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Transitando el paradigma de cuidados en salud mental desde una perspectiva interdisciplinaria

Hospital Interzonal General de Agudos Evita, Lanús, provincia de Buenos Aires

Yesica Gutiérrez, Marcela Varela, Ana Moiron, Marcela España, Gustavo H. Rodríguez y Gloria María Coceres

Introducción

El capítulo invita a realizar un recorrido histórico y contextualizado del servicio de Salud Mental “Dr. Mauricio Goldenberg” del Hospital Evita de Lanús. A lo largo del capítulo, se utilizará la nominación del servicio entrecomillada para reflejar las tensiones que persisten al interior de un servicio escindido que aspira a corresponderse bajo tal denominación. En ese sentido, como condición de posibilidad para el desarrollo del presente capítulo, se asumió el principio de interdisciplina, a modo de garantizar la presencia y labor de las diversas perspectivas. Se pudo concretar, por la convocatoria realizada por quien lo dirigió, la participación de un representante de cada una de estas que cumpliese con los criterios de haber conformado el equipo de salud mental de la sala de internación, por un tiempo considerable y durante más de cinco años, con funciones de coordinación o superiores.

Si bien el trabajo hace énfasis en el dispositivo de internación, se procura describir la trayectoria del servicio en clave de continuidad de cuidados, incluyendo aquellos dispositivos que brindan atención integral, apoyo y sostén con la finalidad de disminuir las internaciones prolongadas y las reinternaciones. En esa línea, se presenta un caso que ilustra dicha situación y que constituye, en el último tiempo, un desafío frecuente para el servicio. Finalmente, se identifica la necesidad de crear espacios de intercambio entre los diversos dispositivos y disciplinas que componen el servicio con el objetivo de fortalecer estrategias que promuevan la continuidad de los cuidados y posibilidades de abordaje de las problemáticas emergentes y prevalentes en el territorio.

El hospital

El hospital Evita fue construido por la Fundación Eva Perón e inaugurado en el año 1952 con dependencia nacional. Contaba con una amplia y diversa oferta de servicios médicos y no médicos de creciente complejidad, acompañada por una estructura edilicia de calidad, entre los que se incluyeron materiales como mármol de Carrara, que aún pueden apreciarse en el hall central y las escaleras. En 1955, el nombre del Policlínico fue proscrito en el marco de la “Revolución Libertadora”, con lo cual pasó a llamarse “Dr. Araoz Alfaro” por más de treinta años, y restituyó su nominación “Evita” ya entrada la democracia, como también modificó su nominación a hospital interzonal de agudos con dependencia en la provincia de Buenos Aires mediante el Decreto 338/79.

Este hospital se encuentra ubicado en Lanús, uno de los municipios que conforma el Área Metropolitana de Buenos Aires, siendo el partido más densamente poblado de esta, contando con 462.051 habitantes, según el último Censo Nacional (INDEC, 2022). En términos de organización sanitaria, Lanús, junto con ocho municipios más, pertenece a la Región Sanitaria VI, cuya población es de 3.747.486 habitantes. Dicha Región Sanitaria cuenta con 18 hospitales provinciales, tanto generales como especializados. Al ser el Hospital Evita de carácter interzonal, tiene como área programática toda la región sanitaria, principalmente para servicios de guardia e internación. Aun así, la mayoría de las personas atendidas son habitantes de Lanús, municipio en el que se emplazan asentamientos territoriales y villas de emergencia, con alta vulnerabilidad social. La mayoría de las personas atendidas en el hospital cuentan con cobertura pública exclusiva, siendo además importante la población con cobertura de PAMI, obra social que cubre a los jubilados y pensionados de Argentina. El hospital ofrece atención ambulatoria y de internación en más de 40 especialidades médicas y no médicas, incluyendo las de tipo clínicas y quirúrgicas para población infantil y adulta, además de servicios diagnósticos, preventivos y de cuidados.

