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Diplomacia argentina, mujeres y liderazgo

Mariana Colotta[1]

Palabras claves: diplomacia feminista, ISEN, liderazgo femenino, equidad de género.

1. Introducción

A nivel mundial, la presencia de las mujeres en puestos de liderazgo sigue mostrando una brecha respecto de los varones, y el ámbito de la diplomacia no constituye una excepción. Pese a que en los servicios diplomáticos la presencia de mujeres con rango de embajadoras ha crecido en los últimos años, solo en 9[2] países ellas ocupan más del 20 % de los cargos de embajador, entre los que no se encuentra Argentina[3].

Tal como sostiene el internacionalista Tokatlian (2019), tanto el campo militar, el religioso y el diplomático son ámbitos en los que el lugar de la mujer ha estado impedido, limitado o postergado. Se trata de instituciones caracterizadas durante siglos por el peso de la jerarquía, los valores patriarcales, la discriminación y los obstáculos administrativos. Es relativamente reciente el acceso de las mujeres a la diplomacia; incluso hasta los años setenta la mayoría de los servicios exteriores del mundo limitaban el acceso de mujeres. Se les exigía, por ejemplo, renunciar a la carrera para contraer matrimonio, o se establecían trabas para su ascenso. 

A partir de artículos como este, desde la academia, ámbito con su propia sinergia de inequidad de género, tratamos de visibilizar el papel de las mujeres en puestos de liderazgo en el ámbito de la alta diplomacia, profundizando en la situación, problemáticas y desafíos para las mujeres diplomáticas en diferentes partes del mundo y particularmente para las argentinas.

Un punto de análisis es la incorporación de mujeres que se presentan al ISEN[4] y su evolución cuantitativa atravesada por decisiones políticas, marcos jurídicos y contextos internacionales.

2. Diplomacia… cosa de hombres. Dígalo con números

Históricamente, el lugar de la autoridad ha sido un legítimo espacio ocupado por varones. Este proceso de naturalización, que desplazó a la mujer del mundo público, se remonta al mundo griego y sus pensadores. Aristóteles, por ejemplo, señalaba que había una dicotomía en el alma, dada por su doble aspecto, racional y emocional, y que era el aspecto racional el que debía gobernar sobre el segundo. Esto, según el pensador, no les sucedía a las mujeres, que, a costa de su excesiva emocionalidad, no podían razonar ni, por lo tanto, asumir funciones de responsabilidad. Platón también hacía referencia al alma concupiscible de las mujeres que, debido a su útero, se convertían en seres imprevisibles e inestables para la vida cívica[5].

Incluso, desde el Antiguo Testamento la mujer fue considerada como tentación y pecado: es la metáfora general de aquello que debe controlarse, reglamentarse, ordenarse. A ello se han dedicado los más sofisticados mecanismos sociales, políticos y culturales (Giunta, 2008, p. 14).

La autora más representativa de las posturas de “punto de vista feminista” en relaciones internacionales es Jo Ann Tickner (1988), quien rebatió los seis puntos fundamentales de la obra de Hans Morgenthau (1948). J. Tickner plantea el hecho de que existen espacios o dominios históricos tradicional y exclusivamente masculinos, como la diplomacia, el servicio militar y la ciencia política internacional[6].

De entre las pocas mujeres presentes en el ámbito de las relaciones internacionales, se encuentran escasas especialistas en seguridad internacional, lo más frecuente es que las mujeres escojan áreas o temas como economía política internacional, relaciones Norte-Sur o relacionadas con justicia distributiva (Tickner, 1988, p. 429).

Según las teorías feministas, el concepto de realismo político dominante después de la Segunda Guerra Mundial percibió de manera incompleta la política internacional, frente a una realidad que es múltiple, y que plantea términos, como “poder”, “guerra”, “disuasión”, “amenaza”, que son tradicionalmente masculinos, cuando en la visión de la política internacional deben considerarse igualmente otros conceptos, como “cooperación” y “conflicto”, “moralidad” y “realismo político”, y los esfuerzos por justicia y orden, lo que incorporaría al pensamiento la multidimensionalidad.

Los primeros ingresos de mujeres a las cancillerías se asociaron a las funciones propiamente administrativas dentro del cuerpo diplomático. Estas funciones se vinculaban a tareas como secretarias o archivistas. Recién a partir de los años 70, con la irrupción de la segunda ola feminista, comenzaría a develarse la presencia de las mujeres en la historia, y en la diplomacia en particular (Gil Lozano, 2007, pp. 171-174). Esta vez el feminismo ya no se limitaba al sufragismo, que había sido alcanzado en varios países, sino que ahora se situaba en los terrenos social y político.

Argentina no es ajena a esta asignatura pendiente de que más mujeres estén a cargo de puestos claves en el mundo diplomático. A lo largo de la historia argentina, solo dos mujeres –ambas radicales– lograron ocupar el máximo cargo en la Cancillería Argentina[7]. Susana Ruiz Cerutti, nombrada por Raúl Alfonsín entre el 26 de mayo y el 8 de julio de 1989, y Susana Malcorra[8] (2015-2017), designada por Macri[9] [10], constituyen la excepción.

Si nos detenemos en los cargos de cancillería distribuidos en los distintos escalafones jerárquicos[11], el panorama tampoco es alentador. Con datos del 2019, a partir de fuentes oficiales del área, se contabilizan 73 funcionarios con rango de embajador, 17 de los cuales son mujeres (23 %) y 56 son varones (77 %).

