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Acercamiento a experiencias de radio y Salud Mental en América Latina

En América Latina, la convergencia entre la Salud Mental y la radio trazó los contornos de un mapa comunicacional original e innovador que cobijó una diversidad de experiencias que transformaron vidas, que cimbraron las estructuras segregacionistas de los hospitales psiquiátricos, pugnaron por cambios normativos, impulsaron la defensa de los derechos humanos, y ampliaron y enriquecieron la esfera pública con la inclusión de las voces de la diferencia.

Evidentemente la radio, aquí protagonista, no es solo una suma de programas. Tras el invento de escalar la voz a niveles insospechados está también la herramienta que hace posible dignificar a la persona, darle valor a su voz, conferirle el carácter de ser tenido en cuenta y reconocido socialmente.

Este capítulo se propone alcanzar una visión panorámica de esa geografía sonora para atisbar, a través del recorrido por sus distintos caminos, atajos y encrucijadas, las barreras y desafíos que han enfrentado trece distintas apuestas radiofónicas en Salud Mental en América Latina en una multiplicidad de dimensiones. Particularmente, se hará un acercamiento a las luces y sombras que acompañan a estos medios: ¿cuál es la asociación entre Salud Mental y radio? ¿Cuál es la fórmula, si la hay, para la creación de programas de este tipo? ¿Cómo se da la producción radiofónica en estas iniciativas? ¿Cuáles son sus desafíos más importantes? ¿Cómo, estas radios o programas, viven su experiencia en el entorno digital? ¿Cuál es su relación con las audiencias, las comunidades y sus públicos? ¿Cómo se da la transición de pacientes a comunicadores? Y, finalmente, se recogen 15 propuestas para hacer un programa desde tales particularidades.

Sin pretender cerrar la discusión sobre los modos de hacer o sentir este tipo de sonoridades, el presente capítulo aborda sus modalidades diversas y plurales de existir en 2019, y las resonancias comunes y compartidas que les otorgan a todas un aire de familia: ser radios con una temática común en el contexto latinoamericano.

1. Del equívoco a la clasificación

La radio, a lo largo de casi 100 años de vida, ha sufrido distintas transformaciones y ha sido nombrada de diferentes maneras. Meditsch (2007; 32) precisa que

la transmisión de sonidos por radiofrecuencia surgió, como tecnología, a principios del siglo XX para responder a las necesidades de comunicación a distancia, tal como lo desarrolló en su momento el telégrafo y el teléfono.

En la actualidad, el mapa de las emisoras en la región es amplio y está signado por distintos horizontes. Cada frecuencia extiende consigo unas características que le son propias bien sea por razones normativas o por abordajes de su ejercicio periodístico.

La radio ciertamente ha sufrido cambios. Mariano Cebrián Herreros reflexionó sobre los beneficios que el nuevo entorno digital confiere al medio:

Gracias a la informática la radio está pasando por una fase de reconversión de todo su proceso técnico. Todavía quedan algunos pasos por dar, pero este será el futuro prometedor para mejorar la calidad de la señal. Se trata de uno de los cambios más fundamentales. La mejora de la radio se había basado hasta hace poco tiempo en el perfeccionamiento de la señal, pero todavía quedaban lagunas importantes. (Cebrián Herreros; 2001: 157).

Según el estudio titulado “Mapa de radios” (Ballesteros y García; 2017), en América Latina y el Caribe existen 32.827 emisoras. 5.982 de ellas emiten en A.M y 27.845 lo hacen en F.M y las denominaciones de estas radios son: comerciales, comunitarias, educativas, indígenas, alternativas, culturales, religiosas, entre otras.

Las emisoras comerciales y sus radiofórmulas se extienden por América Latina con iniciativas probadas y también, por momentos, agotadas. Las frecuencias comunitarias, en muchos casos, desean ser como los medios comerciales y muchos de ellos emiten y emiten música olvidando su razón de ser. Los medios religiosos, por su parte, en la mayoría de las veces, solo hablan de lo suyo, de la salvación de las almas sin reparar en los cuerpos que transitan con necesidades en calles y avenidas de la ciudad desde la que se comparte una señal. Las experiencias universitarias de las que se pide generen experimentación poco lo hacen y, así, se podrían relatar poco a poco las fórmulas que unas y otras repiten, lo cual les hace pertenecer a una categoría, a una denominación que forma parte de su Proyecto Político Comunicativo, es decir, de su visión de mundo, de su razón de ser, de sus objetivos a cumplir.

A ese listado de denominaciones con que se pueden identificar las frecuencias de AM y FM en la región se suman muchas otras emisoras o experiencias radiofónicas que transmiten por internet y que pueden ser llamadas, muy genéricamente, como radios en línea o radios por internet.

En relación con las emisoras en línea hoy el número de ellas es indeterminado. A la fecha no existe una medición concreta que pueda reflejar tan siquiera una aproximación de cuantas de estas iniciativas hay en el mundo o la región.

En esa suerte de entramado de nombres y apellidos, usos y abusos, aparecen frecuencias y modalidades en línea como las denominadas “Radios de Salud Mental”, las cuales han encontrado distintas formas para acercarse si no a las audiencias si, al menos, a los llamados por unos y por otros usuarios o participantes.

La denominación “Radios de Salud Mental” no existe en términos de la Ley, es decir, medios llamados así no forman parte de ninguna reglamentación radiofónica en la región. En tal sentido, decir “Radios de Salud Mental” es tan solo una forma de nombrar experiencias tan diversas en antena como Radio La Colifata de Argentina, Radio Vilardevoz de Uruguay y Radio Paranoia de Chile; radios en línea como Maluco Beleza de Brasil, Radio Abierta de México; o sólo programas como lo son la gran mayoría de las iniciativas estudiadas en este libro que, asociadas con estaciones comunitarias, universitarias, públicas o comerciales, difunden materiales radiofónicos de distinta duración realizados por usuarios de Salud Mental en Argentina, Chile y Costa Rica.

Las modalidades de producción radiofónica y las formas de emisión, sin duda, le confieren a cada una de estas experiencias características específicas y ese sentido marca singularidades entre unas y otras. No es lo mismo sostener una estación en FM que un canal de audios con una muestra semanal de 20 minutos, como tampoco lo es el desafío de alimentar una parrilla de programación de una radio en línea, frente a una serie de audios que se emitan en una estación comunitaria. Pese a lo anterior, cada intento por servir a quienes más lo necesitan, desde la radio, es altamente valorado y reconocido en este libro.

Una característica común encontrada al analizar las distintas versiones de estas experiencias comunicacionales es que casi todas ellas se denominan como “Radio” aunque, en realidad, no todas ellas lo son; pues, técnicamente, no emiten por antena. Este equívoco revela, más bien, que se trata de experiencias radiofónicas o canales alternativos que usan espacios sonoros como dispositivos para la libre expresión, la comunicación, la visibilidad y la desestigmatización de personas escasamente valoradas y reconocidas por la sociedad como lo son quienes sufren algún padecimiento mental.

