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11 Las Revistas de Policía en la Provincia de Buenos Aires

1948-1961

Osvaldo Barreneche

El estudio histórico de las fuentes periodísticas y de las publicaciones periódicas en América Latina constituye un campo muy valioso de conocimiento. Los aportes realizados al respecto para la historia del siglo XIX han permitido analizar la incidencia de diarios y revistas en las disputas políticas, la difusión de las ideas y en el proceso de conformación de los estados-nación.[1] Por su parte, los trabajos relacionados con la prensa de Buenos Aires a comienzos del siglo XX han servido de base para la historia social y cultural de diversos temas.[2] Uno de ellos, sin duda, es el de la historia de la justicia y de las instituciones de seguridad en la Argentina moderna. El creciente interés de la prensa vernácula por estas temáticas y su difusión entre un universo de lectores cada vez más numeroso produjo una multiplicación de publicaciones con segmentos especiales dedicados al seguimiento de los casos policiales, su tratamiento judicial y las resultancias de las pesquisas que sobre ellos se llevaban a cabo. Para estas primeras décadas del siglo XX también se publicaron en Argentina revistas especializadas destinadas a la “cuestión criminal” y al tratamiento del delincuente.[3]

La proliferación de estas publicaciones y su incidencia sobre la opinión de expertos y “profanos”, llevó a diversos organismos estatales a editar sus propias revistas, las cuales tuvieron variados objetivos. Uno de ellos, sin duda, fue el de “mejorar” la imagen institucional frente a la ciudadanía. Tal es el caso de las revistas y programas radiales auspiciados por la Policía de la Capital (es decir de la ciudad de Buenos Aires) que no solamente se ocuparon de “formar” a sus suscriptores policías, sino también de aconsejar a los abonados civiles en cuestiones de seguridad y prevención del delito.[4]

En el caso de la provincia de Buenos Aires, las “Revistas de Policía” fueron de formato variado. De salida más intermitente y espaciada que sus equivalentes porteñas, estas revistas policiales bonaerenses no siempre tuvieron un apoyo institucional formal. Por ejemplo, las publicadas a finales de la década de 1920 eran editadas por un grupo de abogados por sistema de suscripción y sus destinatarios eran tanto uniformados de cierto rango como magistrados, políticos y profesionales del derecho. Se trataba, como se indicaba en sus créditos, de una “publicación quincenal ilustrada, órgano informativo y noticioso de todo cuanto tenga afinidad con la institución policial”.[5] Algo similar ocurrió en los años treinta, con el apoyo de los políticos conservadores que auspiciaban la aparición de ocasionales revistas “policiales”, algunas de ellas publicadas “oficialmente” por la Jefatura de Policía, que incluían artículos especializados sobre legislación penal y avances en temáticas sobre la investigación científica del delito. Paralelamente, la Sociedad de Socorros Mutuos de Policía publicó una revista cuya aparición inicial a comienzos del siglo XX, entre 1900 y 1902, se interrumpió luego de poco más de un año de aparición hasta que comenzó a editarse nuevamente a partir de 1941.[6] A pesar de consignar en su portada que se trataba de una “publicación no oficial”, esta última revista estaba “auspiciada por la jefatura de policía”, destinada primariamente al personal policial afiliado a dicha entidad. Sus artículos versaban sobre la vida institucional anoticiando sobre designaciones de jefes, cambios de normativas en el desempeño policial y beneficios que se otorgaban a los miembros de la sociedad.[7]

Al momento de la llegada del peronismo al poder, se habían discontinuado una vez más las revistas de policía mencionadas en primer término, mientras que seguía apareciendo la de la Sociedad de Socorros Mutuos. Teniendo en cuenta el plan de gobierno propiciado por el gobernador Domingo Mercante en la provincia de Buenos Aires y considerando la importancia que el peronismo otorgó a la difusión masiva de sus propuestas, no sorprende el impulso oficial dado a las publicaciones institucionales en los diversos quehaceres de la acción estatal.[8] De allí que el designado jefe de policía de la provincia de Buenos Aires, Adolfo Marsillach, dispuso la reaparición de la Revista de Policía.

Este trabajo analiza los objetivos y contenidos de dicha publicación, argumentando que la conducción política y policial de la institución impulsó su difusión sobre todo entre la oficialidad y los jefes de la misma, utilizando sus páginas para dar sustento “cultural, criminológico, social y jurídico”[9] a la reforma que se implementó durante esos años. Además de describir los aspectos técnicos y de circulación de la Revista, a partir de su aparición en diciembre de 1948 como publicación oficial de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, se analizan aquí sus contenidos y alcances.

Por otro lado, a la caída del peronismo, los sucesivos gobiernos militares y civiles coincidieron en la importancia de darle continuidad a dichas publicaciones, aunque variando sus objetivos y algunos de sus contenidos. Es por ello que en este trabajo también se analizan las Revistas de Policía del periodo 1956-1961. Lo particular de esta “nueva era” de la publicación fue su continuidad. A diferencia de las anteriores publicaciones policiales peronistas, de salida anual y extraordinaria, las revistas aparecidas desde 1956 se editaron mensualmente, o cada bimestre o trimestre, dependiendo de los años.[10] Procuraremos aquí, a través del análisis de sus contenidos y de su contexto, explicar el por qué de esa secuencia como la de su aparentemente abrupta interrupción a comienzos de los años sesenta.

