Otras publicaciones:

9789871867530-frontcover

12-1891t

Otras publicaciones:

12-4430t

remesas

Podemos Volar

Presentación

En el año 2011 se emitió el primer programa de radio realizado por personas con sufrimiento mental en San José, Costa Rica y, hasta el momento, único en Centroamérica.

Al frente de esta iniciativa está Andrés Dinartes Bogantes, psicólogo de la Universidad de Costa Rica, quien semanalmente se reúne con un grupo de usuarios del Hospital Diurno del Psiquiátrico Nacional para grabar las sesiones de radio.

Hacer valer el derecho a la libre expresión al interior de una institución psiquiátrica y pugnar por formas alternativas de atención no ha sido una tarea fácil para esta iniciativa que tiene como uno de sus sellos la apuesta por una “comunicación no cosmética” en la que la dispersión, el tartamudeo, los silencios y la irrupción de las emociones al aire son valoradas como formas de sensibilización de la audiencia.

Andrés acompaña este capítulo con su relato sobre los logros que ha tenido el programa de radio en favor de la Salud Mental de los participantes.

Podemos Volar es un desafío por hacer posible el sueño de cada día. Grandes lecciones de perseverancia son las que nos deja esta radio tica.

¡Pura vida!

De la inspiración nace una ilusión

Dos estudiantes de Psicología de la Universidad de Costa Rica estaban llegando al final de su carrera. Caminaban por los pasillos, cansados e insatisfechos, por no haber encontrado respuestas satisfactorias a sus inquietudes sobre lo normal y lo anormal, sobre la salud y la enfermedad. En algunas de sus clases, leyeron textos de filósofos y esquizoanalistas que proponían caminos diferentes para pensar los avatares de la condición humana. Foucault, Deleuze y Guattari les guiñaban el ojo.

Pero cuando intentaban atrapar sus ideas y conceptos, se les estrellaban contra los muros del psiquiátrico. Entre la teoría y el hospital había un abismo imposible de atravesar. Adrián Solís y Andrés Dinartes conocían muy bien los pabellones del Hospital Nacional Psiquiátrico, ubicado en Pavas, San José. Allí, Andrés realizaba sus prácticas profesionales, varios días a la semana, para el curso de intervención en crisis. Esa vivencia confirmaba que lo aprendido en las aulas se quedaba corto frente a la realidad abrumadora de sufrimiento y exclusión. ¿Era el hospital psiquiátrico el único destino? ¿Habría otro modo diferente de pensar y hacer con la locura?

“En el año 2009, a punto de terminar la carrera de Psicología, vimos el documental de La Colifata y nos llamó la atención”, cuenta Andrés. “LT22 Radio La Colifata”, realizado por Carlos Larrondo en 2007, despertó la imaginación de Adrián y Andrés, y comenzó a trazar el guion de otra película en sus cabezas. ¿Y si hacemos algo parecido a La Colifata en Costa Rica? ¿Será posible hacer una radio en el Hospital Psiquiátrico de Pavas?

La inspiración inicial se transformó en una ilusión que se fue abrigando con el calor del compromiso y de la pasión. Se la fue nutriendo y compartiendo con otros. Y en ese camino, conocieron también la experiencia de Radio Vilardevoz de Montevideo, Uruguay, y con ellos se acercaron para vivir el proceso de creación de la radio. Ese, sin duda, fue un horizonte muy importante.

La ilusión comenzó a tomar una forma más clara y consistente. Llegó el momento de preparar el terreno para que pueda anidar.

“En el 2010, anota Andrés, empezamos a hacer algunos contactos con el Hospital Psiquiátrico. Le presentamos la idea a quien había sido mi Supervisora de la práctica profesional y ella fue un gran apoyo para este proyecto de la radio. Realizar todas las gestiones y conseguir los permisos del hospital nos llevó todo un año. Preparamos un demo de un programa con equipo (grabadora y micrófonos) de la Escuela de Comunicación Colectiva, lo presentamos a las autoridades, y recibimos críticas y sugerencias que incorporamos. Finalmente, nos autorizaron a comenzar la experiencia de radio con personas que acudían al servicio de hospitalización diurna, es decir, los que se encuentran en rehabilitación y asisten a los talleres ocupacionales”.