Se auto denominan “Radio” pero, en realidad, muchas de ellas −las que no están en antena ni son radios en línea− son, realmente, sólo programas con algunos minutos de duración. Para efectos analíticos, y tomando en cuenta las trece experiencias citadas, se presenta una tipología a partir de su modo de emisión:

Radios con antena

Nombre

País

Año de inicio

La Colifata

Buenos Aires, Argentina

1991

Vilardevoz

Montevideo, Uruguay

1997

Radio Paranoia

Melipilla, Chile

2012

Radios en línea

Nombre

País

Año de inicio

Radio Abierta

Ciudad de México, México

2009

Maluco Beleza

Campinas, Brasil

2002

Programas de radio

Nombre

País

Año de inicio

Caramelos Surtidos

Rosario, Argentina

2013

La Bisagra

Paraná, Argentina

2006

Los Inestables

Córdoba, Argentina

2010

Podemos Volar

San José, Costa Rica

2011

Radio Desate

Buenos Aires, Argentina

2007

Radio Diferencia

Valparaíso, Chile

2005

Tardes Nuestras

Santa Fe, Argentina

2003

Podcast

Nombre

País

Año de inicio

Estación Locura

Santiago, Chile

2012

A la tipología anteriormente citada le subyacen una diversidad de trayectorias y modos distintos de asumir el medio que hace que cada una de ellas tenga sus propias señas de identidad.

Las iniciativas que emiten a través de una antena, las más antiguas, por cierto, han transitado un largo camino para conseguir un lugar en el espacio radioeléctrico. Alcanzar el reconocimiento legal, tener una antena y poder transmitir desde un hospital psiquiátrico seguramente ha sido el resultado de una intensa batalla –en el terreno político, normativo y técnico– librada junto con otros actores del campo de la comunicación como la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) y otras instituciones. Las emisoras FM 100.3 Radio La Colifata y FM 95.1 Radio Vilardevoz que realizan transmisiones en vivo una vez a la semana a través de estas frecuencias, son ejemplos de medios comunitarios que se han nutrido de la tradición latinoamericana de la Comunicación Alternativa que bregó por formas contestatarias, participativas, transformadoras y militantes de comunicación (Barranquero, 2010 y 2011; Barranquero y Sáez Baeza, 2010; Beltrán, 2005; Capriles, 1989; Graziano, 1980; Gumucio Dragon y Tufte, 2008; Kaplún, 2007).

Las radios en línea, a diferencia de las anteriores, han tomado un camino más libre y directo hacia la comunicación, sin transitar por los laberintos de las regulaciones normativas. Son más dinámicas, más autónomas y tienen a su disposición las potencialidades que ofrece el internet tales como la convergencia digital, la interactividad, el contenido bajo demanda, la atemporalidad y la asincronicidad (Ballesteros López y Rivera Costales; 2012). Pero, además, parecen no asumir los compromisos de una metanarrativa emancipatoria que estaba en el código genético de la Comunicación Alternativa latinoamericana, y se inscriben, mejor, en el marco de los denominados medios ciudadanos, definidos por Clemencia Rodríguez (2009) como aquellos que desencadenan la construcción de ciudadanía, la recodificación de las identidades y la reformulación de las visiones de futuro para los individuos y las comunidades.

La cercanía que la radio fue estableciendo ha generado un fuerte vínculo, convirtiéndola en una extensión más del ser humano (McLuhan; 1964). Y esa particularidad se hace posible en la “elongación” de la voz que para casi todos los casos objeto de esta reflexión se ha dado de la mano de un medio asociado, en general universitario o comunitario, que ha cobijado solidariamente en su emisora y parrilla de programación las voces de la locura. En muchos casos, estos sonidos establecen alianzas duraderas como ocurre con Podemos Volar o Tardes Nuestras que llevan muchos años emitiendo en la misma estación; en otros, las colaboraciones son más efímeras y sujetas a los vaivenes que viven las propias radios comunitarias en la región como en los casos de La Bisagra, Radio Diferencia y Caramelos Surtidos; y finalmente, hay otras experiencias que logran generar una verdadera polinización radiofónica al estar presentes en muchos puntos del dial y sonar en numerosas estaciones locales y provinciales como son los casos de Los Inestables y de Radio Desate.

En muchas de estas iniciativas, detrás del programa radiofónico que se difunde a través de los medios asociados, existe un colectivo u organización social con una sólida trayectoria de militancia y compromiso con la Salud Mental pero también con otras causas sociales vinculadas con los derechos humanos, la justicia social y con demandas de las minorías o sectores en condición de desventaja social. Tal es el caso, por ejemplo, de Los Inestables y La Bisagra que, categóricamente, sostienen que el medio es indisociable de su colectivo.

Finalmente, se encuentra la experiencia de Estación Locura que sólo funciona con la modalidad de podcasts disponibles en su sitio web, y a los que se puede acceder bajo demanda y asincrónicamente. En este caso, sus materiales radiofónicos están contenidos en su propia página de internet con escasa posibilidad de circulación en otras plataformas comunicacionales.

Tipologías

La tipología mediática aquí presentada tiene un valor heurístico relevante y muestra los contornos definidos de una cartografía sonora de este tipo de iniciativas en América Latina, sin embargo, el quehacer cotidiano de cada una de ellas es mucho más complejo y dinámico. Además, en los tiempos de mediamorfosis que se viven, entendidos como “la transformación de un medio de comunicación de una forma a otra, generalmente como resultado de la combinación de cambios culturales y la llegada de nuevas tecnologías” (Fidler, R)[1], estas iniciativas cruzan las fronteras entre la antena, el internet y las redes sociales, y comienzan a generar, al menos de una forma incipiente y artesanal, cruces e hibridaciones entre las modalidades analógicas y digitales. Así, las radios con antena de Argentina y Uruguay disponen de un portal en internet a través del cual difunden sus producciones; La Colifata, incluso, cuenta con una programación en línea disponible las 24 horas del día. Las radios en línea de México y Brasil, a su vez, difunden un programa semanal o mensual a través de una estación universitaria por FM. Y muchas de las que sólo son un espacio dentro de la barra programática de alguna emisora asociada ponen a disposición esas producciones en formato digital para que puedan ser descargadas desde redes sociales o desde páginas web de otras frecuencias moduladas.

En buena medida, estos cruces e hibridaciones entre lo analógico y lo digital dan cuenta, también, de las transformaciones más recientes que está experimentando el propio medio radiofónico a la luz de las redefiniciones y resignificaciones que le imponen tanto el avance tecnológico como la creciente participación de las audiencias y comunidades definidas actualmente en términos de prosumidores, es decir, como oyentes activos, que no sólo escuchan sino que además, están en condiciones y deseos de producir materiales sonoros: escuchan, participan y producen. En tal sentido como afirma Vaughan Tay (1994) si al receptor se le da el control interactivo del proceso, quedará encantado. Lo multimedia estimula los ojos, oídos, yemas de los dedos, y, lo más importante, la cabeza.

2. Salud Mental y Radio

El uso de la radio en el campo de la Salud Mental, cuya aparición data de finales de los años ochenta del siglo XX, constituye una innovación tanto en el plano comunicacional como en el de la atención a los padecimientos mentales. Pero para que esta aleación fuera posible tuvieron que acontecer dos fenómenos. El primero de ellos ocurrió en Europa, y fue el desarrollo de un movimiento crítico al paradigma que estaba centrado en el encierro y en el aislamiento en hospitales psiquiátricos, y en la flagrante violación de los derechos humanos de los denominados locos. A partir de la década de 1970, este movimiento comienza a tomar forma en Italia bajo el liderazgo del psiquiatra Franco Basaglia quien abanderó una de las mayores transformaciones en este campo: la lucha por el cierre de los manicomios y la defensa por un trato humano, digno y en la comunidad de aquellas personas con sufrimiento mental. El movimiento de la psiquiatría democrática de Basaglia logró en Italia la sanción de la Ley 180 en 1978 que estableció el cierre de los hospitales psiquiátricos y el paulatino desarrollo de alternativas comunitarias de atención y de inclusión social. La denominada Ley Basaglia expandió sus influjos a otros países europeos y, también, a América Latina. Particularmente, estos nuevos aires de transformación llegaron a Brasil donde Basaglia había impartido conferencias en 1979. Por ello, no es casual que haya sido Brasil el primer país de América Latina en promover una importante Reforma Psiquiátrica a través de la que propugnó por la desinstitucionalización y por el desarrollo de alternativas de atención psicosocial comunitaria que han servido de modelo para otros países en la región.

