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De la cronificación a la dignidad: prácticas subjetivantes con el reconocimiento de derechos en salud mental

Hospital Padre Ángel Buodo, General Acha, provincia de La Pampa

María Elena Daratha, María de los Ángeles Marticorena y Adriana Wunderlich

Introducción

El presente capítulo busca relatar los cambios producidos en el tiempo en el funcionamiento y la organización del sector de Salud Mental del Establecimiento Asistencial Padre Buodo, de la localidad pampeana de General Acha. El servicio de Salud Mental del hospital, creado en la década del 70, funcionaba al momento de sancionarse la Ley Nacional de Salud Mental como un servicio destinado a pacientes crónicos, acercándose más a la lógica de un hospital psiquiátrico que a la de un hospital general. A partir de dicha normativa, se produjeron transformaciones en el funcionamiento del sector de Salud Mental, que se abordan en este trabajo.

El hospital

El Establecimiento Asistencial Padre Buodo se encuentra ubicado en la localidad de General Acha, ciudad fundada en 1882. Es la ciudad cabecera del departamento de Utracán de la provincia de La Pampa. Su área de cobertura abarca una extensa zona rural, que incluye dos zonas sanitarias, teniendo como área de responsabilidad veinte localidades. La población residente en el área de cobertura del hospital es de cerca de 40.000 habitantes, de los cuales 15.459 residen en la ciudad de General Acha (INDEC, 2022). La población de la región es en general de nivel socioeconómico medio-bajo, siendo las ocupaciones predominantes en el sector público, jornaleros, comercio y empleados del sector privado.

El edificio en el que funciona actualmente el hospital fue inaugurado en 1960, y tuvo remodelaciones posteriores. Es un hospital provincial con atención a niños y adultos. Además de ofrecer atención por más de quince especialidades de salud, cuenta con servicio de Laboratorio e Imágenes. El servicio de Internación consta de sesenta camas, incluyendo sector de Terapia Intensiva y de Guardia. Se trata del único hospital general de la zona, ofreciendo atención a toda la población, tenga o no cobertura por obra social.

El edificio en el que funciona el hospital es de dos plantas. La planta alta se agregó a raíz de una remodelación, y en esta funciona un auditorio, oficinas administrativas y la dirección. En la planta baja, funcionan todos los servicios de atención. Adicionalmente, algunos servicios se localizan en edificaciones contiguas al edificio central, entre los que está la sala de internación en salud mental. A su vez, el hospital cuenta con viviendas destinadas a los profesionales, las cuales datan de su época fundacional, observándose también en otros hospitales de la provincia. Presumiblemente, la disponibilidad de viviendas para el personal fue un incentivo para que se instalaran en la localidad.

La salud mental en el hospital

El sector de salud mental funciona desde 1961, funcionando con pacientes de la zona. Un tiempo después se descentralizaron los hospitales nacionales a las provincias y retornaron los pacientes oriundos de La Pampa, que se encontraban internados en los hospitales psiquiátricos de la Ciudad de Buenos Aires (Borda y Moyano). La internación psiquiátrica de este hospital contaba entre veintiocho y treinta camas.

En 1977, el Ministerio de Salud designó que el sector de Psiquiatría de General Acha pasase a ser un sector de internación psiquiátrica de pacientes crónicos, y fueron derivados todos los pacientes de la provincia con diagnósticos de trastornos mentales severos (“crónicos”) y retrasos mentales, siendo en un gran porcentaje personas judicializadas.

En dicho momento, a pesar de ser un sector de un hospital general, el modo de funcionamiento se asemejaba al de los hospitales psiquiátricos del país. La internación en estos lugares (manicomios) implicaba la pérdida absoluta de derechos, insania legal y estigmatización. El encierro se acompañaba de exclusión y sobremedicación.

Con el transcurrir de los años, se redujo el número de camas, y llegaron a ser diez en la actualidad. Esto se inició con un proceso de retorno de las personas usuarias a sus localidades de origen, hasta que aproximadamente en el año 2013, y con la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental n.º 26.657 (2010), se llevó a cabo el mayor proceso de externación de la historia del servicio.

En el mismo espacio físico, funcionan tres consultorios externos, dos de psicología y uno de psiquiatría. También se ubica una sala de reuniones y de consultas de los trabajadores sociales, sala de espera y oficina de la secretaria.

