Hospital General de Agudos Dr. Alberto Eurnekian, Ezeiza, provincia de Buenos Aires
Federico Delgado
Introducción
Este capítulo recoge la experiencia de trabajo del equipo de Salud Mental del Hospital Interzonal de Agudos Dr. Alberto A. Eurnekian, en el Área Metropolitana de Buenos Aires sur. En él se reconstruye el proceso por el cual, en el marco de un hospital general, se configuró una oferta asistencial que hoy articula internación en salas generales, interconsultas con los distintos servicios, consultorios externos y un dispositivo de intervención temprana dentro de la guardia hospitalaria. El recorrido se inscribe en el cambio de paradigma abierto por la Ley Nacional de Salud Mental n.º 26.657 (2010) y por las políticas provinciales recientes, que orientan la desmanicomialización, la interdisciplina y la atención centrada en derechos. Esa orientación convive, como se verá, con tensiones y límites propios de la práctica cotidiana.
Sobre ese trasfondo se sitúa el surgimiento del equipo de externación, concebido no como un “recurso” al final del proceso, sino como una función transversal que organiza los cuidados: planifica el alta desde el ingreso, identifica obstáculos clínicos y sociales, reduce internaciones evitables, articula con familias, atención primaria de la salud y recursos comunitarios y sostiene el seguimiento posalta. Más que un dispositivo puntual, la externación se propone aquí como un posicionamiento ético y clínico que acompaña toda la trayectoria. En la práctica, este horizonte choca con inercias institucionales y con déficits intersectoriales que pueden prolongar las estancias. El capítulo muestra, a través de escenas y decisiones concretas, cómo se abre camino esa perspectiva en el día a día.
La reflexión se completa con algunas líneas de mejora que surgen del propio trabajo: fortalecer la formación específica de equipos médicos y de enfermería en salud mental; consolidar criterios interdisciplinarios y de enfoque de derechos en sala general y guardia; ampliar la articulación intersectorial (protección de derechos, educación, desarrollo social, vivienda) con metas y cronogramas verificables; e incorporar indicadores de proceso y resultado que permitan evaluar y ajustar las prácticas sin perder la lectura biográfica de cada persona usuaria. En suma, se propone pensar la internación con horizonte de externación y la externación como tarea compartida de todo el hospital, para que cada persona usuaria pueda vivir, elegir, circular y vincularse por fuera de la institución.
Escribo desde una implicación doble, clínica y ética. Mi paso por el hospital me deja una lección que ordena el resto: nadie quiere vivir en el hospital. Planificar la externación desde el ingreso no es un trámite más. Es un acto de restitución de ciudadanía. Esa convicción sostiene las decisiones que aquí se narran y también las preguntas que nos hacemos cuando las trayectorias se vuelven difíciles.
El hospital
El Hospital Interzonal de Agudos Dr. Alberto Antranik Eurnekian se ubica en el partido de Ezeiza, provincia de Buenos Aires, bajo dependencia provincial. Su historia institucional se remonta a noviembre de 1949, cuando comenzó a funcionar como Sanatorio de Obras Públicas, destinado inicialmente al personal del entonces Ministerio homónimo, luego se convirtió en el Hospital Madre Teresa de Calcuta de Ezeiza, ubicado en el barrio Justicialista n.º 1. Ese derrotero temprano anticipa la gravitación regional que el establecimiento tendría más tarde en el sur del Área Metropolitana de Buenos Aires (Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza, 2010). La inauguración del edificio actual (ubicado en el barrio La Unión de Ezeiza), en diciembre de 2009, marcó un punto de inflexión: la obra –financiada y donada por Aeropuertos Argentina 2000/Corporación América– aportó una superficie cubierta del orden de 14.800-15.000 m², con helipuerto, quirófanos, maternidad y diagnóstico por imágenes, dotando al hospital de infraestructura crítica acorde a su creciente complejidad (AirportNews Ezeiza, 2009; Infobae, 2009). Vale aclarar que el hospital cambió de nombre y de ubicación, pero los profesionales, el corazón que lo hacía vivir, siguieron siendo los mismos.