El segundo fenómeno aconteció en América Latina, también en Brasil. En este país ya se estaban dando los primeros pasos hacia la Reforma Psiquiátrica y, en 1989, el artista y pedagogo Renato di Renzo realizó una intervención con pacientes psiquiátricos de la Casa de Saúde Anchieta, en la ciudad de Santos, que dio origen al primer programa de radio realizado por personas con trastorno mental en el mundo (Guerrini; 2012: 166): Radio Tam Tam, que fue transmitido durante nueve años en emisoras comerciales. Las experiencias de radio en esta temática que posteriormente se desarrollaron en Brasil, tales como Papo Cabeça y Maluco Beleza, reconocen a Radio Tam Tam como el antecedente fundacional.

Sin embargo, la verdadera eclosión del uso de la radio en el campo de la Salud Mental ocurrió en el año 1991 con el nacimiento de La Colifata, una radio realizada por los internos del Hospital Borda de la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Seguramente había elementos culturales del contexto nacional que propiciaron que esta experiencia no sólo haya sido tan bien acogida sino muy reconocida y valorada. Un dato importante en este sentido es que Argentina es el país con mayor cantidad de psicólogos en el mundo, con una tasa de 100 profesionales de la Salud Mental por cada 100,000 habitantes, mientras que la media en otros países oscila entre 24 y 45 psicólogos por cada 100,000 habitantes.

La Colifata, creada por Alfredo Olivera, quien es entrevistado en este libro, constituyó una iniciativa seminal que desencadenó la creación de innumerables experiencias radiofónicas protagonizadas por personas con padecimientos mentales en Argentina, en América Latina y en el resto del mundo. Después de 28 años de transmisiones, la primera FM en el mundo nacida al interior de un hospital psiquiátrico es el referente paradigmático de la alquimia entre radio y Salud Mental que tantas transformaciones positivas trajo a la vida de las personas sufrientes, a las propias prácticas de atención y a la sociedad en general.

El movimiento de la psiquiatría democrática, las reformas psiquiátricas y las leyes más progresistas en este terreno que fueron sancionadas en algunos países constituyeron la antesala imprescindible para que la radio pudiera acercarse a las vivencias de personas socialmente silenciadas como los denominados locos, y llevar a través de sus micrófonos esas otras sonoridades que le contaban al mundo otras formas de ser y de habitarlo. La radio fue el medio a través del cual las personas con padecimientos mentales recuperaron el derecho a la libre expresión y a la comunicación, retomaron el timbre de su voz para narrar en nombre propio sus historias, y se hicieron audibles para la sociedad. En pocas palabras, el medio fue una suerte de bautismo sonoro que les auguró la travesía humana, sensible y comunicacional, de regreso al mundo.

3. La fórmula

Si este fuera un manual que describiera cómo crear una “Radio de Salud Mental” podría decirse que el primer paso para hacerlo es empezar con un taller radial, un acercamiento a una grabadora para registrar voces, escucharlas, editarlas y liberarlas en una frecuencia llámese AM, FM o medio en línea. Una primera suerte de análisis comparativo de las trece narraciones presentadas aquí, está signado por la forma como estas aportaciones comunicativas han nacido. Todas lo hacen desde un taller radiofónico, un ensayo, un espacio experimental que en días, meses o años va ascendiendo hasta llegar, como mínimo, a un programa.

La razón de ser de cada una de estas trece experiencias es perforar los muros del silencio y del estigma con las voces y las palabras de quienes, hasta la llegada de la radio, permanecían en el mutismo social. Después, los caminos y las historias singulares de cada una de estas iniciativas se trazarán según los contextos nacionales particulares, las condiciones institucionales imperantes, los marcos normativos que regulan la radiodifusión, las posibilidades técnicas y materiales, los sueños y deseos de los colectivos que las impulsan.

La emisión de los resultados de los talleres radiales en medios de comunicación universitarios, comunitarios, comerciales, públicos o por internet es también una práctica común de las iniciativas aquí analizadas. ¿Cómo se ha llegado a emitir contendidos de Salud Mental en otras frecuencias? Las formas han sido distintas pero, en esencia, hay elementos comunes en todas las prácticas comunicacionales citadas. En algunos casos, las emisoras tocan la puerta de la Salud Mental y, en otros, es ésta la que busca espacios en otras estaciones. La dinámica de migrar los productos de esta suerte de “laboratorios sonoros” a emisoras solidarias ha posibilitado que las narrativas sobre la locura y la diferencia circulen por la esfera pública y, en ese transcurrir, contribuyan a la desestigmatización y a la puesta en valor de los decires de quienes por una condición específica habían sido desacreditados. El que medios ajenos a la Salud Mental abran espacios cortos en sus parrillas de programación para difundir estas voces representa un desafío en términos de lograr productos técnicamente audibles, con una estética y un lenguaje propio, y con géneros y formatos que se adecúen a las dinámicas colectivas que subyacen a los talleres.

Parecería haber un ADN común a todas estas radiofonías que siguen la fórmula de hacer un taller en un hospital psiquiátrico o centro de atención en Salud Mental, luego un programa para ser emitido en una frecuencia amiga, y posteriormente crear un medio propio AM, FM, on line.

En efecto, a partir de la vivencia de La Colifata, la gran mayoría de estas experiencias se ha desarrollado al interior de los hospitales psiquiátricos y, quizá, ello se deba a que quienes participan en esos talleres estén en situación de internamiento o de externación por lo que deben acudir a los hospitales para el seguimiento médico y farmacológico.

El hecho que las propuestas comunicacionales abordadas aquí operen desde los hospitales psiquiátricos les ha enfrentado con un conjunto de vicisitudes institucionales, en la mayoría de los casos bastante negativas, que ha moldeado el horizonte de sus posibilidades. El rechazo y la desconfianza de los centros de salud hacia una radio realizada por los usuarios, el no otorgamiento de un espacio físico adecuado y permanente para la realización del taller, el escaso apoyo material, el no reconocimiento de esta forma alternativa de atención, y la creencia de que participar en la radio aumenta los delirios en algunos participantes son los obstáculos que recurrentemente aparecen en las historias de estos medios. A este entorno poco favorable hay que sumarle los efectos de la sobremedicación en los usuarios que dificulta la participación y las precarias condiciones de existencia de quienes ya se encuentran externados y que, muchas veces, no pueden cubrir económicamente su propia movilidad hacia los sitios de grabación o emisión.

Radio Abierta tiene la particularidad de ser el único medio de comunicación de este tipo que no funciona en un hospital psiquiátrico sino en las instalaciones de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, en la Ciudad de México. A diferencia de las demás iniciativas se encuentra emplazada en un espacio de naturaleza comunitaria como lo es la universidad, con lo cual el entorno para la operación no presenta condiciones desfavorables. Sin embargo, no está exenta de dificultades para sostener la participación de los usuarios por los efectos de la sobremedicación y por las carencias económicas para solventar los costos del traslado.

