas y completas; No clasificar sino con la pericia meticulosa de Vucetich; Distribuir todos los documentos con el mayor cuidado; Aprender a buscarlos en el archivo con máxima rapidez y seguridad; Trabajar a constancia las horas reglamentarias; Ser muy caballeroso para con el público; Estudiar con ahínco todas las leyes y los mejores métodos de labor; Identificarse con el cumplimiento de todos sus deberes; Contribuir entusiastamente al mejoramiento y difusión de “Progreso”[21].

Con respecto a esta última norma del “buen” identificador, las figuras del jefe del gabinete de Temuco Gilberto Llanos Valenzuela y el de Talca Eduardo Castillo Otárola, a quienes la revista les dedicó varias notas, se tornan referentes institucionales de importancia. Según la revista el primero de ellos ha “realizado una hermosa obra […] consistente en numerosas publicaciones de índole técnica, administrativa o de simple divulgación en diarios del Sur del país y en nuestra revista. Ha sostenido correspondencia con instituciones extranjeras, principalmente con el Museo Vucetich […] el establecimiento de un curso gratuito de Dactiloscopia para los empleados de Bancos de la mencionada ciudad, y varios artículos sobre fusión de nuestro Servicio con Registro Civil”[22]. En el caso del jefe del gabinete talquino, continua la revista “no menos de 11 publicaciones extensas en diarios de la zona central y en revistas, ha hecho este personero de la Identificación Civil, mostrándose […] un digno sostenedor de los postulados de Vucetich y Reyna Almandos”[23].

La construcción de un modelo ideal de identificador implicó la construcción de su otredad. El empleado “meritorio”, según Clodomiro Cabezas, tuvo su contracara en el “individuo flojo, sin iniciativa, sin decoro, sin inteligencia, altanero será declarado inepto, sin que pueda valer ninguna otra consideración, que no sea el progreso institucional”[24]. La “nueva moral” que se intenta inculcar era producto del esfuerzo y la iniciativa individual, categorías que servirían para validar un orden institucional eficiente y científico para la restauración del orden social.

Como podemos observar, una de las peculiaridades del discurso moralizador del personal de identificaciones fue la idea del perfeccionamiento profesional, categoría aglutinadora de una batería de valores y comportamiento tales como el deber, la competencia, el compañerismo, la honestidad, y el trato respetuoso al público, que se pretendía difundir en el identificador en el desempeño de su función. Dentro de estos, el tema de la relación del identificador y el público fue también un asunto central. La proximidad del fin de la prórroga otorgada para el cumplimiento de la obligatoriedad de la cédula de identidad (1 de enero de 1930) significaba acuñar todos los esfuerzos posibles para atraer al público a los Gabinetes de Identificación. Así lo expresaba Juan Arias:

Con nuestra educación y amabilidad conquistaremos las simpatías del público desde el mismo momento que atraviesa el umbral de nuestras oficinas. Con ello, además de cumplir con un deber que nos impone nuestra cultura, prestigiamos de hecho a la institución, porque nada más elocuente que la cultura de los empleados para demostrar la buena organización de un servicio[25].

Por otro lado, es interesante indicar que la idea de perfeccionamiento personal cómo progreso institucional sólo contemplaba el personal masculino. La inclusión del personal femenino es casi inexistente en las páginas de Progreso. Encontramos en una fotografía del personal del Gabinete de Valparaíso a la auxiliar 3a Raquel Verdugo Herrera, la noticia del traslado de Olga Rodríguez de la sección fotografía del Gabinete Central al Gabinete de Lebu, acompañada de su retrato, en la fotografía de un grupo de identificadores(as) practicando natación y en imágenes de la celebración del día del “identificador”, los 1 de diciembre.