Se realiza atención ambulatoria de psicología y psiquiatría para adultos e interconsultas con otros servicios, abordaje familiar para el tratamiento de alcoholismo y terapia familiar sistémica (cuando lo requiere un paciente de internación). A su vez, se realizan guardias pasivas, que en un inicio eran solo cubiertas por el psiquiatra y, desde hace diez años, también por psicólogas. El paciente llega a la guardia central, y el médico de guardia, si lo considera, llama a quien esté a cargo de la guardia pasiva de salud mental para que brinde la atención pertinente. Las patologías prevalentes en la guardia son crisis de ansiedad e intentos de suicidio. Estos últimos siguen un proceso de notificación, reglamentado por la provincia, a fin de trabajar en la prevención del suicidio y en el control posvención.

Actualmente, el equipo de trabajo de adultos está conformado por una médica psiquiatra, dos psicólogas y un trabajador social (quien pertenece al área de servicio social hospitalario), además del personal de enfermería, que se encarga de la atención en internación y el control farmacológico de algunas personas usuarias que asisten de manera ambulatoria. Una de las psicólogas y la médica psiquiatra tienen dedicación exclusiva al hospital, y el resto de los profesionales trabaja a tiempo parcial. Desde 2019, se trabaja con acompañantes terapéuticas (A.T.), contando en la actualidad con once, quienes acompañan aproximadamente a cincuenta pacientes. Las A.T. son coordinadas por la trabajadora social y una de las psicólogas.

Adicionalmente, en 1992 se inauguró el servicio Infanto-Juvenil, fuera del ámbito hospitalario, en el centro de la ciudad, en una casa que alquilaba el Ministerio de Salud, con el objetivo de realizar prevención y atención de las problemáticas de salud mental de las infancias y adolescencias. El equipo estaba conformado por una psicóloga, una psicopedagoga, una trabajadora social y una secretaria. Con el transcurrir de los años, dicho equipo se disolvió, debido a que no fueron reemplazados los profesionales que se trasladaron o jubilaron, hasta que el equipo se extinguió. En la actualidad se están realizando las gestiones para reactivar el funcionamiento del equipo infanto-juvenil.

Nuestras prácticas se enmarcan en el paradigma de la complejidad, abordando el proceso de salud-enfermedad-atención desde una perspectiva histórica y contextual. Evitamos, en la medida en que se pueda, la medicalización excesiva y buscamos realizar intervenciones subjetivantes que promuevan cuidados en salud mental. Para ello, realizamos talleres tanto para pacientes internados como ambulatorios, con el fin de promover el desarrollo personal, la autonomía y el bienestar emocional en diferentes espacios de participación activa.

Además, realizamos reuniones interinstitucionales con distintos actores, como organismos de salud derivantes, dirección de discapacidad, municipio y organismos judiciales. Estas reuniones buscan fortalecer la coordinación y la colaboración entre todos los actores involucrados, asegurando una atención integral y articulada para las personas que atendemos.

Internación por Salud Mental en el hospital

Para 2025, el sector de Internación funciona en un pabellón viejo y con poco mantenimiento separado del edificio central del hospital. Consta de diez habitaciones individuales. Solo una de ellas tiene baño privado, tratándose de la habitación utilizada para aislamiento en el caso de pacientes con trastornos conductuales, detenidos, con COVID, etc. Adicionalmente, el área de Internación cuenta con dos baños en mal estado de mantenimiento; un salón comedor para realizar las actividades y las comidas diarias, que cuenta con televisor, mesas y sillas; cocina, lavadero, guardarropa; un office de enfermería y una sala de usos múltiples más pequeña. A su vez, se cuenta con dos patios: uno interno y uno externo. Este último tiene árboles frutales y de sombra y es allí en donde se arma la pileta en el verano.

Con relación al perfil de la población ingresada, la mayoría son personas adultas. Los adultos mayores de 65 años que cuentan con cobertura por PAMI (Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados), si bien les corresponde atenderse con otro prestador, dadas las enormes distancias, son atendidos ambulatoriamente por salud mental en este hospital, pero, si requieren internación, se derivan a su prestador.

Con respecto a los motivos de internación, el mayor porcentaje es por intentos de suicidio relacionados con el consumo problemático y trastornos de personalidad, y les siguen las descompensaciones psicóticas por falta de adherencia al tratamiento. También recibimos muy frecuentemente derivaciones de otros servicios de salud de la zona que no tienen internación de salud mental (somos hospital de referencia de la zona) para valoración o ingreso, o derivaciones por falta de camas. Los ingresos suelen ser voluntarios. En caso de internaciones involuntarias, se notifica al Poder Judicial.

