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Qué hacen los jóvenes con la digitalización

La conexión como plataforma
de la tecno-sociabilidad juvenil

Nicolás Welschinger (FaHCE-UNLP)

Introducción

En la actualidad las nuevas tecnologías digitales están en el centro de las formas de sociabilidad juvenil emergentes. Aquí voy a desarrollar un análisis de lo que, siguiendo a Castells, llamaré tecno-sociabilidad juvenil. Las descripciones que presentaré a continuación están elaboradas sobre la base del trabajo de campo etnográfico que realicé en el periodo 2011-2015 acerca del accionar del Programa Conectar Igualdad (PCI)[1] en una escuela de la ciudad de La Plata a la que asistían jóvenes de sectores populares (ver Welschinger 2016). En esta oportunidad a través de analizar los usos de la conexión que realizan los jóvenes beneficiarios del PCI con los que trabajé aquí voy a: en primer lugar, explora cómo está estructurada ésta sociabilidad, en torno a qué valores e imperativos, en segundo lugar, presentar cómo es que los jóvenes regulan las exigencias que allí se configuran, y, por último, debatir con la posibilidad de utilizar la categoría de “nativos digitales” como marco analítico para comprender esta dinámica emergente.

Las redes como plataformas de acción social

Imbuirse en una breve serie de publicaciones tomadas de las redes sociales de los jóvenes con que trabajé deja ver los rastros de su ubicuidad sobre la cotidianeidad de sus autores. La pluralidad de las escrituras, el registro claramente oral, los recursos múltiples que despliegan y las nuevas retóricas sobre sus propias participaciones en las redes, me condujo a intentar comprender el tipo de sociabilidad que entre lo online/offline traman estas redes sociales. En 2011 cuando comencé mi trabajo de campo una de las primeras preguntas de investigación que me interesó construir fue acerca de la eficacia de la interpelación de las redes en la cotidianeidad de los jóvenes con que trabajé y empecé a interesarme por comprender qué es lo que sustenta la emergencia de la asociación, tan fuertemente naturalizada, el uso de las redes sociales y “estar conectado” como categoría juvenil.

A su vez, encontré que la bibliografía que se ha producido comúnmente reproduce el dualismo sobre el mundo online/offline en sus análisis y ello la conduce a hablar más acerca de la arquitectura digital de las redes sociales (online) que sobre las personas “enredadas” (offline); más acerca del dispositivo que sobre los cursos de acción que habilitan.[2] Así, en mi investigación busqué interrogarme por la eficacia de la interpelación de las redes sociales y pensarlas como plataformas para la acción social o incluso como redes socio-digitales, siguiendo el planteo de Winocur (2009). Para así comprender cómo los usos juveniles de las plataformas digitales se traducen en interacciones de su vida cotidiana. Mi intención era pasar a concebirlas como redes socio-digitales dentro de un marco interpretativo que no reprodujera de forma implícita la división que en el trabajo de campo veía precisamente que los usos juveniles de estas tecnologías disuelven: la diferencia entre las conexiones online/offline, real/virtual, consumir/producir, técnico/social. De esta manera fue que intenté, como plantea Winocur, “trascender el dualismo entre etnografía de lo real y etnografía de lo virtual”, a partir de diseñar “una estrategia de llegada al campo que combine la observación sistemática de los intercambios online en las redes sociales con entrevistas a profundidad” (Winocur, 2013, p. 16).

Qué significa “estar conectado” en la experiencia juvenil

Para los jóvenes con los que trabajé, la conexión representa un haz de cursos de acción posibles. Winocur (2009) explica cómo estar conectado es la posibilidad de estar incluido en una sociabilidad singular. Como plantean Benítez Larghi y Winocur (2010), “estar conectado” no se hubiera vuelto una necesidad tan fuertemente experimentada de no ser por las consecuentes amenazas de invisibilidad y de exclusión que implicaba dejar de estarlo. Desde la posición de los jóvenes este aspecto es percibido y experimentado con intensidad: “sin Facebook no puedo vivir”, “soy re vicioso de las redes”, “me voy a esforzar en pasar un día sin conectarme mil veces”.

Aquí voy a plantear que los significados juveniles de “estar conectado” se relaciona con la sensación de pertenencia, de ser visible, y de obtener aprobación y reconocimiento del grupo de pares ─quienes operan a su vez como el grupo de referencia de estos jóvenes (ver Welschinger 2016)─. Debido a ello es que “estar conectado” implica no quedar excluido de flujos de información y de espacios de visibilidad, interacción y reconocimiento. Todo este proceso, que se vincula con la digitalización creciente la vida cotidiana juvenil, remite centralmente a estar incluido en el tipo de interacción mediatizada que en términos generales Castells (2006, p. 226) llamó tecno-sociabilidad. Castells propuso ─como un señalamiento conceptual antes que una constatación empírica─ pensar la emergencia de una tecno-sociabilidad habilitada por las redes digitales y la intentó caracterizar como “nuevas maneras de ser, nuevas cadenas de valores y nuevas sensibilidades sobre el tiempo, el espacio y los acontecimientos culturales” (Castells 2006, p. 226).