Existe un solo artículo publicado por una funcionaria del servicio. En “Mi opinión”, Cora Andrew de Brieba, auxiliar 3adel Gabinete Central, reflexiona sobre el rol de la “mujer que dedica su existir al trabajo”. Para ella, el “reducido personal femenino”, debía ser un agente auxiliador de sus compañeros y jefes en la carrera profesional, donde las ansiedades por subir en el escalafón institucional u otras situaciones cotidianas del servicio como por ejemplo las posibilidades de ser trasladados a otros gabinetes del país, eran exclusivas para el personal masculino. El espíritu del trabajo de la mujer era definido por la lealtad y por ser “buenas camaradas” del personal masculino:

Nosotras, creo un deber que debemos secundar sus tareas, animadas del espíritu del trabajo, no preocuparnos de ascensos, traslados, etc., sino por el contrario, debemos nosotras ser el pedestal sólido que sirva para que nuestros estudiosos jefes y compañeros, alcancen uno a uno los laureles que merece nuestra importante y necesaria institución[26].

La narrativa institucional ensalzará valores morales cómo la iniciativa, el compromiso o el sacrificio para crear una unidad profesional homogénea y cerrada. Valores que conjugados no sólo fueron pensados para el perfeccionamiento personal, traducidos en ascensos y mejores condiciones laborales-económicas, sino principalmente para definir el “deber ser” del identificador, su rol u obligación moral para la sociedad. Para muchos, el “acto de identificar” era como el ritual del bautismo. Recoger y copiar las huellas digitales mediante el entintar e imprimir de los dedos era entregar vida civil a un individuo, integrarlo a la organización social. En términos jurídico-biológico, el identificador se consideraba como Ministro de Fé, al ser el funcionario responsable del reconocimiento estatal de la intervención imparcial de la naturaleza, encarnada en las huellas digitales, en la distinción y clasificación del ser humano como entidad biológica única e inmutable.

Fusión del servicio con el registro civil

Tal como lo indica el acápite, la fusión entre el Servicio de Identificación y Pasaportes y el Registro Civil fue otro de los temas tratados por Progreso. La idea central que emana de los artículos o comentarios que tratan sobre la fusión de ambos servicios, es principalmente conseguir el registro total de la población a través de las impresiones digitales. Cómo lo indicaba Julio Larraín Luengo, el rol del servicio iba más allá de la simple entrega de cédulas de identidad, su objetivo principal era el “registro general de las vidas”[27].

Un hecho importante fue la propuesta enviado por el Director General de Carabineros Aníbal Pinto al Ministerio de Interior, de fecha 5 agosto de 1928, de fusionar el Registro Civil con el Servicio de Identificación. Este proyecto, según Carabineros, era más eficiente del que estaba en estudio por el gobierno de Ibáñez del Campo de crear un Archivo Nacional, con el prontuario y datos civiles de nacionales y extranjeros.

Para los identificadores, el Registro Civil, creado en 1884, no contaba con un método científico para establecer las identidades, la dactiloscopia, que garantizará el registro de las “tres etapas más trascendentales de la existencia”: el nacimiento, el matrimonio y la muerte, estados de la vida que debían quedar bajo el control del servicio de identificación

El proyecto de fusión de Aníbal Pinto demuestra los criterios policiales que acompañaban a la identificación general. Las funciones que cumpliría la institución resultante, debía registrar desde el nacimiento hasta la muerte del ciudadano su historia civil- jurídica a través de prontuarios o libros de vida. Se pretendía guardar la historia de vida de toda persona registrada y vigilar el cumplimiento de los máximos deberes “nacionales”, primero la Ley de Instrucción de Primaria Obligatoria, luego de la Inscripción Militar Obligatoria y, finalmente el Matrimonio Civil. Este tutelaje identificatorio, en el que primaba una idea normativa y moral buscaba impedir el analfabetismo, la deserción y la bigamia[28].

