Hospital Dr. Julio C. Perrando, Resistencia, provincia del Chaco
Valeria Árnica, Brenda Vandi
Introducción
En este capítulo queremos presentar al servicio de Salud Mental del hospital Julio C. Perrando, reconstruyendo parte de su historia, sus avances y retrocesos, en un intento de búsqueda del sentido de nuestras prácticas actuales y su impronta particular, desde el supuesto de que la historia es el pasado historizado en el presente (Lacan, 1953).
El hospital
El hospital general en el que se encuentra nuestro servicio de Salud Mental se fundó en 1910, y lleva el nombre de quien fue su primer director. Es un hospital de dependencia provincial, siendo el único de complejidad alta dentro de la provincia del Chaco. El hospital cuenta con una amplia gama de servicios que ofrecen residencias médicas e interdisciplinarias en diversas especialidades, atendiendo cirugías y patologías que requieren alta complejidad y tecnología, por ejemplo, trasplantes renales, cirugías cardiovasculares, cirugías plásticas, etc.
El hospital recibe para su atención a personas de todos los géneros, de más de 13 años, en su mayoría de clase social baja carentes de obra social o prepaga, de toda la provincia y zonas aledañas. Cuenta con 54 servicios, once de los cuales brindan internación, con 568 camas organizadas por servicios, algunos de ellos agrupados por sectores y niveles de cuidado. Adicionalmente, ofrece atención por consultorios externos y servicios de diagnóstico de laboratorio y de imágenes.
Su estructura edilicia conserva en gran parte la arquitectura original de antiguos pabellones separados por calles internas y arboledas que oxigenan y dan impronta al gran hospital. Algunos pabellones antiguos presentan deterioro en su estructura por el paso del tiempo y por las condiciones climáticas de la región, conviviendo estos con reestructuraciones más actuales y modernizadas de sectores como salas de internación indiferenciadas, quirófanos, guardia de emergencias, etc.
La salud mental en el hospital
En 1972, con recursos iniciales provenientes de Nación, el servicio de Salud Mental nació bajo la modalidad de comunidad terapéutica, alineado con las políticas de la Organización Mundial de la Salud. Fue desde el inicio un servicio de internación a puertas abiertas, con orientación psicodinámica y comunitaria, siguiendo los postulados de Enrique Pichon-Rivière. Se priorizaban espacios colectivos y asambleas donde participaban tanto personas usuarias como trabajadores.
A mediados de los años 70, en consonancia con el grave retroceso en materia de derechos humanos y políticas públicas, el servicio cambió rotundamente su modalidad, se volvió asilar y manicomial. Se levantó un muro que separaba a “los locos” del mundo externo, se anularon los consultorios externos y el sector de recreación. Además, se perdió gran parte del personal asignado a salud mental. El abordaje terapéutico era puramente biologicista, medicamentoso y con terapia electroconvulsiva (TEC). La población internada desbordaba la capacidad del servicio, y se creó el programa “altas rápidas”, que consistía en la aplicación de TEC y posterior rehabilitación a cargo de auxiliares sociales.
Con la vuelta a la democracia en 1983, y la creación de la Dirección Nacional de Salud Mental, se impulsaron cambios significativos en salud mental en todo el país (Chiarvetti, 2008). En Chaco se creó la Dirección Provincial de Salud Mental. Se eligieron nuevas autoridades con impronta psicoanalítica para la jefatura del servicio, se erradicó la TEC, se logró derribar “el muro” que encerraba y separaba a las personas internadas, se remodeló el edificio, con lo cual se recuperaron y priorizaron los consultorios externos, la sala de laborterapia y los espacios colectivos. Se reorganizaron equipos interdisciplinarios, se inauguraron las interconsultas y se retomaron las salidas a la comunidad, disminuyeron las internaciones y crecieron las prácticas ambulatorias. Había que reconquistar el mundo externo. Eso incluía el mundo hospitalario, ya que una década detrás de muros nos tornó invisibles, o peor aún, “peligrosos”.
Se creó entonces la Residencia Interdisciplinaria en Salud Mental (RISaM), que cuenta ya con 35 años de existencia. Esta tiene una impronta psicoanalítica e incorpora profesionales médicos, psicólogos, enfermeros y trabajadores sociales. Año a año forma profesionales como especialistas que pasan a trabajar a diferentes dispositivos de la red de servicios en salud mental de la provincia.
El servicio de Salud Mental funcionó en su edificio original hasta 2009, cuando, debido a su deterioro, se trasladó al fondo del hospital, frente a la morgue, la cocina y el lavadero. En 2020, la pandemia abrió un nuevo capítulo en la historia del servicio. Equipos interdisciplinarios de salud mental pasaron a integrarse a los equipos de salud que atendían en las salas de aislamiento por COVID-19. Las tareas desde salud mental fueron la contención del personal de salud, personas internadas y familiares, atención telefónica, protocolos de visita y muerte digna. La pandemia dejó como saldo la remodelación edilicia del servicio, que actualmente continúa en ampliación (sector de consultorios externos y camas diferenciadas por grupos etarios) ya que aún no se ajusta a la demanda actual.
