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Los dirigentes de asociaciones deportivas, el deporte y la inclusión social/primera parte

Carlos Carballo (FaHCE-UNLP)

Introducción

Este capítulo reconoce su origen en la tesis en curso con la que aspiro a alcanzar el grado de doctor en ciencias sociales, cuyo título provisorio es “Sacar a los pibes de la calle. Un estudio sobre los discursos acerca del deporte y la inclusión social de los dirigentes de asociaciones deportivas (DAD) del fútbol, el básquetbol, del vóleibol, del rugby y del hockey infantil y juvenil y de los funcionarios municipales de deporte (FMD) en el Gran La Plata, 2014-2018.

En esta oportunidad, el foco está puesto en los dirigentes de asociaciones deportivas (DAD), cuyas entrevistas en profundidad han sido realizadas, transcritas, editadas y analizadas, contando con el uso del programa ATLAS.ti. Todas las categorías nativas de los entrevistados han sido agrupadas en cinco grandes títulos: a) recorridos biográficos de los DAD, b) temas secundarios emergentes (expuestos por los DAD espontáneamente por fuera de la pauta de entrevista), c) encuadres conceptuales realizados por los DAD, d) debates en torno al crecimiento de la práctica deportiva y e) crecimiento deportivo, inclusión e integración. Este agrupamiento sigue la lógica de lo general a lo particular y de lo periférico a lo central, en lo que refiere al problema que aborda la tesis: lo que dicen los DAD y los FMD respecto al deporte federado y su incidencia en la inclusión e integración en clave de clase y género.

Dada la extensión de este material ─que incluye en cada grupo una cantidad variable de categorías de análisis, los diferentes fragmentos de entrevistas y sus correspondientes análisis─ he decidido llamar a este trabajo “primera parte” y concentrarme en los tres primeros grupos (recorridos biográficos, temas secundarios emergentes y encuadres conceptuales realizados). Espero contar prontamente con alguna oportunidad para publicar los análisis restantes, del mismo modo que el estudio realizado sobre los otros informantes clave de la tesis, los funcionarios municipales de deporte (FMD).

Finalmente, para completar esta introducción, creo necesario aclarar las razones por las cuales fueron seleccionados los informantes. En trabajos anteriores, en el contexto de la actividad que como investigadores desarrollamos en la FaHCE, pudimos establecer a través de un censo cuáles eran los deportes con mayor cantidad de practicantes en condición de federados en el ámbito del Gran La Plata (partidos bonaerenses de La Plata, Berisso y Ensenada) en el segmento de la población comprendido entre los 10 y los 17 años. El resultado se inclinó de manera ostensible a los deportes de conjunto (más del 95% de los varones deportistas en esas edades en la región practican deportes de conjunto; y, en el caso de las mujeres y cerca del 75% de las federadas). De todos los deportes de conjunto practicados en forma federada en la región se excluyeron dos, handball y cestobol, pues en cada uno de ellos sólo una entidad deportiva tenía equipos en circuitos de competencia oficial. Con lo cual, la lista se limitó a cinco deportes con una altísima tasa de representatividad local: fútbol, rugby, hockey, básquetbol y vóleibol. Por esa razón fueron entrevistados los principales dirigentes (presidentes) de asociaciones locales ─en el caso de que existan─ o regionales ─cuando los equipos de la región participan de torneos en un “territorio deportivo” más amplio dada la ausencia de asociación local─. Entre los primeros se puede contar a los DAD del fútbol (tanto la asociación local oficialmente incardinada a la AFA ─LAPF─, como los dirigentes de las dos ligas infantiles independientes más antiguas ─LISFI y LIFIPA─), del básquetbol ─ApdeB─ y del vóleibol ─ARVA─; entre los segundos se debe reconocer a los DAD del rugby ─URBA─ y del hockey ─AHBA─. Las entrevistas fueron llevadas adelante entre diciembre de 2017 y marzo de 2018 en las ciudades de Buenos Aires, La Plata y Ensenada.

Categorías de análisis correspondientes a los DAD

Recorridos biográficos de los DAD

a) “Tengo capacidad de organización”
La dirigencia deportiva: mezcla de profesión y vocación

Se puede reconocer una vinculación entre la formación profesional de los dirigentes y los modos de pensar la gestión. Hablar de “formación profesional” engloba tanto a aquellos que se formaron académicamente (arquitecto, como el caso de Roberto de AHBA; veterinario, como el caso de Andrés de URBA) como a quienes se desempeñaron profesionalmente como deportistas (rentados) y realizaron un proceso no formalizado de capacitación (como lo demuestra Pocho de APdeB).

Esa vinculación se pone en evidencia en modos de pensar la gestión que están ligados a planificación estratégica, a objetivos, a conocimiento de datos estadísticos, etc.

b) “Andá con los muchachos…”
La dirigencia deportiva: amistad, pertenencia y referentes

A pesar de lo señalado en el apartado anterior, prevalece una cuestión de índole “vocacional” o “amateur” en la llegada a la dirigencia (primero en los clubes, luego en las asociaciones). Este “amateurismo dirigencial” no sólo se expresa en el carácter ad honorem de la función, sino en una pasión o impulso a participar ligado al afecto por la institución, el acompañamiento de los viejos amigos, la voluntad de hacerse cargo.

La trama de amistades, de verdaderas fraternidades masculinas, de historias de fidelidades y lealtades, se extiende también a otros dirigentes que no exhiben una formación profesional, ni académica, ni técnica, ni tampoco informal. Es decir, el “amateurismo dirigencial” comprende tanto a aquellos dirigentes que son profesionales y tal vez gocen de un pasar económico favorable y de prestigio en el ámbito laboral, como a quienes vienen de otros oficios (tal es el caso de Silvio de LISFI ─remisero─ y de Genaro de LIFIPA ─taxista y mecánico retirado─). Los casos que se mencionan, además, comparten otras dos características: la referencia territorial al barrio y, en especial, al club de barrio; el haber llegado a la liga y no haberse ido nunca más.