Las intervenciones más frecuentes en el ámbito de la internación son el abordaje psiquiátrico y psicológico. Además del abordaje individual con el paciente, realizamos entrevistas familiares y contamos con una oferta de actividades recreativas y talleres. En aquellos casos de pacientes con consumo problemático de sustancias, efectuamos derivaciones a centros de deshabituación, siendo dos en nuestra provincia. Ambas instituciones tienen como requisito para el ingreso la evaluación desde nuestro servicio.

También articulamos con dispositivos de acompañamiento terapéutico, para propiciar el proceso de externación en el caso de personas que así lo requieran. Los seguimientos de las problemáticas suelen darse en articulación con los centros de salud y profesionales de las zonas de influencia. La elaboración de informes judiciales consume un tiempo considerable del trabajo en el servicio. En el caso de requerirse, realizamos reuniones con otras instituciones, las cuales son coordinadas por el trabajador social. Entre tales instituciones cabe mencionar la Dirección Provincial de Niños, Niñas y Adolescentes; la Unidad Local de Niños, Niñas y Adolescentes; la Unidad Funcional de Género; los Equipos Técnicos de Juzgados de Familia, Niños, Niñas y Adolescentes; la Oficina de Atención a la Víctima del Delito y los Testigos; y los equipos técnicos de educación primaria y secundaria.

Durante el año 2024, hubo 52 ingresos a la sala de internación. En términos de días de internación, el 60 % de los pacientes ingresados permaneció entre uno y diez días, el 25 %, entre diez y treinta días, y el 15 % restante, más de un mes de internación, aunque en dicho porcentaje incluimos a los pacientes crónicos institucionalizados. Cabe señalar que, al momento de escribir este trabajo (abril de 2025), de las diez camas, cinco estaban ocupadas por personas con más de 25 años de internación.

En relación con los obstáculos de la internación, se destaca la falta de la formalización de un servicio de salud mental, lo cual permitiría contar con mayores recursos humanos y materiales. Actualmente, Salud Mental es un sector del hospital con jefatura, aunque su funcionamiento no se diferencia de un servicio en cuanto a las exigencias ministeriales. Tampoco se cuenta con el recurso de guardias activas, a diferencia de los otros dos hospitales de la provincia que tienen internación en salud mental. Cabe mencionar que los profesionales que trabajan en la internación son los mismos que trabajan en consultorios externos, interconsultas y guardias pasivas. Otro obstáculo es el deterioro edilicio, que se traduce en falta de actualización de sistema eléctrico y de salidas de emergencia, escaso número de baños y falta de consultorio para la atención del paciente internado. Otro problema es la falta de insumos como vajilla, ropa de cama, colchones, almohadas, sillas, mesas y escritorios. También, la falta de capacitación específica sobre salud mental del personal de enfermería.

En relación con los desafíos, consideramos que armar dispositivos comunitarios para evitar la cronificación e institucionalización de las personas con padecimiento mental sería fundamental, como así también generar espacios familiares en la comunidad donde se planteen temas de salud mental, desde una perspectiva libre de prejuicios tendiente a la desestigmatización. Un desafío aún pendiente es lograr que el resto de los actores institucionales tenga una mirada integral de la salud en la que la salud mental esté incluida.

El hospital no es la casa

Elegimos presentar un caso que ejemplifica un aspecto relacionado con las internaciones prolongadas a partir de la demanda de la familia y la comunidad, con el fin de excluirlo, ya que lo consideran “no apto para vivir en sociedad”, desde la representación estigmatizante de que “el loco debe estar internado”. El abordaje realizado en este caso se fundamenta en la perspectiva de derechos de los sujetos e ilustra la pertinencia de intervenciones que van más allá de los espacios terapéuticos individuales. Tales intervenciones incluyen el abordaje familiar y social, y la inclusión de acompañantes terapéuticos, y se orientan hacia el objetivo de promover la vida en sociedad del paciente y evitar las internaciones prolongadas.

Fidel es un joven que actualmente tiene 30 años y que vive con su madre, la pareja de la madre y dos hermanas menores en General Acha. Su primera sintomatología psiquiátrica apareció a sus 18 años, teniendo como antecedentes el consumo de alcohol y marihuana. Fidel no concluyó sus estudios secundarios. Inicialmente, se observaron ideas delirantes paranoicas, conductas amenazantes, insomnio y síntomas negativos como aplanamiento afectivo, falta de comunicación y de relación con otras personas. Así, se inició tratamiento psicofarmacológico ambulatorio que fue difícil de sostener, ya que no se seguían adecuadamente las indicaciones, vinculado ello a la creencia de su familia de que lo que le ocurría era por el consumo o porque “se hacía el loco”.