Sin embargo, solo once embajadoras argentinas efectivamente ocupaban (2019) el cargo en el exterior, sobre un total de 85: apenas el 13 %. Las embajadoras argentinas están en Costa Rica, Cuba, Guatemala, Irlanda, Marruecos, Noruega, Polonia, República Dominicana, Suecia, Tailandia, y Trinidad y Tobago. Mayor peso estratégico en cuanto a los destinos parecen tener sus pares de igual número (11), que están a cargo de consulados en Roma, Bonn, Frankfurt, Montreal, Toronto, Madrid y Vigo, entre otros lugares. Aunque cuantitativamente los datos son desalentadores en cuanto a la presencia femenina. Sumando los consulados, consulados generales y centros de promoción comercial, solo 12 –de un total de 63– están a cargo de funcionarias diplomáticas. Únicamente se llega a un tercio de la representatividad femenina si se suman embajadores, ministros (de 1.º y 2.º categoría), consejeros y secretarios, que logran un porcentaje de mujeres más alto: del total de 1 030, se reparten entre 671 hombres y 359 mujeres (34 %).

La escasa representación femenina de la diplomacia argentina en la región latinoamericana también es notoria. En Brasil, ni la Embajada ni los 10 consulados argentinos están ocupados por una mujer. En Chile acompañaban al embajador argentino José Octavio Bordón seis cónsules: solo Puerto Montt tiene asignada a una mujer, la cónsul Anahí Moracho. En Uruguay, en ese mismo contexto había una mujer en Fray Bentos, y en Bolivia hay dos: en Cochabamba y en La Paz[12].

Tampoco la región se caracteriza por una alta representación femenina en sus cuerpos diplomáticos[13]. Las naciones de Sudamérica designan un 18 % de mujeres; la única que sobresale es Colombia, con el 28 %, a pesar de que no todas sean funcionarias de carrera diplomática (Towns y Niklasson, 2018).

Fue a partir de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en México en 1975 a partir de lo cual se empieza a notar el impacto de la incorporación de la mujer a la política y a la diplomacia en el marco de los organismos internacionales que promovían la igualdad de género. En lo que se refiere a los casos particulares de los países de América Latina, México constituye un caso especial pues, en sus normas legales en el siglo XIX e inicios del siglo XX, existían limitantes legales para la incorporación de la mujer al Servicio Exterior Mexicano; “La Ley del Servicio Consular Mexicano de 1923 señalaba que las mujeres solo podrían prestar sus servicios como ‘empleadas’, es decir, como escribientes, intérpretes y traductoras” (Ramírez, 2006, p. 771).

Sin embargo, posterior a la Conferencia Internacional de la Mujer de las Naciones Unidas, México constituye uno de los países que más ha impulsado la agenda de género internacional y ha jugado un rol muy activo como parte de la Agenda de la Organización de las Naciones Unidas “Mujer, Paz y Seguridad” (Magaña, 2016). México ha tenido tres cancilleres mujeres al mando de la Secretaría de Relaciones Exteriores, aunque a pesar de ello el 75 % de los embajadores son hombres. Existe la determinación de que un futuro no muy lejano se llegue a la paridad laboral con un 50 % de mujeres en el Servicio Exterior Mexicano.

En cuanto a Chile, señala Parker (2013), las mujeres chilenas comenzaron a integrar el servicio exterior chileno incluso antes de la creación de la Academia Diplomática, en la década del 20. Entre 1927 y 1930, Olga de la Barra sirvió como vicecónsul de Chile en Glasgow e Inés Ortúzar ocupó el puesto de cónsul chilena en Hull entre 1928 y 1930. Ambas fueron más tarde redestinadas a otros consulados y siguieron sirviendo a Chile en el exterior. Debe destacarse igualmente la presencia de Gabriela Mistral, poetisa chilena y premio nóbel de literatura, quien en 1932 fue nombrada cónsul particular de libre elección, y en 1935 su cargo consular fue definido como vitalicio. A partir de entonces, la incorporación de las mujeres al servicio exterior chileno ha sido más bien un proceso lento e intermitente, y desligado de políticas públicas deliberadas y explícitas de carácter nacional. Para el año 2013, 42 del total de 574 funcionarios que integran la planta del servicio exterior chileno, que comprende los grados de embajador, ministro consejero, consejero, primer secretario, segundo secretario, tercer secretario y tercer secretario de segunda clase, solo 69 son mujeres, lo que representa un magro 12 % del total de diplomáticos en la Cancillería chilena (Parker y Muñoz, 2013).

Los países que ocupan las primeras posiciones de liderazgo femenino en política exterior son Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, como así también los países nórdicos son los que nombran más mujeres: el 35 %.

Según datos del Departamento de Estado actualizados a enero de 2019, Estados Unidos tiene 114 diplomáticos destinados en distintos países, de los cuales 76 son hombres y 38 mujeres, una proporción de dos a uno: 33 % en la actualidad son mujeres.

Por otro lado, constata el informe elaborado por el Lowy Institute for International Policy de Australia (2019) que el Reino Unido se encuentra en el séptimo lugar en número de representaciones. Del total de 152 jefes residentes de misiones diplomáticas del Reino Unido, 46 son mujeres, es decir, el 29,5 %. Ocupan embajadas como Fiji, Ucrania, Taiwan, Angola, Armenia, Azerbaijan, también Bélgica, Grecia y Canadá.

El Estado israelí tiene 103 embajadas y consulados, 21 de los cuales están encabezados por mujeres. Cuatro mujeres ocupan puestos de segunda jefatura de embajadas grandes como Londres, ONU, Tokio y Roma, y seis mujeres son directoras generales adjuntas del Ministerio. Hasta la llegada de Ilán Sztulman, la sede en Buenos Aires estuvo a cargo de una mujer, Dorit Shavit.