Desde su nueva localización, su crecimiento se consolidó con la recategorización a hospital interzonal en junio de 2022, tras un proceso de ampliación de prestaciones y especialidades que incluyó el paso de 160 a 286 camas totales, el incremento de la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) de adultos de ocho a catorce plazas, la creación de UTI pediátrica y la ampliación de quirófanos de dos a cinco –con un sexto en preparación–, reforzando su perfil docente-asistencial y su rol regional (InfoRegión, 2022; Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 2022). En consonancia, la cartera actual integra atención ambulatoria polivalente (clínicas médicas y quirúrgicas) e internación en salas generales y cuidados críticos –UTI de adultos y UTI pediátrica–, en línea con la expansión de servicios posterior a 2022 (Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 2022).
Desde el punto de vista organizativo, la gestión de camas se articula en el Sistema de Gestión de Camas (SIGEC) de la provincia de Buenos Aires, que monitorea la disponibilidad por niveles de cuidado (mínimos, intermedios, intensivos) y por servicio, mejorando la coordinación según demanda y la accesibilidad a cuidados de distinta complejidad (Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 2021, 2022). La estructura edilicia habilitada en 2009 se organiza en guardia de veinticuatro horas, consultorios externos, quirófanos, maternidad y partos, internación general, terapias y diagnóstico por imágenes. El helipuerto sanitario complementa la respuesta a traslados de alta complejidad y emergencias regionales (Hospital Eurnekian, s. f.; Infobae, 2009).
El hospital atiende prioritariamente a la población de Ezeiza y zonas aledañas del sur del AMBA, un territorio de alta movilidad asociado al entorno aeroportuario. La interzonalidad amplió su área de influencia y fortaleció la articulación con otros efectores del sistema público (Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 2022). En suma, la combinación entre trayectoria histórica, inversión edilicia y reorganización reciente perfila al Eurnekian como un hospital general de alta relevancia regional, capaz de integrar dispositivos ambulatorios, internación general y cuidados críticos con criterios de gestión de camas, oportunidad diagnóstica y continuidad de cuidados.
La salud mental en el hospital
La historia de la salud mental en este hospital nació al final de la dictadura militar de 1976, en donde pediatras formados en psiquiatría con enfoque crítico y de derechos impulsaron prácticas heterogéneas, con orientaciones psicoanalíticas y sistémicas e incluso una cámara Gesell para entrevistar a niños y familias. En los noventa, treinta profesionales del área concurrían ad honorem: la atención se centraba en consultorios externos e interconsultas, y los casos graves se derivaban a monovalentes; ya en ese entonces se reclamaba incorporar trabajo social al espacio de Salud Mental, algo inconcluso hasta el día de hoy. Sobre esa base, la trayectoria puede leerse como institucionalización que acompaña virajes normativos: la Ley 26.657 y su Decreto 603/2013 colocaron a los hospitales generales, la interdisciplina y la internación en Salud Mental en el centro de la escena. El Plan Provincial 2022-2027 profundizó esta orientación con metas de fortalecer guardias, promover internaciones breves y articular intersectorialmente. Gracias a esta política de fortalecimiento, ingresamos al hospital profesionales con otras miradas y trayectorias, que pusimos en evidencia la institucionalización y automatización de las prácticas que se llevaban a cabo hasta entonces.
Actualmente, el punto de entrada asistencial es la guardia general del hospital, que funciona ininterrumpidamente para urgencias y emergencias médicas. Dentro de ese ámbito, y no como guardia específica de salud mental, opera un dispositivo de interconsultas en salud mental activo de lunes a viernes, de 08:00 a 14:00. El flujo está estandarizado: el ingreso por ambulancia o triage es valorado por el equipo médico de guardia y, cuando el motivo lo indica, se solicita la interconsulta a Salud Mental. El equipo de Salud Mental del dispositivo de guardia realiza una evaluación clínica y situacional de la persona usuaria y su red, se construye un diagnóstico integral y se decide la conducta: internación (con pase inmediato a piso) o seguimiento ambulatorio cuando es posible evitar internaciones innecesarias sin comprometer la seguridad. El dispositivo interviene, en promedio, entre tres y ocho situaciones por semana. Cuando la internación es involuntaria o se trata de personas menores de edad, desde la guardia se activan las notificaciones judiciales correspondientes. Este encuadre –que desalienta la demanda espontánea y focaliza en la interconsulta– mejora el timing de la decisión clínica y la alinea con criterios de riesgo y de derechos desde el primer contacto (Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 2022b).