Finalmente, se considerará el periodo 1948-1961 en su conjunto, analizando la continuidad en el tratamiento de ciertas temáticas más allá de los cambios políticos significativos ocurridos durante dicho lapso de tiempo.

Una publicación peronista

El Teniente Coronel Adolfo Marsillach, fue nombrado Jefe de la Policía provincial el 16 de Mayo de 1946 permaneciendo en el cargo hasta su renuncia ocurrida el 15 de Junio de 1951, coincidiendo su alejamiento con el de casi toda la dirigencia provincial encabezada por Domingo Mercante.[11] Durante esos cinco años y un mes de gestión se llevó a cabo una profunda reforma en la estructura y funcionamiento de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Esta reforma no fue ajena al proceso de transformación institucional encarado por el proyecto político del peronismo. A nivel provincial, las claves del cambio de la organización policial fueron la centralización, el reforzamiento de la autoridad jerárquica y el afianzamiento del sistema de escalafones, todo ello conforme a los lineamientos del orden y la doctrina militar.

Uno de los objetivos principales de esta reforma fue el de cortar los lazos entre las autoridades policiales locales y los dirigentes políticos (fundamentalmente conservadores y radicales) que actuaban en esos mismos niveles, contactos estos que fueron señalados como la principal causa del alto grado de corrupción policial en aquel momento. Se buscó reorganizar la policía para que respondiese exclusivamente a los lineamientos de la máxima autoridad provincial y se identificase con los postulados del peronismo, o lo que era lo mismo según los reformadores policiales, con los formulados por la “Revolución de Junio” (golpe de estado del 4 de Junio de 1943 que derrocó al presidente Castillo instaurando un gobierno militar).[12]

Cabe señalar que la reforma policial no se ejecutó inmediata sino progresivamente. Los cambios reglamentarios, organizativos y operativos de la institución se desplegaron durante los primeros años de la gestión Marsillach. No extraña, entonces, que la reaparición de la Revista de Policía, ocurriese dos años y siete meses después de iniciado este proceso de cambio. Fue el tiempo en el que evidentemente, como se editorializó en el número 1, de diciembre de 1948, ya podían exhibirse resultados concretos a la vez que se buscaba “crear un vínculo más de unión en la gran familia policial acercando a todos los servidores de la Repartición por medio de la palabra escrita”.[13] Sin embargo, la Revista estaba destinada principalmente a los jefes y oficiales de la institución, reservándose la publicación de la Sociedad de Socorros Mutuos de Policía para el personal del escalafón “Suboficiales y Tropa”.[14]

Un repaso del “Sumario” de este primer número, de 51 páginas, da una idea precisa de los alcances de la Revista de Policía, distribuida en todas las dependencias policiales de la provincia y enviada también a otros organismos nacionales e internacionales. Las primeras páginas divulgaban la nómina completa de autoridades provinciales, tanto políticas como policiales, con sus respectivos cargos. Junto a ello, se difundieron las fotografías del Gobernador Domingo Mercante y su Ministro de Gobierno, del cual dependía de policía, y las del Jefe Marsillach y su Secretario General. Entre los retratos fotográficos, llama la atención que la foto del gobernador Mercante tiene una “dedicatoria” de su puño y letra dirigida a su “leal colaborador y gran amigo Teniente Coronel D. Adolfo Marsillach, como testimonio de afecto y en recordación de nuestra vida profesional y comunes ideales”.[15] Desde estas primeras páginas, entonces, quedaba claro que el equipo de conducción policial contaba con un respaldo político sólido. No se trataba de un jefe de policía aislado, que desde La Plata procuraba conducir la institución, como habían intentado hacerlo sus antecesores de la era conservadora durante la década del treinta. Era la presentación de un equipo de trabajo con objetivos comunes y cuyos alcances, a través de las recientemente creadas Unidades Regionales, tenía alcance provincial hasta los lugares más alejados del territorio bonaerense.

Dos símbolos emblemáticos de la “nueva” policía aparecían a continuación: las fotografías del edificio de la Jefatura de Policía y de la Escuela de Oficiales. El primero, del cual se narraba su historia, indicaba al lector policial el lugar de la conducción, desde donde se impartían las órdenes y hacia donde debía dirigirse la información territorial. Como lo diría el mismo jefe Marsillach desde sus discursos transcriptos y publicados en la Revista, la permanencia de los Comisarios y jefes locales ya no dependería de los favores de los Intendentes y caudillos locales, como había sucedido hasta la llegada del peronismo al poder. La “lealtad” era debida a la Jefatura de La Plata. Y muy cerca de la capital provincial, en la vecina localidad de Tolosa, se erguía el otro edificio símbolo de la reforma policial: La Escuela de Policía. Un repaso de su pasado, plasmado en la Revista de Policía, ponía en claro que si bien la formación policial ya había sido planteada y parcialmente ejecutada por anteriores administraciones provinciales, había sido el peronismo el que la había puesto como uno de los ejes centrales de la reforma. Los cursos regulares y el nuevo programa de estudios allí descriptos, estaban destinados a formar a los jóvenes Oficiales de Policía, llamados a ser actores de este cambio que se pregonaba.

Este primer número de la Revista de Policía en la era peronista incluía artículos de derecho penal y de criminalística, escritos por profesores de la Escuela de Policía, a la que se asociaba su pertenencia en el encabezado de esos textos. De este modo, se reforzaba la idea de que aquellos docentes destinados a la formación de los nuevos cuadros policiales eran especialistas en sus respectivas materias.