Dentro de los discursos sobre la ampliación del Servicio de Identificación, no sólo se centró en fusión con otros servicios análogos, tal como el Registro Civil o el Censo, sino también se comienza a discurso la identificación del recién nacido y del niño en su etapa escolar[29]. Una de las particularidades encontradas en estos discursos fue el uso de una narrativa determinista. Por ejemplo, para Gilberto Llanos Valenzuela, la identificación escolar (a la edad 10 años), permitiría “orientar” a la justicia por medio del registro de carpetas de conductas y caracteres psicológicos durante el periodo de enseñanza escolar. El pensamiento criminológico duro acompañaba sus ideas al considerar la “existencia de individuos, que desde pequeños, sienten como algo innato inclinaciones al mal, y, hay otros que se inician en la delincuencia por las malas compañías o acosados por la necesidad”[30]. Asimismo, para auxiliar 2.o del Gabinete Central, Guillermo Silva del Valle, el estudio del determinismo digital marcaría el camino de la perfección de la humanidad al prever la desviación psíquica y antisocial de los individuos[31].

Comisión de reforma

La Comisión de Reforma del Servicio de Identificación designada por la Orden N° 126, de la Dirección General de Carabineros el 23 de marzo de 1929, fue una instancia significativa para los identificadores chilenos. No por nada Progreso recogió los avances de la comisión en sus números de 1929 y se publicó en el n° 24, sus actas, discusiones y resoluciones.

La jefatura del servicio con fecha 9 de febrero de 1929 propuso a dicha Dirección reformar el Reglamento Orgánico de Identificación, introduciendo modificaciones especialmente de orden técnico y administrativo. Instancia que fue aprovechada por el Prefecto de la Sección de Investigaciones Ventura Maturana Barahona, quien vio en esta la oportunidad de intervenir y proponer la fusión entre ambos servicios. El objetivo principal para él era trasladar el archivo judicial a las dependencias de investigaciones para con esto comprometer al servicio de identificación un rol auxiliador más activo con la repartición de Maturana.

La Dirección General de Carabineros propuso para que el Servicio de Identificación “cumpla su finalidad de auxiliar de los servicios de investigaciones” una comisión compuesta por el Jefe del Departamento de Orden y Seguridad, Mayor Eduardo González Méndez, por Ventura Maturana y el sub-comisario Alfredo Barahona, el Inspector-Jefe de la Sección de Identificación Clodomiro Cabezas, y el profesor de dactiloscopia e inspector de identificación el abogado Julio Larraín Luego (que actuó también como secretario de la comisión) y, finalmente, el asesor técnico de la Policía de Investigaciones el alemán Paul Schmitz. Los temas a deliberar fueron los siguientes:

1. Si, respetando la Conferencia Internacional de Policías de Buenos Aires, conviene mantener el sistema Vucetich o adoptar otro; 2. Si, adoptando el sistema Vucetich, conviene implantar la subclasificación del contaje de líneas u otra; 3. Sí, no significando un mayor gasto para el Fisco, es conveniente separar la identificación civil de la judicial; 4. Qué normas podrían adoptarse para que existiera un mayor contacto de funciones entre los servicios de Investigaciones e Identificación; 5. En qué forma se podrían reducir, o, por lo menos, evitar la ampliación del local, mantener la seguridad y conservación de los documentos y cuáles serían los formularios más económicos y más expeditos para reemplazar los cuadernos prontuariales en uso; 6. Si sería conveniente empezar una nueva numeración, y si no sería perjudicial, ante la proximidad de las elecciones, el comenzarla el 1. ° de Enero de 1930; 7. Cuál sería la mejor medida de adoptar para que se tenga conocimiento preciso de los prontuariados que fallecen; 8. Si es oportuna la clasificación monodactilar y cual sistema es mejor; 9. Si es indispensable la implantación de la fotografía de detenidos con luz artificial; 10. Si hay conveniencia en establecer la duplicidad de prontuarios o cartillas para los prontuariados que registran antecedentes para los casos de pérdida[32].

Dentro de los temas tratados, creemos pertinente para los objetivos de este artículo profundizar en los primeros cuatro. Esto por haber sido los que generaron mayor discusión entre los miembros “técnicos” de la comisión y los de mayor trascendencia para el Servicio de Identificación.