Después de una descompensación psicótica desencadenada por el abandono de la medicación, se realizó una internación breve, menor a quince días. Durante esta internación no fue posible trabajar con su medio sociofamiliar. Fidel reingresó al mes, ya que presentaba ideas delirantes y conductas violentas que generaron alarma en la familia y pedido de ayuda a la policía.

Fidel decía sentirse más protegido en el servicio que en su casa, ya que era rechazado y agredido verbalmente por su familia. Esta manifestaba querer que Fidel continuara internado, ya que lo consideraba peligroso, encarnando la asociación entre locura y violencia que describe Foucault (1999). Uno de los objetivos del trabajo con Fidel fue que comprendiera que el hospital no era su casa, ya que se iba de permiso, pero regresaba antes, manifestando que quería dormir en su cama, “la del hospital”.

La segunda internación fue prolongada. Considerando el contexto sociofamiliar y que la familia no quería que se quedara en la casa por el temor a que tuviera conductas violentas, se trabajaron estrategias diferentes para la externación, realizando entrevistas individuales con la madre, visitas domiciliarias y entrevistas familiares. Se incluyó en el abordaje antes del alta, cuando ya tenía permisos de salida, a una A.T. que pudiera acompañar a Fidel y su familia. Se fomentó la importancia de que Fidel tuviese un lugar en su casa, que “lo alojasen”, que pudiera ser visto como un sujeto que sufre y necesita sostén y que había que tolerar que por momentos dijera “cosas raras”. En el abordaje familiar, se buscó que su red vincular comprendiera que, aunque el discurso de Fidel fuera delirante, eso no implicaba la necesidad de internación.

Una vez externado, la A.T. promueve actividades deportivas y recreativas. Fidel también se incluye en un taller de oficios y ayuda a la A.T. a llevar viandas a otros pacientes, lo cual le da un lugar de reconocimiento. También arma red con otra paciente, con la cual realizan panificados y los venden, y con ello ha logrado aumentar su autonomía. Psicopatológicamente, su discurso continúa disgregado, pero estable.

A su vez, se le brindaron herramientas a la madre para que pudiera entender que su hijo podía deambular, sin que ella lo viera como patológico o peligroso. Adicionalmente, nos reunimos con la policía para brindar otra mirada sobre Fidel. Estas intervenciones profesionales fueron posibilitadoras de cambios tanto sociales como familiares. Previo a estas, cada vez que en la localidad veían a Fidel caminando, lo llevaban a la comisaría, llamando a su madre o al sector de psiquiatría para constatar si se había escapado.

Consideramos que nuestro trabajo con Fidel puede enmarcarse en lo que Stolkiner (1988) denomina “prevención en salud mental”, la cual se dirige al desanudamiento de situaciones problema, teniendo como objetivo que los sujetos puedan operar en la transformación de situaciones generadoras de malestar. Desde esta perspectiva, la participación en sí es un factor de salud mental, pues ubica a las personas en un rol activo ante su vida.

Cierre

La Ley Nacional de Salud Mental traza un horizonte compartido para la transformación de la atención en salud mental. Sin embargo, este marco debe necesariamente articularse con la historia particular de las prácticas de cada territorio. La atención en nuestro hospital ha tenido la particularidad de desarrollarse en el marco de un hospital general, pero desde muy tempranamente cumplió con un rol de institución pensada para la cronicidad. Hemos tenido que desanudar esta situación compleja, viéndonos enfrentados a tener la mitad de nuestras camas ocupadas por personas con internaciones muy prolongadas, a la par que responder a las nuevas demandas y padecimientos de los sujetos.

A su vez, debemos enfatizar el trabajo con el resto de los profesionales intervinientes en la atención en salud integral, que ayude a desarmar prejuicios que los llevan a considerar a los pacientes como “solo” de salud mental, obstaculizando la atención adecuada. Para nosotros, la apuesta es, siguiendo a Elena de la Aldea (2019), la de cuidar en tiempos de descuido.

Referencias bibliográficas

De la Aldea, E. (2019). Los cuidados en tiempos de descuido. Lom Ediciones.

Foucault, M. (1999). Estrategias de poder. Obras esenciales. Ed. Paidós.

INDEC. (2022). Censo nacional de población, hogares y viviendas 2022. Instituto Nacional de Estadística y Censos. En https://www.indec.gob.ar/.

Ley Nacional de Salud Mental, n.º 26.657 (2010). Boletín Oficial de la República Argentina.

Stolkiner, A. (1988, abril). Prevención en Salud Mental: Normativización o desanudamiento de situaciones problema. Ponencia presentada en el 4.º Congreso Metropolitano de Psicología, Buenos Aires, Argentina.



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