Vientos cruzados

El despegue de un avión con vientos cruzados es una situación riesgosa que requiere de maniobras con mucha pericia por parte del piloto. Lo mismo aplica para la implementación de un proyecto de radio al interior de un hospital psiquiátrico. Los contextos institucionales y la disposición de las autoridades suelen ser adversas, al punto tal de complicar la operación para el despegue. Y esta historia no fue la excepción.

La aceptación de las autoridades para iniciar las actividades de la radio no significó la complacencia. Cuando el despegue ya estaba programado, los dos pilotos que iniciaron esta travesía comunicacional se enfrentaron con vientos cruzados que tuvieron que pilotar con altas dosis de paciencia y autoconvicción.

Como nos comparte Andrés,

“la relación con la institución no fue muy positiva. Para el hospital es una dificultad que el espacio de la radio sea tan libre. No les agrada que se emitan opiniones en contra del hospital o de las terapias. Ocurrió que querían revisar nuestros guiones o materiales, pero nos opusimos porque podría ser una forma de censura, y quienes integraban el Consejo Técnico acordaron sostener la libertad para los usuarios participantes. Es una relación tensa y eso constituye un obstáculo no sólo para nuestro proyecto sino para la Salud Mental en general al favorecer el encierro y no dar participación a los internos en la radio”.

Las condiciones institucionales inestables se fueron volviendo rutinarias. Los vientos cruzados no amainaron. Los pilotos y los pasajeros fueron mejorando sus destrezas para negociar permisos con las autoridades, ensanchar los márgenes de la libertad de expresión, generar alianzas con aquellos profesionales del hospital que se mostraban sensibles con la propuesta comunicacional, y gestionar la renovación anual para la permanencia de la radio en el hospital.

Pero esta propuesta radiofónica, además de despegar, también quería aterrizar. Y eso fue más complicado aún. El hospital ha cedido espacios temporales, como algunas aulas, para la realización de la reunión grupal de producción y grabación del programa. Pero la aspiración de tener una pista de aterrizaje propia, al menos hasta este momento, no se ha hecho realidad.

Junto con los vientos cruzados, las voluntades poco colaborativas, los permisos que se otorgan a cuenta gotas y los espacios que se escamotean, coexiste “un miedo latente de que el hospital nos diga que no se puede continuar haciendo el programa”, precisa Andrés. Pero contra todas las previsiones meteorológicas e institucionales, la decisión ya estaba tomada: “Podemos Volar”. Y así fue. Volaron a descubrir cielos más despejados.

“Quién me quita lo volado”

A las primeras reuniones convocadas para dar inicio a las actividades de la radio, acudió un pequeño grupo de usuarios del Hospital Diurno que había sido seleccionado por el personal de la institución. Allí se les hizo la invitación para ser partícipes de una experiencia inédita en Costa Rica: ser protagonistas de un programa radiofónico que se grabaría en el mismo centro de atención. Con sorpresa e incredulidad, los asistentes expresaron con absoluta cordura que les parecía una locura que haya una radio en un psiquiátrico.

A medida que esa locura se fue haciendo realidad, llegó la hora de nombrarla de algún modo. Los futuros locutores echaron mano de la imaginación que estaba adormilada y olvidada por los efectos de la medicación psiquiátrica. Y de la imaginación nacieron alas: ¡“Podemos Volar”! Sin límites, más allá del encierro, sobrepasando el estigma. Como lo expresó una locutora, “a pesar de todo, Podemos Volar. A pesar de las experiencias difíciles de la vida, siempre se puede volar, siempre hay esperanza de seguir adelante, de seguir avanzando”.

Y para poder volar no sólo se necesitaban alas. Había que dejar atrás el exceso de peso que la sociedad adosa al sufrimiento mental, soltar las etiquetas negativas, los prejuicios y, por supuesto, los diagnósticos psiquiátricos. Porque con diagnósticos, afirma un locutor, “nadie podría volar, todo el mundo se vendría de cabeza”.

