Hospital Escuela Eva Perón, Granadero Baigorria, provincia de Santa Fe
Mariángeles Parodi, Ana Victoria Quintero, María Cecilia Badano, Verónica Imhoff, Patricia Saganías, Nicolás Walter Bonantini, Alejandro Fabián Daniele, Marlen Inés Cotlier, Carlos López Barraza, Marcelo Benjamín Martínez, Mariano Andrés Mañas, Adrián Arrighi, Mónica Carranza, Fabiana Imola, Cristina Zattara y Martín René Chasset
Introducción
El Hospital Escuela Eva Perón de Granadero Baigorria desarrolla internaciones en salud mental de forma continua desde los años noventa, incluso antes de la sanción de los marcos legales vigentes, tanto provinciales (Ley 10.772/91) como nacionales (Ley 26.657/2010). Sus inicios estuvieron vinculados a la implementación de las Residencias Interdisciplinarias en Salud Mental (RISaM), impulsadas por el Dr. Mauricio Goldenberg, que inauguraron una nueva forma de concebir la asistencia y la formación en el área (Vainer, 2019).
En este texto proponemos un recorrido por los procesos históricos que muestran la tensión entre lo instituido e instituyente en el abordaje de la salud mental en el hospital, junto a la presentación de un caso que refleja el trabajo actual del servicio y los desafíos que plantea la atención de la subjetividad en un hospital general.
El hospital
A continuación, presentamos una historización del hospital desde su fundación en los años cuarenta hasta la actualidad, entendiendo a la institución no como algo natural, sino como una construcción cultural e histórica atravesada por relaciones de poder.
El Hospital Escuela Eva Perón (HEEP) es un hospital público general de alta complejidad, dependiente del Ministerio de Salud de Santa Fe. Ubicado en el norte del Gran Rosario, funciona como referencia para nueve centros de salud del Área Programática I del Nodo Rosario y atiende tanto a la población del cordón industrial sobre la ruta provincial n.º 11, como a isleños de la zona.
Como hospital de tercer nivel, concentra especialidades no disponibles en otros efectores y atiende principalmente a adultos sin otra cobertura que la pública. La atención pediátrica se limita a guardia e internación de 0 a 14 años, sin cuidados intensivos. En contraste, el servicio de Neonatología, el más complejo del sur provincial, recibe recién nacidos desde la semana veinticuatro y quinientos gramos de peso. Para las madres de estos bebés, ofrece una residencia de alojamiento durante los primeros tres meses de vida si no residen en Baigorria o alrededores.
El hospital cuenta con 119 camas de internación: 20 en Gineco-Obstetricia, 16 en Neonatología, 16 en Terapia Intensiva, 46 en sala general de adultos (clínica médica, traumatología, cirugía y salud mental), 14 en Pediatría y 7 en guardia externa. Estas se distribuyen en salas según especialidad, la mayoría con residencias en formación. Aunque existe un servicio de Cuidados Progresivos orientado a organizar la atención según la complejidad, persiste la lógica tradicional de internación por servicios.
El HEEP se construyó entre 1948 y 1955, con proyecto de Ramón Carrillo, y se inauguró en 1954. Tras el golpe de Aramburu, permaneció cerrado hasta 1961 (Martin & Marchetti, 2025). Primero dependió de la Fundación Eva Perón, luego de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR y, en 1981, pasó a la órbita provincial, donde se crearon cargos para su personal. El edificio mantiene la distribución original de los años cuarenta.
El predio cuenta con un edificio principal de dos plantas y construcciones menores estilo chalet. En la planta baja, se ubican atención ambulatoria, guardia, hospital de día, diagnóstico por imágenes, farmacia, laboratorio, oficinas, registro civil y el área docente de la UNR. La planta alta concentra internación, residencia de madres, quirófanos, sala de simulación y dependencias administrativas. El hospital brinda múltiples especialidades acorde a su complejidad.
En los chalets que rodean el edificio principal, funcionan servicios –generalmente sin internación, excepto salud mental– como Rehabilitación, Kinesiología, Terapia Ocupacional, Fonoaudiología, Odontología, Salud Mental, Anatomía Patológica, la morgue, mantenimiento y el Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (SIES). Contiguo al cuerpo principal, en 2020 se construyó un Hospital Modular como efector COVID-19, inaugurando camas y recursos en tiempo récord; actualmente alberga a la Unidad de Cuidados Intensivos.
La salud mental en el hospital
La atención en salud mental se inició en los sesenta por demanda de la población de Baigorria, primero con el psiquiatra Dr. Asís (Martin, 2025). Luego se sumó una psicóloga en Reumatología y, tras reorganizaciones administrativas, se establecieron un referente de psiquiatría y dos de psicología.