Actualmente, contamos con veintiocho camas para internación distribuidas en cuatro pabellones: dos pabellones con camas para hombres y dos para mujeres, con baños diferenciados por género, un comedor, sala de estar, pasillos de circulación entre pabellones, un sector de enfermería en el centro de la sala, con vista panóptica y un patio. Además, se cuenta con dos habitaciones individuales con baño privado. La demanda continua y las altas rápidas hacen que muchas veces estas habitaciones devengan mixtas. Cuando las internaciones exceden la capacidad de camas de los servicios del hospital, este cuenta con un sector de camas indiferenciadas que no pertenecen a ningún servicio en particular, sino que funciona por niveles de cuidado.
El servicio incluye además consultorios externos, administración y un hospital de día. En este último, junto con personal cedido por el Ministerio de Educación (profesores de materias especiales) y profesionales de salud mental, se coordinan talleres y actividades grupales de lunes a viernes, incluyendo teatro, música, gimnasia, apoyo escolar, cerámica, huerta, grupo de familiares, etc.
El servicio cuenta con varios equipos interdisciplinarios de atención, conformados por médicos psiquiatras, trabajadores sociales, psicólogos y enfermeros, con alrededor de setenta profesionales de planta permanente, sumando unos treinta profesionales en formación de la RISaM. Además, hay equipos de guardias diarias activas de doce horas de lunes a viernes, y veinticuatro horas los fines de semana y días feriados, conformados por un médico psiquiatra u otro profesional especialista en salud mental de planta, junto a un equipo interdisciplinario de cuatro o cinco residentes.
Actualmente las prácticas de los equipos consisten en admisión de urgencias, asistencia de las personas internadas, diariamente se realizan entrevistas individuales o en equipo y talleres de familiares, tratamientos ambulatorios en consultorios externos, interconsultas, pericias y juntas interdisciplinarias e intersectoriales en respuesta a oficios judiciales, visitas domiciliarias de urgencia y programadas, evaluaciones psicológicas prelaborales, equipos de interrupción legal del embarazo (ILE/IVE) de trabajo conjunto con ginecología, intervenciones en salud sexual y reproductiva, equipos que trabajan en trasplante renal, equipos en la línea de guardia remota nocturna, supervisión de casos y dictado de clases en la RISaM y otras RISaM comunitarias que rotan por el servicio.
Todos los días se realizan pases de guardia durante la mañana y la tarde. Allí se comentan no solo las novedades significativas de la sala de internación, sino también toda la demanda externa de urgencia atendida por guardia. Los viernes se realiza un pase de sala donde participa todo el personal; se discute y consensúa sobre los abordajes a seguir con cada una de las personas internadas. Todos los martes se realizan ateneos clínicos.
Cada vez que una persona se interna por primera vez, se le asigna un equipo interdisciplinario, que luego sigue su tratamiento ambulatoriamente. Se apuesta al fortalecimiento del vínculo con el equipo tratante, desde el supuesto de que un vínculo sólido incide en el manejo oportuno de posibles descompensaciones.
Internación por Salud Mental en el hospital
El servicio de Salud Mental desde sus inicios cuenta con un sector de internación. En la actualidad las internaciones son breves. La población atendida en su mayoría es de ambos sexos, de nivel educativo bajo (finalizada la escuela primaria), con actividad laboral informal y de oficios. El promedio de estadía de las internaciones es de quince días, aunque hay casos que, por medidas judiciales o por situaciones de vulnerabilidad psicosocial y deterioro de vínculos afectivos, pueden llegar a estar más tiempo, y alcanzan, en situaciones extremas, uno o dos años.
En términos de problemáticas más frecuentes, la sala suele internar a pacientes con sintomatología aguda, con riesgo para sí o para terceros y que no puede ser manejada de forma ambulatoria. En su mayoría, son casos de psicosis en fases de descompensación aguda, consumo problemático de sustancias, cuadros de abstinencias posconsumo de sustancias psicoactivas, hospitalización para desintoxicación y posterior derivación a alguna comunidad terapéutica, intentos de suicidio, episodios maníacos, depresivos y mixtos graves, retrasos mentales con síntomas psicóticos o de descompensación aguda. Debe señalarse que la demanda de internación por consumos problemáticos es creciente año tras año. Se trata de una problemática que torna muy complejos los criterios de ingreso y alta.