En cuanto a su estructura, el edificio cuenta con una planta baja y cinco pisos, divididos en dos cuerpos, además de un chalet donde funcionan los dispositivos ambulatorios del servicio de Salud Mental, pegado a la morgue y a Anatomía Patológica. En el patio trasero del hospital, funciona el jardín maternal destinado a los hijos del personal, y también la “Casa de Madres”, destinada a alojar a las madres de pacientes internados en Neonatología o Unidad de Terapia Intensiva pediátrica. Asimismo, cuenta con un pulmón verde donde, con esfuerzo, se mantiene una parquización para uso de la comunidad hospitalaria, biblioteca y capilla. Las condiciones edilicias del hospital podrían calificarse como precarias, probablemente por la insuficiencia histórica del presupuesto asignado, el mantenimiento, la antigüedad y la reparación con materiales no aptos para resistir el uso intensivo y permitir la asepsia adecuada.

El hospital cuenta con 305 camas para internación, incluyendo las de Terapia Intensiva. La organización de las camas es por niveles de cuidado que responde a una reforma edilicia ocurrida en el año de 1998, la cual implicó la transformación de una organización tradicional, sectorizada por servicios, a una distribución basada en la complejidad de cuidados. A partir de esta organización, el tercer piso pasó a ser de “cuidados mínimos” y el cuarto piso, de “cuidados intermedios”. De este nuevo formato de organización, los servicios de Terapia Intensiva, Unidad Coronaria, Pediatría, Neonatología, Maternidad, Ginecología y “Salud Mental” quedaron excluidos, por lo que conservaron espacios específicos de internación en función de las características y los requerimientos de abordaje de los pacientes que allí se asisten.

La salud mental en el hospital

La experiencia del servicio de “Salud Mental” del Hospital Evita de Lanús, en cuanto pionero y referente de la atención en dicho campo, ha sido ampliamente documentada. Trabajos ilustrativos de ello son los de Goldenberg (1982) y Visacovsky (2002), de los cuales se retoman algunos elementos puntuales en este apartado.

El servicio de Psicopatología del Hospital Evita fue creado en 1956 por el Dr. Mauricio Goldenberg, referente en la historia de la salud mental a nivel regional. Funcionaba dentro del servicio de Medicina Interna (clínica médica), con trece camas, un consultorio externo y modalidad open door. Fue considerada una experiencia pionera en Latinoamérica por incorporar la atención por salud mental en un hospital general. El servicio creció en complejidad, llegando a tener más de doce departamentos, y para 1971 su equipo incluía a 150 profesionales de distintas disciplinas, en su mayoría ad honorem. En dicho periodo se crearon diversos dispositivos tales como la sala de internación, guardia funcionando en la guardia general, interconsulta, consultorios externos, el Club Terapéutico Amanecer (1966) y el Hospital de Día (1972), correspondientes a lo que hoy denominaríamos como “de apoyo a la inclusión social y comunitaria”. Con la llegada de la dictadura cívico-militar de 1976, todas las prácticas que implicaban el abordaje grupal y la corriente psicoanalítica fueron prohibidas, sobreviviendo únicamente el Club Terapéutico Amanecer con una coordinación impuesta por el interventor, hasta la reapertura del Hospital de Día Lazos en 1992. Además del cierre de dispositivos, muchos trabajadores ad honorem decidieron retirarse, otros sufrieron el exilio, como el Dr. Baremblit, por entonces jefe de servicio, e incluso la desaparición, como la Lic. Marta Brea, psicóloga del dispositivo de niños.

A pesar de un origen de tradición interdisciplinaria en el servicio, las tensiones disciplinares se acentuaron entrado el siglo XXI, llegando incluso a instancias judiciales (SCBA, 2007), y provocaron, entre otras consecuencias importantes, la pérdida de psicólogos de planta en la sala de internación en 2006, quedando solo psicólogos residentes en rotaciones anuales, hecho que dificultó la continuidad y profundización de proyectos interdisciplinares a mediano y largo plazo. Por otro lado, este conflicto generó la escisión del servicio en un servicio de Psiquiatría que absorbe otras disciplinas bajo su dependencia (Terapia Ocupacional) y una Unidad de Psicología; los dos persisten hasta la actualidad, aunque habiendo mejorado sustancialmente la interacción entre ambas estructuras. Las tensiones desencadenadas han marcado un escenario de trabajo cuya descripción excede las posibilidades de este escrito, pero que ha sido abordada en mayor detalle por Varela (2013), Rodríguez (2021) y Gutiérrez (2024). Asimismo, es de destacar que por resolución administrativa interna se modificó en 2011 la nominación a “Salud Mental” sin que esta se homologara en la estructura orgánico-funcional ni se extendiera a su sala y unidad de consultorios externos, lo que ha generado un desfasaje para la celebración de concursos de funciones en igualdad de oportunidades. En efecto, la pretendida interdisciplina no se halla representada bajo dichas nominaciones, reproduciendo y actualizando aquella tensión inicial que provocó la fragmentación del servicio. El intento más reciente de reunificación ha sido la elaboración en 2024 de un proyecto de reestructuración del servicio bajo la nominación “Salud Mental”. El pedido ha sido impulsado por la Subsecretaría de Salud Mental de la Provincia de Buenos Aires, en virtud del proceso de adecuación de la estructura orgánico-funcional actual a la normativa vigente (artículos 6 y 13 de la LNSM, 2010; título III de la Ley n.º 10.471). Actualmente, este se encuentra en proceso de aprobación por parte de las autoridades provinciales, y con la solicitud de intervención por oficio de la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la provincia de Buenos Aires.