Si bien casi todas estas propuestas nacieron al interior de los hospitales psiquiátricos o centros de salud y, por ello, están atravesadas por la lógica manicomial y de encierro, lo cierto es que se han cristalizado en distintas modalidades operativas. Algunas de ellas, por ejemplo, han logrado cierto reconocimiento institucional y están integradas a la oferta de atención de los propios servicios del hospital o centro de salud como una alternativa sustitutiva al internamiento. Incluso, en ciertos casos, los profesionales que conforman la iniciativa son parte del personal de la institución. En esta situación se encuentran, por ejemplo, Tardes Nuestras, La Bisagra, Radio Desate, Paranoia y Maluco Beleza. Cabe mencionar que en Argentina y Brasil existe una normatividad, a veces a nivel nacional y otras a nivel local, que incluye el reconocimiento de las modalidades sustitutivas de atención en Salud Mental, que allana el camino para que estas ideas radiofónicas sean validadas en el marco de los servicios ofertados por las instituciones.

Hay otros casos, en que el trabajo al interior del hospital no se ha traducido en un reconocimiento y, menos aún, en la incorporación del espacio del taller de radio y grabación del programa a la oferta de atención. Esta sería la situación de Los Inestables, Estación Locura, Podemos Volar, Vilardevoz y Radio Diferencia. De tal modo, que son iniciativas que funcionan en las orillas o periferias de la propia institución psiquiátrica.

Si la supervivencia de estos medios tiene como denominador común una voluntad y compromiso férreos de sus equipos de trabajo, y una fuerza titánica para mantener estas apuestas colectivas contra viento y marea, hay que reconocer que en el plano de la sostenibilidad material no tienen la suerte de su lado. Ninguna de las trece prácticas goza del mejor estado de salud en términos de la economía. Son escasas las emisoras que cuentan con un pago para alguno de sus profesionales, con presupuesto para la compra o renovación de sus equipos, para solventar los gastos cotidianos relacionados con los talleres de producción radiofónica, o para afrontar los gastos de traslado de sus participantes. En todos los casos, se trata de iniciativas que sobreviven de manera precaria, sujetas muchas veces a financiamientos públicos o privados esporádicos que no garantizan la continuidad de su quehacer a mediano y largo plazo. Algunas de ellas se valen de la posibilidad de vender cierta pauta publicitaria, oportunidad que no experimentan las iniciativas web, las que emiten programas en medios ajenos o las que sólo son podcast como Estación Locura. Los recursos económicos con los que se sostienen las propuestas provienen de los hospitales o de la universidad como en el caso de Radio Abierta, de proyectos concursados en convocatorias de financiamiento, de actividades que realizan para la venta de productos como el caso de Estación Locura que llegó a vender jugos en calles de Santiago, de un club de socios como Vilardevoz o de donaciones como en el caso de La Colifata. Justamente para lograr captar recursos de distintos fondos algunas de estas hazañas comunicativas se han constituido como Asociaciones Civiles sin ánimo de lucro; pero se han enfrentado, también, con que los costos de mantener vigente una asociación civil a veces son mayores a las potenciales posibilidades que puede ofrecer.

Son, realmente, colectivos resilientes que han desarrollado capacidades invaluables para capear las adversidades, los entornos complejos y las condiciones económicas difíciles y restrictivas, y que han ido generando –en la medida de sus posibilidades– alianzas y redes para fortalecer sus proyectos y difundirlos. En esta dirección, cabe destacar que algunos de estos medios han realizado coproducciones fílmicas que les han ayudado a potenciar la visibilidad y el impacto de sus iniciativas. Por ejemplo, La Colifata, Vilardevoz, La Bisagra y Podemos Volar cuentan en su haber con documentales sobre sus experiencias. Asimismo, muchas de estas prácticas han participado, además, en encuentros radiales y de Salud Mental, en congresos, eventos académicos y periodísticos, han realizado viajes y capacitaciones, que han representado oportunidades para ampliar la red de alianzas, intercambiar ideas, ser entrevistados o estar en ambientes distintos al psiquiátrico. Cabe destacar que en el año 2007 se realizó en Buenos Aires, Argentina, el primer Encuentro de Radios y en el 2014, en Montevideo, Uruguay, tuvo lugar el Encuentro de Radios Locas. Más recientemente, en 2018, se realizó el Encuentro Nacional de Espacios Radiales en Salud Mental en Rosario, Argentina.

En realidad, como anota Cebrián Herreros (2008), uno de los grandes desafíos de la radio está en encontrar un modelo ideal para su sostenimiento y plantea que quizá ese sea el principal desafío para un medio que está en desarrollo, como los medios de comunicación en línea.

4. La producción radiofónica

Crear una emisora o un programa requiere, como mínimo, un conocimiento previo del lenguaje radial y de unas dinámicas que le son fundacionales a cualquier iniciativa que viaje por el éter. En tal sentido, este análisis arroja una nueva y profunda reflexión sobre los modos de hacer la radio y plantea un conjunto de interrogantes y retos: ¿Es necesario saber de radio para crear un programa o una emisora? ¿Bastará con ser oyente de una frecuencia para escudriñar, desde la escucha, cómo diseñar una apuesta sonora? El hacer programas sin conocimientos previos, ¿qué tan positivo puede ser para un medio que se llama “diferente” dado que aborda realidades que otros no lo hacen? O, por el contrario, ¿fundar un medio sin un saber previo permite una suerte de camino propio, un echar a andar para aprender en el proceso? ¿Empezar con más iniciativa que con saberes acumulados permite habilitar actos creativos distantes de las fórmulas promovidas en las mismas prácticas comunicacionales que se escuchan a diario en la región? El debate queda servido. Entre tanto, este apartado devela, a partir de las iniciativas aquí revisadas, una nueva discusión sobre las formas de producción radiofónica y justamente, los usos del lenguaje radial, sobre la figura misma del comunicador social o el profesional del medio.

Para la producción de contenidos radiofónicos, todas las iniciativas citadas utilizan la misma metodología: un espacio grupal o asamblea como una caja de resonancia que procesa las inquietudes, problemáticas, experiencias, opiniones y puntos de vista de los usuarios de Salud Mental. En otras palabras, un tiempo-espacio de diálogo y escucha respetuoso, tolerante y sensible que posibilita la producción de narrativas plurales y diversas que están sustentadas en la recuperación del derecho a la libre expresión y a la comunicación. No existe una sola práctica de las aquí citadas que haya relatado su manera de realizar la producción radiofónica de forma diferente. La elaboración de los contenidos empieza con un encuentro -de mínimo dos horas y máximo seis- en el que se pone sobre la mesa común una diversidad de temas sobre los que se conversará, discutirá y debatirá. En la mayoría de los casos, estas iniciativas no trabajan con guiones radiofónicos preestablecidos, sino que éstos se van delineando en ese espacio grupal o asambleario a partir de consensos en torno a la propuesta de los temas de los usuarios. La asamblea o espacio grupal es el eje que impulsa y va aceitando la mecánica editorial que también se podría denominar como “consejo de redacción” en el que se definen asuntos principales, locución, secciones, musicalización, presentadores, etc. Una vez terminada esta dinámica, se emiten los contenidos al aire o, los que se soportan sobre contenidos pre-grabados, pasan por un proceso de edición que es el que actúa como filtro de calidad antes de la salida al aire en estaciones comunitarias o universitarias.

