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Terrorismo de etiología yihadista

El rol de la mujer

David Garriga Guitart[1]

Palabras clave: radicalización, terrorismo, yihadismo, mujer, Al Qaeda, ISIS, factores de riesgo.

1. Introducción

Desde el atentado del 11 de septiembre en Estados Unidos, Europa ha sido diana de varios atentados y tentativas fallidas por parte de terroristas de etiología yihadista[2]. La primera conmoción social cercana en Europa fue a partir de los atentados de Madrid del 11-M: no solo España y Europa entendieron que también podían ser un objetivo del terrorismo de etiología yihadista, sino que sirvió de alerta para los diferentes servicios internacionales acerca de que había una continuidad tras el 11-S, no se iban a parar allí, aumentando la sensación de temor e inseguridad entre la población occidental. Este miedo exteriorizó aún más la xenofobia hacia lo islámico.

Desgraciadamente, el terrorismo yihadista sigue representando una seria amenaza para las sociedades democráticas, pero no debemos confundir una religión como es el islam, que no solo rechaza la violencia entre los hombres, sino que promueve la paz a todos los niveles con el terrorismo yihadista.

Si bien varios estudios han tratado e investigado la contribución de las mujeres musulmanas en varios campos de la sociedad, como la jurisprudencia, la educación o la literatura, hay pocas fuentes en las que encontremos a la mujer ligada al campo de batalla.

2. La mujer en las primeras épocas del islam

Alguno de los ámbitos a través de los que la mujer participaba activamente en las guerras de la primera época del islam eran la medicina y la enfermería. Su figura mayoritariamente se relaciona con la atención que prestaban a los heridos musulmanes durante las guerras que se producían entre tribus y clanes, cuando caían heridos en el campo de batalla. Wijdan afirma:

Desde los primeros días del islam, las mujeres participaban en la guerra y el comercio (Jadiya[3], la primera esposa del Profeta, fue una comerciante para quien trabajaba Muhammad antes de tener la revelación), ejercieron la enfermería y la medicina, y enseñaron en privado en las mezquitas (Wijdan, 2007, p. 65).

Estas enfermeras marchaban con los hombres durante las batallas llevando recipientes de agua y elementos para curar las heridas (vendas) y tratar las fracturas de huesos (material para realizar yesos). Ellas penetraban entre los soldados atendiendo las urgencias y tratando a los heridos caídos en combate, e incluso algunas llegaban a participar en la lucha (Garriga, 2010). Este es el caso de Aisha[4], una de las mujeres de Muhammad, de la que se sabe que combatió al lado del Profeta y también después de su muerte. Contribuyó activamente en el crecimiento, desarrollo y descripción del islam. Una de las batallas por las que pasó a la historia fue la batalla llamada “del Camello”[5] (librada en el año 656 d. C. entre el cuarto Califa ortodoxo Alí[6] y la viuda del Profeta Muhammad).

Pese a la importancia que vemos que tuvo la mujer en las guerras en los primeros tiempos del islam, no es frecuente encontrarlas actuando como terroristas en la actualidad. Por ello, no es de extrañar que la literatura jurídica musulmana clásica contenga muy poco material en relación con la cuestión de las mujeres que participan en la yihad bélica. Sin embargo, el cambio de actitudes de las mujeres en el mundo musulmán y el surgimiento de un feminismo islámico ha convertido la cuestión en algo mucho más actual.

3. El rol de la mujer en los grupos terroristas de etiología yihadista

En la actualidad, la radicalización violenta y los detenidos por delitos relacionados con el terrorismo de etiología yihadista han aumentado de manera exponencial. En Europa, sin ir más lejos, aumentaron de los 216 casos en 2013, a los 705 casos en el 2017 (Europol, 2018). En Occidente, el terrorismo de etiología yihadista mantiene la labor de captación y reclutamiento de nuevos miembros de manera continuada, desde su aparición hasta nuestros días. A diferencia de Al Qaeda, el ISIS ha sabido adaptarse a la sociedad actual y ajustar los métodos de captación occidentales. Las redes sociales son el espacio utilizado por los reclutadores para localizar a nuevos adeptos y convencerles de formar parte del nuevo “Estado” (Garriga, 2015).