La composición de la unidad de Salud Mental refleja la lógica polivalente del hospital: cuatro psiquiatras, siete psicólogos, un profesional de enfermería con formación en salud mental y dos psicopedagogos. Para cubrir el dispositivo de interconsultas (de 08:00 a 14:00), se organizan dos psiquiatras y dos psicólogos que además hacen consultorio externo. Trabajo Social no interviene en guardia, aunque sí en internación para abordajes sociolegales y de redes. Como en tantos efectores públicos, todo el plantel tiene pluriempleo, lo que exige una coordinación fina de agendas y relevos.
Un hito organizacional reciente es la puesta en marcha del sistema de residencias en 2024. Ese año ingresaron dos residentes –uno de psicología clínica y otro de psiquiatría–, cuyas rotaciones se circunscribieron a consultorios externos. La residencia funciona con supervisión diferenciada por grupos etarios (adultos, adolescentes, niños) y por dispositivo (internación/ambulatorio). Por el momento, las residencias no cubren guardias, decisión coherente con una implementación gradual de competencias clínicas.
En este entramado, la experiencia del equipo de externación creado en 2024 ocupó un lugar central para comprender la cultura de cuidados del hospital. Su creación, dentro del hospital, fue vivida inicialmente como una innovación disruptiva que generó notorias resistencias. La propuesta, que involucraba otorgar salidas programadas reservando la cama, ensayar sistemas de apoyos y confiar en la capacidad de autonomía de la persona, leer su historia de vida, más que su historia clínica, entre otras acciones, llegó a ser leída por parte del personal como una “expulsión” encubierta más que como una estrategia clínica escalonada y responsable. En los pasillos resonaban frases como “Esto no es un hotel”. La respuesta del equipo condensaba su ética: “Nadie quiere vivir en el hospital, son ellos quienes más desean irse de aquí”. Debajo de esas tensiones, operaba un paradigma de peligrosidad aún latente, anclado en el peso adjudicado a episodios aislados que pasaban a definir, de manera reductiva, la biografía de una persona. Ese recorte eclipsaba historias, deseos y motivaciones y reforzaba etiquetas diagnósticas que, paradójicamente, volvían invisible aquello que debía orientar el plan de cuidados.
Pero el equipo de externación no nació para “agilizar altas” sin más. Su función profunda fue identificar obstáculos estructurales que sostenían internaciones prolongadas (barreras sociohabitacionales, trámites judiciales extensos, ausencia de dispositivos residenciales, fragmentaciones intersectoriales) y trabajar desde el primer día en un plan de salida. La externación dejó de pensarse como “etapa final” o “derivación técnica” y se definió como un posicionamiento clínico y ético que atraviesa todo el proceso. Con el correr del tiempo, sin embargo, la lógica institucional tendió a absorber la propuesta, incorporándola como un eslabón tardío del circuito: “primero” había que “resolver la patología de base” y recién después convocar a externación. Esa fragmentación colisiona con el paradigma de la Ley 26.657 y con la literatura programática reciente: la externación se planifica desde el inicio, porque no es un “recurso”, sino una política de cuidado (Ley 26.657, 2010; Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 2022a).
El derrotero organizacional resultó aleccionador. Durante 2024, el equipo de externación intervino en internaciones prolongadas, pero con el tiempo comenzó a recibir derivaciones tardías, dado que el equipo tratante solicitaba la intervención de externación cuando ya había dado por cerrada su tarea principal (tratamiento sintomático), con semanas o meses transcurridos desde el ingreso. A comienzos de 2025, y ante la dificultad de reorientar esa inercia, el equipo se disolvió. Lejos de clausurar una apuesta, ese cierre precipitó la reconfiguración del dispositivo de interconsultas en guardia que hoy funciona: al intervenir temprano, se evitan internaciones innecesarias y, cuando la internación es la mejor alternativa, se asegura que el ingreso se haga con un diagnóstico integral, situado y basado en derechos, con la externación ya delineada como horizonte. En esa clave se ordenan también las prácticas ambulatorias e intrahospitalarias: evaluaciones y psicoterapias breves en consulta externa; interconsultas que incorporan dimensión subjetiva y social en clínica, cirugía, obstetricia y pediatría; internación breve en salas generales con plan de alta desde el primer día; y una articulación territorial que –aunque intermitente por vaivenes de la oferta municipal y rotaciones de personal– se teje caso por caso con atención primaria de la salud, protección de derechos, Desarrollo Social, Educación y Justicia, garantizando documentación, coberturas y apoyos.