La producción, grabación y emisión de los contenidos ocurre generalmente en los contextos de los hospitales psiquiátricos. Así es en el caso de La Colifata que emite desde un jardín del Borda, de Vilardevoz que lo hace en un espacio cerrado de la institución al que denominan “fonoplatea”, Radio Desate graba sus contenidos en un pequeño salón del Hospital Moyano, Los Inestables debe buscar un lugar cada sesión del taller; y Estación Locura, Paranoia, Radio Diferencia y Podemos Volar negocian de tanto en tanto los espacios. Maluco Beleza tiene una isla de edición en el propio Centro de Atención Psicosocial Cândido Ferreira, y Caramelos Surtidos graba los contenidos en un centro de atención en Salud Mental. La Bisagra y Tardes Nuestras, por ejemplo, se desplazan a las cabinas de las radios comunitarias que transmiten sus programas. Y, finalmente, Radio Abierta emite desde un jardín de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.

Hay que destacar, también, que algunos de estos medios realizan en ciertas ocasiones la producción radiofónica fuera de sus espacios habituales. Tal es el caso de La Colifata, pionera en realizar transmisiones en espacios comunitarios, en el Congreso, en estadios de fútbol, entre muchos otros. También Vilardevoz y Los Inestables realizan los denominados “desembarcos” que consisten en la implementación del espacio radiofónico en barrios, plazas, universidades u otros lugares. Radio Abierta, por su parte, realiza la denominada versión “ambulante” que consiste en llevar el espacio sonoro a instituciones psiquiátricas para producir contenidos pregrabados que luego son transmitidos por su plataforma en línea. Más recientemente, Tardes Nuestras comenzó a emitir (sin mucha regularidad aún) desde un centro cultural con un formato de radio abierta a la comunidad.

Otra característica común en relación a la producción radiofónica es el tipo de formato utilizado. En general, casi todas trabajan la mesa de discusión, la tertulia o la revista radiofónica que son formatos flexibles que permiten la improvisación y que dan cabida a múltiples voces, diversas temáticas y secciones variables que en muchos casos incluyen poemas, reflexiones o interpretaciones musicales de autoría de los y las participantes. En ocasiones, además, estos formatos incluyen la participación de invitados del campo de la Salud Mental y de la cultura. Así, es bastante común que músicos, artistas, profesionales o militantes de otros colectivos participen en algunas sesiones emitidas en vivo o pregrabadas.

En general se puede afirmar, como anota Lechuga Olguín (2015) que, en muchos medios, pocas veces se pone de relieve la dimensión artística de la radio y sus múltiples posibilidades.

La producción radiofónica de estas iniciativas ha enfrentado, algunas veces, la autocensura por parte de los mismos usuarios quienes por miedo a las represalias de la institución hospitalaria controlan ciertos contenidos; o por parte de los equipos de profesionales quienes ante afirmaciones relacionadas con discriminación, con señalamientos sin sustento, o con exposición de asuntos personales o sintomatológicos deben editar el material para protección de la identidad personal o de terceros, por cumplimiento de los lineamientos editoriales de las estaciones comunitarias o universitarias por las que esas piezas sonoras viajan.

Los audios generados por estas experiencias son casi incontables porque trabajan en formatos cortos, largos, en vivo, trasmisiones especiales, etc. Un rasgo sobre el cual no hay uniformidad es el del tiempo de duración de los contenidos ya que éstos pueden ser de 3, 15, 30, 60 minutos o dos horas de duración. La Colifata, en sus inicios, inauguró la producción de los denominados microprogramas con una duración de algunos minutos; otras iniciativas producen contenidos de una hora o una hora y media de duración como La Bisagra, Tardes Nuestras, Caramelos Surtidos, Radio Abierta, Los Inestables o Podemos Volar. Radio Desate, por su parte, genera micros de 3 minutos que son transmitidos en diversas emisoras comunitarias.

Los profesionales que fundan y apoyan las propuestas aquí objeto de estudio suelen ser psicólogos, terapeutas ocupacionales, antropólogos, estudiantes de Psicología, Trabajo Social y Comunicación Social.

Sobre la discusión ya planteada, en relación con el saber o no saber de radio para entrar en ella habría que advertir que algunos de los medios aquí puestos en escena han recibido talleres o cursos de formación en radio. Pero sólo y tan sólo eso: talleres de radio. Es más, para algunos otros, YouTube ha sido su “maestro”. Sostener una frecuencia amerita, sin duda, más que un taller de formación radial de algunas horas, en tanto, una asignatura pendiente para las instancias aquí vertidas es la necesidad de acercarse más a la vida del medio que ejercen, explorarlo más, enriquecerse del lenguaje que le es propio para generar productos innovadores y de mayor calidad. En particular, el análisis evidencia que, en general, requieren de una mayor factura al momento de elaborar sus piezas sonoras. Se observan vacíos en relación con el uso del lenguaje, las formas de abordar las salidas al aire, problemas de vocalización, dicción, lectura, improvisación, ruidos en cabina, fallas técnicas, nivelación de audios y ediciones que merecerían más cuidado. Además, sería recomendable una mayor apuesta creativa, una mejor organización de los sonidos dentro de la parrilla de programación y una artística más lograda. Es decir, lo específicamente radiofónico es una asignatura pendiente para estas “aventuras comunicativas”. Aún hoy, en 2019, algunos de estos medios no han recibido capacitación radial, lo cual, sin duda, resulta sombrío.

Cualquiera que se precie de caminar por los senderos de una estación sonora sabe que ese tránsito está lleno de luces y sombras. A continuación, algunas de esas sombras recogidas en las entrevistas realizadas a los equipos de profesionales de los medios aquí estudiados:

  1. La dificultad para lograr la asistencia puntual a cada una de las grabaciones o emisiones en vivo por parte de usuarios ha sido una constante en casi todas las experiencias. La radio, maestra de la puntualidad, necesita no solo de preparación previa para su abordaje sino cumplimiento al reloj antes de cada emisión.
  2. Las intervenciones de los participantes son por momentos caóticas y requieren, muchas de las veces, la renegociación de los acuerdos y consensos alcanzados durante la preproducción de los programas. La frase “todos quieren hablar” ha sido recurrente en casi todas las entrevistas y evidencia la compleja tarea cotidiana de alcanzar equilibrios inestables entre las participaciones y los tiempos, y de manejar las contingencias que se presentan en el momento mismo de la salida al aire o de la grabación.
  3. La sobremedicación y sus efectos secundarios, y las descompensaciones de salud de algunos participantes vuelven difícil, para muchas de estas iniciativas, garantizar la continuidad de la presencia de los usuarios que constituyen la materia prima para la producción radiofónica.
  4. Las fallas de carácter tecnológico, ya sea por los equipos o por la poca señal de internet, son algunas veces las razones de suspensiones o cancelaciones de la emisión en vivo o de las sesiones del taller.
  5. La falta de personal profesional del medio o el déficit de asesorías especializadas que puedan orientar la producción radiofónica.
  6. Dispositivos técnicos escasos, deficientes o no actualizados que dificultan la producción de materiales técnicamente de calidad.
  7. Los entornos institucionales poco favorables, la falta de credibilidad en los abordajes alternativos en Salud Mental, y la resistencia y desconfianza de las autoridades y de algunos profesionales para que los usuarios participen en las sesiones de radio.
  8. Los espacios inapropiados en los que, en muchos casos, se llevan a cabo las sesiones del taller, la grabación o la emisión en vivo de los programas.
  9. El incumplimiento a cabalidad de los marcos normativos en aquellos países que cuentan con leyes de Salud Mental con enfoque de derechos humanos; o la ausencia de normatividad que garantice una atención de calidad y con apego a tales derechos de los usuarios.