Una pieza clave de la policía peronista, la Ley 5270/48 de “Estabilidad, Escalafón y Sueldo Básico del Personal de Policía” ocupaba las páginas centrales del primer número de la Revista de Policía. Era la nueva ley de personal aprobada recientemente, que fijaba el ingreso, desarrollo y conclusión de la carrera policial, pasando a abarcar todos los aspectos de la vida profesional de los policías. Esta ley, que procuraba darle una nueva identidad institucional a la agencia de seguridad bonaerense, marcaba tajantemente la diferencia entre el escalafón de Oficiales y de Suboficiales. Como en el caso de las Fuerzas Armadas Nacionales, se trasladaba al marco legal provincial la distinción de una oficialidad instruida y destinada a conducir la policía, respecto del grueso del personal policial.

La sección “Noticiero Policial” de la Revista, recogía informaciones variadas que complementaban los aspectos centrales de la reforma en marcha. Así, el informe sobre el gran desfile policial del 19 de noviembre de 1948, con motivo del aniversario de la fundación de la ciudad de La Plata, marcaba la idea central de la disciplina y la uniformidad como pilares de la organización policial. La transcripción del mensaje presidencial felicitando a la policía por dicho desfile, confirmaba a los lectores que el propio Perón aprobaba los cambios que se venían produciendo.

Entre otras noticias se mencionaba una breve, pero que pasaría a tener mucha importancia. Se refiere a la “Misión en el Extranjero” que estaban llevando a cabo el Jefe de Investigaciones, Enrique Gracia, y el Jefe de la Sección Balística, Constantino Vesiroglos, por distintas naciones Europeas y por los Estados Unidos. Al regreso de esta gira, que tuvo lugar durante la segunda mitad de 1948, Vesiroglos reorganizaría la Policía Científica bonaerense. Gracia, por su parte, influenciado por la prédica anti-comunista de las instituciones de seguridad que visitó en el extranjero, contribuiría a incrementar los mecanismos de vigilancia policial hacia los sectores sociales disidentes al tiempo que colaboraría en el armado del programa de estudios de la Escuela de Superior de Policía, en la cual fue el primer profesor de la materia “policía comparada y actividades antisociales.”

Por último, una sección titulada “Revista de Revistas” informaba sobre noticias varias aparecidas en diversas revistas policiales recibidas en la Jefatura de La Plata, que eran publicadas por otras policías provinciales y del resto del mundo. Esto es un indicio de que la publicación y circulación de estas revistas policiales era corriente en aquel momento.

Pasando Revista

En la reaparición de la Revista de Policía a finales de 1948 no se indicaba la periodicidad de la misma. Por los ejemplares que se conservan, podemos señalar que, originalmente, la idea era la de una publicación “trimestral”, tal como lo indica el número 2, difundido en abril de 1949. Sin embargo, su aparición se espació, y su salida más bien obedeció a distintos momentos de la reforma policial. Así, los dos siguientes números, luego del segundo de 1949, aparecieron en diciembre de 1950 y en abril de 1951, poco antes de la renuncia de Marsillach. A diferencia de la Revista de la Asociación de Socorros Mutuos de Policía, que siguió apareciendo regularmente y que a partir de 1949 pasó a llamarse Boletín, las Revistas de Policía de 1950 y 1951 no indicaban su numeración, solo el año de aparición, en números romanos.[16] Es por ello que podemos deducir que su producción, a cargo de la Secretaría Técnico-Social de la Jefatura, y especialmente su fecha de aparición, dependían de la decisión del jefe Marsillach y sus colaboradores. Por otra parte, no se conocen números de la Revista durante la gobernación de Carlos Aloé (1952-1955), es decir que a estas publicaciones podemos vincularlas con la gestión del Gobernador Mercante y del Jefe de Policía Marsillach, como esfuerzos específicos de divulgación de los cambios institucionales que estos procuraban llevar adelante en la Policía Bonaerense, los cuales cesaron con la siguiente gestión peronista de la provincia.

El número dos de la Revista, aparecido en abril de 1949, coincidió con la sanción de la nueva Constitución Nacional. Por ello, la mitad de esta publicación de 57 páginas, se distinguió de las otras en lo que podríamos describir como una “edición especial”, dedicada precisamente al nuevo texto constitucional.

Además de transcribir el texto completo de la nueva Carta Magna Argentina, la Revista incluía un análisis particular del preámbulo de la misma y una explicación a cargo del Jefe de Policía acerca de su importancia. También se daba cuenta de las distintas ceremonias policiales de juramento de fidelidad a la Constitución, incluyendo fotografías, junto con la transcripción de una clase especial dictada por el profesor de Derecho Constitucional Doctor Tomas Diego Bernard (h.) a los cadetes de la Escuela de Policía, donde “valoró el texto” constitucional.[17]

La segunda noticia de importancia en este número dos de 1949 fue la creación de la Escuela Superior de Policía. Pieza clave de la reforma policial de Mercante y Marsillach, esta nueva institución educativa policial estaba destinada a formar a los oficiales de carrera. De hecho, las nuevas leyes policiales incluyendo la de personal, indicaban como obligatorios los cursos de dicha Escuela que debían aprobarse para ascender a oficial de mayor rango y, luego, a oficial jefe. La revista ilustraba con fotografías la ceremonia inaugural de la Escuela Superior, donde se registra la presencia de autoridades políticas, militares y policiales, junto a los primeros cursantes. La nota informativa se complementa, también, con fotografías de las aulas, los dormitorios, el comedor y otras instalaciones. Seguramente a muchos oficiales de policía del interior de la provincia les habrá impactado ver esas imágenes del lugar por el que, en algún futuro cercano o no tanto, habrían de pasar de ahora en más para avanzar en su carrera profesional.