Resta un desafío transversal: construir estadística en un contexto de historia clínica no digitalizada, que limita la consolidación de un correcto monitoreo.
La estandarización mínima de registros permitiría evaluar con mayor precisión el impacto del dispositivo de interconsultas, de las internaciones breves y de las estrategias de externación, a fin de fortalecer la toma de decisiones y la continuidad de cuidados.
Internación por Salud Mental en el hospital
La internación por Salud Mental en el Hospital Interzonal de Agudos Dr. Alberto A. Eurnekian se desarrolla en salas generales, sin un área monográfica, y con organización diferenciada por género. Esta elección arquitectónica y organizativa la sitúa en el corazón de la vida hospitalaria, pero también expone una tensión constitutiva entre la letra del paradigma y la historia reciente del propio hospital. Durante años, la práctica predominante fue la indicación de internación sistemática por parte del equipo médico de guardia “para evaluar en piso”; Salud Mental intervenía cuando la persona usuaria ya había atravesado el umbral de la sala. El trabajo terapéutico de los equipos de internación en Salud Mental se reducía a los ajustes psicofarmacológicos, psicoterapia psicoanalítica breve, orientación a familias tras el alta y la búsqueda de derivación a lugares “especializados”. La lógica cotidiana habitual era evaluar a los pacientes internados luego del trabajo en consultorios externos; los profesionales realizaban una recorrida por el piso para ver a los pacientes internados, que, si no se encontraban en su habitación o estaban dormidos, no eran tenidos en cuenta en la recorrida (situación que derivaba en un día más de internación/encierro). El equipo de externación creado en 2024 buscó invertir ese orden, promoviendo que el alta se debía trabajar desde el primer día, para remover los obstáculos que prolongaban estancias que ya no eran estrictamente clínicas. Su disolución a comienzos de 2025 no clausuró esa necesidad, sino que precipitó, más bien, la creación del dispositivo de interconsultas en guardia, activo de lunes a viernes entre las 08:00 y las 14:00, que hoy evalúa tempranamente, colabora en la toma de decisiones y procura evitar internaciones innecesarias implementando estrategias de seguimiento ambulatorias con pautas de alarmas y cuidados para aquellos casos en los que el encierro en la institución no tiene ningún sentido terapéutico ni de cuidado. La constatación, sin eufemismos, sigue en pie: las internaciones que se realizan no son breves en la mayoría de los casos. Deseamos que lo sean y trabajamos para que lo sean, pero la organización del cuidado, las lógicas asistenciales de tratamiento, la falta de formación interdisciplinaria de los profesionales tratantes y las redes externas todavía no acompañan de modo sistemático ese ideal.
Los motivos de ingreso más frecuentes se agrupan en dos constelaciones clínicas bien reconocibles. Por un lado, las descompensaciones psicóticas, casi siempre atravesadas por condiciones sociales críticas –abandono o fragilidad del sostén familiar, pobreza, precariedad habitacional– que complejizan cualquier plan de alta. Por otro, los intentos de autólisis y las presentaciones con alto riesgo suicida, donde la evaluación del riesgo, el plan de seguridad y la reconstrucción de soportes comunitarios deben comenzar de inmediato. Internar en un hospital general permite, además de los ajustes psicofarmacológicos y la contención intensiva, recuperar estudios y resolver comorbilidades clínicas largamente postergadas. Esa integralidad es una de las ventajas específicas del dispositivo no monográfico.