En lo que sigue describiré cómo es que ─en el caso de los grupos de jóvenes con que trabajé─ se estructura este tipo de sociabilidad: en torno a qué valores e imperativos ─y en un apartado siguiente veremos cómo se regula─, a partir de analizar los usos de la conexión ─y en particular de la plataforma Facebook (Fb en adelante)─ que realizaban los jóvenes beneficiarios del PCI.

¿Qué estructura la tecno-sociabilidad?

En la dinámica de la tecno-sociabilidad se configuran gramáticas de participación que están atravesadas por tres cuestiones que emergen como imperativos, por ser requeridas y premiadas a su interior: visibilidad, autenticidad y actualización.

El primer imperativo, visibilidad, para los jóvenes se constata a través de los indicadores de interacción que ofrecen las mismas plataformas. En el caso de Facebook en la cantidad de: contactos, comentarios y mensajes recibidos, fotos compartidas y “me gusta” obtenidos. “Hacete Popu Al Toque” es el nombre de una de las páginas de Fb a que los jóvenes invitaban a sus amigos a subir fotos, videos, comentarios, y competir por ver quién recibe más aceptación y logran mayores repercusiones. Utilizando las aplicaciones de este tipo de páginas en sus perfiles añaden comentarios del estilo: “Me Siento Popu – 97 solicitudes – 99 + notificaciones – 20 mensajes. ¡En un día nomas!”. Las aplicaciones predilectas suelen ser aquellas que les permiten mostrar su actividad en la red: “Estadística del mes: Msj enviados 7619. “Me gustas” obtenidos 281. Conectado Horas 80”. Con la expresión “ser popu” se refieren a ser “popular” (conocida/os) y con ello refiere al sentimiento de ser visible y reconocidos entre sus pares a partir de lo que percibe como un indicador válido: la actividad lograda en sus perfiles.

El segundo imperativo, autenticidad, está directamente vinculado con la noción de visibilidad. En el grupo de jóvenes con que trabajé la visibilidad se valora a condición de conseguir fidelizar la autenticidad de las publicaciones y producciones que deben ser percibidas como originales, creativas, hechas o seleccionadas por el autor, generalmente marcando el rastro de las peripecias de su vida cotidiana. En los usos de FB que aquí relevo, los jóvenes no sólo intercambian enlaces, videos o música, sino que a través de sus perfiles comparten además una clave de lectura personales sobre sus estados emocionales. Mediante ello buscan demostrar su autenticidad por medio de la visibilización de una íntima conexión entre sus “estados” (en el doble sentido, estado emocional y estado del perfil de FB) y la experiencia narrada. En las redes circulan productos intervenidos, o creados bajo la lógica de una sociabilidad que pone la experiencia personal de la vida social en el centro de su reflexión.

El tercer imperativo, actualización, se articula con la exigencia de visibilidad y autenticidad. El imperativo de actualización es un eje de la arquitectura digital que diseñan las plataformas digitales como Fb (López y Ciuffoli, 2012), con el que explícitamente se busca interpelar a este tipo de tecno-sociabilidad juvenil. La originalidad de las producciones y publicaciones logra visibilidad sólo si son narradas en un formato que explote los recursos más novedosos de la digitalización. “Estar actualizado” como categoría juvenil significa seguir el ritmo de los cambios en los consumos y tendencias de las narrativas mediáticas (Jenkins, 2008); es un estado guiado por el imperativo de seguir el ritmo frenético de los cambios en los flujos de la convergencia digital.

Entonces, ser visible, auténtico y estar actualizado, son valores que se persiguen cotidianamente y se conquistan participando en la trama de tecno-sociabilidad que pone a los recursos habilitados por las nuevas tecnologías en el centro de su accionar. Ello insume invertir atención, horas, energías, dinero, todo lo cual produce a la vez que las satisfacciones subjetivas del reconocimiento, fuertes desgastes y presiones para conseguirlo.