Después de examinar las fuentes clásicas, el Dr. Muhammad Khayr Haykal (autor de Luchando para establecer el Estado Islámico) llega a las siguientes conclusiones en cuanto a la participación o no de las mujeres en el yihad (2013):

El número de mujeres que se unieron a los combatientes masculinos era pequeño, su propósito no era cumplir toda obligación del yihad por parte de ellos, realizando una función auxiliar. El número de veces que las mujeres en realidad llevaban armas y lucharon junto a los hombres era muy limitado. Según las fuentes jurídicas, si la necesidad del yihad incumbe a toda la comunidad musulmana, las mujeres tienen la opción de lucha. Pero más aún dicen que incluso en circunstancias extremas las mujeres que luchan sigue siendo para ellas una opción, no una obligación.

Según los estudios realizados sobre el género del terrorista antes de la aparición de ISIS[7], la mujer aparece en un porcentaje mucho más bajo que el hombre. En España, por ejemplo, en las actividades relacionadas con el terrorismo yihadista, eran en su totalidad los hombres los que llevaban a cabo los ataques. Si lo ampliamos a Europa, el porcentaje aumentaba a un 4 % de presencia femenina en los atentados, y solo aplicaba para el Reino Unido.

Tabla 1. Condenados por actividades relacionadas con el terrorismo yihadista o muertos en acto de terrorismo suicida en España entre 1996-2012 y en el Reino Unido entre 1999-2009 según su sexo (en %)

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Desde su aparición, Al Qaeda ha mantenido el papel de la mujer en la yihad de una manera más o menos estable, ajustándose a los textos sagrados. Para el grupo terrorista, el papel de la mujer yihadista es la de acompañar a los hombres en el camino del yihad ofensivo, con todos los sacrificios que esto ocasiona, como el abandono del país natal, amigos, familia, etc., y centrarse en mantener unida y cohesionada la umma[8] (Garriga, 2015).

Se anima a las mujeres a adoptar una posición activa en la lucha, pero focalizándola hacia labores de apoyo más que de lucha activa. Esto implica dedicarse a la educación de sus niños, orientándola a seguir la senda de Dios y el amor por la yihad, ayudar a las familias de los combatientes en la guerra que se encuentren desplazadas en su zona y ayudar económicamente a los muyahidines[9] que acaben presos (Garriga, 2015). Estas actividades de la mujer quedaban reflejadas en una carta escrita por Umayma al-Zawahiri (esposa de Ayman al-Zawahiri, líder de Al Qaeda) descrita por García-Calvo (2015): “La mujer se debe a la protección del muyahidín, su hogar y sus secretos, contribuyendo a la buena educación de los hijos.”

Por otro lado, Al-Takruri (Cook, 2005) cita seis fatwas[10] que permiten a las mujeres participar en las operaciones de martirio: una de Yusuf al-Qaradawi (la famosa personalidad de la radio y televisión), tres de profesores de la Universidad de al-Azhar en Egipto, otra de Faysal al-Mawlawi del Consejo Europeo para la Investigación y la opinión legal (con sede en Dublín) y finalmente una de Nizar ‘Abd al-Qadir Riyyan, de la Universidad Islámica de Gaza (Palestina).

El grupo terrorista ISIS, por el contrario, admite mujeres en su organización. El porcentaje de mujeres occidentales que han viajado a Siria e Iraq para alistarse a sus filas es mucho más alto que el de las que movilizaba Al Qaeda en sus primeros tiempos y, pese a la importancia de la mujer en los grupos terroristas de corte yihadista en funciones de reclutamiento, al cuidado del muyahidín, brigadas de control del cumplimiento de las normas (Al Khansaa y Um ar Rayyan[11]), procreación, entre otras, no era muy frecuente encontrarlas actuando directamente en células terroristas o como terroristas individuales. En este aspecto, y debido a que la radicalización violenta, según Pearson y Winterbotham (2017), difiere entre mujeres y hombres, el Center for the Prevention of Radicalization Leading to Violence (2016) advirtió de la necesidad de conocer todas las formas de radicalización femenina, las funciones y posiciones que ocupan dentro de la organización terrorista. Todo ello desde una perspectiva de género, para así poder prevenir y combatir más adecuadamente cada una de sus formas, ya sea en infantes, hombres o mujeres.