En correspondencia con ello, se hará mención, de ahora en adelante, del servicio de “Salud Mental” incluyendo todas las disciplinas y los dispositivos pertenecientes a ambas estructuras. En la actualidad la oferta del servicio incluye lo siguiente: atención ambulatoria individual por consultorios externos a través de psiquiatría para adultos y por psicología para niños, adolescentes y adultos; dentro de esta última modalidad surgió en 2006 el “espacio transicional” por propuesta de las psicólogas salientes de la sala para facilitar la continuidad del tratamiento de personas con padecimientos subjetivos graves (Varela, 2013); sala de internación mixta para mayores de 18 años; guardia y los dispositivos intermedios club terapéutico y hospital de día dirigido al abordaje de personas adultas con padecimientos psíquicos graves. Además, se realizan interconsultas con equipos interdisciplinarios conformados por psiquiatría, psicología, trabajo social y terapia ocupacional a otros servicios del hospital. Bajo esta modalidad es necesario aclarar que la demanda de atención por salud mental infanto-juvenil se ha incrementado en los últimos años (Aló y Vázquez Jofre, 2025), y llegó incluso a constituirse una suerte de internación en la sala de pediatría por dichos motivos. Esta problemática emergente y prevalente es abordada por los dispositivos de niños y adolescencia de la Unidad de Psicología y una psiquiatra infanto-juvenil en formación perteneciente al servicio de Pediatría. Del mismo modo, desde la mencionada unidad, se participa en los dispositivos de Salud Sexual y Comité de Violencia Institucional.

La guardia de salud mental funcionaba con un psiquiatra las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. A partir de 2020, se incorporaron las disciplinas de psicología y trabajo social doce horas diarias y, en 2022, acompañamiento terapéutico con menor carga horaria. Allí, se realiza una primera evaluación integral del sujeto y de su situación y se brinda la atención en la emergencia. Desde 2024, todos los profesionales realizan guardias activas de doce horas, excepto los psiquiatras, que realizan guardias activas y pasivas de doce horas cada una.

El servicio cuenta históricamente con dos dispositivos de carácter intermedio destinados a la continuidad de cuidados de personas con padecimientos mentales graves. El Club Terapéutico Amanecer fue el primer dispositivo del servicio, gestado en 1966, que alojaba la demanda de pacientes externados de la sala o que realizaban tratamiento ambulatorio, y se reunían de manera espontánea en las escaleras de los consultorios externos. A pedido del Dr. Goldenberg, dos residentes de psiquiatría conforman inicialmente el “Grupo Terapéutico Amanecer”, y a los dos años la coordinación quedó en manos de trabajo social, que promueve el funcionamiento del dispositivo en un club social del barrio donde adopta su nombre e identidad, que lo acompañan hasta la actualidad, con una fuerte impronta de trabajo horizontal, democrático, autogestivo e intersectorial para el apoyo a la inclusión sociocomunitaria y el acceso a derechos, similar al modelo clubhouse de alcance internacional. El club ha funcionado de manera ininterrumpida durante casi sesenta años, siendo coordinado durante los últimos veinte años por Terapia Ocupacional, aunque, a lo largo del tiempo, han ocupado dicha función una variedad de disciplinas. La principal fuente de derivación la constituye la sala de internación, aunque en el último tiempo se ha incrementado la derivación espontánea y por consultorios externos (Gutiérrez et al., 2025).