En términos legales, la mayoría de las internaciones son involuntarias y se encuadran en los protocolos vigentes: fundamentación clínica por riesgo cierto e inminente para sí o para terceros, notificación al juzgado competente y al Órgano de Revisión dentro de los plazos establecidos y actualizaciones periódicas durante la estadía y al alta. Las internaciones voluntarias se sostienen mediante consentimiento informado y revisión de objetivos. Cuando la indicación surge en guardia –o involucra a personas menores de edad–, la vía judicial se activa desde allí. Este trabajo documental y clínico no es un apéndice administrativo: es parte del cuidado, porque define límites, responsabilidades y garantías en el marco de derechos.
El ambiente físico en sala es deliberadamente austero y seguro. Todas las habitaciones utilizadas para Salud Mental se ubican en el primer piso y son compartidas por tres personas. Su iluminación y ventilación son adecuadas, cuentan con ventanas hacia espacios arbolados que se intercalan entre las salas; el acceso a esos espacios no está permitido. El mobiliario se reduce a lo esencial: camas y una mesa de apoyo; no se disponen agregados que puedan convertirse en riesgo. El estado general de las habitaciones es bueno, y la proximidad funcional a Diagnóstico por Imágenes, Laboratorio y Cuidados Críticos habilita respuestas oportunas cuando la clínica lo requiere.
En el plano sociofamiliar, el hospital no cuenta aún con protocolos institucionales sistemáticos para trabajar con familias y redes (entrevistas programadas, espacios grupales, dispositivos de autonomía). La gestión de acceso a derechos (documentación, CUD, afiliaciones, subsidios) recae en Trabajo Social, que hoy funciona como un servicio aparte: responde a interconsultas y derivaciones, sin una lógica de coconducción interdisciplinaria estable con Salud Mental. Esa disyunción dificulta construir soportes robustos para el egreso. Esta dinámica recuerda los escritos de Auyero (2012) donde advierte sobre los efectos no deseados de ciertas gramáticas estatales: bajo determinadas configuraciones, los dispositivos públicos producen espera y dependencia, de modo que generan “pacientes del Estado” antes que sujetos de derechos. La apuesta clínica del equipo de externación (proceso de externación desde el inicio, articulación intersectorial crítica, permisos de salida) busca precisamente evitar esa deriva, orientando cada internación a la recuperación de agencia y vínculos.
La articulación intersectorial existe y es indispensable (con Justicia, Desarrollo Social, Educación y Vivienda), pero en la práctica se enfrenta a lógicas manicomiales o biomédicas que tienden a reproducir la derivación a supuestas “mayores complejidades”, a depender de cupos sociosanitarios escasos o a imponer tiempos administrativos que no dialogan con el ritmo clínico, también a poner etiquetas diagnósticas estigmatizantes. En ese contexto, los permisos de salida constituyen una herramienta clínica y ética: se indican cuando no hay riesgo cierto e inminente para sí o para terceros y funcionan como ensayo de autonomía y de reconexión con la vida extrahospitalaria, sin pérdida del cuidado ni de la dignidad. En internaciones involuntarias, se acuerdan interdisciplinariamente y se informan a la Justicia cuando corresponde.
La duración de las internaciones exhibe una asimetría pronunciada. En el periodo reciente, se registran estancias de entre una semana y seis meses; la más breve fue de tres días, y la más prolongada alcanzó dos años y dos meses (un caso excepcional que, sin embargo, ilumina cuánto pesan los factores extraclínicos en la cronificación institucional). Justamente por esa asimetría, informar “promedios” resulta engañoso. Cuando la estancia supera los treinta días, el patrón se repite: derivaciones a supuestas “mayores complejidades” que contrarían el espíritu de la ley, espera de hogares o recursos con cupos restringidos y la persistencia del paradigma de la peligrosidad, que fija identidades clínicas a partir de episodios y desalienta la planificación de externación desde el inicio. La experiencia indica que la intervención temprana –hoy vehiculizada por el dispositivo de interconsultas en guardia– y un plan de externación activo desde el ingreso son las palancas más eficaces para acortar trayectorias.