El 14 de febrero de 2011 se emitió el primer programa de Podemos Volar, producido y grabado en el Hospital Psiquiátrico, a través de FM 101.9 Radio U, la estación de la Universidad de Costa Rica que les apoyó con los equipos y con Adrián Vega, un técnico de radio.

La producción del programa se realiza los días viernes de cada semana en algún espacio de la institución, en el contexto de una reunión grupal de usuarios en la que se exponen y deciden los temas que se abordarán. Estas sesiones son coordinadas por Andrés quien desde el año 2015 ha quedado como único profesional a cargo de esta iniciativa.

En esas reuniones trabajan de forma participativa y deliberativa. Así lo explica Andrés, “la hora previa a la grabación es de discusión de los temas que se quiere compartir, se planifica lo que se va a emitir, se hacen todas las coordinaciones, y luego tenemos una hora para grabar los dos bloques de entre 13 y 14 minutos que conforman el programa. Esa hora previa es muy importante porque se votan los temas. A veces, no hay consenso y se graba un tema libre en el que cada uno participa con lo que quiere decir. Pero, en general, el formato es como una mesa de opinión en la que todos dialogan en torno a un tema central”.

Una vez realizada la grabación, Adrián Vega lleva el material sonoro a la emisora para realizar una edición técnica y artística más cuidada,

“porque a veces, anota Andrés, suena disperso o alguien llora. Y está también el tema del tartamudeo, que es otra forma de valorar la comunicación. Pero, si alguien tartamudea y esa es su forma de expresarse, no hay por qué negarle el espacio pues las personas que lo escuchan se sensibilizan con una comunicación más humana. Por estos asuntos hemos tenido algunas diferencias con Radio U, pero todo esto es parte de la estética propia del programa”.

Cada lunes a las 16 h, las voces de Podemos Volar se elevan en el horizonte del dial de la FM 101.9 con cobertura nacional; y los miércoles a las 15 h, circulan por la 870 AM, ambas emisoras pertenecientes a la Universidad de Costa Rica. “Muy buenos días amigos radioescuchas de la 101.9 de FM Radio U. Hoy tenemos una emisión más de su programa Podemos Volar. Muy pero muy buenos días”. Entre las manos de Soledad, Ricardo, Melany, Nelson, Ivonne y Oscar circula el micrófono y comienzan las conversaciones sobre el amor, la música, los sueños, la enfermedad, el fútbol, la sexualidad, la política, los derechos humanos, la Salud Mental, enriquecidas con recuerdos personales y canciones espontáneas.

Después de tantos años al aire, ya le perdieron el miedo al micrófono, aprendieron a manejar el tiempo de la radio y a incluir a los nuevos interesados que se animan a participar en esta tertulia sonora. En algunos programas, se cuenta con invitados especiales que pueden ser funcionarios del mismo hospital, estudiantes, músicos, escritores o actores. Y, a partir de un diálogo, se van explorando distintas temáticas de interés para los locutores.

En ocasiones especiales, Podemos Volar sale de la institución psiquiátrica para compartir estos diálogos con estudiantes de la Universidad, con maestros y alumnos de una escuela secundaria, o con un público más amplio y heterogéneo en una plaza, “para que todo el mundo lo vea a uno ahí. Porque es otra forma de decir: ¡aquí estamos! Y así ser más visibles y menos invisibles”, afirma enfático un locutor.

Esta iniciativa comunicacional asume ciertos lineamientos editoriales que reflejan su posicionamiento político en el campo de la Salud Mental: “primero, está el hacer valer dentro de una institución psiquiátrica el derecho a la libertad de expresión; y, segundo, la reivindicación de maneras alternativas de atención en ese tema”, señala Andrés.

