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Barajar y dar de nuevo: algunas apreciaciones sobre los procesos de internación en Salud Mental

Hospital Interzonal General de Agudos Dr. José Penna, Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires

Camila Lorenzi

Introducción

En este capítulo intentaré brindar un acercamiento a las prácticas de atención-abordaje de la salud mental en el ámbito hospitalario desde mi recorrido profesional y lectura disciplinar desde el trabajo social. Toda intervención profesional es una apuesta: conformar una práctica que esperamos sea acorde a las necesidades de las personas y que pueda acercarlas a una vida más saludable y justa.

Quisiera aclarar que la construcción de la lectura disciplinar que compartiré se encuentra influenciada por los recorridos y las experiencias de quienes trabajan conmigo y con quienes comparto la tarea cotidiana. Toda institución en la que nos incluimos ya porta una historia y una manera de hacer/pensar las cosas. Eso es material fundamental para entender el porqué de ciertas lógicas y prácticas que continúan reactualizándose en el hoy.

Para brindar un poco de contexto, comparto que la escritura de este capítulo se dio en dos momentos claramente diferenciados: la entrega del primer borrador fue a principios de marzo de 2025, previo a una inundación importante sufrida en la ciudad de Bahía Blanca, lugar donde se encuentra emplazado este hospital. El escrito fue reconstruido en el marco de la reorganización del hospital y sus prácticas en función de dicho incidente crítico. Teniendo esto en cuenta, intentaré brindar mi perspectiva incluyendo las lecturas institucionales que he podido hacer en el contexto de la contingencia que afectó directamente el desarrollo de las actividades de los agentes de salud.

El hospital

El Hospital Penna se encuentra ubicado en la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. Es una institución hospitalaria de alta complejidad donde se brinda atención de especialidades médicas y no médicas a toda la población que conforma la Región Sanitaria I de la provincia de Buenos Aires, siendo un hospital de dependencia provincial. La Región Sanitaria I está ubicada en el sur de la provincia y abarca el 25 % de su superficie (79.283 km²), siendo la región con mayor extensión territorial. La componen quince partidos, cuya población total, según el Censo de 2022, era de 724.056 habitantes (INDEC, 2023). A pesar de la gran extensión territorial, la densidad poblacional es baja, concentrándose casi la mitad en la ciudad de Bahía Blanca. Quienes acceden a la atención en el hospital son, en su mayoría, personas de escasos recursos económicos, con trabajos no registrados, con necesidades materiales y simbólicas no resueltas, y en situaciones de vulnerabilidad.

Es importante considerar que en Bahía Blanca se cuenta con otro hospital general público, de dependencia municipal. Se trata del Hospital Dr. Leónidas Lucero, ubicado a 6,5 kilómetros del Hospital Penna, y que brinda atención a la población bahiense y dispone de servicios de internación, atención por guardia y consultorios externos.

Como dato relevante, el hospital se inauguró en sus inicios como policlínico, y pasó luego a ser un hospital interzonal, hecho que implica tener más de un área de influencia. El nuevo edificio fue habilitado en el año 1984 y, con modificaciones estructurales a lo largo de los años, se compone de un edificio central de tres pisos y un subsuelo. Concentra servicios de especialidades médicas y no médicas y se organiza a partir de los dispositivos de consultorios externos, internación y guardia. A su vez, atiende tanto a población adulta como infantil. Ofrece servicios de Diagnóstico, Terapia Intensiva y más de veinte especialidades de salud. Cuenta con 222 camas, según datos oficiales del año 2021 (Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, 2021).