El listado de las necesidades sin duda es más amplio al citado, y este se podrá leer en los capítulos dedicados a cada una de estas iniciativas. Sin embargo, en un rápido resumen se puede intuir que las luchas por desarrollar y mantener estos sonidos son enormes e invaluables. Por todo ello, este libro también es un homenaje a los hombres y mujeres que restan tiempo a sus vidas personales para pensar en otras y otros, y desde el medio resignificar una vida, hacer visible al invisible, y restituir el derecho a pertenecer a un mundo común.

5. De pacientes a comunicadores

De todos los sentidos que se le atribuyen a la radio, desde lo técnico a lo comunicacional, hay uno que tiene una relevancia particular para los medios abordados: ser un encuentro humano que se va fraguando al calor de las palabras, las voces y las presencias de quienes, precisamente, la sociedad ha apartado, silenciado y relegado. Sentados frente a frente, con los micrófonos entre las manos temblorosas, a la espera que la palabra brote del mutismo social y farmacológico, despojados de etiquetas y diagnósticos psiquiátricos, siendo sólo personas, lanzan a la esfera pública (radio e internet) sus propios decires, sus experiencias y sus puntos de vista con la certeza de que tienen algo importante que aportar al mundo. Esa es la poderosa alquimia que produce la radio: hablar y ser escuchados, dejar atrás el vendaval de palabras que el delirio escupe sin destinatario para construir, con otros y para otros, diálogos y conversaciones que comenzarán a formar parte del flujo discursivo socialmente reconocido.

La radio hace posible que las palabras de los locos tengan un lugar y que sean escuchadas, y que en su transcurrir vayan generando efectos de desestigmatización, visibilidad y puesta en valor de la condición de diferencia. En otras palabras, la radio habilita el tránsito de pacientes psiquiátricos socialmente afónicos y encapsulados en un diagnóstico a comunicadores que con libertad y creatividad toman los micrófonos para ejercer su derecho a la libre expresión y a la comunicación.

Con distintas denominaciones –locutores, comunicadores, participantes, usuarios- las experiencias comunicacionales citadas les interpelan en su calidad de sujetos activos, con recursos subjetivos, para ejercer la capacidad de agencia, esa gran potencia que el encierro psiquiátrico profana y hace añicos. Frente al internamiento que acalla la voz propia, la radio la vuelve resonante y liberadora; ante el adormecimiento de las palabras y del deseo que produce la hipermedicación, la radio despierta e inyecta participación y motivación; contra la pérdida de los derechos y del estatuto de ciudadano que impone la hegemonía psiquiátrica, la radio emplaza en la comunidad las voces de quienes reclaman el legítimo derecho a hablar en nombre propio y a comunicar la diferencia.

La radio tiene esa invaluable virtud de hacer audibles a los inaudibles, y de devolver la esperanza a quienes han sido arrojados a la periferia de lo social. A medida que va trocando el silencio en palabras, se van retejiendo los vínculos sociales: los participantes van dejando atrás la soledad y comienzan a hacer amigos, a sentirse parte de “una gran familia” como muchos de ellos lo expresan, y a tener un lugar de pertenencia que les da identidad como personas y ciudadanos.

Todas las iniciativas que se presentan en este libro tienen muchas historias y ejemplos de los cambios positivos que la participación en los programas de radio ha traído para los usuarios: desarrollo de las habilidades expresivas y comunicativas, mayor concientización sobre los derechos, revalorización de los proyectos personales y mayor autoestima, reforzamiento de los lazos sociales y construcción de un sentido de grupalidad, mayores grados de libertad en el manejo del tratamiento médico, sentimientos de pertenencia a un proyecto y a un devenir colectivo, descubrimiento de nuevos deseos y recursos, fortalecimiento de la capacidad de participación e incidencia política, entre otros.

A continuación, se presentan los fragmentos de dos contribuciones elaboradas por Iván Maceda y Alba Villalba -participantes de Radio Abierta y Vilardevoz, respectivamente- que fueron escritas para ser compartidas en este libro. Los textos están relacionados con la forma como la potencia de la radio ha resignificado sus vidas.

Iván Maceda: “La radio es la oportunidad de expresarse, de poder ayudar a otras personas con este tipo de experiencias, de despejar las dudas y el miedo que genera sufrimiento, tanto a las personas que tenemos estos problemas como para las personas que los rodean. Es la oportunidad también de superarse como persona y decirle a los demás: no tengan miedo, no se preocupen, podemos hacer cosas grandes con la ayuda de nuestra familia y amigos, con la solidaridad tan necesaria dentro de nuestra sociedad. También es la posibilidad de pertenecer a una gran familia que, por lo visto y vivido, puede romper toda frontera”.

“Radio Abierta me ayuda a aprender a comunicarme. Me parece muy satisfactorio tener este dispositivo que nos permite reconocer si existen deficiencias en la forma de comunicarnos y, a la vez, entender que hay cosas que se deben explicar más a detalle para aprender los unos de los otros. Sin lugar a dudas, la radio nos da la posibilidad de hacer un diagnóstico de las causas que determinan si uno se va a enfermar o no, causas que existen en la sociedad, independientemente de la predisposición de uno. Es decir, podemos arreglar la problemática biológica momentáneamente pero si no arreglamos la sociedad y los problemas que existen en ella, el problema se vuelve crónico para todos, no sólo para los que tenemos la parte pesada del problema”.

“La radio me ha dado la posibilidad de expresarme de forma más efectiva, de poder conocer cuáles son mis limitaciones y conocer otros mundos. Me ayudó a entender que la palabra puede liberar de una forma excepcional a las personas. Aprendí a ser más empático y a entender que las posibilidades para comunicar son diversas”.

“Gracias a Radio Abierta supe cómo realizar documentales para medios audiovisuales, participar en un comité editorial y conseguir participaciones de otras partes de México y del mundo, hacer entrevistas a expertos, hacer un radiocuento, interactuar con la sociedad en campañas contra la estigmatización, ser responsable de una nota ecológica y entender que es una gran responsabilidad comunicar algo en radio. Para mí, la radio ha sido una gran bendición, no podría expresar con palabras mi agradecimiento, ni lo que me ha ayudado a crecer porque, además de tanto, me ha enseñado a reflexionar y a ver las carencias que aún tengo”.

Alba Villalba: “Hace más de cinco años, mis hermanos, que participaban de una radio comunitaria, me invitaron a formar parte de Vilardevoz. Llegué a una radio donde me encontré con cierto potencial que estaba reducido a su mínima expresión en mí, ¡Comunicar! ¡Hablar! ¡Escuchar! ¡Parar las antenas! ¡Y la gente! Lindos locos-cuerdos que me recibieron en su comunidad, hoy es la mía también”.

“Considero que la radio da un plus de autenticidad a quien está al micrófono pues él llega a más lugares. En la radio hay momentos de risas, rabia, bronca, empatía, es decir, los sentimientos se disparan. Hasta te citan, no con intención de referenciar autor, sino de compañía como cuando dicen “hoy cuando escuchaba a Alba Villalba en la radio…” ¡Se siente como una amiga del dial! Eso es grandioso, somos ustedes y yo, somos una comunidad”.