Tal vez la historia de Esteban de ARVA sea algo diferente: en su caso, su paso como jugador por diferentes clubes con diferentes entrenadores, le proporcionó una experiencia más ligada a esos referentes, grandes nombres dentro del vóleibol (entrenadores y jugadores mayores que él devenidos en entrenadores).

c) “El responsable de que sea yo hoy dirigente es mi hijo”
La dirigencia deportiva: el club como experiencia familiar

Pocas cosas resultan tan recurrentes entre las expresiones de los dirigentes de asociaciones deportivas como las referencias a los padres, a los hijos y a la familia en general. Quien fue deportista, probablemente lo haya sido de la mano de un padre deportista; y cuando ese deportista se convierte en padre, repite el ritual con sus hijos. El acompañamiento de los hijos en su vida deportiva muta en diferentes formas de reinserción: entrenador, árbitro y, por supuesto, dirigente. Estos comportamientos se refuerzan en el reconocimiento del club como una extensión del entorno familiar: una segunda casa, una familia ampliada. Se puede reconocer, primero, la mano del padre (o del hermano mayor).

Pero, tal vez sean los hijos quienes más inciden en iniciar una carrera dirigencial no planeada ni prevista. En algunos casos, los hijos deportivamente exitosos parecen reforzar el proceso descrito. Por último, existen referencias al carácter familiar del deporte, a la vida de club como una ampliación de la experiencia familiar (e, inclusive, la vida de club y los compromisos deportivos como algo que condiciona fuertemente la vida familiar).

d) “El mundo es público-privado”
La dirigencia deportiva: entrever los contactos entre lo público y lo privado

Entre los dirigentes que pueden etiquetarse como “profesionales” existe una mención recurrente a la alianza estratégica entre el sector público (estatal) y el privado, la cual resulta curiosa siendo que se trata de representantes del sector público no estatal (asociaciones civiles sin fines de lucro, tercer sector o también, ONGs). Sucede con los DAD de URBA, AHBA y APdeB.

e) “Si uno no tiene participación, los espacios se ceden”
La dirigencia deportiva: algo de continuidad, algo de ruptura

Lo fraterno y lo leal puesto de relieve en los puntos precedentes no implica en todos los casos una llegada a la dirigencia libre de conflictos. Existen historias en las cuales, el paso a la vida dirigencial es “natural” y fluido, como una forma de colaboración con la institución, con continuidad de procesos, como sucede en los casos de los DAD de URBA y ARVA.

Otras veces, el acceso a la dirigencia se produce a través de una puja, del conflicto y del ansia de transformación. La colaboración queda eclipsada por la confrontación. Así sucede con los DAD de AHBA, APdeB y LAPF.

f) “Yo siempre fui capitán de mi equipo”
La dirigencia deportiva: liderazgos en la cancha que continúan

Otra característica que puede encontrarse en varios dirigentes de asociaciones deportivas es el liderazgo. Ese liderazgo remite, generalmente, a su vida como deportistas activos: capitanes de equipo, coordinadores de asociaciones de deportistas profesionales, etc. Se puede comprobar en la historia de los DAD de URBA, APdeB y LAPF.

g) “Yo me siento muy respaldado, me siento muy reconocido”
La dirigencia deportiva: de reconocimientos y desafíos

Otra característica que puede observarse con relativa facilidad entre los dirigentes deportivos ─aunque no siempre se la llame por su nombre─ es la necesidad de reconocimiento. Tarea fundamentalmente ad honorem, la dirigencia se sostiene y se alimenta moralmente en esa aprobación de los demás. Se aspira a ser reconocido por el trabajo, por los logros y por los desafíos asumidos.

La satisfacción por los logros obtenidos merece una mención aparte. No siempre son ordenadas esas narraciones ─en tiempo y en magnitud─. No obstante, el orgullo que emana de su enumeración es una forma de autoconfirmación de la misión asumida.

h) “Estoy dejando parte de mi vida”
La dirigencia deportiva: de pesares y costos personales

Los costos personales asumidos explícitamente por los dirigentes deportivos rara vez aludan a la cuestión económica. Aumento del estrés, exceso de responsabilidad, pérdida de tiempo familiar y personal, falta de comprensión por parte de ciertos sectores, necesidad de ser paciente, cansancio por ser objeto de críticas, son algunas de las figuras mencionadas.

Temas secundarios emergentes (expuestos por los DAD espontáneamente por fuera de la pauta de entrevista)

a) “Esto es ad honorem; esto es poner, poner, poner…”
Polémicas en los debates en torno al deporte amateur y el deporte profesional

A pesar de que no constituye un tema de la entrevista, la tensión entre amateurismo y profesionalismo surge con alguna frecuencia. El deporte amateur es visto como la práctica natural de los clubes, y los clubes como la base institucional propia de esa práctica. En este entorno, se percibe a la masa de voluntarios (el voluntariado) como un valioso capital y, a partir de esta percepción, el voluntarismo se naturaliza como modo de acción.

El amateurismo salta el cerco de la práctica deportiva propiamente dicha para instalarse también como el modo de la práctica dirigencial. El sostén de ese amateurismo dirigencial es la pasión y la profunda identificación con el club, primero, y con la asociación, después.

Al deporte profesional ─al cual se considera, en general, una práctica minoritaria─ no se lo descalifica, sino que se lo encuadra en una perspectiva de plan de negocios, con la circulación de marcas, empresas y criterios empresariales. Es otro campo. No obstante, uno de los entrevistados ─que, coincidentemente, practicara de modo profesional el deporte en su época de deportista─ adopta los criterios del modelo de negocios de las empresas, en especial para pensar gerencialmente la gestión deportiva.