El Hospital Penna gestiona las camas para la internación a partir de un sistema de cuidados progresivos. Sin embargo, dos servicios están excluidos de esta forma de organización: el área materno-infantil y Salud Mental. La primera cuenta con salas especializadas de partos, neonatología, maternidad, pediatría y la unidad de terapia intensiva pediátrica. En cuanto a la atención ambulatoria, de los servicios existentes, el de Trabajo Social sigue una organización diferente a los demás, en cuanto atiende por demanda espontánea y no por consulta programada. A su vez, el servicio de Trabajo Social se divide en tres áreas: salud mental, adultos y niños, articulando su trabajo con las demás disciplinas (Biera, 2019; Ministerio de Salud, provincia de Buenos Aires, 2022). Finalmente, es de señalar que la mayoría de los trabajadores de la salud del hospital tienen otros trabajos, tanto en el ámbito público como en el privado.

La salud mental en el hospital

La oferta de atención por Salud Mental en el hospital incluye internación, guardia, consultorios externos y hospital de día. Ese último dispositivo comunitario se encuentra funcionando en el edificio de la antigua maternidad. Desde el servicio de Salud Mental, conformado por psicología y psiquiatría, se atiende a personas adultas. Dicho servicio se organiza según jefaturas internas, contando en el organigrama con jefatura de la sala de internación de corto y mediano plazo, así como también una jefatura interna de psicología. Además, dispone de las residencias de psiquiatría y psicología, cada una con su coordinación docente y su jefatura de residencia. El servicio de Salud Mental cuenta con 45 profesionales, entre psicología y psiquiatría de planta y residentes. Quienes hacemos la tarea propia de trabajo social pertenecemos al servicio de Trabajo Social, el cual cuenta con 23 profesionales, entre la planta y la residencia.

Antiguamente, la atención aguda por Salud Mental se brindaba en el hospital psiquiátrico Jaime Bereilh, inaugurado en 1951 y que funcionó hasta el año 2011. En la edificación en la cual funcionaba, actualmente se encuentra un centro comunitario en el que se brinda atención y abordaje de los consumos problemáticos. En el año 2011, las personas que estaban internadas en dicho neuropsiquiátrico fueron trasladadas a la sala 5, ubicada en el edificio central del Hospital Penna, donde históricamente funcionaron los dispositivos de guardia y consultorios externos. Entre 2011 y 2025 (hasta la inundación), la sala de internación de Salud Mental se ubicaba en el subsuelo del hospital, enfrente de la Terapia Intensiva, en lo que fue alguna vez la sala de Neonatología.

Debido a la inundación, todos los dispositivos que funcionaban en el subsuelo (guardia general, guardia de partos, Unidad Coronaria, Unidad de Terapia Intensiva, cuidados especiales, Salud Mental, Nutrición, comedor, farmacia, depósito, recursos humanos, laboratorio) debieron reubicarse en otras áreas del hospital. Así, la internación por Salud Mental pasó a estar, en un primer momento, en la sala de cuidados intermedios con cuatro habitaciones disponibles con tres camas cada una (doce camas en total). A agosto de 2025, la internación por Salud Mental fue reubicada nuevamente y se encuentra en el sector de Cuidados Mínimos, que funciona en el primer piso del hospital, contando con cinco habitaciones disponibles con tres camas en cada una (quince camas en total).

No solo fue necesario readecuar el espacio físico para continuar con la atención, sino también nuevos acuerdos y alianzas para que pudiera sostenerse el trabajo en ese contexto. Fiel a su organización jerárquica, el hospital cuenta con jefaturas de servicio a quienes hubo que solicitarles colaboración frente a la contingencia, para que el servicio de internación por Salud Mental pudiera continuar funcionando. Así, entre julio de 2025 y septiembre de 2025, se ha compartido espacio de internación en la sala de Cuidados Mínimos, donde transitan su proceso de salud aquellas personas que tienen un mayor grado de autonomía y cuidado que en otras áreas del hospital, pudiendo permanecer con acompañamiento de familiares o referentes durante su estadía.

En líneas generales, el servicio de Salud Mental fue fuertemente afectado por la inundación. Se debió crear una guardia de contingencia ubicada en el pasillo donde funcionan los consultorios externos de Salud Mental, lo que dificultó que los profesionales contaran con un espacio físico adecuado para brindar atención.