La primera reunión se celebró el 10 de junio de 1929. En esta se acordó, aparentemente sin deliberaciones, respetar los convenios interpoliciales de 1905 y 1920, mantener el sistema dactiloscópico, más bien la base de este, por ser el de “más sencilla aplicación y el que mejores resultados ha dado en la práctica”. Con respecto, al segundo punto, Julio Larraín Luengo propuso para la siguiente reunión presentar un proyecto de una nueva clave dactiloscópica. Esta clave de clasificación respetó las bases fundamentales del método de Vucetich, los grupos primarios de impresión, y la clasificación y archivo de las cédulas dactiloscópicas a base de los diez dedos, pero amplió el número de valores digitales de cuatro a catorce (Arco normales, piramidales; Presillas Internas normales, de variedad; Presillas Externas normales, de variedad; Verticilo de un centro interno, medio y externo; Verticilos de dos centros internos, medios y externos; Figuras ganchosas y defectuosas). Con esto se buscaba resolver el alto número de fórmulas frecuentes atribuidas a la clave argentina, y facilitar, así, el ordenamiento y descongestión de las fichas en los gabinetes, simplificar las subclasificaciones y reducir el riego de equívocos en la clasificación dactiloscópica a simple vista.

Si bien la nueva clave tuvo buenos comentarios, las opiniones de Paul Schmitz, un convencido de la superioridad del sistema Galton-Henry por sobre el de Juan Vucetich, y las dudas que despertó en Maturana la presencia de errores en las pruebas realizadas a la nueva clave de clasificación, llevaron a convocar la consulta de expertos extranjeros: Edmond Locard, Robert Heindl y Luis Reyna Almandos.

La respuesta de Locard sobre la nueva clave resultó totalmente satisfactoria para sus promotores. Para el técnico francés, “el sistema propuesto me parece excelente, en tanto se trate de clasificar una inmensa colección de impresiones perfectamente bien tomadas”, las modificaciones introducidas a las subclasificaciones de los tipos de impresión de Vucetich, fueron “interpretadas de una manera excepcionalmente fiel”. Con respecto a su pertinencia sobre otros sistemas utilizados en los gabinetes policiales de Europa, el sistema chileno “es evidente superior al sistema de Pottecher, y me parece aún más sencillo que el de Galton-Henry con las mismas ventajas de perecuación”[33].

Con respecto a la recepción del “sistema chileno” en Buenos Aires, las conferencias dictadas en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata y los estudios realizados en las Policías de la Capital y de la Provincia fueron alentadoras. Según Julio Larraín, el viaje de estudio reveló la superioridad de su sistema en comparación con la clave dactiloscópica utilizado en las Policías de Buenos Aires y la del Gabinete que funcionaba en el Ministerio de Guerra. Con respecto a la opinión de Reyna Almandos, según Larraín, “se manifestó muy satisfecho de que el proyecto hubiera respetado las bases fundamentales del sistema Vucetich”, mostrándose tanto él como otros técnicos argentinos “optimistas acerca de los valores de la nueva clave, considerándola más eficiente que los métodos implantados en los diversos Gabinetes argentinos”[34].

Asimismo, el viaje a Buenos Aires fue la ocasión de reafirmar la “obligación moral” de los identificadores chilenos con la figura de Vucetich cómo creador del sistema dactiloscópico. Las palabras de Larraín al cerrar su conferencia dictada en la Universidad de La Plata son clarificadoras:

La ingratitud no ha echado raíces en Chile; el Maestro no tiene aquí detractores […] hemos querido ofrecer nuestra lealtad hacia la misión de los personeros legítimos de la obra científica y jurídica de Vucetich: “inculcar en la conciencia pública ese gran principio de civilización”, que es la Identificación Personal[35].

