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Herencias incómodas: la persistencia de lo manicomial en el hospital general

Hospital General Santa Rosa, Villaguay,
provincia de Entre Ríos

María Luz Beltrame, Laura Crosa, Sonia Vega, Agustina Fernández, Silvia Fernández, Betiana Córdoba Jacobsen y Máximo Monzón

Introducción

En este escrito presentamos el trabajo que llevamos a cabo desde el servicio de Salud Mental del Hospital Santa Rosa en Villaguay. La atención en salud mental se inició en este hospital en 1985, a partir del cierre del hospital psiquiátrico de la ciudad. Este hecho marcó un punto de inflexión en la organización local de la atención, en un contexto nacional en el que comenzaban a cuestionarse los dispositivos de encierro y a promoverse modalidades de atención más inclusivas.

El servicio se constituyó como un espacio destinado a la internación de personas adultas con padecimientos mentales graves. A lo largo de su historia, atravesó diferentes etapas y, si bien con el tiempo se incorporaron profesionales de distintas disciplinas y se implementaron estrategias comunitarias y de revinculación social, aún persisten sesgos institucionales propios del antiguo modelo asilar. Nuestro objetivo con este escrito es invitar a reflexionar sobre los desafíos de construir una atención en salud mental basada en valores solidarios y democráticos, que coloque a las personas usuarias y a la comunidad en el centro de las estrategias de cuidado.

El hospital

Nuestro hospital cuenta con una historia de casi ochenta años. Inicialmente fue construido como hospital monovalente para pacientes con tuberculosis e inaugurado el 17 de octubre de 1949 con el nombre de Hospital Llanura Dr. Alejandro Raimondi. Progresivamente, fue ampliando los servicios que ofrecía: Geriatría en 1973, y Salud Mental en 1985, por citar algunos (Santa Rosa, s/f). En la actualidad cuenta con servicios de internación de nueve especialidades, incluyendo cirugía. Adicionalmente, cuenta con terapia intensiva de baja complejidad, servicios de Diagnóstico por Laboratorio e Imágenes. Ambulatoriamente se ofrece atención de once especialidades, servicio de Vacunación y Registro Civil. Además de los servicios mencionados, el edificio del hospital también alberga al Centro Provincial de Rehabilitación (CPR).

El hospital ocupa siete manzanas, siendo una construcción de cuatro pisos. Sin embargo, hay áreas que no se encuentran en funcionamiento debido al deterioro producto de la falta de mantenimiento, siendo visibles filtraciones en techo, moho en rincones, paredes y pinturas descascaradas. Específicamente, el área de Salud Mental funciona en el primer piso. Allí se cuenta con una sala de internación específica, y también con consultorios. La internación se organiza por servicios, teniendo en total 124 camas, de las cuales dieciséis corresponden al servicio de Salud Mental.

Desde el año 2016, el hospital depende de la Secretaría de Salud y Acción Social de la provincia de Entre Ríos. El Hospital Santa Rosa es un establecimiento público. La cobertura de la población sin recursos económicos y a la que se le solicita medicación por tratamiento prolongado de alto costo o estudios que no se ejecuten en el ámbito hospitalario, es gestionada por subsidios ante el Ministerio de Salud de la provincia o por el programa Incluir Salud para los que poseen pensión no contributiva.

La ciudad de Villaguay cuenta con 55.192 habitantes según el censo de 2022 (INDEC, 2023). El hospital atiende la demanda de la población tanto del departamento como de localidades cercanas. Aunque se atiende a algunas personas con cobertura por obra social, la mayoría de la demanda proviene de personas con cobertura pública exclusiva. En su mayoría, la población a la que se asiste pertenece a la zona rural, siendo la actividad económica principal las tareas de campo como desmonte manual, alambrado, leña autogenerada, cría de animales, etc. La población tiene bajo nivel educativo en su mayoría (nivel primario o sin escolarización).

La población atendida proveniente del casco urbano se dedica mayoritariamente a changas de construcción y mantenimiento, jardinería, servicio doméstico o son empleados municipales. En muchos casos, el único ingreso estable proviene de asignaciones o pensiones, por ejemplo, el salario familiar o la asignación por hijo, la pensión por invalidez o de madre de siete hijos. Esta población, tanto rural como suburbana, reside en zonas con ausencia o insuficiencia de servicios básicos (agua, luz, cloacas).

La salud mental en el hospital

El servicio de Salud Mental del hospital comenzó su labor en el año 1985, tras el cierre del hospital psiquiátrico que funcionaba en Villaguay, en el edificio donde actualmente se encuentra el hogar de ancianos.