3. El Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN) y la incorporación de las mujeres al servicio diplomático argentino. Su evolución histórica

El ISEN es el organismo único de selección e incorporación de profesionales argentinos al Servicio Exterior de la Nación. Fue fundado el 10 de abril de 1963 por iniciativa del canciller Carlos Muñiz durante la presidencia del Dr. José María Guido. Su proceso de selección de aspirantes se inicia con un Concurso Público Nacional de Ingreso que se realiza anualmente y sin interrupciones desde el año de su creación.

El ISEN desarrolla un plan de capacitación que incluye un programa de estudios para la formación profesional de los futuros diplomáticos argentinos. Este concentra las siguientes disciplinas: Historia, Derecho, Política y Economía Internacional, Negociaciones Internacionales, Promoción de Exportaciones, Normativa y Gestión Pública, Ceremonial de Estado, Protocolo y Practica Diplomática y Consular.

Los exámenes del Concurso Público de Ingreso consisten en un conjunto de pruebas que abarcan temáticas referidas a derecho internacional público, historia política y económica argentina, historia de las relaciones políticas y económicas internacionales, principios de economía y comercio internacional, teoría política, derecho constitucional, conocimientos de la realidad nacional e internacional. Los concursantes también deben superar una evaluación psicológica y un coloquio final de aptitud diplomática.

Durante el período de estudios, los becarios del ISEN cursan un intenso programa de perfeccionamiento de idiomas extranjeros, que además de abarcar los obligatorios inglés y portugués, incluye varios niveles de alemán, árabe, chino, francés, italiano, japonés y ruso.

Al finalizar el tercer semestre de formación académica, los becarios realizan prácticas profesionales en áreas de la Cancillería, con el objetivo de que al egresar estén familiarizados con la mayor parte de las tareas que desarrolla el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. 

En cuanto a la representación femenina de las egresadas del ISEN[14], a lo largo de los 55 años de existencia del organismo, las mujeres han permanecido subrepresentadas. En este sentido, durante el período analizado (55 años), tan solo 1 de cada 3 egresos ha correspondido a una mujer, lo que significa que, de 1361 diplomáticos formados, nada más que 448 han sido mujeres (Mourin, Fernando, becario ISEN).

Sin embargo, la evolución cuantitativa de las egresadas a lo largo del tiempo presenta fluctuaciones, que van más allá de la falta de políticas de equidad de género, sino que se ven impactadas por decisiones políticas y presupuestarias que han tenido mayor incidencia sobre la población más desfavorecida, en este caso las mujeres[15]. Por otro lado, si bien fundacionalmente el ISEN en su creación en 1961, al igual que los organismos e instituciones de su época de génesis, no tuvo como prioritario velar por la equidad de género, se vislumbran claroscuros que han dependido de la decisión política a lo largo de su evolución histórica. Un hito financiero que impacta directamente en el número de ingresantes al ISEN lo constituyó la decisión –del entonces ministro de Economía Domingo Cavallo– que terminó con la tradición de autonomía de la Cancillería argentina en materia presupuestaria, que pasó a depender, a partir de ese momento, del Tesoro Nacional, y que repercutió directamente en el número de ingresantes y vacantes[16].

Tanto durante los gobiernos menemista como durante el de Fernando de la Rúa no solo hubo pocas incorporaciones femeninas, sino que hubo amplios retrocesos en el número total de ingresantes al ISEN. Es a partir de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner cuando el número total ascendió a 50 (duplicando el número de gestiones anteriores) y cuando se garantizó una mayor representación de mujeres.

El grado de representación femenina ha mejorado a lo largo de todo el período histórico desde la creación del ISEN. De hecho, desde el año 2000, y aun con oscilaciones, tan solo 4 cohortes (2003, 2006, 2008 y 2016) han estado por debajo del promedio histórico de 33 %, y se destacan 3 hitos (2001, 2004, 2010) que han presentado una representación superior al 50 % (Mourin, Fernando, becario ISEN).

Durante el 2018, el número de egresados del ISEN bajó (solo 25 egresados) por cuestiones de organización y presupuestarias. No obstante, proporcionalmente se mantuvo el número de egresadas respecto al año anterior y descendió a la mitad el de varones (13 egresados y 12 egresadas). En 2019, ingresaron solo 5 mujeres y 17 varones.

En los últimos años de la gestión de Cristina Fernández de Kirchner como presidenta (2014), cerraron el ciclo de mayor número de egresadas; es decir, de 50 nuevos diplomáticos, 28 eran hombres y 22 eran mujeres. En el 2015, si bien hubo 53 graduados, solo 19 eran mujeres, y en el 2016 la presencia femenina fue superada por más del doble de la presencia masculina (36 egresados y 14 egresadas). En 2017 apenas bajó la proporción: de los 44 egresados, solo 15 fueron mujeres.

En cuanto a investigaciones académicas que den cuenta de la participación de las mujeres en el ISEN y su evolución cuantitativa y cambios cualitativos, se evidencia un nicho vacante. Tal como ha sido plasmado en la tesis doctoral de Dalbosco (2014), se define el perfil antropológico de los diplomáticos profesionales argentinos caracterizándolos por su pertenencia social y cultural en líneas generales a la clase media urbana de Buenos Aires, con acceso a la educación pública o de gestión privada de buena calidad, y en general definiéndolos como hijos de profesionales o de trabajadores calificados, con cierta inclinación hacia las disciplinas vinculadas a la gestión pública. En dicha tesis, no se hace alusión a las mujeres diplomáticas más que al destacar el clásico predominio de los varones que ha ido menguando en los últimos años (Dalbosco, 2014, p. 304).