En los casos de los dirigentes de rugby y hockey aparece una mirada mixta, una suerte de modelo intermedio: se alude a un “mundo público-privado”, una forma en que estado y empresas pueden colaborar para el desarrollo del deporte. No obstante, el modelo binario subsiste: las niñas, los niños y las y los jóvenes, es decir, el deporte formativo, están en el club, en ese entorno institucional; por su parte, la alta competencia y el profesionalismo, se conducen por otro carril, apostando a becas y planes de desarrollo, y a un mayor flujo de recursos económicos después de los 18 años (alto rendimiento).

b) “En la Argentina es muy interesante la estructura de los clubes, es casi única”
Coincidencias en los debates vinculados a los clubes como estructura de la práctica

Como se señalara en el punto anterior, los clubes son considerados la base institucional natural de la práctica. Esta coincidencia es tan amplia que se menciona aun cuando no se les consulte por ella; y, además, se extiende a las federaciones (organizaciones de segundo orden que agrupan a los clubes que practican un mismo deporte) como célula básica.

Algunos que han tenido la posibilidad de viajar y comparar con modelos de organización y gestión de otros países (rugby y hockey) se animan a establecer que este modelo de club (sociedad civil sin fines de lucro) en la base de la práctica es muy propio de Argentina.

Lo dicho en el párrafo anterior puede identificarse como una de las razones probables de la escasa o relativa importancia concedida al deporte profesional (con la excepción mencionada del dirigente de básquetbol y la posición intermedia asumida por los dirigentes de rugby y hockey, que establecen una unidad entre lo público y lo privado).

c) “Fijate la demencia, la energía. ¿Quién mueve 10.000 tipos gratis, todos los días?”
Amplia valoración del voluntariado (y del voluntarismo)

Otro de los temas que surgen espontáneamente sin necesidad de plantearlo es el de la fuerza del voluntariado, verdadero orgullo en muchos casos. Es prácticamente unánime la valoración positiva del voluntariado y el reconocimiento de éste como sostén de la práctica deportiva en las disciplinas más variadas y de conformación social más diversa (fútbol, vóleibol, rugby y hockey).

Ese voluntariado es la expresión visible del compromiso asumido por jugadores y padres (10.000 voluntarios en la URBA o las Leonas sirviendo la comida en un encuentro de infantiles).

Pero también, el voluntariado es percibido como (y extendido a) una forma de gestionar ligada al voluntarismo. El voluntarismo ─sobre todo en su dimensión individual─ es visto como una actitud imprescindible para gestionar y hacer crecer al deporte: trabajar a pesar de contar con pocas jugadoras y tener paciencia, organizar rifas, etc. Hasta la confrontación política puede ser considerada un gesto de autoafirmación voluntarista antes que una construcción colectiva.

d) “Yo tengo ahí las premisas de las grandes empresas”
Escasa mención a propósito de la participación de las empresas

La incidencia del modelo empresarial es baja, dado que uno solo de los casos (básquetbol) menciona a las empresas que patrocinan o auspician la práctica y cuáles son las expectativas que depositan en la asociación al hacer sus aportes. Esas expectativas ─que coinciden con los valores del dirigente─ pasan por la continuidad de dirigentes-referentes y políticas institucionales. Se trata de una auténtica coincidencia aislada, puesto que el dirigente en cuestión es el único que ha practicado deporte en forma profesional y tiene un empleo en la actualidad que consiste en la representación de deportistas en una compañía internacional.

Las empresas o el modelo empresarial de gestión deportiva no son mencionados por los otros dirigentes (inclusive por aquellos que ponderan la vinculación público-privada, como en el caso del rugby y el hockey).

e) “Más ves, más te asustás”
Escasos y poco coincidentes aportes sobre la incidencia del riesgo físico en el acercamiento o permanencia deportiva

En ciertos deportes se alude ─sin mediar consulta por parte del entrevistador─ al factor riesgo físico como posible causa del mayor o menor crecimiento en la disciplina. Pero, mientras en una disciplina se lo desconsidera, pues la tasa de lesiones se considera estadísticamente baja (hockey) ─aunque se mencionen fracturas de cráneo─, en otro caso se lo atiende como el principal factor de estancamiento o decrecimiento en la cantidad de participantes (rugby), aludiendo a un juego que en la actualidad se hecho más duro y que podría atemorizar a las madres.

El riesgo físico en términos de lesiones es omitido por los demás dirigentes (aún en deportes de contacto como el básquetbol y el fútbol).

Encuadres conceptuales realizados por los DAD

a) “La [federación nacional] era súper conservadora y súper unitaria…”
“La regionalización está muy mal hecha en el país (…) tiene más que ver con una cuestión política que con una cuestión deportiva”
Convergencias en los debates en torno al encuadre político y político-institucional

Entre las opiniones convergentes relativas al encuadre político-administrativo se destacan las críticas al centralismo porteño y a las formas de regionalización, que van de la mano con la cierta defensa del modelo de práctica amateur. No en vano, esto aparece en deportes tradicionalmente no profesionales (rugby y hockey) y cuyos dirigentes ocupan también posiciones más regionales que locales (toda el área metropolitana).

En una perspectiva más ligada a posicionamientos o prácticas políticas, aparecen también críticas al conservadurismo y al anacronismo de ciertos dirigentes, como así también al autoritarismo y a la falta de diálogo (rugby y fútbol).

Del mismo modo, en todas las ligas del fútbol (incardinadas a AFA o independientes) se privilegian ideas relativas a la modernización de sistemas de información y comunicación (LAPF, LISFI) y prácticas igualitarias (expresadas en la tradición de entregar premios a todos los participantes)

Otra idea convergente que atraviesa a diferentes dirigentes alude a hacer una apuesta de carácter institucional a los jóvenes como renovación política (APdeB, LIFIPA).