“Hay algo que no debo dejar de mencionar más allá de que la radio da una comunidad de pertenencia, más allá de ser de la colectividad de los locos al aire. No sé cómo se explica física y químicamente, pero participando en la radio se genera lo que los medicamentos pretenden darnos. Es decir, nos da la capacidad de generar naturalmente ese elemento químico o lo que sea, que alivia el sufrimiento psíquico y nos da la posibilidad de formar parte de”.

“En la radio he aprendido muchas cosas, pero voy a mencionar lo relevante. Y en realidad aprendí o reaprendí algo: puedo decir, entonces, que ahora sé que puedo dominarme porque lo hago todos los días al aire y no me causa daño ni estrés alguno. Aprendí que hay herramientas mecánicas como el micrófono y naturales como la voz que nos pueden dar sentido a nuestros días empoderándonos y potenciándonos. No voy a caer en el error de decir que la radio es la solución a todo, para un alienado. Si es un gran medio para muchos entre los que me incluyo”.

Si bien los efectos de la radio son muy potentes, en todas las entrevistas que se realizaron a los equipos de profesionales fue patente la dificultad para sostener la asistencia y la participación de los productores de programas. En general, son espacios realizados por grupos reducidos de usuarios. Tanto en el caso de aquellas iniciativas que transmiten o graban sus programas desde alguna cabina de una frecuencia comunitaria o universitaria, como de las que lo hacen desde un hospital psiquiátrico el grupo de participantes oscila entre 5 y 10 personas. En muy pocos casos, la producción cuenta con más de 20 comunicadores. Casi todas relatan que tienen un núcleo estable de usuarios, que incluso asiste desde el inicio de los talleres y emisiones, y otro grupo más fluctuante que se incorpora de forma variable y cíclica.

Las modalidades de apropiación del medio por parte de los usuarios, “que se da cuando las personas conocen las herramientas, las valoran y aprenden a usarlas para satisfacer sus necesidades e intereses” (Sierra Caballero y Gravante; 2012:135), son diversas y dependen de la metodología de trabajo de estos colectivos comunicacionales, del tiempo de vida de las experiencias, y de las posibilidades e intereses de los mismos. Por ejemplo, hay experiencias en las que los participantes asumen un rol más activo que incluye la producción y la locución como los casos de La Colifata, Vilardevoz, Radio Abierta, Radio Paranoia, Los Inestables, Radio Diferencia, Tardes Nuestras y Maluco Beleza; y otras, en las que estas tareas son compartidas entre los equipos de profesionales y los usuarios como Estación Locura, Podemos Volar, Radio Desate, Caramelos Surtidos y La Bisagra.

6. Las audiencias, las comunidades y los públicos

Mientras una emisora, en cualquiera de sus denominaciones, lee a su audiencia como el punto central de su quehacer, para estas “Radios de Salud Mental” las audiencias, sin dejar de ser importantes, son un coletazo. Para ellas el interés de la discusión está en crear un soporte para comunicar una idea sin esperar que viaje por otros oídos. Si bien para todas el centro del ejercicio está más en habilitar el habla y menos en la recepción de la misma, es posible identificar el despliegue de un abanico de intenciones. Por una parte, hay experiencias que asumen que su función medular es la de generar espacios para la enunciación y reparan poco en el eco que esos actos de toma de la palabra puedan tener. En este polo se ubican los casos de Tardes Nuestras, Podemos Volar, Estación Locura, Radio Paranoia, Radio Diferencia y Vilardevoz. Por otra parte, hay iniciativas que deliberadamente apuestan por conectar y dialogar con las audiencias como La Colifata, Radio Abierta y Maluco Beleza, estas dos últimas, que al ser radios en línea asumen la necesidad de pensarse a partir de la interacción con las comunidades virtuales. Finalmente, hay un núcleo de experiencias que están emplazadas en el nicho de los medios comunitarios y que suponen que cuentan con la escucha de una audiencia sensible a las causas de los socialmente desfavorecidos como lo son Los Inestables, La Bisagra, Caramelos Surtidos, Tardes Nuestras y Radio Desate. Pero, lo cierto es que ninguna de estas prácticas comunicacionales está en condiciones económicas para realizar estudios sólidos de audiencias.

La relación de un medio con sus audiencias, en el pasado cercano pasaba por una suerte de fidelidad en la escucha, hoy, los usuarios de medios son cada vez menos fieles a los soportes y más a los contenidos como señala Salaverría (2005).

Decir comunicación con las audiencias es decir un arduo trabajo. De las casi 33.000 radios extendidas en la región valdría la pena preguntarse cuántas de ellas realmente consideran a sus audiencias mucho más allá del ejercicio mismo de la escucha. O, cuántas de ellas hacen mediciones para conocer el impacto real de sus contenidos en los escuchas. La comunicación con los oyentes es un ejercicio de siempre y agotador en la medida en que requiere de recursos y personal para atender tal fin. Como se verá más adelante, en este mismo apartado, todos los casos analizados adolecen de recursos económicos y de personal específico para realizar tareas de seguimiento y medición de escuchas.

El contexto local en el que las radios emiten las marca y define el tipo de audiencias. Por ejemplo, si una frecuencia en antena está ubicada en un barrio popular, como es el caso de Vilardevoz de Montevideo, la audiencia será de ese tipo; y si el alcance llega a una zona rural, como ocurre con Radio Paranoia de Chile, sus radioescuchas serán hombres y mujeres rurales.

La forma como se interactúa con las audiencias también está determinada por el tipo de participación que pueden tener cuando asisten a los programas en vivo y en directo. Estos espacios habilitados como la Fonoplatea, la radio al aire libre o sin antena, constituyen una posibilidad para que el escucha vea de forma directa cómo se hace el espacio sonoro y si desea, participe del mismo.

Pese a la observación anterior es la web, o son los canales habilitados en las redes sociales, los que instauran un camino mucho más cierto para acercarse a los escuchas de estos contenidos. Muchas de las propuestas comunicacionales aquí citadas utilizan las redes sociales para generar mayor proximidad e interacción con las comunidades virtuales. Algunas de las acciones que se realizan consisten en proponer preguntas a sus seguidores para que envíen sus respuestas; postear frases de los participantes para generar una reacción en el público; solicitar la colaboración para difundir eventos, subir imágenes de los participantes o televisar fragmentos de las emisiones en vivo. En general, son mecanismos de intercambio con las comunidades y audiencias que se utilizan de forma esporádica, sin estrategias de planeación y con escaso seguimiento de impacto. De hecho, pocos equipos de profesionales utilizan las métricas de las redes sociales para orientar sus estrategias y tomar decisiones fundamentadas en lo relativo a la interacción con los escuchas.

7. Entorno digital: sitios web y redes sociales

La radio, desde sus inicios y como posibilidad de irradiar un mensaje a través de las ondas se apoyó en la llamada Onda Corta y la Amplitud Modulada. Para finales de 1960 la Frecuencia Modulada (FM) empezó su camino de masificación y fue así, como de alguna manera, en la región, la AM asumió emitir una alta carga de oralidad y la FM obtuvo para sí la emisión de música. De hecho, la FM impulsó la industria musical. A mediados de 1993 una nueva experiencia de propagación de audios apareció apoyada en la presencia de Internet: las radios en línea. “Internet Talk Radio”, fue la primera idea en su género creada por Carl Malumud en EE.UU. [2].

La radio de Onda Corta casi abandonó su señal, la AM se apaga lentamente, la FM en la región maneja oralidad y contenidos musicales, la radio en Internet crece exponencialmente y el podcast aparece como posibilidad de emitir audios en la web para fortalecer la oferta de todos los medios anteriores. Ese, se puede advertir, es el trazado actual del texto sonoro en la región.