4. Los derechos de los diplomáticos. La Asociación Profesional del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación (APSEN)

El 26 de marzo de 1985 es la fecha de fundación de la Asociación Profesional del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior de la Nación (APSEN), cuyo principal propósito fue el de defender la carrera diplomática y su mejor desarrollo desde las dimensiones colectiva e individual, considerando que esta constituye la única carrera profesional de la Administración Pública Nacional y que implica, además de exigencias de tipo académico y el conocimiento de idiomas, el acompañamiento del grupo familiar. No solo las familias de los diplomáticos atraviesan un futuro desarraigo, sino que también muchas parejas interrumpen sus carreras profesionales, al tiempo que pueden encontrar dificultades de distinto tipo a la hora de insertarse profesional, académica o artísticamente en su lugar de destino, o a su regreso al país[17].

La embajadora Marta Insausti de Aguirre[18] es actualmente la presidenta de APSEN, comprometida en los derechos de los 1 013 funcionarios en actividad, provenientes de todas las provincias del país, con formación en la más amplia gama de disciplinas, de los cuales el 65 % son hombres y el 35 %, mujeres (2019).

Es taxativa en su consideración que para representar y defender los intereses nacionales se debe contar con un servicio exterior federal, fuertemente comprometido con los valores democráticos, la libertad de pensamiento y de expresión, y representativo de la sociedad a la que sirve. Un servicio exterior que debe respetar los derechos humanos, velar por la integración regional, la solución pacífica de controversias, el derecho internacional en general, el multilateralismo, la apertura de mercados, la promoción comercial y cultural y la proyección económica internacional.

En cuanto a los reclamos desde la APSEN[19], ante la gestión de Macri[20], la equidad de género constituye una pieza clave de descontento. Sobre todo ante la reducción de la Dirección de la Mujer, que según organigrama de la Cancillería argentina en la gestión anterior ocupaba un espacio decisivo y que se redujo a una unidad. Si bien la principal línea argumental de la decisión se emplaza en el ahorro significativo en personal y el presupuesto que acarrea, el descontento surge por el mensaje discordante que demanda empoderamiento e igualdad de las mujeres en la función pública[21]. También se señala que, de las cuatro secretarías existentes, ninguna de ellas está encabezada por una funcionaria diplomática, y de las ocho subsecretarías, solo una se encuentra a cargo de una funcionaria política.

La igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres constituyen una política de Estado en la Argentina y por ello la búsqueda activa por la equidad también debe formar parte de la política exterior. El desmantelamiento de las unidades de gestión en favor de ella constituyen retrocesos en relación con los valores que se buscan transmitir desde la Cancillería argentina. “La igualdad de géneros contribuye al desarrollo dentro de nuestras fronteras, también ayuda a crear mejores condiciones en las relaciones entre los países, por tal motivo, es un valor que hay que transmitir y promover en las relaciones internacionales”[22].

Asimismo, también desde la APSEN se denuncia la desatención de la mayoría de las propuestas contenidas en el Plan de Acción para la Igualdad de Oportunidades[23] (2017-2019), que surgió del diagnóstico elaborado por Punto Focal a pedido de la excanciller Susana Malcorra. Además, se denuncia el retroceso en el número de mujeres que ingresan al ISEN (ver parágrafo anterior de este artículo). En 2019 el número bajó comparativamente; de una relativa paridad en 2017 y 2018 –y en el marco de una reducción drástica de cupos de un promedio de 50 a solo 25–, en 2019 solo 5 mujeres se incorporaron contra 17 hombres de la misma camada de futuros diplomáticos.

Respecto de la conformación de la Junta Calificadora, en sus dos últimos mandatos ha contado con una sola mujer en cada caso. Es de recordar que la APSEN solicitó al señor canciller que la quinta vacante de la nueva Junta fuera completada con una embajadora (Nota APSEN n.° 187 del 02/05/2019).

5. Los marcos jurídicos hacia la equidad de género

Argentina no es ajena a estos compromisos asumidos a nivel mundial, y los avances de los objetivos propuestos para las áreas gubernamentales en la Plataforma de Beijing[24] consignan una serie de adelantos en materia de legislación, políticas y programas que han adoptado medidas para garantizar a las mujeres igualdad de acceso y la plena participación en las estructuras de poder y en la adopción de decisiones, y para aumentar su capacidad de participar en los niveles directivos. El Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (2005, pp. 26-27) ubica a la Argentina como signataria de la mayoría de los tratados de derechos humanos de los sistemas universal y americano, constatando que las normas argentinas en la materia cumplen con los estándares internacionales avalados por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que ha establecido que una interpretación armoniosa de los postulados constitucionales exige otorgarles a los tratados internacionales jerarquía superior a las leyes federales.

En el marco del debate en torno al papel del Estado en relación con la equidad de oportunidades entre mujeres y varones, cobra una gran importancia la idea de llevar adelante acciones y procesos que conlleven transformaciones y cambios en los patrones culturales, políticos y administrativos. Para ello el marco jurídico –carta orgánica, normativas–, las declaraciones, convenciones y documentación emanadas de organismos internacionales coadyuvan a una visibilización de la problemática de género y a la construcción de una agenda. Una transformación que, a través de la instrumentación del enfoque género, apunta a la resolución de las situaciones de inequidad entre mujeres y varones y las que persisten aún en la inserción de las mujeres como sujetos de desarrollo. Las estrategias desplegadas a tal fin deben transformar roles y flexibilizar estereotipos, reestructurar las relaciones de poder, generar un nuevo modelo de desarrollo, integrar la perspectiva de género a los procesos de planificación del desarrollo de manera estructural, buscar organicidad y sustentabilidad[25].

El primer instrumento internacional de derechos humanos en ocuparse de la temática fue la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), aprobada en 1979 por la Asamblea de las Naciones Unidas. Teniendo en cuenta las distintas formas de discriminación que se dan en diversos ámbitos de nuestra vida, la CEDAW precisó que la violencia contra las mujeres es una de las formas de discriminación más graves. La Constitución Argentina, luego de la reforma realizada en el año 1994, expresa en su art. 75 inciso 22 que los tratados internacionales de derechos humanos tienen jerarquía constitucional.