La comisión, después de un receso motivado por el viaje de Larraín a Buenos Aires, continúa en septiembre de 1929. La “clave chilena de 14 valores” fue acepta para utilizarla en el gabinete central, quedando la subdivisión, por medio de la cuenta de líneas, de las presillas y verticilos como método de control. La enseñanza de la nueva clave queda a cargo de Julio Larraín Luengo, el Jefe de la 3.a Clase Juan Hormazábal Gómez, y el Jefe de la Sección fotográfica, Walter Luzio.

Con respecto a las mejores del Servicio de Identificación sobre su rol auxiliador de Investigaciones, se acordó formar un archivo criminológico, anexo al archivo general del gabinete central, en la Sección de Investigaciones. Inicialmente, este, estaría compuesto por personal del servicio de identificación hasta la preparación de uno propio.

La fusión de ambos servicios fue descartada. Tanto Clodomiro Cabezas como Julio Larraín Luengo consideraban que no existía ningún motivo para dicha fusión, si se había aceptado la creación de un archivo criminológico, el que el ya garantizaba el correcto funcionamiento y cooperación entre ambos servicios. El rechazo contaba con las opiniones a favor del funcionamiento independiente y con personal civil del servicio de identificación con respecto al de investigaciones de importantes expertos, como Locard, Reyna Almandos y Schmitz. Es más se presentó un memorándum de 13 puntos en contra de la fusión, donde se plantea como esta significaría un importante retroceso para la identificación pública concebida por Vucetich, generándose grandes resistencias del público para concurrir a los gabinetes y truncaría el proyecto institucional de fusión con el Registro Civil.

A modo de cierre

El final de la primera época de Progreso no significó el cese de publicaciones relacionadas con la identificación civil y la dactiloscopia. En la revista que sirvió en su reemplazo, la Gaceta de Carabineros de Chile, los colaboradores de Progreso encontraron un nuevo espacio de difusión. Durante 1931 y 1933, publicaron en ella: Clodomiro Cabezas, Gilberto Llanos Valenzuela, Rafael Bravo, Rafael Mariano Bravo, Raúl Latorre Izquierdo, Vicente Ortiz Cornejo, Eduardo Castillo Otárola, Pedro Martínez Gallo, Tomás Vieyra Rodríguez, Ernesto Figueroa Lamas, Ángel Antognoni, F. San Martin, Eduardo Labra Labra, Enrique Formas Salazar, Francisco Cabezas Cabezas, Julio Sepulveda Délano, Juan B. Arias y Manuel Espina Morales.

Sin embargo, para F. San Martín, la ausencia de la revista “arrasó el entusiasmo” de los identificadores por escribir, reflejado en los escases de trabajos publicados por estos en la nueva revista. Esta situación, según San Martín, iba directamente en desmedro de la divulgación de la ciencia dactiloscópica como el dispositivo rector de la organización social:

En “Progreso” antes se decía mucho, se escribía mucho, por pequeños que fueran los detalles se expresaban; ahora todos permanecemos mudos, indiferentes, ocultando con ello un ideal que todo identificador lleva en sí: hacer grande y conocida la identificación dactiloscópica, y que ella sea necesaria en todas las actividades[36].

Dicho artículo fue acompañado de una nota de la dirección de la gaceta, la que abonaba las quejas de San Martin, al plantear que los identificadores “han demostrado la más absoluta indiferencia para hablar de su ciencia y para cumplir las órdenes de la Superioridad, en el sentido de colaborar constantemente en esta publicación”[37].

En 1933 el Servicio de Identificación vive una nueva reorganización que sepultaran por un lapso de 10 años los afanes de convertirse en una institución netamente civil, desprendida de toda filiación con una institución policial. Si bien hubo una instancia concreta de fusión con el Registro Civil (decreto ley n° 336 de mayo de 1931), la Ley N° 5180 del 19 de julio de 1933, dispuso que las secciones de Identificación e Investigaciones de los Carabineros de Chile pasarán a ser instituciones civiles dependientes del Ministerio del Interior, constituyéndose en un solo organismo, la “Dirección de Investigaciones, Identificación y Pasaporte”. Este cambio de coyuntura institucional, hizo del presente de la identificación, el perfeccionamiento técnico de la dactiloscopia criminalística y la policía científica; la dactiloscopia pública y los anhelos de registrar la personalidad nacional volverán a serlo unos años después, y Progreso, la “cátedra de la identificación”.