El crecimiento exponencial de las radios en Internet facilita a iniciativas en antena o puras en la web llegar a más audiencias, usar los sitios web como auténticas ventanas para hacer visible el medio de comunicación. Migrar al ecosistema virtual más allá de una regla por cumplir es una reflexión que cada experiencia sigue de acuerdo a su propia realidad.

El mundo virtual presenta nuevas y cambiantes relaciones y ha modificado de manera disruptiva los caminos que el medio de comunicación ha venido transitando. La radio en internet es más que radio (Rodero Antón; 2002). Por eso, en internet descubrimos dos tipos de prestaciones sonoras: la radio en sentido estricto, tal y como la conocemos, con una emisión continuada y una programación estructurada sujeta a una temporalidad y, por otro lado, una serie de informaciones escritas sobre diversos contenidos, apoyadas por imágenes y enriquecidas con material sonoro.

Un elemento común es que pese a los esfuerzos que realiza el personal a cargo de estos emprendimientos hay asignaturas pendientes en, quizá, todos los aspectos del ecosistema virtual. Hay necesidades en arquitectura de los sitios, diseños, colores, accesos, jerarquía y definición de fotografías, calidad de videos, audios, escritura de textos, recursos complementarios como documentos o parrillas de programación bajo descarga.

Sumado a lo anterior, una imperativa necesidad que se plantea en este apartado es la de actualizar los sitios web. No se necesitan muchas evidencias para advertir sobre el vacío que en este tema existe y sobre la importancia que tiene el cuidar ese aspecto.

Si la actualización de los sitios no es la ideal, el seguimiento a los mismos tampoco ocurre. En general, y como una constante en todos los casos aquí mencionados, se puede decir que no hay un seguimiento concreto a las métricas que las páginas o redes sociales pudieran arrojar.

Los sitios web y las redes sociales, en general son usados como plataformas para compartir la vida del medio, la historia del mismo y las actividades que realizan semana a semana. El sitio web es la ventana por la cual las audiencias pueden conocer la vida cotidiana de estas experiencias.

Las redes sociales en algunos casos son activas y, en otros, pasadas casi que por un olvido. A veces, pareciera hay poco que contar o publicar. Los sitios tienen escasos seguidores o números de comentarios. Como se reconoce desde cada medio citado en la Segunda Parte de este libro, un deseo común es mejorar su presencia en los ecosistemas virtuales.

Muchos emprendimientos tienen audios “sueltos”, canales sonoros y en video que apenas cumplen con los requerimientos básicos para la presentación de dichos soportes. Sumado a ello, es común que ninguna de estas experiencias tenga sus contenidos embebidos o puestos de manera adecuada en otros espacios virtuales.

8. Desafíos

También son múltiples los desafíos comunes de estas propuestas comunicacionales. Por mencionar algunos de ellos:

  • Alcanzar la sostenibilidad económica.
  • Mejorar las relaciones con los centros de salud desde los que emiten.
  • Contar con mejores equipos para la radio.
  • Garantizar la asistencia de los participantes a talleres y programas en vivo.
  • Contar con más personal pago y al servicio de la radio.
  • Mantener la sede desde la que hoy funciona el medio.
  • Tener una mejor presencia en el ecosistema virtual.
  • Poder llegar a más audiencias y lograr una auténtica interacción con ellas.
  • Un temor que asiste es el de perder la posibilidad de hacer emisiones en las radios amigas. Entonces, el desafío es mantener estas alianzas.

9. Claves para crear una radio de la Salud Mental

Tras describir un panorama general sobre distintas realidades mediáticas, se presentan 15 recomendaciones a tener en cuenta, según sus fundadores y actuales coordinadores, al momento de crear un espacio comunicacional de las características consignadas en este libro.

  1. Reconocer la importancia de interpelar a quienes participan en el medio como personas con capacidades y recursos, lejos de las etiquetas diagnósticas que provienen del mundo de la psiquiatría y la psicopatología.
  2. Conocer muy bien la problemática y las necesidades de las personas que se beneficiarán de esta modalidad alternativa de atención en Salud Mental, para definir con precisión los objetivos y diseñar las estrategias de intervención para alcanzarlos.
  3. No perder de vista que el fin último de estas propuestas no consiste en “usarlas” para escalar como un buen profesional o terapeuta sino en lograr que el dispositivo “radio” sea útil a los usuarios de Salud Mental.
  4. Mantener una escucha activa, empática y estar abierto al diálogo son las premisas fundamentales. Las miradas preestablecidas dificultan el camino creativo y emergente que son esenciales para estos espacios.
  5. Tener vocación de servicio, ser portador del deseo de acompañar y sostener solidariamente procesos complejos que habilitan la recuperación de la voz propia, la participación y el empoderamiento de personas y grupos que tienen como desafío fundamental la apropiación creativa de la radio como un medio para la inclusión social.
  6. Reconocer las necesidades e intereses propios de los protagonistas de estas experiencias, ser abiertos y sensibles a las propuestas que emanan de la participación en el espacio radiofónico, sin imponer agendas o demandas ajenas al grupo.
  7. Desarrollar la paciencia como habilidad es indispensable para respetar los propios devenires individuales y grupales, así como para realizar intervenciones en situación dirigidas a trabajar con las posibilidades y recursos del otro, y no con las de quien ocupa el lugar profesional de la coordinación.
  8. El interés por los locos y una vocación por la transformación de sus condiciones de vida y del campo de la Salud Mental. Si este compromiso no está en la persona que acompaña los procesos comunicacionales, el medio, tarde o temprano, se marchitará.
  9. No perder la alegría y el deseo de estar con otros porque son las locomotoras que impulsan la ilusión de tener un medio y mantenerlo vivo.
  10. Trabajar siempre en red, tejiendo lazos con la comunidad y con otros colectivos que comparten valores y un enfoque de derechos humanos.
  11. Aprender de otras experiencias de radios de Salud Mental ya consolidadas en la región, e intercambiar aprendizajes y buenas prácticas. Muchas de las propuestas comunicacionales aquí estudiadas han nacido bajo el cobijo de aquellas más experimentadas.
  12. Planificar y establecer objetivos estratégicos a corto, mediano y largo plazo para que la iniciativa tenga un norte claro, y pueda consolidarse y ser reconocida como un actor relevante en el contexto local de la Comunicación y la Salud Mental.
  13. No iniciar una experiencia comunicacional de este tipo si no se cuenta con los recursos y financiamiento suficientes para garantizar la sostenibilidad económica a largo plazo de la misma. Iniciar proyectos sin futuro no es ético cuando se trabaja con personas en condición de sufrimiento psíquico y social.
  14. Asumir el empirismo como una posible fase inicial pero no desestimar nunca la formación profesional. Muchos de estos medios se han creado con más esfuerzo y deseo que con saber radiofónico. Sin embargo, en los actuales contextos de producción mediática, es imperativa la necesidad de formación, capacitación y actualización en la producción y difusión de los productos comunicacionales.
  15. Usar de forma creativa las nuevas tecnologías de la comunicación para producir narrativas originales sobre la diferencia y la inclusión social, y expandirlas hacia nuevos públicos y comunidades.

Nos esperan las historias de vida de las trece radios latinoamericanas en Salud Mental. ¡Hacia allá vamos!


  1. Citado en Ballesteros López y Rivera Costales, p. 29.
  2. “Radio por Internet” (2007) [en línea], disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Radio_por_Internet. Recuperado: 10 de febrero de 2019.


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