Además, en este contexto, el Ministerio de Salud de la provincia –a través del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (SIES) y la Subsecretaría de Salud Mental–, junto con el municipio bahiense, puso en funcionamiento las “postas de salud”. Estas postas consistían en equipos interdisciplinarios que atendían en distintos puntos de la ciudad, con el fin de contener e identificar posibles impactos de la inundación en la salud mental de la población.

La implementación de las postas alteró la organización cotidiana del hospital. Los profesionales que integraban esos equipos debían dividir su tiempo entre sus tareas habituales y el trabajo en las postas. A esto se sumaba que la conformación interdisciplinaria “ideal” no coincidía con la disponibilidad real de trabajadores de distintas disciplinas –por ejemplo, de trabajo social–, lo que afectó de manera directa la calidad de la atención.

Muchos trabajadores del hospital también resultaron afectados por la inundación en sus propios hogares, lo que les impidió retomar sus funciones durante un tiempo. Por otra parte, al no contar con la posibilidad de realizar internaciones breves en la guardia, todas las personas con criterio de internación eran derivadas directamente a la sala de contingencia (Cuidados Mínimos), que se mantuvo con una ocupación mucho mayor a la habitual.

Aún hoy, pasado el momento más crítico, persiste la dificultad de conciliar los tiempos que demandan las situaciones de salud de las personas con los tiempos de la institución y de quienes la integramos. En el trabajo institucional, se pone en juego una tensión permanente entre las necesidades de la población y las condiciones de trabajo, así como la disponibilidad de recursos materiales y simbólicos. A septiembre de 2025, aún no hay plazos claros para el regreso al espacio de internación que funcionaba en el subsuelo.

Internación por Salud Mental en el hospital

El hospital, hasta la inundación de 2025, ofrecía el servicio de internación por Salud Mental en una sala específica, con catorce camas. El área de internación está supeditada al servicio de Salud Mental, del cual dependen los profesionales de psicología y psiquiatría que allí trabajan. El área de trabajo social participa del trabajo interdisciplinario de la sala, pero depende del servicio de Trabajo Social. Lo mismo sucede con los enfermeros, quienes trabajan en la sala de internación, pero dependen de su propio servicio de Enfermería.

La dedicación laboral de quienes desempeñan sus tareas varía según la disciplina y los cargos que tengan; la distinción importante que hay que hacer es que los servicios de Trabajo Social y de Salud Mental están compuestos por profesionales de planta (con cargo concursado o interinato) y por profesionales residentes. La principal diferencia es que las residencias tienen su propio reglamento, con carga horaria diferenciada ya que se incluyen en sus tareas asistenciales los espacios de formación, la cursada a través de la Plataforma Educativa Virtual (PEV) y, en disciplinas como psicología y psiquiatría, las guardias. Como ya se señaló, la mayoría de quienes trabajamos en internación tenemos otros trabajos fuera de la institución.

Volviendo a la internación en Salud Mental, la sala cuenta con una pequeña entrada, al estilo sala de espera, un consultorio para atención a familiares, referentes o para reuniones, un espacio de trabajo (con baño) que comparten los profesionales a diario y la enfermería. Además cuenta con cuatro habitaciones mixtas con tres camas cada una y baño compartido, y dos habitaciones más, una frente al estar de enfermería, donde suele ubicarse a las personas que están en un momento más agudo de su crisis y necesitan mayor presencia del equipo, y otra al fondo de la sala, que generalmente es utilizada para aquellas personas que se encuentran atravesando una internación provisional con la intervención de Juzgado de Garantías o de la Fiscalía, ya que posibilita la presencia de custodias policiales.