En la actualidad, se inicia un cambio de tendencia y el rol femenino empieza a potencializarse (Osborne, 2017). Es posible que en futuros escenarios terroristas la mujer constituya una parte activa de una célula. Por ello, no es de extrañar que la literatura jurídica islámica clásica y las fuentes bibliográficas en general contengan muy poco material relacionado con la cuestión de las mujeres que participan en la yihad. Sin embargo, el cambio de actitudes de las mujeres en el mundo islámico y el surgimiento de un feminismo islámico ha convertido la cuestión en algo mucho más actual.

4. Radicalización y motivos de captación

Los atentados ocurridos en el sureste de Londres de un militar, el de La Défense en París e, incluso, el de los atentados en las mezquitas de Nueva Zelanda durante un viernes en la hora del rezo, día sagrado de los musulmanes, han hecho frecuentes las expresiones lobo solitario y terrorista individual en los medios de comunicación. A todos nos deja estupefactos el hecho de que un solo individuo sea capaz de poner en alerta a los cuerpos de seguridad de un país y consiga, en ocasiones, sembrar el terror en toda una sociedad.

Ese miedo a lo desconocido, esa paranoia hacia un peligro inminente hace que se generen fácilmente diferentes teorías por parte de la ciudadanía, muchas veces muy lejos de la realidad. Pero cierto es que la integración del terrorista individual a la sociedad en la que reside, su estilo de vida, sus amigos, su trabajo de lo más normalizado, etc. hacen que su detección no sea tarea fácil. Sin duda, hoy uno de los métodos más efectivos que tenemos para descubrir a un terrorista individual y poder prevenir su acción es conocer su perfil criminológico.

Me parece pertinente aclarar el concepto de “terrorista individual”, ya que, a veces, influenciados por los medios de comunicación masiva, nos lleva a confusión: no todo asesino individual es un lobo solitario. Es importante hablar con precisión y realizar una correcta clasificación. Por ello, me gustaría, antes de continuar con el perfil criminológico del terrorista individual, describir las diferencias de este con las del lobo solitario.

Tabla 2. Diferencias entre lobo solitario y terrorista individual (Garriga, 2015)

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Otros autores diferencian tres tipos:

  • Dirigidos: forman parte de las células terroristas complejas, suelen estar integradas en su mayoría por retornados y se apoyan en radicales asentados en el propio país.
  • Incitados: mantienen comunicación con los miembros de la organización, pero nunca se han desplazado a ningún territorio en conflicto.
  • Inspirados: consumen propaganda terrorista y, aunque no reciben ninguna instrucción ni financiación para atentar, pueden hacerlo en cualquier momento.

Otra de las clasificaciones entre estos terroristas es la que realiza Boumnina (2019):

  • Radicales sensacionalistas: se identifican con el salafismo[12] como interpretación de lo correcto, consumen vídeos y audios salafistas, suelen emplear un discurso victimista y de conspiración de Occidente sobre el islam, son agresivos verbalmente y realizan actos y decisiones imprudentes y, por último, es habitual que su conocimiento sobre esta religión no sea muy bueno.
  • Radicales fundamentalistas: tienen un buen conocimiento del islam, consumen libros doctrinales que explican conceptos salafistas, son más tranquilos y prudentes, razonables y coherentes, carismáticos y con una sólida autoestima.

Hoy en día, es muy difícil poder realizar un perfil exacto del terrorista yihadista debido a que han sufrido una evolución continua. Ya no solo en cuanto al perfil vulnerable a ser radicalizado, sino también por los medios de captación y la manera de atentar.

Por otro lado, cada lugar tiene sus características en cuanto a los perfiles buscados por los reclutadores. No tendremos un mismo perfil en España que en un país árabe, incluso pueden aparecer diferencias entre países europeos. Sin embargo, es posible hablar de indicadores de vulnerabilidad que en la actualidad son buscados por los reclutadores para escoger a la víctima de radicalización.

Si nos referimos a los motivos que pueden llevar a una mujer a acercarse al discurso radical de etiología yihadista, podemos encontramos una variedad de ellos, muchos de los cuales son provocados por la dificultad de estas mujeres de convivir en Occidente.