Los psicólogos se incorporaron a pedido de Pediatría para atender casos de asma severo y alergias infantiles. Antes de la Ley Provincial de Ejercicio Profesional (1984), su práctica se limitaba a test psicodiagnósticos, consultas y ocasionalmente psicoterapia.
En 1973 se creó el servicio de Psicología, que coordinaba con la guardia en internaciones por crisis o violencia (Martin, T. y Marchetti, 2025). Desde el inicio tuvo más profesionales que el de Psiquiatría y mantuvo jefatura propia para no depender de un referente médico (Martin, 2025).
Hasta los noventa, las internaciones en salud mental se realizaban en hospitales monovalentes de Rosario y Oliveros. Antes de la llegada de la RISaM al hospital (1991), solo se atendían casos con complicaciones orgánicas. Con la residencia se incorporaron internaciones específicas, pese a resistencias al nuevo paradigma. La Ley Provincial n.º 10.772/91, en consonancia con la Declaración de Caracas (OPS, 1990), dispuso que se realicen en hospitales generales como parte de la salud integral.
La Ley Nacional de Salud Mental (2010) legitimó una práctica que el hospital sostenía desde hacía casi 20 años. La incorporación de la RISaM impulsó el paradigma interdisciplinario y la integración del padecimiento psíquico en la salud general. Desde 1992 se pasó de guardias médicas de veinticuatro horas a un dispositivo de atención en crisis, con intervenciones más complejas centradas en la subjetividad (Rodríguez Costa, 2013).
En 2016 se creó el servicio de Salud Mental con jefatura y coordinación interdisciplinaria, desarrollando dispositivos grupales, mayor trabajo intrahospitalario y articulación con la RISaM. Hoy cuenta con quince integrantes de distintas disciplinas y diecisiete residentes (psicología, medicina, trabajo social y enfermería), acompañados por un jefe de residentes psiquiatra y un instructor psicólogo. El servicio brinda apoyo interdisciplinario activo a los residentes. La reconfiguración del servicio de Salud Mental estableció equipos interdisciplinarios de psicólogos y psiquiatras con referencias fijas para interconsultas en salas generales, con el objetivo de armar un trabajo más afianzado a largo plazo. Los residentes de primer año acompañan esta estrategia clínico-institucional. Esto facilita su integración al hospital y acompaña sus primeros pasos clínicos.
El servicio de Salud Mental funciona en el chalet de Salud Mental, con consultorios, sala de personal, sala de espera, biblioteca y dos baños. En 2022, por problemas edilicios en el chalet, la RISaM se trasladó al ala docente, lo cual facilitó su integración al hospital.
Actualmente, se mantienen dispositivos sin carga horaria fija. El de Admisión en Consultorio Externo, primera entrevista a cargo de un profesional y un residente de primer año, dirigida a la población local, que luego es derivada a otros profesionales en el efector o a su lugar de referencia. La guardia funciona todos los días de 8 a 20 horas con equipos interdisciplinarios de la RISaM y tutoría del servicio; de 20 a 8 horas, los médicos de la guardia externa atienden las crisis y, de ser necesario, convocan al Dispositivo Soporte de Salud Mental (dependiente de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud de la provincia y de la Municipalidad de Rosario), que trabaja en hospitales generales de la ciudad de Rosario, o al equipo del hospital al día siguiente.
El dispositivo de interconsulta vincula otros servicios del hospital mediante equipos interdisciplinarios con referencias fijas en cada sala. En consultorio externo se brinda atención ambulatoria, seguimiento de casos y derivación a equipos territoriales. La mayoría de los usuarios recibe pensiones por discapacidad y presenta alta vulnerabilidad psicosocial. Excepcionalmente, se atiende población infantil.
Los dispositivos sustitutivos son espacios grupales que reemplazan lógicas manicomiales, promoviendo inclusión social, laboral y comunitaria (Faraone & Valero, 2013). Funcionan talleres de radio, arte, lectura, escucha colectiva y caminatas saludables, coordinados por profesionales y con participación de la RISaM. Resulta clave la incorporación al servicio de una tallerista del ámbito de las artes visuales, siendo quien sostiene semanalmente el espacio de arte, orientado a la producción subjetiva de usuarios/as.