Según el relato de una enfermera, vecinos cercanos a esa institución presentaban quejas y denuncias porque algunos pacientes deambulaban por la calle o llegaban hasta la terminal de ómnibus. Esta situación generaba incomodidad en parte de la población que los discriminaba. Fue entonces cuando el servicio de Psicopatología inició su trabajo en el Hospital Santa Rosa. El asilo de ancianos –como se lo denominaba en ese momento– se dividió en dos sectores: psicopatología y asilo.

En sus primeros años, el servicio del hospital contaba con alrededor de diez pacientes, la mayoría sin familia y con largos periodos de internación. No todos eran oriundos de Villaguay, muchos de ellos eran indocumentados, sin beneficios sociales ni vínculos familiares. En esa etapa, las internaciones eran dispuestas por el médico de guardia, el psiquiatra y el juez. El Juzgado ordenaba el ingreso, pero luego no había seguimiento alguno. El servicio estaba preparado para veintidós pacientes, aunque en ocasiones llegó a alojar veinticuatro. Algunos permanecían acostados en colchones en el piso. La puerta permanecía cerrada con llave, y no se permitía la salida. Respecto al equipo de trabajo, se contaba con un médico psiquiatra y una enfermera por turno. Adicionalmente, una persona sin formación específica desarrollaba tareas de labor-terapia, como por ejemplo actividades manuales y recreativas. El personal de enfermería cumplía además tareas de mucamo.

Con el ingreso de una nueva psiquiatra tras la jubilación del jefe anterior, se produjeron cambios: se incorporaron dos enfermeros, un jefe de enfermería y una terapista ocupacional. Los pacientes comenzaron a participar en tareas de limpieza, lavado de platos, cultivo en una huerta en el subsuelo del hospital, manualidades, pintura, salidas a la plaza, un vivero en el solar y talleres de música.

En cuanto a las internaciones, se estableció que no se realizaran sin la presencia de la familia. También se flexibilizaron los horarios de visita, con el objetivo de fomentar la participación familiar. Se implementó un programa de visitas domiciliarias, diseñado por enfermería y presentado al área de Salud Mental de la provincia de Entre Ríos. Este consistía en acompañar al paciente al momento del alta, verificar sus condiciones de vida y realizar visitas semanales. Se buscaba siempre un familiar o vecino que colaborara, y se llevaba un registro en un cuaderno. Este dispositivo funcionó durante tres años, aunque no todos los enfermeros se sumaron al trabajo comunitario. Al principio se realizaba fuera del horario laboral y luego se reconoció como jornada de trabajo. Cada enfermero lo hacía con los recursos de movilidad de los que disponía (bicicleta, auto o a pie). Para los pacientes de zonas rurales, se utilizaban vehículos particulares.

El trabajo comunitario contó con el acompañamiento del municipio y del juzgado, lo que permitió, entre otras cosas, mejorar las condiciones habitacionales de algunas personas. Con el tiempo, el área social comenzó a involucrarse en la gestión de pensiones, documentación y otros trámites.

Los diagnósticos más frecuentes eran esquizofrenia y retraso mental. En muchos casos, los pacientes eran rechazados por la familia y los vecinos, o habían quedado sin cuidadores tras la muerte de sus padres. Dado que no contaban con beneficios sociales, recibían donaciones de ropa y artículos básicos. Cuando asistían a eventos externos, todos vestían camisetas blancas o naranjas sin identificación, de manera uniforme, al igual que familiares, enfermeras o acompañantes.

En 2016, todos los profesionales del hospital (psicólogos, terapistas ocupacionales, trabajadores sociales y psicopedagogos) fueron asignados al servicio de Salud Mental. Esta decisión generó resistencias, tanto por desconocimiento de funciones como por el estigma asociado al servicio, lo que obligó a redefinir roles. El proceso estuvo influenciado por la promulgación de la Ley Nacional de Salud Mental.

Recién a partir de 2019, puede hablarse de un intento más sistemático de trabajo en equipo y de redefinición del servicio, tanto en su nombre como en su forma de intervención. Se reemplazó la categoría de “pacientes” por la de “usuarios”, se comenzaron a elaborar informes dirigidos a la Justicia para solicitar la concurrencia de familiares y se intentó promover la revinculación. Algunos usuarios participaban en talleres extramuros y realizaban visitas ocasionales a sus familias. Los profesionales comenzaron a acompañarlos en actividades cotidianas, como ir a la peluquería, al supermercado o a comprar ropa.