Por un lado, encontramos la rabia que sienten muchas de ellas, musulmanas de primera y segunda generación, frente a los ataques (o el silencio frente a estos) de los países occidentales, ya sea de manera militar, cultural o social, contra la comunidad de creyentes del islam. Su sentimiento de discriminación en Occidente por ser musulmana, los prejuicios sobre su religión, su manera de pensar, actuar, vestir, etc. las lleva a deducir que la sociedad occidental donde viven no las entiende, las excluye y las segrega por sus creencias, lo que finalmente las reafirma en ellas (Garriga, 2015).

Otro factor es el enamoramiento virtual. Muchas de ellas, sobre todo las chicas más jóvenes, son captadas a través de reclutadores, especializados en vender sus propuestas a través de las redes sociales, que les dan motivos para confiar en ellos ciegamente y dejarlo todo para ir a su lado. Entre estas proposiciones, está la de un marido, una casa y una retribución económica mensual (Garriga, 2015). Un factor relacionado sería el caso de que su marido o pareja ya forme parte del grupo terrorista y la reclame desde allí.

Varios analistas van más allá en busca de otras motivaciones capaces de movilizar a una chica para semejante viaje. Un primer motivo que proponen es que las jóvenes quieren emprender la misma senda que aquellas mujeres que siguieron en la hégira al profeta Muhammad cuando abandonó La Meca[13], ciudad de apóstatas, para marchar a la ciudad de los creyentes, la actual Medina[14]. Aspiran a producir la misma fascinación casi sagrada que adquirieron las mujeres que siguieron desde el principio al Profeta en esta migración, como su esposa Jadiya, quieren llegar a ser admiradas por sus actos dentro del islam (Salazar, 2016).

Otro de los motivos que se analizan, y que es uno de los más torticeros que utiliza ISIS para convencer a las jóvenes, es el de la libertad de elección por parte de la mujer para decidir por ella misma realizar este viaje, desafiando y rompiendo las relaciones de parentesco que tiene en Occidente, relaciones de protección con padres y hermanos y de seguridad con otros familiares y amigos. Un acto de asunción de responsabilidades de manera autónoma.

Ninguna de estas promesas es nueva, grupos como Al Qaeda llevan mucho tiempo prometiendo esa redención y liberación de sus nuevos afines, pero ISIS ha añadido un elemento nuevo, son las mismas mujeres las que promueven y fomentan entre las otras mujeres estas ideas de redención y liberación (Salazar, 2016).

Para Rafiq y Malik (2015), los motivos de la radicalización en la mujer se acotan a cuatro posibles causas:

  • Emancipación: una de las características de los mensajes dirigidos por ISIS a las mujeres es la promesa constante de emancipación, incluso se encuentra presente en mensajes oficiales de la organización terrorista. Al fin y al cabo, ISIS no es tanto una organización militar, sino que más bien se presenta como un movimiento insurgente motivado por la idea de construir una utopía. Las muharijat[15] de estos grupos terroristas se sienten emancipadas si se comprometen con la ideología creyendo poder vivir en libertad y sin opresión (Shams, 2015). Desde este punto de vista, la migración de una mujer al califato es la expresión de demostrar que ellas son iguales a los hombres.
  • Liberación: aparece también en la propaganda que ISIS dirige a las mujeres, en la que se promete que al unirse a la organización podrán poner fin a todas las injusticias. Recordemos que una de las narrativas más usadas por ISIS es la de que las mujeres se sienten oprimidas en Occidente.
  • Participación: las mujeres que acceden a formar parte de ISIS creen que al emprender el viaje no entrarán en una vida de pasividad, de ahí la llamada de algunos líderes como Abu Bakr al-Baghdadi en medios públicos como Al-Hayat, pidiendo públicamente que se unan reclutas no militarizados a sus filas (Abu Bakr al-Baghdadi, 2014).

Devoción: quizá uno de los más importantes motivos, el mandato divino. Las muharijat creen que serán recompensadas, lo cual es fundamental para aliviar el sufrimiento y soportar los sacrificios por los que tendrán que pasar en el califato.