Otro mecanismo que le da competencia al comité para investigar situaciones de violaciones graves y sistemáticas de los derechos de las mujeres es la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, la Convención de “Belém do Pará”, aprobada por la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, el 9 de junio de 1994, ratificada por Argentina a través de la Ley 24.632 del año 1996. Este instrumento establece en su art. 3º el derecho de toda mujer a vivir una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como privado.

En Argentina, la aprobación de la Ley 26.485 en abril del año 2009 “para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos donde desarrollan sus relaciones interpersonales” significó un avance en la concepción y orientación para el abordaje integral y la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Esta ley propone superar una vieja mirada asentada en el abordaje de la violencia contra las mujeres como familiar o doméstica.

En cuanto a los avances más recientes, podemos mencionar: la Ley de Paridad de Género en ámbitos de representación política (implementada en las elecciones de 2019), la Ley de Cupo Sindical, la Ley de Protección Integral a las Mujeres, reglamentación de la licencia laboral por violencia de género. La Ley 27412/17 de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política, el lanzamiento de los planes nacionales de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres (2016), Igualdad de Oportunidades y Derechos (PIOD), la Lucha contra la Trata y Explotación de las Personas (2018-2020), y la Ley Micaela 27499 (2019), que establece la creación del Programa Nacional Permanente de Capacitación Institucional en Género y Violencia contra las Mujeres, con el objetivo de “capacitar y sensibilizar” a todos los funcionarios públicos que integran los diferentes niveles del Estado.

En cuanto al sector privado, las iniciativas actuales apuntan a home office, flexibilidad, mentoreo, extensión de licencias por maternidad, cupo de mujeres en cargos directivos, CV ciego, guarderías, lactarios y equidad salarial.

En el marco del objetivo de trabajar para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto suscribió en el año 2018 el Acuerdo de Cooperación con ONU MUJERES, poniendo en funcionamiento la Oficina ONU-Mujeres en Argentina, que además la hace beneficiaria de programas de cooperación –con financiamiento internacional– tales como la “Iniciativa Spotlight” (en las provincias de Buenos Aires, Jujuy y Salta) para la eliminación de la violencia contra las mujeres o el Programa “Ganar Ganar: La Equidad de Género es un buen negocio”, para empoderar a empresas privadas y públicas a que incorporen en sus objetivos la perspectiva de género.

6. Hacia una diplomacia feminista

Mabel Bianco es la presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) e impulsora de la propuesta de una Política de Diplomacia Feminista para promover la paridad e igualdad de género en la formulación o tratamiento de legislación en el ámbito de las relaciones exteriores.

Su proyecto se basa en un informe de la Asamblea Nacional francesa sobre el papel de los derechos de la mujer en la diplomacia, adaptado a la situación actual de Argentina. “La Argentina ha hecho avances importantes para la igualdad entre hombres y mujeres a nivel legislativo. Sin embargo, falta que estos derechos beneficien a la mayoría de las mujeres. Por eso presentamos este proyecto”, sostiene Mabel Bianco.

Si bien no hay restricción con normas o leyes que limiten la presencia de mujeres en niveles de representación como embajadoras, tenemos que pensar algún tipo de protocolo para asegurar que más mujeres estén en la carrera diplomática y puedan ascender y así lleguen a ser las representantes en igualdad de condiciones,

manifiesta Fabiana Tuñez, presidenta del Instituto Nacional de la Mujer.

Las referencias vienen del modelo europeo que viene trabajando por la equidad desde hace varios años. El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), que incorpora a diplomáticos de todos los países de la Unión Europea, es una referencia obligada. Pese a su reciente creación, en 2011, el SEAE refleja los desequilibrios en las cancillerías de los Estados miembros. En las categorías superiores, la presencia de mujeres es minoritaria, a diferencia de otras instituciones europeas, como la Comisión o el Consejo Europeo. El SEAE cuenta con una Estrategia de Género e Igualdad de Oportunidades a cinco años (2018-2023), con propuestas de actuación en tres ámbitos: igualdad de género; entorno de trabajo abierto e inclusivo; y condiciones de trabajo flexibles, orientadas a resultados, incorporando un equilibrio entre vida privada y trabajo (Del Río y Ruiz del Arbol, 2019).

En Austria, el titular del Ministerio cuenta con el asesoramiento de un equipo ad hoc compuesto por seis personas, dos por categoría administrativa, que se reúne una vez al año y emite una serie de recomendaciones. En Alemania, el responsable de la unidad de género emite un criterio vinculante sobre el nombramiento de altos cargos. En Países Bajos, a la hora de seleccionar al candidato idóneo para un puesto de responsabilidad, la primera pregunta es si este ha sido, alguna vez, ocupado por una mujer. La respuesta condiciona el posterior proceso de selección (sin llegar al punto de obligar a seleccionar a una mujer, en su caso).

Por otro lado, han surgido asociaciones de mujeres diplomáticas en varios países europeos: Francia, Alemania, Italia o Suiza, entre otros. En términos generales, todas estas iniciativas comparten una serie de preocupaciones y un interés común: incrementar la presencia y la proyección de las mujeres en la diplomacia contemporánea. La Asociación de Mujeres Diplomáticas Españolas (AMDE) se constituyó formalmente a principios de 2019 y ha sido recibida con entusiasmo, indiferencia o escepticismo, según los casos. Hay diplomáticos –hombres y mujeres– para quienes la igualdad de género en el servicio exterior es una realidad (Del Río y Ruiz del Arbol, 2019).