Por su parte, el Hospital de Día fue creado en el año 1972 con el objetivo de promover los cuidados con modalidad intensiva de personas externadas de la sala de internación que así lo requiriesen. Desde su creación, su reapertura posterior a la dictadura cívico-militar en 1992 y hasta la actualidad, fue coordinado por Psicología. Asimismo, cabe destacar que estos dispositivos intermedios no cuentan con psiquiatras desde hace aproximadamente veinte años, en gran parte por su escasez en el servicio de salud mental, estando a cargo de los tratamientos psiquiátricos profesionales de consultorios externos o residentes de psiquiatría. Tampoco se han logrado establecer en estos dispositivos históricos equipos interdisciplinarios, siendo este uno de los desafíos actuales en el marco del paradigma de salud mental comunitaria basada en la continuidad de los cuidados.

Los equipos de trabajo del servicio de Salud Mental están compuestos por profesionales en calidad de planta permanente, interinos o becarios, siendo psicólogos, psiquiatras, terapistas ocupacionales, trabajadores sociales, enfermeros y acompañantes terapéuticos. Cabe aclarar que las disciplinas de trabajo social y enfermería pertenecen a servicios independientes, pero destinan horas a los dispositivos del servicio. Asimismo, al tratarse de un hospital escuela, se desarrollan las residencias de psicología y psiquiatría, siendo además sede de rotación de residencias externas al hospital, tanto de dichas especialidades como de terapia ocupacional, enfermería, psicología, medicina general y trabajo social del PRIN Lanús, Varela y Quilmes, así como de Morón, Hospital Bonaparte, Esteves y del Bicentenario. También es sede de las prácticas preprofesionales en salud mental, laboral y comunitaria de la carrera de grado de Terapia Ocupacional de la UNQ, de las prácticas profesionales de Trabajo Social de la UNLa, de Musicoterapia de la UBA, de las prácticas finales obligatorias de medicina y de las cátedras de Salud Mental y Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la UBA, y diferentes cátedras de grado y posgrado de Psicología de la UBA, UAI y UCA, así como de concurrencias y pasantías de Psicología.

Para septiembre de 2025, los profesionales del actual servicio de Psiquiatría incluyen diez psiquiatras, dos terapistas ocupacionales, dos o tres enfermerxs por turno, tres acompañantes terapéuticas y once residentes de psiquiatría más su respectiva jefatura. Mientras que la Unidad de Psicología cuenta con veintitrés psicólogos, una terapista ocupacional y trece residentes de psicología, incluyendo su respectiva jefatura.

La distribución de recursos humanos por dispositivo no resulta proporcional en función de las necesidades y la cantidad de la población destinataria, ni logra cumplir con el principio de interdisciplinariedad, lo cual genera malestar en los profesionales y tensiones en el servicio, como se demuestra en la tabla 1.

Tabla 1. Distribución del recurso humano por dispositivo
DispositivoPsiquiatríaPsicologíaEnfermeríaTrabajador socialTerapista ocupacionalAcompañante terapéuticoResidentes
Sala de Internación1 TC
(Jefatura)
3 TP
2 TP7 TC
3 TM
2 TV
1 TN
1 TP1 TP1 TC
2 TP
Guardia7 TP7 TPDe guardia1 TC (Coordinación)
7 TP
02 TP
Consultorios Externos1 TC
(1 Jefatura)
3TP
4 TC
6 TP
0000
Club Terapéutico0001 TP1 TC
(Coordinación)
1 TP
0
Hospital de día03 TC
2 TP
01 TP1 TP0
Interconsulta1 TC
(Coordinación)
1 TP
2 TC
(Coordinación)
7 TP
De piso1 TC
2 TP
1TP0

Referencias: TC = tiempo completo; TP = tiempo parcial; TM = turno matutino, TV = turno vespertino, TN = turno noche.