Son premisas que se llevan a la acción de forma absoluta, sin medias tintas, lo que vuelve a Podemos Volar un proyecto más cerca del arte que de la comunicación porque incluso una persona muda, que no puede emitir sonidos, en este espacio tiene la posibilidad de ejercer el derecho a la libre expresión; permitirle que se exprese (como pueda) es validar la expresión misma. En efecto, Podemos Volar está lejos de una “comunicación cosmética”. Al sintonizar el programa se puede escuchar de forma descarnada los ensayos de esa práctica inusual de ejercer el derecho a la libre expresión al interior de una institución psiquiátrica: tartamudeos, balbuceos, olvidos, errores, desniveles de sonido, ruidos con el micrófono y superposición de voces. La libertad le abre la puerta a una catarata de palabras que muestra con orgullo sus tropiezos cuando se habla en nombre propio.

El entusiasmo, la participación y el compromiso con el programa hay que atizarlo cada viernes que se realiza el encuentro grupal para la grabación. El director de la radio anotó que

“por un lado, sostener el equipo de locutores es una dificultad porque al no recibir un pago por esta tarea a veces se les dificulta hasta el traslado al hospital. Por otro, hay momentos en que la motivación y el compromiso con las tareas grupales decae, lo que termina afectando el proceso de producción del programa. Además, al formato de mesa de opinión le falta mayor creatividad e imaginación, le falta jugar más con lo radial, porque a veces se vuelve un espacio duro y rígido cuando podría ser más relajado, distendido y divertido”.

El equipo de profesionales que acompaña esta iniciativa está al frente para apuntalar, de forma sensible y artesanal, estas dificultades. Andrés, con su formación de psicólogo; Adrián Vega, como técnico de Radio U y algunos estudiantes de Psicología y Antropología, constituyen una combinación afortunada de conocimientos, prácticas y deseos que se conjugan para garantizar que se levante vuelo pese a las adversidades.

En el año 2011, recibieron el premio de la Defensoría de los Habitantes que validó el aporte que el programa realiza al Mejoramiento de la calidad de vida de las personas con algún trastorno mental. Asimismo, la Universidad de Costa Rica y la Radio U han reconocido públicamente a los fundadores de Podemos Volar y al propio programa como una alternativa relevante en el campo de la Salud Mental. Andrés anota, “que la mejor universidad del país nos reconozca, nos afianzó como proyecto y tuvimos la oportunidad de ser una propuesta de acción social y, luego, de trabajo comunal para los estudiantes”.

Además, diversas notas periodísticas de medios costarricenses se hicieron eco de la importancia de este programa de radio y colaboraron en su divulgación y difusión. Pero, quizás, el reconocimiento más sonado vino de la mano del documental Los Volátiles, de la realizadora Alexandra Latishev, que en el año 2014 recibió el premio al mejor largometraje documental en el Festival Internacional de Cine Paz con la Tierra, realizado en Costa Rica. La película cuenta la historia de Podemos Volar y de algunos de sus locutores, especialmente la de Jorge Campos y de su pasión por el rap. Con escenas grabadas en el hospital y fuera de él, retrata de forma sensible y humana el mundo de quienes sufren una forma particular de dolor humano. Y nos acerca a sus sueños, ilusiones y luchas cotidianas por tener un lugar digno en la sociedad. El documental, exhibido en varios festivales de cine, volatilizó Podemos Volar e hizo posible que esta experiencia de radio fuera conocida más allá de Costa Rica.

“Podemos Volar, donde nuestras mentes tienen la habilidad de poner los puntos sobre las íes”. Eslogan de la radio

A lo largo de su trayectoria, además, el programa de radio ha ido cosechando pequeñas y grandes victorias en las vidas de sus propios participantes. Una estela de cambios y efectos significativos les ha dejado a los cerca de 35-40 locutores que han sido tocados por esta experiencia. Cuando se le preguntó a Andrés acerca de los efectos de Podemos Volar en los usuarios, respondió en clave geológica: transformaciones en distintas capas subjetivas. Y lo explicó de este modo,