Efectivamente, ya en este segundo número de la Revista de Policía y en los subsiguientes, quedaba confirmado el público a quienes la misma estaba dirigida. Esto es, los oficiales y jefes policiales bonaerenses. Las noticias de estos espacios de formación y las notas relacionadas a las ciencias penales y criminalísticas no buscaban ilustrar al policía “raso” sino a quien debía conducirlo, aplicando la nueva disciplina de corte militar que la reforma imponía hacia el interior de esta fuerza de seguridad.

En estas páginas se transmitían los criterios disciplinarios con que debía ejercerse el nuevo estilo de conducción, donde no había espacio para las decisiones individuales ni las especulaciones. Junto con ese lenguaje castrense de la subordinación, la revista también fomentaba una mirada paternalista sobre el personal de “Suboficiales y Tropa”. Así, se informaba que los programas sociales del peronismo alcanzaban a la “familia policial” y que aquellos agentes de menores recursos podían acceder a beneficios para sus hijos, como por ejemplo las estadías en el Hotel-Colonia de Ezeiza.[18] El acompañamiento de esos niños era realizado, como ilustran las fotografías de la revista, bajo la supervisión del personal policial femenino, cuya incorporación sistemática a la “Brigada Femenina” se había impulsado como parte de la reforma en curso.[19] La portada de la Revista de Policía de 1951[20], de hecho, ponía de relieve estos roles asignados a las mujeres policías, como la protección de niños, mujeres y ancianos.

La aparición de los dos últimos números de la Revista Policial durante la era Mercante-Marsillach indican una nueva etapa, de consolidación, de la reforma policial iniciada a partir de la llegada del peronismo al poder. Efectivamente, para el bienio 1950-51, las principales leyes policiales se habían aprobado y puesto en práctica, mientras que los cambios institucionales más relevantes se encontraban en funcionamiento. Es por ello que ambos números, de 1950 y 1951, se volcaron totalmente a un contenido de saberes científicos, técnicos, jurídicos e incluso literarios. Su extensión se alargó a 174 páginas en 1950 y a 155 en 1951. Estos contenidos eruditos confirman, una vez más, que los destinatarios de la publicación eran los miembros del escalafón de oficiales de la policía.

De ambas publicaciones surge, también, la existencia de un equipo de colaboradores de la Revista que a su vez ocupaban cargos de relevancia en la estructura policial. Las Revistas de Policía de 1950 y 1951 abren con sendos mensajes del Jefe de la institución, el ascendido Coronel Marsillach. El primero refiere a la “Función Social” de la institución policial. Por ella, la policía debe “adelantarse en el tiempo, anticipándose a todas las transformaciones ideológicas, morales, filosóficas o artísticas, científicas y sociales, en un anhelo de mejoramiento y perfección”. Se propone, así, que la institución policial se constituya en una “vanguardia social y espiritual”.[21] Una meta muy alta, sin duda. Por su parte, en el último número publicado en aquellos años, el mensaje del Jefe refiere a la “Policía Integral”, por la cual se pide a los policías que no solo contemplen los cambios de la “revolución justicialista” sino que se transformen en colaboradores y participes de la misma. Se trata, entonces, de mensajes que llaman a los policías a tomar un compromiso político con el peronismo. Teniendo en cuenta que estos discursos se dirigían fundamentalmente a los oficiales de la fuerza, y conociendo que la reforma peronista contaba con mayor apoyo entre el personal subordinado de la misma, puede colegirse el esfuerzo del Jefe en tratar de captar voluntades más activas entre los mandos policiales.

Los mensajes de Marsillach fueron seguidos, en ambos números, por artículos del Sub-Jefe de Policía, Dr. José N. Dibur. Su contribución a la edición de 1950 estaba destinada a divulgar la apertura de la “Cooperativa policial de consumo y crédito”, con sede en la ciudad de La Plata, de la cual el Sub-Jefe de Policía era su Presidente. Por su parte, el artículo de 1951 se refiere a la “Dignidad Policial”, título de la conferencia con la que Dibur inauguró el tercer curso regular de la Escuela Superior de Policía, según indicaba el encabezado.

Otros dos colaboradores de la revista pertenecían a la estructura de conducción policial. Por un lado estaba el Inspector Mayor Enrique Gracia, quien pasó a desempeñarse como Director de la Escuela Superior en esos años. Los artículos de Gracia nos recuerdan su gira por distintas policías de Europa y los Estados Unidos. En la revista de 1950 escribe sobre la “P.A.L. en la Policía de Nueva York”. La sigla responde a la Liga Atlética de la Policía (Police Athletic League), ideada por la policía neoyorquina para fomentar el deporte entre los jóvenes residentes de los barrios más pobres. Si bien Gracia describe en detalle la experiencia, incluyendo la procedencia de los fondos para el programa, omite mencionar si el mismo sería aplicable al ámbito bonaerense. En ese sentido, el artículo es meramente informativo. No ocurre lo mismo con su contribución para la revista de 1951, titulada “El Comunismo y su acción internacional”.[22] En esta pieza, Gracia desarrolla su visión del pensamiento marxista y describe la organización internacional que posibilitaba, según su explicación, la “infiltración” y actuación del comunismo a nivel de distintos países. También resaltaba el peligro que esto significaba, pero terminaba señalando que el gobierno peronista había sabido neutralizar esa “amenaza”, aunque la misma no hubiese desaparecido.