Internación por Salud Mental en el hospital

En el hospital Evita de Lanús, se realizan internaciones por salud mental desde 1956, cuando se creó el servicio (Visacovsky, 2002). Actualmente, la sala de internación de salud mental está ubicada en el tercer piso del hospital. Cuenta con dieciocho camas distribuidas en cinco habitaciones con baño. Cuatro de las habitaciones tienen cuatro camas cada una, y una habitación tiene dos camas. Dichas camas no están designadas de manera fija según género y se utilizan en función de las necesidades, sosteniendo enfáticamente la existencia de una sala de internación mixta. También se cuenta con tres consultorios, un salón de usos múltiples que se utiliza como comedor y lugar para actividades recreativas. También hay un espacio de reunión y tiempo libre donde está permitido fumar desde la sanción de la ley de 2010. Asimismo, cuenta con una biblioteca que, además de libros, tiene juegos de mesa y películas, así como un ropero comunitario que recibe ropa clasificada por el Club Terapéutico y otras donaciones. Cercano a las habitaciones, se encuentra el office de enfermería, desde cuya ventana se puede tener una visión general de la sala. También hay un office de profesionales, donde se confeccionan las historias clínicas, se realizan supervisiones y reuniones de equipo.

Se entiende la internación como una medida excepcional, una estrategia terapéutica, dentro de un plan terapéutico singular. Esta se piensa, acorde a lo establecido en la Ley Nacional de Salud Mental (2010), como transitoria y lo más breve posible. Las personas ingresan a través de la guardia de salud mental, pudiendo haber sido derivadas de otros servicios de salud, desde el mismo servicio de Salud Mental ambulatorio del hospital o desde el equipo de interconsulta mediante oficios judiciales con pedidos de evaluación, y también a través del servicio de ambulancias del SAME de la región sanitaria VI. Asimismo, pueden llegar a la guardia en forma espontánea por voluntad propia o de su red socioafectiva. Si el equipo de guardia o de interconsulta evalúa la existencia de riesgo cierto e inminente para sí o para terceros, la indicación terapéutica será la internación por Salud Mental. Dependiendo de las posibilidades de la persona de consensuar o no la internación, esta puede ser voluntaria o involuntaria (Ley n.º 26.657). En ambos casos se siguen los procedimientos legales correspondientes.

Una vez decidida la internación, la persona permanece brevemente en la guardia, momento en el cual se realiza un abordaje psicosocial y psicofarmacológico. Posteriormente, la persona ingresa a la sala y se le entregan, tanto a ella como a su acompañante, las normas de convivencia. En el espacio de “pase de sala”, se diseña el plan terapéutico, enmarcado en una perspectiva de derechos. El equipo responsable del plan terapéutico de una persona internada se compone de psicólogo, psiquiatra, trabajador social, terapista ocupacional, enfermero profesional y acompañante terapéutico, incorporada desde el año 2020. Algunas de las actividades posibles de realizarse dentro del plan terapéutico son las siguientes: entrevistas individuales, familiares o multifamiliares, visitas domiciliarias, espacios de vinculación, articulación con otras instituciones, talleres, grupo de pacientes, asamblea de convivencia. Las entrevistas pueden ser realizadas por una o por varias disciplinas. Para poder implementar estas herramientas, se intentó volver el espacio de la sala un lugar que aloje desde una posición de ternura (Ulloa, 1995).

A fin de ejemplificar el trabajo en la sala, describiremos algunas de las actividades que se vienen desarrollando durante los últimos diez años. Los espacios planificados persiguen diversos objetivos, y, en todos los casos, se promueve la participación activa de las personas. Hay talleres de cuidado de la salud, alimentación, cocina, cine, música, caminatas, recreación, entre otros. El “grupo de pacientes”, actualmente denominado “grupo de compañeros”, aborda distintas cuestiones concernientes al proceso de internación y propuestas de actividades. Es coordinado por profesionales y residentes. La “asamblea” convoca a pacientes, integrantes de la red socioafectiva de los pacientes y profesionales. Se trabaja la convivencia y se establecen nuevas pautas de manera colectiva. Asimismo, se abordan problemáticas institucionales y conflictos y se da lugar a propuestas con el objetivo de buscar alternativas a las dificultades planteadas. Es moderado por alguno de los participantes, de preferencia pacientes o acompañantes, que se postulan voluntariamente y se elabora un registro escrito.