Finalmente, coexisten diferentes posiciones ligadas al papel del estado: la posibilidad de contar con un Ministerio para el deporte, acompañado de un mayor presupuesto estatal para el deporte; la convicción de que el Estado debe tener iniciativa en las políticas deportivas y debe planificar, abandonando la improvisación o el uso del recurso de “tapar baches”; la necesidad de que el Estado apoye con logística y ciertos gastos (AHBA, APdeB, ARVA, LIFIPA).

b) “Los clubes sacan a los chicos de la calle: mentira”
“Lo nuestro es contención y laburo social”
Divergencias en los debates relativos al encuadre político y político-institucional

Entre las definiciones políticas “de trazo grueso” y las responsabilidades institucionales vinculadas a ellas, también existen divergencias, si no de sentido, al menos estratégicas. Es lo que se presenta cuando se pregunta respecto de la inclusión y el papel de las asociaciones y los clubes. En un extremo del arco se responde que ese es un problema primario del Estado: se vota representantes para que diseñen y pongan en marcha políticas de desarrollo social; entre tanto, a los clubes les corresponde abrir sus puertas para recibir a las niñas, los niños y las y los jóvenes que se acerquen al deporte gracias al impulso del Estado. Se sostiene sin ambigüedades que el deporte no saca a los chicos de la calle (APdeB).

Por su parte, otros dirigentes ─que provienen de distintas ligas del fútbol─ aluden a que, en realidad, la inclusión es una tarea primaria del deporte, de las asociaciones o de los clubes. Por momentos hablan de contención (LAPF); y otras veces refieren a cuestiones estatutarias, como los objetivos que indican que el sentido de la liga es favorecer el desarrollo integral de los niños (LISFI). De modo tal vez más tangencial, desde otra liga se menciona la necesidad de ser tolerantes con las instituciones con más dificultades económicas, dándoles prioridad o condiciones momentáneamente especiales; inclusive, se menciona la idea de “compensar”, conscientes de la desigualdad entre los clubes en materia de recursos (LIFIPA).

c) “Si mejora la Liga, está mejorando tu club”
“Nosotros con los chicos no queremos política”
Dispersiones en los debates vinculados al encuadre político y político-institucional

Cuando los DAD se alejan del cuestionario y comienzan a expresar sus intereses y sus posiciones en torno a lo político en general y a lo político-institucional en particular, comienza a abrirse un abanico de temas casi interminable en cuanto a su enumeración y de muy diversos calibres en orden a importancia, generalidad o incidencia en la gestión cotidiana.

Por un lado, un DAD acepta que toda representación institucional no es total sino es sectorial (URBA), a la par que otro (LISFI) reconoce la necesidad de aumentar la cantidad de representantes presentes en reuniones a fin de dotar de representatividad y legitimidad a las decisiones adoptadas.

La presencia del mundo político, de ideologías manifiestas, y su contacto con lo deportivo no es un ítem que recorra transversalmente a todos los DAD. Por una parte, un dirigente hace referencia a los jugadores desaparecidos/asesinados de su club y a la radicalización política en los 70 ─es un caso prácticamente único en el deporte argentino, con veinte deportistas víctimas del terrorismo de estado─; por otra, otro DAD menciona su trabajo con un intendente vecinalista proveniente del socialismo, se posiciona en la historia argentina y reconoce el carácter laico y políticamente libertario del club que procede. En una posición más refractaria, un dirigente de una liga de fútbol independiente rechaza la política, no quiere que se mezcle con el fútbol y con los niños.

No les falta a los DAD contacto más o menos fluido con el mundo político y los funcionarios del área deporte. Pero, a la vez que se sienten incómodos en los cabildeos políticos, reconocen la necesidad de articular alianzas estratégicas y potenciales entre las asociaciones y el Estado (Ministerio de Desarrollo Social y subsidios, regularización institucional, criterios y transparencia en la distribución de recursos).

Otro conjunto de opiniones tienen sentido ─aunque por su dispersión y naturaleza sigue siendo de enorme amplitud y desigual densidad─ en las cuestiones que hacen a un complejo que podríamos denominar “salud institucional”: respeto por periodos de gestión regulares y renovación periódica de autoridades, continuidad de políticas y personas; involucramiento con la dimensión institucional del deporte; garantía para empresas; mejorar la asociación para mejorar los clubes; respeto a los reglamentos; atención a las entidades antes que a casos personales; apoyo a las entidades en orientación e infraestructura; ampliación de la revisación médica de los niños y control de los antecedentes penales de los delegados; control de situaciones con delegados muy competitivos; acompañamiento de los clubes grandes y de los chicos para asegurar la inclusión que es estar por la niñez; etc.

d) “El tema de género está muy complicado”
Dudas y sospechas en los debates asociados al encuadre de género

Los deportes seleccionados ofrecen un panorama diverso también cuando se los enfoca desde una perspectiva de género. Así, en la región del Gran La Plata, el hockey y el vóleibol son practicados por niñas y jóvenes mujeres en amplia mayoría respecto de los varones, mientras que esta proporción se invierte casi simétricamente en el caso del fútbol y el básquetbol.

Sólo el rugby sigue siendo practicado exclusivamente por varones en forma federada entre los 10 y los 17 años (se está extendiendo, aunque lentamente en la región, la práctica de la modalidad seven a side, pero a partir de los 18 años). Por su parte, el básquetbol femenino está experimentando un importante crecimiento en los últimos tres años gracias a la implementación del programa Junior NBA ─patrocinado directamente por esa poderosa asociación estadounidense─, que se lleva adelante en escuelas públicas con niñas y niños no federados y comienza a reclutar niñas para los planteles femeninos de los clubes de la APdeB. También en estos últimos tres años se ha incrementado enormemente la cantidad de niñas y jóvenes mujeres que se acercaron al fútbol a partir de la apertura de categorías femeninas en una de las ligas infantiles independientes más antigua de la ciudad (LIFIPA). Este movimiento coincide con la apertura de fútbol femenino (juvenil y mayores) en la liga de fútbol oficialmente incardinada a la AFA (LAPF).

En el caso del hockey, se reconoce como un avance de que el deporte haya dejado de ser “de nenas” y se haya expandido hacia los varones. Pero ─y a pesar del reconocimiento internacional de Las Leonas, bastante anticipado, inclusive, respecto de Los Leones─ persiste la cuestión de la diferencia en cuanto a la potencia física, que se traduciría también en diferencias de calidad y contundencia, al afirmar que se trata de dos deportes diferentes (el masculino y el femenino).