5. Radicalización de la mujer en España

Respecto a los perfiles de mujeres en España, según García-Calvo (2017), durante las detenciones entre los años 2013 y 2016 relacionadas con el terrorismo de etiología yihadista, un 16,9 % fueron mujeres con una media de edad de 24 años. El 73,3 % de ellas comprendían la edad de 19 a 28 años, siendo este el rango de edad más destacado. De un modo más desglosado, el 47,9 % de las mujeres tenían de 19 a 23 años y un 26,2 %, entre 24 y 28 años. Otros datos de interés es que entre los 14 a 18 años hay un 13 % de mujeres que fueron detenidas y entre ellas había una menor de 14 años. También constan detenciones a mujeres que superan los 44 años (8,6 %), la más adulta de 52 años. Solamente un 4,3 % tenían entre 29 y 33 años.

Las nacionalidades más destacadas entre ellas son la española y la marroquí. Un dato destacado es el estado civil, ya que el 45 % de estas mujeres estaban solteras, un 25 % casadas, un 10 % separadas o en unión de hecho, y otro 10 % viudas.

La misma autora señala que el 65,2 % de ellas eran residentes del territorio nacional y de segundas generaciones de Melilla y Ceuta. Otro 34,8 % son de nacionalidad marroquí, y el 39,1 %, nacidas en Marruecos. Por otro lado, el 13 % eran mujeres conversas, sin ascendencia familiar, cultural o religiosa de esa naturaleza. Además, el 87,5 % de las mujeres poseían estudios secundarios y un 6,3 %, de estudios superiores. En el momento de su detención, el 26,5 % de las mujeres estaban cursando estudios. El 33,3 % estaban en paro, y las que trabajaban estaban generalmente en el sector de servicios. A diferencia de los hombres, ninguna de estas mujeres tenía antecedentes penales. Las detenciones e investigaciones de estas mujeres se ubican en Cataluña, Valencia y Andalucía, siendo estos lugares focos de interés. Otros puntos geográficos que deben ser relevantes son Ceuta y Melilla.

Todo lo anterior guarda una relación directa con la estrategia de las organizaciones terroristas en captar y radicalizar a mujeres jóvenes de edades fértiles para que se establezcan en los territorios ocupados, contraigan matrimonio y construyan su familia allí. Además, responde a cuestiones de vulnerabilidad, ya que son mujeres en una etapa donde aún están gestando su identidad y se encuentran en un proceso de formación.

Según otros estudios realizados con mujeres detenidas relacionadas con terrorismo de corte yihadista en España (Trespaderne y Garriga, 2018b), la mayor parte de las mujeres radicalizadas se mantienen en el intervalo de edad de los 19 a 25 años, en su mayoría solteras y sin hijos, de segundas y terceras generaciones. Casi la mitad de las mujeres realizan funciones de reclutamiento y la otra mitad mostraban una participación activa en la organización terrorista o estaban siendo preparadas para un futuro desplazamiento a zonas de conflicto.

Analizando los resultados de este estudio, podemos confirmar la existencia de cambios en los rasgos físicos y conductuales de las mujeres investigadas en España por radicalización violenta de etiología yihadista durante su proceso de transformación en comparación a los indicadores obtenidos por Garriga (2015).

Tabla 3. Presencia de signos de radicalización en las mujeres investigadas por terrorismo de etiología yihadista en España

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Mediante las entrevistas a familiares y amigos directos de las investigadas, se hace evidente la presencia de tales cambios claramente visibles para la gente que tenían una relación habitual con ellas o las conocía con anterioridad.

En cuanto a los cambios obtenidos en el estudio, en su mayoría empleaban niqabs[16], lo que demuestra una evolución en el uso del velo según su nivel de radicalización: de hiyab[17] a niqab y, posteriormente, de niqab a burka[18].

Además, se podían observar otros cambios de apariencia física, como la falta de uso de adornos, joyas y accesorios femeninos, ausencia de tatuajes visibles, retirada del uso de colonias con alcohol y eliminación de cualquier símbolo cristiano. De igual modo, pueden apreciarse otras alteraciones en el comportamiento individual como la intensificación de la práctica religiosa, el estricto horario de rezo, el uso acrecentado de retórica religiosa y política, cambios de trabajo, alteraciones en sus relaciones familiares, retraimiento y polarización social, exposición selectiva a medios de comunicación, entre otros. Se añaden también otros comportamientos colectivos como el intercambio o consumo de propaganda, nuevas interacciones con grupos cerrados online y de mensajería instantánea, entre otros.