Se realizan actividades interinstitucionales e intersectoriales, incluyendo comités, coordinación de espacios grupales y articulación con otros servicios. También se llevan a cabo pases conjuntos, reuniones y ateneos, además de formación académico-profesional en la RISaM, supervisión de prácticas y estrategias interdisciplinarias con psicología, psiquiatría, trabajo social, enfermería y emergentología.
Finalmente, el dispositivo clínico-jurídico integra al abogado para casos judicializados o de posible judicialización, trabajando desde una perspectiva de derechos y de clínica ampliada. Participa en entrevistas con usuarios y sus familias, así como en reuniones de equipo.
Solo la RISaM tiene cargos de 44 horas semanales con dedicación exclusiva; el resto del personal trabaja de manera parcial y combina docencia y asistencia. El trabajo exige compromiso ético con la salud pública, orientado por el principio de hospitalidad, entendido como relación que evita violencia y exclusión y busca comunidad y solidaridad (Derrida & Dufourmantelle, 2000).
Internación por Salud Mental en el hospital
Las internaciones en salud mental tienen más de 30 años de historia y una larga trayectoria de institucionalización y legitimidad. El proceso ha sido no lineal, con avances y retrocesos, implicando trabajo cotidiano con distintos servicios del hospital. La práctica requiere consensos caso por caso, aunque algunos criterios ya están establecidos.
A lo largo de la historia, la salud mental ha ganado otro lugar estructural y simbólico. Desde 2017, el hospital cuenta con un área dedicada para internaciones en salud mental: una cama en la guardia externa y dos en Ortopedia y Traumatología (OyT).
Los ingresos se realizan por guardia externa, derivaciones de centros de salud, sistema de emergencias o por órdenes judiciales. Si se indica internación, el área de cuidados progresivos gestiona camas, ingresos, egresos y traslados. Ante la falta de disponibilidad en la planta alta, el paciente se aloja en la guardia externa o en la sala de internación transitoria.
Una vez asignada la cama, la internación se realiza en la planta alta, compartiendo salas con Clínica Médica y OyT, con una habitación de dos camas dedicada a Salud Mental. Dado que la demanda supera las camas disponibles, se utilizan plazas de otras salas, hasta un máximo de diez, integrando Salud Mental al hospital general pese a las resistencias que a veces se suscitan de parte de los otros servicios.
Con el establecimiento de áreas dedicadas, se empezó a participar activamente en los pases matutinos de la guardia externa, con lo que se mejoró la articulación entre servicios y la atención a usuarios con problemáticas subjetivas, así como la detección de situaciones previamente no abordadas por salud mental.
Durante las internaciones, concebidas como intensificación de cuidados en salud mental, el equipo interdisciplinario trabaja con entrevistas, lazos sociales e institucionales, referencias y participación en talleres grupales, evaluando estrategias clínicas y psicofarmacológicas. Esta tarea se encuentra principalmente a cargo de la residencia con supervisión cotidiana del servicio. Las internaciones permiten abordar la salud integral y consultas de otros servicios, reflejando la idea de Stolkiner (2005) de que el éxito de la salud mental sería su incorporación a prácticas integrales de salud.
Al definirse la internación, se asigna al paciente un equipo interdisciplinario (médico, psicólogo, trabajador social, enfermero) que diseña la estrategia clínico-terapéutica y realiza entrevistas diarias. Los usuarios pueden recibir visitas, hacer llamados y recorrer espacios como el patio de las magnolias o el chalet de Salud Mental para entrevistas y talleres. El acompañamiento permanente solo es obligatorio en menores de edad.
Desde el ingreso se planifica el alta, trabajando apoyos para la vida en comunidad: acompañamiento terapéutico, talleres, dispositivos sustitutivos, educación o articulación con instituciones del territorio. Cuando no es posible regresar al lugar previo, se crean nuevos circuitos con apoyo interinstitucional, intersectorial e interministerial, con el equipo interdisciplinario como referencia longitudinal del usuario.
En los últimos años, se implementaron permisos terapéuticos previos al alta, lo que crea una transición entre hospital y territorio y permite evaluar la estrategia clínica junto a centros de salud, familia y usuario. Además, se asesora a los usuarios en acceso a derechos, como documentación, pensiones, CUD, subsidios y cobertura de salud.
El dispositivo de acompañamiento terapéutico hospitalario, creado en 2022 con cinco integrantes, recorre las salas de internación, ofreciendo atención individualizada según lineamientos clínicos. Su trabajo se centra en lazos, actividades lúdicas y recreativas, sosteniendo las internaciones y aportando información clínica sobre la subjetividad de los pacientes.