Dos trayectorias, dos lecciones
Benito
Elegimos la historia de Benito porque condensa, en un mismo proceso, aquello que intentamos hacer cuando la internación en sala general parece haberse vuelto un destino: planificar la externación desde el inicio, remover trabas que no son “médicas” y leer biografías antes que rótulos. Cuando el equipo de externación lo tomó –fue el primer caso trabajado de forma integral durante el periodo de funcionamiento del dispositivo–, Benito llevaba más de dos años internado por una descompensación psicótica. La etiqueta de “peligroso”, sostenida por episodios aislados y narraciones de terceros, lo seguía definiendo. Él, en cambio, no entendía por qué estaba ahí ni qué lo retenía.
La revisión de su documentación reveló un obstáculo estructural: no tenía DNI. Tenía CUD y pensión, pero carecía del documento que habilitaba cualquier trámite de egreso. A partir de esa constatación, se armó un diagnóstico situacional e integral y un itinerario de acciones simple: salida programada al Registro Civil con reserva de cama, acompañamiento del equipo y un plan de cuidado para el día. La escena en el registro fue elocuente: advertencias sobre su “peligrosidad”, resistencias burocráticas y, sin embargo, Benito madrugado, bañado, peinado, esforzándose por firmar pese a los efectos extrapiramidales. El DNI salió.
Con el documento en mano, el equipo propuso salidas programadas breves, con horarios de regreso y continuidad de medicación. La primera visita a su casa –el hermano no estaba; él barrió y se sentó a ver televisión– bastó para mostrar que había algo que recomponer más allá de los síntomas. En las semanas siguientes, las salidas se hicieron más largas, el vínculo fraterno comenzó a restituirse y el sentido de la internación se agotó: “No tiene sentido que siga durmiendo en el hospital si puede estar conmigo”, dijo el hermano. Tres semanas después de iniciada la intervención del equipo, se concretó la externación definitiva y el pasaje a control ambulatorio con baja dosis de medicación.
Esta trayectoria deja lecciones exportables. Primero, que el paradigma de derechos es también un método clínico: identificar desde el día uno las barreras administrativas y sociales (documentación, ingresos, redes) es tan terapéutico como ajustar fármacos. Segundo, que no siempre hacen falta nuevos recursos, sino creatividad organizativa: salidas con reserva de cama, un trámite clave, entrevistas breves y consistentes, y una lectura que devuelva agencia a la persona usuaria. Tercero, que los rótulos se desarman con evidencia situada: la “peligrosidad” pierde su halo cuando el plan clínico habilita vínculos y responsabilidades fuera de la cama de hospital.
Juana
La historia de Juana fue elegida porque exhibe los límites de la práctica cuando la red intersectorial no responde y el hospital corre el riesgo de sustituirla. Ingresó a los 15 años, tras una denuncia de su madre, que manifestó no poder hacerse cargo. Llegó sin ropa, sin referentes. El servicio local pidió retención de alta social, y la internación se prolongó casi dos años. La historia clínica hablaba de “conductas inadecuadas”; el contexto que les daba sentido quedaba fuera de campo.
El equipo, inicialmente, se dejó arrastrar por una lectura patologizante: controlar gritos, calmar enojos, pedir una derivación a un centro infanto-juvenil. Con el tiempo, el diagnóstico operativo cambió de eje: no necesitaba un dispositivo psiquiátrico más complejo, necesitaba un hogar, una figura de cuidado, una red que la incluyera. La articulación interinstitucional –hospital, protección de derechos, Educación, Justicia– fue insuficiente y tensa; entre los tiempos administrativos y la falta de dispositivos de acogida, Juana quedó institucionalizada más allá de la indicación clínica. La internación pasó a nombrar una espera.
De esta trayectoria se desprenden, también, aprendizajes útiles para otros servicios. Que el padecimiento psicosocial no puede reducirse a “mala conducta”: la conducta es un síntoma relacional en un contexto. Si el alta depende de vivienda, documentación o referentes, eso integra el plan clínico. Que, sin estrategias con objetivos y plazos compartidos, la “retención social” se normaliza y se vuelve rutina. Y que pedir “mayor complejidad” cuando la necesidad es cuidado y red solo reproduce la trampa que se pretende resolver.
