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Espacios públicos, skate y prácticas urbanas en la ciudad de La Plata

Jorge Saraví (FaHCE-UNLP)

Introducción

Existen muchas formas diferentes de vivir la ciudad, de acuerdo con las condiciones económicas y socioculturales de cada habitante, a su subjetividad, a su propia biografía. Los ciudadanos adoptan prácticas particulares y tienen formas diferentes de pensar e imaginar la ciudad (Quesada Avendaño, 2006). Entendemos a la ciudad “tanto como un lugar para vivir, como un espacio imaginado” (García Canclini, 1999, p. 76). Aquí es donde se hace interesante aproximarnos al concepto imaginarios urbanos (Lindon, 2007; Canclini, 2010). Para Alicia Lindon “Los imaginarios expresan ─para contextos sociales particulares─ supuestos que no se cuestionan, lo que se supone que existe, aquellos aspectos, fenómenos y características que se asumen por parte de los sujetos como naturales, porque han sido integrados, entrelazados, en el sentido común” (Lindon, 2007, p. 9). A su vez, Néstor García Canclini entiende que “lo imaginario remite a un campo de imágenes diferenciadas de lo empíricamente observable. Los imaginarios corresponden a elaboraciones simbólicas de lo que observamos o de lo que nos atemoriza o desearíamos que existiera” (García Canclini, 2010, p. 154).

En el marco de este trabajo elegimos el concepto espacios en plural y no en singular, entendiéndolo en una doble perspectiva: por un lado, desde una concepción social, y por el otro, desde las múltiples posibilidades y formas que tienen los ciudadanos de vivirlo y de incorporarlo subjetivamente. Uno de los primeros en proponer una comprensión social del espacio fue Henri Lefevbre (1981). Este autor entendía que todas las nociones y los niveles del espacio son productos sociales y que todo espacio es en sí mismo un espacio social. Otro referente cercano a esta perspectiva de análisis es Milton Santos (1990), quien enmarca lo espacial en un sentido de construcción histórica y social del ser humano.

Espacio y espacios públicos

El objetivo de este breve texto es analizar el espacio público en relación a algunas prácticas urbanas. Por lo tanto, a continuación, esbozaremos el punto de vista de algunos autores que nos permiten entender mejor el concepto “espacio público”.

Carrión explicita que:

“La ciudad en su conjunto es un espacio público a partir del cual se organiza la vida colectiva y donde hay una representación de esa sociedad. De allí surge la necesidad de entenderlo como uno de los derechos fundamentales de la ciudadanía: el derecho al espacio público, porque permite reconstruir el derecho a la asociación, a la identidad y a la polis” (Carrión, 2007, p. 4).

Por el otro, Gorelik (1998) entiende que:

“Espacio público es una categoría que carga con una radical ambigüedad: nombra lugares materiales y remite a esferas de la acción humana en el mismo concepto; habla de la forma y habla de la política (…). No es algo preformado, no es un escenario preexistente ni un epifenómeno de la organización social o de la cultura política, es espacio público en tanto es atravesado por una experiencia social al mismo tiempo que organiza esa experiencia y le da formas” (Gorelik, 1998, p. 19).

El uso de los espacios públicos está estrechamente relacionado con derechos ciudadanos. En la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad (2013), se afirma en el artículo IX ─referido al Derecho de asociación, reunión, manifestación y uso democrático del espacio público urbano─, queTodas las personas tienen derecho de asociación, reunión y manifestación. Las ciudades deben disponer y garantizar espacios públicos para ese efecto”. Nuestras investigaciones están centradas analizar y comprender prácticas humanas, prácticas que son del ámbito de la cultura corporal. En esa perspectiva, consideramos que la mejor elección es utilizar métodos de investigación cualitativos y de corte interpretativo. La opción se funda en coherencia con el problema a investigar, que son las prácticas de los sujetos, los discursos y su vinculación con dichas prácticas. Nos interesa y nos ha interesado particularmente conocer el punto de vista de los actores; es decir indagar en los sentidos y significaciones que le otorgan los sujetos a los usos y apropiaciones del espacio público.