Hacen parte también del trabajo en la sala los espacios de intercambios intra e interinstitucionales, las reuniones de equipo y las supervisiones. Los primeros eran organizados por terapia ocupacional y responden a una búsqueda de soluciones a problemáticas emergentes vinculadas a las personas internadas desde una perspectiva integral.

Para dar cuenta del perfil de la población atendida, se consideró un periodo de siete años, siendo dos años prepandemia por SARS-CoV-2 y los años posteriores a esta hasta 2025.

De una muestra final de 358 personas internadas en dicho periodo, se observa un rango etario predominante de entre 18 y 30 años de edad y secundariamente de entre 31 y 60 años; el 61,7 % está representado por el género masculino, y el principal diagnóstico al egreso se halla constituido por esquizofrenia en todas sus variantes (54,83 %), seguida por trastorno psicótico no especificado (20,43 %), y en menor proporción trastorno de la personalidad, trastorno del estado de ánimo, trastorno bipolar, trastorno delirante, trastorno del desarrollo intelectual y demencias. Estos datos condicen con el estudio previo (Gutiérrez y Raso, 2011) realizado sobre esta sala de internación, lo cual da cuenta del perfil clínico y sociodemográfico de esta a lo largo del tiempo.

El análisis demuestra un incremento sostenido en la duración promedio de las internaciones a lo largo del periodo estudiado. Si en 2018 el promedio era de 46,7 días, en 2019 ascendió a 55,7, y en 2020 a 65,6. A partir de la pandemia, el incremento se volvió más pronunciado: 81,9 días en 2021 y 81,4 en 2022. En los años siguientes, el crecimiento fue aún más marcado, y alcanzó 113 días en 2023 y 122 en 2024, más del doble del promedio registrado al inicio de la serie.

Asimismo, se observó un incremento progresivo de los días de estadía en determinados casos, que configuran el fenómeno de internación prolongada por problemática sociohabitacional, calculada en función de la media de días de estadía fijada en 80,9 días. Los casos más extremos al alta quedan representados por 250 días para 2019, 367 días para 2020, 391 días para 2021, 492 días para 2022, 802 y 1624 días para 2023, 663 días y 533 días para 2024. Dentro de la muestra final, se excluyeron aquellos casos que requirieron internación por clínica médica por presentar comorbilidades y que luego regresaron a la sala de internación por no poder distinguir con claridad el tiempo de internación por Salud Mental en la base estadística; asimismo, aquellos casos de internación prolongada “fuera de área” seguidos por el dispositivo de interconsulta. De considerar estos casos, es probable que el fenómeno de internaciones prolongadas sea más alarmante. Actualmente se encuentran en la sala de internación tres personas con internación prolongada, siendo que previo al 2019 el número era de uno o, excepcionalmente, dos al mismo tiempo. En el periodo 2024, el rango de días de internación va desde 5 hasta 802 días. Por otro lado, se encuentran cursando internaciones prolongadas personas usuarias “fuera de área”, es decir, fuera de la sala, que conforman los llamados “pacientes sociales”, debido a que, al momento de su ingreso, no presentaban criterios de internación por Salud Mental, aunque en su mayoría requieren abordaje del equipo de salud mental, el cual reciben a través del dispositivo de interconsulta.

Entre las principales causales del incremento de internaciones prolongadas, se identifican las problemáticas de falta de vivienda, ingresos económicos y ausencia o insuficiencia de la red familiar y social que permitan procesos de externación sustentables. En el año 2022, el 45 % del total de las internaciones de sala eran prolongadas, lo que condujo al diseño y la creación del equipo interdisciplinario de externación (Dionisio et al., 2024) para el abordaje de estas problemáticas, incluyendo casos del ambulatorio pertenecientes al Club Terapéutico. Dicho equipo se disolvió en 2024, y continúa, bajo la coordinación original, su funcionamiento en el ámbito ambulatorio por el incremento de estas problemáticas en él. Por otro lado, los resultados de la investigación realizada sobre los dispositivos de sala y guardia de salud mental de este hospital han permitido identificar múltiples barreras en los procesos de externación, así como la existencia de una brecha de acceso a la información en detrimento de los usuarios y familiares respecto a los recursos para promover el acceso a derechos sociales que permitan revertir esta situación (Gutiérrez et al., 2024). La provisión de información, en cuanto derecho, favorecería el empoderamiento de las personas como “agentes de promoción de accesibilidad” (Comes et al., 2006) y exigibilidad de derechos, así como la identificación y remoción temprana de barreras desde un enfoque de corresponsabilidad de todos los actores implicados en el campo de la salud mental.