Cómo se regulan las exigencias de la tecno-sociabilidad

¿Cómo controlar el imperativo de visibilidad y actualización permanente que se produce en la tecno-sociabilidad juvenil? ¿Cómo regular las exigencias del flujo continuo de interacciones, que se extienden a todos los instantes de la cotidianeidad? Sobre este aspecto, entre los jóvenes, emerge algo que puede considerarse la contracara de la necesidad de estar permanentemente conectado: un trabajoso proceso subjetivo para aprender a controlar las exigencias de la conexión. Este proceso de (auto)rregulación no está para ellos naturalizado, ni subjetivamente exento de angustias, rechazos y conflictos. Las categorías que los jóvenes utilizan para definir sus vínculos con el uso de conexión nos ayudaran a comprender este proceso de regulación.

Para explicar la intensidad de sus vínculos en el uso de la conexión, ellos describen un primer momento de máximo entusiasmo en el que se está “re emoción”, un momento inicial tomado por la fascinación y exploración intensa de las posibilidades que brinda la red que genera situaciones gratificantes, y que ellos evocan con agrado. Sin embargo, a su vez coinciden en que ese estado de exaltación, “re emoción”, debe aprenderse a controlar, y debe dejar paso a un estado medido, en el que el autocontrol prime sobre los riesgos de quedar “viciando”. La categoría juvenil es “vicioso” y se utiliza para describir el tipo de vínculo que se configura, se piensa y se expresa, bajo la metáfora del “vicio” a la conexión: “sin facebook no puedo vivir”, “soy re vicioso de las redes”, “no puedo pasar un día sin conexión”, “estoy re vicioso con la netbook”. Su contrapartida en los adultos ─docentes─ es la figura del “adicto”, las metáforas ligadas a la dependencia involuntaria e irracional que los gobierna: jóvenes adictos al uso del celular, adictos a las redes digitales, adictos a los juegos online. Incluso, llevado a los extremos, este tipo de vínculo entra en tensión con las formas escolares. El vicio es experimentado como una fuerte tensión entre los requerimientos escolares impuestos y la elección de invertir el tiempo de clase en tiempo de conexión a las redes, en horas navegando, horas “enviciado”. Ser “vicioso” entra en tensión con los requerimientos de ser “buen alumno”: buenas notas versus horas de juego en Fb, cumplir consignas en el aula versus estar online visible y actualizado. “Enviciarse” a su vez genera preocupación: los jóvenes movilizan recursos y energías con el objetivo de no quedar desconectados, pero también se esfuerzan por auto-controlarse y no quedar “viciosos mal”, para no sufrir las consecuencias. Así, “estar re vicio” tiene el peligro latente del pasaje, del estar al ser: “ser re vicio” es valorado negativamente y vivido con preocupación. La atracción generada por este primer estado de “emoción”, de fascinación, de suspensión del tiempo (“me colgué navegando re emoción”), deja paso a un vínculo que puede tornarse problemático si no se aprende a desplegar el autocontrol necesario (“pasaba toda la noche prendido a la compu re zombi”). Incluso, algunos de estos jóvenes se consideraban a sí mismos “rescatados” en su uso de la conectividad, en relación a su pasado de “viciosos”.

Aprender a controlar las exigencias de “estar conectado” es por lo tanto un proceso complejo y trabajoso para los jóvenes. Por eso es que el hecho de estar constantemente conectados es condición necesaria pero no suficiente para ser “vicio”. Quienes son acusados por sus pares de “viciosos” se contraponen con los “tecnológicos”, considerados en el grupo de pares como quienes hacen un uso productivo de los recursos de la conexión (incluso de los juegos online y las redes sociales). Los “tecnológicos” pueden estar “re emoción” con la computadora prolongadamente, pero eso no los hace “viciosos”. Tienen un saber significativo que los pares les reconocen.

¿Nativos digitales?

El concepto “nativos digitales” fue forjado por Marc Prensky (2001) y luego popularizado entre nosotros por el exitoso libro homónimo de Piscitelli, Nativos digitales (2009). Prensky define como nativos digitales a aquellos jóvenes que naturalizan la presencia de las tecnologías y sus habilidades en torno a estas, producto de que “pasaron toda su vida rodeados por y usando computadoras, videojuegos, lectores de música, cámaras de video, celulares. Su lengua nativa es el idioma digital de la computadora, los videojuegos e Inter-net” (2001, p.1).

Los argumentos que aquí presenté sobre los significados de “estar conectado” en la experiencia juvenil contrasta con un análisis que pueda realizarse entendiendo a estos jóvenes como aquellos que han naturalizado por completo la presencia de estas tecnologías desde su socialización primaria. Por el contrario, hay un importante proceso de incorporación, de aprendizajes y autocontroles, que conforman un vínculo problematizado y trabajado. Antes que nativos digitales encontré una gama de vínculos desiguales y diferenciados como tales por los jóvenes: “emoción”, “viciosos”, “rescatados”, “tecnológicos”. Todas categorías juveniles que surgen en la cotidianidad a raíz de la dinámica de exigencias y regulaciones de la tecno-sociabilidad.