Tal como se introdujo anteriormente, a septiembre de 2025, momento posinundación, la sala de internación funciona en otro espacio físico con otras características. Ya no hay patio propio, no hay área de esparcimiento y uso común donde las personas internadas puedan compartir tiempo grupalmente. Sí está la posibilidad de que permanezcan con acompañamiento de familiares o referentes en la estadía de la internación, hecho que antes era imposible. El espacio actual implica moverse por otro mapa institucional y circular por otros espacios no relegados o “exclusivos” para personas que tienen un problema de salud mental, ya que la sala actual comparte espacio físico con otros servicios donde se interna por otros problemas de salud.

Respecto de la población atendida, se interna a personas adultas, tanto varones como mujeres, con un leve predominio de varones. Respecto de los motivos de internación, los más frecuentes son las descompensaciones psicóticas (tres de cada cuatro casos, según los datos del periodo entre agosto de 2023 y agosto de 2024). En cuanto al tiempo de internación, un 37 % son de menos de dos semanas, un 32 %, de entre dos semanas y un mes, y un 31 % tienen un mes o más de duración (Salone y cols., 2024).

Las intervenciones del equipo durante el proceso de la internación dependen mucho de la situación particular de cada persona, aunque la finalidad del dispositivo está orientada a compensar el cuadro psicopatológico de base que motivó la internación. Teniendo en cuenta la inundación, fue necesario incluir los efectos que esta pudo haber tenido en la realidad de la persona internada y de sus referentes afectivos para pensar los procesos de acompañamiento y externación una vez otorgada el alta hospitalaria. Para ser más gráfica, el fin de semana de la inundación, se otorgaron permisos de salida de vuelta al hogar para casi la totalidad de personas internadas por Salud Mental, organizando controles en el hospital con plazos cortos porque no había espacio físico donde pudieran continuar internadas.

En su mayoría, las internaciones son involuntarias, en el marco de la Ley Nacional de Salud Mental (Congreso de la Nación Argentina, 2010). El equipo evalúa la situación de salud, define un tratamiento farmacológico, conforma redes de apoyo interinstitucionales para el acompañamiento del proceso de salud-enfermedad-atención-cuidado, brinda asesoramiento a personas usuarias y referentes afectivos respecto de trámites previsionales y acceso a derechos, y conforma estrategias de intervención que garanticen el acceso a la salud y la vida en comunidad. La internación es pensada como un artificio, en el sentido de que se construye como un dispositivo institucional artificial que brinda un encuadre de organización y rutina que no suele estar presente en la vida cotidiana de las personas. Para ilustrarlo, basta imaginarse a alguien que permanece por un periodo de tiempo (idealmente acotado) en el hospital, en un edificio que no es su casa, donde las circunstancias que conforman su realidad en ese momento hicieron que se encuentre conviviendo con personas que no conoce, compartiendo espacios físicos que no son los propios, teniendo que atenerse a cierta organización y rutina pensada e instaurada por otros con horarios fijos, no pudiendo compartir tiempo con sus familiares o referentes afectivos salvo en el horario de visita.

Se observa que muchas veces la lógica de la ley choca con la realidad de las personas internadas, en el sentido de que aquel contexto en el que vive y se mueve la persona donde surge la crisis no es modificable fácilmente. Basaglia (1979) señalaba que la primera necesidad de una persona con un problema de salud mental no es la cura de su enfermedad, sino las condiciones apremiantes de su existencia: una relación humana con quien lo atiende, dinero, familia. La gran mayoría de las personas internadas en el servicio tienen una realidad económica apremiante, falta de acceso a derechos y serias dificultades para cumplir con sus responsabilidades laborales, familiares y vinculares. Intervenir sobre ello implica acciones que pueden iniciarse durante la internación, pero que no van a verse resueltas en dicho periodo.