Otro colaborador de la revista era el Dr. Raúl Touceda, Secretario Técnico-Social de Policía, de quien dependía su publicación. Su artículo para la revista de 1950, referido a la “Nueva Concepción del Poder de Policía”, fue enviado junto con otros al Congreso Internacional de Criminología que se celebrase en París en septiembre de ese año, según se informaba.[23] En cambio, al año siguiente, escribió sobre el “Orientalismo de Joaquín V. González”. A pesar de tratarse de una temática diferente a la específica labor policial, no es casualidad que la Revista de Policía se ocupase del pensamiento del fundador de la Universidad Nacional de La Plata. La reforma de Mercante y Marsillach procuró contar con el apoyo de esa Casa de Estudios y de sus docentes para nutrir el elenco de profesores de las Escuelas policiales. Así, en la Revista de 1951, se inserta una fotografía titulada “La Policía en la Universidad”, dando cuenta de la conferencia dictada por el Dr. Touceda en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.[24]

Además de las contribuciones relativas a los temas policiales “clásicos”, como la investigación criminal, la policía científica, la instrucción de sumarios, la “doctrina” policial y las diversas dependencias de la fuerza (Escuela de Cadetes, Escuela Superior, Brigada Femenina, etc.), otros autores aportaban temas más generales, de índole cultural. Junto al estudio sobre Joaquín V. González, aparecen trabajos sobre filosofía, literatura, historia y doctrina peronista. Las secciones “Crónica Policial” y “Revista de Revistas”, por otro lado, brindaban noticias cortas y fotografías de eventos destacados. Con todo ello podemos señalar que esta publicación no tenía un sesgo completamente autorreferencial sino que también procuraba una circulación más amplia en un público especializado y un intercambio a nivel nacional e internacional. En este sentido, no desentonaba con otras publicaciones peronistas que buscaban exhibir los diversos logros de la gestión gubernamental en campos variados aun trascendiendo las fronteras del país.

“Una nueva era”

En toda la gestión del gobernador justicialista Carlos Aloé (1952-1955) no se conocen ediciones de la Revista de Policía, cosa que se prolongó durante los primeros meses de la “Revolución Libertadora” que derrocó al gobierno de Juan Perón en septiembre de 1955. La reaparición de la publicación estuvo relacionada con la represión y fusilamientos, en la localidad bonaerense de José León Suárez, de la resistencia peronista liderada por el General Juan José Valle. Poco tiempo después de estos eventos, ocurridos del 9 al 12 de junio de 1956, el jefe de policía Teniente Coronel Desiderio Fernández Suarez dispuso la edición de la Revista como “órgano oficial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires”.[25] El propósito inicial de esta “nueva era” de la Revista de Policía fue el de resaltar la “lealtad” de la policía bonaerense al gobierno militar frente al fallido levantamiento, poblando el primer número con ilustraciones y textos alegóricos tales como este: “y la impotencia del débil clamó por la defensa de su seguridad, pidiendo al brazo armado del derecho para proteger los ojos vendados de la justicia.”[26]

Un largo editorial que refiere a la policía como una “institución con alma” reflexionaba sobre los acontecimientos recientes felicitándose por la forma en que la institución se había mantenido fiel a los militares. Es por eso que una nota complementaria describía la jefatura y su edificio central como “Baluarte de la Revolución Libertadora” ilustrando con fotografías los impactos de bala recibidos durante la insurrección. También se incluyó un mensaje laudatorio del jefe de policía Fernández Suarez, quien continuaría escribiendo sobre diversas “cualidades” policiales en los números subsiguientes.

La frecuencia mensual inicial de la publicación permite ver cómo fue cambiando la encarnación del peligro al que la policía debía enfrentar: de la resistencia peronista, presente (sin nombrarla) en los editoriales y artículos de los primeros números de la Revista publicados durante la segunda mitad de 1956, se pasó a poner el acento en la “infiltración comunista”. Una serie de artículos que incluyeron gráficos explicativos y fotografías, detallaban los fundamentos ideológicos del comunismo y su forma de “penetrar” las sociedades. Inclusive se llegó a publicar un Anexo especial de la Revista dando cuenta de este tema. Allí, el Director de Investigaciones, Inspector General Antonio Rascio, se explayó sobre el “sistema de trabajo” del comunismo y “el porvenir de esta ideología”, aportando “soluciones” para contrarrestarla. Entre ellas, afirmó que “Soy partidario – y lo confieso – de que no puede otorgársele libertades a quienes conspiran para destruir la libertad. Tampoco podemos dejarnos atar por prejuicios liberales […] Por otra parte, no veo por qué vamos a vacilar ante la adopción de medidas drásticas […] Esta es una guerra sin cuartel en la que estamos todos comprometidos.”[27]