  1. Julio Pinto Vallejos, “Cien años de propuestas y combates. La historiografía chilena durante el siglo XX”, En: Julio Pinto Vallejos y María Luna Argudín (compiladores), Cien años de propuestas y combates. La historiografía chilena durante el siglo XX, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2006, p.28.
  2. Ministerio del Interior, Decreto-Lei N.26, que establece el servicio de identificación personal obligatorio, 7 de Octubre de 1924, Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Legislación chilena.
  3. Ibid. Con respecto a la relación entre el servicio de identificación y el registro electoral, el Decreto Ley n.102 del 18 de noviembre de 1924 incluye las primeras reformas que buscaron concretar a breve plazo la filiación de todos los ciudadanos con derecho a sufragar con el objetivo de incorporar las cédulas de identidad en al proceso de inscripción.
  4. Con respecto a la obligatoriedad del carnet de identidad, esta sufrió una serie de prórrogas. El decreto-ley N. 460 del 31 de julio de 1925 fijó un nuevo plazo para 1 de enero de 1926, prorrogado hasta 1 de abril de 1930 por la ley n. 4.237 del 10 de enero de 1928. Las causas que se adjudicaban para estos aplazamientos, que siguieron ocurriendo, fueron principalmente de orden técnico y de infraestructura, la escasez de personal y la lejanía de algunos pueblos de las oficinas de identificación.
  5. Luego de los sucesos golpistas del año de 1924, Carlos Ibáñez del Campo asume la comandancia general del Cuerpo de Carabineros, institución creada en 1906, con el nombre de Regimiento de Carabineros, y dependiente del ejército.
  6. Clodomiro Cabezas, La dactiloscopia al alcance de todos, Valparaíso, Imprenta Victoria, 1927, p.50. Cursiva en el original.
  7. La Orden del Día n.. 751, del 10 de marzo de 1906, crea la Brigada Central, repartición de la Policía de Santiago cuyo propósito será aliviar principalmente a la Policía de Orden de cumplir ciertos servicios en la ciudad. Esta nueva repartición se hará responsable de servicios auxiliares como la vigilancia de teatros, reuniones públicas, paseos públicos, del servicio de tráfico en las calles céntricas y de primeros auxilios en caso de accidentes, etc. Veáse: Oscar Honorato y Waldo Urzúa, Álbum gráfico de la Policía de Santiago, Santiago, 1923 p.124-125.
  8. Unos meses después ambos fueron ascendidos, el primero a Inspector-jefe de la Sección de Identificación y Pasaportes, y el segundo a Jefe del Gabinete Central de Identificación.
  9. “Nuestro Programa”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año1, N.1. Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, marzo de 1928, p.2.
  10. Ibid.
  11. Ibid, p.3.
  12. E. del Pozo, “Para “Progreso”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N. 7. Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, septiembre de 1928, p.225.
  13. “La prensa y nuestra revista”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.2. Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, abril de 1928, p.49.
  14. Guillermo Silva del Valle, “Espíritu de cooperación”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N. 6. Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, agosto de 1928, p.182-183. Cursiva en el original
  15. Humberto Contreras de la Vega, “Circular”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N. 6. Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, agosto de 1928, p.191. Negrita en el original
  16. Alberto Zorrilla estuvo a cargo de dos portadas de Progreso. La primera fue dedicada a la creación del fiesta del Carabinero, 4 de noviembre en conmemoración al onomástico de Carlos Ibáñez del Campo, y estuvo compuesta por un retrato ovalado del dictador contemplado por un carabinero en posición firme con su carabina y la bandera nacional. Todo esto enmarcado por las alas de un cóndor y del verde institucional. La segunda portada fue utilizada en varios números, simbolizaba la idea Progreso, ese “nuevo chile” ibañista de la ciudad tecnificada, de desarrollado y crecimiento económico nacional, compuesta por símbolos de avance tecnológico cómo el automóvil y el barco en movimiento; la fábrica y la industria de construcción en funcionamiento; la rueda, el yunque y el martillo. Sobre esta ciudad moderna aparece la figura del hombre con la antorcha de fuego. Aludiendo al mito clásico de Prometeo, el cuerpo humano y la antorcha personifica el progreso institucional, el papel del servicio de identificación (Estado) y en particular de la dactiloscopia en la sociedad moderna, fundar un nuevo orden social científico.