Cabe destacar que la mayor parte de mujeres reclutadoras no poseían signos de radicalización externa, pero sí son apreciables en las mujeres vinculadas a un proceso de radicalización para unirse activamente a la organización terrorista.

También es importante valorar que casi la totalidad de las mujeres, sobre todo las de incorporación a la organización terrorista, presentaban estos cambios físicos y de comportamiento, apoyando la necesidad, cada vez más evidente, de formación social.

De igual modo, se confirma que existen diferencias entre los rasgos biopsicosociales de las mujeres investigadas en España que ejercían como reclutadoras o eran miembros activos en la organización terrorista. Esto nos aporta una herramienta fundamental en el seguimiento y control desde Occidente en las mujeres radicalizadas, ya tengan funciones de incorporación activa o de reclutamiento. Primero, el tipo de contranarrativa[19] o narrativas alternativas para que no se unan a estas estructuras criminales, supuestamente idílicas, mediante la erosión, deslegitimación y desmitificación del discurso terrorista. Y segundo, cómo presentan características distintas, el modo de detección y seguimiento variará según sean reclutadoras o solo estén siendo reclutadas para la causa terrorista.

6. Conclusiones

El crecimiento de mujeres dentro de organizaciones terroristas supone una amenaza potencial al incorporarlas en la lucha activa, tanto las mujeres radicalizadas que regresan a países occidentales y las retornadas, como las mujeres desplazadas a otras zonas que luchan por la causa (Loken y Zelenz, 2018). Esto aumenta la probabilidad de tomar iniciativas propias y realizar ataques individuales o grupales en sociedades europeas, ya sean estos realizados por miembros de la organización terrorista o bien lobos solitarios.

Combatir esta problemática es responsabilidad de múltiples actores gubernamentales, institucionales y de la propia sociedad civil. Se requiere de un enfoque integral con medidas no solo militares, policiales y judiciales, sino también programas que aborden factores de riesgo personales, sociales y culturales (Peresin y Cervone, 2015).

Es importante seguir investigando este fenómeno desde una perspectiva de género para estudiar la radicalización violenta femenina. Para contrarrestar las narrativas terroristas, debe comprenderse antes los motivos de la radicalización violenta tanto en hombres como en mujeres. La educación y las narrativas alternativas deben ser dos enfoques fundamentales para combatirlo, ya que existe el uso de una propaganda y promesas explícitas hacia estas para radicalizarlas.