Los espacios públicos son objeto de conflictos, luchas y tensiones. Entre otras preguntas que nos formulamos respecto a esto y que nos gustaría compartir con los lectores: ¿Quienes usan los espacios públicos de la ciudad? ¿Cómo son usados? En la ciudad de La Plata, tal como lo hemos analizado con anterioridad (Saraví, 2012), algunos actores sienten que la ciudad no es de todos. Algunos de esos “todos” se sienten dueños del espacio público, se sienten con más derecho que los demás a proteger determinados patrimonios urbanísticos. Se evidencia así una dicotomía usada para la construcción del nosotros ─que en este caso serían solamente algunos vecinos─, y los otros, es decir jóvenes que llevan adelante algunas prácticas urbanas (en el caso de este trabajo, los skaters). Respecto a los usos de los espacios públicos de la ciudad: ¿Quiénes conforman ese “nosotros”? ¿Quiénes son los “otros”? ¿Cómo se construye la idea de “nosotros” o de “otros”? ¿Cómo se relaciona todo ello con los conceptos de exclusión e inclusión?

Todos estos temas cobran particular vigente frente a los debates que se plantean por la posible sanción de un nuevo Código de Convivencia Ciudadana de La Plata. En ese documento, al cual pudimos acceder en una versión preliminar, aparecen (entre otras cuestiones a señalar), la creación de un sitio para manifestaciones políticas y sociales: el “manifestódromo”. En el documento se penalizan y regulan de la venta ambulante, el trabajo sexual y el desempeño de limpiavidrios y cartoneros. Además del control y la regulación estricta de diferentes actividades y prácticas urbanas, se intuye que este proyecto podría contribuir a un aumento de los procesos crecientes de criminalización de la protesta social. Abonan esta última posibilidad argumentos tales como la reciente creación de una “Guardia Urbana de Prevención” (ordenanza 11722), así como afirmaciones vertidas en diferentes medios de comunicación por altos funcionarios municipales en el sentido de señalar lo que ellos consideran como “abuso del Espacio Público”.

La práctica del skate

Diremos que entendemos por prácticas corporales urbanas, a todas aquellas que implican un determinado uso del cuerpo y que son propias de la ciudad. Pero aquí estamos haciendo referencia a disciplinas en las cuales los espacios urbanos no son tan sólo un escenario, sino una parte constitutiva y constituyente de ese tipo de prácticas (Magnani, 2002). También podemos definirlas como:

“aquellas que se ponen en escena en la ciudad, emergen de las culturas juveniles y se muestran como una manifestación política, social, que permite mostrar una resistencia, unos rasgos identitarios particulares y una posibilidad de expresión y apropiación de los espacios de ciudad” (Hincapié Zapata, 2012, p. 271).

Dentro de dichas prácticas ubicamos al skate o skateboarding. El desarrollo del skate se ha consolidado históricamente a través de un proceso de apropiación del espacio público en cual se generan tensiones y disputas por la utilización de diferentes equipamientos urbanos para deslizarse y obstáculos para ser saltados o superados. Ello genera desgaste de las superficies sobre las cuales se llevan adelante los deslizamientos, y a veces inclusive rotura de determinados objetos. También los rodamientos sobre el piso generan ruidos de diferentes tipos, sumados a posibles diálogos o gritos de los jóvenes que se concentran en un lugar. Comunicación verbal que se desarrolla durante una práctica que a priori parece individual, pero que está caracterizada por una activa sociabilidad entre pares. Diferentes autores (entre otros Calogirou y Touché, 2000, Almada Flores, 2014), han hecho referencia a una apropiación, transformación y reutilización de los espacios públicos en la práctica skater. El debate sobre las reales (y las posibles) consecuencias de las prácticas del skate tiene ya una cierta data y podría ser abordado desde diferentes puntos de vista, pero no lo haremos aquí por razones de extensión.