Si bien se ha hecho referencia al crecimiento del fútbol femenino, las resistencias a incorporarlo no se han retraído completamente. En una de las ligas infantiles independientes, el “conflicto” suscitado a partir de una niña que entrenaba en un club con varones, se “solucionó” permitiéndole entrenar, pero sin ser incluida en la planilla para los partidos. La circunstancia parece “salvarse” reconociendo que otros ya se hacen cargo de la demanda y evaluando la posibilidad de dictar un curso sobre género.

La actitud refractaria a la inclusión de mujeres en la liga se refugia en argumentos de orden material, los cuales, si bien son reales, revelan una postura posibilista. Dicho de otro modo, se pone el foco en la dificultad antes que en la oportunidad. Es decir, no hay fútbol femenino porque falta infraestructura (vestuarios, canchas). Se admite que el “tema de género” está muy complicado, no tanto con las más pequeñas, y se argumenta que la incorporación de niñas es para no complicar a los clubes con menos posibilidades.

Mientras tanto, en otra liga infantil independiente de fútbol, el DAD se muestra satisfecho por la integración social de las niñas y jóvenes. Coexisten en la misma liga diferentes clases sociales, lo cual no implica la ausencia de prejuicios fuertemente instalados.

e) “El deporte en sí genera buenas personas, valores: solidaridad, compromiso, responsabilidad”
“Códigos mundiales: buen tipo, camaradería, queremos lo mismo, empujamos juntos”
Convergencias en los debates referentes al encuadre ético (valores y códigos)

Otro de los temas que abordan los DAD a la hora de establecer encuadres conceptuales remite a la dimensión de la ética, lo que suele traducirse en términos de “valores” o “códigos”. En este sentido resulta interesante observar que la alusión es totalmente transversal.

Así, el rugby es definido como “un juego de valores” (URBA), mientras el básquetbol promueve obras de teatro (“Encestando valores”) y difunde videos que estimulan la cooperación y que instan a respetar a la niñez (APdeB). Por su parte, el fútbol apoya acciones de cooperación entre clubes y también apuesta a la difusión en los medios de los resultados deportivos, pero también de las acciones solidarias. Y sentencia, en consonancia con el básquetbol, que los niños son niños y no cracks en miniatura (LISFI).

Con un poco más de precisión respecto de cuáles son los alcances de esos valores, en el rugby se habla de camaradería, de “empujar juntos”, de disciplina (URBA). A su vez, el hockey produce videos que transmiten una “cultura de valores” ─que incluyen a la familia, el respeto por las reglas, la confección de un código de ética deportiva, la contención de la violencia, la prevención antes que la punición, el apego a la disciplina─ (AHBA). Por parte del vóleibol, se afirma que el deporte incluye e integra porque forma buenas personas a través de la solidaridad, el compromiso y la responsabilidad (ARVA).

f) “Porque, en definitiva, yo no sé qué es un código. Pero todos entendemos de qué se trata”
“Nos involucramos en lo social porque tenemos un rédito en lo institucional”
Dispersiones y equívocos en los debates relativos al encuadre ético (valores y códigos)

Pero también, por momentos, la referencia a “valores” o “códigos” es imprecisa, como si se tratase de una muletilla aprendida y repetida, una suerte de sobreentendido compartido, pero vacío de contenido o de contenido indefinido. Queda abierto así un espacio a la ambigüedad y la elipsis.

En ese contexto, no siempre resultan contundentes afirmaciones que sostienen que interesa tanto formar gente como salir campeón o que el descenso es una dificultad que hay que ver como oportunidad (URBA). Tampoco resulta convincente afirmar que el deporte saca a los chicos de otras actividades que no les son propias, sin identificarlas; o que las jugadoras y los jugadores de los seleccionados prestan atención a los más pequeños, como si tal cosa fuese valiosa en sí o como si la comparación con deportistas ultra exitosos y famosos fuera pertinente (AHBA).

Alguna expresión por parte un DAD también invita a revisar el sentido de algunas acciones, como cuando se afirma que lo social trae rédito en lo institucional y que las empresas ponen dinero en campañas ligadas a valores. Este tipo de expresión pone en un terreno relativo las iniciativas de las asociaciones (APdeB).

La suposición de que la igualdad es un valor sostenido en la existencia de reglas comunes a todos es otro ítem de interés. Aunque resulte exagerado, es análogo a identificar la igualdad republicana ante la ley con la igualdad de posiciones sociales (APdeB).

Más allá de las razones expuestas, sin abandonar la dimensión de lo ético, existen consideraciones de menor calibre: recurrir a deportistas formados en el propio ámbito y no recurrir a formar equipos de plantel superior con jugadoras traídas de afuera; sancionar severamente a delegados por malas conductas; afirmar cierto carácter “pedagógico” de las asociaciones (“enseñar a pescar”); propiciar reglas que obliguen a que todos los jugadores de la plantilla jueguen; hacer efectivo el compromiso con la escolaridad y la salud; sostener el principio de que todos los chicos son iguales; etc.

g) “Yo creo que el deporte es un integrador. Pero en el fondo somos un deporte donde se compite, y lo que hay acá son distintos niveles de competencia”
Respuestas a medida de cada deporte en los debates a propósito del encuadre socio-familiar. Rugby y hockey: los que están arriba

Por un lado, en los deportes tradicionalmente vinculados a las clases sociales más acomodadas, se reconoce que ha aumentado la diversidad en la composición social. Hay pocos clubes ricos y muchos que no cubren sus gastos (URBA) y se admite que se incorpora jugadoras y jugadores de los barrios a través de becas (AHBA).

No obstante, no se establecen con claridad las estrategias para la integración social que se le atribuye al deporte. Se ve como un avance el desarrollo del deporte en las villas, pero se atemorizan ante un sector social que claramente les resulta ajeno: “son bravos”, advierten (AHBA).