Bibliografía

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  1. Licenciado en Criminología en la Universidad de Barcelona (UB). Bachelor of Science in Nursing en la European University. Doctorando en la Universidad de Barcelona (UB). Máster Mundo Árabe e Islámico en la Universidad de Barcelona (UB), máster en Análisis y Prevención del Crimen en la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), máster en Dirección de Recursos Humanos en la Universidad Oberta de Cataluña (UOC), especialista universitario en Terrorismo Yihadista: análisis, instrumentos y movimientos radicales en la Universidade Pablo Olavide de Sevilla (UPO). Proyecto Europeo Investigación “Risk Track”. Factores de riesgo de radicalización yihadista online. Comisión Europea (2016-2018). Proyecto Europeo Erasmus Prevención Radicalismo. Jóvenes para la convivencia y la no radicalización. Erasmus (2018). Autor de los libros: Del Bimaristán al Hospital psiquiátrico: Historia de la enfermería y la salud mental en el islam, ANESM, 2010; Las legiones de Satán: asesinos en serie en tierras del islam, Tyrannosaurus Books, 2014; Humillación y agonía: análisis conductual de las decapitaciones de Estado Islámico, Fundación Behavior&Law, 2015; Yihad. ¿Qué es?, Comanegra (2015). Correo electrónico: dgg030@gmail.com.
  2. Entendemos por yihadismo a la corriente islamista que sostiene que la yihad bélica es un pilar del islam y el método de liberación de la umma. El yihadismo parte, en sus distintas formas, de una justificación doctrinal de la yihad y de una visión estratégica de su aplicación. Por ello, se pueden distinguir tres tipos y tiempos del yihadismo: el yihadismo revolucionario de la década de 1970, el yihadismo internacionalista, que despuntó hacia 1985, y el yihadismo global, que fraguó en 2001.
  3. Jadiya bint Juwáylid (555-619) fue la primera esposa del profeta Muhammad. Era hija de Juwaylid ibn Asad y de Fátima bint Zaida, perteneciente al clan de los Banu Quraysh. Su importancia en el islam radica en su calidad de primera esposa del Profeta, y es considerada como la “madre del islam”. Se dedicaba al comercio y a los negocios. Muhammad entró a su servicio y viajó con sus caravanas antes de llegar a ser su marido. Fue la primera mujer que se convirtió al islam.
  4. Aisha bint Abi Bakr (613-678) fue una de las esposas de Muhammad. Según los sunitas, Aisha tuvo un papel muy importante en la historia del islam, tanto durante la vida de Muhammad como después. Contribuyó en el crecimiento, desarrollo y descripción del islam involucrándose después de la muerte del Profeta en la propagación de su mensaje.
  5. La batalla del Camello fue un combate librado el 4 de diciembre de 656 cerca de Basora entre el califa Ali y la viuda de Muhammad, Aisha, junto con los compañeros del Profeta.
  6. Ali Ibn Abi Tálib (ca. 600-661), primo de Muhammad y después yerno suyo por su matrimonio con Fátima. Según la tradición, fue el primer varón que pronunció la profesión de fe o “shahada” y uno de los principales compañeros del Profeta. Es el cuarto califa ortodoxo (656-661) y el primer imam chií.
  7. El grupo recibe diferentes denominaciones, pero todas estas siglas son sinónimos, ya sea por ser las siglas en inglés, español o árabe. ISIS: Islamic State of Irak and Shams/EIIL: Estado Islámico de Iraq y Levante/ ISIL: Islamic State of Irak and Levant/ DAESH: Dawla al-Islamiya fi al-‘Iraq wa al-Shams).
  8. Umma o comunidad, y por antonomasia, la comunidad musulmana. Es un ideal que nutre la identidad comunitaria del grueso de los musulmanes, por encima de su diversidad social o cultural. Se trata de un concepto de matices múltiples, que a lo largo de la historia ha servido para referirse a distintas realidades y nociones de carácter comunitario.
    En origen, la umma era una realidad social, un conjunto de individuos unidos bien por lazos religiosos, bien por lazos políticos. En el Corán ambos significados se superponen e intercambian: es umma el pueblo al que Dios le asigna un enviado (rasul) en un tiempo histórico concreto (C2:128, 3:104, 10:47, 16:36); la variedad de ummas es voluntad divina (C 10:19, 2:213, 5:48, 11:118, 16:93, 42:8); y los musulmanes constituyen una “intercomunidad” (umma wasat C 2:143), una umma mediadora, a la que se le ha restituido el mensaje monoteísta primigenio, del que han de dar fe tanto ante Dios como ante sus semejantes (tauhid). Pero también la umma fue desde muy temprano una realidad jurídica (baia).
  9. Muyahidines, plural de muyahidín. Se dice de la persona que hace yihad. Calificativo honorífico a personajes de muy distinta laya en la historia islámica, pero que han tenido su celo común en la defensa del islam. En el siglo XX, varios movimientos nacionalistas y organizaciones islamistas han utilizado este término para legitimar islámicamente a sus militantes.