En el caso de Suecia, tras las elecciones legislativas del 2014, el Gobierno socialdemócrata, el primero en aquel país en lograr la paridad entre hombres y mujeres, impulsó una diplomacia feminista, cuyos objetivos son “promover la igualdad de género” y “garantizar a todas las mujeres y niñas sus derechos fundamentales”, y presentó un “manual de diplomacia feminista” para promocionar entre las ONG y el resto de Gobiernos los principios de su política exterior, focalizada desde 2014 en la defensa de los derechos de las mujeres. En él se brega por garantizar “los derechos de las emancipación económica, lucha contra las agresiones sexuales, influencia en los procesos de paz, mejora de la participación política”, porque son todos mecanismos de la diplomacia sueca. Algunas de las medidas defendidas en este manual son: la garantización del mismo número de hombres y mujeres en las conferencias, la utilización de más recursos humanos y financieros a favor de los derechos de las mujeres, y la inversión en las redes sociales.

En 2016, un 40 % de los embajadores suecos eran mujeres, mientras que en 1996 el 90 % de los embajadores suecos eran hombres, según un gráfico del manual que refleja el peso creciente de las mujeres en la diplomacia sueca. El manual incluso citaba el papel de Suecia para promover y financiar la lucha contra las “normas de masculinidad destructivas” en la República Democrática del Congo o la inclusión de principios de igualdad entre hombres y mujeres en el acuerdo de paz en Colombia en 2016.

7. Lo que viene…

En materia de equidad de género, el futuro de la diplomacia argentina parece presentarse con tintes optimistas en la medida en que aparece como objetivo estratégico desde la inauguración del nuevo mandato. El ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Felipe Solá, anunció al arrancar su gestión la creación de la Dirección de la Mujer y Asuntos de Género, lo cual legitima y jerarquiza un espacio propio dentro del Ministerio más allá de la órbita de la Dirección de Derechos Humanos.

La propuesta de Cancillería apunta a que esta dirección “coordinará la participación de representaciones nacionales ante organismos internacionales e intergubernamentales, y de las actividades que se desarrollen en el exterior vinculadas a la situación y cuestiones de género”.

También intervendrá en los temas relacionados con grupos en situación de vulnerabilidad en el ámbito de los organismos internacionales y en lo atinente a las normas internacionales relativas a la prevención y erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres.

Estratégicamente buscará esta nueva área: la participación en las relaciones con los demás Estados en los temas vinculados a los asuntos de género y sus regímenes legales internacionales; la intervención en la elaboración de planes, programas, proyectos operativos y cursos de acción para los eventos internacionales relativos a cuestiones de género y la igualdad de oportunidades; y “propiciar los estudios, el diseño y la evaluación de dichos proyectos, programas y planes con los otros organismos y dependencias del Estado nacional que sean relevantes para la política exterior”. Otra de las acciones que llevará a cabo será la de “participar en el estudio de la normativa de derecho interno para su adecuación a las normas del derecho internacional sobre la condición de la mujer y temas de género”, y también “la participación en la conclusión de tratados, acuerdos y convenios internacionales que en materia de la situación de la mujer y temas de género, sea parte del país”.

8. Conclusiones

Al igual que en otros ámbitos del espacio público, la política y las relaciones internacionales están marcadas por la percepción de que lo masculino corresponde a lo público y, por lo tanto, al Estado, mientras que el ámbito en que se desarrollan las mujeres es lo privado, invisibilizando su papel social y económico, como lo prueba la desigual presencia femenina existente en la diplomacia internacional, indicador de la persistencia de este patrón hegemónico masculino.

Si se trata de repensar a las mujeres como sujetos históricos, debemos velar: por la incorporación de las mujeres en los espacios de formación de las futuras diplomáticas, como el caso del ISEN en Argentina; por una presencia activa en los altos escalafones de la alta diplomacia; por la imposición en la agenda de sus derechos en las asociaciones que nuclean a los integrantes del servicio exterior y en la representación de las asociaciones de mujeres diplomáticas que proliferan en distintas partes del mundo; y por consolidar la existencia –que históricamente ha tenido oscilaciones– de una Dirección de la Mujer y Género en la Cancillería.

Más allá de las estadísticas poco alentadoras y los claroscuros en un ámbito que históricamente ha sido patriarcal, la creación de direcciones y ámbitos en la administración pública que impongan temas de agenda y promuevan la intervención en la elaboración de planes, programas, proyectos operativos y cursos de acción para los eventos internacionales relativos a cuestiones de género y la igualdad de oportunidades empodera a las mujeres que han sorteado dificultades y han impuesto sus liderazgos legítimamente e invita a las jóvenes generaciones a replantear el espacio público y asumir nuevos roles como autoridad.