Finalmente, otro obstáculo percibido es la fragmentación del servicio que impide el abordaje adecuado de estas problemáticas y que, como ya fue mencionado, busca ser superado a través del diseño de una propuesta de reestructuración de un servicio de “Salud Mental”.

Uniendo retazos

A modo de ilustrar las problemáticas que se han ido incrementando en los últimos años y el surgimiento de dispositivos que intentan crear nuevas prácticas dirigidas a su resolución, se presenta el caso de Ignacio, un hombre que ingresó a la guardia del hospital en octubre de 2022 con un cuadro de descompensación psicótica, traído por personal policial debido a conductas disruptivas en la vía pública. En ese entonces tenía 62 años, estado de viudez reciente, red socioafectiva nula y se encontraba en situación de calle. Sus dos hijos, de más de 40 años, no deseaban vincularse con él a causa del supuesto maltrato que Ignacio ejercía sobre la familia, culpándolo de la reciente muerte de su madre, por lo que habían iniciado un expediente penal. La muerte de su esposa parecía ser el principal factor desencadenante de su descompensación.

Ignacio realizaba tratamiento ambulatorio por psiquiatría de manera irregular y con escasa adherencia. Mecánico, trabajó en talleres desde temprana edad y luego con su hijo; en el último tiempo habría realizado algunas changas. Fue derivado a la sala de internación, donde permaneció durante diez meses. Su evolución fue lenta pero favorable, con persistencia de sintomatología delirante, pero acotada a espacios terapéuticos individuales.

Durante la internación el equipo realizó la gestión del Documento Nacional de Identidad con domicilio hospitalario y del Certificado Único de Discapacidad, e inició el trámite para obtener la pensión no contributiva, trámite aún en revisión (junio de 2025) por la Agencia Nacional de Discapacidad.

Al cumplir los tres meses de internación, la situación era la de un alta demorada a causa de una problemática sociohabitacional. Tras los intentos fallidos de algún tipo de revinculación con la familia, el equipo decidió iniciar salidas terapéuticas consensuadas con Ignacio para la búsqueda de empleo con algún colega y dar aviso al Juzgado de la situación. El Juzgado intervino citando a la familia, la cual solicitó espontáneamente una reunión con el equipo. En dicha reunión, la hija de Ignacio accedió a recibirlo en su hogar para compartir algunas comidas.

Ignacio solicitó información sobre el cementerio donde se hallan los restos de su esposa y concurrió solo. Para ese momento la terapista ocupacional gestionó el subprograma para la externación asistida y conformó el equipo interdisciplinario de externación dentro de la sala. Este programa, junto a la incorporación de Ignacio al listado de personas participantes del Club Terapéutico que retiran alimentos en el comedor del hospital y las intervenciones de la acompañante terapéutica para la obtención de dichos recursos, facilitó la externación de Ignacio, quien logró alquilar una habitación en una pensión cercana al hospital, tras diez meses de internación. La continuidad del tratamiento fue por consultorios externos con psiquiatría recibiendo un esquema de medicación de depósito, y por psicología a través del Espacio Transicional. Al poco tiempo se observó que Ignacio se encontraba decaído, con pérdida de peso y con cumplimiento irregular del tratamiento. La apertura de vacantes para el Programa Nacional “Promover Igualdad de Oportunidades para el Empleo”, dirigido a integrantes del Club Terapéutico, facilitó la incorporación de Ignacio a él y alivió un poco su situación económica. Sin embargo, el aumento del alquiler puso a Ignacio en riesgo inminente de situación de calle.