Desde 2018 se realiza un análisis anual interno de las urgencias en salud mental, útil para identificar motivos de consulta, abordajes iniciales y perfil demográfico, y para planificar políticas públicas. En 2024 se atendieron 697 casos (+17 % respecto al periodo anterior), con predominio de demanda espontánea (43 %), personas de 15-29 años (44 %) y varones (53 %).
La internación voluntaria es la más frecuente (42 %), seguida de seguimiento ambulatorio y derivaciones; las involuntarias representan el 8 %. El equipo de salud mental evalúa estas situaciones, informando al juzgado y al Órgano de Revisión, con apoyo de un abogado especializado para articular con defensorías y tribunales. A su vez, el tiempo promedio de internación fue de 4,8 días (el rango fue de 1 día a 39 días). Las estadías prolongadas son poco frecuentes. La demanda por consumos problemáticos ha crecido y es hoy el principal motivo de consulta, seguido por las crisis de angustia/ansiedad y los intentos de suicidio.
El trabajo con la salud mental en infancias resulta estratégico, pero se ve limitado por la falta de infraestructura, de dispositivos adecuados y de políticas públicas, lo cual dificulta internaciones, tratamientos y articulación intersectorial para garantizar derechos.
La interdisciplina en acción para el abordaje de crisis subjetivas
Micaela fue asistida por primera vez en nuestro hospital en 2023, derivada de un efector de segundo nivel que no podía sostener su internación por su complejidad. Consultó por ideación autolítica sostenida y cortes en antebrazos y cuello, cursando un embarazo de 20 semanas. Presentaba consumo crónico de cocaína y marihuana, y antecedentes de cuatro hijos dados en adopción tras intervenciones de la Dirección Provincial de Niñez.
Micaela ha vivido situaciones recurrentes de vulneración de derechos y carece de referentes afectivos estables. No ha podido sostener lazos transferenciales con profesionales ni instituciones, por lo que sus procesos de atención fueron erráticos, limitándose a los momentos en que acudía a los servicios. Ha estado internada en distintas instituciones ante crisis subjetivas, entendidas como desestabilizaciones de la estructura psíquica que requieren abordaje interdisciplinario para su contención.
Su historia infanto-juvenil estuvo marcada por abandonos, primero de sus padres y luego de una vecina que asumía un rol maternal. Creció mayormente en soledad, y logró cierta referencia estable con el Centro Territorial de Salud Mental La Posta Norte (CTSM) y hospitales durante situaciones de crisis.
En enero de 2024, Micaela ingresó al HEEP tras una ingesta masiva de cocaína, cursando intoxicación aguda y ya en el tercer trimestre de embarazo. Al día siguiente presentó excitación psicomotriz, ideación delirante persecutoria, ideas suicidas (arrojarse desde la ventana), auto y heteroagresividad hacia el personal y conductas de riesgo hacia el embarazo. Expresó no querer tener más a su hijo en su vientre, introduciendo sus manos en la vagina en un intento de expulsar al bebé.
Durante la madrugada se activó un “llamado excepcional” a Salud Mental, dado que el equipo soporte tardaría una o dos horas. Se intervino con enfermería de refuerzo para la sujeción mecánica de Micaela, considerada necesaria ante la crisis y el riesgo extremo. Posteriormente, se indicó medicación psicofarmacológica para sedación y cese de la ideación delirante. Se convocó a una referente afectiva nombrada por Micaela, quien solo pudo permanecer brevemente, con una relación frágil en los últimos tiempos por conflictos ligados al consumo.
Los profesionales de Tocoginecología consideraron esta situación como la más difícil en la que intervinieron, lo que permitió fortalecer el trabajo interdisciplinario y reconocer la creciente complejidad de la demanda en salud mental. Tras la crisis se otorgó el alta, retomando un plan psicofarmacológico y redefiniendo su participación en los espacios terapéuticos, con acompañamiento del equipo del CTSM para contener la errancia subjetiva.
Semanas después de la crisis, se realizaron reuniones con los equipos intervinientes, Dirección de Niñez y Neonatología, donde estaba internada su hija prematura nacida por cesárea, sin complicaciones. Micaela expresó su deseo de maternar, trabajado durante casi dos meses por un equipo interdisciplinario. Su presencia en Neonatología fue inicialmente sostenida, pero luego se volvió esporádica. Se le ofreció la residencia para madres de recién nacidos, donde permaneció brevemente, acorde a su modo de circular por las instituciones.
Finalmente, ante sus dificultades para maternar y con su consentimiento, se acordó que la vecina/referente afectiva asumiera el cuidado de su hija. Se realizó una salpingectomía poscesárea como medida de anticoncepción y protección de su salud. Micaela continúa su atención en el territorio garantizada a través del CTSM, y en situaciones de crisis se activa un equipo interdisciplinario en el hospital para su intervención en urgencias e internaciones.