“el principal efecto, que constituye la primera capa, es que ha sido un espacio de validación de su ser como sujeto de derecho. La radio les permite ser sujetos de su propia palabra y eso les ayuda a pensarse en su propia rehabilitación: a ser conscientes de sus limitaciones y de los obstáculos que existen dentro de un sistema de atención manicomial. La segunda capa, se relaciona con empezar a validarse a sí mismo a partir de sus producciones subjetivas y de poder nombrar sus procesos desde otro lugar. Por ejemplo, decir que se es el locutor estrella o estrellado, brinda la posibilidad de dejar el lugar de objeto y asumirse como un sujeto. Y, la tercera capa, vista más como una progresividad, tiene que ver con encontrar en este espacio de Podemos Volar una función terapéutica que se lleva a cabo de manera colectiva: está en todos y en cada acción que hacemos”.

Podemos Volar genera también algunos efectos en quienes, sin tener padecimientos mentales, se animan a participar en sus encuentros, “cuando han llegado personas al programa o cuando hemos estado realizando la radio en otros espacios, siempre se da una relación positiva. Con los locutores se baila, se ríe y se permite ver que son personas con emociones, expresiones y estéticas que nos enriquecen con estos modos alternativos de agenciar la Salud Mental”, agrega Andrés.

Con varias millas de vuelo acumuladas a lo largo de ocho años de existencia, Podemos Volar mantiene la convicción de seguir surcando los cielos de San José con su propuesta de comunicación no cosmética a través del dial de una emisora universitaria de este país centroamericano.

Breves

Si hoy volviera a nacer Podemos Volar, ¿qué no harías?

Intentaría no crear una frontera tan fuerte con el hospital. Trataría de hacer más proactiva la relación para sostener un lazo más fluido entre ellos y nosotros.

¿Cómo se relacionan con la audiencia?

Tenemos Facebook, Twitter e Instagram. Pero no tenemos métricas o mediciones reales sobre el impacto que tiene el programa. Nuestra audiencia es diversa pero no la conocemos bien. Quizás, lo que hace que nos sigan es el interés de estar en esto que es diferente, que se relaciona con la locura.

En realidad, no hay una relación sólida con la audiencia. Tenemos un blog abandonado, un canal de YouTube que no está actualizado, y tampoco disponemos de una persona que pueda estar dedicada a la gestión de los contenidos y de las redes sociales.

¿Les interesa tener una radio en línea?

Al menos, por ahora, no lo vemos como una posibilidad cercana ya que no tenemos las condiciones de producción para sostener tal iniciativa.

¿Qué planes a futuro tiene Podemos Volar?

Por un lado, ampliar el espacio radial y brindar un soporte mayor a quienes participan. Por otro, el proyecto a largo plazo va en la línea de mejorar todos los procesos de Salud Mental, producción y vínculo con la sociedad.

En el futuro, me gustaría pensar que no existan los hospitales psiquiátricos y que Podemos Volar funciona dentro de una red creando espacios de expresión.

Si alguien en Centroamérica quisiera iniciar un programa como el de Podemos Volar, ¿qué recomendaciones se pueden hacer?
  1. Saber quiénes son las y los principales beneficiados. Se necesita vocación de servicio. El fin último no es que seas un buen profesional, sino que eso tiene que funcionar para las personas, estar al servicio de los demás.
  2. Que el espacio sea un servicio para la libre expresión, sin verticalidad: es mejor llevar procesos de comunicación en horizontalidad y respeto.
  3. Es importante considerar la dimensión ética que está implicada en sostener un espacio alternativo. Trabajamos con personas con vulnerabilidades, y se tienen que ir de nuestro espacio en mejores condiciones de las que llegaron, y no peor.
Ficha técnica

Nombre

Podemos volar

Año de inicio

2011

Horario de emisión

Lunes a 16 horas y miércoles a las 15 horas

Frecuencia

FM 101.9 Radio U y 870 AM

Integrantes

Andrés Dinartes Bogantes

Facebook

https://www.facebook.com/podemosvolarcr/

Correo electrónico

podemosvolarcr@gmail.com

Ciudad, país

San José, Costa Rica



Deja un comentario