Las demandas de internación suelen provenir de los mismos pacientes y de los familiares, aunque también de los equipos de salud que trabajan en el primer nivel de atención. Además, existe la demanda judicial y de otros sectores del Estado (Desarrollo Social, instituciones educativas, etc.). El paciente que ingresa a internación puede estar permanentemente acompañado por algún familiar o recibir visitas en los horarios establecidos. Al ingresar, cada paciente firma un consentimiento informado y, en caso de que el ingreso sea involuntario, se acordó con el sector judicial un protocolo en el cual se informa de la internación involuntaria al juzgado de turno y al Órgano de Revisión de Salud Mental. Ambas instancias son informadas vía informes por escrito sobre la evolución del cuadro y alta u otros datos de interés durante el transcurso de la internación.
Los equipos de internación están compuestos por alrededor de cuarenta profesionales en total, incluyendo médico, psicólogo, trabajador social, enfermero, todos especialistas en salud mental. El equipo se encarga de evaluar desde el ingreso las estrategias de tratamiento y de alta. Salvo contraindicación del equipo por el estado o las necesidades del paciente, las personas pasan gran parte del tiempo en el comedor del servicio interactuando con otros, escuchando música, mirando TV. También juegan al fútbol o realizan actividades al aire libre en el patio de la sala.
Con el propósito de evitar la prolongación de las internaciones innecesariamente, se trabaja frecuentemente en conjunto con Desarrollo Social, con el propósito de dar contención y sostener tratamiento de pacientes sin vínculos y sin lugar donde vivir. La provincia dispone de paradores nocturnos y diurnos, que alojan a personas en situación de calle.
Las reinternaciones son comunes por varios motivos. Se destaca que en ocasiones las altas son apresuradas, dada la gran demanda actual que sobrepasa a la oferta disponible. Otro factor que incide es la vulnerabilidad psicosocial y económica, la cual empeora la calidad de vida, los vínculos afectivos y la situación de salud general. A esto se suman muchas veces la falta de medicación (en su mayoría antipsicóticos atípicos), la falta de inclusión, situaciones de violencia y los consumos problemáticos de sustancias de baja o nula calidad.
Un aspecto problemático es la creciente demanda de internación de adolescentes, que, por la falta de lugar adecuado y capacitación de los profesionales en la temática adolescente, torna complejo este abordaje. A modo de protocolo, cada vez que ingresa un adolescente, informamos a las instituciones judiciales correspondientes. Pedimos que ingrese con acompañamiento permanente de un familiar dentro de la sala y, en el caso de no contar con ningún familiar, se asigna un enfermero por turno para ese paciente exclusivamente.
Cada persona internada es entrevistada y evaluada diariamente en equipo o individualmente. Además, en el curso de la internación, se mantienen entrevistas con familiares y referentes afectivos. Se brindan tratamientos psicofarmacológicos y psicoterapéuticos, psicodinámicos, de orientación psicoanalítica, de abordaje individual y grupal. Adicionalmente, el servicio cuenta con médico clínico para la atención de pacientes internados y, en caso de necesidad, se interconsulta con otras especialidades médicas con que cuenta el hospital. También se utilizan en algunos casos permisos de salida, cuando el paciente se encuentra próximo al alta, para evaluarlo en el contexto familiar; otras veces a modo de que el egreso sea planificado y progresivo.
Nuestra mirada singular de los casos, la apuesta al vínculo terapéutico, el valor de la transferencia como herramienta esencial en los tratamientos, la flexibilidad con la que intentamos dar contención y solución a las problemáticas alojadas siguen siendo nuestra fortaleza, aun cuando muchas veces esa flexibilidad nos da impresión de desorganización o caos institucional. Parafraseando a Garaventa (2025), la hospitalidad es dar lugar a la singularidad.
Una internación que desata la vida
Seleccionamos el siguiente caso porque da cuenta del proceso de compensación psicopatológica de un paciente en salud mental, mostrando las diferentes intervenciones del equipo interviniente y los obstáculos y las dificultades frecuentes del trabajo en salud mental y con otros sectores.
En una visita de urgencia solicitada por vecinos, nos encontramos con un joven de veintitantos años desnutrido y deteriorado. Había perdido hábitos básicos de humanización: falta de higiene, de alimentación, capacidad para vincularse, hablar, vestirse. Julio vivía junto a sus padres en un departamento céntrico de la ciudad, ambos con graves dificultades subjetivas, por lo cual no podían registrar el riesgo en el que se encontraba su hijo y se negaban a la intervención de terceros.