A esta secuencia de notas sobre el comunismo se sumaron artículos escritos por jefes de la recientemente creada “Central de Inteligencia” que con diversos nombres institucionales (DIPBA entre los más conocidos) iba a ocuparse del seguimiento del tema. Se incluían allí recomendaciones al personal policial acerca de la “discreción” que debían guardar en el manejo de la información. Además, se adoctrinaba sobre “colaboración: su necesidad y obligatoriedad”, exigiendo que todos los policías cooperasen con el área de inteligencia policial. Junto con estas consignas, varias palabras claves se repetían a lo largo de los diversos números, queriendo marcar los aspectos centrales del deber ser policial: lealtad, coraje, sacrificio, disciplina, vocación, armonía social. Todo ello era acompañado por fotografías de desfiles, uniformes, guardias y edificios policiales para reforzar estas ideas, incluyendo un “concurso” para componer la “marcha de la policía” cuyos autores fueron premiados en junio de 1957.[28] Como complemento de este aspecto, los números publicados a partir de 1958 incluyeron una sección permanente titulada “Léxico de uso policial” que refería al vocabulario específico, sea desde el aspecto jurídico como cotidiano, con el que los policías debían familiarizarse y utilizar.[29]

La Revista fue utilizada para “defender” a la policía de las acusaciones por casos de abusos y violencia institucional. En sus páginas aparecen, por ejemplo, aclaraciones “acerca de una denuncia por apremios ilegales.” También se informa sobre la apertura de la “Oficina de Discrepancias” creada por la jefatura de policía a comienzos de 1957 con el fin de atender (y contener) las crecientes denuncias sobre tales conductas ilegales de la policía.[30] Es que a diferencia de las editadas durante la reforma policial de Mercante y Marsillach entre 1948 y 1951, cuyos principales destinatarios eran los policías pertenecientes al escalafón de Oficiales, esta nueva era de la Revista, desde 1956 en adelante, intentó llegar a todos los estamentos que integraban la policía bonaerense. Es por ello que, junto a esta “defensa” de la labor policial, los ejemplares contenían información sobre el régimen jubilatorio y, especialmente, sobre los “Servicios Sociales”.

La Dirección de Servicios Sociales cumplió un rol importante en esta etapa de la publicación que se inició en 1956. De hecho, la Revista era editada en esa Dirección con el auxilio de la Oficina de Prensa de la jefatura. Todos los números contenían información sobre los beneficios sociales destinados a todos los policías, incluyendo notas y fotos de espacios recreativos, propuestas vacacionales, etc. De este modo, se ponía énfasis en que las conquistas sociales obtenidas por los policías durante el peronismo no solamente eran mantenidas sino también se ampliaban en esta etapa posterior, como recompensa a la referida “lealtad” al gobierno militar.

En las primeras páginas de estos ejemplares se reiteraba un recuadro que sugería colocar las revistas en las salas de espera de las Comisarías para que la población en general estuviese “informada.” Por otro lado, estos años coinciden con un crecimiento importante de las cooperadoras policiales. Desde la jefatura se reglamentó y se instó a cada Comisaría y dependencia policial para que, junto a las “fuerzas vivas” de la comunidad, se organizasen las cooperadoras. El número de diciembre de 1957 informa que ya existían 590 cooperadoras policiales en toda la provincia. Es por ello que se incentivaba a las mismas a colaborar con la Revista, enviando noticias y aportes monetarios.

En mayo de 1958 Oscar Alende asumió la gobernación bonaerense, en coincidencia con la llegada de Arturo Frondizi a la presidencia de la nación. Además de las noticias sobre cambios de autoridades y de informar sobre la visita de Alende a la jefatura de policía, la Revista no cambió sustancialmente sus contenidos. Durante estos dos últimos años de la década de 1950 se consolidaron las “secciones permanentes” tales como “Hablan los oficiales egresados de la Escuela Vucetich”, “Personal Superior y Comisarios”, y el ya mencionado “Léxico de Uso Policial”. Por su parte, contenidos de la Revista tales como las notas sobre investigación de delitos, policía científica, estadísticas criminales, noticias “curiosas”, el “calendario policial” y las informaciones sobre los institutos policiales siguieron apareciendo en continuidad con las ediciones de la época de Mercante y Marsillach.

Con una interrupción en el año 1960 sobre la cual no hemos podido confirmar los motivos, la Revista fue editada cuatrimestralmente durante 1961 para luego interrumpirse nuevamente. El conflictivo contexto político y policial de entonces puede explicar en parte este derrotero, aunque aún queda la incógnita de otras razones puntuales que expliquen mejor lo sucedido.

Reflexiones finales

La reforma policial llevada a cabo por el peronismo provincial durante la gestión del Gobernador Mercante y el Jefe de Policía Marsillach no escatimó esfuerzos en procurar su difusión y aceptación en diversos ámbitos. El primer círculo de divulgación, sin duda, fue el de una oficialidad que debía hacer suyo el cambio estructural propuesto para la institución policial y transmitirlo al resto del personal uniformado. Junto con la aprobación y puesta en práctica de las leyes principales destinadas a la reorganización de la agencia de seguridad bonaerense, se imponía la difusión de sus postulados centrales. Es por ello que, dados los primeros pasos de la reforma, la Jefatura dispuso la reaparición de la Revista de Policía, con el objeto de dar visibilidad al proceso en curso.