Por momentos, las estrategias para ampliar las fronteras de la práctica parecen contemplar las dificultades de los sectores sociales más vulnerables: que no tengan las mismas obligaciones; otras veces, esas mismas consideraciones pueden encubrir formas de segregación: que sus torneos de deporte reducido estén aparte y los maneje una fundación, puesto que la asociación nuclea clubes que están en regla (AHBA).

Se reconoce la necesidad de que exista una continuidad entre el deporte social y el deporte federado, pero no se establece cómo realizar el seguimiento ni cómo garantizar un sistema de promoción. Por otra parte, esa omisión deja abierta la cuestión acerca de que en las familias que tienen recursos, las jugadoras y los jugadores entran directamente en el sistema deportivo formal y sólo en las familias con menos recursos hay que pasar por la antesala social o promocional.

h) “No he visto ni una mejora ni un deterioro en cuanto a la clase social”
Respuestas a medida de cada deporte en los debates en relación con el encuadre socio-familiar. Básquetbol y vóleibol: los que están en el medio

En un caso, se afirma que el crecimiento del deporte se da en todos los segmentos sociales, tras lo cual se afirma que predomina la clase media (APdeB). En otro, se sostiene que el deporte sigue muy afianzado en la clase media (no creció en otras clases), sector social en el cual los padres tratan de no quitar el deporte de su presupuesto. Asimismo, se admite que se triplicó la cantidad de clubes, pero no se modificó el mapa de la composición social (ARVA).

Un programa deportivo especial (Junior NBA) introducido en las escuelas estatales ─lo cual implica el reconocimiento de que en las escuelas privadas las familias cuentan con otros recursos─ es apreciado por la integración que produce. Se deduce de la expresión y de la aplicación del programa en escuelas públicas que el término integración alcanza a niños o niñas con alguna discapacidad, más que a niños y niñas de diferentes clases sociales.

i) “Yo tengo ya siete jugadores presos”
Respuestas a medida de cada deporte en los debates sobre el encuadre socio-familiar. Fútbol: los que están abajo

En el fútbol, los problemas a los que se hacen referencia son de muy diversa índole; pero en general, de manera implícita o explícita quedan al descubierto las dificultades socio-económicas.

Uno de esos temas es el de padres muy jóvenes con escasos recursos materiales y simbólicos, que juegan al fútbol y aspiran a que sus hijos pequeños lo practiquen como ellos. En la misma liga, se asocia el aumento de la competitividad con las diferencias sociales: existen pocos clubes para chicos más acomodados, que son buscados porque tienen mejores resultados deportivos; y otros muchos para los más pobres. Se admite haber trabajado en forma conjunta con el banco alimentario de La Plata, lo cual es testimonio de ciertas carencias de las familias (LISFI).

Por otra parte, en otra liga infantil independiente, se destaca que hay más variedad en la composición social del fútbol femenino y que, en el fútbol masculino, se mantiene la misma composición social: mayoritariamente pobres, aunque existen casos de clubes con población más favorecida. En todo caso, se señala que las condiciones mejoraron (antes había que ir a buscar a los chicos a sus casas, bañarlos, darles de comer). El problema actual es que los padres ya no tienen plata para estar todo el sábado en el club y comprar comida y bebida y que, aunque las cuotas son baratas tampoco pueden pagarlas. Un caso de escala dramática lo constituye el hecho de constatar que hay ex jugadores de fútbol infantil hoy están presos por falta de acompañamiento familiar (LIFIPA).

j) “No hubo un plan estructurado ni una convicción de la dirigencia. Eso es una asignatura pendiente”
Preocupaciones sociales que no logran articularse en acciones institucionales (en el marco de los debates respecto del deporte y el compromiso social)

Las preocupaciones sociales no terminan de articularse en planes y programas (URBA). Se menciona el deporte en villas, se reconoce la necesidad de desarrollar el deporte social, pero con limitaciones que pueden encubrir contradicciones no resueltas a la hora de plantear estrategias (los casos ya mencionados de generar una fundación o una estructura separada y paralela que no genere integración sino segregación). No obstante, se hace referencia explícita a la necesidad de “devolver” socialmente lo que se recibió del Estado (AHBA).

Un compromiso que gana terreno es el que se toma con la salud y la integridad física de los deportistas en materia de promoción y prevención de la salud de los jugadores de rugby y fútbol (URBA y LISFI), que también se amplía a la responsabilidad por alentar la escolaridad, garantizar la alimentación y promover la responsabilidad de los delegados de fútbol (LISFI).

Otra inquietud presente en el horizonte de los DAD ─que se puede entender como una marca de responsabilidad social─ es que los entrenadores de los más pequeños tengan la misma capacitación que los de las categorías más competitivas (APdeB). En un sentido similar, crecer de manera equilibrada, manteniendo la calidad institucional e incorporando diversas realidades sociales es percibido como un aporte a la comunidad en el sentido de la inclusión (LAPF). En general, el mundo del fútbol se autopercibe como sensible a las necesidades sociales: aunque el estado no ayude ni con tarifa social de servicios, aunque el estado no obligue a las asociaciones a estimular salud y escolaridad, a través de campañas de cooperación entre clubes, con tolerancia a los atrasos en cuotas, con preferencia por las instituciones más débiles (LAPF, LISFI, LIFIPA).

Posibles incidencias de estas categorías con la inclusión y la integración
Posibles diálogos entre estas categorías con la teoría

Se alude en este breve apartado a enlaces muy provisorios y ligeros, casi intuitivos, puesto que el trabajo como totalidad implica también el estudio de los discursos de los funcionarios municipales de deporte (FMD) de la región y la ulterior comparación entre lo que sostienen los DAD y los FMD. No obstante, a los fines de esta presentación, conviene producir algunos nudos que, al menos, cumplan una función metodológica como interrogantes.