Bibliografía

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  1. Decana de la Facultad de Ciencias Sociales (USAL), licenciada en Sociología (USAL), especialista en Metodología de la Investigación Científica (UNLa), doctora en Ciencia Política (USAL) y en Ciencias de la Educación (USAL). Es especialista en Gestión Universitaria por la Organización Universitaria Interamericana (OUI). Se desempeñó como secretaria de investigación en la Escuela de Defensa Nacional (EDENA), y secretaria académica en la Facultad de Ciencias Sociales (USAL). Fue consultora e investigadora del Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP), del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Oficina Anticorrupción, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, del Ministerio de Defensa (MINDEF) y Consejo Federal de Inversiones (CFI). Docente titular de Métodos y Técnicas de Investigación Social de la Facultad de Ciencias Sociales (USAL), Maestría en Recursos Humanos de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) y Maestría de Integración Latinoamericana y Sociología Política Internacional (UNTREF). Correo electrónico: mcolotta@usal.edu.ar.
  2. Según el Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid, en Estados Unidos tres de cada diez diplomáticos de máxima jerarquía son mujeres. También son casi el 30 % en el caso del Reino Unido, donde, del total de 152 jefes residentes de misiones diplomáticas, 46 son mujeres. En Israel dos de cada diez embajadores o cónsules tienen nombre de mujer.
  3. Según datos del ISEN, solo el 11,8 % de las mujeres del Cuerpo Diplomático Argentino tienen rango de embajador.
  4. Es el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Pertenece al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Presidencia Nacional y es el único organismo de selección e incorporación de profesionales argentinos al Servicio Exterior de la Nación. Fue fundado en 1963 y su objetivo es el de formar y consolidar un cuerpo de profesionales diplomáticos altamente calificados, de reconocido prestigio internacional.
  5. “Útero”, en griego, se decía histeron y de allí proviene la palabra “histérica”; es decir, “todas las mujeres son histéricas”. A esto se le agrega que las mujeres se vuelven locas una vez por mes y por eso el Senado de la Nación no aprobó la Ley del Voto Femenino “Si un tercio de la población está loca en la semana que hay que votar, nos arruina la vida cívica […]”. Ver Maffía (2007, p. 3).
  6. Tickner propone incorporar una perspectiva femenina a la visión masculina –incompleta y parcial– del sistema internacional, y con ello hacer más accesible el campo de las relaciones internacionales a las mujeres, para lograr una comprensión del mundo más completa, y generar lo que ella denomina una “epistemología feminista de las relaciones internacionales”, donde la masculinidad y la feminidad se refieren a un conjunto de categorías socialmente construidas que varían en tiempo y lugar, más que a determinantes biológicas. En las dicotomías conceptuales occidentales como la objetividad vs. subjetividad, razón vs. emoción, mente vs. cuerpo, cultura vs. naturaleza, uno mismo vs. el otro (Tickner 1988, p. 431).
  7. José Rondeau, Vicente López y Planes, Bernardo de Irigoyen, Roque Sánz Peña, Miguel Cané, Angel Gallardo, Juan Isaac Wooke, Oscar Camilión, Domingo Cavallo, Guido di Tella, Rafael Bielsa, Jorge Faurie y en la actualidad Felipe Solá como ministros de Relaciones Exteriores ejemplifican el predominio masculino de dicho cargo.
  8. Accedió a este puesto con la experiencia de más de once años en las Naciones Unidas. Desde abril del 2012 y hasta diciembre de 2015, fue jefa de Gabinete del Secretario-General, Ban Ki-moon. Previamente, había liderado el Departamento de Apoyo a las Actividades del Terreno de las Misiones de Paz, con sede en Nueva York, con el nivel de vicesecretaria-general de las Naciones Unidas. En setiembre de 2004 se había incorporado en el Programa Mundial de Alimentos en Roma, donde fue vicedirectora ejecutiva y COO (chief operating officer). Durante 25 años trabajó en el sector privado, en empresas como IBM o Telecom Argentina, donde llegó a ser directora general, y en 2004 dio un salto a la diplomacia cuando asumió el cargo de directora general de operaciones del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. Es autora de Pasión por el resultado. El liderazgo femenino ante las grandes decisiones (Paidós, 2016). Malcorra preside el Grupo de Mujeres Líderes por el Cambio e Inclusión.
  9. Desde la Cancillería, el Gobierno la candidateó para ocupar la Secretaría General de Naciones Unidas, una organización liderada por hombres. Malcorra perdió frente a Antonio Guterres y atribuyó su derrota a una cuestión de género.
  10. El 31 de diciembre Ban Ki-moon dejó su cargo como secretario general de Naciones Unidas luego de una década de servicio. Será recordado por su liderazgo en la promoción de la agenda de desarrollo, la lucha contra el cambio climático y la desigualdad de género. Al respecto de la designación de Antonio Guterres como su reemplazo, sostuvo: “Yo esperaba que mi sucesor pudiera ser una de las capacitadas mujeres que eran candidatas. También esperaba que las elecciones presidenciales de EE. UU. pudieran tener por primera vez a alguien que pudiera romper el techo de cristal. Me conmoví mucho cuando Hillary Clinton después de su derrota dijo en su declaración que ella esperaba en el futuro cercano alguna mujer llegue a romper este cristal para convertirse en presidente de los EE. UU. Pero esa es la decisión de los ciudadanos de los EE. UU y de los Estados miembros”.