Las dificultades no eran solo subjetivas de Micaela, sino también institucionales: alojar a alguien en crisis, embarazada, en una sala donde habitualmente no se realizan internaciones por salud mental y con ideas preconcebidas sobre la maternidad. Su embarazo dificultaba que pudiera posicionarse como madre, dadas sus experiencias previas de abandono y desalojos subjetivos. La intervención buscó ofrecer un escenario distinto al “destino” repetitivo, acompañándola en su transcurrir y brindándole espacios que la sostuvieran. La apuesta del trabajo interdisciplinario fue intentar que esta crisis dejara marcas diferentes, donde el sufrimiento psíquico se mostrara encarnado en la repetición.
Las estrategias de salud deben implementarse de manera interdisciplinaria, integrando diversos actores y saberes según la definición del problema (Stolkiner, 2005). Abordar estas problemáticas desde la complejidad requiere cuidados intersectoriales que trascienden los muros del hospital. Las intervenciones clínicas se diseñaron con “otros”, considerando la singularidad y palabra de la paciente, sus referentes afectivos, sus circuitos territoriales y los efectores con los que mantenía vínculos transferenciales.
Una apuesta central fue el diálogo entre los distintos actores e instituciones por las que transitaba Micaela. Aunque su errancia era la variable más estable, cada institución mantenía su propia perspectiva sobre su maternaje: posible para algunos, insostenible para otros. Su alojamiento subjetivo conectaba los abordajes del primer nivel, CTSM, equipo RISaM, médicos de Tocoginecología, jefatura de Salud Mental, Trabajo Social de Neonatología y la Dirección Provincial de Niñez y Familia. Así, Micaela convocaba a múltiples actores que no solo atendían su acontecer psíquico y trayectoria vital, sino que también pensaban las prácticas instituidas y estrategias frente a una historia marcada por el riesgo de vivir.
En este caso, la internación buscó resguardar a Micaela y a su hija, especialmente tras un momento crítico donde el abordaje verbal era casi imposible. Se concibió como una pausa para instalar cuidados, generar nuevos lazos transferenciales, crear una escena diferente e inscribir otra historia.
Durante su internación, Micaela enfrentó diversas reacciones institucionales, desde la recepción de su palabra hasta el rechazo. Articular con múltiples equipos en situaciones tan complejas desafía la eficacia de las intervenciones, pero refleja la apuesta por una interdisciplina en constante reformulación. La internación se pensó como un tiempo breve, articulado con estrategias posteriores en otros espacios (instituciones, familia, trabajo), funcionando como envoltura para contener su existencia crítica y permitirle otros movimientos.
Cierre
El avance de la salud mental en el hospital general refleja la construcción de prácticas acompañadas por políticas públicas que incorporan el padecimiento psíquico en la salud general. Este proceso se apoyó en la participación y discusión de trabajadores de salud mental de distintos sectores e instituciones, que sentaron las bases del marco jurídico-normativo.
La calidad de atención aún está lejos de ser adecuada según las demandas poblacionales y las normativas nacionales, provinciales e internacionales que reconocen la salud mental como derecho humano. Entre los obstáculos identificados, se incluyen los siguientes: escasez de recursos humanos y terapéuticos; limitaciones estructurales y económicas (más camas, espacios adecuados para entrevistas, condiciones de alojamiento y materiales); dificultades en la comunicación interservicios e intersectorial; ausencia de un programa de capacitación continua; y falta de datos estadísticos y epidemiológicos para una planificación estratégica en salud mental.
A nivel institucional, el hospital brinda atención de calidad orientada a las crisis subjetivas, enfrentando la creciente demanda y complejidad gracias a un abordaje interdisciplinario, crítico y reflexivo, que contempla la singularidad de cada caso desde la perspectiva de derechos. Es necesario avanzar en políticas que adecuen los hospitales generales para potenciar el acceso y sostenimiento de internaciones, así como contar con dispositivos intermedios que aseguren cuidados intensivos en la comunidad.
Como equipo de salud mental, sostenemos el rol activo de los trabajadores en la construcción de políticas públicas desde lo micropolítico, reconociendo las dificultades de esta tarea cotidiana. Nuestro trabajo implica recuperar la historia situada que nos precede, identificándonos como protagonistas de prácticas y saberes que generan intervenciones instituyentes y subjetivantes en nuestro campo.
Referencias bibliográficas
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