El servicio de Salud Mental se consolidó de manera interdisciplinaria, incorporando consultorios externos de psicología, con alta demanda de la población de Villaguay y zonas aledañas. En la actualidad se otorgan turnos de admisión los días lunes, martes y miércoles. Se entregan seis turnos por ventanilla, y otros dos o tres quedan reservados para derivaciones judiciales, profesionales o solicitud de establecimientos escolares u otra institución.

Los profesionales tienen horarios rotativos (mañana-tarde) según cada especialista, con una carga de tres o cuatro horas diarias. El equipo cuenta con cinco psicólogos, de los cuales cuatro participan en la guardia pasiva de Salud Mental, de veinticuatro horas, que rota de manera semanal. También realizan seguimiento en consultorios externos y con usuarios del servicio. A su vez, los profesionales del servicio tienen otras inserciones laborales fuera del hospital. En los últimos años, el servicio ha recibido pasantes de nivel secundario interesados en carreras de Psicología, Medicina o Enfermería, así como pasantes de las licenciaturas en Enfermería y Psicología. A lo largo de su historia, el servicio no ha contado con residentes médicos, y en varias ocasiones se han evidenciado las resistencias para trabajar en el servicio.

Actualmente, los recursos terapéuticos incluyen terapia individual, tratamiento farmacológico, entrevistas familiares, abordaje psicopedagógico, visitas domiciliarias y seguimientos telefónicos semanales. Las estrategias terapéuticas pensadas desde el equipo buscan promover la salud mental de la población, con especial atención a los sectores más vulnerables. Se orientan a fortalecer los lazos familiares, sociales, a generar apoyos sociales que faciliten la resolución de problemas, reforzar la autoestima y favorecer la inserción social.

Internación por Salud Mental en el hospital

Las internaciones por Salud Mental en el Hospital Santa Rosa se realizan en una sala específica destinada a tal fin, que cuenta con dieciséis camas y una habitación de contención con baño. En 1985 se llevaron a cabo las primeras internaciones en esta sala, a raíz del cierre del hospital psiquiátrico de la ciudad, como se mencionó anteriormente.

En los inicios, los pacientes eran internados sin su consentimiento, generalmente por decisión de la familia, la policía o por orden judicial. En muchos casos, estas internaciones derivaban en abandono familiar.

El servicio se ubica en el primer piso del hospital, con acceso por escalera y ascensor. La sala dispone de servicio de Enfermería, cocina, comedor con televisor, área de terapia, sala de estar con televisor, seis habitaciones compartidas (de tres a cuatro camas cada una), una habitación de contención, sanitarios diferenciados para personal y usuarios, vestuarios para personal de limpieza y enfermería, un solárium que conecta las habitaciones, cercado con rejas precarias tipo alambrado. Este solárium funciona como espacio de encuentro donde se comparten mates, cigarrillos y charlas.

Desde 1985 hasta la actualidad, el servicio recibe varones y mujeres adultos. En 2024 se realizaron dieciocho internaciones, con duraciones que variaron entre quince y sesenta días. Las internaciones involuntarias, que suelen extenderse hasta sesenta días, no son las más frecuentes. Es importante señalar que este registro no incluye a las seis personas con internación cronificada, lo que muestra solo un movimiento parcial de camas (diez de las dieciséis disponibles). Las problemáticas más frecuentemente atendidas en 2024 fueron esquizofrenia, depresión, intentos de suicidio y adicciones. Los niveles educativos de las personas usuarias oscilan entre analfabetismo, primaria y secundaria; las ocupaciones incluyeron trabajos rurales, changas, empleos en la administración pública, pensionados con certificados de discapacidad, entre otros.

Las internaciones comienzan con la evaluación en la guardia general, donde el médico realiza una evaluación clínica e interviene conjuntamente con el profesional de guardia de Salud Mental para determinar la necesidad de internación. En la mayoría de los casos, las internaciones son voluntarias. La internación involuntaria se evalúa en función de la existencia del riesgo cierto e inminente para la persona o para terceros. En estos casos, se notifica al Juzgado de Familia y al Órgano de Revisión.

El equipo de internación está compuesto por diez enfermeros de planta, dos psiquiatras (uno de planta), cinco psicólogos (tres de planta), un trabajador social de planta, dos psicopedagogos (uno suplente) y un terapista ocupacional (suplente).

La atención durante la internación se centra en la estabilización farmacológica, pero también en la dimensión vincular, social y familiar. Al estar inserto en un hospital general, se intenta trabajar desde la integralidad, solicitando evaluación de otras especialidades médicas si fuera necesario (odontología, oftalmología, podología, cardiología, infectología).

En el transcurso de la internación, se aplican estrategias graduales como permisos de salida durante el día (acompañados por familiares o cuidador abonado por la familia) o estadías breves en el hogar (de un día a dos), para luego regresar al hospital. Debe señalarse que aquellas personas que aún no poseen el alta deben asistir diariamente a tomar la medicación, hasta tanto se evalúe su cuadro y se dé el alta hospitalaria.