La regularidad trimestral que se proponía no fue cumplida, pero los números de la Revista publicados entre 1948 y 1951 contribuyeron mucho más que a brindar un resumen de los puntos centrales de la reforma policial. Hubo un esfuerzo deliberado en asociar la misión de la “nueva” policía con los postulados de la doctrina peronista. Sus páginas procuraron evidenciar los avances en diversas disciplinas, desde el derecho procesal penal hasta la policía científica. Además, sus contenidos culturales referidos a la filosofía, la literatura y la historia, entre otros, buscaron captar lectores más allá de la oficialidad policial a la que estaba primariamente destinada.

Por su parte, la “nueva era” de la Revista, iniciada a partir de 1956, llevó a la aparición mensual de la misma. Algunos de los contenidos continuaron y otros variaron, pero mucho más se focalizaron en notas exaltando las “virtudes” policiales, principalmente la lealtad. La inicial identificación del “enemigo” peronista en los primeros números de 1956 dio paso al demonizado “comunista”, sobre el cual se señalaron numerosas advertencias y peligros. También se pretendió ampliar el alcance de la Revista, destinando sus contenidos a todo el personal policial y no solamente a la “Oficialidad” como en la etapa anterior. Desde sus páginas se ejerció la “defensa” de la policía frente a ataques y acusaciones por abusos de autoridad y apremios ilegales, al tiempo que se informó extensamente sobre diversos beneficios sociales que se iban sumando para toda la policía.

Durante todo el periodo 1948-61, la Revista de Policía ilustraba con fotografías en blanco y negro los hechos más relevantes del quehacer policial. Lejos de ser anecdóticas o simplemente ilustrativas, las fotografías transmitían, con un golpe de vista, los aspectos esenciales de la reforma policial peronista primero y luego los de la “Revolución Libertadora”: los rostros de los responsables de cada una de estas gestiones, desde el Gobernador hasta los máximos jefes policiales; el valor de la disciplina y la uniformidad en las imágenes de los desfiles y las paradas; los beneficios sociales a la “familia policial”, en las colonias de vacaciones para los hijos del personal; las comodidades edilicias de las nuevas instalaciones educativas para los futuros oficiales alumnos de los institutos policiales; los roles asignados a las mujeres policías de la “Brigada Femenina”; la cooperación con las Fuerzas Armadas a través de los ejercicios militares conjuntos; la presencia de una policía “culta” que podía mostrar sus logros dictando una conferencia en la Universidad o exponiendo sus aportes en congresos científicos; etc. En este aspecto estético existe una marcada continuidad.

Por su parte, durante todo este periodo, la Revista fue una fuente de “doctrina” policial, al incluir discursos y artículos sobre los fundamentos y alcances de la fuerza policial, las amenazas al “orden” y los “peligros” que acechaban a la sociedad. En ese marco, el discurso desgranado desde sus páginas procuró situar a la policía en la vanguardia de la defensa social. Aunque durante la etapa peronista esa defensa de primera línea policial incluyera también una “función social” que proponía proteger a los indefensos y “descamisados”, esta última “misión” fue pronto olvidada (o tal vez nunca del todo aceptada) por una oficialidad que no tuvo mayores inconvenientes en ponerse al servicio de las fuerzas cívico-militares que derrocaron a Perón en 1955, persiguiendo entonces a sus seguidores. En cambio, la presunción de la existencia de un “orden” establecido que debía protegerse contra las “amenazas”, transmitido desde las páginas de la Revista de Policía, caló hondo en los principios doctrinales que sustentarían las acciones de la Policía Bonaerense a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.