Conclusiones

Los tres imperativos de la sociabilidad juvenil que acabamos de describir ─ser visible, auténtico y estar actualizado─ son experimentados por los jóvenes como potenciadores de sus capacidades personales, como ganancias en sus márgenes de agencia, pero al mismo tiempo son imperativos sobre los que éstos intentan establecer límites de sus exigencias ─no quedar vicioso, no poder contralarse─. Por lo tanto, existe un trabajo subjetivo de aceptación y regulación de los imperativos de la tecno-sociabilidad que los jóvenes realizan: un proceso de aprendizajes y autocontroles que contrasta con la noción de nativos digitales como aquellos que tienen naturalizada y totalmente incorporada la presencia de las nuevas tecnologías.[3]

Así comprender cómo operan estos dos aspectos relevados en este breve esbozo de la dinámica de la tecno-sociabilidad, justifica por qué a la hora de continuar explorando las potencialidades y desafíos que implica la inclusión digital, se debe considerar una mirada etnográfica y relacional si se pretende contribuir a combatir las desigualdades que ─también en este plano─ enfrentan los jóvenes de sectores populares. Y esta posibilidad está directamente relacionada con el tipo de enfoque: la negativa de describir como nativos digitales las formas diferenciadas de vínculo, los diferentes significados que cobra “estar conectado” (y desconectado), sería congelar las diferencias constitutivas de las dinámicas de interacción reproduciendo una mirada tecnologicista.

Bibliografía

Benítez Larghi, S. (2004). “La vuelta al mundo en ochenta bytes”. En Ana Wortman (Comp.) Imágenes publicitarias / Nuevos Burgueses. Buenos Aires: Prometeo.

Benítez Larghi, S, Lemus, M. y Welschinger, N. (2014). “Más allá del tecnologicismo, más acá del miserabilismo digital. Procesos de co-construcción de las desigualdades sociales y digitales en Argentina contemporánea”. En Ensambles en sociedad, política y cultura, Año 1, Nº 1.

Benítez Larghi, S. y Winocur, R. (2010). “Internet y la computadora como estrategias de inclusión social entre los sectores populares. Imaginarios y prácticas desde la exclusión”. En Revista Comunicação & Inovação, 11 (20), pp. 3-25.

Boyd, D. (2010). “Friendship”, en: M. Ito, Hanging Out, Messing Around, and Geeking Out: Kids Living and Learning with New Media, Cambridge, MA, The MIT Press, pp. 79-115.

Hine, C. (2012). The Internet: Understanding Qualitative Research. New York: Oxford University Press.

Jenkins, H. (2008). Convergence culture. La cultura de la convergencia de los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.

Welschinger, N. (2015). “Nuevas tecnologías digitales en acción: ‘estar conectado’ en la experiencia de jóvenes de sectores populares en el marco del Programa Conectar Igualdad en el Gran La Plata”. En Astrolabio. Nueva Época, Nº 14. Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS), Universidad Nacional de Córdoba.

Welschinger, N. (2016). La llegada de las netbooks. Etnografía del proceso de incorporación de las nuevas tecnologías al escenario escolar a partir del Programa Conectar Igualdad en La Plata (2011-2015). Tesis de Doctorado en Ciencias Sociales, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata.

Winocur, R. (2009). Robinson Crusoe ya tiene celular: la conexión como espacio de control de la incertidumbre. México: Siglo XXI.

Winocur, R. (2013). “Etnografías multisituadas de la intimidad online y offline”. En Revista de Ciencias Sociales. Segunda época, 23, 4, pp. 7-27.


  1. El Programa Conectar Igualdad, creado a partir del Decreto presidencial 459/2010, tuvo como propósito “proporcionar una computadora a cada alumna, alumno y docente de educación secundaria de escuela pública y de Institutos de Formación Docente” para lo cual el Estado Nacional distribuyó más de seis millones de netbooks durante el periodo 2009/17.
  2. Existe una si una amplia bibliografía internacional acerca de la creación de sentido y la subjetividad en las redes sociales. En especial luego de 2011, autoras como Boyd e Ito han realizados aportes centrales. Remito al lector interesado a las referencias bibliográficas para consultar sus trabajos.
  3. En Benítez Larghi, Lemus y Welschinger (2014) desarrollamos una crítica al concepto de “nativos digitales” desde esta óptica y contrapesando argumentos empíricos.


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