El desafío principal es la revinculación familiar. Para ello se promueven visitas a las familias, salidas transitorias y un taller para familiares, que se dicta los jueves por la mañana a cargo de dos psicólogas.

Se realizan entrevistas con usuarios, familias y organismos intervinientes para informar sobre la situación actual del usuario y coordinar un plan de trabajo previo al proceso de externación. Dentro de este marco, se desarrollan talleres de ejercicio físico, psicomotricidad y concentración. Tales talleres se realizan junto con el centro de rehabilitación.

Carentes de las miradas de otros. Una historia de vida

Magalí, de 28 años, llegó al hospital en 2019 por sobreingesta de alcohol, situaciones de abuso e intentos de suicidio. Sus ingresos repetidos mostraban un patrón claro: una profunda vulnerabilidad, consumo problemático y la ausencia casi total de sostén familiar. A menudo aparecía en la guardia alcoholizada, golpeada, desbordada, pidiendo ayuda y buscando desesperadamente ser escuchada.

Entre julio y noviembre de 2024, atravesó dos internaciones en el servicio de Salud Mental. En ambas, el equipo identificó la misma lógica: Magalí iniciaba tratamientos, pero rápidamente los abandonaba; expresaba deseos de mejorar, pero recaía ante mínimos cambios. La demanda afectiva hacia su familia y hacia el equipo era intensa, insistente, a veces inapropiada, y aparecía también en forma de mensajes constantes, reclamos y pedidos desmedidos.

La complejidad del caso obligó a un trabajo interdisciplinario continuo. Psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, enfermeros y psicopedagogos discutieron estrategias para acompañarla. Se realizaron entrevistas con su familia, citada incluso por Defensoría. Allí se evidenció un entorno disfuncional, que pedía su internación permanente, pero no ofrecía sostén real ni compromiso con el tratamiento. Magalí ocupaba entonces un lugar de desvalimiento: necesitaba ser vista, querida, cuidada.

Durante la internación se implementaron múltiples intervenciones: límites al uso del celular por apuestas online, organización de rutinas, contención emocional y la búsqueda de alternativas para su consumo. También se intentó derivarla a un centro de rehabilitación y promover su reinserción laboral mediante tareas de acompañamiento a otros usuarios del servicio, donde mostró empatía e iniciativa.

El equipo trabajó para correrla de ese lugar pasivo en el que se percibía incapaz, intentando que pudiera apropiarse de su tratamiento y sostener espacios terapéuticos. Sin embargo, sus avances eran frágiles, y las recaídas, frecuentes.

Tras su externación, Magalí tuvo un hijo y expresó no sentirse capaz de cuidarlo sola. Volvió a la guardia alcoholizada, angustiada y temerosa de perder a su bebé. El equipo evaluó que su maternidad requería acompañamiento cercano y reforzó las intervenciones para ayudarla a vincularse de forma más saludable y proteger al niño frente a sus conductas de riesgo.

El caso de Magalí refleja un recorrido marcado por la vulnerabilidad extrema, la falta de sostén familiar y la demanda constante de afecto, que exigió un abordaje integral y sostenido por parte de todo el equipo de Salud Mental.

Cierre

En nuestro trabajo en el servicio de Salud Mental del Hospital Santa Rosa de Villaguay, observamos que la mayoría de las demandas de atención que recibimos expresan la pérdida de lazos sociales, la marginación y la exclusión. Pese al desarrollo de intervenciones que van más allá de los límites de la institución y que buscan incluir a las familias, nuestras estrategias continúan siendo fragmentadas e insuficientes.

Nuestro horizonte de trabajo es promover un marco de atención comunitario y participativo. Para que ello sea posible, es necesario continuar desarmando el hospital psiquiátrico tradicional que sigue estando en el núcleo duro de nuestra sala de internación.

Por ello, aunque el servicio de Salud Mental se encuentra emplazado dentro de un hospital general, tal como lo establece la Ley Nacional de Salud Mental n.º 26.657, aún conserva en su estructura y funcionamiento prácticas propias de las instituciones monovalentes.

Referencias bibliográficas

Argentina (2010). Ley Nacional de Salud Mental n.º 26.657. Boletín Oficial de la República Argentina.

Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) (2023). Censo nacional de población, hogares y viviendas 2022: Resultados definitivos. INDEC. https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-2-41-165.

Santa Rosa (s/f). Historia. Disponible en http://hospitalsantarosa.com.ar/historia.htm.



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