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Introducción

¿Podemos ser socialmente ‘irresponsables’? Aunque nos cueste admitirlo, de hecho muchas veces actuamos personal e institucionalmente como si no fuéramos a responder por las consecuencias de nuestros actos. Quizás no lo proponemos de un modo explícito, pero estamos permanentemente expuestos a vivir reduciendo o acotando el alcance de nuestra mirada a nuestro propio yo, a nuestro propio círculo íntimo, a nuestro propio ‘pequeño cosmos’, y en consecuencia, a ni siquiera registrar lo que está más allá de ese foco reduccionista.

El gran mal de la ‘globalización de la indiferencia’ en palabras del Papa Francisco, se extiende sin pausa y sin respiro, adormeciendo las conciencias, exacerbando el consumismo, agravando la ceguera hacia el otro y sus necesidades.

Sin quizás proponérnoslo, podemos convalidar como educadores y directivos un enfoque egoísta, cortoplacista y miope de nuestras comunidades educativas. Tarde o temprano una concepción tan empobrecida de la misión educativa termina por desencadenar desafíos y reproches que no pocas veces terminan en dolorosos choques con una realidad que nos empeñamos en soslayar.

La Responsabilidad Social Educativa (RSEdu) se va haciendo cada vez más conocida. Su amplia fundamentación teórica permite la convivencia de múltiples enfoques, diversidad de proyectos, amplitud de valores y potencial de contribución a la convivencia tolerante. No existe un ‘paradigma’ o concepción dominante para caracterizar la RSEdu y cuando se la quieren apropiar los ideólogos de un extremo u otro, rápidamente pierde su virtualidad al ser instrumentalizada.

Las tres claves que se proponen en el título de estas VI Jornadas Académicas de la Escuela de Educación son apoyos seguros para el impulso definitivo de la Responsabilidad Social Educativa.

En primer lugar es necesario reconocer que tenemos que ‘aprender’ a vivirla, a ejercitarla, a practicarla. Como nuestras instituciones son las encargadas de enseñar en todas sus formas, puede ser paradójicamente difícil que nos embarquemos en aprendizajes desafiantes. Como personas con experiencia, exitosas en lo nuestro, con logros y prestigios, nos puede resultar costoso admitir la necesidad de nuevos aprendizajes. Sin embargo, lo que antes era suficiente para cualquier institución educativa, en muchos aspectos se muestra superado o deficiente a la luz de las demandas de una sociedad mucho más compleja, fragmentada, conflictiva. La RSEdu nos invita a incorporar a muchos más actores, stakeholders, que se transforman en interlocutores de la institución y la obligan a cambiar, a responder, a mejorar, a aprender, al mismo tiempo que introducen aire fresco en las aulas, en la ilusión de los maestros, en el aprendizaje de los alumnos.

Con mucha frecuencia esas respuestas no están, hay que salir a buscarlas, hay que explorar mares que antes simplemente se evitaban. Es buen momento para reconocer la necesidad de ‘innovar’ que tienen nuestras instituciones si quieren continuar cumpliendo su misión en la sociedad. Conociendo el peso que solemos darle a las ‘tradiciones’, a la cultura, a la historia, no puede extrañarnos que innovar en cuanto al modo de ser socialmente responsables constituya un desafío considerable, y que muchas veces se termine limitando a cambios cosméticos para satisfacer la sensibilidad del momento.

La profundidad del cambio verdadero la dará la tercera clave que se nos propone: ‘servir’. Sin vocación de servicio es totalmente frívolo hablar de Responsabilidad Social Educativa. El verdadero servicio lleva al compromiso, al involucramiento, a la confirmación con obras de las entusiastas declaraciones, a la perseverancia en el esfuerzo ante la demora en los resultados, a la continuidad del intento cuando se apagaron los flashes y llegó la anodina rutina de cada día.

Dr. Julio Durand
Decano Escuela de Educación



2 comentarios

  1. Zaida A Reyes 15/08/2017 1:36 am

    Muy interesante la publicación sobre responsabilidad social educativa

  2. pvillalobosa 26/12/2017 10:48 pm

    interesante libro, me gustaría poder acceder a él.

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