Con paciencia y algunas visitas donde se realizaban entrevistas con los familiares y los vecinos, se logró que los padres comenzaran a confiar en el equipo –integrado por médico, psicólogo, trabajador social y enfermero– y se procedió al traslado de Julio a la sala de internación, con la dificultad extra de que en este periodo de tiempo la madre falleció y el padre decidió irse a vivir a otra provincia. Julio quedó internado en la sala sin autonomía ni red vincular para poder afrontar el alta hospitalaria. Al inicio se requirió realizar interconsultas con profesionales del servicio de Clínica Médica, Diabetes y Nutrición por el estado de desnutrición y deterioro general con el que ingresó. Julio necesitaba asistencia para todas las actividades de la vida cotidiana.
Durante todo un año (2015), Julio permaneció internado en el servicio de Salud Mental. Se trabajó con la ayuda de una estudiante de acompañamiento terapéutico que realizaba sus prácticas en el servicio, quien, incorporada al equipo, colaboró en la rehabilitación de hábitos de autocuidado y autovalía básicos. Entre tanto, el tratamiento psicofarmacológico y psicoterapéutico individual lograba estabilizar su cuadro psicopatológico. Julio pudo empezar a expresarse, a manejar sus sentimientos, a reconocer su cuerpo.
Una vez lograda cierta estabilidad y autonomía, se articuló con otros dispositivos intermedios (casas de convivencia, hospital de día), y con diversos sectores, tales como el Instituto Provincial para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, el Ministerio de Desarrollo Social y el Poder Judicial, con los que se realizaron reuniones, acuerdos, negociaciones, para coordinar acciones y promover la autonomía al alta de Julio, creando una red de apoyo que lo sostenga en el afuera.
Se mantenía contacto telefónico frecuente con el padre, quien seguía ayudando económica y afectivamente, pero a la distancia, pues la proximidad parecía ser iatrogénica para ambos. Luego de todo un año, Julio logró compensarse psicopatológicamente y recuperar hábitos vitales y de autovalimiento. Desde hace varios años, vive junto a otros usuarios en una casa de convivencia, concurre diariamente al hospital de día, toma solo el colectivo de ida y vuelta, participa activamente de talleres y actividades, le encanta conversar, es muy afectivo con todos. Como le gusta decir a él, “Salud Mental me salvó la vida”.
El caso nos muestra que es necesario considerar siempre lo singular a la hora de escuchar a una persona con padecimiento mental y, desde esta perspectiva, crear artesanalmente estrategias de intervención que promuevan la calidad de vida y la salud mental de los usuarios. Julio nos muestra que, a pesar de los ideales sociales, no siempre la familia funciona como única red posible de contención y que en ocasiones es necesario convocar, construir otras redes de acompañamiento por fuera del ámbito familiar para sostener la estabilidad afectiva. Este trabajo es posible gracias a la articulación, las negociaciones y los acuerdos con otros sectores.
Cierre
En el imaginario social, la mayoría de las veces se espera que una internación en salud mental resuelva todos los aspectos de la vida de un sujeto: “que se cure”, “que deje de consumir sustancias”, “que no presente recaídas”, que egrese de allí cuando “desaparezca” la patología. Estas expectativas vuelven imposible y frustrante la tarea. Por el contrario, una internación en un servicio de salud mental en un hospital general es una instancia que ofrece un tratamiento posible en un momento agudo de la enfermedad, luego de lo cual deberá seguir otro momento y otros tratamientos e intervenciones fuera de la internación, involucrando a la familia, a la comunidad, a instituciones barriales, a diferentes sectores que operen como red, en un trabajo continuo.
Quienes trabajamos en el servicio de Salud Mental sabemos que la gran mayoría de las veces nos topamos con dificultades que frustran y desalientan. Pero también con situaciones en las cuales logramos acompañar éticamente y desde la ternura (Wanzek, 2020), generando condiciones más dignas de vida, lo cual justifica nuestra impotencia diaria y hace que sostengamos nuestro trabajo a pesar de los obstáculos y nuestra posición y compromiso con la salud mental.
Referencias bibliográficas
Chiarvetti, S. (2008). La reforma en salud mental en Argentina: una asignatura pendiente. Sobre el artículo: hacia la construcción de una política en salud mental. Revista Argentina de Clínica Psicológica, 17(2), 173-182.
Garaventa, V. (2025). Hospitalidad de las prácticas de cuidado, anudamiento ético de temporalidad y ficción. En el margen. En https://tinyurl.com/mej4pcbk.
Lacan, J. (1953). Los escritos técnicos de Freud: Introducción a los comentarios sobre los escritos técnicos de Freud. Editorial Paidós.
Ley Nacional de Salud Mental, n.º 26.657 (2010). Boletín Oficial de la República Argentina.
Wanzek, L. (2020). Acerca del afecto tierno en Freud, del gesto amoroso en Lacan (pp. 59-60). En Iuale, L. y colaboradores (2020), Disrupción de los afectos en la clínica y en la época. Ed. JCE.