Ambas trayectorias iluminan un mismo punto: el lugar desde el cual se toma la decisión clínica. Cuando el servicio se posiciona en el paradigma de derechos y articula tempranamente interconsultas, salidas programadas y gestiones concretas, la externación deja de ser un trámite final y se convierte en la columna vertebral del proceso. Cuando, en cambio, prevalece la lógica biomédica fragmentada y la red externa no acompaña, la internación se prolonga, y la persona usuaria queda subsumida bajo rótulos que no hacen justicia a su historia. Entre ambos extremos transcurre el trabajo cotidiano: sostener el hilo comunitario, leer biografías con precisión clínica y construir, caso por caso, condiciones de salida que reparen derechos y devuelvan proyecto.
Cierre
La experiencia de la Unidad de Salud Mental del Hospital Interzonal de Agudos Dr. Alberto A. Eurnekian refleja avances y desafíos propios del trabajo en hospitales generales. A partir de una política pública orientada a la desmanicomialización y a la atención integral centrada en derechos, la experiencia del equipo de externación socializó y consolidó prácticas interdisciplinarias que priorizaron dignidad, autonomía e inclusión social.
Los relatos presentados muestran dos caras de una misma realidad: por un lado, el impacto de intervenciones que restituyen agencia y reconstruyen vínculos; por otro, las consecuencias de lecturas patologizantes y descontextualizadas del sufrimiento. Esto reafirma la necesidad de sostener una mirada crítica y sensible, articulada entre efectores de salud, organismos de protección y redes comunitarias. Como advierte Faraone (2013), “las formaciones discursivas que sostienen nociones como enfermedad, trastorno o padecimiento, lejos de ser neutras, organizan prácticas institucionales concretas que determinan formas de intervención e imaginarios sociales” (p. 6). Reconocer esas tensiones es condición de posibilidad para prácticas transformadoras.
Desde una lectura situada, Carballeda (2008) recuerda que las problemáticas sociales complejas irrumpen allí donde los sujetos han sido históricamente marginados de los circuitos de socialización y ciudadanía; por eso la intervención debe reconstruir lazo social y no solo “curar síntomas”.
Asimismo, Amarante (1995) subraya que la desinstitucionalización no equivale al mero cierre de hospitales, sino a la construcción de nuevos vínculos sociales en los que el sujeto de derecho pueda ejercer su ciudadanía.
En ese marco, la creación del equipo de externación fue una innovación que al inicio encontró resistencias, donde ofrecer salidas programadas diarias se leyó a veces como expulsión antes que como estrategia clínica de acompañamiento progresivo (“Nadie quiere vivir en el hospital”). El paradigma de la peligrosidad, anclado en episodios aislados, invisibiliza historias, deseos y motivaciones. La función profunda de externación no fue el alta en sí misma, sino la identificación de obstáculos estructurales y teóricos que subyacían en la práctica diaria, planificar la externación desde el primer día: no es un recurso final, sino un posicionamiento ético-clínico que debe atravesar todo el proceso.
Por eso, cuando la internación es necesaria, debe ser cuidada, acotada y orientada a la recuperación, pero nunca reemplazar lo que el Estado, la comunidad y las familias deben garantizar: un proyecto de vida digno. Las reformas se miden en leyes y programas, pero también –y, sobre todo– en la capacidad de los equipos para sostener intervenciones situadas, críticas y emancipadoras.
La disolución del equipo de externación fue una decisión dolorosa, la experiencia nos dejó muchas alegrías, pero también enojos y frustración. Luchamos contra el paradigma dominante y su lógica manicomial, debatimos intensamente con nuestros colegas, familiares y amigos en contra de las prácticas de encierro, tuvimos experiencias exitosas, pero no fue suficiente.
Agradezco la participación en este libro, que reivindica el esfuerzo y sacrificio que realizamos día a día quienes queremos cambiar la experiencia de las personas que ingresan a nuestro hospital. Asimismo, quiero agradecer profundamente a la Dra. Jimena Panasci (psiquiatra del equipo de externación), con quien emprendimos este desafío, y al Dr. Alejandro Rebollini (director asociado), quien confió en nosotros y nos apoyó desde el comienzo.
Referencias bibliográficas
AirportNews Ezeiza (2009, 22 de diciembre). Eduardo Eurnekian entregó el nuevo Hospital Interzonal de Ezeiza. AirportNews Ezeiza. En https://www.airportnewsezeiza.com/paginas/notas/HospitalEzeiza.html.