  17. Convenio internacional de Policía, Buenos Aires, 11-20 de Octubre de 1905, Buenos Aires, Imprenta y Encuadernación de la Policía de la Capital Federal, 1905, p.9.
  18. Santiago De la Rosa, “Biografía de la revista “progreso” de identificación”, Revista de Identificación Progreso (segunda época), Año VII, N.59, Santiago: Imp. Lagos y Vera, agosto de 1946, p.20.
  19. Ibid.
  20. “Refunde las publicaciones de Carabineros en la “Gaceta de Carabineros de Chile”, Orden General N. 535, Boletín Oficial de Carabineros de Chile, Año V, N. 204, Santiago, Imprenta de Carabineros de Chile, 16 de mayo de 1931, p.5239.
  21. Humberto Lagno, “El camino del triunfo”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.7, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, septiembre de 1928, p.228.
  22. Crónica del mes, “En provincias”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año II, N.22, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, diciembre de 1929, p.25.
  23. Ibid.
  24. Clodomiro Cabezas, “Nuevas directivas”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.2, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, abril de 1928, p.44.
  25. Juan Arías, “Nuestra moralidad”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N. 1 Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, marzo de 1928, p. 19.
  26. Cora de Brieba. “Mi opinión”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.7, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, septiembre de 1928, p.227.
  27. Julio Larraín L, “La Identificación dactiloscópica ante nuestra legislación”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.4, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, junio de 1928, p.95.
  28. Raúl Latorre, “Sobre fusión de los Servicios de Identificación y de Registro Civil”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.7, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, septiembre de 1928, p.219.
  29. La Maternidad del Hospicio de Viña del Mar, fue la primera institución en implantar la toma de la impresión del dedo pulgar de la mano y pie derecho por un caso de sustitución en 1929. En 1937 la Dirección de Investigaciones, Identificación y Pasaporte, ordena la “Organización Experimental de la Identificación de los recién nacidos” basado en el sistema papiloscopico (impresión de la palma y planta derecha y el pulgar derecho de la madre) creado por Humberto Orrego Gautier. Se establece la identificación obligatoria de los recién nacidos por decreto n.1547 el 17 de abril de 1944
  30. Gilberto Llanos V, “Comentarios”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.3, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, mayo de 1928, p.81.
  31. Guillermo Silva del Valle, “La antropología y la dactiloscopia”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año I, N.9, Santiago, Imprenta y Encuadernación “BARDI”, noviembre de 1928.
  32. “Actas de la comisión de reformas”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año II, N.24, Santiago, Imprenta y Lit. “La Ilustración”, 2. ° trimestre de 1930, p.13.
  33. “Respuesta del Dr. Edmundo Locard”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año II, N. 19. Santiago: Imprenta “Nacimiento”, septiembre de 1929, p.11-12.
  34. “Actas de la comisión de reformas”… op.cit, p.52-53.
  35. “El homenaje de los identificadores de Chile a Juan Vucetich”, Progreso. Revista de Identificación Científica, Año II, N. 19, Santiago, Imprenta “Nacimiento”, septiembre de 1929, p.8.
  36. F. San Martín, “Difusión de la identificación”, Gaceta de los Carabineros de Chile, Año II, N.16, Santiago: Carabineros de Chile, septiembre de 1932, p.62.
  37. Ibid.


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