Las trayectorias de los DAD frente a la inclusión y la integración
Las trayectorias de los DAD y el habitus

En las historias personales de los DAD está tan naturalizada su adscripción al deporte y a las instituciones deportivas que resulta complicado imaginar una escena en la que ellos puedan sustraerse de sus propias biografías ─que marcan tan decisivamente su identidad─ y, a partir de ese ejercicio, observar con cierto grado de extrañeza o de ajenidad sus propias funciones y sus prácticas. Una buena parte de estos DAD ─que son presidentes de asociaciones, es decir, la máxima autoridad unipersonal de cada entidad ─han tenido un paso como dirigente en sus clubes de origen: han sido presidentes, miembros de comisión directiva o miembros de subcomisiones de deporte (en los casos de clubes plurideportivos). Es decir, la continuidad en la vida deportiva es un signo común: muchos han sido deportistas, luego colaboraron de alguna manera ─como entrenadores, como árbitros─ y, finalmente, se enredaron en la dirigencia. El papel de la familia fue determinante: acompañando a sus hijos, “volvieron” al club; colaborando con el club, “se metieron” en la asociación. Por lo tanto, el continum que se arma entre familia y deporte, y también entre familia, deporte y trabajo es clave para entender la “vocación dirigencial”. Los DAD, diría Bourdieu, son agentes ─tienen capacidad de agenciar, de acumular y hacer circular un cierto capital─ en un campo social determinado (el deporte en general, la asociación en particular). Estamos en presencia, entonces, de lo que el autor llama habitus: disposiciones socialmente incorporadas las cuales, en estos casos, las trayectorias van cristalizando a cada paso. Estas disposiciones conforman un sistema de acciones, o mejor dicho, de prácticas sociales, orientadas a obtener, conservar, incrementar, hacer circular, transferir una porción de capital (Bourdieu y Wacquant, 2005; Uro, 2015). El aprendizaje que está en la base de la formación del habitus genera categorías de percepción del mundo. En tal sentido, es como si la pregunta hubiese dejado de ser “¿por qué yo debería ser dirigente?”, y en su lugar se hubiese instalado-aprendido esta otra: “¿cómo no voy a colaborar con el club?”

La idea de club como familia ampliada se enlaza, a su vez, con la de fraternidad: en algunos casos, viejos compañeros de equipo son los nuevos compañeros de gestión; en otros, nuevos vínculos y nuevas alianzas definen una camaradería que, si bien es reciente, reclama lealtades. En este entorno, el liderazgo de los DAD puede también ser la herencia y prolongación de antiguas capitanías en la vida deportiva o el fruto un empeñoso ─y reconocido─ trabajo de construcción. En todo caso, parece preservarse la tradicional sentencia que establece que el líder es un primus inter pares: es en ese grupo que conduce la asociación o el club en el que radica la autoridad, delegada a su vez en el líder que conduce. No obstante, como se verá más adelante, liderazgo, conducción, camaradería, compañerismo, fraternidad no parecen encontrar reflejo en una dimensión política conscientemente asumida, sino en una suerte de consecuencia natural (por eso mismo, la analogía con la familia y su liderazgo “natural”: el padre).

La idea de conducir una institución sin poner el acento en la dimensión política de la gestión ofrece alguna dificultad para percibir el problema de la inclusión y de la integración. Por una parte, se piensa primariamente en quienes ya forman parte (los deportistas en actividad) y, eventualmente, en sus dificultades económicas o sociales; por otra, se adscribe de manera algo circunstancial o superficial a ciertos slogans que, en otro tiempo, formaron parte de la retórica oficial del estado. El título de la tesis (Sacar a los pibes de la calle) alude justamente a una fórmula repetida por dirigentes quienes, de un modo voluntarista, le otorgan esa misión al deporte sin mediar un análisis detenido sobre las reales posibilidades del deporte, en particular, el deporte federado.

Los problemas cotidianos de los DAD frente a la inclusión y la integración
Los problemas cotidianos de los DAD y el sentido de la práctica

Los DAD tiene ingentes problemas por resolver. Una enumeración nada exhaustiva de los mismos incluiría: la gestión de las competencias deportivas (que incluye la organización del fixture, la puesta en marcha de una gran cantidad de partidos por jornada, la designación y el traslado de árbitros, la publicidad de los resultados, la convocatoria de comisiones de disciplina, el control de las condiciones de cada espacio, etc.), y también la captura de patrocinadores, el desarrollo de estrategias de crecimiento y comunicación, la elaboración de presupuestos, la construcción de infraestructura, el cuidado de los controles de salud, el armado de selecciones y una larga lista de etcéteras.

En semejante contexto signado por las urgencias, no resulta extraño que los DAD hagan una valoración fuerte y amplia de la labor desarrollada en los clubes, entidades a las cuales consideran células básicas: mientras mejor se trabaje en cada club, menores son las dificultades que los DAD deben sortear. En el mismo curso de ideas, las consideraciones sobre el voluntariado no pueden ser otras que elogiosas: una parte difícil de calcular de los problemas inherentes a la gestión lo resuelven legiones de voluntarios, haciendo un trabajo que, si fuese rentado, sería imposible de solventar. Y así es posible llegar a comprender la hermandad profunda que existe entre el concepto de amateurismo y el de trabajo ad honorem. Dado que la labor dirigencial es ad honorem es posible exigir trabajo voluntario. Dado que el deporte se practica en forma amateur, es posible contar con una estructura de colaboradores igualmente amateurs.

Pero, así como el voluntariado y el trabajo ad honorem se presentan como fortalezas de una asociación de asociaciones civiles sin fines de lucro, esa misma condición anuncia su propia debilidad, la cual se expresa en preocupaciones por la necesidad por obtener recursos para equipamiento e infraestructura y la de contar con equipos “más profesionales” para atender temas que tienen que ver con el desarrollo deportivo, las condiciones de salud y seguridad de los deportistas, etc.