  1. Ver, por ejemplo, el compilado de Paula Alonso, Construcciones impresas. Panfletos, diarios y revistas en la formación de los estados nacionales en América Latina, 1820-1920, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003.
  2. Sylvia Saitta, Regueros de tinta. El Diario Crítica en la década de 1920, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1998.
  3. Como ejemplos, ver los artículos de Máximo Sozzo y de Sandra Gayol en el libro compilado por Lila Caimari, La ley de los profanos. Delito, justicia y cultura en Buenos Aires (1870-1940), Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2007.
  4. Lila Caimari, Mientras la ciudad duerme. Pistoleros, policías y periodistas en Buenos Aires, 1920-1945. Buenos Aires, Editorial Siglo XXI, 2012, p.144-145.
  5. Revista policial de la provincia de Buenos Aires, La Plata, 30 de abril de 1928, Año I, número 9, p.3.
  6. Se editaron 36 números de la primera serie de la Revista de la Sociedad de Socorros Mutuos de Policía, entre julio de 1900 y diciembre de 1902. La propuesta original era de frecuencia quincenal, pero esto no pudo sostenerse durante esos dos años. Esta Revista volvió a publicarse el 1 de mayo de 1941, esta vez mensualmente y sostenida con ayuda de la Jefatura de Policía
  7. Revista de la Sociedad de Socorros Mutuos de Policía, La Plata, Publicación mensual, Personería jurídica reconocida el 5 de abril de 1910, Sede (aun en la actualidad): Calle 59 número 584, La Plata.
  8. Ver los artículos de la sección I: “La Nación como espectáculo” del libro compilado por Claudia Soria, Paola Cortes Rocca y Diego Dieleke (editores), Políticas del sentimiento. El peronismo y la construcción de la Argentina moderna, Buenos Aires, Prometeo Ediciones, 2010, p. 29-94. Con relación a este mismo tema véase también Marcela Gene, Un mundo feliz. Imágenes de los trabajadores en el primer peronismo, 1946-1955, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2005. Sobre las políticas peronistas en el ámbito bonaerense, ver Oscar H. Aelo, El peronismo en la provincia de Buenos Aires, 1946-1955. Caseros, EDUNTREF, 2012.
  9. En el reverso de la portada de las ediciones publicadas se señala que “La reaparición de la Revista de Policía significa, en su nueva estructura y su contenido cultural, criminológico, social y jurídico, la floración de la Policía revolucionaria de la Provincia de Buenos Aires, resuelta a cumplir desde su órbita específica con los altos postulados de garantía de la persona humana.”
  10. La resolución de la Jefatura de Policía que establecía, incluso, la aparición “mensual” de la revista nunca pudo concretarse aunque la frecuencia de salida cada dos o tres meses fue constante. Uno de los objetivos principales de esta nueva era de la publicación, fue la de llevar a cabo “una importante tarea didáctica, tan necesaria a la formación del policía que, en la permanencia de una carrera de sacrificios, debe vivir capacitándose para ser cada día un elemento de mayor efectividad en el cumplimiento de su labor”, según se indica en el Editorial de la primera edición de esta nueva “era”, aparecida como número de “Julio y Agosto de 1956” (página 4).
  11. Nómina de Jefes de Policía. Museo Policial “Constantino Vesiroglios”, Dirección General de Relaciones Institucionales y Coordinación, Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. Sobre la “caída” de la dirigencia Mercantista en la provincia de Buenos Aires véase, por ejemplo, Oscar H Aelo, “Apogeo y ocaso de un equipo dirigente: El peronismo en la provincia de Buenos Aires, 1947-1951”, Desarrollo Económico. Revista de Ciencias Sociales, Volumen 44, Número 173, Abril-Junio de 2004, p. 85-107; y Graciela Mateo, “El gobierno de Domingo Mercante: expresión singular del peronismo clásico”, E.I.A.L. Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, Volumen 15, Número 2, 2005.
  12. Osvaldo Barreneche, “La reforma policial del peronismo en la provincia de Buenos Aires, 1946-1951,” Desarrollo Económico, Revista de Ciencias Sociales, Volumen 47, Número 186, Julio-Septiembre 2007, p. 225-248.
  13. Revista de Policía, Número 1, Diciembre de 1948, Nota editorial, página 7.
  14. En general, las principales medidas de la reforma policial de Marsillach estuvieron destinadas al escalafón de oficiales, tanto jefes como subalternos.
  15. Revista de Policía, Número 1, Diciembre de 1948, Fotografía del Gobernador Domingo Mercante, p. 9. La dedicatoria está fechada el 21 de agosto de 1948, pocos meses antes de la aparición de la revista.
  16. Solo en la última página se indicaba cuando se habían terminado de imprimir: 22 de diciembre de 1950 y 30 de abril de 1951, en ambos casos en los Talleres Gráficos de Policía.
  17. Revista de Policía, Número 2, Abril de 1949, p. 11.
  18. Revista de Policía, Número 2, Abril de 1949, p. 32.
  19. Cf. Sabrina Calandron y Diego Galeano, “La Brigada Femenina. Incorporación de mujeres a la Policía de la Provincia de Buenos Aires (1947-1955), En: Ricardo Salvatore y Osvaldo Barreneche (editores), El delito y el orden en perspectiva histórica, Rosario, Prohistoria Ediciones, 2013, p. 167-186.
  20. Aunque la portada de esta revista es de color verde, y la de 1950 de color rojo, todas las ilustraciones y fotografías del interior de las mismas son en blanco y negro.
  21. Revista de Policía, Año 1950, p. 12.
  22. Revista de Policía, Año 1951, p. 50-60.
  23. Los otros artículos de la Revista de 1950 con trabajos enviados a dicho Congreso son los del Profesor Antonio Herrero sobre dactiloscopía, y los Doctores Danilo C. Vucetich y Roberto Ciafardo sobre Ebriedad e Iniciación del Sumario.
  24. Revista de Policía, Año 1951, p. 129.
  25. Policía de la Provincia de Buenos Aires. Orden del Día número 19419 del 16 de julio de 1956.
  26. Revista de Policía, Julio y Agosto de 1956, p. 9.
  27. Revista de Policía. Noviembre de 1956. Anexo: “El comunismo en la provincia. Su desarrollo, sistema de trabajo. El porvenir de esta ideología. Soluciones.,” por el Director de Investigaciones, Inspector General Antonio Rascio, p. 14.
  28. Revista de Policía, Junio de 1957, p. 13.
  29. Revista de Policía, Sección permanente desde el número de Junio de 1958 en adelante.
  30. Revista de Policía, Febrero de 1957, p. 30. Véase también Orden del Día Número 19541 del 11 de enero de 1957, sobre la creación de la “Oficina de Discrepancias”. Cf: Osvaldo Barreneche, “Formas de violencia policial en la provincia de Buenos Aires a comienzos de la década de 1960”. En: Anuario del Instituto de Historia Argentina, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Número 12, 2012, p. 251-274.


2 comentarios

  1. Gonzalo Marsillach 14/01/2018 3:21 pm

    Gracias por registrar la historia de mi abuelo Adolfo Marsillach dentro de la institución.

    • pincha1898 06/03/2021 3:30 am

      Hola Gonzalo, estoy realizando una tesina sobre la fomración policial y quería saber si tendrias el discurso que dio tu abuelo el 22/10/1946. Saludos

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