  10. Fatwa o fetua es la directriz emitida por un jurisconsulto o muftí (el que emite fetuas) a requerimiento de un segundo (llamado mustaftí) sobre un asunto concreto; no tiene carácter vinculante. La fetua explica y aplica en un caso particular la doctrina genérica de la escuela jurídico-doctrinal (mádhab) a la que pertenece el muftí, pero no se basa en la interpretación libre (ichtihad) de este, sino que su parecer se apoya y halla justificación en la literatura de las autoridades. Las fetuas abarcan un espectro tan amplio como la propia sharía: afectan al orden social, religioso, moral y político, y es grande su importancia a la hora de introducir y autorizar las prácticas nuevas que se le van presentando a las sociedades islámicas. Se pueden distinguir tres tipos de fetuas: de carácter cotidiano (fruto de la consulta de un creyente a un muftí sobre cualquier cosa que le atañe personalmente), de carácter general (promulgadas por una autoridad religiosa de ámbito estatal para organizar algún aspecto de la vida social, política o económica) y, por último, de legitimación partidista (que respalda determinadas posiciones político-ideológicas en respuesta a una demanda sobre un caso concreto).
  11. Brigada femenina creada el 2 de febrero de 2014 con el propósito de salvaguardar el orden según la jurisprudencia islámica.
  12. El salafismo es una ideología internacionalista que propugna la instauración de un orden islámico universal que recupere las esencias del islam, hoy en día corrompidas. Es una depuración del ideario purista de la salafiya, sobre todo al socaire de doctrinas del wahabismo y de la situación política internacional a finales de la década de 1970. El salafismo actualiza la beligerancia de los primeros tiempos del islam por encima de consideraciones históricas o sociales.
  13. Meca es la ciudad natal del Profeta Muhammad y lugar en el que se ubica la Caaba y su templo, llamado desde la época preislámica al-Háram (el santuario) y designado por el Profeta como la Casa de Dios (Bait Allah). La Meca es la ciudad sacra por excelencia, y al pronunciar su nombre el musulmán piadoso añade el epíteto “al-Mukarrama” (la Venerable); también se la conoce por su nombre coránico (C 6:92, 42:7), “Um’ al-Qura” (la Madre de las Poblaciones). Junto con la ciudad de Medina, constituye lo que los musulmanes llaman “al-Haramáin” (los dos Lugares Santos). Acceder a ella está prohibido a los no musulmanes.
  14. Medina es la ciudad en la que se refugió el profeta Muhammad en 622 (Hégira). El lugar donde se encuentra era conocido en la época preislámica como Yazrib. Estaba poblada por judíos y por politeístas árabes enfrentados entre sí, y con ellos pactó Muhammad un acuerdo de acogida (baia) para la joven comunidad musulmana. Desde ese momento (año 622), Medina se convirtió en la capital política de la umma hasta que en el año 661 los omeyas trasladaron tal capitalidad a Damasco.
  15. Muharijat hace referencia al plural de muhajira, mujer migrante.
  16. Niqab es el velo que cubre el rostro de la mujer y que suele dejar al descubierto solo los ojos. Es un término árabe que también se usa en Irán, pero no en otras regiones. Según los lugares, sufre variaciones. En Argelia, es un triangulo de tejido, a menudo bordado, que cubre la nariz y la boca y se anuda a la nuca. En la península arábiga, se denomina “niqab” a un manto negro que cubre todo el cuerpo de la mujer y tiene un orificio a la altura de los ojos. Aunque el uso del niqab se hallaba en retroceso a mediados del siglo XX, desde los años ochenta comenzó a popularizarse entre jóvenes universitarias de clase media y baja de la mano del proselitismo de grupos islamistas neowahabíes.
  17. Hiyab se refiere tanto a la prenda en sí misma, una toca propia de las mujeres musulmanas, como a la costumbre de usarla. Es un vocablo genérico, pues el tamaño, color y colocación del hiyab o las condiciones en que se usa dependen tanto de costumbres locales como de la intención de quien lo lleva.
  18. Burka es el atavio tradicional que según las épocas y lugares designa distintas realidades materiales, con el común denominador de encubrir la identidad. En las repúblicas centroasiáticas y caucásicas, es una prenda a modo de capa utilizada sobre todo por los varones. Entre las tribus afganas, es una túnica que cubre el cuerpo de la mujer, incluido el rostro, y dispone de una rejilla a la altura de los ojos. En los estados del golfo Pérsico, es una especie de máscara que complementa a la abaya de las mujeres. El término presenta oscilaciones de género en su uso en español. A pesar de que en persa y en árabe es masculino, parece recomendable su regularización en femenino.
  19. Las contranarrativas son relatos que pretenden erosionar la legitimidad de narrativas extremistas de carácter violento trasladando el conflicto al terreno de las ideas. La contranarrativa exige que previamente exista una narrativa violenta que propugne la consecución de un objetivo mediante el uso de la violencia.


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