La dirigencia constituye una práctica que se aprende desde la práctica: una secuencia de acciones que van adquiriendo sentido y significado a lo largo de una cadena de escenas y actos, de rituales. Las prácticas sociales son tanto acciones ordenadas, significadas e identificables en tiempo y espacio (Giddens, 1991) como la capacidad de los agentes de entender y participar en la escena social o comprender “el sentido del juego” (Bourdieu, 2007). Es importante reafirmar el carácter social de toda práctica: es a la vez lo actuado (por el sujeto) y lo actuante (en el sujeto); se presenta como interjuego entre poder (y legitimidad) y configuraciones (o series recurrentes); es un “acto” que reclama contextualización (o circunstancialidad) (Pinedo y Iuliano, 2015). La relación en términos teóricos entre práctica y habitus no es difícil de establecer; pero resulta aún más clara en el análisis de la cotidianeidad de los DAD. La percepción y el modo de operar en la política deportiva no es aprendida en un curso académico especializado en gestión, ni en el marco de una formación teórico-metodológica de lo político, sino en una sucesión pasos que se viven con enorme “naturalidad”.

El horizonte político de los DAD frente a la inclusión y la integración
El horizonte político de los DAD

Las críticas sobre lo político (“son conservadores, son centralistas”) no están acompañadas por gestiones políticas del mismo sentido (no se ofrecen, por ejemplo, acciones contracíclicas en materia de inclusión). Antes bien, la preocupación que aparece conectada con la crítica “política” es aquella destinada a modernizar la asociación (agilizarla burocráticamente, incorporar tecnología, mejorar la comunicación). Es decir, dejar de ser conservador equivale a ser moderno, y ser moderno es estar actualizado.

Por otra parte, no parece haber grandes acuerdos en torno a la inclusión. La incorporación de este término puede ser circunstancial y superficial, una manera de mimetizarse con la agenda oficial residual del estado ─de la gestión anterior─, una apropiación de último momento, apresurada, para engalanarse de cierta corrección política. Pero, a su vez, la política suele ser vista como algo negativo, nocivo, impropia del deporte. Fruto del análisis iniciado en el apartado anterior, la asociación y confusión entre gestión política ─sea del estado o de las instituciones─ y la política como práctica (partidaria), parte de ese “aprendizaje político despolitizado”, propio del andar por las instituciones y de la falta de encuadre conceptual o, tal vez, ideológico.

Del mismo modo, la aproximación a una perspectiva de género se ve como algo “complicado”, lo cual enuncia una forma de resistencia, aunque algunos hayan entrevisto una oportunidad. En muchos casos, los inicios de una práctica que incluya a las mujeres (fútbol, básquetbol y, en menor medida, rugby) puede estar signado por un cierto escepticismo o falta de entusiasmo y convicción. Una suerte de “veamos qué pasa” mucho más ligado a la imposibilidad de evitar la demanda que a la convicción.

A la hora de definir cuáles son los valores del deporte, las definiciones son muy generales, tanto que podrían ser aplicadas a un sinfín de actividades humanas. Se eliden las conductas deportivas impropias y se recurre a expresiones caracterizadas por la vaguedad, como ocurre con la palabra “códigos”. Asimismo, no falta el reconocimiento de que la dimensión social del deporte, en el sentido de cierta sensibilidad con los sectores más desfavorecidos, está vinculada al rédito en materia de imagen pública de la asociación.

Las visiones de lo social, de la necesidad de inclusión e integración, están sesgadas por el encuadre de clase de cada disciplina deportiva. En los sectores más postergados, la preocupación por incluir e integrar tiene dimensiones más emocionales o empáticas; en los sectores más favorecidos, esa inquietud tiende a racionalizarse. Se afirma el sentido de distinción social, que el deporte pone de manifiesto y, en esa senda, es posible analizar el fenómeno desde la perspectiva de la reproducción (Bourdieu y Passeron, 1977). Como corolario, queda expuesta una débil conexión entre igualdad, inclusión e integración (Sen, 2010; Kessler, 2011).

Las preguntas con que es posible cerrar este apartado y el texto serían las siguientes: el deporte federado, al establecer distinciones de clase y diferencias de capitales simbólicos puestos en juego, ¿es otra forma de reproducción social? Es decir, ¿contribuye a ampliar y reforzar las diferencias sociales de origen? ¿Es posible entender acabadamente la inclusión si se deja afuera del debate el concepto de igualdad? ¿No se transforma la inclusión en un slogan que “mete a todos adentro” pero sin ofrecer perspectivas de superación a quienes practican “deporte social”? Y finalmente, ¿es la inclusión una categoría teórica y política suficientemente sólida y eficaz para superar las brechas existentes en la sociedad en general y en la práctica deportiva en particular?

El debate está abierto.

Bibliografía

Bourdieu, P. y J-C. Passeron (1977). La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Barcelona: Editorial Laia.

Bourdieu, P. y L. Wacquant (2005). Una invitación a la sociología reflexiva. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo XXI.

Bourdieu, P. (2007). El sentido práctico. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Giddens, A. (1991). La constitución de la sociedad. Bases para una teoría de la estructuración. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Amorrortu.

Kessler, G. (2011). “Exclusión social y desigualdad ¿nociones útiles para pensar la estructura social argentina?”, en: Laboratorio. Revista de Estudios sobre Cambio Estructural y Desigualdad Social nº 24. Disponible en: https://bit.ly/35dxlgu

Pinedo, J. y R. Iuliano (2015). “Prácticas sociales”, en: Carballo, C. (Coord.) Diccionario Crítico de la Educación Física académica. Rastreo y análisis de los debates y tensiones del campo académico de la Educación Física en Argentina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Prometeo Libros.

Sen, A. K. (2010). La idea de la justicia. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Taurus.

Uro, M. (2015). “Habitus, capital”, en: Carballo, C. (Coord.) Diccionario Crítico de la Educación Física académica. Rastreo y análisis de los debates y tensiones del campo académico de la Educación Física en Argentina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Prometeo Libros.



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