Para gestionar todos estos apoyos, el equipo de salud trabaja armando estrategias conjuntas con otras instituciones del ámbito judicial (juzgados de familia, juzgados de garantías, Curaduría Oficial de Alienados, Asesoría de Incapaces, Defensoría Oficial), del ámbito municipal (Secretaría de Salud, Departamento de Salud Mental, centros de salud y unidades sanitarias, equipos de referencia territorial en salud mental, accesibilidad, servicio local de Promoción y Protección de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes). Es en ese trabajo con otras instituciones y otros equipos donde se observa la mayor “brecha” de criterios. Las prácticas muchas veces son encasilladas, según el recorte que se haga desde cada ámbito y profesión. Ello suele contribuir a reproducir una lógica de fragmentación y de falta de integralidad en las intervenciones. Uno de los principales obstáculos es la tarea de referencia-contrarreferencia institucional, ya que cada equipo hace su aporte y tensiona para que sea este el que prime. Así, la tendencia es que el sujeto quede borrado en medio de tales tensiones.

Adicionalmente, las reinternaciones suelen ser frecuentes. Ello genera cansancio y desgaste en el equipo. Generalmente, nos encontramos trabajando con los mismos recursos frente a situaciones que se complejizan cada vez más. Probablemente, las herramientas que hemos construido disciplinariamente necesiten una revisión y lectura crítica, para generar un trabajo situado y contextualizado.

La internación como posibilidad de acompañamiento de situaciones complejas

Desde el trabajo social, es difícil pensar en “caso”, y hablamos más bien de “situación”. No se trata de un concepto que hayamos construido disciplinariamente, sino más bien de comprender que existen situaciones en las que estamos implicados como profesionales, pero también como ciudadanos, con condiciones materiales y simbólicas de vida y existencia, tal como los sujetos con los que trabajamos.

Las situaciones que comparto a continuación dejan en claro la necesidad del aporte disciplinar en el abordaje de salud mental. Las herramientas que construye el trabajo social para hacer lecturas y aportes y construir prácticas en el ámbito de salud incluyen la realidad institucional, la realidad particular de la persona, el contexto socioeconómico y político, la reconstrucción de la demanda. Todo ello se conjuga y configura un proceso de salud particular.

Daniel es un varón de 46 años y hace 30 años vive una situación de consumo problemático. A septiembre de 2025, se encuentra cursando su sexta internación en lo que va del año. Si bien técnicamente podría no constituir una situación de “internación prolongada”, todo su proceso, que incluye a las sucesivas internaciones, fue necesario y útil. Fueron instancias necesarias para que se iniciasen movimientos que no se hubieran podido dar de otra manera.

Haciendo una revisión hacia atrás del recorrido de Daniel, se observa un punto fuerte importante: su transferencia con el hospital. Siempre recurre a la institución para pedir ayuda, la cual se configura como un testigo de su realidad subjetiva. ¿Por qué es relevante esa relación de Daniel con la institución? Porque brinda la oportunidad de barajar y dar de nuevo, de revisar qué se hizo, qué se puede hacer, qué aspecto priorizar. Permite ir orientando las prácticas, en función de los otros actores institucionales que van apareciendo y, lo más importante, ofrece un margen para conocerlo.

La internación actual, que, a septiembre de este año, se encontraba en curso, es distinta a las anteriores. Ello gracias a que, justamente, las anteriores ocurrieron. En este sentido, Daniel está pudiendo quedarse en el encuadre de una internación voluntaria, aprendiendo respecto de él y de su relación con el consumo. Esta internación le permite historizar su vida, poner pausa a la vorágine de su realidad y encontrarse con aquello que lo conmueve y angustia.

Con la última internación de Daniel, ocurrió algo similar a la elaboración de este escrito: atravesó distintos momentos. Si bien comenzó como una internación voluntaria que permitió trabajar diversos aspectos de su proceso de salud –entre los más relevantes, la reconstrucción de su historia personal, su relación con el consumo y la articulación con otros efectores e instituciones que lo acompañan desde hace años–, en un momento volvió a configurarse una situación de riesgo para él porque retomó el consumo.