  11. Son 7 los escalafones: a) embajador extraordinario y plenipotenciario; b) ministro plenipotenciario de primera clase; c) ministro plenipotenciario de segunda clase; d) consejero de Embajada y cónsul general; e) secretario de Embajada y cónsul de primera clase; f) secretario de Embajada y cónsul de segunda clase; g) secretario de Embajada y cónsul de tercera clase.
  12. Datos Analía Argento (2019), Infobae.
  13. Brasil fue de los primeros países en admitir mujeres diplomáticas –lo hizo en 1918–, pero después lo prohibió entre 1938 y 1954.
  14. Promociones masculino femenino totales, % Femenino (Fuente de Datos APSEN 2019):
    2018 ‐ Promoción N° LII 13 12 25 48 %
    2017 ‐ Promoción N° LI 29 15 44 34 %
    2016 ‐ Promoción N° L 35 15 50 30 %
    2015 ‐ Promoción N° XLIX 34 19 53 36 %
    2014 ‐ Promoción N° XLVIII 28 22 50 44 %
    2013 ‐ Promoción N° XLVII 33 17 50 34 %
    2012 ‐ Promoción N° XLVI 26 24 50 48 %
    2011 ‐ Promoción N° XLV 27 23 50 46 %
    2010 ‐ Promoción N° XLIV 20 30 50 60 %
    2009 ‐ Promoción N° XLIII 23 17 40 43 %
    2008 ‐ Promoción N° XLII 24 11 35 31 %
    2007 ‐ Promoción N° XLI 16 9 25 36 %
    2006 ‐ Promoción N° XL 15 10 25 40 %
    2005 ‐ Promoción N° XXXIX 13 12 25 48 %
    2004 ‐ Promoción N° XXXVIII 9 6 15 40 %
    2003 ‐ Promoción N° XXXVII 18 7 25 28 %
    2002 ‐ Promoción N° XXXVI 13 12 25 48 %
    2001 ‐ Promoción N° XXXV 8 9 17 53 %
    2000 ‐ Promoción N° XXXIV 12 8 20 40 %
    1999 ‐ Promoción N° XXXIII 15 5 20 25 %
    1998 ‐ Promoción N° XXXII 17 3 20 15 %
    1997 ‐ Promoción N° XXXI 9 5 14 36 %
    1996 ‐ Promoción N° XXX 16 8 24 33 %
    1995 ‐ Promoción N° XXIX 11 3 14 21 %
    1994 ‐ Promoción N° XXVIII 11 4 15 27 %
    1993 ‐ Promoción N° XXVII 11 4 15 27 %
    1992 ‐ Promoción N° XXVI 20 8 28 29 %
    1991 ‐ Promoción N° XXV 15 5 20 25 %
    1991 ‐ Decreto 575 ‐ exSECEN 151 22 173 13 %
    1990 ‐ Promoción N° XXIV 18 7 25 28 %
    1989 ‐ Promoción N° XXIII 13 5 18 28 %
    1988 ‐ Promoción N° XXII 10 2 12 17 %
    1987 ‐ Promoción N° XXI 13 2 15 13 %
    1986 ‐ Promoción N° XX 22 8 30 27 %
    1985 ‐ Promoción N° XIX 22 7 29 24 %
    1984 ‐ Promoción N° XVIII 23 7 30 23 %
    1983 ‐ Promoción N° XVII 22 7 29 24 %
    1982 ‐ Promoción N° XVI 23 8 31 26 %
    1981 ‐ Promoción N° XV 23 6 29 21 %
    1980 ‐ Promoción N° XIV 17 11 28 39 %
    1979 ‐ Promoción N° XIII 19 7 26 27 %
    1978 ‐ Promoción N° XII 17 5 22 23 %
    1977 ‐ Promoción N° XI 22 6 28 21 %
    1977 ‐ Promoción N° X 9 4 13 31 %
    1976 ‐ Promoción N° IX 9 4 13 31 %
    1975 ‐ Promoción N° VIII 11 8 19 42 %
    1974 ‐ Promoción N° VII 13 5 18 28 %
    1973 ‐ Promoción N° VI 15 3 18 17 %
    1972 ‐ Promoción N° V 23 6 29 21 %
    1971 ‐ Promoción N° IV 7 1 8 13 %
    1970 ‐ Promoción N° III 9 1 10 10 %
    1968 ‐ Promoción N° II 27 10 37 27 %
    1965 ‐ Concurso Jul 1965 17 4 21 19 %
    1965 ‐ Concurso Dic 1965 16 4 20 20 %
    1964 ‐ Promoción N° I 11 2 13 15 %
  15. Entrevista al embajador Claudio Pérez Paladino y entrevista al embajador Julio Lascano y Vedia (diciembre de 2019).
  16. Entrevista al embajador Claudio Pérez Paladino y entrevista al embajador Julio Lascano y Vedia(diciembre de 2019).
  17. “Hay mucho divorcio entre los diplomáticos”, admite el embajador francés Pierre Guignard. “Para las parejas es difícil. Es más complicado para las colegas mujeres, que en muchos países lamentablemente todavía cuesta mucho trabajo seguir a una mujer diplomática que al revés. Lamentablemente tenemos muchas colegas que están solas en su trabajo porque un compañero no las sigue”.
  18. Entrevista a embajadora Marta Insausti de Aguirre (octubre de 2019).
  19. Desde 2005, la APSEN forma parte de la Federación Iberoamericana de Asociaciones del Servicio Exterior (FIDASE). Actualmente, la APSEN cuenta con más de 1 000 afiliados, que representan el 94 % de los diplomáticos argentinos activos y jubilados.
  20. Luego de que el canciller Jorge Faurie se presentara ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y aludiera a la paridad de género en la carrera diplomática, en mayo de 2019, la APSEN le respondió con datos concretos: solo 13 de los 91 embajadores y representantes ante organismos eran mujeres (y dos de ellas, políticas, no de carrera), apenas 12 de los 63 consulados y centros de promoción comercial estaban en manos femeninas, y no había mujer a cargo de las secretarías del ministerio. Tampoco hubo más de una mujer en los dos últimos mandatos de la junta calificadora que evalúa y propone ascensos.
  21. Entrevista a embajadora Marta Insausti de Aguirre (octubre de 2019).
  22. Página Cancillería Argentina, diciembre de 2019: https://bit.ly/3bYYRlM.
  23. Plan de acción de la Unesco para la prioridad “igualdad de género”: 2014-2021. Desde la APSEN, insisten ante las autoridades de Cancillería (2019) por la implementación de la Resolución Ministerial 410/2016 (dictada por Malcorra), que creó el Punto Focal en materia de Género en Cancillería (FOGENE), así como el Plan de Acción para la Igualdad de Oportunidades del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto 2017-2019.
  24. Según informe del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales. Presidencia de la Nación (1995-2004).
  25. Colotta, Mariana (2019). Del cupo femenino a la paridad. Juntos a la par (50% y 50%). Disponible en https://bit.ly/2VityeT.


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