Amarante, P. (1995). Loucos pela vida: A trajetória da reforma psiquiátrica no Brasil. Río de Janeiro: Editora Fiocruz. En https://doi.org/10.7476/9788575413357.
Amarante, P. (1995). Novos sujeitos, novos direitos: O debate em torno da reforma psiquiátrica. En R. Campos (Ed.), À margem da margem: Saúde e pobreza no Brasil (pp. 483-495). São Paulo: Hucitec.
Auyero, J. (2012). Patients of the State: The Politics of Waiting in Argentina. Durham, NC: Duke University Press.
Carballeda, A. J. (2008). Problemáticas sociales complejas y políticas públicas: Entre la emergencia y la planificación. Buenos Aires: Espacio Editorial.
Carballeda, A. (2008). La intervención en lo social, las problemáticas sociales complejas y las políticas públicas [Documento]. Gobierno de Río Negro. En https://tinyurl.com/4mcfjuat.
Congreso de la República Argentina (2010). Ley Nacional de Salud Mental n.º 26.657. Boletín Oficial de la República Argentina. En https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/175000-179999/175977/norma.htm.
Decreto Reglamentario 603/2013 de la Ley 26.657 (2013). Boletín Oficial de la República Argentina. En https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/215000-219999/215485/norma.htm.
Faraone, S. (2013). Reformas en salud mental: Dilemas en torno a las nociones, conceptos y tipificaciones. Salud Mental y Comunidad, 3, 29-40. En https://revistas.unla.edu.ar/saludmentalycomunidad/article/download/4992/2317/17616.
Faure, P. C. (s. f.). Historia del hospital de Ezeiza. En Guía del Partido de Ezeiza: Exposición Gráfica Industrial, Comercial y de Servicios. Buenos Aires.
Hospital Interzonal de Ezeiza Dr. A. A. Eurnekian. (s. f.). El hospital. En https://www.hospitaleurnekian.com.ar/elHospital.html.
Infobae (2009, 21 de diciembre). La Presidente inauguró un hospital en Ezeiza, que fue financiado por Aeropuertos Argentina 2000. Infobae. En https://tinyurl.com/thzwnvm8.
InfoRegión (2022, 24 de junio). El hospital Alberto Eurnekian de Ezeiza fue elevado a la categoría de Interzonal. InfoRegión. En https://www.inforegion.com.ar/2022/06/veinticuatro/el-hospital-alberto-eurnekian-de-ezeiza-fue-elevado-a-la-categoria-de-interzonal/.
Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza (2010, 26 de diciembre). Ezeiza y su hospital. Ezeiza y su Historia. En https://ezeizaysuhistoria.blogspot.com/2010/doce/ezeiza-y-su-hospital.html.
Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires (2021). Sistema de Gestión de Camas (SIGEC): Manual de usuario (IF-2021-09303670-GDEBA-DINFSMSALGP). En https://normas.gba.gob.ar/anexos/descargar/D0YWP5BR.pdf.
Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2022, 23 de junio). El Hospital Alberto Eurnekian de Ezeiza fue elevado a la categoría de Interzonal. Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. En https://tinyurl.com/v3c6cyr7.
Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires (2022). Guía de atención de crisis y urgencias en hospitales generales. La Plata: Dirección Provincial de Salud Mental y Consumos Problemáticos. En https://tinyurl.com/5n6c4rvk.
Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2022). Jornada Provincial de Salud Mental. Equipos de externación: Experiencias en hospitales generales. La Plata: Dirección Provincial de Salud Mental y Consumos Problemáticos.
Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2022). Plan Provincial Integral de Salud Mental: Hacia un sistema solidario e integrado de salud 2022–2027. https://www.ms.gba.gov.ar/sitios/saludmental/plan-provincial-salud-mental/.
Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2022, junio). Fortalecimiento de servicios de salud mental en hospitales generales [Comunicado de prensa].
Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires – Salud Digital Bonaerense (2022). Gestión de camas (SIGEC). En https://www.ms.gba.gov.ar/sitios/saluddigitalbonaerense/ejes/gestion-de-camas/.