El contexto de la sala de Cuidados Mínimos, el hecho de compartir el espacio con otras personas que también atravesaban problemáticas de consumo, la institucionalización prolongada y la demora en construir alternativas posibles de acompañamiento generaron que reincidiera en el consumo en reiteradas oportunidades. Esto profundizó aún más el agotamiento del equipo. Por ese motivo, se decidió su alta hospitalaria en septiembre de 2025, luego de un episodio de intoxicación dentro del hospital.

Para ese momento ya intervenía, de manera cautelar (es decir, sin sentencia firme), la Curaduría Oficial de Alienados, que implementó algunas estrategias orientadas principalmente a la gestión de recursos económicos –como una ayuda económica, un subsidio de externación o la posibilidad de incluirlo en el beneficio previsional de su madre biológica–. Sin embargo, ninguna de estas medidas logró aliviar la frustración, el cansancio ni las dificultades institucionales para acompañarlo. Así, Daniel egresó del hospital hacia la misma realidad que había quedado “en pausa” durante todo su tiempo de internación.

Otra de las situaciones es la de Agustina, mujer de 22 años. Si bien terminó la escuela secundaria, no trabajaba, y, aunque tenía familiares, estos no podían incluirla en su realidad. Se trata de una situación que implicó múltiples desafíos para el hospital y para los profesionales que acompañamos su proceso. Ingresó a internación por primera vez, en el contexto de la guardia, en mayo del 2023. Si bien allí permaneció pocos días, se inició un camino institucional que finalizó en febrero de 2025.

Agustina cursó múltiples internaciones en el hospital, y obtuvo el alta hospitalaria por una derivación a una clínica privada en otra localidad de la provincia. Su situación constituiría lo que es un “alta demorada”, ya que sobrepasó ampliamente las expectativas de permanencia en el hospital. Prácticamente vivió un año en el hospital, entre ingresos y egresos, no pudiendo sostener el afuera de la institución. Fue paradójico porque nadie creería que alguien se sintiera “a gusto” en el hospital, pero estar allí fue para Agustina lo que le funcionaba o servía en ese momento.

Varias cuestiones entraron en juego en su situación: su historia de vida, las redes institucionales, los vínculos interpersonales, sus herramientas y capacidades subjetivas, el contexto social y económico. También entraron en juego las herramientas disciplinares o profesionales. En esta situación hubo un gran trabajo de articulación con otras instituciones, estatales y de la sociedad civil, para intentar conformar una respuesta que ayudase a Agustina. Dentro de esas instituciones, el hospital es parte de una larga lista de espacios y equipos de trabajo por los que circuló Agustina y que se fueron encontrando con dificultades para acompañar la complejidad de su realidad y su proceso de salud. Las internaciones finalizaron a partir de la intervención de la Curaduría Oficial de Alienados, que ofreció como posibilidad de acompañamiento y de resolución de la necesidad habitacional que fuera a hospedarse a una institución privada.

Para ciertos profesionales, es difícil considerar y asumir que para muchas personas el hospital, y en este caso la internación, es lo que les sirve para sobrellevar su proceso de salud. Aquí hay una tensión con la Ley de Salud Mental (2010), ya que estipula que la internación debería ser la última herramienta a considerar para acompañar a una persona. Más de una situación nos demuestra que es la referencia, la relación, o el vínculo transferencial lo que sirve o funciona y es capaz de reemplazar a todos los otros (personas, instituciones) que quisiéramos que existieran. La tensión existe porque los cambios que se necesitan a nivel vincular, social, político, familiar, económico para que las personas con padecimiento de salud mental realmente puedan considerarse incluidas son lentos y trabajosos, además de que están en constante revisión.

La convicción de que el mejor lugar para una persona con padecimiento mental es la vida en comunidad no cambió, aunque la realidad de las personas nos demuestra que requieren del hospital. Afortunadamente, este ya no es pensado como en otra época desde el arrasamiento y borramiento del sujeto, como totalitaria, sino más bien como una instancia más presente en ciertos momentos de su historia vital y de su trayectoria de salud.