Desde el Club Terapéutico, se realizó un sorteo para recaudar fondos para que pudiera pagar su mes de alquiler, y desde el equipo de externación y continuidad de cuidados se comenzó a articular con la Dirección de Asistencia de la Subsecretaría de Salud Mental y el municipio, en busca de un dispositivo intermedio habitacional para Ignacio, con resultados negativos dada la escasez de estos y la priorización de cupos en tales lugares para personas internadas en hospitales neuropsiquiátricos, o bien por los criterios de admisión de los centros de integración social destinados a personas con consumo problemático de sustancias. Ante tal dificultad, se buscó como alternativa un hogar gestionado por una organización de la sociedad civil, que inicialmente se mostró reticente a recibir a personas con planes psicofarmacológicos, pero que posibilitó su admisión inmediata gracias al acompañamiento de la terapeuta ocupacional que destina horas al trabajo territorial y flexibilizó los horarios para el logro de dicha gestión (horario extralaboral), y recibiendo el apoyo de su hija para la mudanza de sus pertenencias.

Al poco tiempo, el programa Promover modificó los requisitos para la reasignación anual, e Ignacio, por ser mayor de 60 años, ya no percibía el beneficio. No teniendo la edad jubilatoria para percibir otra y sin novedades del otorgamiento de la pensión no contributiva, actualmente Ignacio se encuentra en situación de indigencia en función de sus ingresos, participando de un proyecto laboral temporal desarrollado en el ámbito hospitalario ofrecido por el Hospital de Día y siendo acompañado por el equipo de continuidad de cuidados en la gestión de una próxima pensión universal por adulto mayor, junto a la compañía de su hija. Ante la situación de extrema vulnerabilidad sociohabitacional, se articuló desde el actual equipo de continuidad de cuidados con el Juzgado, que decidió iniciar el proceso de evaluación para la determinación de su capacidad jurídica y el consecuente establecimiento del sistema de apoyos para celebrar determinados actos, aun sin sentencia. Recibe apoyo del Espacio Transicional y del Club Terapéutico para lograr asistir a los turnos de psiquiatría, a la aplicación de medicación inyectable, a turnos de salud integral, a citas del juzgado y a la gestión de inicio de la pensión por adulto mayor, en lo que decidió acompañarlo también su hija.

Cierre

Como hemos intentado ilustrar, el trabajo en salud mental en un hospital general tiene diversos atravesamientos, vinculados a las políticas públicas, con sus avances y retrocesos, las luchas micropolíticas a nivel disciplinar y la necesidad de fortalecimiento de dispositivos que garanticen la continuidad de los cuidados. Estos elementos de orden externo e interno al servicio se traducen en las dificultades que tienen los equipos para abordar una problemática compleja, asumida como deuda por el Plan Nacional de Salud Mental representada por el perfil de usuario de esta sala de internación, que requiere de dispositivos de apoyo a la vida en comunidad. Siguiendo a Basaglia (2013), la indigencia, la soledad y la falta de oportunidades operan como desencadenantes de los cuadros psicopatológicos y como condicionantes de la estabilización y la recuperación. La atención por salud mental, en cualquier ámbito, y especialmente en un servicio de “Salud Mental” de reconocida trayectoria y complejidad, requiere repensar las prácticas y optimizar el recurso en función del diagnóstico precoz y el abordaje temprano de los determinantes sociales de la salud mental identificados, con el objetivo de disminuir el tiempo de internación y la probabilidad de reinternación por causas de orden social. En tal sentido, resulta imprescindible generar espacios de encuentro formales entre los equipos de los diferentes dispositivos del servicio de “Salud Mental” a fin de superar la fragmentación y contribuir al proceso de transformación de un modelo hegemónico y hospitalocéntrico a uno centrado en las problemáticas prevalentes y emergentes de las personas en sus comunidades desde un enfoque integrado e integral, tal como sostiene el Plan Provincial de Salud Mental.

Agradecimientos

Al Departamento de Estadística y al Departamento de Personal de nuestro hospital por colaborar con la provisión de la información solicitada en todo momento, a los secretarios del servicio de “Salud Mental” por elaborar información actualizada y brindárnosla de manera eficiente, y a la jefatura de la Unidad de Psicología por realizar una revisión atenta a los detalles y sentidos de este capítulo.

Referencias bibliográficas

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Basaglia, F. (2013). La condena de ser loco y pobre: Alternativas al manicomio. Topia Editorial.

Comes, Y., Solitario, G., Garbus, P., Mauro, M., Czerniecki, S., Vázquez, A., Sotelo, R., y Stolkiner, A. (2006). El concepto de accesibilidad: la perspectiva relacional entre la población y los servicios. Anuario de Investigaciones, 14, 201-209.

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