El Teatro Argentino y el skate: algunos elementos de análisis

El Teatro Argentino ─más comúnmente llamado “el Teatro” por los propios skaters─, fue inaugurado oficialmente el 12 de octubre de 1999 con la apertura oficial de su sala principal. A los pocos meses, en diciembre de ese mismo año, algunos medios de comunicación locales se hicieron eco de la detención de algunos jóvenes bajo la acusación de que ─supuestamente─, habían causado daños en el mármol de las escaleras y de las fuentes del Teatro practicando skate. Luego de ser llevados a la seccional policial y maltratados, fueron liberados (Diario Hoy, 8/12/1999). Se iniciaba así una serie de conflictos urbanos que durarían muchos años y estarían acompañados por diferentes momentos y alternativas. El Teatro Argentino fue uno de los sitios más utilizado para la práctica del skate en la ciudad de La Plata, aproximadamente entre 1999 y 2015. Durante ese periodo existieron conflictos y dificultades, en particular vinculadas a quejas de los vecinos, que estuvieron mediadas por diálogos, negociaciones y algunos consensos entre autoridades de dicha institución y los jóvenes skaters (Saraví, 2012, 2015). Más recientemente, en el marco del proceso de colocación de rejas a numerosos edificios públicos de la ciudad comenzaron las restricciones y prohibiciones al uso de ese espacio público: el enrejado del Teatro Argentino. Este proceso fue muy debatido y resistido, sin embargo, en 2016 la colocación de las rejas alrededor de toda la manzana era ya un hecho. Skaters, bailarines (de hip hop, cumbia, punk), graffiteros y numerosos grupos que desarrollaban diferentes prácticas corporales urbanas en la plaza seca del Teatro fueron expulsados de un lugar que era disfrutado por muchos jóvenes. Nos preguntamos qué sucedió luego con quienes se reunían allí. Nuestra investigación para una Tesis Doctoral en Educación (actualmente en curso en la Fahce-UNLP), intentará dar respuesta a esa pregunta, por lo menos en lo que concierne a la práctica del skate. Pero las tensiones y conflictos no tuvieron lugar solamente allí, sino que están latentes en todo momento y en todos los espacios públicos de la ciudad. A modo de ejemplo, las actitudes de los policías y/o guardias que se encuentran al cuidado de los espacios públicos son una constante que se repite en casi todas las entrevistas que hemos efectuado con jóvenes que practican skate.

Pistas públicas en la ciudad

En la búsqueda documental realizada para nuestra primera investigación (Saraví, 2012), localizamos un proyecto de Ordenanza municipal de la ciudad de La Plata (agosto de 2001), en el cual se proponía “la construcción de rampas o skateparks” con el propósito de crear un espacio “adecuado, seguro y propio” para posibilitar la práctica skater con “acceso masivo y gratuito” (Expediente HCD 35309, 31/08/2001). Pero al mismo tiempo, con la intención de que no se practicara más en “bancos o monumentos existentes en las distintas plazas de la ciudad” y con el objetivo de evitar que los skaters se transformaran en “un peligro para aquellos que se encuentran en las plazas o parques pretendiendo un momento de tranquilo esparcimiento”. Varios años más tarde un grupo de skaters presentan una nota al Concejo Deliberante donde le solicitan apoyo a la municipalidad y le proponen “ideas y lugares posibles para desarrollar la actividad del deporte skate”. Dicha nota iba acompañada de 310 firmas (Expediente número 46287, HCD, 18/2/2008). Pero este proceso no se ha dado solamente en la ciudad de La Plata. En Berisso los skaters han también realizaron variadas manifestaciones a favor de la construcción de pistas públicas, incluyendo desde llevar pancartas elaboradas a tal efecto en desfiles hasta inclusive abordar al intendente de manera directa en fiestas o eventos públicos donde el alto funcionario municipal se hacía presente.