Cierre

Quisiera finalizar planteando el interrogante por las posibilidades para la internación por Salud Mental en el hospital general y los desafíos que ella implica, y, para responder a ello, creo que la clave está en destacar la importancia de las personas usuarias. Conocer cuáles son sus necesidades, cómo es su contexto, en qué momento de su ciclo vital se encuentran, cuál es su proyecto de vida, cuál es su vinculación con otras instituciones de salud, cuál es su perspectiva sobre la atención que reciben, con qué apoyos cuentan y cómo son sus vínculos afectivos son aspectos fundamentales para comprender los alcances de la internación.

A pesar de desarrollar prácticas en el hospital general, sigue siendo necesario revisar y cuestionar las prácticas manicomializantes que pueden hacerse presentes en cualquier tipo de institución. La interseccionalidad aparece como una herramienta clave para pensar cómo se construye la opresión de diversos sectores de la población en relación con la realidad actual en 2025 en Argentina, donde se agravó la vulnerabilidad social de las personas con padecimiento mental. Además, el desfinanciamiento y vaciamiento de instituciones dedicadas a la atención de la salud mental pone en grave peligro la garantía de los derechos humanos.

Es claro y notorio cómo las situaciones con las que trabajamos se han complejizado, y es necesario que las instituciones puedan redefinir sus objetivos, revisar sus herramientas y ofertar nuevas modalidades de abordaje que sean más cercanas a las realidades de la ciudadanía, incluyendo la realidad social y económica, la trayectoria de vida de la persona, las características de su proceso de salud, las redes con las que cuenta, qué actividades ha podido desarrollar y cuáles podría llevar adelante en el corto plazo. Es en este punto donde me pregunto si no sería posible flexibilizar ciertas estructuras, como ser la de los plazos de internación, para adecuar los servicios institucionales a las necesidades de la población y promover una circulación más saludable.

En este punto es menester convocar a la ternura, que “como contrapedagogía de la crueldad apunta a recuperar la sensibilidad y los vínculos oponiéndose a las presiones de la época” (Carbón y Martínez Liss, 2019). Como plantea Segato (2018), cuando la crueldad se convierte en hábito, se produce un aislamiento de los ciudadanos mediante su desensibilización al sufrimiento de los demás. La clave para el trabajo en salud mental en general, y en la internación en particular, sería recuperar la ternura, es decir, la sensibilidad ante el sufrimiento de los demás.

Referencias bibliográficas

Basaglia, F. (2013). La condena de ser loco y pobre: Alternativas al manicomio. Topia Editorial.

Biera, A. M. (2019, marzo). Proyecto de organización, servicio de Trabajo Social.

Carbón, L. M. y Martínez Liss, M. (2019). La ternura como contrapedagogía del desamparo. En XI Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XXVI Jornadas de Investigación, XV Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR, I Encuentro de Investigación de Terapia Ocupacional, I Encuentro de Musicoterapia. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

Congreso de la Nación Argentina (2010). Ley Nacional de Salud Mental n.º 26.657. Boletín Oficial de la República Argentina, 3 de diciembre de 2010. Recuperado de https://tinyurl.com/yhjtycar.

INDEC (2023). Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022: Resultados definitivos. Instituto Nacional de Estadística y Censos. En https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-2-41-135.

Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2021). Camas agudas y crónicas por establecimiento, según región sanitaria, partido y dependencia.

Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires (2022). Plan provincial integral de salud mental: Hacia un sistema solidario e integrado de salud. Subsecretaría de Salud Mental y Consumos Problemáticos.

Salone, Y., Valdebenito, Z., Fernández, R., Stante, F., y Orellano, J. L. (2024). De las puertas para adentro en el servicio de Salud Mental. XXXII Jornadas Científicas Dr. Carlos Plunkett, Bahía Blanca.

Segato, R. (2018). Contrapedagogías de la crueldad. Prometeo Libros.



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