A partir de este tipo de reclamos y reivindicaciones, desde diferentes instancias del Estado se han diseñado y construido varios skateparks en la región (Gran La Plata). Estas políticas públicas de construcción de infraestructura para la práctica del skate tienen y han tenido dos facetas: por un lado, responder a las demandas de los jóvenes skaters, a partir de la presión-reclamo de los propios practicantes, y por el otro expulsarlos de ciertos lugares en los cuales ellos se encontraban practicando (“molestando” según algunas autoridades y vecinos). El sitio elegido para esas pistas siempre estuvo ubicado en lugares periféricos en relación a la centralidad de la ciudad. Esto que estaba claro para La Plata (Saraví, 2012), también parece estarlo cuando se analiza la construcción del skatepark de la ciudad de Berisso ─inaugurado en marzo de 2015─, de acuerdo a lo que surge del análisis de materiales de nuestra segunda etapa de investigación. El Estado municipal, que parece preocuparse e interesarse con fuerza en una primera instancia, luego parecería desinteresarse del tema (por lo menos en algunos casos), abandonando parcialmente el mantenimiento de esos espacios recreativos y deportivos y dejándolos librados al abandono, la rotura y la suciedad. ¿Qué perspectivas se podrían plantear a futuro frente a esta situación? ¿Cuáles podrían ser los canales para que una ciudadanía activa pueda producir cambios en las políticas municipales de mantenimiento de los espacios públicos? (en este caso las pistas de skate).

Proyecciones y conclusiones abiertas

Bajo la gestión y administración de gobiernos neoliberales (tales como la del partido Cambiemos) el uso del espacio público está puesto en juego, quizás podríamos decir puesto en peligro. Tal como lo mencionamos párrafos más arriba, en la ciudad de La Plata, por ejemplo, se está debatiendo un Código de Convivencia Ciudadana, el cual tiene un carácter fuertemente restrictivo e instituye fuertes penalizaciones monetarias para quienes supuestamente transgredan lo allí establecido. Acciones concretas de prohibición, represión y persecución son moneda común y suelen ser testimoniadas no solo por skaters sino por usuarios de los espacios públicos en general. Nuevas legislaciones avanzan poniendo en jaque los derechos ciudadanos. O por lo menos de “algunos” ciudadanos. Es así que quedan interrogantes para seguir pensando y debatiendo estas temáticas tan candentes: ¿Quiénes tienen derecho/acceso a los espacios públicos? ¿Hay sujetos que tienen derecho a la ciudad y otros que no? ¿Hay actores que tienen más derecho que otros/otras a los espacios urbanos? ¿Cómo responden las políticas públicas a las necesidades de los y las ciudadanas? ¿Cuál debería o podría ser el rol del Estado en todo esto?

Para finalizar nos gustaría compartir un párrafo, de la autora colombiana Correa Montoya, referido justamente a los derechos a la ciudad:

“La ciudad no es un elemento dado e inexorable que deba ser aceptado como tal por la comunidad, es necesario entenderla desde las huellas que su historia ha dejado en ella y en nosotros, observarla e intervenirla en su presente y realidad, pensarla en las proximidades e imaginarla y soñarla siglos adelante. Ella es un objeto y lugar social privilegiado, producto de las acciones, pero también de la imaginación de los que la habitan, es el lugar del encuentro, de las posibilidades, es donde se viven los derechos humanos de una gran proporción de la población actual y además es una construcción colectiva política; es más que el marco de estos derechos, pues se perfila como un factor vital para su promoción y garantía o, de por el contrario, para su vulneración” (Correa Montoya, 2010, p. 131).

En este breve trabajo no hemos buscado exponer ideas cerradas o conclusiones definitivas, sino que nos ha parecido que podía ser válido someter algunas cuestiones al debate, poniendo en tensión conceptos y prácticas. Si el lector o lectora han encontrado algunas herramientas para seguir pensando la problemática del uso espacio público y el derecho a la ciudad, podremos darnos por satisfechos.

Bibliografía

Almada Flores, H. A. (2014). La apropiación del espacio público a través de las prácticas deportivas juveniles. Tesis de Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad en Estudios Regionales. El Colegio de la Frontera Norte. Tijuana, B. C., México.

Calogirou, C., Touché, M. (2000). Le skateboard, une pratique urbaine, ludique et de liberté. Hommes et Migrations, n°1226, Au miroir du sport.

García Canclini, N. (2010). Imaginarios urbanos. 4ta edición. Buenos Aires: Eudeba.

Gorelik, A. (1998). La grilla y el parque. Espacio público y cultura urbana en Buenos Aires, 1887-1936. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.

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Saraví, J. R. (2012). Skate, espacios urbanos y jóvenes en la ciudad de La Plata. Tesis de Maestría en Educación Corporal. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata. Recuperado de https://bit.ly/35flte9

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